03 Ene 2011

“EL CABALLERO Y LA DOCTORA EN HUESOS: EL RESPETO” (28)

Escrito por: juan-calleja el 03 Ene 2011 - URL Permanente

Y aquella noche cenaron sentados junto al fuego. Y la licenciada, ya doctora en huesos por sus avanzados estudios de las óseas formas, le habló al caballero del porqué de su llanto.

- Es hombre maduro que poco aguante tiene, y acabo con su paciencia con frecuencia.

- Tal vez, presionáis en exceso, que quien intenta provocar la palabra, se encuentra con frecuencia con silencios.

- Así es, pero, me puede la impaciencia.

- No muy lejos llegareis con ella.

Y cambiando ella el tercio, le espetó:

- Os veo cambiado, caballero, que en estos meses os han caído años.

- El sufrimiento no es gratuito y pasa su recibo.

- Pero, no os apuréis –le dijo la doctora con una mirada picara en sus ojos vidriosos por el llanto-, que habéis aumentado en atractivo.

- Si vos lo decís. Aunque percibo que poco ya os conmuevo.

- No es por lo que deducís, sino porque estoy comprometida.

- Entiendo, que al igual que mi corazón se encuentra en otra mirada, así se encuentra el vuestro.

- Caballero, me enciende vuestra presencia, el recuerdo, y siento en mi vientre como fluye el deseo. Mas, ¿qué me impide no besaros y sentir vuestro abrazo?

- El respeto. El respeto a los que no están y a nosotros mismos. Que en mi caso, crece como río en el deshielo. Y si bien es verdad, que recuerdo esos días con agrado, se también que recordaría estos en el dolor y el sufrimiento, que no he de dar a nadie lo que para mí no estimo. Que, tal vez, no solo sea deseo pasado y presente, sino carencia de abrazos, besos y caricias.

- Respeto, caballero, que me debo aún en el incesante dolor de no tenerle. Y respeto a mis principios, en mi naturales, que no hay miedo que me espante y me rodeo de una voluntad lisonjera.

- Me vence el cansancio, que no vuestra presencia. Iré a dormir.

- Dulce caballero, tiempo ha trascurrido. Al menos démonos calor el uno al otro, que la noche es fría como toda ausencia.

- Que así sea.

Y junto al fuego, juntaron sus mantas y en abrazo caldearon sus cuerpos que se adormecieron en la seguridad de las manos quietas. Y Nana, también se acostó junto a Rasputín, que fue noche fría, incluso para diablos. Y Sayid se tumbó, con su hocico olisqueando el aire. Que una pena empañaba la noche, a ella cogida como una garrapata.

Y amanecieron abrazados, a ellos mismos y a los mil recuerdos de una memoria precursora. Y el rocío les bañó en melancolías profundas. Y levantándose se asearon y desayunaron lo preparado por Nana. Y hasta entonces nadie abrió la boca.

- Respetar también la libertad de cada cual. Si presionáis a vuestro amado más le alejareis de vos. Y es seguro que maquinareis mil tretas por conseguir vuestros propósitos, y llegareis a la perversidad por sentiros herida. Que heridas nos hacemos a nosotros mismos esperando de ese sacrificio un premio que no llega –habló el caballero abstraído-.

- Parece que habéis meditado sobre ello toda la noche.

- En parte si y en parte no. Me han venido reflejos de mi propia historia. Solo eso.

- Pero, bien es cierto que es así. Simples pataletas por no conseguir lo deseado, y en ello reacciono, con chantajes y presiones, que solo hacen que más se aleje y más me disguste y enferme.

- Dejadle respirar y que en su libertad opte.

- ¡Si pudiera con esta angustia!

- Dejaros fluir y no ceguéis con pensamientos manidos vuestro hoy. No llenéis el ahora con ayer o con mañana. Y dejadle que vuele y sea su corazón quien decida. Y aceptad todo resultado sin afecto o aspaviento.

- Pienso que sin voluntad la vida carece de sentido.

- No hay que olvidar la voluntad, que ha de aplicarse a lo que os he dicho, joven licenciada.

- Ya soy doctora.

- Más sabéis de huesos y menos de la carne, que olvidáis escuchar a vuestro corazón. Pero, enhorabuena, que no hay nadie que sepa más que vos de osamentas.

- No me regañéis y gracias. Pero, ¿y vos? Mucho habéis pasado que vuestro semblante impone silencios. Algo de vuestras aventuras han llegado a mis oídos. Vuelan las noticias. Locuras todas, que hay quien dice que fallecisteis y resucitasteis.

- Que digan lo que digan. Pero, así es.

- Sobrecogéis el ánimo. Impresionáis, caballero. Un libro hay escrito que me gustaría leer y estoy convencida de que no será el único.

- Es mi ánimo el que esta sobrecogido.

- ¿Y ahora? –preguntó la doctora-.

- Buscando un antídoto para poder despertar al amor dormido. He de acercarme a Granada en busca de un sabio, moro converso.

- Siento no poder acompañaros, que mi destino se encuentra en el Norte. Allí está mi amado, atormentado por mi perversidad. Pero, ahora, una ola de viento fresco habéis dado a mis oídos y haré caso de vuestras sugerencias, olvidando mi infantil postura.

- El amor es dar sin esperar nada a cambio, y vos, esperáis demasiado. Si le amáis, no le queráis.

- Así haré, sabio caballero. Nuestros caminos se cruzan y se descruzan y siempre para bien. Sumáis, dulce hidalgo. Siempre sumáis. Y algo me dice que nos volveremos a ver. Tal vez ambos nos estemos preparando para el encuentro definitivo.

- ¿Sois bruja acaso?

- Soy mujer, que calla sus deseos.

Mientras tanto, Nana había preparado ambos caballos y el mulo. Rasputín cazaba liebres al descuido. El Sol calentaba por encima de sus cabezas y el camino mostraba todo lo que quedaba aún por recorrer.

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02 Ene 2011

“EL CABALLERO Y LA DOCTORA EN HUESOS: EL REENCUENTRO” (27).

Escrito por: juan-calleja el 02 Ene 2011 - URL Permanente

Y aquel día, Sol y Luna se encontraban arriba, en el cielo. Uno frente a la otra, luciendo ambas en el mismo instante, en la misma visión. Una a la derecha y otro a la izquierda. E iniciaron el camino con la certeza que en el trascurrir se encuentra el olvido del sufrimiento. Sol otoñal, de un fin de septiembre, donde los árboles comienzan a amarillear en la proyección de una desnudez próxima. Cálida temperatura. Y la pesadumbre que el caballero no terminaba de quitarse, que a veces le podían más los pensamientos, llenos de recuerdos que le martirizaban.

Y fijóse en los colores, los sonidos, los olores, de ese campo que de balde se brindaba para tomar presencia y diluir los pensamientos. Pero, su corazón se sentía solitario, que su amada cerca de estar con él, cada vez más se alejaba. Y eran esos pensamientos los que también debía de alejar sin esperar nada ni siquiera el nuevo encuentro, que en el deseo del futuro también se encuentra la incongruencia de no vivir el ahora. Y sin embargo, también sabía, que en el instante del descanso, cuando vuelve la meditación, volverían las ausencias con más virulencia si cabe que cuando las dejo. Y que tenía que estar fuerte para soportar el envite y sacar provecho de la tristeza vital.

Y cuando llevaban caminada media jornada, a la orilla del camino encontraron un alazán atado a un árbol sin jinete. Y según se aproximaban el llanto de una mujer rasgo el campo silencioso y lo tiño de gris perla, que perlas derramaba en desesperación creciente. Y el caballero bajóse de Sayid y acercóse a donde procedían las lágrimas. Y vio a una mujer sobrecogida en sí, que al oír sus pasos se giró. Era la licenciada en huesos.

Y esta, al reconocer al caballero, se echó en sus brazos.

- Os trae el destino en mi plena angustia y dolor –dijo la licenciada–. Y aunque el llanto me deja sin palabras, sed bien recibidos.

Y el caballero alejándola del abrazo y besando sus mejillas, en un sin palabras dejó que siguiera hablando la joven, que al sentirse en el abrigo de sus brazos se desplomó en silencio. Y el caballero tomándola, la alzó y llevóla hasta donde un triste fuego a punto de extinguirse se mantenía al igual que el llanto derramado, en una atmosfera de dolor que clamaba al cielo. Y entre mantas y huesos tumbóla y abrigóla, para, a continuación, avivar el fuego echando más ramas secas.

Nana, apeándose del mulo, miró en su alforja y extrajo un brebaje de color mostaza que tendió al caballero y le dijo:

- Dadle esto de beber, que reavivará sus fuerzas.

Y el caballero, tomando el frasco, quitó de él el tapón de cera, e inclinando la cabeza de la joven licenciada se lo dio a beber. Y al instante repuso sus fuerzas, volviendo a caer en llanto.

- Fuerzas para volver a llorar –dijo el caballero-. Valle de lágrimas, alguien dijo, y no andaba equivocado. Que lloramos los unos por los otros, cuando no hacemos llorar a alguien. Duro llanto, que cuesta brotar y luego es imparable, que brota y rebrota de las mismas cuencas y por los mismos motivos. El daño infringido, el deseo incumplido, la impotencia, la pérdida, el duelo atroz… El desamor que cubre el mundo como una pandemia… Y la solución… ¿Qué hay que cambiar, la forma de sentir, de pensar…? Almas sin voz y llanto callado –y la licenciada se hundió de nuevo en los brazos del dolido caballero-.

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26 Dic 2010

“EL CABALLERO Y LA ACEPTACION” (26)

Escrito por: juan-calleja el 26 Dic 2010 - URL Permanente

- Diablo anacoreta –le dijo-, hoy partiremos rumbo al sur olvidando nuestro cometido y pensando que tenemos la vida por delante. Es largo el camino y su disfrutar también.

- Doy gracias por ello, caballero, que bien me teníais preocupado. Pero recordar en llamarme Nana y de mi condición de mujer.

- ¿A solas?, perdonadme, pero dudo de ello –y sonrió el caballero-.

- ¿Qué habéis descubierto? –le preguntó el diablillo transformado-.

- Clara como el agua, se encontraba la solución en el principio de todo transcurrir. He descubierto la dura aceptación del cambio. Nos cuesta aceptar que nada es inmutable, que todo cambia y que ningún día es igual que el anterior. Que pretendemos quedarnos estáticos y de ahí viene el error. Aceptar esto es hallar la formula vital para el continuo fluir, que todo cambia continuamente, incluso uno mismo, y uno ha de andar con los tiempos. Y que en la inaceptación del cambio se encuentra el sufrir y el dolor que nos congela. Todo eso acabó. La vida sigue y nosotros con ella. Nos hemos puesto una meta que debemos de cumplir y allá vamos, pero ni ciegos ni tontos.

- Bien esta lo que decís, que en duro trance habéis estado. Más recordad, que las promesas incumplidas no son pecados del hombre, sino de la voluntad, que esta a de ser fuerte, pero el ser humano es débil.

- No dejareis de ser diablo nunca, que solo intentáis tentar a quien tiene su destino claro. Mas os aseguro que no me apenaría demasiado no conducirme a la meta, que el sufrir por la culpabilidad de un amor dormido, no es responsabilidad mía, sino de ella y de su destino.

- Prepararé las monturas.

- Me daré un baño en la alberca.

Y cuando el caballero se introdujo en el frescor del agua helada y se enturbió el fondo, comprendió que la mierda no ha de removerse nunca, pues lo que ya no olía, vuelve a hacerlo con mayor virulencia. Y refrescóse y lavóse y saliendo pusóse al sol a que le secara el enjuto cuerpo, consumido por la desesperación y el dolor.

- Delgado me siento –le comentó a Nana-.

- Delgado estáis, caballero, que al igual que os apartasteis de la vida os apartasteis del comer. Prepararé un desayuno, que comer y rascar, todo es empezar.

Y rieron de buena gana. Y tras ingerir los alimentos, huevos duros y tocino, reiniciaron el camino de nuevo, con la perspectiva de quien ya poco le importa su destino y si este es dichoso o fatídico. Que en la aventura se encontraba el caballero a gusto y en ella entendía que se encontraba el vivir.

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22 Dic 2010

“EL CABALLERO Y LA NOCHE CERRADA” (25)

Escrito por: juan-calleja el 22 Dic 2010 - URL Permanente

Y allí pasaron la tarde, en silencio, y dejaron caer la noche y se dispusieron a dormir. El caballero enmudecido y Nana observándole. Un manto de dudas y más dudas consumían la atmósfera. Y la alberca refrescaba el silencio, pronunciando de cuando en cuando una palabra de agua que se derramaba en el contenido universal que todo lo energetizaba.

- ¿No queréis comer, señor?

Y sin palabras el caballero contestó a Nana y continuó en sus reflexiones: “La amo, viva o muerta, dormida o despierta. Pero surge un sentido vital nuevo, que mientras voy y vengo, la vida continua. En el respeto de la palabra dicha esta la solución. En el compromiso y en el pacto. Y en el amor que todo lo cubre y me hace entender que este sacrificio es saludable. Mil mujeres, sus recuerdos, cruzan por mi memoria y todas me llenan de ternura, pero continuo sin poder alcanzar la dicha de lo amado y encontrado. Mi alma es ciega y mis ojos miopes. Y mi corazón comienza a mirar con ojos de enamorado a la vida, que ésta continua sin ella y si es preciso sin mí y ahí se encuentra el milagro. Si la pena y el sufrimiento se aniquilaran de la faz de la tierra y todo creciese en el amor, ¡cuan grandes seriamos! Pero siempre fluye un pensamiento del fondo de la memoria que nos atormenta y no sabemos ponerle riendas y que por el contrario, corre y debe de correr desbocado en el flujo que todo lo llena. Ya he llorado tanto por tanto, que ahora este hombre solo quiere reír y vanagloriarse de ello. Que si bien en la vanidad nos aniquilamos, también en ella crecemos si está en la dosis justa. Que la humildad también ha de fluir en esencia pura, como el amor, que hay sentimientos que el hombre no inventa”.

Y guardó silencio en su cabeza. La pesadumbre llamó al sueño y quedose dormido. Y Nana le tapó y mencionó unas palabras para que los sueños del caballero le dieran la solución a tanta duda. Y sobre una roca el diablo meditó sabiendo que esa noche no encontraría las respuestas. El cuello de la botella era demasiado estrecho y solo en la paciencia se encontraba la respuesta hasta poder entrar dentro, donde se hallaban los grandes contenidos. Y trascurrió la noche y amaneció el día y el negro Rasputín lamió a su amo en la cara y este despertó con una sonrisa en la boca. Había dormido bien el caballero y había olvidado con la entrada del Sol sus cien mil cuitas. Y solo ya el deseo de avanzar hacía el destino prometido le impulsaba a levantarse. Y acariciando al can sintió su calor y sintió que la vida le estaba esperando.

Y ya levantado observó a Nana, desnuda sobre la dura roca en la posición del loto y vio en ella que era hermosa en su construcción, que de diablo era feo, y vio lo que vio sin prejuicio alguno y sintió en su corazón una llama de amor que le lleno de ternura, y acercándose a ella, tomó su mano y hablole:

- Amiga mía, entiendo de vuestros cuidados y de vuestra paciencia conmigo y os agradezco que me acompañéis en este viaje.

Y Nana abriendo los ojos abrazó al caballero y apoyó su cabeza en el pecho de éste.

- El amor es gratis caballero. No marca precio ni valor alguno. Recibidlo y sentid como se os agranda el corazón, como yo lo siento. La vida es bella. Abramos los ojos a ella. Continuemos en nuestro cometido y llegaremos a entender lo inentendible algún día, que el camino es la senda del amor y de la paciencia infinitas.

Y el caballero sintió también el calor de Nana al igual que lo había sentido de su perro. Y entendió que en la confianza y en la espera se encontraba la formula de aquella mañana, que iba calentando su espíritu y la vida le inundó al darla paso y la luz se hizo en su corazón, dichoso de poder decir: estoy vivo.

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20 Dic 2010

“EL CABALLERO Y LA DESGANA” (24)

Escrito por: juan-calleja el 20 Dic 2010 - URL Permanente

Y así iniciaron el camino, con desgana, sin espíritu. Apagadas las ilusiones por un manto de niebla gris mientras se alzaba el día. Había una meta, un propósito, un fin, pero este en vez de trascender se fue olvidando entre dudas, entre mares de ausencia. ¿A dónde le conduciría este viaje al caballero? ¿Qué quería, qué deseaba? Ni siquiera era capaz de pronunciar sus dudas, de decir: estoy cansado y aquí me quedo. Porque la tristeza le había envuelto en el manto de la pesadumbre que hacía del comienzo de esta aventura un despropósito, pero no podía quedarse parado. La vida le empujaba más allá de la cordura y ésta sigue sin nosotros como el agua con la que no has de bañarte, como el agua que no has de beber.

- Caballero –le dijo Nana tras un eterno silencio y andadas cinco leguas-, vuestra tristeza tizna como el carbón. Y así, hacer camino se vuelve una tortura. Ahora soy mujer y somos lo que queremos ser en cada momento y así nos llamamos. Vos caballero y yo mujer. Y como mujer os digo que la vida se os escapa de las manos porque no estáis dispuesto a tomarla y eso es pecado, que allá de donde vengo está lleno de almas estranguladas por las propias manos de quien las poseen. Sed otra cosa si vuestra postura os martiriza. Haceros labrador de sueños, haceros granjero de almas. Haceros bandido, truhán, sapo o culebra. Haceros ave y volad. Os liberasteis de las cadenas del pasado y os habéis forjado unas nuevas en el presente y para el futuro. ¿Qué pretendéis? Amáis y os entregáis a ello. Bien esta, pero hacedlo con alegría y disfrutad del camino que se os abre a cada paso que dais…

- ¡Callad ya! –díjole el caballero con la mirada fija en un duelo de silencio- Sé de vuestras palabras y de su sentido. Dejad que el sol caliente este cuerpo y que la pena se sumerja en las aguas profundas. Dejadme respirar y recordad que el caballero es porque su alma es. No interpreto, que mi autenticidad trasciende toda palabrería. Dejadme ahora en el silencio del camino y tal vez cuando comamos os lance una sonrisa.

- ¡Cantad!

- Cantad vos si os place y que sea una melodía suave para estos oídos ásperos de escucharos. Un susurro más bien diría, que tranquilice mi alma atormentada.

Y Nana guardó silencio y no le vino a la cabeza canción alguna. Hasta que vínole la de Castillejo, “Alguna vez”. Y con voz melodiosa cantó la romanza.

Alguna vez,

o pensamiento,

serás contento.

Si amor cruel

me hace guerra,

seis pies de tierra

podrán más que él:

allá sin él

y sin tormento

serás contento.

Lo no alcanzado

en esta vida,

ella perdida

será hallado,

y sin cuidado

del mal que siento

serás contento.

Y la hora de comer se acercaba a la que el corazón del caballero se alejaba con los versos de Nana. Y un suspiro salió de su boca, alcanzó el cielo e hizo brillar las estrellas. Y la escuderadiablorey enmudeció y el viento silbó entonces entre sus dos pares de orejas, refrescando los pensamientos que caían como gotas de agua en un estanque tranquilo. Y al pasar cerca de una alberca al lado del camino, le dijo al caballero:

- Paremos aquí a apaciguar el alma y el estomago.

- ¿El alma, renacuajo verde camuflado debajo de esas dos tetas? ¿Qué sabéis vos de almas más que de atesorarlas? – y reflexionando el caballero, díjole-. Bien esta lo que bien parece. No quiero pagar con vos esta disputa que llevo dentro.

Y apartándose del camino pusieron pie en tierra mientras los animales se acercaban a beber el agua cristalina. Y el caballero también bebió y tras la claridad del trasparente liquido observó un fondo lleno de miserias. Y tras beber dijo:

- Dejemos que los posos se sitúen en el fondo. Dejemos que el día trascurra en la tranquilidad y con paciencia tomemos nuestras cuitas. Hoy el día amaneció turbio, dejemos que acabe como esta agua.

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07 Dic 2010

“EL CABALLERO Y LA PARTIDA” (23)

Escrito por: juan-calleja el 07 Dic 2010 - URL Permanente

Y tras una noche en vela, en que la memoria punzó todo descanso, el caballero decidió partir. Ni lo vivido le valía ni le encontraba sentido. Se encontraba derrotado por lo hecho, por la culpabilidad que a todos nos atormenta. Y se sintió basurero de si mismo y de los demás. Y en su alma comenzaron a flotar los huesos del pollo que se comió la princesa Muria, las mondas de patata que se comió Minea, las cáscaras de huevo que se comió la reina Triste, las cabezas de cordero que no se llegó a comer la reina Mala… Y las mil inmundicias que sobraron de las mil comidas del propio caballero y de las que no se comió.

Y decidió soltarlo todo, alejándose en el propósito de volver. Pero, se sentía sin ganas de nada, sin ganas de vivir, sin ganas de emprender, sin ganas de participar,... Y la tristeza se fue adueñando de sus pensamientos, relamiéndole por entero, haciéndole disminuir en la acción requerida. Hasta que decidió no pensar más y tirar adelante como único propósito, porque hasta el amor lo sentía enflaquecer en aquella mañana sin luna en la que el sol comenzó a teñir el horizonte de una claridad esclava de un presente en el que no dejaba de atormentarse. Y todo en esta vida pasa factura. Lo inconcluso, lo irrealizado, los malos entendidos, los insultos al alma y al corazón. Todo lo que vamos dejando a medias por continuar un camino de huída.

Pero el caballero pensaba que a lo hecho, pecho. Dolorosa reacción que continuaba en pensamientos de que todo daba igual, lo realizado por realizado y lo no por no. Que el tiempo todo lo cubre y todo lo hace olvido. Y más cuando el caballero ya no estuviera ni siquiera para defender su honor. Honor ultrajado, el suyo y el de otros. Honor sucumbido en el mismo parto. Demasiada moral para una vida tan larga. Demasiada ética para una vida ya vivida. Que en el mirar al frente se encontraba su presente y en un futuro incierto que le llenaba de dudas. La fe le abandonaba y solo la voluntad le hacía dar forma y trasformar los pensamientos de derrota en otros nuevos y chispeantes. Una mascara para vivir, que habría de quitarse para morir.

Cansado y derrotado se dirigió a la cuadra donde se encontraban los animales. Y al entrar bajo la luz mortecina de un candil, vio a Sayid pertrechado para el camino, que todo lo había preparado Nana, incluso su mulo, esperando a que él llegara. Y sin decir palabra tomó su caballo de la brida y salió caminando del recinto mientras que Rasputín le bailaba de alegría. Pero lo dejo de hacer, cuando sintió el animo de su amo por los suelos de aquella cuadra llena de paja y de cagadas y ese olor acido de orín que se elevaba y quemaba en la luz del candil. Y cabizbajo el perro salió a paso lento, como todos los demás y mirando al cielo olisqueó el día, en su momento prometedor y ahora agrisado.

Y montando caballero y escudera iniciaron el camino y cuando iban a cruzar el puente de piedra rodeado de unas aguas negras sin luna reflejada, apareció la reina Mala para despedirse y así dijo:

- Caballero, vuestra pesadumbre es grande y grande es también la mía al veros así. Os queda un largo camino. Ir soltando las piedras de vuestra alforja y tal vez en ello encontréis el caminar ligero y risueño.

- O tal vez, la muerte –respondió el caballero-.

- Sea lo que sea caballero, voy con vos y con vos estaré en espíritu. Espero que la vida os sonría pase lo que pase. Es mi deseo desearos lo mejor. Id con mis mejores augurios.

Y el caballero sobre Sayid, seguido de Nana en su negro mulo, y Rasputín, continuó su camino mientras que la tristeza se continuaba respirando en el ambiente. ¡Cuánta pesadumbre! Que tal vez el sol del nuevo día pudiera disipar en el trascurrir de la vida en la vida de aquellas almas, que sin ilusión emprendían el sendero hacía la voluntad misma de quererlo recorrer.

Y atrás se quedaba el amor y la esperanza dormidos, el odio enamorado, la paciencia rota, el desatino amado. La princesa Muria los vio marchar con lágrimas en los ojos. Arrepentida por lo dicho, que no era sentido de verdad en su corazón y que la pudo el orgullo. Orgullo en lágrimas derramadas que se deslizó sobre el quicio del ventanal y quedó prendido como una banderola al viento de un amanecer cargado de dolores. Una partida llena de penas, de inseguridades, de alegrías rotas e ilusiones perdidas.

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27 Nov 2010

“EL CABALLERO Y LA PRINCESA MURIA” (22)

Escrito por: juan-calleja el 27 Nov 2010 - URL Permanente

Y caída la tarde el caballero acudió bajo los ventanales de los aposentos de la princesa Muria, en los jardines donde alguna vez pasearon, y allí espero, hasta que apareció esta en hermosa esbeltez, su cabello más dorado que nunca, su cara más bella, sus ojos más profundos. Había crecido en el dolor del desamor. Había crecido en la madurez de una juventud que había ido a más en la madurez inmediata. El caballero se puso en pie al verla y se inclino en saludo.

- Mi princesa.

Y ella observándole le dijo:

- Os odio caballero. Cada átomo de mi ser os odia por no haberme sabido mirar como mujer, por no tenerme en cuenta, por el despecho sin despecho, por el beso dado…

Y él, alzándose, la miro a los ojos que brillaban en una vidriosa ingravidez entre enfado y agrado, entre amor y odio, entre los deseado y lo esperado, lo perdido y lo ido.

- Siento que así sea –respondió el caballero-, que mi corazón jamás os quiso hacer daño. Ni quiero justificarme ni quiero reprocharos. Siempre he sido sincero con vos.

- ¿Y el beso? ¿Acaso no me lo disteis? ¿Acaso no se pronunció? Y ahora pretendéis decir que sois sincero, con una beso a una inocente joven que moría por vuestro amor y que hubiera muerto por vuestra vida.

- Señora, os lo advertí e insististeis. Y solo fue un beso entre negaciones. Nunca fui libre al dároslo.

- ¡Poco os tuve que obligar!

- En el reproche se encuentra la sinrazón del pasado. Si en algo tuve culpa fue en mi debilidad. Pero, mis palabras fueron sinceras.

- ¡Sincero fue el beso!

- ¡Qué en mi imaginación besaba a otra!

- A la que ahora descansa eternamente. Adoráis a una muerta. Amáis un cadáver. Y os recuerdo que sois caballero de este principado y cuyo cometido no he olvidado. Os debéis a mí.

- Así es, señora. Pero al alba parto y ya no me veréis en mucho tiempo.

- Tiempo ha pasado para odiaros hasta mi misma médula. Y ahora queréis dar más tiempo al odio como si fuera un propósito.

- No yo, sino vos, mi princesa. Mi amor, como ayer, pertenece a otro corazón. ¿Por qué insistís?

- Porque os amo por encima de los torreones de este palacio, por encima de esas nubes naranjas que nos avisan de la llegada de la noche, y más allá de las estrellas que relucirán en breves instantes.

- Eso no es amor, sino antojo. Y perdonadme, pero he de irme a preparar mi intendencia para el viaje.

- Tenéis una misión –continuó la princesa Muria-.

- Así es.

- No esa, sino otra. Una nueva que en debito a vuestra caballería del principado de Muria tenéis que estar dispuesto a realizar. A mi os debéis, os lo recuerdo.

- Oscuro se ha vuelto vuestro corazón, que la razón os falta.

- La razón me la robasteis cuando me besasteis. No pretendáis ahora que sea cuerda.

- El beso tiene efecto de va y viene. Lo rememoráis de continuo y no fue más que un beso.

- Un beso que me robo el alma y ahora queréis restarle importancia. Sois responsable de él y así os lo exijo.

- Errores como puñales que vuelven a la caída de la tarde. Llegará la noche, princesa, y en ella fallecerán las nostalgias –concluyó el caballero dándose media vuelta-.

- Nada terminará, caballero, que todo esta por empezar. Id con Dios a buscar el antídoto de vuestra amada, pero recordad que debéis de traerme a mí el mío. Os estaré esperando. Y recordad que la dama de vuestros sueños esta muerta por siempre, que nada la reavivara, que esta conclusa –dijo con todo el odio que guardaba en su corazón, mientras sus ojos centelleaban-.

Y el caballero herido por todos los errores cometidos, por lo no hecho, por lo oído, por lo callado, salió caminando de aquel jardín donde se acababa de plantar una siniestra semilla.

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14 Nov 2010

“EL CABALLERO Y LA PRENDA DE SU DAMA” (21)

Escrito por: juan-calleja el 14 Nov 2010 - URL Permanente

¿Y cómo debía el caballero tomarse la búsqueda? ¿Con qué mentalidad, con que espíritu? La impaciencia le devoraba. Por un lado la intranquilidad de un largo viaje, por otro la inquietud de hacerlo lo antes posible y uno más, la incertidumbre, la duda de conseguir su propósito, aunque ésta era menor, pues la fe le mantenía ciego, que no fijaba su vista en ningún otro punto. Y así entre dudas, impaciencia, incertidumbre y ansiedad, el caballero comenzó a organizarlo todo, aunque poco tenía que preparar más que su silla de montar y tomar el camino.

- Debéis de ir siempre hacía el Sur, caballero, hasta encontrar el estrecho que divide un mundo de otro, y cruzarlo –le iba explicando la reina Mala-. Allá encontrareis un desierto tras andar valles y montañas, un desierto tan extenso que aún a día de hoy no ha habido hombre alguno que lo sobreviva. El viaje esta marcado en este mapa, más debéis de encontrar un ingenio que os lleve al punto del desierto donde se encuentra el antídoto y guardarlo en este frasco que ahora os doy, pues su conservación a vuestro regreso es importante.

- ¿De qué ingenio se trata? –le preguntó el caballero-.

- De una aguja mágica que pose un licenciado en física, un árabe converso que vive en la ciudad de Granada. Su nombre actual es Don Carlos, un astrónomo. A él debéis encontrar y contactar para conseguir el ingenio, que poniendo sobre el mapa os indicara el punto exacto del desierto donde se encuentra el hongo.

Y mostrándole el mapa le indicó el punto exacto donde tenía que poner la aguja mágica.

- Y luego guiándoos por la aguja, siguiendo siempre la dirección indicada, llegareis a vuestro destino –concluyó la reina de las brujas-.

Así descanso el caballero durante una semana en el palacio de Muria. Y no hubo día que no visitara a la dama de sus sueños, que descansaba en sueño eterno dentro de una hornacina preparada por el cristalero real y que la reina Mala selló con artes mágicas. Y allí, contemplándola lloraba su desasosiego, que la inalcanzabilidad por la muerte le tenía el alma destrozada.

- Duerme, amada, que el despertar será dulce como la miel en el beso prometido. Que nada será en vano.

- ¡Caballero! –le interrumpió Nana, su escudera, en el séptimo día.

- ¿Qué queréis? –pregúntole-.

- Bien veo que os cuesta dejar a vuestra amada, pero de esa guisa, pensad que estáis añorando a un difunto. Debería el caballero partir, que el camino es largo.

- Preparadlo todo, que mañana al alba será la partida.

Y Rasputín, que no se separaba ni un instante de su amo, le lamió la mano al caballero y comenzó a gemir.

- Si, Rasputín. Ya sé que echas de menos los caminos y ellos nos esperan. Mañana mismo te reencontraras con ellos, que un largo viaje nos ha deparado el destino, pero antes he de tomar una prenda de mi amada que haga la ausencia más llevadera.

He intentando levantar la hornacina vio que era imposible y apareciendo la reina Mala le preguntó:

- ¿Qué hacéis? ¿Os habéis vuelto loco?

- Solo deseo una prenda de Minea. Un mechón de su cabello.

Y en mágico trance la reina introdujo las manos por el cristal como si este no existiese y tomando un largo mechón, un caracol rizado de las guedejas de la dama, lo introduzco en un relicario que ofreció al caballero.

- Aquí tenéis. Si os sirve de algo, que su influjo sea beneficioso para el cometido. Ya sé que partiereis mañana, pero antes os desea ver la princesa Muria, que en todo este tiempo se ha mantenido en la oscuridad de su cámara por evitar veros. Su corazón aún esta afligido, caballero, pero su hermosura ha aumentado, pues el dolor y el sufrimiento de un amor imposible le ha hecho madurar por encima de lo sobrenatural.

- ¿Debo hacerlo?

- Si así lo estimáis, ella os espera.

- Decidla que caída la tarde la visitaré donde estime oportuno.

- Que así sea –concluyo la reina, que desapareció en el aire-.

Y el caballero, ahora solo, acarició el mechón de cabello sacándolo del relicario y oliéndolo sintió que las fuerzas le aumentaban, que en el amor y con el presente de la dama en la mano creció su anhelo y su ilusión en el presente otorgado.

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05 Nov 2010

“EL CABALLERO Y LA ESPERANZA DORMIDA” (20)

Escrito por: juan-calleja el 05 Nov 2010 - URL Permanente

Más, la vida marca un precio por vivirla que no es negociable. Que solo cabe aceptar y resignarse o como el caballero, luchar con uñas y dientes para cambiar los aconteceres si estos están de su mano, porque aceptar no entra en sus términos contratados, más que aquello donde la muerte intervino o donde no encuentra sentimientos. Pues rendirse no es palabra usada en su vocabulario y por el amor lucha con amor. Así enunciado este episodio saltaré la parte feliz del relato que todos pueden imaginar a su libre albedrío, entre el caballero y la Dama Blanca, y entro a narrar la parte oscura, la siniestra, que hace que la vida tome otros rumbos y nos lleve a la sinrazón y a la tristeza.

Pues, no hubo pasado una semana cuando Minea comenzó a sentirse mal, en una enfermedad del cuerpo y en parte de su alma, que la maldición de Belcebú estaba dando sus frutos. Y cada día que pasaba, más envejecía, pues había dejado de ser inmortal y la maldición consistía en acelerar la vida para la dama, que cada día se sentía más débil y cansada. Y se llegó al punto en que su vida comenzó a marchitarse como una flor arrancada de su tallo. Y el caballero comenzó a sufrir en la impotencia de quien no puede hacer absolutamente nada por el ser amado, no aceptando en su locura que tales hechos se estuvieran produciendo y por ello desvariaba, que incluso quería volver al Infierno para entregar su alma a Lucifer a cambio de la vida de su amada.

Y fue la reina Mala quien con sus constantes razonamientos consiguió quitar al caballero tales pensamientos de su cabeza y hacer ver que no estaba todo dado por perdido, pues pudo hablar con tiempo con Minea y de este modo poder encontrar una formula para un antídoto, un bebedizo, que hiciera volver a vivir en su edad justa a la dama regresada del Infierno. Pero, era necesaria para la pócima un ingrediente poco usual y que se encontraba donde jamás hombre alguno había llegado y que solo conocía la antigua diablesa, dado que ella, por su antiguo ser y estar, podía moverse a su antojo. Y asignado el lugar se reunieron los tres, dama, reina y caballero, para poner la idea en práctica.

- Caballero –habló la reina Mala-, solo vos podéis regresar si es que llegáis a tan recóndito lugar. Un lugar donde no hay oscuridad, donde no hay luz. Un lugar donde no ha pisado hombre alguno y crece un hongo necesario para volver a Minea a su verdadero estado.

- Decidme y partiré –contestó escueto el caballero, lleno de tristeza y de dolor por la vida que se iba apagando, impaciente-.

- Mi amor –habló Minea-, la vida se me va y no podré esperar tanto. Os espera un largo viaje a un lugar recóndito donde no existe vida alguna más que la del ingrediente que debéis traer. Pero mil peligros deberéis de pasar y mucho tiempo emplear en todo ello. Por ello la reina Mala me dormirá hasta vuestra vuelta y que ni el tiempo ni el maleficio trascurran por mis venas. En ello pongo la condición de que solo vuestra boca podrá despertarme cuando regreséis, pues si así no fuera, no quiero despertar nunca.

- Mi amada –continuó el caballero entre lágrimas incontenidas-, regresaré y la vida se hará de nuevo vida. Recordad que ambos tenemos un solo corazón dividido. Recordadlo.

- Y vos, mi amor –concluyó Minea-, recordad que solo en el amor triunfareis.

Y bebiéndose el bebedizo que la reina Mala había preparado, la Dama Blanca entró en un profundo sueño donde su corazón se paró. Y el caballero inclinándose mientras se dormía, con una sonrisa de ella en su boca, beso su boca y se despidió de ella, que a buen recaudo se quedaba en la protección de la reina de las brujas y hechiceras. Y lágrimas de perdida se desbordaron en aquel lecho, donde dejaba la esperanza dormida.

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29 Oct 2010

“EL CABALLERO Y EL AMOR RETOMADO” (19)

Escrito por: juan-calleja el 29 Oct 2010 - URL Permanente

Y ya donde la luz de la noche los iluminaba, donde las estrellas fueron testigos, aquella boca al averno terminó de cerrarse y aquel murmullo atroz, aquel griterío infecto e infernal, dio paso al silencio adornado por el suspiro de una leve brisa y el de la yerba que bajo sus pies crujía en verde renacido con aquella Luna llena que iluminaba de plata toda la escena. Y el caballero mirando a Minea vio como sus ojos centelleaban en prodigioso brillo y ella besó su boca y de sus ojos surgieron lágrimas de amor, que lo conseguido, por lo rendido y lo ganado, era superior incluso a cualquier fuerza de la Naturaleza. Y boca con boca sellaron definitivamente la entrega absoluta, mientras aquellas lágrimas calientes se transformaban en diminutas hadas cuyo canto ascendió, al igual que ellas, al mismísimo cielo.

Y si la fe en el amor tuviera nombre sería el de aquellos ojos que se miraban. Y si la voluntad en la fe ciega tuviera nombre sería el de aquellas bocas que se besaban. Y la reina Mala los envolvió en una burbuja rosa de cristal evanescente y los elevó del caballo y de la tierra misma y se abrazaron cuerpo con cuerpo y fluidos de amor surgieron de sus almas reencontradas. Y en el fluir del momento, cuando la noche caía y la primera luz de la mañana cruzó aquella burbuja, un trepidar y un rayo tal, hicieron vibrar y reverberar la cúpula celeste. Y en el abrazo y en la luz giraron ambos cuerpos, que parecía se estaban desmaterializando en la zozobra de una noche que no acababa de terminar y en la vitalidad de un día que no acababa de llegar.

Y la reina Mala montando en Sayid y llamando a Rasputín, con Nana a la par, partieron hacía el castillo del Principado de Muria, pues mucho había que avisar y preparar y había decidido dejar a los enamorados en aquel eterno amanecer. En el valle de suave y caldeada yerba donde los cuerpos liberados dejaron paso a aquellas almas en la acción del amor retomado. Infinita fue la ternura, infinitas las caricias, infinitas las miradas y las lágrimas de felicidad desprendidas. Y eterna la canción que las hadas dejaron flotando en el aire en ese valle que ya por siempre se llamaría de las Hadas. Y no hubo palabras, sino más que ellas. Y en el beso inagotable y en el tomar constante se amaron y descansaron como nunca.

Y ya iniciado el día, cuando el sol marcaba desde la mayor altura, caminando, sin dejar de mirarse y sonreírse, sostenidos el uno del otro de las manos, caminaron hacía el castillo, que despuntaba en medio de aquel lago lleno de ilusiones. Y parando la dama nuevamente al caballero le tomó y le besó, y miró de nuevo sus ojos que no había dejado de mirar. Y separadas las bocas, se hablaron, y las palabras más que ser palabras, fueron caricias. Y no hubo reproches, solo amor, que el miedo se había diluido en la entrega, en la ofrenda que tomaron el uno del otro. E invitando al caballero a arrodillarse, ambos lo hicieron y así le dijo:

-Hubo un día, caballero de mis sueños, que os ofrecí el corazón y hoy de nuevo os lo ofrezco. Dejad que en esta ocasión sea vuestro pecho el portador de tal ofrenda, que mucho hemos aprendido y mucho tenemos que poner en práctica.

- Si así deseáis, que así sea, pero tomad el mío en idéntica entrega, pues solo en ello encuentro ya sentido al acto, que corazón y corazón ya solo desean ser uno en dos –dijo el caballero-.

Y apartándose el caballero, ella tomó de su pecho su corazón e introduciendo sus manos con la latiente víscera lo dejo junto al de él y se fundieron y al instante volvieron a separarse, y lo volvió a coger y colocó en su pecho, y ambos pechos se volvieron a unir en un abrazo de chispeantes luces de rojo sangre. Y en el nuevo latir encontraron el vértigo de lo nuevamente hallado y de lo que a ningún precio estaban dispuestos a perder, pues duro había sido llegar a tal punto del camino y el resto estaban dispuestos a recorrerlo juntos en la magia del amor.

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LOS EPISODIOS DEL CABALLERO

Nada hay de cierto en la vida mas que el trascurrir de estar prisioneros en un presente continuo. Y ni la muerte por ello tiene sentido, que si bien es el fin de ese presente, no deja de existir la posibilidad de renacer de nuevo interrumpiendo el devenir de ésta. Que si de fantástico tiene la vida, ciegos estamos por no verlo, que hay quien puede y no quiere y hay quien quiere y no puede. Mas, no nos acongojemos por lo irremediable, que en los cuentos y en las leyendas de fantasía todo es posible, porque en la mente humana la imaginación trasciende la realidad misma y supera todo anclaje o prisión física. Y por ello, el caballero no morirá nunca, porque este trovador de conveniencia hará de ello realidad superior y verdad. Y de este modo, superados y explicados los motivos, inició esta segunda parte con la sana intención de seguir deleitando y deseando que el caballero andante, el sin nombre, tenga a bien perdonarme por sacarle del olvido.

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