29 Oct 2013

La vejez nos hace invisibles

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 29 Oct 2013 - URL Permanente

“Ya no sé en qué fecha estamos. En casa no hay calendarios y en mi memoria los hechos se enmarañan. Me acuerdo de aquellos calendarios grandes, ilustrados con imágenes de los santos, que colgábamos al lado del tocador. Todas las cosas antiguas han ido desapareciendo. Y yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.
Primero, me cambiaron de alcoba, pues la familia creció. Después, me pasaron a otra más pequeña aún, acompañada de mis nietas. Ahora ocupo el desván. Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvidó.
Desde hace tiempo tenia intención de escribir, pero me pasaba semanas buscando un lápiz. Y cuando al fin lo encontraba, volvía a olvidar donde lo había puesto. A mis años las cosas se pierden fácilmente: claro, no es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque estoy segura de tenerlas, pero siempre desaparecen.
La otra tarde caí en la cuenta de que mi voz también ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos, no me contestan. Todos hablan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando lo que dicen. A veces trato de intervenir en la conversación, segura de que voy a decirles algo interesante. Pero no me oyen, no me miran, no me responden. Entonces, llena de tristeza me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar mi taza de café. Lo hago así para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta de que me siento ofendida y para que vengan a buscarme. Pero nadie viene.
El otro día les dije que, cuando me muera, me iban a extrañar. Mi nieto más pequeño dijo “¿Estás viva, abuela?” Les hizo tanta gracia, que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto.
Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible, me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, me miran, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme, los niños corren alrededor, sin tropezarse conmigo.
Cuando mi yerno enfermó, le llevé un té que yo misma preparé. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara, sólo que estaba viendo televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té se fue enfriando, y mi corazón con él.
Un día se alborotaron los niños, y me vinieron a decir que al día siguiente iríamos a pasar el día al campo. Me puse muy contenta. ¡Hacia tanto tiempo que no salía y menos al campo!
El sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar las cosas con calma. Los viejos tardamos mucho en hacer cualquier cosa, así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos. Al rato, entraban y salían de la casa corriendo y echaban las bolsas al coche.
Yo ya estaba lista y muy alegre, me paré en el porche a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en bullicio, comprendí que no contaban conmigo, tal vez porque no cabía en el auto. O porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a su gusto por el bosque. Sentí clarito cómo mi corazón se encogía y la barbilla me temblaba, como cuando uno se aguanta las ganas de llorar.
Yo los entiendo, ellos sí que hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Y yo ya no recuerdo a qué saben los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, me encantaba tenerlos en mis brazos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantarles canciones que creía haber olvidado.
Pero, un día, mi nieta, que acababa de tener un bebé, dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud. Desde entonces ya no me acerqué más a ellos, no fuera que les pasara algo malo por mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contagiarlos!
Yo los bendigo a todos y les perdono, porque ¿Qué culpa tiene los pobres de que yo me haya vuelto invisible?”
Parecerá exagerado. A veces, la realidad es más cruda, por eso conviene mantenerse alerta.

José Carlos Gª Fajardo

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22 Ago 2012

VIVIENDA COMPARTIDA entre PERSONAS MAYORES y ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 22 Ago 2012 - URL Permanente

Paliar la soledad y el aislamiento de las personas mayores. Fomentar las relaciones intergeneracionales entre jóvenes estudiantes y personas mayores que viven solas. Favorecer la permanencia de las personas mayores en su propio domicilio de forma autónoma y saludable. Ofrecer a los familiares de la persona mayor la tranquilidad de contar con una persona de referencia en el domicilio del mayor.

Proyecto: En Madrid hay unos 140.000 mayores que se encuentran solos. En muchos casos no se trata de una soledad elegida ni asumida, sino impuesta por circunstancias familiares o de salud. Esto perjudica su estado de ánimo y su actitud frente a la vida, lo que impide gozar de un envejecimiento saludable, un desarrollo personal y una vejez activa, permaneciendo en su vivienda y en su entorno social y afectivo.
En Madrid hay numerosos estudiantes universitarios del resto de España o de Latinoamérica que necesitan una vivienda mientras desarrollan sus estudios. Se trata de paliar la soledad y el aislamiento de las personas mayores a través de una iniciativa intergeneracional y solidaria basada en la convivencia de personas mayores en situación de soledad y estudiantes de Universidades Públicas.
La convivencia se basa en tres pilares:
- Solidaridad: En ningún caso se concibe como un programa de "alojamiento gratuito", sino que implica convivencia y aporte humano a los participantes.
- Intergeneracional: el programa promueve el enriquecimiento y aprendizaje mutuo a partir del encuentro de personas de generaciones distintas.
- Intercultural: el hecho de ser el estudiante y la persona mayor de provincias o países diferentes, aporta al encuentro y a la convivencia una dimensión de enriquecimiento cultural muy valioso. Es una solución innovadora. Fomenta las relaciones intergeneracionales; supone una descarga en determinadas situaciones de lejanía y dificultad de conciliar vida laboral y familiar; como acción voluntaria y solidaria, mejora al mayor, al joven y al entorno social; recupera la corresponsabilidad e implicación social en la resolución de nuestros problemas y en el cuidado de nuestros mayores; favorece la permanencia del mayor en domicilio sin necesidad de recurrir a una residencia; facilita los estudios en Madrid a personas extranjeras o de provincias con escasos recursos. Teniendo como aliados a las universidades y a los servicios sociales del Ayto. de Madrid, detectaremos personas mayores en situación de soledad y a estudiantes universitarios interesados.
Tras un riguroso proceso de selección y entrevistas personalizadas, "casaremos a las parejas de persona mayor y estudiante", para que compartan la vivienda, ofrezcan compañía mutua, atención y seguridad.
El servicio es estrictamente gratuito para ambas partes, adoptando acuerdos personalizados cuando sea necesario para que el estudiante apoye en los gastos corrientes de la vivienda: teléfono, gas, agua, electricidad. Se hará una evaluación y seguimiento continuo por parte del responsable de cada una de las parejas de convivencia para atender las incidencias que puedan surgir y solucionarlas de común acuerdo. La adquisición de estrategias de comunicación y resolución de problemas especialmente diseñadas para el trato con personas mayores resulta ser un factor que mejora significativamente la convivencia. Por lo cual, está previsto una formación específica con los estudiantes.
El proyecto pretende favorecer a 100 personas mayores y 100 estudiantes durante 18 meses, con vocación de continuidad. Solidarios para el Desarrollo es una asociación de voluntariado social, declarada de Utilidad Pública, con 25 años de experiencia en atención a personas mayores. (Esto podría servir de ejemplo para otras ciudades y países. En Solidarios llevamos trabajando en este campo desde hace dos décadas. Podsemos aportar experiencia contrastada).

Con un click podemos conseguir que 100 personas mayores que viven solas en Madrid reciban el apoyo y compañía permanente de 100 estudiantes de universidades madrileñas, a través del programa de Solidarios “Convive con mayores”.

Es muy sencillo:
1) Ir al enlace del proyecto:
http://www.hondatuproyectonuestroproyecto.com/sumate_detalle.php?id=182
2) Rellenar el formulario con nombre, apellidos y correo electrónico
3) Validar el voto con el click en el enlace que recibirás en tu correo electrónico

No cuesta nada compartir el enlace en Facebook y en Twitter. Por favor, os pedimos que lo reenviéis a familiares y amigos.

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13 Ene 2012

Envejecimiento activo: Aprender a atrevernos

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 13 Ene 2012 - URL Permanente

Afirmaba Jacques Delors, en 1991, que los grandes ejes de la educación para el siglo XXI eran “aprender a conocer, a ser y a vivir y, al mismo tiempo, aprender a atrevernos”. Porque si sabemos y no nos atrevemos a emprender, seremos como un sombrero lleno de lluvia, o como agua en un cesto.

Nos tienen de espectadores más que como ciudadanos que participan y se atreven a pensar, a dudar, a disentir y a emprender comprometiéndose. Pero a las personas mayores, si no nos espabilamos, ni contarán con nosotros. De ahí la urgencia de repensarnos para atrevernos a ser nosotros mismos y llenar de sentido este tramo de nuestra personal existencia.

No podemos resolver los problemas de hoy con los medios del pasado. Ya escribió McLuhan, “conducimos con el pie en el acelerador pero con la vista fija en el retrovisor”. Es preciso aprovechar las nuevas tecnologías en la revolución de las comunicaciones. Nuestros hijos y nietos las dominan y ya no comprenden a voceros y a plumíferos que hablan con engolamiento y escriben con tinta china y pluma de manguillero.

No es posible afirmar los principios democráticos de justicia, solidaridad y libertad sin arrimar el hombro y compartir: partir con los demás en sinergia viva y eficaz. No había dinero en el 2000 para conseguir los Objetivos del Milenio, “reducir a la mitad las personas pobres y hambrientas”, pero todo lo que se necesita al año para el Fondo Mundial para la Alimentación se gasta en 15 días en gastos militares.

En ese año se empleaban, cada día, 3.000 millones de dólares en gastos militares y la cifra no ha hecho más que crecer. No había 40.000 millones de dólares para remediar el hambre pero, después del 11 de septiembre, se despilfarraron miles de millones para invadir, destrozar y explotar Irak y Afganistán.

Ya sabemos que no son los dirigentes políticos quienes gobiernan los estados sino los poderes financieros quienes se sirven de ellos como de administradores para imponer 'el destino' a los pueblos.

Si la educación consiste en poder dirigir la propia vida para ser capaces de afrontar las situaciones que plantea la vida, antes es preciso conocer esta realidad en profundidad y no en las versiones distorsionadas con la que nos golpean los medios, la publicidad y la rutina de las cosas repetidas.

Lo que tenemos que hacer es inventar el porvenir. Como recordaba Mayor Zaragoza, con palabras de Obama en El Cairo: “para una mejor distribución de la riqueza, en lugar de una época de cambios, queremos un cambio de época”.

J. C. Gª Fajardo

fajardoccs@solidarios.org.es

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23 Nov 2011

De abuelos marginados, a canguros necesitados

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 23 Nov 2011 - URL Permanente

En familias donde los recursos económicos son escasos (y no hay posibilidad de contratar canguros o guarderías) los padres delegan excesivamente en los abuelos y abuelas que afirman sentirse "angustiados" y "utilizados". En este sentido, los abuelos y abuelas españoles se sienten divididos entre el disfrute que les produce poder pasar tiempo con sus nietos y el agobio que supone una excesiva responsabilidad en su cuidado y educación.

Esta es una de las principales conclusiones de la investigación sociológica 'Abuelos y abuelas? para todo. Percepciones en torno a la educación y el cuidado de los nietos', realizada por la FAD y Obra Social Caja Madrid.

La investigación pone de manifiesto que los abuelos españoles se han convertido en el "colchón protector" de muchas deficiencias sociales, sobre todo, para familias de clase media/baja que no tienen posibilidad de acceso a recursos de apoyo para el cuidado de los más pequeños (canguros o guarderías, fundamentalmente).

Además, esta situación hace que tengan que abandonar su pretensión de "malcriar" para ser auténticos educadores, lo que significa asumir una nueva responsabilidad que supone arriesgarse a un enfrentamiento con los criterios de sus hijos (tener que educar cuando realmente no se tiene la autonomía de criterio para hacerlo).

El estudio señala que la situación "más extrema" la encontramos en las familias que se ven obligadas a dejar su hogar y volver a casa de los abuelos, como consecuencia de algunas situaciones de paro prolongado y/o divorcios o separaciones.

En estos casos, continúa la investigación, los abuelos y abuelas, "conscientes de que sus hijos viven una situación especialmente complicada", brindan su tiempo y también sus recursos económicos de forma voluntaria porque, al mismo tiempo, lo disfrutan. Sin embargo, el discurso mayoritario muestra claramente una demanda "firme" por su parte, que es la necesidad de imponer límites que racionalicen la obligación de manera "clara".

Según indica el estudio, "están dispuestos a aceptar su participación como cuidadores de los nietos sólo en las situaciones en que verdaderamente sea necesario, cuando el padre y la madre tienen auténticas responsabilidades (laborales, principalmente), no para que éstos puedan disfrutar de su tiempo libre a costa del de los abuelos".

En este sentido, "cuando estos límites no se respetan", existe una queja generalizada de los mayores que afirman sentirse "utilizados", "angustiados" ante la responsabilidad educativa. Incluso llegan a afirmar que "cuidaron de sus hijos, ahora cuidan de sus nietos y dudan mucho de que alguien vaya a ocuparse el día de mañana de cuidarles a ellos".

Por último, mientras que en las familias más acomodadas es "frecuente" la queja de los abuelos por no poder ver a sus nietos tanto como desearían, en familias con recursos más escasos es "mayoritario" el sentir que son "esclavos de sus responsabilidades" o que "tienen la vida hipotecada".

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29 Jul 2011

Comencemos por lo más cercano

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 29 Jul 2011 - URL Permanente

Antes de una década, la Unión Europea tendrá 50 millones de personas mayores de 65 años. Estas personas son las que más visitas hacen a la Seguridad Social y las que toman más medicamentos, aparte de pasar más tiempo en sus casas durante los meses del crudo invierno. Se incrementan el consumo de calefacción, las afecciones respiratorias y reumáticas, la depresión, la soledad y la sensación que tienen estas personas de ya no ser necesarias.

Hasta los países europeos del Mediterráneo conocen esas cifras de jubilados por su edad o por las políticas laborales de las empresas que antes se producían en los países más ricos de Europa.

Los responsables políticos deben abordar el tiempo libre en aumento para esos ciudadanos. Nuestras sociedades no estaban preparadas para responder a esas demandas y se agotan las medidas de vacaciones subvencionadas y de actividades culturales para ese ocio impuesto que a muchos les resulta una carga insufrible.

No es casualidad que los médicos detecten un aumento de enfermos en sus consultas que han somatizado su soledad y su sensación de impotencia. Los consultorios se llenan de personas mayores que anhelan hablar y ser escuchadas.

La nueva configuración de las familias no cuenta con los abuelos en los nuevos hogares. Éstos están cada día más compuestos por una pareja con uno o dos hijos y que habitan viviendas maltusianas, llenos de hipotecas y de obligaciones para atender a las necesidades que el consumismo les ha creado.

Ante el desbordamiento de las estructuras sanitarias y la amenaza de no poder hacer frente a las pensiones que no crecen al ritmo del coste de la vida, podríamos reflexionar:

En España, Grecia, sur de Italia y sur de Portugal, el pasado desarrollo económico vino precedido por las remesas de divisas que los emigrantes enviaban desde el norte. A medida que el nivel de vida de estos países se acercaba a los del resto de la Unión Europea , los emigrantes fueron regresando a sus lugares de origen aportando saberes, costumbres, técnicas y capacidades imprescindibles para la formidable industria del turismo que se apoyó en el clima del Mediterráneo.

Los hijos de esos emigrantes hablaban otras lenguas, vivieron otras costumbres y habían aprendido a respetar otras formas de convivencia.

La ayuda que la Unión Europea prestó a estos países mejoró sus carreteras, ferrocarriles y aeropuertos, así como las comunicaciones telefónicas, atención médica, facilidades bancarias y las instalaciones de playas y de recreo.

Hasta entonces se creía que el ocio era patrimonio de los más pudientes. La experiencia demostró que no era así y cientos de miles de pensionistas empezaron a viajar a las islas Baleares, Canarias, Costa del sol y otros lugares similares de Italia, Portugal y Grecia.

¿Cuál era la riqueza fundamental que aportaban estos países en vías de desarrollo? El sol, el clima, el agua, los paisajes y el carácter abierto y acogedor de sus ciudadanos.

¿Por qué no se transforma el norte de África en instalaciones hoteleras de acogida para esos millones de jubilados europeos que podrían pasar casi la mitad del año disfrutando de ese clima y de sus posibilidades?

Las visitas a los centros médicos y el consumo de medicamentos se reducirían. El uso de carburantes para calefacciones, así como la contaminación, también descendería. El estado anímico de millones de personas mejoraría al tiempo que se beneficiarían del aumento de la capacidad adquisitiva con las mismas pensiones.

Cualquiera que haya viajado por Marruecos, Túnez, Libia y Argelia puede comprobar la mejora de sus instalaciones hoteleras, culturales y de ocio en general.

Como sucedió en el sur de la Unión Europea , cientos de miles de puestos de trabajo serían creados en esos países para sus ciudadanos. Harían en su tierra lo mismo que están haciendo en tierra ajena proporcionando un lugar al sol para esas personas mayores que ven con temor la llegada del otoño y del invierno.

En pleno debate sobre otra sociedad más justa y solidaria podríamos comenzar por lo más cercano. Sería posible organizarse entre los países de la Unión Europea y los del norte de África para desarrollar conjuntamente otro tipo de instalaciones y potenciar esa riqueza que alienta en las tierras y en las poblaciones de nuestros vecinos de la otra orilla del Mediterráneo.

José Carlos García Fajardo

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20 May 2011

Primavera social en España

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 20 May 2011 - URL Permanente

Miles de personas se congregaron en una manifestación convocada por “Democracia real, ya”, movimiento que se ha ido transformando por el aporte de miles de ciudadanos indignados.

Éramos unas decenas de miles, camino de la Puerta del Sol. Lo que nos unía era la reacción contra los graves problemas que ha traído la desastrosa gestión de una globalización, que está aquí por las nuevas tecnologías y la revolución de las comunicaciones.

Pertenecíamos a los más variados estratos de la sociedad: jóvenes, medianos y mayores; profesionales, empleados y autónomos; hombres y mujeres, algunas llevando niños; universitarios, obreros, trabajadores y algunos académicos. De los más diversos medios sociales, unos en paro, otros con trabajos precarios y muchos sin acceso a una vivienda digna o expulsados de sus casas por los bancos e hipotecas con cláusulas leoninas que les habían camuflado.

Pero todos movidos por la pasión por la justicia social, por la libertad ciudadana, por los derechos fundamentales garantizados en la Constitución, y por un Estado de Bienestar Social que, por primera vez en la historia, habíamos conseguido. Veíamos amenazados sus cuatro pilares: educación universal obligatoria y gratuita; seguridad social para todos los ciudadanos; derecho a unas pensiones dignas para jubilados y personas mayores. La Aplicación de Ley de Dependencia a las personas discapacitadas, que en muchas Comunidades autónomas se habían negado a poner en práctica.

Cinco millones de personas están en paro, familias enteras no perciben salario alguno; se cedió a las inicuas presiones del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y del Central de la UE; un gobierno socialista se arrugó antes las exigencias de recortes salariales, congelación de pensiones, supresión del impuesto de transmisiones, fraude fiscal, sociedades financieras de inadmisibles privilegios fiscales, burbuja inmobiliaria que no pagaron sus responsables. Cajas de Ahorro, Bancos e Instituciones financieras han sido “rescatadas” por el Estado con el dinero de todos los ciudadanos; extravagantes misiones militares en otros países y en otros mares con desorbitados gastos…

Todo esto colmó de indignación a los ciudadanos más afectados y reaccionamos poniéndonos en marcha para reclamar los derechos fundamentales y el respeto a la dignidad ultrajada.

Una reacción general, no antisistema, sino contra esta forma de sistema político envilecido por la corrupción, la descalificación y el escándalo entre los políticos, incapaces de aportar propuestas alternativas viables.

Y por un desencanto general que nos ha llevado a una reacción firme, organizada y pacífica que se extiende por todos los medios a otras ciudades, estamentos, españoles en el extranjero y personas afectadas por este estado de cosas que amenaza con llevarnos al caos.

Admiramos la primavera árabe, aunque las circunstancias sociopolíticas y económicas no son las mismas. Es un viento de libertad y de justicia social que recorre un mundo interrelacionado.

No queríamos el trato padecido por Grecia, Irlanda, Portugal y que amenaza a otros miembros de la U E. Admiramos el talante y la decisión de los islandeses.

Resonaba en nuestras almas el derecho a la resistencia ante el tirano. Aunque este no llevase coronas ni mitras ni atributos feudales. Sabemos quienes son los tiranos de nuestros días, por difuminados que sean sus contornos y por la suplantación de las ciudadanías por organismos de presión, lobbies sin alma y por la obscenidad e impudicia de sus representantes.

Cuando un pueblo padece la opresión de los poderes de los “mercados”, tiene derecho a alzarse contra el tirano. Este derecho se convierte en deber cuando padecen los más débiles, los ancianos, los niños, la juventud, las familias en sus variadas manifestaciones y no se respetan las libertades de conciencia, de reunión, de expresión y de elección.

La historia demuestra que la fuerza puede llegar a ser justa cuando es necesaria. La manifestación pacífica no puede comprender la colaboración, ni siquiera pasiva, con el opresor. Hay momentos en la historia en los que no alzarse contra el opresor nos convierte en sus cómplices.

Para no padecer la vergüenza de que nuestros nietos nos pregunten cómo, habiendo podido tanto, nos atrevimos a tan poco.

El movimiento del 15-M se extiende sin cesar. Aquellas decenas de miles hoy se cuentan por centenares de miles y la participación a través de las redes por millones de personas que ya nunca podrán alegar que no sabían lo que está sucediendo.

Respetamos el Estado de Derecho, las leyes establecidas, las consultas electorales. No hemos permitido ser manipulados por ningún partido o facción política, ideología o fanatismo. Respetamos a las Juntas Electorales, pero les recordamos que estas movilizaciones nada tienen que ver con unas elecciones municipales ni con el ejercicio del derecho al voto, al que animamos con nuestra conciencia ciudadana.

Pero nuestro vuelo es más profundo, más amplio y de envergadura inmensa.

José Carlos Gª Fajardo

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13 May 2011

A un olmo viejo

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 13 May 2011 - URL Permanente

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

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04 Mar 2011

Confesiones de un voluntario

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 04 Mar 2011 - URL Permanente

Llegué como voluntario al Teléfono de la Esperanza hace ya 25 años. Era profesor de Filosofía en un Instituto de Madrid y en mis clases siempre trataba de trasmitir a los jóvenes mis convicciones acerca de la dignidad de los seres humanos y de la necesidad de despertar en nosotros actitudes de solidaridad. Especialmente con los más necesitados, con los que se pudieran sentirse más abatidos y más solos. A través de un amigo entré en contacto con el Teléfono de la Esperanza y creí que ese podía ser un buen lugar para pasar de la reflexión teórica, lo que yo ya venía haciendo con mis alumnos, al compromiso práctico en una actividad de solidaridad que se ajustaba a mi formación humanística, mis conocimientos de psicología, a mi experiencia y creía, modestamente, que también a mis capacidades.

A lo largo de todos estos años me he sentido sobradamente compensado de mi discreta contribución con esta, para mí, muy querida institución, por todo lo que me han enseñado tantísimas buenas gentes que han depositado en mí su confianza. Primero como orientador al teléfono y luego como terapeuta familiar.

Siempre sentí el peso de la responsabilidad cuando al otro lado del hilo telefónico percibía la voz de un desconocido que me hacía depositario de sus angustias, de sus miedos, de sus soledades, de sus experiencias de fracaso… Buenas gentes a quienes nunca pude ponerles rostro pero que acudían a nosotros, en este caso a mí, voz del Teléfono de la Esperanza en ese momento, con la confianza de hallar un modesto bote salvavidas que les permitiera mantenerse a flote en medio de las tempestades por las que se sentían zarandeados.

Sigo sintiendo el peso de una responsabilidad abrumadora cada vez que me pongo delante de una pareja o de una familia que llega a mi despacho en busca de ayuda que le permita hallar una salida al complejo laberinto de relaciones disfuncionales en el que se sienten atrapados.

Siempre he creído que la responsabilidad de quienes nos adentramos por el universo de las emociones de nuestros semejantes, quienes intentamos sanar las heridas de sus almas y tenemos acceso a los vericuetos de sus corazones, no tenemos un oficio más liviano ni una tarea menos comprometida que quienes se afanan por curar las dolencias del cuerpo…

Y me siento discretamente satisfecho... He descubierto que los placeres humanos están jerarquizados, que se equivocan quienes llegan a creer que lo material es la principal fuente de felicidad y que nada es comparable a la satisfacción que experimenta un hombre o una mujer cuando ejerce la solidaridad con sus semejantes, cuando contribuye a paliar un sufrimiento, cuando logra despertar una sonrisa o hacer brotar una esperanza. Yo sé que, a veces, lo he conseguido, que algunas de las personas que entraron en contacto conmigo encontraron vías de solución de sus problemas, que otras descubrieron, a mi lado, modelos de relación más sanos y más funcionales, que hubo parejas que, tras años de desencuentros, volvieron a redescubrirse… Eso me hace feliz. Pero sobre todo me siento contento porque este trabajo me ha humanizado, me ha estimulado a trabajar cada día para ser mejor persona y para estar atento y no errar más de lo razonable en las relaciones con mi mujer y con mis hijos. De ellos he recibido a lo largo de todos estos años comprensión y estímulo. Han vivido mis experiencias como propias y han compartido mi propósito de tender una mano a quienes a lo largo de los años han mantenido contacto terapéutico conmigo. A mi mujer, particularmente, le agradezco su comprensión, su tolerancia y su generosidad por no reprocharme nunca las horas que, sustrayéndoselas a ella, he dedicado a los demás. Ella, se puede decir, también ha sido voluntaria… Seguro de su apoyo, me propongo seguir en la brecha tratando de poner mi granito de arena para que las gentes que se acerquen a nosotros se sientan acogidas, comprendidas y respetadas, y encuentren así alguna clave que les permita madurar como personas y ser, en definitiva, más felices.

José María Jiménez

Catedrático de Filosofía

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‘La tristeza del mar cabe en un vaso de agua'

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 04 Mar 2011 - URL Permanente

Los hombres tristes,
que tienen en sus ojos un café de provincias,
que no saben mentir como quien dice,
que se esconden detrás de los periódicos,
que se quedan sentados en su silla
cuando la fiesta baila,
que gastan por zapatos una tarde de lluvia,
que saludan con miedo,
que de pronto una noche se deshacen,
que cantan perseguidos por la risa,
que abrazan, que importunan hasta quedarse solos,
que retornan después a su tristeza
igual que a su pañuelo y a su vaso de agua,
que ven cómo se alejan las novias y los barcos,
esos hombres manchados por las últimas horas
de la ocasión perdida,
se parecen a mí.

"Un invierno propio", Luis Gª Montero

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27 Ene 2011

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 27 Ene 2011 - URL Permanente


Amigos este es mi último libro. Abordo los temas que suelo tratar en mi blog, en facebook y en mis charlas y cursos. Podéis bajároslo e imprimir lo que queráis. Ya sabéis que cualquier beneficio que pueda producir su venta (bien poco, pero es algo) está destinado a un proyecto cibersolidario que llevo en la mente y en el corazón. Por favor, pasádselo a vuestros amigos y conocidos.
Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. Piedra a piedra, arena a arena, se construye el camino que hemos emprendido por un mundo mejor, más justo, más libre y solidario. Un mundo en el que cada uno podamos ser uno mismo. Estos, ejercer el derecho a la búsqueda de la felicidad.

ECSA :: Libro seleccionado :: Editorial Complutense

www.ucm.es
Bastan setecientas palabras para denunciar desigualdades injustas y hacer propuestas alternativas desde los medios de comunicación. Esto es lo que hace el periodista y profesor, José Carlos García Fajardo, desde el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS). 700 palabras ofrece los apartados y capítulos que contiene.

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