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23 May 2008

La pentalfa mágica de San Bartolomé

Escrito por: juancar347 el 23 May 2008 - URL Permanente

Me reconozco un apasionado del Séptimo Arte. Y como tal, siento una predilección especial por los clásicos: esas películas en blanco y negro, inolvidables, únicas, que con medios limitados inmediatamente eran consideradas verdaderas obras de Arte cuando bajaba el telón, pasando a ocupar un lugar especial en la videoteca de cualquier amante del buen cine. Podría citar aquí muchos títulos, que seguramente le pondrían la piel de gallina a más de uno y hasta es posible que sintieran también un ligero estremecimiento de placer al recordar alguna escena en particular. Me pasa continuamente, por ejemplo, cuando visiono Casablanca, en dos escenas determinadas, sin contar la última en el que un milagrosamente recuperado Humphrey Bogart sella con sus labios lo que no me cabe dura iba a ser, a partir de entonces, el comienzo de una bonita amistad.
Me refiero, en primer lugar, a esa escena cruda, terrible, en la que un hombre -no importa quién ni por qué- es abatido a tiros en una pared, en la que claramente se leen los tres principios básicos de la Revolución Francesa: Liberté, Egalité et Fraternité.
La segunda escena, esa que de alguna manera toca la fibra más sensible de mi ser, es aquélla otra en que la prepotencia nazi queda soberanamente aplastada cuando todos los que están en el Café Americano de Rick cantan la Marsellesa, llevándose la mano al corazón.
Aunque parezca una locura, cuando voy a la ermita de San Bartolomé, lo primero con lo que me recreo es con la pentalfa del transepto. Es tanto su hechizo, que no recuerdo una sola vez en que, contemplándola, no me vengan a la mente las últimas palabras del simpático periodista Scotty cuando, una vez liberada la base polar ártica de la amenaza extraterrestre en el inolvidable clásico de Howard Hawks 'El enigma de otro mundo', pronuncia con una contundencia estremecedora: 'a todos los que me escuchen en este momento, vigilad el cielo. ¡No dejéis de vigilad el cielo!. ¡Seguid vigilando el cielo!'.
Pues bien, como si fuera la reencarnación de nuestro entrañable Scotty, yo también quisiera decir algo a todos aquellos que tengan la intención de visitar San Bartolomé en el futuro:
'Vigilad la pentalfa. No dejad de vigilarla. Seguro que os sorprenderá'.

21 May 2008

Visión romántica de un amanecer en el Cañón del Río Lobos

Escrito por: juancar347 el 21 May 2008 - URL Permanente

16 May 2008

La ermita de San Bartolomé de puertas abiertas

Escrito por: juancar347 el 16 May 2008 - URL Permanente

05 May 2008

Sendas con encanto: Cañón del Río Lobos, Senda del Río

Escrito por: juancar347 el 05 May 2008 - URL Permanente

'El agua es un reflejo de nosotros mismos, de nuestra mente'

(Masaru Emoto)

Esto no es un artículo en sí, sino un pequeño viaje por una senda cuya belleza y encanto, espero que quede suficientemente demostrado en el vídeo que se expone, y que os seduzca como me sedujo a mi la primera vez que la seguí.

Por cierto, he de comentar, que a veces hay palabras que se meten en el cerebro. En ésta ocasión, me ha ocurrido con la palabra 'agua', lo cuál no deja de ser un tanto curioso, teniendo en cuenta lo vital que es y el mal uso que hacemos de ella. En realidad, no se trata de la Senda del Agua, como se puede leer en el encabezamiento del vídeo, sino de la Senda del Río.

Aclarado este punto, sólo me resta recordaros, que si alguna vez váis por allí, no dejéis de seguir las recomendaciones que se dan en el Centro de Interpretación de la Naturaleza, en Ucero, y que vuestra mejor huella sea no dejarla...

¡Buen provecho!

29 Nov 2007

Arganza: crónica de un pueblo abandonado

Escrito por: juancar347 el 29 Nov 2007 - URL Permanente

A 51 kilómetros de Soria capital, y a menos de dos kilómetros de la hermosa población de San Leonardo de Yagüe, formando parte del impresionante paraje conocido como el Cañón del Río Lobos, un pueblo -Arganza- descansa en soledad mientras los tejados de sus casas van desmoronándose poco a poco, heridos mortalmente por el tiempo y la dejadez de los que un día fueron sus habitantes: nueve, si hemos de fiarnos del Censo del año 2004.

El visitante que llega por primera vez a Arganza, tiene la curiosa sensación de que en cualquier momento un niño puede salir corriendo de una casa y cruzar despreocupadamente la carretera que, en excelente estado de conservación, se dirige -alternando rectas y curvas como una formidable serpiente de alquitrán- hacia la cercana población de Santa María de las Hoyas, y más allá, en dirección a Peñaranda de Duero. Pero aunque nunca está de más extremar las precauciones, difícilmente podrá llegar a ver a algún ser humano, a excepción de aquellos que continúan viaje por la carretera, sin detenerse siquiera a echar un vistazo empujados por la curiosidad.

Sin embargo, aquél otro que sí lo hace, sin importarle emplear algunos minutos de su tiempo en pasear por sus calles desiertas, pronto se dará cuenta de que el silencio no es, si no, circunstancial y le bastará dirigir su mirada hacia el cielo, para convencerse enseguida de que, en realidad, no está solo.

En efecto, sin precisar situarse en un punto especial de observación, disfrutará, sin duda, del inolvidable espectáculo de observar impresionantes bandadas de un auténtico símbolo de la comarca -el buitre leonado- evolucionando libremente por el cielo, semejantes a cometas cuyos hilos manejasen las manos invisibles de unos niños, cuya evolución las circunstancias han querido que terminen de convertirse en hombres en cualquier otro lugar.

Si es observador, se dará cuenta, también, de que por alguna curiosa razón, o quizás porque el fenómeno responde tan sólo a la casualidad, éstos evolucionan planeando en círculo por encima de la iglesia románica, cuya advocación está consagrada a San Juan Bautista Degollado, así como por el pequeño cementerio situado en el punto más elevado, desde donde se puede contemplar una vista que abarca el pueblo entero.

Tal vez, empujado por la casualidad, mientras se dirige hacia ésta, la nostalgia le haga recordar esa antigua y entrañable serie de Televisión Española, conocida como 'Crónicas de un pueblo', y haciendo uso del poder de su imaginación, crea ver al cartero, zurrón al hombro, subiendo penosamente la cuesta algunos metros por delante de él, con una mano atusándose nervioso su poblado mostacho y con la otra agitando una carta en dirección al señor cura que, escoba en mano, ladea pesaroso la cabeza, encomendándose a Dios, mientras despeja de polvo y hojas la entrada de la iglesia.

Puede que se imagine, también, al maestro impartiendo una clase práctica por los alrededores del pueblo, haciendo recuento, displicente, suspirando con alivio al comprobar que no se le ha perdido ningún niño; o que se recree, escuchando vehemente, los comentarios de las comadres, mientras observa cómo los restos del jabón con el que frotan la ropa se aleja rápidamente río abajo, hasta perderse definitivamente de vista.

Recorriendo la nave exterior de la iglesia, no dejará, tampoco, de sorprenderse al contemplar las curiosas figuras labradas en la piedra de los capiteles, preguntándose, intrigado, qué mensaje quería señalar el artista medieval al representar imágenes y símbolos de curiosa idiosincracia. Pensará en una clara influencia de origen oriental, al contemplar a dos fieros leones devorando a una presa y no dejará de preguntarse por el significado de un curioso símbolo -la piña- perfectamente labrado por encima de ellos.

Sin saber la razón de que los capiteles están parcialmente lapidados, se encontrará, poco después, con varias figuras de terrorífica apariencia y características genuinamente mitológicas que, posiblemente basadas en los antiguos mitos helenos, le harán recordar las fantásticas historias de dioses, monstruos híbridos y héroes que hace mucho tiempo, y poco menos que de pasada, constituyeron la materia de estudio en su formación escolar. Incluso creerá distinguir, eso sí, echando mano otra vez del portentoso poder de su imaginación, una curiosa figura que le recordará el milagro del gallo decapitado o, en su defecto, le sugerirá una simbología de carácter decididamente gnóstico en una iglesia cristiana.

Detenido frente al pórtico de entrada, no dejará de observar, en absoluto, las escasas marcas de cantería que, como una señal de identificación, le inducirán a preguntarse por su auténtica finalidad.

Más tarde, dejándose acariciar por los rayos del sol, así como también por el aire fresco de la sierra, que de vez en cuando le obliga a subir un poco más la cremallera de su anorak, ascenderá la colina en dirección al cercano cementerio y desde la verja de la puerta observará, intrigado, que los deudos descansan en paz, aunque no en un olvido definitivo. Le sugerirán esa impresión, los ramos de flores que, aunque artificiales pero en excelente estado incluso de color, ofrecen testimonio de una cercana visita y supondrá, en buena ley, que, después de todo, el fenómeno de la migración no ha llevado demasiado lejos a unos parientes que seguramente hoý día residan en lo que en tiempos constituyera, según dicen, un barrio de Arganza: San Leonardo de Yagüe.

De vuelta otra vez en dirección a donde ha dejado estacionado su vehículo, se detendrá pensativo al darse cuenta de un detalle que ha pasado por alto, e imaginará que esa mesita y esos bancos de piedra blanca situados junto a la entrada de una casa ofrecen, inmóviles y en silencio, testimonio de pasadas reuniones familiares; de comidas compartidas, y posiblemente -¿por qué no?- de agradables conversaciones, estivales y nocturnas, a la mágica luz de las estrellas.

En definitiva, una visita al despoblado de Arganza no dejará, de ninguna manera decepcionado, al visitante que un día, empujado por el destino, se deje caer por allí.

08 Oct 2007

La otra realidad de San Bartolomé

Escrito por: juancar347 el 08 Oct 2007 - URL Permanente

'¿qué pasaría si, a fin de cuentas, las cosas con vida fueran algo semejantes a esos trozos de papel? - ¿No es posible que haya un 'viento' incomprensible e invisible que nos llevara de un lado para otro, y determinara nuestras acciones, mientras que nosotros, en nuestra simpleza, creemos vivir bajo nuestra propia y libre voluntad?.
¿Y si la vida en nosotros no fuera más que un enigmático remolino de aire? Ese viento del que dice la Biblia: ¿Sabes de dónde viene y a dónde va? - ¿Acaso no soñamos a veces que metemos las manos en aguas muy profundas y sacamos peces de plata, cuando en realidad no ha pasado más que una fría corriente de aire que nos ha enfriado las manos?.

[Gustav Meyrinck: 'El Golem']

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