15 Ago 2008

Ante las pretensiones de la Iglesia Católica, Peces Barba da su autorizada y documentada opinión

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 15 Ago 2008 - URL Permanente

"No podemos aceptar la tesis de la esencia católica de la identidad nacional
No podemos aceptar la postura de la Iglesia respecto a la democracia"

Se podrá más alto, pero no más claro. A veces, algunas personas, por su pasado católico o el de su familia, por creer que no están lo sufientemente informados o porque nos han hecho creer que alguna tradición religiosa tiene dogmas que nos obligan a todos, creyentes y no creyentes. O sencillamente porque nos parece un tema "sin importancia" no nos informamos como es debido y damos nuestra opinión creyendo que son "cosas del pasado". No es así. Las decisiones políticas en este campo nos afectan a todos los ciudadanos pretendiendo conservar privilegios anacrónicos en el campo de la educación, de la vida, de la salud, del pensamiento, de la justicia y de las libertades. Estamos hablando de la defensa de los Derechos Humanos, de todos, y de las desorbitadas partidas de los Presupuestos del Estado que se desvían de su primigenio y más importante destino social. Todo lo que se con ceda en privilegios se detrae en justicia y en libertades. Y se paga con nuestros impuestos.

José Carlos

"Con la solemne afirmación del rechazo total formulada en latín non possumus, (no podemos), la Iglesia católica ha expresado en muchas ocasiones su distancia y su rechazo de situaciones civiles radicalmente innegociables. .. Son todos los non possumus del siglo XIX frente a la modernidad.
Esta tajante negativa ante situaciones sociales y humanas supone desde el punto de vista de la Iglesia la existencia de unos espacios exentos, de unas zonas inmunes, de unos cotos vedados reservados a su decisión, donde el poder soberano no puede entrar ni resolver. Para la Iglesia es el límite de la democracia que choca con su ética de la verdad. Es también intelectualmente el límite para el siglo de las luces y de su idea del hombre centro del mundo y centrado en el mundo.
La Iglesia reclama un derecho de veto frente al contrato social, a los acuerdos de las mayorías, y la idea de soberanía popular. Son los signos más evidentes del carácter antimoderno de la Iglesia católica que quisiera para sí lo que está institucionalizado en países como Irán, donde un poder religioso está por encima del poder de un presidente de la República elegido por sufragio…
No sólo el Vaticano ni el Papa, también la Iglesia institucional española ha repetido en innumerables ocasiones que es depositaria de verdades que están por encima de las coyunturales mayorías y de la soberanía popular… Desde esas coordenadas intelectuales antimodernas que desconfían del impulso social y político desde la idea un hombre un voto, se puede afirmar la difícil coexistencia y la más difícil lealtad de la Iglesia con la democracia, que no actúa desde la ética de la verdad sino desde la difícil ética que se mueve entre la dialéctica de dudar y decidir.
Por eso está justificado desde el lado de la democracia, en la cultura jurídica y política moderna, poner límites a la soberbia pretensión de la Iglesia de tener la última palabra en el ámbito público y señalar las incompatibilidades radicales de su visión premoderna del mundo y de la vida, desde un non possumus laico y secularizado frente a los abusos eclesiásticos. También frente a esa laicidad "descafeinada" que pretende la convivencia del pluralismo y de la neutralidad del Estado con privilegios y con una situación de diferencia con las demás religiones, en base a una "realidad social" mayoritaria, de su función nacional y de su influencia sobre la cohesión de España… Frente a toda esa cultura institucional católica que niega la modernidad, es necesario ese non possumus, para señalar lo que desde la cultura democrática no se puede aceptar de las posturas de la Iglesia.
No podemos olvidar las bases de nuestra convivencia, la tolerancia, la libertad, la igualdad, el respeto a la conciencia individual, el pacto social, el constitucionalismo, la separación de poderes o los derechos humanos rechazados reiteradamente por la doctrina de la Iglesia en el siglo XIX y también después, casi hasta nuestros días. La Iglesia católica se siente incómoda en un escenario que contempla desde su verdad y desde una idea del bien incompatible con cualquier punto de vista que no lo acepte.
Ante ese panorama no podemos asumir la idea de que la Iglesia es el puntal ético para fundamentar a "estas sociedades desmoralizadas y desorientadas", ni que es poseedora de un patrimonio de verdades últimas sobre el ser humano que condicionan la democracia.
No podemos tampoco aceptar el rechazo de la laicidad que es la esencia de la democracia moderna, con igual trato a todos los ciudadanos. No podemos facilitar la presencia de símbolos religiosos que discriminen a las demás religiones, ni tampoco equiparar a las autoridades eclesiásticas con las civiles ni podemos escenificar alianzas excluyentes y discriminatorias en la necesaria cooperación con las iglesias, ni basar el orden público en la moralidad de una sola religión ni aceptar un vínculo sustancial previo de una concepción del bien que limite la soberanía del Estado.
Tampoco podemos aceptar que problemas éticos sean decididos por la Iglesia, sin perjuicio de regular en su caso la objeción de conciencia y siempre respetando su libertad de expresión, en temas como el matrimonio, las relaciones familiares, la investigación científica, sobre la forma de acabar las vidas indignas y de imposible recuperación.
No podemos aceptar límites a la libertad y al pluralismo desde una verdad que se esgrime dogmáticamente, ni acusaciones de relativismo a una realidad que tiene sólidas raíces históricas desde la recuperación de la luz por los seres humanos en la Ilustración, fuente última de la autodeterminación individual y de la democracia.
No podemos aceptar la tesis de la esencia católica de la identidad nacional ni confundir ciudadanos con creyentes. Es el rechazo de los reduccionismos simplificadores de la identidad como hecho histórico incontrovertible, de la historia de Europa con el cristianismo y del cristianismo con la Iglesia católica. No podemos tampoco aceptar su acrítica inocencia histórica con la que afronta sus errores, sus desviaciones o sus graves ataques a la dignidad humana, ni tampoco la consideración como inferiores de todos sus interlocutores en los planos moral y racional, incluyendo a las máximas autoridades civiles representantes de la soberanía popular.
Finalmente, no podemos aceptar la postura de la Iglesia respecto a la democracia ni que nunca la haya reconocido como el único régimen legítimo, ni la consideración del relativismo como un mal puesto que es expresión de la libertad de conciencia y del respeto a la autodeterminación, expresión de la dignidad humana. ¡Non possumus! No podemos si queremos ser dignos de respeto.

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, ex Rector y Padre de la Constitución.

16 comentarios · Escribe aquí tu comentario

f-menorca dijo

Magnifico articulo de Peces-Barba. Completamente de acuerdo. "Todo lo que se con ceda en privilegios se detrae en justicia y en libertades. Y se paga con nuestros impuestos. "

Lo penoso es que por lo visto, tu, yo, Peces-Barba y algunos más somos los únicos que lo vemos, los demás, psoe a la cabeza, siguen abotergados y sumisos a una ICR que tiene prerogativas de multinacional y a la que incluso pagamos a sus empleados. Triste.

jose-carlos-ga-fajardo dijo

Pero es bueno que lo comentemos, que escuchemos, que preguntemos, que aportemos nuestra opinioón. Fijate en lo difícil que es darse baja en una asociación que no puso ninguna dificultad para incluirnos en su slistas y... hablar en nuestro nombre y en el de las señas de identidad de la patria etc etc. Y esa es la principal razón por la que muchos queremos darnos de baja, que no cuenten conmigo ni hablen en mi nombre. Pero lo ponen más difícil que las cías de teléfonos.
Y todo eso no nos impide admirar, escuchar y leer las palabras y la vida y el ejemplo de Jesús de Nazaret. Como me sucede con Buda, con Lao Tzú, con Chuang Tzú y algunos otros sabios que en el mundo han sido, y son.
J C

jose-carlos-ga-fajardo dijo

"Todo lo que se con ceda en privilegios se detrae en justicia y en libertades. Y se paga con nuestros impuestos. "
Esto no lo dijo ni escribió Peces Barba, pero resume y expresa mi sentir.
JC

Lita Gomez dijo

es muy bueno
yo no quiero que hablen en mi nombre y mucho menos en nombre de un dios que si Existiera no tendría porque hablar por la boca de cierta gente ¿no?

José carlos

José carlos dijo

Si Dios existiera... no sería dios. Porque existir comporta límites... ex sistere, estar fuera de sí, salir, nacer, aparecer..., derivado de "sistere" colocar ser medible, cuantificable, juzgable etc etc todo lo referente a la contingencia. Que sea o no, ya ni me incumbe, ni me ocupa...
Pero como decía un mi amigo: Los dioses no existen, pero no te metas con ellos porque tienen muy mala leche.
J C

miabuelapepa dijo

http://lacomunidad.elpais.com/miabuelapepa/2008/3/29/-puente-plata

jpolinya dijo

El laicismo es la postura ética que los "poseedores de la verdad" nunca aceptarán, porque eso significaría reconocer que su verdad ha de coexistir con las verdades de los otros, que ellos no son ni lo han sido nunca, superiores.

Y el problema no es en ningún caso que tengan que reconocer su error, sino simplemente que, al reconocerlo, pierden el poder que necesitan para sentirse vivos.

Salut

aránzazu dijo

si supiéramos discernir la religión como filosofía de vida, de la iglesia como institución privada con ánimo de lucro, tal vez habría más gente verdadera y profundamente "religiosa" y a la iglesia sólo irían los mercaderes, por fin sin caretas.
un saludo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Me he dado una vuelta por tus últimas publicaciones. Como siempre, un lujo visitarte.

Un saludo

José Carlos

José Carlos dijo

El placer es mío y una enorme suerte de ser tu amigo. Todavía estoy en Galicia, pero desde el próximo lunes ya me reincoporaré al despacho y al blog.
José Carlos

johnny-salomon dijo

Un abrazo, profesor. Y el deseo de que todo vaya bien. Salud.

jose-carlos-ga-fajardo dijo

Un abrazo Johnny. Ayer he regresado de Galicia. Trato de ponerme al día.
J C

johnny-salomon dijo

Que envidia sana. Te imagino con algún kilito de más. Y es que la buena vida es lo que conlleva. Un abrazo.

José Carlos

José Carlos dijo

Mañana habrá revisión médica... confío en que todo vaya bien y pueda largarme el domingo con mi mujer... al mar con la luz más maravillosa del mundo.
Un abrazo fuerte y ya os contaré
JC

Carlos Mendoza

Carlos Mendoza dijo

Hola Jose Carlos,

Gracias por esta reflexion. Tenemos un problema similar en Guatemala, la Iglesia Catolica por medio de sus obispos y de sus grupos mas extremistas (y poderosos economicamente) hacen un fuerte cabildeo para influir en las politicas publicas. Se creen superiores moralmente... No solo se dicen poseedores de "La Verdad", sino que tambien fabrican evidencia para supuestamente respaldar sus argumentos.

Un abrazo, Carlos.

José carlos

José carlos dijo

Así es, Carlos, amigo, pero no podemos dejar de denunciar esa actitud prepotente y acabar con esos privilegios y esas descalificaciones. Al menos, esta es una más de las formidables ventajas de la democracia: ahora podemos hablar y escribir y discrepar y aportar alternativas.
Un abrazo
JC

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Sobre este blog

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Jubilatería: Bitácora de un jubilata

Soy Profesor Emérito de la UCM. Temas: Derechos Humanos, Infancia, Mujer, Medio ambiente, Desigualdad, Exclusión, Migraciones, Globalización, Salud, Educación, Pobreza, Nuevas tecnologías, Política Internacional, Creencias y Personas mayores... desde que he entrado en la Jubilatería. En esta Bitácora de un jubilata quiero denunciar estos nuevos mitos de la "edad dorada", la "tercera edad", los "senniors"... cuando educamos a los niños para ser adultos pero nadie nos ha educado para ser viejos. Con Philip Roth pienso que la vejez es una "faena". Claro que, bien llevada, es preferible a morirse. Voy a intentar, relativizar lo relativo, bajar a los dioses de sus cielos, no absolutizar nada, aprovechar lo aprovechable, alertar a los más jóvenes para que se aprovechen ya que, de pronto, todo empieza a fallar. Hay que encontrar el ritmo adecuado para poder responder a ese niño que se despierta en un cuerpo viejo y usado preguntando ¿qué ha pasado? Hay una edad en la que la heterodoxia es preferible a la ortodoxia, o a dogmatismo alguno. Sin cinismo ni resentimiento, sin acritud ni ira y sin sarcasmo ni vulgaridad alguna.

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