10 Dic 2009
ALEGORIA
Empieza el trayecto allí donde todo termina, allí donde no hay nada más. Nunca avisa, simplemente se percibe el tenue silbido del temblor de lo raíles metálicos antes de hacer su aparición. La estación, un edificio construido con penurias, nostalgias y desengaños amorosos es prácticamente imposible de hallar. Las vigas de una niebla espesa soportan la diáfana estructura del dolor. Funciona con ilusiones que incinera en una caldera de negro y prístino metal.
Cuando no hay apenas ilusiones en sus pasajeros atormentados absorbe el poco aliento de vida que les queda antes de hacer su lúgubre aparición. Se lo lleva todo, que se reduce en el equipaje que solo contiene existencia, legado y recuerdo. Su heraldo es un rayo de falsa y delicada vitalidad que aflora antes del soporífero final. De la combustión se libera un espeso recuerdo que dura lo mismo que la memoria muerta a la que pertenece la belleza. Una llovizna de intangibles recuerdos felices hace mas fácil la espera en la estación, pues la sensación de soledad ponzoñosa y corrosiva es la única compañía de los la esperan.
El trayecto no lleva a ninguna parte y no termina porque empieza por el final y la liberación que representa es una ficción añil enmarañada con la sangre de aquellos que pensamos que nos quieren. La maquinista de la infinita travesía, llamémosla eternidad, es siempre fiel a un horario marcado por el final de un libro áspero, rugoso y tormentoso encuadernado con la monotonía de los irrisorios quehaceres diarios.
En realidad simplemente nos limitamos a esperarla, solos, pues nadie mas hay en la estación ni en el interior de la maquina cuyos engranajes traquetean, vibran y hierven sin hacer ningún ruido. Y el único sonido que si se escucha atentamente se puede apreciar es la perfecta y hermosa armonía de una sonata en re menor, producto de la combustión de las vanas ilusiones que acompañan al dolor de la soledad.alegoria
http://sanjuandelolmo.foros.ws/t90/relatos-imagenes-y-videos-de-terror/
03 Nov 2009
LAS PALABRAS PERDIDAS
A veces como hoy me levanto como sobresaltado en una pesadilla que explota mi cuerpo y lo hace estallar hacia la medianoche, a veces siento que camino por un laberinto dando vueltas alrededor de algún objeto valioso cuyas palabras anhelan mi corazón y mis ojos no pueden descifrar. Yo estoy ahí, subiendo unas escaleras inverosímiles como de goma espuma que flaquean mis fuerzas, y excitan mi corazón.
A veces parece que hasta me exhibo, lo puedo notar en los ojos de los demás pero al final solo hallo descanso en un precipicio desde donde mi soledad saluda todo lo que parece asecharte pero que quizás no asecha, lo que parece calmarte pero que quizás no calma, lo que parezco desear pero que quizás no deseo.
Me distraigo pensando en esas letras que formarían esas palabras que darían un sentido a mi vida, esas letras que quizás nunca pueda recomponer, y ya por distraerme miro hacia abajo y veo la fiesta desde arriba, una mirada perdida en la camarera del bar con una media sonrisa que me sugieren tonos de violeta mustia o la expresión tímida de aquella muchacha que ahora cruza el pasillo por encima de la pista con un vestido rojo que parece de época y que trae esencias de discotecas de domingos perdidos en pueblos adyacentes a la ciudad, algunos chicos que bailan en la pista con aire desenfadado aún con la copa en la mano sin duda buscando noches largas que den lugar amaneceres de domingos tranquilos, cojo el mando a distancia y hago stop, en este momento esta historia ya me la conozco, la cara del portero frente a la puerta no logra darme ninguna pista tampoco la turbulencia de las aguas cuando caen en cascada hacia la gran fuente del interior de la pieza.
Odio ver las cosas por segunda vez, pero ésta segunda vez la creo necesaria para revisar si todo fue una intuición de que algo sorprendente e importante estaba cerca, que casi como que lo rocé, lo intuí, pero nuevamente se me escapó, dejándome esa sensación áspera del melocotón prematuro antes de sazón en mi garganta, esa sensación de subir hacia la cúspide pero a sabiendas de que algo en tu interior intuye que tiene un reverso opuestamente hacia abajo. Ese algo está ahí. Lo sé aunque no pueda verlo.
OSCAR
03 Nov 2009
MIEDO A VOLAR
¿Vale la pena volar sin el riesgo de estrellarse?
¿valdría la pena vivir, sin la certeza de morir?
El riesgo es el valor de la aventura, el precio de la vida, no hay amor sin dolor, vuelo sin caida, paz sin guerra interior.
Vuela alto, vuela todo lo alto que tu corazón te pida, desde las alturas, se vé todo mas claro, el aire es mas puro, el cielo mas diáfano, y sientes a dios mas cerca.
Vuela, sin motor, sin casco, sin paracaídas, sin nada que te impida gozar del viento, del sol, del paisaje, tírate en picado como un águila y remonta el vuelo majestuosa cuando ya roces el suelo, y no temas al temporal ni a la tormenta, porque sus vientos te empujarán mas lejos y te elevarán mas alto y si un dia tus alas se plegan pliegan por la pena o se doblan por el cansancio, no temas, siempre habrá alguien abajo esperandote con los brazos y el corazon abiertos.
juanmaromo
16 Oct 2009
EL CLUB DE LAS CANCIONES Inmigración.
Esta noche he soñado que se hundía mi empresa, que el fondo de pensiones habia quebrado y que todo el trabajo de mi vida se había colado por el sumidero.
Esta noche he soñado, que harto de mendigar trabajo. Había cojido la maleta con mis cuatro mudas y los restos de mi esperanza hecha girones, Europa se habia deshecho y volvía a haber fronteras por todos los sitios, y ahora tras la terrible crisis, eran telones de acero.
Empeñé lo poco que me quedaba para pagar a unos guias que me pasarían a Francia por las sendas boscosas del Pirineo. Nos encontramos cerca de Boadella, y desde allí tres días andando sin comida, bebiendo de los restos de nieve, y acosados por los civiles de un lado y los gendarme de otro. Dormíamos en madrigueras de osos, a doce grados bajo cero, agazapados uno junto al otro para no morir congelados.
Al despertar, los guías nos habían abandonado llevándose lo poco que teníamos. No sabíamos donde estabamos. En mi desesperación salí corriendo a través del bosque. A lo lejos podía escuchar el ladrido de los perros guardianes que me seguían de cerca, sentiía el estómago salírseme por la boca y el miedo me quemaba en el alma, corrí y corrí durante horas, pero de nada sirvió, ya sentía el aliento de los perros pisandome los talones, ya escuchaba sus jadeos y sus aullidos de triunfo cuando varios de ellos se abalanzaron sobre mí y me tiraron al suelo. Luché deseperadamente, a patadas a mordiscos, ya no sentía el dolor, ya no tenía miedo, ya sólo quería morir matando....
Me he despertado envuelto en sudor y jadeando, he tardado en darme cuenta de que estaba en mi cama, en mi casa, en mi tierra, y no he podido por menos que acordarme de esos espaldas mojadas que matan a tiros en Rio Grande, en los negros que se ahogan en la miseria de las pateras y en los republicanos que escaparon por esa misma ruta de mis sueños, perseguidos por los secuaces de franco.
Y he pensado cuan injustos y cuan egoistas somos cuando llamamos sudacas, moracos, rusiatas o negratas de mierda, a toda esa gente que sólo viene porque el hambre y la muerte les muerden los talones.
16 Oct 2009
LAS FAUCES DEL MIEDO
Nunca he temido al miedo, desde niño me atraía el riesgo, el desafío por lo desconocido. Me bañaba en los pantanos, exploraba las cuevas, atrapaba serpientes, y cuando más disfrutaba en la playa era si ondeaba la bandera roja. Más tarde fue el submarinismo, el barranquismo y otros deportes de riesgo los que atraían mi atención. Las carreras clandestinas con vehículos trucados después de tormentas alcohólicas era otro de los alicientes del fin de semana, me creía infalible, invencible, inmortal. Han volado los años, las responsabilidades familiares y la experiencia me han hecho recapacitar sobre mi condición de pobre mortal, y el respeto a la vida de los demás. Mucho ha llovido desde la última vez que superé los 200km/h fuera de circuito ,aunque de vez en cuando, me asomo al filo de un acantilado y me quedo absorto contemplando el embate de las olas contra las rocas, o me sumerjo en una corriente de aguas bravas, sintiendo las garras de la espuma arañarme la piel. Pero de un tiempo a esta parte, un miedo desconocido empieza a asomar las fauces por el horizonte de mi vida. Es el miedo a la enfermedad, al dolor, a la muerte. No a mi dolor, ni a mi enfermedad, puedo asumir mi sufrimiento y aceptar mi enfermedad porque forman parte de mi ser, siempre consideré a la muerte como la fiel amiga que vendrá a rescatarme cuando me abandone la vida. Es el sentimiento de impotencia y frustración que me asalta ante el dolor de ajeno, la enfermedad de los seres queridos, la ausencia sine die de los que nos dejan. Entonces me siento indefenso como un niño asustado y me acurruco en los rincones del recuerdo para no sentir el gélido y pestilente aliento del miedo que corre a abrazarme entre sus garras.
30 Sep 2009
EL ÚLTIMO DERRAPE
En estos momentos conduzco un automóvil sin frenos bajando por un puerto de infinitas y cerradas curvas. Abajo me espera el abismo, un abismo vacio, sin árboles ni fondo. Hace meses que el pedal tocó la chapa, y el coche, como una bola de fuego arrasa con todo lo que encuentra a su paso. De momento he conseguido evitar peatones y ciclistas, aunque he tenido que arrojar a más de un vehículo a la cuneta. Los neumáticos chirrían en, y yo me agarro al volante con desesperación, ciñéndome hasta lo imposible en cada recodo viendo como las ruedas traseras giran locas en el vacío. La niebla es cada vez más espesa y solo el instinto de conductor suicida me libra de salir disparado hacia la nada, pero los brazos apenas me responden y mis ojos son dos puntos llorosos que luchan por no cerrarse del todo. Podría arrojar la toalla y lanzarme como Ícaro en un vuelo desesperado, pero no viajo solo, y lucharé hasta el último resuello para llevar la nave a buen recaudo, entonces, solo entonces podre levantar las manos, sumirme en un sueño primigenio, y pensar que todo ha sido una pesadilla, una negra y horrible pesadilla.
26 Sep 2009
HE VIVIDO EL INFIERNO
Hace unos años se apagaron las luces, empecé a despeñarme por una pendiente sin fin, rodando entre zarzas y pedruscos hacia el más vacio de los vacios. Fue algo súbito, inexplicable. Quizás las piernas se me doblaron bajo el peso del sufrimiento y dejaron de sostenerme, fue una caída eterna y dolorosa, pero sobre todo aterradora. Nunca he tenido miedo a nada ni a nadie, he mirado cara a cara a la vida y a la muerte, pero hubo un punto en que algo se quebró en mi alma, y toda mi estructura vital se desmoronó en un soplo. Sentí los zarpazos de miedo, cualquier cosa me aterraba, no tenía fuerzas para levantar la cabeza y un simple bordillo se transformaba en un abismo. Llegué a esconderme física y mentalmente, cuando alguien se acercaba, me daba un salto el corazón y el pánico me inmovilizaba. Rehuía los espejos, como un vampiro sin reflejo ni sombra, el futuro era un túnel siniestro donde se perdía mi vida. En ningún momento perdí la consciencia, buscaba un arbusto donde agárrame, pero solo había hierbajos y cardos que laceraban mis manos y mi cuerpo, el abismo me llamaba con su canto de sirena varada. Sobre todo temía arrastrar en mi caída a quien más quería en el mundo, y mientras por dentro me desmoronaba, por fuera seguía con mi sonrisa de signal. Comprendí el significado de la palabra soledad, la depresión se había convertido en un agujero negro que amenazaba con abducirme hacia la nada. Comprendí que el tiempo se acababa , así que dejé el trabajo y me sumergí en las profundidades de la mente buscando en mi interior la luz que me guiara por la senda de las tinieblas. Fue una remontada lenta y dura, con caídas y recaídas, dos pasos hacia arriba, y otro resbalando de nuevo, pero poco a poco empecé a vislumbrar el cielo. En los momentos más negros supe que el amor era lo único que me quedaba y que solo por él valía la pena seguir luchando. Me arrastré, repté y me agarré a cardos y a quimeras, me tragué las serpientes y escupí los sapos, pero al fin mis ojos recobraron la luz y pude mirarte sin miedo a convertirte en piedra como Medusa. Han pasado los años, pero nunca olvidaré esos meses en los que viví a las puertas de infierno, en los que la angustia se convirtió en mi amante, en los que sentí que jamás encontraría el camino de regreso.
29 Ago 2009
ALGO ESTÁ SUCEDIENDO
Como cada dia, me levanté a las siete, me duché y tomé el desayuno a toda prisa, bajé al parking y me introduje en el coche. –“ Codigo incorrecto”- me contestó el antirrobo. - Se habrá desprogramado la llave, pensé- cogeré el metro. Llego deprisa y corriendo a la estación, introduzco el microchip en la máquina expendedora y el mensaje me deja perplejo – Tarjeta no valida. Diríjase a su oficina bancaria. ¡Bueno, a eso le llamo empezar el día con buen pié!, saco un billete de un solo viaje y me dirijo al despacho. Cuando llego es ya muy tarde y el acceso está bloqueado, acerco mi ojo al lector de iris, pero increíblemente no me reconoce. Yo mismo cree el programa y sé que es de la máxima seguridad, es imposible que le lector no me reconozca, además hay tres copias de la huella , y no pueden borrarse las tres. Introduzco mi llave codificada y apoyo el dedo pulgar en el lector dactilar, de repente salta la alarma y las sirenas empiezan a ulular desesperadamente, tengo que huir antes de que el recinto se cierre, por suerte, conozco una salida secreta y puedo escapar antes de que me alcancen los perros. Inexplicablemente el comunicador biónico se niega a conectar y empiezo a sentir pánico. Me dirijo a mi oficina bancaria, introduzco el código y mis huellas pero no responde, algo inexplicable está sucediendo. Salgo a la calle de nuevo y la gente pasa a mi lado sin mirarme, la deshumanización de las gran ciudad se hace irrespirable por momentos. Regreso a casa y recurro a la vieja llave mecánica, ya que el sistema de detección no me reconoce. Enciendo el comunicador e introduzco mi clave, -Numero incorrecto, inténtelo de nuevo- desesperado, bajo las escaleras a toda prisa , a mi alrededor, la gente continua circulando, pero un silencio sepulcral lo envuelve todo, caminan como zombis, en silencio, sin mirarse, intento detener a un transeunte, pero sigue su camino ignorándome, y el cielo permanece negro a pesar de que son casi las once. Me dirijo ya sin aliento a uno de los pocos quioscos expendedores de periódicos que quedan en la metrópolis, introduzco una moneda, y la impresora ronronea un instante, abro la portada y entonces lo comprendo todo. ESTA MADRUGADA HA SIDO DESTRUIDA EN UN ATENTADO LA CENTRAL NUCLEAR DE NEKSVILLE, LA CIUDAD SITUADA A APENAS 100KM, HA QUEDADO TOTALMENTE AISLADA Y ENVUELTA POR LA NUBE RADIOACTIVA, NO SE ESPERAN SUPERVIVIENTES… Juanmaromo.
25 Ago 2009
CRISIS Y DEPRESIÓN
En estos últimos meses se han multiplicado los casos de depresión de una manera alarmante. A parte de los problemas comunes que hasta ahora nos empujaban hasta las garras de esta fiera sin alma, ahora se ha sumado otra que amenaza con saturar los consultorios psiquiátricos como si fueran urgencias en una ola de gripe. Tras diez y ocho meses de crisis, la empresas están exahustas, los subsidio de paro se están terminando y nadie ve la salida del tunel. Ya se ha hablado demasiado de las causas y los causantes. Hoy quisiera hablar sobre “los daños colaterales”, para seguir utilizando un lenguaje “políticamente correcto”. Hay dos colectivos que ante una posible deflación pueden salir indemnes o incluso favorecidos, los funcionarios y los pensionistas. A no ser que nos enfrentáramos a una hecatombe, estos colectivos seguirán percibiendo sus ingresos, si bien puede ser que se les congelen, la bajada de precios generalizada que supondría, podría incluso aumentar su poder adquisitivo. Los grandes perjudicados en una crisis de esta magnitud son los asalariados que ven peligrar su puesto de trabajo, los pequeños empresarios, los autónomos que pueden perder su patrimonio, y los pequeños inversores en bolsa, que han visto esfumarse en pocas semanas los ahorros de años de esfuerzo. Si a esta circunstancia, le sumamos una hipoteca o una deuda por adquisición de maquinaria o medios de producción, el coctel explosivo está servido. La espada de Damocles , ya parece un péndulo sobre nuestras cabezas, y vemos deshilarse la cuerda que la sostiene. El miedo, la inseguridad, la angustia, y por último, la depresión nos toman al asalto. ¿Cómo podremos salvar nuestra empresa?, ¿Cómo podremos mantener nuestra familia si perdemos el empleo?. La preocupación es un medio con el que afrontamos un problema e intentamos encontrar soluciones, pero cuando ese problema nos desborda y queda fuera de nuestro control, se genera esa sensación de impotencia y miedo que nos empuja al vacio. Es la gran tragedia humana que genera lo peor de una crisis, las bolsas se recuperarán tarde o temprano, las empresas desaparecidas, serán sustituidas por otras nuevas, y los pisos vacios acabarán vendiéndose. Pero todos aquellos que quedaron tirados por el camino, serán enterrados en la fosa común del olvido, mientras los que de verdad gobiernan el mundo, comienzan de nuevo a inflar la burbuja. JUANMAROMO
23 Ago 2009
EL CULTO A LA PASTILLA
JOAN BARRIL
Una encuesta reciente indica que casi un tercio de los niños menores de 14 años toman constantemente algún medicamento. El culto a la pastilla tiene, en el primer mundo, una explicación básica. Cada vez soportamos menos el dolor y consideramos el más mínimo trastorno del cuerpo como una enfermedad. El mecanismo de esa creciente hipocondría es así de fácil: hay unos síntomas leves de cualquier etiología. Los divulgadores de la industria farmacéutica se encargan de aislarlos y de encontrar una relación causa-efecto para esos síntomas. Se les busca un nombre y se publicita. El nombre hace a la cosa. Ya tenemos una enfermedad catalogada. Y casi al mismo tiempo ya disponemos de un fármaco espe- cífico para una enfermedad que anteriormente no existía como tal. La publicidad se encargará de demostrar que hay un antes y un después del consumo de la pastilla milagrosa. Ni siquiera hace falta ir al médico: "Consulte con su farmacéutico". Y la salud se recupera.
Porque no soportamos el dolor vamos viviendo en una sociedad anal- gésica y pasiva. No hay temor mayor que el que nos ofrece nuestro propio cuerpo. De ahí la necesidad de entrenarlo. Este mismo periódico nos ofrece unos juegos de ingenio cuya práctica nos va a hacer más inteligentes. Otros juegos electrónicos consideran que el cerebro debe alimentarse mediante el ejercicio sistemático de sudokus y de asociaciones de imágenes. A mayor rapidez de resolución, más inteligencia. Alimentar el cerebro parece una buena causa. ¿Si alimentamos al gato y a los peces, cómo vamos a renunciar a alimentar nuestro propio cerebro?
En esa civilización higienista, nadie ha tenido presente que tal vez la alimentación cerebral proviene de la imaginación, de la lectura, de la paciencia, de la autoestima y no exclusivamente de la compulsiva resolución de problemas mecánicos. La pastilla no solo es la manera exacta de combatir la enfermedad. También es la panacea que ha de sustituir nuestra falta de voluntad. Jóvenes que se dejan llevar por el hábito del tabaco y que afirman con toda naturalidad que lo dejarán cuando aparezca la pastilla que les hará abandonar el tabaquismo. Conductores que llevan en la guantera extraños brebajes que, según la etiqueta, disminuirán su alcoholemia ante un eventual control de tráfico. ¿Para qué la voluntad, si la farmacopea nos salvará de todo mal? ¿Para qué la abstinencia, si en algún laboratorio ya se está concibiendo el remedio a nuestros excesos? ¿Para qué esforzarnos en la comprensión del mundo, si lo importante es vencer a la máquina de la inteligencia con el pretexto de un juego solitario?
Hasta hace poco, la búsqueda de la salud, de la limpieza y de la autoformación eran parte de los deberes individuales. Hoy cuidarse del cuerpo es pensar que hay productos que nos cuidarán sin el más mínimo esfuerzo. Ahí donde antes solo existía la lejía hoy se encuentran fragancias y aromas que nos dan placer. Lo que antes era una necesidad de supervivencia hoy es la quimera hacia el cuerpo perfecto. Y en nuestra exigencia no podemos permitirnos ni un gramo de más, ni un cabello de menos, ni un dolor inesperado, ni una lágrima de nostalgia ni el olvido alarmante de un número de teléfono. Porque todo eso tiene nombres agoreros: obesidad, alopecia, depresión, alzhéimer. Todos los miedos en el mismo miedo, que ya no es solo la muerte, sino la degradación. Antes los creyentes acudían al sagrario. Hoy los cuerpos que se quieren perfectos van al botiquín.
Sobre este blog
EL BLOG DE JUANMAROMO. Poesía, Música, Pasión.
Juanmaromo
Soy Juanmaromo, Hace dos años que abrí este rincón donde me retiro a meditar, a escuchar música, y a charlar con mis amigos. Me he traído mis mejores discos unos libros de poemas y el inmenso baul del foro, donde guardo mis tesoros más preciados. Todo lo que hay en mi casa, es propiedad de alguien, los textos anónimos, son de dominio publico, las obras firmadas, pertenecen a sus autores, y todas las poesías de “Lenguas de fuego” son de mi puño y letra.. Un abrazo y muchas gracias por vuestra visita.
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.
Últimos Comentarios
- OJOS DE NIÑO 1 comentario Laia
- PREGUNTAS CON RESPUESTA 1 comentario Jaime Icho Kozak
- CANCIONES PARA RENACER 12 comentarios Juanmaromo MARIANO JUAN-R. Lunaria CARMINA Juanmaromo
- LENGUAS DE FUEGO Poesias de Juanmaromo 8 comentarios Betsy Pérez Betsy Perez Zav CAROLA juanmaromo juanmaromo
- HUMOR GRÁFICO 9 comentarios chiludo juan Anónimo Alegria perfecto ladron honrado
Enlaces
Feevy
ElPais.com Ultima Hora
Categorías
Archivos
- Diciembre 2009
- Noviembre 2009
- Octubre 2009
- Septiembre 2009
- Agosto 2009
- Julio 2009
- Junio 2009
- Mayo 2009
- Abril 2009
- Marzo 2009
- Febrero 2009
- Enero 2009
- Diciembre 2008
- Noviembre 2008
- Octubre 2008
- Septiembre 2008
- Agosto 2008
- Julio 2008
- Junio 2008
- Mayo 2008
- Abril 2008
- Marzo 2008
- Febrero 2008
- Enero 2008
- Diciembre 2007
- Noviembre 2007
- Octubre 2007


