31 Jul 2007

Han muerto dos genios del cine: Bergman y Antonioni

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 31 Jul 2007 - URL Permanente

Leed http://www.elpais.com/articulo/cultura/estatura/genio/elpepucul/20070731elpepicul_4/Tes
el precioso testimonio de Juan Cruz ante la muerte del genial y enigmático Ingmar Bergman "que te recibía en el Dramaten; era su casa, su teatro; en ningún otro lugar del mundo, ni en su isla secreta, se encontraba mejor. Rodeado de los fantasmas que alimentó, sabía que en la isla, o en Estocolmo, le acechaba el niño que no dejó de ser nunca; y así te miraba, como si fuera un niño que hubiera traspasado, por fin, las puertas de su propio pudor. Pues de eso fue su cine, decía, de lo que la niñez deja en los ojos. En un momento determinado, además, se interesaba por los ojos del otro: "¿Y usted, y esos ojos?". Él decía que sus ojos estaban llenos de las lágrimas que no pudo decir; su cine, decía también, era como el escupitajo que nunca despidió en la escuela o en su casa. Cuando le vimos, en el Dramaten, una fría, gélida mañana de diciembre de 1989, estaba decidido a empezar otra vez, se acabó el silencio.
No daba entrevistas nunca, y la que nos dio fue por culpa de nuestra insistencia y sobre todo de la de Gabi Gleischman, periodista húngaro, muy amigo suyo. Bergman accedió a regañadientes, pero nos esperó atado, casi, a la habitación espartana en la que sólo había un florero con plátanos. Cuando le dimos la mano, él bajó la suya, enorme, larguísima, que entonces tenía pendida del quicio de la puerta; hizo un movimiento de reconocimiento, como si le pesara hasta el aire. Le entramos por la infancia, que es el tiempo total de su vida, pero antes le estuvimos escrutando, como se escruta a los animales maravillosos, mientras Luis Magán le hacía fotografías. Era poderoso y grande, e iba vestido como un leñador austriaco. Nos habló del teatro, y del teatro español; estaba fascinado por una producción (inolvidable) de Lluis Pasqual, la que hizo éste con los textos de El Público, de Federico García Lorca. Él quiso llevar al Dramaten esa producción, pero ocurrió algo y no pudo ser. Le hablamos del cine (conocía a Berlanga, a Saura, aunque no tenía demasiada información), y se fue haciendo con la conversación y el escenario; nos colocó en el sitio justo ("usted tiene que estar a favor de la luz, es que usted es quien pregunta"), y terminó copiando los movimientos de Magán hasta que él mismo tomó la cámara en la mano para decirnos cuánto estaba disfrutando de aquella conversación inesperada.
Él mismo nos preguntó por España, por la situación que vivíamos, por la cultura; él era reacio a las preguntas, estaba allí por la obligación del afecto que le había sido inducido; "es difícil ver a alguien durante una hora", nos dijo; "te puedes encontrar con alguien que no te gusta y tienes que sentarte con ese alguien durante una hora". Continuó: "Lo que sale de allí son simples opiniones y malos entendidos".
Rompió la atmósfera gélida de la mañana; se fue acercando al objetivo y al entrevistador desde que dijo lo siguiente: "Soy un niño. Ya lo dije una vez: toda mi vida creativa proviene de mi niñez y emocionalmente soy un crío. La razón por la que a la gente le gusta lo que hago es porque soy un niño y les hablo como un niño". Sus ojos eran los de un crío asustado; poco a poco se fue calmando esa imagen abrupta de su cara: una cara larga y pálida que iba creciendo en picardía a medida que avanzó la conversación. Podría parecer frío, nos dijeron antes, y él mismo lo dijo, pero no soportaba guardar "para siempre" las emociones, y no soportaba que su cine, su literatura o su teatro se cogiera con pinzas quirúrgicas. "Me gusta cuando la gente y lee algo que he hecho siempre que se me escuche con el corazón y con las emociones".
Al final de la conversación, cuando ya era de noche en el Estocolmo oscuro de todos los inviernos, nos dijo, abrazando a cada uno de los presentes: "Ahora tengo 71 años y he hecho muchas cosas, pero no he podido hacer todas las que me gustan, así que he decidido ponerme a ello. Y empezaré leyendo". Por la noche nos envió un mensaje que ahora he visto que está también en la transcripción completa de la entrevista: "Al principio estaba algo nervioso; deseé que ustedes no vinieran nunca". El genio, aquel hombre inmenso, era un niño que no quería intromisiones en su alma. Todavía. Era uno de nuestros directores de culto más admirados y censurados en el Régimen anterior. Hay una buena semblanza que podéis leer en El País de hoy.

15 Jul 2007

Quedar con uno mismo

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 15 Jul 2007 - URL Permanente

Es posible emocionarse con Madame Butterfly, con esa divina música de Puccini dirigida por Plácido Domingo, en el Teatro Real. Espléndidos la soprano, el tenor y la tierna Suzuki. Leerán las críticas en los medios. Yo aquí no me extiendo porque ya conocen el argumento y probablemente las mejores arias e inolvidables fragmentos. Pero hoy se trataba de una experiencia nueva en España: la difusión en cine de la ópera mediante alta tecnología HD, Unidad Móvil de Alta Definición, estación móvil de distribución satelital en HD transmitida en directo desde el Teatro Real. Como en esta época no solemos estar en Madrid ya no había posibilidad de conseguir entradas pero se podía acudir a la sala 1 de Kinépolis. Ya conocen los bloggers amigos mi pasión, otra más, por la tauromaquia y que seguimos todas las ferias que transmite Canal Plus. Hoy terminaba la de Pamplona y yo había dicho en casa que podíamos ir a Kinépolis a verla a las 20 h. “Habrá mucha gente… siendo gratis… y con este calor…además, hoy se torean los Vitorinos y no va a dar tiempo…” (Ya conocen la copla)

A las 7’40 me puse en pie y dije “Si alguien viene, yo salgo para ver Madame Butterfly”, quedaban dos toros y la corrida no había sido buena. Silencio y vacilación como cuándo te preguntan con la mirada “¿adónde irás ahora?” u otra por el estilo. Enseguida estaba allí pero con ese cierto “malaise” de que, si resultaba como yo anhelaba, ellos no lo iban a disfrutar. Y, además, ¿cómo se lo cuento luego a los demás? Esta manía mía de pretender compartir todo lo bueno que me sucede.

El primer Acto resultó un desastre por problemas técnicos, faltaban unas 50 milésimas de segundo para la perfecta sincronía y el realizador abusaba de los primeros planos, porque estaban grabando para TVE. Hubo protestas y a punto estuvimos de abandonar todos la sala, como hicieron algunos, porque a la ópera no se va a mirar sino a escuchar y la falta de sincronía nos desconcertaba. En el descanso nos presentaron excusas y nos rogaron que continuásemos porque todo se iba a solucionar. Yo me decía para mis adentros “Si llego a convencerlos en casa para que vinieran algunos… me la había cargado; y a lo peor, yo me hubiera salido cargado de malestar”.

El II y el III Acto fueron de ensueño. Te sentías conmovido y traspasado, flipabas suspendiendo el tiempo, y ya no contaba el espacio. Fue perfecto. El teléfono en mi bolsillo había vibrado pero no había hecho caso. Salimos a las 11 en una tromba de aplausos… Por el camino a casa no hacía más que preguntarme “¿Y ahora cómo se lo cuento?” porque una de las cosas que más fastidian es el “ya te lo decía yo” o el consabido “lo que te has perdido, fue la mejor corrida, el mejor concierto, la mejor comida etc.” cuando tú no has ido.

Me dije: “Se acabó. Ya no van a pasar demasiados trenes, ni barcos ni oportunidades. Actuaré en conciencia y sin tratar de convencer a nadie de nada, ni empeñarme en ir a sacar entradas, hacer reservas o conseguir los vuelos necesarios. Se acabó. Si algo me interesa realmente, puedo participarlo, pero no vacilar e irme por mi cuenta, si no se animan”. Entre mis amigos ya es conocida esta frase “Y ahora, ¿qué he hecho?” porque la verdad es que casi siempre he conseguido “racionalizar” para conseguir lo que quería, poniendo los medios, eso sí, pero arriesgándome a actuar diferente. El problema se venía planteando en estos últimos tiempos, desde que se me iba cayendo encima la entrada en la jubilatería. No sé si me habré explicado, pero algunos me comprenderán. Porque lo más j… del caso es que, cuando viene mi mujer o alguno de la familia y me cuenta lo bien que lo pasaron, en tal o cual sitio, yo me alegro de verdad. Pero cuando me sucede a mí, tengo la sensación de que lo estoy robando a los demás. Luego me dicen “Claro, es que a ti te sucede cada cosa, encuentras a tipos formidables, situaciones que los demás no vemos… claro, con esa imaginación…” ¡Toma ya! Se olvidan de los sapos que uno tiene que tragar cuando se atreve a saber. Una amiga muy querida que trabaja conmigo desde hace 20 años, y no se ha muerto, a veces me escribe en la Agenda "Quedar contigo mismo".

Sobre este blog

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Jubilatería: Bitácora de un jubilata

Soy Profesor Emérito de la UCM. Temas: Derechos Humanos, Infancia, Mujer, Medio ambiente, Desigualdad, Exclusión, Migraciones, Globalización, Salud, Educación, Pobreza, Nuevas tecnologías, Política Internacional, Creencias y Personas mayores... desde que he entrado en la Jubilatería. En esta Bitácora de un jubilata quiero denunciar estos nuevos mitos de la "edad dorada", la "tercera edad", los "senniors"... cuando educamos a los niños para ser adultos pero nadie nos ha educado para ser viejos. Con Philip Roth pienso que la vejez es una "faena". Claro que, bien llevada, es preferible a morirse. Voy a intentar, relativizar lo relativo, bajar a los dioses de sus cielos, no absolutizar nada, aprovechar lo aprovechable, alertar a los más jóvenes para que se aprovechen ya que, de pronto, todo empieza a fallar. Hay que encontrar el ritmo adecuado para poder responder a ese niño que se despierta en un cuerpo viejo y usado preguntando ¿qué ha pasado? Hay una edad en la que la heterodoxia es preferible a la ortodoxia, o a dogmatismo alguno. Sin cinismo ni resentimiento, sin acritud ni ira y sin sarcasmo ni vulgaridad alguna.

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