25 Nov 2008

El Gran Café Tortoni, en Buenos Aires.

Escrito por: juan-manuel-jimenez-garcia el 25 Nov 2008 - URL Permanente

La ciudad de Santa María de los Buenos Aires, capital de Argentina, aunque más conocida por su terminación, Buenos Aires, es de todas las capitales mundiales, una de las que te ofrece más contrastes entre unos barrios y otros.

Es completamente diferente pasear por Recoleta, Palermo, Retiro o Belgrano, que hacerlo por Constitución, Monserrat, La Boca o San Telmo. Tiene cada uno una personalidad propia y diferente al resto de la ciudad. En lo bueno y en lo malo, la ciudad porteña tiene tal cantidad de matices que decir "conocerla" es ser muy presuntuoso.

Con el tiempo se puede entender los grandes rasgos de cada barrio, pero nunca podremos decifrar la vida de cada uno de las personalidades de los porteños.

También hay semejanzas y preferencias comunes a todos los porteños. Habrá siempre un fanático de Boca Juniors y otro de River Plate, pero ambos estarán de acuerdo en una cosa, para discutir de fútbol, como de literatura, filosofía o psicoanálisis, el mejor sitio es un café de Buenos Aires.

El café es la intitución por excelencia de la capital. Los hay por doquier y muchos de ellos tienen una relevancia pública importante.

Pero hay uno que sobresale de todos ellos: el Café Tortoni, en el 825-829 de la Avenida de Mayo, a tres pasos, digamos, de la Plaza de Mayo, la Casa Rosada, la Catedral y el Banco de la Nación Argentina. O sea, en el meollo político, religioso, económico y social de Buenos Aires, que es lo mismo que decir "en el centro de decisión de este extenso país".

Lo atestigua una placa de broce en su fachada principal, el Café Tortoni fue fundado en 1858 y es el más antiguo de Argentina.

Entre sus enmaderadas paredes, junto a sus mesas de roble y mármol verde, se sentaron Alfonsina Storni, Benito Quinquela Martín, Carlos Gardel, Baldomero Fernández Moreno, Luigi Pirandello, Federico García Lorca y Arturo Rubinstein entre otros artistas, hombres de letras y parlamentarios que traspasaron algo de su personalidad a este tradicional café, inseparable ya de la historia de Buenos Aires.

El Gran Café Tortoni es el paradigma del café porteño por excelencia, pero muy poco se sabe de sus orígenes. De hecho hay varias versiones de su nacimiento.

Una primera versión habla de que un inmigrante francés de apellido Touan decidió inaugurarlo a fines de 1858, el nombre lo tomó prestado del de un establecimiento del Boulevard des Italiens, en el que se reunía la élite de la cultura parisina del siglo XIX.

A finales del siglo, el bar fue adquirido por otro francés: don Celestino Curutchet, a quien el poeta Allende Iragorri describiera como "el típico viejito sabio francés", casi un personaje de historieta que agregaba otro acento peculiar a la fisonomía el lugar.

Pero también hay otra versión de su origen muy diferente. Parece ser que sería un tal Oreste Tortoni quien habría establecido un café sobre el número 200 de la calle Defensa y le puso el nombre atendiendo a su apellido.

Enrique Puccia, historiador de Buenos Aires, descubrió que efectivamente existió una guía de la ciudad donde aparece el Café Tortoni en la calle Defensa.

No obstante, el Gran Mapa Mercantil de la Ciudad de Buenos Aires, editado en 1870, por Rodolfo Kratzenstein lo ubica en la esquina de Rivadavia y Esmeralda con el señor Touan como propietario.

Lo cierto es que en 1880 fue trasladado a su lugar actual, donde anteriormente se encontraba el llamado Templo Escocés de Buenos Aires, pero su entrada era por la calle Rivadavia.

A partir de 1898 tuvo su entrada principal por Avenida de Mayo, (que había sido inaugurada en 1894), y la fachada fue realizada en por el arquitecto Alejandro Christophersen. A finales del siglo XIX el café es comprado por otro francés, Celestino Curutchet, que habitaba en los altos del café.

El local era frecuentado por un grupo de pintores, escritores, periodistas y músicos que formaban la Agrupación de Gente de Artes y Letras, liderada por Benito Quinquela Martín.

En mayo de 1926 forman La Peña, y le piden a Don Celestino Curutchet, que les deje usar la bodega del subsuelo. El dueño acepta encantado, porque según sus palabras "los artistas gastan poco, pero le dan lustre y fama al café".

La Peña fomentó la protección de las artes y las letras hasta su desaparición, en 1943.

Esta peña había nacido en el café La Cosechera (calle Perú y Avenida de Mayo), trasladándose luego a las mesas del Tortoni. Como con el tiempo el lugar quedó chico, Curutchet ofreció la bodega de vinos para que se pudieran reunir con más comodidad.

Así la sede de la peña, a la que autodenominaban Agrupación Gente de Artes y Letras, se inauguró el 24 de mayo de 1926, y realizó tareas de difusión cultural mediante conciertos, recitales, conferencias, debates, etc.

Entre los asistentes se encontraban Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno, Juana de Ibarbourou, Arturo Rubinstein, Conrado Nalé Roxlo, Ricardo Viñes, Roberto Arlt, José Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges, y Molina Campos entre otros.

Las mesas vieron pasar figuras de la política como Lisandro de la Torre, Ernesto Palacio, Marcelo Torcuato de Alvear o Hillary Clinton; figuras populares como Carlos Gardel (quien cantó una vez un tango en homenaje al autor italiano Luigi Pirandello, que acababa de dar una conferencia en La Bodega) y Juan Manuel Fangio; prestigiosas figuras internacionales como Albert Einstein y Federico García Lorca; y jefes de Estado como nuestro Rey Juan Carlos de Borbón.

El Café Tortoni dispone, además de otras tres salas muy conocidas: la Sala de Billares, la Peluquería y el Salón Alfonsina.

Todas ellas repletas de recuerdos de los que ocuparon su tiempo tertuliando junto a una taza de café humeante.

El lugar es digno de ver por su ambiente, su exposición permanente de arte, pero, sobre todo, es importante vivir y disfrutar del momento, imaginando a Borges, Ortega y Gasset, Quinquela Martín o García Lorca dando lustre a la lengua castellana en aquel maravilloso lugar de mesas de madera y tapas de mármol verde.

Actualmente el propietario del café es el Touring Club Argentino y la sala La Bodega, en el subsuelo, es escenario de diferentes artistas de tango y jazz.

Si vas a Buenos Aires, ésta es, sin ninguna duda, una visita obligada y puede ser un buen punto de partida de tu jornada antes de un largo paseo por las avenidas de la capital porteña.

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Anónimo

Anónimo dijo

bonita biografia de este bar, no puedo tomar cafe y parece que lo este saboreando su aroma.

gracias por este argumento.

abrazos de sirena

juan-manuel-jimenez-garcia dijo

Es cierto que este es uno de los casos donde el ambiente de misticidad cultural se impone sobre el valor de lo que te vayas a tomar.
En el Café Tortoni, un café puede durarte una tarde completa con tal de descubrir todos y cada uno de los miles de detalles que atestiguan el paso mismo de la historia literaria y política de Argentina.

Martina

Martina dijo

El Café Tortoni es una lugar de peregrinación en Buenos Aires. Si has estado allá y no has ido a visitarlo, te pierdes una referencia cultural muy importante de la ciudad.

Julio

Julio dijo

No te puedes ir de Buenos Aires y no conocer el Tortoni. Es una visita obligada.

Estela

Estela dijo

Te cuento que El Tortoni nos reunimos una sábado al mes los Lectores Galegos en Bos Aires, en la Sala Alfonsina Storni.
Saludos y hermosa bitácora de viajes la tuya

Edna ... dijo

Qué belleza de Café.

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En este blog me animo a mostraros todo lo que tomé con mi cámara y mereció la pena.
Lo sabores y olores que disfruté allí donde fui.
Aquel hotel ... aquel café... aquel atardecer ... aquella compañía que nunca más volveré a ver. Os enseñaré algunas fotos con la intención de, al menos, moveros a la curiosidad.
Aquí encontrarás el mundo visto por un viajero común que buscó lo ordinario, lo conocido, el detalle por descubrir.
Si buscas la aventura, este no es el lugar. Lo siento, o no pude o no supe buscarla. Aquí encontrarás lo que cualquiera puede ver en un viaje de fin de semana.
En Sevilla, a 16 de Octubre de 2008.

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