14 Feb 2008

Cuaderno de Bitácora 002: Son de los nuestros

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 14 Feb 2008 - URL Permanente

Cuenta Víctor E. Frankl, en “El hombre en busca de sentido”, que al salir del campo de concentración en Auschwitz, la mayoría sufrieron una especie de decomprensión acelerada, como la aeroembolia que padecen los que suben demasiado deprisa de una cámara de sumersión.
Muchos reconocían en privado que habían perdido la capacidad de alegrarse y que tenían que volver a aprenderla si querían sobrevivir a la tragedia. Padecían una especie de despersonalización, todo les parecía irreal, improbable, no duradero, a lo que no tuvieran derecho, como en un sueño.
Mientras el cuerpo, que tiene menos inhibiciones que la mente, se adaptó rápido y muchos se pusieron a comer y a beber café vorazmente, incluso en mitad de la noche. Se levantaban, comían y vomitaban. Se les soltaba la lengua y eran capaces de hablar durante horas y horas, sentían la necesidad irrefrenable de hablar, para no dormirse. No soportaban el silencio que a muchos les hacía preguntarse por el sentido de tanto sufrimiento, sobre todo, al saberse libres mientras tantos otros habían perecido en aquel infierno. Pero lo más terrible fue comprobar que a algunos no les esperaba nadie.
“No esperábamos encontrar la felicidad pero tampoco estábamos preparados para la infelicidad”, y sobre todo para escuchar de labios de sus conciudadanos “No sabíamos nada. Lo siento. Aquí también sufrimos”. La amargura y la desilusión resultaron ser una experiencia muy dura de sobrellevar, y muchos sucumbieron ante la incapacidad de reintegrarse en una antigua vida que ya no existía como la habían conocido, o en la que se sentían extraños. Muchos padecieron la soledad, y otros se dejaron morir en un mundo en el que no encontraban sentido para el sufrimiento de tantos millones de seres. El número de suicidios discretos o lanzándose desde un balcón, fue grande. Los que mejor se adaptaron a la nueva situación fueron los guardianes de los campos que, el día de la liberación, ya ofrecían cigarrillos y sonreían vestidos de civiles. Lo más terrible fue que los de naturaleza más primitiva no podían escapar a las influencias de la brutalidad que les había rodeado mientras vivieron en el campo. Ahora, al verse libres, recuerda el siquiatra judío vienés Frankl, pensaban que podrían vivir sin sujetarse a ninguna norma y dar rienda suelta a sus represiones más brutales. Se convirtieron en instigadores de la fuerza y de la injusticia. Muchos pasaron de víctimas a opresores. Como estamos viendo impasibles en Gaza, en Cisjordania y en toda Palestina en el exterminio y en el odio con que israelíes de extrema derecha sojuzgan a palestinos, a hombres, a mujeres y a niños inermes. Uno de los tabúes mejor guardados por el movimiento sionista fue la experiencia de que muchos kapos eran judíos y se distinguían por su extrema crueldad, quizás para acallar una conciencia que se disolvía en estertores.
Víctor Frankl recuerda a un prisionero que, enrollándose las mangas de la camisa, le gritó: “¡Que me corten la mano si no me la tiño en sangre el día que vuelva a casa!” Y el médico vienés recalca que “no era un mal tipo: fue un buen camarada en el campo”.Esta relectura de páginas admirables escritas por un médico que padeció la ignominia de los campos y que dedicó su vida a que muchos pacientes descubrieran un sentido para sus vidas, puede ayudarnos a “leer” las conductas salvajes, brutales e inhumanas que los medios de comunicación ponen ante nuestros ojos. Desde todas partes, en una cacofonía desesperante ante la que no deberían doblegarse los responsables de los gobiernos de las naciones más democráticas, desarrolladas y ricas del planeta. El contubernio de Viena y los espantosos silencios ante las monstruosidades de las que tienen pleno conocimiento los dirigentes de la Tierra pasará a la historia como otra de sus páginas más tristes y vergonzosas. Ante ellas uno se pregunta por el sentido de ser persona en un mundo enloquecido que cabalga hacia la autodestrucción entre las luces de los anuncios de neón. Con Nietzsche, seguimos creyendo que “quién tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”. Pero nosotros no podemos permanecer en silencio cuando padecen tantos millones de víctimas inocentes. Porque todos son de los nuestros.

José Carlos

Lecturas:- He terminado el interesantísimo libro "El lobby israeli y la política exterior de los EEUU", de los profesores de Harvard y de Chicago, John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, edit. Taurus, 2007, 608 págs. Apasionante. Había tenido que interrumpir su lectura desbordado por tanta información documentada y escalofriante. Los autores son máximas autoridades académicas mundiales y para nada antisemitas, ciomo este looby ísraelí los presentó desde todos los medios.

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Angel Pasos dijo

Muy bueno tu artículo. De todo lo que he leído en él, lo que más escalofríos me ha producido es mi propio silencio.

Un abrazo.

jose-carlos-ga-fajardo dijo

Siempre estamos a tiempo de levantar la voz, de pasar la palabra, de no cooperar con el opresor mediante nuestro silencio. Gracias por estar ahi/aquí Un abrazo J C

johnny-salomon dijo

Bueno, profesor, como sigas así me voy a engachar como un mono a una rama. Estupendo artículo sin duda, llevándolo a donde quieres y como quieres. Un abrazo.

jpolinya dijo

Hay un disco (LP creo que no reeditado en CD) que cada vez que lo escucho me pone la carne de gallina. Se trata de Cançons del ghetto (canciones del gueto) una serie de canciones (nanas, baladas, lamentos...) yidisch traducidas al catalán y cantadas por la inconmesurable actriz Núria Espert. Cuando acabe mi serie de poemas de Vicent Andrés Estellés, empezaré a subirlas.

Te aseguro que la gente que fue capaz de crear esas canciones, no merece lo que están haciendo los que se autoproclaman sus sucesores.

jose-carlos-ga-fajardo dijo

Estoy de acuerdo por eso me aterrorizan esas transferencias de un culpa... en forma de violencia y de sevicia. Yo tengo muchos amigos judíos que nopiensan como los isarelíes de ultra derecha. También tengo otros muchos amigos que se sienten a años luz de nuestros neonazis europeos.
Johnny, eres un brujo. Un abrazo y nos vemos... para hacer esas fotos antes de que zurren los archiatras.

bvarcimboldi dijo

Es aterrador, pero las victimas casi siempre se convierten en verdugos y este caso es un ejemplo más... Hay que tener una gran virtud y fuerza moral para perdonar, pese a que el perdón sea un característica típicamente humana. Un post muy interesante. Un abrazo.

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Jubilatería: Bitácora de un jubilata

Soy Profesor Emérito de la UCM. Temas: Derechos Humanos, Infancia, Mujer, Medio ambiente, Desigualdad, Exclusión, Migraciones, Globalización, Salud, Educación, Pobreza, Nuevas tecnologías, Política Internacional, Creencias y Personas mayores... desde que he entrado en la Jubilatería. En esta Bitácora de un jubilata quiero denunciar estos nuevos mitos de la "edad dorada", la "tercera edad", los "senniors"... cuando educamos a los niños para ser adultos pero nadie nos ha educado para ser viejos. Con Philip Roth pienso que la vejez es una "faena". Claro que, bien llevada, es preferible a morirse. Voy a intentar, relativizar lo relativo, bajar a los dioses de sus cielos, no absolutizar nada, aprovechar lo aprovechable, alertar a los más jóvenes para que se aprovechen ya que, de pronto, todo empieza a fallar. Hay que encontrar el ritmo adecuado para poder responder a ese niño que se despierta en un cuerpo viejo y usado preguntando ¿qué ha pasado? Hay una edad en la que la heterodoxia es preferible a la ortodoxia, o a dogmatismo alguno. Sin cinismo ni resentimiento, sin acritud ni ira y sin sarcasmo ni vulgaridad alguna.

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