15 Abr 2010

¡ACÁBATE EL PLATO!

Escrito por: transbadal el 15 Abr 2010 - URL Permanente


Uno de los indicadores que manejan los economistas para establecer el grado de la crisis es el vaivén del consumo. Al fin y al cabo en eso se ha convertido la economía. Ahora, se le llama consumo y antes era simplemente la capacidad de comprar, de vender o incluso de autoabastecerse. Hoy el ciudadano ya es solo un consumidor. Y el consumidor ya no se limita a sentirse satisfecho con los productos básicos.

El consumidor del primer mundo del siglo XXI a lo que aspira es al pequeño poder de las cosas superfluas.
Lo hemos visto estos días con la euforia desatada por la aparición de esa nueva máquina que es el iPad. Sin duda, se trata de una máquina prodigiosa, bella y útil. Pero lo que importa no es la máquina, sino su posesión y lo que ello significa. En todos esos gadgets que inundan el mercado de las ilusiones lo importante no es lo que vamos a hacer con ellos, sino, sobre todo, lo mucho que dejaremos de hacer.

Una de las motivaciones de venta más recurrentes es la sobredimensión de las prestaciones. En un e-book, nos dicen, caben más de 400 libros. Sin duda, es una buena noticia para el almacenaje del saber que beneficia fundamentalmente a la industria editorial. Nada que objetar, si no fuera porque difícilmente el usuario habrá leído en su vida esos 400 libros potenciales. Ni en la pantalla ni en el papel. Lo mismo sucedió con el iPod, cuando se nos recordaba que en aquel pequeño objeto había una capacidad para 10.000 canciones. ¿Cuál debe ser el uso cotidiano que se hace del iPod? La memoria humana da para 50 canciones. El trabajo de bajarse las prometidas 10.000 sería superior al goce de la audición de nuestras canciones más queridas.

En otro orden de bienes de consumo hemos visto a centenares de propietarios de vehículos de alta gama, con tracción en las cuatro ruedas, y preparados para cruzar desiertos y tundras, que solo han servido para ir renqueando por las ciudades llevando y recogiendo a los niños de la escuela. O esos otros coches de alta cilindrada, cuyo argumento de venta es la aceleración de 0 a 250 kilómetros por hora en pocos segundos, cuando no hay carretera en el mundo que permita esas velocidades. O esos carísimos relojes que pueden resistir una inmersión a 60 metros y cuyos portadores jamás van a dejar la tierra firme. En todos esos casos el consumo no es el resultado de una necesidad explícita, sino una demostración de potencia que nunca podremos comprobar.
En la formación familiar se solía conminar a los niños del siglo pasado a que se acabaran la comida del plato. La escasez alimentaria todavía formaba parte de la memoria colectiva de los mayores. Los abuelos solían decir aquello: «Tú no has pasado una guerra». Y los padres recordaban que «en el mundo hay gente que no tiene nada para comer». Pero esas admoniciones, en el país de las pizzas a domicilio, caen en saco roto. Triunfa la generación que entiende la abundancia como el desprecio hacia lo excedentario. Anteayer, los agentes de la propiedad inmobiliaria anunciaban un considerable repunte del 70% en la compra de pisos respecto al mismo periodo del año pasado. ¿Significa esto que cada vivienda va a ser ocupada por aquellos que no tienen? ¿O es que una vez más el gran motor económico es la confusión entre el valor de uso y el valor de cambio?
La necesidad es más virtual que real. Tenemos el poder de almacenaje en las manos. Pero, ¿qué hemos hecho del buen criterio? Disponemos de toda la información, pero, ¿tenemos conocimiento?

Joan Barril

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04 Mar 2010

EL FIN DE LA ESPECIE HUMANA

Escrito por: transbadal el 04 Mar 2010 - URL Permanente

Mientras hay gente que cree que los atunes rojos, los toros de lidia, las focas de Terranova o los tigres de Siberia son nuestros primos hermanos, todavía hay humanos que prefieren considerarse miembros de la humanidad. Nos disponemos a cruzar una avenida llena de coches y camiones de velocidad considerable. Esperamos frente al semáforo en rojo y, de pronto, oímos a nuestra espalda los pasos apresurados de un niño de 3 años que se ha soltado de la mano de su abuela y que está a punto de lanzarse a la vía rápida. El niño tal vez no entiende el código de luces del semáforo. Simplemente juega a ser más independiente y no atiende al peligro del tráfico. Cuando esto sucede, reaccionamos espontáneamente. Detenemos al niño imprudente evitando que se lance a la calle de la muerte segura. La abuela llega sofocada, agradece el gesto del inesperado salvador de su nieto y se va soltándole la lógica regañina.
Mientras abuela y nieto se alejan, pienso que es solo un niño anónimo. No es ni nuestro hijo ni el hijo de un vecino. Se trata de un desconocido, pero con su salvación hemos reaccionado a la llamada de la especie. Porque la especie humana mantiene desde sus orígenes una idea clara de solidaridad y de autoprotección. En las cuevas de Lascaux se han encontrado momias sin dientes que, a pesar de todo, fueron alimentadas por sus congéneres masticando el bolo alimenticio que luego les ponían en la boca. Si la humanidad no se ha detenido y se ha erigido en la especie dominante ha sido, sin duda, por esa capacidad de ayuda mutua que nos hemos dado.
En estos días de catástrofes naturales, todos nos sentimos cercanos a Haití o a Chile. La muerte nos hermana y la tristeza de las desgracias nos produce la contradicción de sobrevivir en un mundo frágil.
Pero, sin embargo, esa solidaridad por las causas lejanas se transmuta en animadversión cuando el extranjero habita entre nosotros. Las últimas encuestas demuestran que la xenofobia, es decir, el odio irracional hacia lo extranjero, va aumentando. ¿Qué sucede para que ante una catástrofe natural todos seamos iguales y, en cambio, cuando la catástrofe responde a las malas prácticas de los poderosos entonces las diferencias afloren? En tiempos de crisis y de paro, el parado ya no es uno de los nuestros. El parado que busca trabajo ya no forma parte de aquella humanidad doliente a la que hace un par de días queríamos socorrer. Hoy el parado dispuesto a aceptar el trabajo que nosotros no quisimos es, en realidad un competidor. Y es entonces cuando aflora la suspicacia ante el extraño. Los competidores siempre han existido. Pero la piel, las creencias, el vestido,les hacen visibles.
Cuando el mundo era únicamente un planeta en construcción, el ser humano se buscaba para no sentirse solo, entre otras cosas, porque la unión hacía la fuerza. Y de la unión surgieron las primeras palabras y los primeros inventos. Pero luego alguien inventó también los países, los continentes y las tribus. Y la antigua solidaridad de los hombres débiles se convirtió en una sala de banderas. Hoy nos da la sensación de que nadie salvaría a los niños de 3 años, negros o amarillos, bajitos o talla XXL. La ayuda mutua ha desaparecido en nuestras cercanías y, todo lo más, hay que irla a depositar en parajes mucho más lejanos.

JOAN BARRIL

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02 Mar 2010

SERRAT, COSECHA Y CANTO

Escrito por: transbadal el 02 Mar 2010 - URL Permanente

JOAN BARRIL

El otro día, en el mercado de Santa Caterina, me ofrecían cerezas. Eran unas buenas cerezas, sabrosas y carnosas y razonablemente bien de precio. Pero no eran las cerezas de mi infancia. Para gozar de lo que nos da la tierra no basta con el sabor. También hay un tiempo para saborear. Y las cerezas, aunque no fueran tan buenas como las que me ofrecía el vendedor de Santa Caterina, requieren de espera y de deseo.

Las mejores frutas fuera de temporada son una consagración del capricho y una exaltación del poder humano que intenta condicionar el poder de la naturaleza.

Pensaba en las cerezas este fin de semana en el que el sol y la niebla, el viento y la calma han organizado un intenso concierto. He tenido la fortuna de escuchar el último trabajo de Serrat sobre poemas de Miguel Hernández y la orquestación de Joan Albert Amargós. A Serrat no hay que meterle prisa. Serrat nos ofrece su cosecha cuando él considera que ha llegado a su estadio óptimo de madurez. Hijo de la luz y de la sombra es un trabajo tan necesario como lo fue el primer disco, grande y negro, sobre la obra de Miguel Hernández.
Hoy los discos son más pequeños. Y pronto esos elementos circulares empequeñecerán todavía más hasta convertirse en el punto y final de una manera de transportar la música.

Pero el campo en el que Serrat y sus amigos hacen crecer los versos de los grandes poetas continúa perfectamente abonado y fértil. Yo no se cómo vamos a degustar al Serrat que todavía nos cantará de aquí a 10 años. Pero no hay tecnología, ni nueva ni vieja, que pueda con la palabra bien dicha, con la música bien pensada y con la voz consciente que es un instrumento más al servicio del verso.
La labor de Serrat es la del zapador que busca los restos del naufragio de la memoria entre las playas desiertas del olvido. Muchos jóvenes harían bien en acercarse a ese Miguel Hernández que murió en las cárceles franquistas y que cantó al amor del miliciano, al temor de la muerte y a la necesidad de las armas. La estrategia de la derecha española consiste en entender la guerra civil como una catástrofe natural de la que los vencidos no deberían sacar partido.

Pero toda guerra tiene una sintaxis. Y tanto los franquistas como sus aliados nazis y fascistas usaron la hipérbole del exterminio mientras gente como Hernández defendía su dignidad a golpes de poesía.
Cuando Serrat se enfrenta a los grandes poetas, Antonio Machado, Miguel Hernández, Mario Benedetti, Joan Salvat Papasseit o Joan Margarit, lo hace con una humildad ejemplar. Se subordina a la letra de la emocionante Uno de aquellos o busca armonías difíciles pero emocionantes en Dale que dale. Así crece Serrat cada día: haciéndonos crecer a los poetas enormes que pagaron con su vida la barbarie antipoética de la España más bestia.

Cuando ni siquiera los poderes públicos socialdemócratas se atreven a reivindicar la belleza derrotada, Serrat está ahí como el gran archivero de la armonía.
En una cultura ensimismada, más apegada al espectáculo que al rigor, me enorgullece que todavía haya artistas que hacen canciones para que el pueblo las haga suyas. En un momento en el que lo más rentable es desmitificar a los mitos y cubrir de porquería a los poetas muertos, como se ha hecho recientemente con Gil de Biedma y con el propio Hernández, Serrat está ahí para recordarnos que la belleza no es biodegradable. El verso se hizo canción y habitará entre nosotros

Joan Barril

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10 Feb 2010

LOS DRAGONES HUELEN MAL

Escrito por: transbadal el 10 Feb 2010 - URL Permanente

Una de las pruebas de la bondad humana es la incapacidad de comprender el Mal. De ahí que a los culpables de todas las barbaridades se les intente humanizar a partir de su pasado, de su familia, de los traumas de juventud o de las malas compañías. No está previsto que el Mal surja por generación espontánea y anide en algún personaje de esos que trascienden a su propia muerte.
A menudo la gente de bien tiene la necesidad de montar una suerte de hit-parade del Mal. Es, sin duda, un trabajo tan difícil como encontrar al hombre o la mujer del año. El Bien se confunde a menudo con la simple popularidad. El Mal, por el contrario, tiende a buscar una cuantificación: cuantas más muertes haya producido un candidato a la encarnación del Mal, más malo será. Pero la cuantificación de las víctimas siempre tiende a matizarse. Si el Mal es la muerte directa de muchos, ¿cuántos son esos muchos? Los cráneos de los campos del silencio camboyanos son numéricamente inferiores a las víctimas de Stalin en su gran Unión Soviética, pero proporcionalmente significaron una reducción importante de la población camboyana. De la misma manera, las dos bombas atómicas que Truman lanzó sobre Japón, ¿son comparables a las matanzas artesanales a golpe de machete de los hutus contra los tutsis en el genocidio de Ruanda? ¿Se puede establecer una jerarquía del Mal en la antigua persecución del pueblo armenio por parte de los turcos y compararla con la tarea de tortura y eliminación sistemáticas de una generación casi completa de argentinos bajo la Junta Militar? Definitivamente, el Mal no se comprende con cifras, sino con la perversión que significa la creencia de unos matarifes ennoblecidos y de unas víctimas cosificadas.
Llegados a ese punto, aparece la encarnación del gran Mal del siglo XX. El verdugo insaciable que diseñó una política industrial para la purificación de su propia especie. Adolf Hitler ha sido colocado en la cúspide del Mal precisamente para trivializar a sus aprendices. En la barbarie organizada y en la crueldad hacia la Humanidad se supone que Hitler es insuperable. De ahí la fascinación que ejerce en los demócratas ese paladín del Mal afortunadamente ya inofensivo. Uno de sus hombres, el almirante Doenitz, es el autor de unas órdenes draconianas a la marina de guerra del Tercer Reich por las que decretaba la aniquilación física de los supervivientes enemigos y el hundimiento sistemático de los barcos de socorro. Doenitz fue condenado en Núremberg a 10 años de prisión. Lo que no cuenta la historia del Mal es que contemporáneamente el almirante norteamericano Nimitz también dictó la misma orden a la Navy para exterminar a los soldados japoneses. Ese fue el mérito póstumo de Hitler. Tras el Holocausto y el salvajismo de las tropas alemanas, los demás se permitieron todo tipo de desmanes.
Pero de los dictadores, como del cerdo, todo se aprovecha. Y una ilustre odontóloga alemana acaba de examinar las fichas del dentista de Hitler y ha decidido que el gran dictador no solo era cruel, fanático y salvaje, sino que además padecía halitosis. Cuando ya nada podemos hacer para conjurar el Mal bajo nuestras propias banderas, entonces recurrimos a la halitosis del enemigo que ya no puede ser juzgado. Ahora se le imputa a Hitler la única dolencia que no pudo elegir. Mientras tanto, ciertas democracias occidentales pueden continuar exterminando a quien quieran con la fragancia de las rosas americanas y el aroma dulzón del napalm israelí.


JOAN BARRIL

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31 Dic 2009

BUENOS PROPÓSITOS

Escrito por: transbadal el 31 Dic 2009 - URL Permanente

JOAN BARRIL

Por más uvas y campanadas que nos den, por más ropa interior de color rojo y por más discursos oficiales que nos caigan encima, el fin de año no es más que una convención astronómica. Se trata simplemente que la Tierra se encuentra cada año, respecto al sol, en el mismo lugar en el que se encontraba el año pasado. O sea: que nuestra sombra tiene la misma longitud sobre el suelo, los árboles mantienen todavía las pocas hojas que les quedan, la cerveza continúa marcando la frontera entre líquido y espuma y el humo que sale por las chimeneas perfuma el aire con la misma fragancia que en años anteriores. Queda, eso sí, el factor humano. Porque los años son la medida del tiempo que más se adapta a nuestro crecimiento. Los años, las tarifas del transporte y el precio de las cosas y las esperanzas todavía no cumplidas. En días como hoy, en vigilias de agendas nuevas, es un buen momento para hacer el listado de buenos propósitos sabiendo que el año que viene esos buenos propósitos serán tan constantes como la longitud de la sombra, el sabor de la cerveza o el humo que ciega los ojos de la gente del invierno.
Desearía que las pantallas de internet fueran realmente un invernadero de pequeñas sabidurías en vez de ser el jardín de infancia de aquellos que solo saben insultar desde el anonimato. Me gustaría dejar de entender la política como el sucedáneo de todas las prohibiciones y no como el arte de impulsar todas las ideas realmente constructivas.
Firmaría ahora mismo para que la gente volviera a leer antes de tergiversar lo que en realidad nunca se llegó a leer. Me sentiría mucho más seguro en un mundo dónde la verdad contrastada valiera más que el simple rumor.
A veces viviría tranquilo dejando que los sentimientos fueran más respetables que los principios. Me tranquilizaría imaginar que los movimientos del alma humana llevaran a la comprensión antes que la moral social les llevara a la inquisición.
Me conformaría con sentir, durante 10 minutos al día, la sensación vibrante de las plantas, esos seres que solo tienen vida pero que no se meten en la vida de los demás.
Investigaría las razones últimas del cansancio, porque eso significaría conocer los motivos del trabajo y la utilidad del esfuerzo. Buscaría la belleza en el fondo de las cosas abyectas y haría lo posible para extraer del marco la pincelada del genio y la armonía del silencio entre el estrépito. Quisiera no querer nada y, en cambio, seguir queriendo.
Viviría más feliz si el teléfono sonara cuando lo espero y callara cuando lo temo.
Me gustaría comprobar si es posible vivir con lo que llevamos puesto. Si podemos llegar caminando. Si podemos ser más sabios sin información. Si podemos aceptarnos sin necesidad de espejos.
Recuperaría las emociones que algún día quedaron escritas y las sacaría a volar de nuevo sobre otros mundos, otras gentes y otras pieles. Haría lo posible para decir que no cuando siento que no.
Retrocedería en los calendarios hasta dar con el momento exacto en el que empecé a equivocarme.
Haría un museo de los odios y un vivero de los entusiasmos, lugares justos para no olvidar las afrentas y para compartir las alegrías.
Me sentaría en el interior de un templo esperando a que Dios me diga alguna cosa.
Todo eso serían deseos propios de un año excepcional. Pero, probablemente, va a ser que no. ¡Feliz 2010, señores!

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20 Nov 2009

LAS MUJERES QUE HAY EN MÍ

Escrito por: transbadal el 20 Nov 2009 - URL Permanente

JOAN BARRIL

Tal día como hoy, de hace muchos años, murió el dictador. Y tal día como ayer de hace todavía más años las mujeres votaron por primera vez en España. A veces las cosas obvias cuestan. La democracia es ese sistema imperfecto que merece las alabanzas de los gobernantes, pero que despierta todo tipo de suspicacias. La democracia solo es buena cuando se la reparten aquellos que creen que han sido llamados al Gobierno.

Nadie quiere que en el recuento participen advenedizos. Esta España que hoy justifica los bombardeos a países lejanos y que denuncia los déficits democráticos de sus instituciones no quiere darse cuenta de que el voto de las mujeres solo tiene 75 años. Y que durante cuatro décadas la urna fue en España un invento del diablo.
De todas las causas realmente angustiosas de la convivencia humana, el acceso de las mujeres al sufragio es algo que merece una reflexión. Ya no solo se trata del voto, sino de los motivos que llevaron durante tanto tiempo a negarles el voto a las mujeres. Y no se trata ahora de considerar que la feminofobia electoral fuera un rasgo genuinamente español.

Otros países que durante años han sido un ejemplo de orden y de supuesto rigor no abrieron el derecho del voto a las mujeres hasta hace bien poco. Suiza lo aprobó en 1971 y las mujeres de Liechtenstein no consiguieron su sufragio hasta 1984. Eran años en los que estos bastiones del capitalismo europeo no eran muy distintos, democráticamente hablando, de las dictaduras del Pacto de Varsovia. Pero pocos meses antes de que se empezara a asolar Afganistán para encontrar a Bin Laden y para sacar el burka de las mujeres afganas, el Cercle del Liceu de Barcelona aprobó en una tumultuosa asamblea la posibilidad de que las mujeres pudieran ser socias de tan selecta institución. Eso sucedía el 2 de abril del 2001, como quién dice, anteayer.
¿Qué extraño atavismo ha conseguido esa marginación política de la mujer durante el siglo XX? Las manifestaciones de las llamadas «sufragistas» de principios del siglo pasado, con sus sombreros y sus miriñaques, tuvieron que enfrentarse a hombres barbados que clamaban por la negativa al sufragio femenino.

De nada habían servido las declaraciones de independencia de tantos países americanos ni la declaración de los derechos del hombre. La mujer continuó en la sombra política hasta que la primera guerra mundial llevó a muchas de ellas a los campos de batalla y la segunda significó la incorporación a un sistema productivo para suplir a los obreros que cambiaron la llave inglesa por el fusil.
Pero hablábamos de España y de esos derechos constantemente puestos en duda por el sistema. El voto femenino de 1933 llevó a la derecha al poder, dicen algunos. Pero las milicianas del Frente Popular combatieron en primera línea contra el fascismo. Luego todo fue un nuevo paso atrás. Hoy se nos hace difícil contarle a una chica universitaria que, no hace tanto tiempo, la mujer, por el simple hecho de serlo, necesitaba el permiso marital para abrir una cuenta corriente o para comprarse un coche a plazos.

Setenta y cinco años de voto femenino nos llevan a pensar que esta conquista política ya es irreversible y que, de ahora en adelante, tal vez la democracia podrá ser abolida por la fuerza de las armas, pero, en el supuesto de que lo sea, será una abolición para todos. El mundo no está completo y la igualdad ciudadana continúa siendo una causa. Pero hoy es un día feliz para las mujeres y un día de contrición para ciertos hombres.

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28 Sep 2009

¡PRECAUCIÓN!, SE LEGISLA

Escrito por: transbadal el 28 Sep 2009 - URL Permanente

Si algo funciona, mejor no arreglarlo. Esa es una máxima de los fontaneros con experiencia. Las reparaciones suelen arreglar cosas, pero acaban estropeando otras. Los efectos secundarios de algunos fármacos son de lectura alarmante, porque para aliviar un pequeño dolor el riesgo de contraer dolores mayores es enorme. Lo mismo sucede en la política legislativa. Con el agravante de que la decisión de un fontanero (único, gracias a la democracia, y que dure) acaba siendo una decisión más o menos consensuada de 350 fontaneros a cual más inexperto. El resultado es aquel viejo aforismo, atribuido apócrifamente a Winston Churchill, que dice que «un camello es un caballo diseñado por un comité de expertos».
Salió el sábado la vicepresidenta del Gobierno para anunciar, entre otras cosas, la ampliación de la ley del aborto. Probablemente, la ley del aborto no acaba de funcionar. Pero, ¿su mal funcionamiento se debe a la propia ley o a aquellos que impiden su aplicación? Ahora, el Gobierno, erre que erre, regresa con su reforma y mantiene uno de los puntos más controvertidos de su articulado. Concretamente, el que hace referencia a que las chicas de 16 años --esas a las que se les niega el derecho al voto-- pueden someterse a un aborto sin necesidad de que sus padres sean ni siquiera informados de esa decisión. Nada que objetar a la decisión de la señorita de 16 años. Algo sucede en su familia para que una decisión de tanta trascendencia no le sea comunicada a los padres. Y eso no hay ley que lo arregle. Cabe suponer que, en uso de su intimidad, tampoco informa a sus padres del momento y el lugar de sus relaciones íntimas. Nada que objetar, pues, a considerar esa mayoría de edad de 16 años que, insisto, no se le es reconocida a la chica en cuestión en asuntos como el voto.
Pero, ¿realmente esa ampliación va a llevarse a la práctica? Hasta ahora, las chicas de 16 años requerían el consentimiento paterno en tres casos: aborto, ensayos clínicos y fecundación asistida. Ahora, el Gobierno ampara a las abortantes de 16 años. Pero un aborto no es una aspirina. Se trata de un acto quirúrgico más o menos cruento. Nadie aborta en un self service. Y aun en el supuesto de que la joven paciente encontrara a un comité de ginecólogos y pediatras que autorizaran la intervención, ¿quién ha hablado, por ejemplo, con los anestesistas? ¿Se imaginan una ley aprobada que no puede llevarse a la práctica porque un colectivo imprescindible se niega a participar en la interrupción del embarazo juvenil? Las mejores leyes se estrellan cuando dejan de ser leyes y se convierten en un pretexto de confrontación política. Un aviso: la ampliación del aborto no es ni neutra, ni fácil, ni afecta únicamente a las menores de edad. Y una ley que no puede cumplirse acaba poniendo en ridículo al Gobierno que la impulsa.

JOAN BARRIL

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14 Sep 2009

¿UNA ESCUELA SIN LIBROS?

Escrito por: transbadal el 14 Sep 2009 - URL Permanente

Hoy empieza el colegio y el gran tema de conversación de madres y padres no va a ser ningún referendo, sino lo de los ordenadores que se van a repartir, gratis para todos menos para los catalanes, que en eso de pagar somos los verdaderos campeones, sean autopistas, sucesiones o multas por pasarse de 80 km/h.
Lo de los ordenadores para cada alumno es una iniciativa curiosa, pero difícilmente criticable. Al fin y al cabo, ¿qué hubieran dicho nuestros padres si nos contaran que la escuela pública proporcionaba a los alumnos lápiz, goma de borrar y cuadernos para sus tareas escolares? El ordenador es una herramienta útil que va a impregnar la vida cotidiana de los alumnos de hoy cuando sean mayores. Pero que no se olvide que un ordenador solo es una máquina. La llamada sociedad de la información se tiene en tan alta estima que considera que basta una relación táctil con el ordenador para que toda la historia y la ciencia de la humanidad se filtren por ósmosis en nuestro organismo. Es fácil ver a los niños llegando a casa y, ante un problema escolar, decir sin ningún tipo de reparo: “Voy a buscar información”. El que esto suscribe y los colegas de la prensa nos hemos pasado años buscando información para contarla a los ciudadanos y todavía dudamos sobre la veracidad de las cosas que escribimos. Una cosa es la información y otra muy distinta es el conocimiento, esa extraña virtud que proviene de aprender de nuestros propios errores y de contrastar los errores ajenos. El ordenador es una máquina que nos obedece, pero no es un tótem de la sabiduría. Bienvenido sea el ordenador a las aulas. Pero no es una iniciativa neutra.
Y es que en todo este lío, una vez más, se ha dado una versión excluyente. La misma que se produce con tanta gente que usa el correo electrónico, pero que niega al interlocutor la posibilidad de que la respuesta sea por vía telefónica, un invento en plena vigencia.
La llegada del ordenador al colegio se ofrece como un progreso –y sin duda lo es–, pero no debe ser un progreso a costa de otro invento sobre el que se ha cimentado el saber de la Humanidad, que no es otro que el libro de texto o simplemente el libro. Digan lo que digan los adalides de esa iniciativa, el mensaje implícito en el reparto de ordenadores es el de una mayor eficacia respecto al libro. Y eso tiene algunos daños colaterales. En primer lugar, fuerza el abandono de la reflexión y de la imaginación para ensalzar la cultura visual. En segundo lugar, habida cuenta de la llamada “brecha tecnológica” que los propios bibliocidas admiten entre los padres menos hábiles y sus hijos mucho más capacitados en los secretos de la informática, va a desaparecer la tenue complicidad que todavía hoy existía en la formación intrafamiliar. La desaparición del libro escolar implica la desaparición del libro como compañía y del hábito de la lectura ambulante.
Con la apoteosis oficial del ordenador escolar –una herramienta de clara obsolescencia planificada que va a exigir una nueva inversión en muy pocos años– se exigirá también a los maestros una preparación suplementaria que siempre irá mucho más atrás que el más torpe de sus jóvenes alumnos. Nadie dijo nunca a los padres que debían enseñar a sus hijos a ir en bicicleta. Y, sin embargo, así lo vienen haciendo generación tras generación. Pero el ordenador escolar a costa del descrédito del libro impreso deja a los alumnos con una herramienta de información que, tras los primeros días, va a convertirse en un nuevo juguete.

Joan Barril

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23 Jun 2009

EL MAL VANALIZADO

Escrito por: transbadal el 23 Jun 2009 - URL Permanente


JOAN BARRIL

Una banda de asesinos te mata al marido y lo mejor que puede hacer la viuda es sufrir en silencio. Si alguien ha de hablar, que sea cualquiera menos la viuda. Así ha opinado la dirección del PNV ante las honras fúnebres del inspector Puelles. También en la India, y hasta hace muy poco –el último caso tuvo lugar en el 2006–, un tenebroso ritual llamado sati llevaba a las viudas a ser incineradas vivas en la pira en la que se consumían los restos de su esposo. Cabe imaginarse a la esposa del inspector Puelles, con quien ha dormido y ha desayunado, recibiendo la noticia de la cruel muerte de su marido. ¿Qué le queda a esa viuda sino la palabra?
Pero para algunos es mejor que las viudas no hablen, y menos en público, y mucho menos con un micrófono, porque la palabra de viuda, por lo visto, puede exacerbar los ánimos de la población. En otras palabras: que la palabra de una viuda es mucho más ofensiva que la bomba. Será que la bomba no provoca indignación ni dolor. Será que en la lógica de algunos políticos perplejos, el Mal no está en quien mata, sino en aquellos que no se resignan a enmudecer junto a las llamas que acabaron con el marido.
En todas las culturas se sabe lo que es el Bien, la solidaridad, el respeto, la abnegación y la ayuda mutua. De la misma manera, creíamos saber lo que era el Mal. Dábamos por supuesto que el Mal forma parte de la humanidad entera, pero que el Mal avergüenza a los que lo practican. Por lo visto no es así. En los últimos dos días hemos visto cómo la mala fe y el desprecio por los ciudadanos entraba en una extraña balanza. Más allá de los habituales e incomprensibles gestos con los que el entorno de ETA acostumbra a mirar hacia otro lado cada vez que hay muertos de por medio, lo cierto es que el Mal se ha banalizado.
Bombardeos arbitrarios, presos sin cargos, malos tratos cuyas víctimas alienadas interpretan como actos de amor. Todo eso forma parte de la gran tragedia humana. Pero ya no se saben las fronteras entre el delito y la travesura. De ahí que en estos dos días hayamos visto cosas inauditas como, por ejemplo, que un ladrón como el Dioni haya conmemorado en una fiesta pública el 20° aniversario de su gran golpe con una tarta que representaba el furgón de caudales de donde se había llevado el dinero. Y hablando de dinero: ¿dónde tiene usted su fortuna, Dioni? Y el héroe respondió: «¡No se lo dije a la Guardia Civil y ahora te lo voy a decir a ti!».

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12 Jun 2009

RELOJES QUE ATRASAN

Escrito por: transbadal el 12 Jun 2009 - URL Permanente

JOAN BARRIL

Las noticias casi siempre suelen ser malas noticias. En el escalado de las malas noticias hay unas unidades de medición que establecen su importancia. Una unidad de medida de la noticia es el dinero, ganado, perdido o invertido. Otra unidad de medida son los muertos. Y en este caso se establece una división clara: valen mucho más los muertos próximos, blancos y de clase media que los muertos lejanos, desarrapados, oscuros que viven bajo techos endebles. Pero en este sistema de medición de la importancia de la noticia no existe la unidad métrica del desastre moral.
El desastre moral no puede cuantificarse. Se trata de un cataclismo noticioso que nos provoca decepción, escepticismo y desmovilización. Un desastre moral siempre tiene que ver con el diferencial de las expectativas depositadas en una causa, una institución o una persona y la realidad cruel de las noticias que se nos ofrecen de esas causas o esas instituciones.
Eso es lo que debe estar pasando en París y, por ende, en el resto del mundo, cuando se ha sabido que el presidente de SOS Racismo, Dominique Sopo, está siendo investigado por presuntos traspasos de fondos a las cuentas del diputado socialista Julien Dray, miembro fundador de esa prestigiosa oenegé que no por esas conductas debería perder ni su prestigio ni su nobleza.
De confirmarse esas acusaciones, no sería la primera vez que un diputado socialista se olvidara de su ideología para dedicarse a sus lujosos caprichos. Por lo visto, a Dray le gustan los relojes caros, mejor dicho, carísimos. Y es precisamente por la adquisición descarada de esas máquinas del tiempo que llevaba en sus muñecas por las que Dray empezó a ser investigado. Se necesita mucho tiempo y mucho trabajo para comprarse un reloj de 38.000 euros. Dray tiene inmunidad parlamentaria, pero el mal ya está hecho.
Ese es el ejemplo de desastre moral. Los mismos que en su día fundan una asociación para evitar la discriminación de los ciudadanos por sus orígenes de raza acaban pervertiéndola estableciendo una nueva discriminación entre el top-manta y las joyerías de lujo. El mal que supuestamente ha hecho Dray a su partido y a la organización que fundó no se puede cuantificar.
Porque en el mundo hay mucha gente movilizada precisamente por la causa de esa oenegé. SOS Racisme de Catalunya ya ha advertido que no tiene nada que ver con su homóloga parisina. Conociendo la honestidad y la dedicación de alguno de sus integrantes, esa advertencia no era necesaria. Las causas de verdad necesitan ciudadanos de verdad que se muevan más a pie de calle que en los despachos oficiales. Lo de esa oenegé parisina y sus travesuras dinerarias es una abyecta excepción que en nada ha de salpicar la sensibilidad y la práctica antirracista de tanta gente. Pero, sin duda, el mal siempre es gaseoso y tiende a expandirse hasta ocupar todo el espacio. Si se confirma la culpabilidad de los implicados, podrá decirse que nunca tan pocos hicieron tanto contra tantos.
El desastre moral de este caso consiste en haber introducido en la ya débil conciencia ciudadana un pretexto de sospecha para la pasividad. En tiempos de crisis, cuando el trabajo se convierte en una materia escasa, el racismo laboral se alimenta de la desesperación local. El antirracismo no se ha de demostrar en la lejanía, sino a la vuelta de la esquina. Queda poco tiempo para la fractura social. Pero no es con los relojes de Dray con los que vamos a detener la historia.

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EL BLOG DE JUANMAROMO. Poesía, Música, Pasión.


Soy Juanmaromo, Hace mas de cuatro años que abrí este rincón donde me retiro a meditar, a escuchar música, y a charlar con mis amigos. Me he traído mis mejores discos unos libros de poemas y el inmenso baul del foro de Grajos, donde guardo mis tesoros más preciados. Todo lo que hay en mi casa, es propiedad de alguien, los textos anónimos, son de dominio publico, las obras firmadas, pertenecen a sus autores, solamente los artículos y poemas con mi firma son de mi autoria.. Un abrazo y muchas gracias por vuestra visita.

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