10 Oct 2008

La enigmática pentalfa de San Bartolomé

Escrito por: juancar347 el 10 Oct 2008 - URL Permanente

Hablando de la Magia, de los Misterios del Camino, de ese Factor X presentido e investigado por escritores y psicólogos de la talla de Colin Wilson, no podía dejar pasar la oportunidad de exponer aquí una de las curiosas maravillas con las que me he topado durante mis viajes: la enigmática pentalfa de la ermita de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos.
La grabación que se presenta en ésta entrada, la conseguí el pasado día 2 de mayo, con la ermita felizmente abierta y los visitantes llegando en tropel. Fue la primera, y por tanto, la más desconcertante y entrañable de todas las grabaciones sobre la enigmática pentalfa del transepto, que, como se puede suponer, llegaron a continuación.
No era mi intención presentarla, al menos de momento, aunque hace algún tiempo expuse alguna que otra referencia y hubo gente que, afortunadamente, tomó buena nota. Gente, no como esos estúpidos de turno, que llegan a la ermita con el cincel en la mano para hacer ver en sus paredes que un imbécil estuvo allí. No, por el contrario, gente fascinada y respetuosa con un lugar que, no me cabe duda, es todo un cúmulo de conocimiento y sabiduría. En definitiva, un santuario que merece ser estudiado, conservado y respetado.
Por si a alguien le puede interesar, he aquí, pues, un enigma más de San Bartolomé.

10 Oct 2008

El gran enigma de la Virgen de las Navas

Escrito por: juancar347 el 10 Oct 2008 - URL Permanente

'Cuando quieres alguna cosa, todo el Universo conspira para que la consigas'

[Paulo Coelho: 'El Alquimista']

Últimamente, vengo dándole muchas vueltas a ésta frase que, bajo mi punto de vista, no tiene desperdicio y se ajusta, como el guante a la mano, a los pormenores de algunas de mis experiencias por la provincia y algunos de sus enigmáticos tesoros. Como guante, pues, creo que se ajusta a lo que yo considero, en buena lid, como el fascinante enigma de la llamada 'Virgen de las Navas', y de cómo ese Universo al que se refería Coelho 'conspiró' hasta hacer que mi deseo se convirtiera en realidad.

La historia de la presente 'conspiración del Universo', comenzó el pasado día 9 de agosto, cuando, después de asistir a una jornada inolvidable en la romería de la Virgen de la Santa Cruz, en Conquezuela, de repente, mientras devoraba los escasos kilómetros que me separaban de Medinaceli, sentí una imperiosa necesidad de acercarme hasta el cercano Monasterio de Santa María de Huerta.

Cuando llegué -serían aproximadamente las cuatro de la tarde y hacía un calor de justicia- me detuve unos minutos a curiosear en la pequeña tienda del monasterio, pues -lo confieso- soy un apasionado de los libros y también de los recuerdos. De los libros, porque son unos excelentes compañeros y nunca me han fallado; de los recuerdos, porque por pequeños y vulgares que parezcan, no dejan de ser una diminuta 'conciencia' sobre la que basar gratos momentos de íntima felicidad. En definitiva, retazos de existencia.

En la pequeña biblioteca de ediciones a la venta, es posible encontrar textos de considerable interés, entre los que recomiendo -ya que así me lo permite el creador del presente blog- aquél dedicado a la historia del Císter, y ese otro que se ocupa -'tres bien, mon ami'- de la historia de Cluny. Lo malo, es que éste último está en francés, y no parece haber una disposición inmediata a su traducción al castellano. Sobre la calidad del vino se puede discrepar; no así, sin embargo, de la calidad y la belleza de los iconos bizantinos, caros pero artesanos cien por cien y con certificado de originalidad.

No soy muy aficionado a comprar postales, sobre todo porque entre el equipo que desplazo en mis viajes, me acompañan, por regla general, cuatro cámaras, las cuales pueden suplir perfectamente a aquéllas, sin desmerecer, desde luego, la profesionalidad del fotógrafo, cuyo arte todavía estoy lejos de alcanzar, aunque no desespero en el intento.

Por eso, supongo, aún a riesgo de parecer repetitivo, que el 'Universo debió de conspirar' también en aquél preciso momento, para que me fijara en el expositor rotatorio donde se acumulaban docenas de postales de variada temática, aunque generalizada en el monasterio y su entorno. Casualmente, la primera que me llamó la atención, captando inmediatamente todo mi interés, era esa que frente a mi mostraba la imagen de una Virgen románica policromada, hermosa, hermética -como no podía ser menos- y, bajo mi punto de vista, totalmente espectacular.

La causalidad también quiso que en el momento en el que me acercaba al mostrador con la postal de la Virgen en la mano, estuviera presente un hermano del Císter, de ojos alegres, rostro bondadoso y barba canosa, escrupulosamente recortada. Por supuesto, acudí a él, solicitando su ayuda.

- Es la Virgen de las Navas -comentó, pues en el reverso de la postal tan sólo explicaba: 'Monasterio Cisterciense de Santa María de Huerta (Soria). Virgen románica S.XII'-. Algunos creen que es la que llevaba en su montura el arzobispo Jiménez de Rada durante la batalla de las Navas de Tolosa. Aunque hay otros, que se inclinan a suponer que la trajeron de Francia los primeros hermanos que se instalaron aquí.

- Y dígame, padre -continué indagando, dejándome llevar por un sentimiento de gula encaminado a recabar cuantos datos pudiera proporcionarme, consciente de que aquéllo era todo un descubrimiento, al menos para mí-: ¿la tienen aquí, en el Monasterio?. ¿Se puede ver?.

El hermano cisterciense sonrió, comprensivo, supongo, al ver mi creciente entusiasmo por aquélla pequeña, enigmática talla virginal, y sin perder un ápice sus buenas maneras y la sonrisa de que había hecho gala hasta entonces, explicó:

- Bueno, la verdad es que no está expuesta al público...

Imagino que de manera piadosa, y al ver mi consiguiente gesto de decepción -en ocasiones, los sentimientos son como caballos desbocados, difíciles de sujetar, y en ese sentido, yo apenas me considero buen jinete- me sugirió:

- Está guardada en el Archivo. Claro que, a lo mejor si hablas con el abad, te permite verla...

Por circunstancias que no vienen al caso y que alargarían la presente entrada más de la cuenta, sólo añadiré que en ésta ocasión, no me fue posible hablar con el abad. Hube de esperar una semana, para conseguir acceder al padre Agustín Romero, exponerle mi interés por la Virgen, solicitar verla y sacar algunas fotografías.

Persona de encomiable paciencia, y a mi modo de ver, también un apasionado de la Historia, el padre Agustín se caracteriza por su escrupulosa confianza en el método científico a la hora de clasificar, situar e interpretar datos. Por eso, no debe de resultar extraño para nadie, que apenas cinco minutos después de comenzar a hablar de la talla de la Virgen, objetivamente prudente, desvirtuara el mito relativo a su presencia en tan importante batalla. ¿De dónde proviene, entonces, el apelativo ' de las Navas'?.

En primer lugar, del marqués de Cerralbo. Y en segundo lugar, de la interesada interpretación de algunos autores, en cuanto a la pregunta que dejó éste en el aire, cuando planteó si sería ésta la que acompañó en la batalla al obispo Jiménez de Rada. Porque lo que sí es un hecho verídico, es la 'presencia' de la Virgen en Las Navas en julio de 1212, enfrentamiento que significó un auténtico descalabro para los almohades y un considerable avance para los reinos cristianos durante la Reconquista.

Como ocurre con la gran mayoría de imágenes románico-góticas marianas de la provincia -bastante numerosas, por cierto- no existen referencias, y mucho menos testimonios escritos que aporten alguna luz sobre su origen, si exceptuamos las leyendas que pesan sobre algunas tallas, siendo éstas, de cualquier forma, las menos. Al preguntarle, pues, acerca de la existencia en el Monasterio de unos posibles archivos históricos en los que indagar e intentar encontrar alguna aportación, por vaga que ésta fuera, el padre Agustín sonríe contrito:

- Por desgracia, la gran mayoría de documentos se han perdido irremediablemente...

Y no es para menos tal estado de contrición, si tenemos en cuenta al menos algunos de los episodios más desgraciados y de infame recuerdo de la Historia de nuestro país: la Guerra de la Independencia, la desamortización de Mendizábal o la Guerra Civil.

No obstante, como decía, la Virgen estuvo presente en la batalla de las Navas de Tolosa. Y el Arte -en su papel de notario más o menos fiel de acontecimientos- se encargó de testimoniarlo. En efecto, no es necesario viajar hasta Roncesvalles y buscar uno de los sepulcros más famosos de su magnífica Colegiata, para hallar algunos indicios de lo que digo. Me refiero, claro, al sepulcro del rey Sancho VII de Navarra, apodado 'el Fuerte' -parece ser que su estatura y corpulencia fueron notables en la época- y a la excelente vidriera que, hallándose por encima de éste, representa a tan carismático soberano en plena carga de caballería precediendo a sus tropas. Entre ellas, y detrás de él, no es difícil distinguir al portaestandarte con la imagen de la Virgen.

Jiménez de Rada, tiene también un sepulcro, magníficamente labrado, en el monasterio de Santa María de Huerta. Y aunque éste se encuentra en el extremo opuesto de la nave de la iglesia, sus restos descansan en un pequeño nicho situado en la capilla central, aquélla que contiene el Retablo Mayor, y de hecho, dos magníficas representaciones de la batalla -realizadas en 1580, por Bartolomé Matarana- en las que se muestran, así mismo, hechos relativos a la intervención en la misma del arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo Martín de Finojosa.

Ambas, como decíamos, están dedicadas a estos dos obispos, aunque representan fases muy distintas del combate, y a las que denominaremos Fase I y Fase II.

En la Fase I, encontramos al obispo Martín de Finojosa bendiciendo a las tropas antes de entrar en la batalla. Detrás de él se observa, expuesta en lo que parece ser un cuadro, una Virgen sedente y el Niño encima de sus rodillas.

En la Fase II, sin embargo, el artista inmortalizó al arzobispo de Toledo, Jiménez de Rada, en plena carga de caballería al frente de sus tropas. Detrás de él, y de manera similar a la representación del rey Sancho VII de Navarra en la vidriera de la Colegiata de Roncesvalles, el portaestandarte lleva una bandera desplegada, en la que se aprecia la figura de la Virgen, salvo que, a diferencia de la escena representada en la Fase I, en ésta ocasión, la Virgen se representa de pie y con el Niño en brazos.

Este detalle, por otra parte, induce a sospechar si en realidad hubo más de una Virgen -como sería lógico suponer- en la batalla, aunque su rastro sea, hoy por hoy, poco menos que imposible de seguir. No sería un hecho excepcional suponer que tanto las tropas navarras, como las aragonesas y también las castellanas, contaran con la protección de su propia Virgen.

La mayoría de trofeos pertenecientes a la batalla de las Navas de Tolosa, se encuentran en la actualidad en Burgos, en el Monasterio de las Huelgas. Sin embargo, y como curiosidad añadida, existe también la figura de una Virgen pequeñísima, de apenas 10 cmts. de altura, que hacía las veces de pomo en la silla de montar del obispo Don Tello. A ésta Virgen de la denomina del Tovar o de las Navas, y se encuentra en la iglesia de Nª Sª del Tovar, en la localidad palentina de Meneses del Campo. ¿Qué ocurre, entonces, con la Virgen románica que se custodia en el Monasterio de Santa María de Huerta?. ¿De dónde procede, pues, y qué historia tuvo?. Es, sin duda, todo un enigma.

El padre Agustín no afirma ni niega nada. Su objetividad y su prudencia le mantienen al margen de hipótesis y afirmaciones gratuitas. Sin pruebas no hay certeza que valga. Y en el caso de la Virgen que nos ocupa, el investigador se encuentra totalmente desorientado, vislumbrando tan sólo un agujero negro que no hace, si no, aumentar el halo de leyenda y misterio que la rodea. Tal vez pudiera seguirse algún rastro -no obstante, hipotético- comparándola con otras tallas marianas de origen navarro-riojano, pues en mi opinión, y basándome en las tallas marianas observadas hasta el día de la fecha en la provincia de Soria, no parece existir ningún factor en común, dejando aparte, claro está, los atributos que, sin duda, son singularmente invariables en todas.

La Virgen de las Navas -seguiremos utilizando el apelativo, pues no deja de tener su lado romántico, como los sueños- es una talla de madera policromada, de hermosa constitución y una altura que oscila, aproximadamente, entre los 40 y los 50 cmts. El Niño mantiene un libro abierto entre sus manos, en cuyas hojas se puede leer la siguiente inscripción: 'IESUS NAZARENUS', 'Jesús el Nazareno'. Pero incluso sobre este detalle, el padre Agustín mantiene también una prudente reserva:

- En mi opinión, la inscripción fue realizada con posterioridad a la talla...

Tiene ésta, así mismo, una abertura en la espalda, que hace suponer que le falta una pieza que encajaba a la perfección y cuya utilidad, seguramente, estaba encaminada a albergar algún tipo de reliquia, detalle bastante corriente en este tipo de tallas.

Acerca de la pregunta de por qué la mantienen guardada, sin ofrecer al público la posibilidad de su contemplación y veneración -recordemos que este tipo de imágenes marianas tienen gran fama de milagreras-, el padre Agustín sonríe con cierta tristeza:

- Es una pieza muy golosa...

Sobran las palabras. Hasta aquí, expuesto a grosso modo, un verdadero enigma: el de la Virgen románica del Monasterio de Santa María de Huerta, conocida como 'la Virgen de las Navas'.

12 Sep 2008

El entorno de Urbión y la Laguna Negra

Escrito por: juancar347 el 12 Sep 2008 - URL Permanente

Sin duda, su atractivo genera multitud de visitas que no dejan, en modo alguno, indiferente, máxime ahora que, por fin, están acondicionando la carretera que, partiendo de Vinuesa -'villa y corte de pinares'- llega a las inmediaciones. Sería bueno que ese autobús que deja al viajero perezoso a escasos metros de la orilla, dispusiera de un guía que amenizara el desplazamiento con historias y leyendas de un lugar tan sorprendente y emblemático. Aunque claro, la mejor historia, en el fondo, es aquélla que uno mismo va viviendo a medida que realiza su recorrido y se deja seducir por el entorno.

11 Sep 2008

Águilas, desfiladeros y quimeras

Escrito por: juancar347 el 11 Sep 2008 - URL Permanente

Paseo visual por un entorno de lo más hermoso y sugestivo de la provincia: el Cañón del Río Lobos. Un lugar donde naturaleza, historia, leyenda y magia se dan la mano para hacer que una visita resulte un acontecimiento inolvidable.

10 Sep 2008

Cañón del Río Lobos: Romería de San Bartolomé y la Virgen de la Salud

Escrito por: juancar347 el 10 Sep 2008 - URL Permanente

Dentro del Año Mariano en el que nos encontramos, hubiera sido imperdonable no asistir a una de las romerías más emblemáticas de cuantas se celebran en la provincia, cuando no en España: la romería de San Bartolomé y la Virgen de la Salud, en el no menos inigualable y emblemático entorno del Cañón del Río Lobos.

Poco antes de las diez de la mañana, eran numerosos los romeros y peregrinos que, procedentes de diversos puntos del país, encaminaban juntos sus pasos en dirección a la pradera donde se asienta la ermita de San Bartolomé, a orillas del río Lobos y enfrente de la Cueva Santuario, cuya historia se remonta a épocas prehistóricas.
Para los que estamos acostumbrados a visitarlo con cierta frecuencia y disfrutamos del entorno sin cruzarnos apenas con nadie, semejante avalancha de gente no deja de producir cierto sobresalto cercano al shock. Sin embargo, enseguida nos reponemos, entendiendo que es normal que la gente acuda en tropel en un día tan señalado, pues no es ninguna falacia que la Virgen de la Salud -la cuál descansa en soledad en su capilla de la ermita de San Bartolomé durante la mayor parte del año- arrostra bajo su manto una larga, larguísima tradición de milagrera, que ha ido perpetuándose a lo largo del tiempo.
Es cierto que nos encontramos frente a una representación moderna de la Virgen original, que -al decir de los que tuvieron ocasión de conocerla- era 'pequeña y negra'. Tampoco se ven los exvotos -manos, brazos y piernas de cera en su mayor parte, según me han comentado algunos vecinos del pueblo de Ucero- con que los fieles agradecían la intercesión de la Virgen en su curación, y que antaño se exhibían en el interior de la ermita. Incluso el Cristo de la Agonía -un soberbio ejemplar de Cristo gótico en el que se pueden apreciar varias cualidades, entre ellas las de mostrar lengua y dientes y ofrecer una perspectiva de agonía y muerte, según sea la posición desde donde se le mira- ya no luce, tampoco, esa larga melena que le llegaba casi a la cintura.
Sería demasiado arriesgado decir que la Tradición, al menos en este caso, varía. Por eso diré que, bajo mi punto de vista, lo que ha variado en parte, es la costumbre. En efecto, igual de piadosa es la costumbre de encender velas y lamparillas, y hoy -titilando alegremente en ambas capillas- tanto la Virgen de la Salud como el Cristo de la Agonía, han recibido el agradecimiento y el cariño de los fieles.
También sería muy exagerado hacer comparaciones con otras demostraciones de devoción y afecto -como las que recibe el Jesús de Medinaceli en Madrid, por poner un ejemplo- pero sí puedo afirmar que el desfile de personas, tanto en el exterior como en el interior de la ermita para besar el manto de la Virgen, ha sido notable, hasta el punto de que hubo momentos en que se produjo algún roce entre los que entraban y los que salían.
Por otra parte, se hace extraño ver los puestos y chiringuitos que, como las caravanas de esos antiguos pioneros del lejano Far West americano, acampan en la pradera a uno y otro lado del río. Pero lo que desde luego sí que me pareció sublime e inolvidable, fue la visión de esa Virgen entrañable y querida sacada a hombros por los romeros y paseada, como una reina, por los alrededores de la ermita. Había momentos en los que su manto blanco, inmaculado, brillaba como la luz de una luciérnaga al ser alcanzado por los rayos del sol, teniendo, como decorado de fondo, esos riscos y farallones sobre los que volaban en círculos, quizás rindiéndole también pleitesía, alimoches, águilas y halcones peregrinos. Aunque claro, supongo que cada uno lo vivió y sintió a su manera.
Alrededor de las dos de la tarde, abandonaba la ermita de San Bartolomé, encaminándome hacia el segundo aparcamiento, pues, aunque a la hora que llegué pude haber subido hasta cerca de la pradera y aparcar en el monte, no me pareció correcto. Reconozco que tal decisión fue acertada, pues durante el trayecto, pude observar cómo se producían ciertos embotellamientos entre los coches que iban, los que venían y los peatones que se encontraban entre unos y otros.
En fin, todo un acontecimiento digno de recuerdo, que procuraré repetir en años venideros.

23 Jul 2008

Rutas del Temple en la provincia de Soria: Renieblas

Escrito por: juancar347 el 23 Jul 2008 - URL Permanente

22 Jul 2008

Rutas del Temple en la provincia de Soria: Ucero y su entorno

Escrito por: juancar347 el 22 Jul 2008 - URL Permanente

14 Jul 2008

Rutas del Temple en la provincia de Soria: Castillejo de Robledo

Escrito por: juancar347 el 14 Jul 2008 - URL Permanente

'Recorrer nuestra geografía para buscar posibles huellas templarias se convirtió en una aventura fascinante. Si la historia había dedicado sus esfuerzos al estudio de las órdenes autóctonas como la de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, y les había dedicado gran atención, no sucedía lo mismo con la Orden del Temple...'.
[Xavier Musquera: 'La aventura de los templarios en España' (1)]

No le falta ni un ápice de razón a mi estimado amigo Xavier Musquera, cuando hace tal aseveración. Posiblemente, nos encontramos aquí con otra abominación de las injusticias históricas que, unida a la cometida por el rey francés Felipe IV -en connivencia con el Papa Clemente V, de nombre Bertrand de Got- aquél fatídico viernes, 13 de octubre de 1307, consienta, de alguna manera, en avivar aún más la llama de la leyenda y del misterio que envuelve todo lo que a la Orden del Temple se refiere.

A lo largo de mis vivencias por la provincia, en las que no han faltado ni faltarán búsquedas personales de ese Temple que tan activamente participó en la Reconquista y cuyas huellas -menores a medida que va pasando el tiempo- aún puede descubrirse a este lado de la frontera del Duero, he podido percatarme de que, si bien la documentación histórica no la hace justicia por su rareza y escasez, la Tradición oral, sin embargo, la satisface cumplidamente. No resulta raro, por tanto, encontrarse en más de un lugar con el comentario: 'fue o ha sido de templarios'.

En el caso de Castillejo de Robledo, dicho comentario, sin embargo, huelga por completo. Cualquier visitante, sea veterano o primerizo, que pone los ojos en la iglesia de Nª Sª de la Asunción, sabe -sin necesidad de documentación escrita que lo corrobore- que en ese lugar, los monjes-guerreros tuvieron en tiempos una considerable presencia. Basta sólo echar un vistazo a ese maravilloso pórtico de madera de estuco, pintada con los colores blanco y negro de la Orden, para darse cuenta de ello.

Pero las huellas de su presencia, cobran una notable fuerza; una más que evidente notoriedad, en su interior. Las pinturas que poco a poco van apareciendo entre la cal de sus muros, cuentan viejas historias. Historias que, algunos, identifican con ese episodio vergonzoso de la humillación de las hijas del Cid a manos de los condes de Carrión, pues no en vano, Castillejo de Robledo está considerada como la villa o el lugar donde acaeció la famosa afrenta de Corpes.

No obstante de este detalle, lo espectacular aguarda un poco más allá, en ese ábside genuino y único que aún conserva el revestido ajedrezado en rombos negros y blancos -los colores del Baussant, o estandarte por el que los hermanos freires daban la vida alegremente- que lo cubren por completo, y al que guarda, eternamente, sin descanso, un terrible animal mitológico, que algunos identifican con una serpiente de dos cabezas y otros con un dragón.

En la actualidad, no es posible visitar la iglesia por dentro, pues entre los meses de octubre y noviembre de 2007, comenzaron a ejecutarse los trabajos de remodelación del tejado, y aún tardará algún tiempo en estar lista. Pero siquiera, dejarse caer por allí, no estaría exento de interés pues, a pesar de los andamios y el material de la obra, en el ábside pueden contemplarse a gusto los dos canecillos más eróticos del románico soriano y degustar un buen cocido y un excelente vino en la Venta de Corpes, que por algo Castillejo figura y figurará siempre en un lugar de honor dentro de esos Caminos del Cid, que tanto interés histórico y cultural tienen aún hoy en día.

(1): Ediciones Nowtilus, S.L., 2006.

11 Jul 2008

Itinerarios Culturales: Almazán, iglesia de San Miguel

Escrito por: juancar347 el 11 Jul 2008 - URL Permanente

10 Jul 2008

Sugerencias para el verano: la Magia de San Saturio

Escrito por: juancar347 el 10 Jul 2008 - URL Permanente