07 May 2012
30 Ene 2012
29 Dic 2011
LOS OJOS CIEGOS
Ojos sin parpadeo observan, ojos quietos,
la intranquila sucesión de metáforas rapidísimas
con que se encenagan los sentimientos.
Las metáforas de hoy se construyen de metal,
color, promesas, plástico y ruido,
se alimentan de la líquida tierra, del corazón
fluido del planeta antiguo
y cubren con hálito de urgencia
los movimientos cotidianos.
La mirada acaricia el perfil somero de las palabras,
los ojos se llenan de barro.
Aquí anida la lechuza, el búho con su nocturno canto,
la luz espectral de la luciérnaga
que abre de fantasmas la puerta quieta de la noche
por donde discurren hasta el presente
los miedos de la memoria.
El búho de acuosos ojos, de mirar inerte,
rasgando las sombras en busca de muerte,
el búho quieto y preciso, sus ojos de hiedra.
Adjetivos:
Frío
Oscuro
Agorero
Síntesis: Manto de la noche su mirada.
Polillas del aire de luz transidas, alrededor del búho
insomne, el insomne, furtivo, él furtivo,
agazapado en la noche.
De la inquieta esperanza un fulgor nocturno
como pálido fantasma
rumorea por entre los árboles.
Aquel hombre cojo, que con su andar incierto
rastreaba los linderos de los campos sembrados,
aquella mujer cargada de hijos o disculpas
que bebía agua a sorbos pequeños
de una humilde taza de barro azuleado,
y el sol en el horizonte, por donde crecía
la mancha recurrente del barro en la mirada.
Despertó del sueño el infante, abierta la enredadera en flor
de su mente al voraz destino,
el niño, ojos que no ven, lengua muda, oídos de trapo
en el centro del universo, en el centro de la flor donde
la abeja liba, estandarte del futuro.
Allí, solo e inerme, poderoso como un suspiro
del viento del norte.
Adjetivos:
Indiferente
Inane
Opaco
Síntesis: Horizonte de sí mismo. Cometa.
Se levantaba pausadamente, como recién amanecido,
con la escarcha dentro de los huesos y un rumor de soles
en el horizonte azulísimo, en la esquina y el abrigo.
Levantaba la vejez de la tierra lentamente
en su lento desperezarse de mendigo.
Tantos siglos de miseria acumulado en su sombra,
sombra de la luz ausente, sombra de mugre,
sombra de pobre, sombra cobarde, sombra de sombra.
Allí sobre la acera, ajeno al ruido,
Le miraba un perro, le meaba un perro,
los pasos extraños de un millón de zapatos,
casi encima de sí, a su lado, en su nariz…
ahora se levantaba, apoyado en la pared,
como Atlas con el mundo encima,
como Hércules derrotado e inmundo en su capa ponzoñosa,
cartones e insultos, patadas, escupitajos,
una foto de un lago verde en las montañas
escondida en el bolsillo, una pinza de ropa,
los vagos recuerdos huyendo al interior cálido
de la amnesia, al placer de la mente embotada,
de los ojos que abiertos huyen de la luz.
Sombras que se mueven
los transeúntes discurren de la oscuridad
al quién sabe ni me importa con rapidez de comadrejas.
Adjetivos:
Derrotado
Humillado
Romo
Especular
Síntesis: Girasol nocturno
En su hura el áspid medita,
Sin embargo, como el mundo, el aire redondo
Bate las alas en procesión perpetua
Sobre los montes inmaculados, los árboles.
Y la roca que será, más tarde, pared o tumba,
O mesa o… Calla insomne los secretos.
En la mano llevaba una flor, roja,
Rojo secreto, una blasfemia y una pizca de azafrán.
Venía hacia mí tormentosa, agitada en olas, azul su afán,
Los ojos encendidos, la torva mirada como un cuervo
Alrededor de mi boca, llena de hormigas.
Le dije que yo, que yo, que la noche, que la vela,
Ausente se deslizó por mi espalda y dentro de mi cuerpo,
Adjetivos:
Espectral.
Inquieto
Frío
Síntesis: Sombra del miedo.
Pero los sentimientos…, codos de luz en el estertor del aire,
Como una muchacha abandonada en la esquina
Amenazada de luz, de jadeos, de la sucia risa,
Las paredes como insultos sombríos a su alrededor,
Cercas de carne y deseo, de gemido y grasa.
La flor cárdena vuela sobre las figuras cristalinas
De los montes del agua, los peces, los turbios peces,
Los insultos peces, los lugares peces, los movimientos peces,
El dolor, le vergüenza, el pez del miedo escurriéndose
Amargo por entre los recuerdos y la perdida niñez
Donde pacía, quietísimo, el unicornio.
Pero los sentimientos… entre el limo florecen,
En la rocosa aridez del desierto, en la palma de la mano,
Flor del sufrimiento, allí, regados con ajenjo, allí,
Como ausente, pero quietos, la raíz hundida en la desesperanza
Allí, espectros del alba, en la superficie del agua
Adjetivos:
Sangriento
Seminal
Eclesiástico
Síntesis: Huele intensamente.
Prosigue en su quehacer, el girasol, la noria, la rueda,
El círculo, la esfera, lo completo, pesado y medido,
Por entre las rimas seminales de la creación del mundo
Sobrevuelan las aguas, el torrente impetuoso
Los dioses como últimos frutos de la redondez del mundo.
Los esféricos astros retornan en su giro
El frío, ausente camino por donde vagan las estrellas
La espalda del mundo, sin un sonido, sin el ruido
De sus propios giros, absortas en la inerte presencia
De la nada, del oscuro, de la inerte belleza de la ausencia.
Gélido vagar entre las nubes vacías
Luminarias ciegas, ojos que ni miran ni acontecen
Adjetivos:
Inertes
Macizos
Intrascendentes
Síntesis: Vagabundos remotos.
Húmeda lengua de sapo, brisa espesa de la tarde, ojos de gato,
del sapo, del crujir del grillo, de la culebra que avanza silente,
entre los miedos, el de la postrera luz que caracolea por las nubes
y hacia el horizonte encamina su sombra de ciprés.
Allí, se yerguen fríos los recuerdos mezclados en temores y ansias,
el color del azafrán, el dragón hambriento, olor
a incienso quemado entre los deseos con forma de luna,
acuáticos deseos que reptan inconclusos por entre bosques
y prados de espesa maleza, por donde, también, huye el lobo.
En medio, como un tronco de ciprés, la imagen quieta de las devociones
ciega y muda, sus ojos inertes hacia donde miran
los que miran. Allá va el rastro de la esperanza,
jirones de desesperación, de melancolía, de frustación,
el acaso, la crisálida inquieta del mañana que ya se mueve
y los cristales acusosos de lo imagen, como una esfinge
quieta, muda, aherrojados al infinito, ciegos,
ciegos, ojos ciegos, ciegos.
VERSOS DINÁMICOS
Verso primero:
Solo el río, las caricias,
Solo lo que deja de ser a cada instante.
En dejar de ser consiste, el ser,
En no ser, en aleteo de ave.
Consideración:
Las breves muchachas pasean. Las faldas, estremecidas por la brisa urgente de sus muslos, recitan poemas. Pasean con miradas ausente, como perdidas, y se arraciman en los vértices de las calles. Por allí, presurosos, corretean los aires del mañana, que las observan atentos, pero ellas suspiran… y sus faldas giran y sonríen. Ellas, siempre iguales, saben hondamente su destino, a veces incluso le ponen nombres.
Verso segundo:
Tic, tac… un reloj redondo como la luna,
Tic, tac… ahora, ahora, tic, que se va…
Tic, tac, tic, sin prisa, como un almendro, tac
Tic, tac, cierra los ojos y lo verás, tac, tic, tac.
Consideración:
El tiempo… Mejor: el recuerdo. Sombra de sombras. La oscura presencia de la encina, una ola que lame el espinazo del mundo. Pero al fin ni siquiera el rumor de las hojas caídas, el acaso del otoño.
Verso tercero:
¿Mamá, mamá, una flor¡ No la toques hijo, que se morirá… ¿Por qué, por qué, mamá, ha de morir?
¡Ay, mi niño, pues porque sí!
¿Por qué, por qué, mamá, por qué porque sí?
Consideración:
Al cabo, siempre demasiado pronto, la costa y el faro. Rompe el murmullo de ola esparcido en simiente a su espalda la inmensa voz, el hueco de la voz, el entre, el cabe, el mientras…, la poderosa gramática.
Verso cuarto:
Unos hombres tristes, serios, con los ojos inundados
De resentimiento, ajenos, imperiosos, hombres silenciosos
Que viven en metáforas de ajenjo, figuras de carcoma,
Vendían, barato, elixir del mañana: ¡QUIZÁ!
Consideración:
Las noches, los días sin pausa. Lucen las hormigas
su orgullo de trapo, incesantemente.
Tu aliento de pereza encamina su sombra a la última claridad
donde los peces aprenden los nombres múltiples de la rosa.
Verso quinto:
A veces los caminos se entrecruzan. El desierto está lleno de caminos.
Consideración:
En la noche los caminos surcan el cielo. Los sentimientos se derraman en luces. Los llantos relucen.
Verso sexto:
Un verso interminable: el infinito universo que sobre sí gira.
Consideración.
El átomo pesa.
Verso séptimo:
Por un camino de sangre regaba García Lorca su angustia, pero le salían versos.
Las balas trazaron un rastro de rápida muerte:
versos de sangre.
Consideración:
Algunos dicen que no pasó eso,
ue la culpa la tuvo él (9-10-07),
pero mienten, normalmente por dinero.
Verso octavo:
Ahora, mientras sueño, un pausado volar de recuerdos
Aletea entre las paredes y el aire cristalino de la ventana.
Rueda una tormenta en el vacío hondo de Castilla,
Hombres inmensos motean los acasos.
Consideración:
Caminaba, en cierta ocasión, hacia el ocaso.
Veía a lo lejos los montes azules de mi pueblo,
un fulgor iluminó mi mente.
Los nombres de las aves aligeran su vuelo,
la redondez del pétalo inflama la rosa.
En el horizonte, sobre los montes brunos que acontecen
Serios como límites, supuse que…
Verso noveno:
Son las 12:15, marca el reloj inmutable, y calla.
Un segundo más, un saludo amable, alguien al través
De mi ventana. El rayo de sol tibio que alerta los átomos.
Consideración:
Las últimas consideraciones, las postreras. La flor reluciente del jazmín, la brevedad del narciso, el jilguero delirante, la pantalla múltiple del ordenador, el sonido de las teclas que ahora pulso, la insatisfacción, el ansia.
Verso décimo:
Los poetas no sueñan.
Consideración: nO
BACO DULCE, SUAVE BACO
¡Contemplad la vida!
Atentamente observad
los tristes delfines que surcan el mar cotidiano
esos necios comerciantes.
¡Os asombra acaso la risa!
¡Ved! Siempre y presente Dionisos,
escondido en la luz,
su negra voz de uva.
Nietzsche supo su guarida:
la vida entera, la vida.
Ante Terpsicore, tras ella:
¡que bailen los jóvenes
los bailes de la alegría, la vida y el vino!
Los cuerpos jóvenes
por fuera, ¡que bailen!,
as almas ebrias por dentro
del placer de la noche
y las caricias
suavísimas.
Buscad en el tiempo fugitivo
al efímero Dionisos,
la piel será vuestro deleite,
la nariz,
le lengua,
Él habitará vuestra boca,
girará en vuestra boca,
arrullará vuestra mente.
Llegad a su morada,
con las manos tendidas
y el corazón sonoro,
la vida toda, entera, la vida,
aguarda en sus umbrales.
29 Ene 2011
RICH/MONEY/BUT...
Un cierto ademán de su rostro,
algo en la manera en que escribía,
el modo de mirar…,
Yo sabía,
Él sabía.
pero el lenguaje no floreció en metáfora,
ni, como suele, en excusas,
solo que así,
humanamente sólidos,
cada uno sobre el otro consideraba.
Puso un tanto al momento,
porque en tiempo comercia,
con cosas, con intenciones,
con intereses, con amigos, con hombres,
con deseos, con ausencias.
Su hacer diluye el vacío,
demiurgo del dios indigente del dinero.
Sin embargo, sin embargo…
Miraba francamente,
sus ojos a veces sonreían,
la foto de una mujer sobre su mesa.
un cierto olor en el aire,
algo en la manera en que leía,
el modo de mirar.
Él sabía,
Yo sabía.
24.00
En tu interior
anida la noche
como un alma,
urraca insomne,
ajustado vestido
de tu destino.
Por eso cuando
despiertas
en la infante madrugada,
un hálito de muerte
cubre de escarcha tu memoria.
LyraX
En el nombre del deseo
de la soledad y la noche,
por entre las gargantas
de donde escapan los gritos
de la desdicha o la pena,
en la caracola,
bajo el caparazón del molusco,
dentro del corazón del lobo,
en el aire, en las ramas de los árboles,
junto al fuego,
frente tu ojos…:
las metáforas.
22 Ene 2011
Momentos
El momento de la rosa, en que aparece en el mundo por vez primera, semeja un amanecer donde hubiera, además de luz, un cántico, un coro armonioso de criaturas.
El momento del cuerpo que se deshace de sí en otro enajenado. El gemido, el cerebro embelesado, la piel, los labios. Un olor suave que embriaga, tan ajeno…
El momento de caminar en el frío: las pisadas premonitorias como copos de nieve se abaten sobre la calma sucesión de miedos. El frío que en los huesos se refugia y acontece como amigo.
El momento eterno de las tardes de verano, tranquilo, quieto. Adormecido en el quicio del mundo, trazando el surco de la imaginación.
El momento de los hijos que se abre en horizonte, inmenso; río.
El momento de la muerte, siempre a la misma distancia; fragilidad de las manos.
Densidad de cada momento.
06 Ene 2011
El fantasma
En su sombra advertí la intensa desolación que le encorvaba la esperanza. Los pasos cortos, la vista baja, un aire como de mirlo ausente o entregado; como de animal sometido; como de rosa en otoño, de esas rojas enormes de la primavera, ubérrimas, arco iris, que abaten sus colores apenas por la suave intensidad del aire que les acaricia de paso cargado de fríos augurios del invierno.
El contorno de su sombra se difuminaba, aunque la luz certera le hería en el centro mismo de la triste figura. Porque si hubiera sido solo un hombre triste…, o ausente…, o solitario…., en fin, muchos vagan así por las calles, se inmiscuyen con la gente, forman parte del paisaje de tristeza y monotonía de las ciudades modernas.
De los que vagan algunos parecen presurosos, como ajetreados, siempre hacia delante, sin mirar a su alrededor, hombres fugaces sin contenido apenas, espectros de ellos mismos, y así pasan, como pasan las nubes de tormenta.
Otros, menos ajenos, miran, sin embargo, directamente a los ojos. Estos pueden llenarte de angustia. Sus ojos asoman un universo de desesperanzas, vertido en forma de búsqueda, de orgullo, de enfado o llanto.
Otros más caminan en medio de la masa y cuando salen de la multitud siguen siendo ellos mismos multitud y gente. A su modo parecen felices, como la culebra bajo la piedra o el gusano en el cadáver.
Pero la sombra delata a los más tristes, a los que se van yendo en su propia nostalgia: Se borra suavemente en los contornos cada vez menos perfilados, se aclara en el centro que debiera en lo oscuro ausentarse, se aleja en el mar doloso del olvido.
Y así, imperceptiblemente, un hombre se transforma en fantasma, cambia sus costumbres, se ausenta, se desvanece. Aquel que se alejaba cada vez más de sí mismo, de los otros.
Seguí su rastro unos metros; el miedo me contuvo.
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