21 Dic 2012

Necesito tu ayuda. No envies dinero.

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 21 Dic 2012 - URL Permanente

Amigos:
Diez toneladas de alimentos básicos.
Juntos podemos. Movámonos.
He repasado la lista de mis familiares, de mis antiguos alumnos en FCI, de los compañeros en la ONG, de los participantes en los viajes a Marruecos y a todos los países de América, de los participantes en el Taller de Periodismo solidario durante los últimos 14 años en la UCM, de personas que han trabajado como voluntarios y/o son socios en la ONG y de otros muchos que han participado en cursos, seminarios, talleres y masters, de los casi 4.000 que han pedido ser amigos en mi muro de FaceBook… Me salen las cuentas.
No necesitamos dinero. Sino que vayas al más cercano supermercado de mejor precio y compres:
1 kilo de harina, de lentejas, de arroz, de garbanzos, de alubias o frijoles, de pasta, de azúcar, de aceite girasol y de patatas... o manzanas. Hasta 10 Euros.
Llevas esa bolsa al centro más próximo de Cruz Roja o Caritas u otra institución que te merezca confianza, y lo entregas.
Necesito que te muevas y que vayas con algún hijo o nieto.
Luego sólo me gustaría de que enviaras un email: “Hecho, profesor”, sin nombre ni nada. Me basta…para mantener mi confianza en la humanidad y para seguir luchando… hasta un viejo como yo necesita algo de aliento. No envíes dinero, no compres 10 kgs. de un producto. Hazme caso.
Con esa bolsa, un ama de casa puede mantener con dignidad a su familia durante siete días. Si supieras lo que están pasando... con la pobre pensión del abuelo.
Comencemos por aquí. Es sólo un paso. Démoslo.

Si en algo he podido servirte alguna vez en mi vida. Hazlo y pásalo a tus amigos más ciertos.
Prof. Gª Fajardo

(Estés donde estés, siempre habrá alguien más necesitado. Muévete)

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19 Ago 2011

Sin tí no soy nada

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 19 Ago 2011 - URL Permanente

"Sin ti no soy nada". " Sin ti niña mala, / Sin ti niña triste / Que abraza su almohada / Tirada en la cama". "Mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada". Es decir que, según la canción de Amaral, una vez perdido el amor concreto, desparecida la persona amada, uno se convierte en una completa nulidad.

Las canciones son un buen diapasón de nuestra sociedad. Esta revela la absoluta preeminencia que los hombres y mujeres de hoy dan a tener junto a sí a una pareja, alguien con quien compartir la vida. Por otra parte una necesidad muy natural, que anida en el corazón humano y tan consustancial con él, que sin ella no habría perpetuación de la especie.

Pero esta letra no solo revela sentimientos propios de una canción de amor. Amores hay muchos: de heterobenevolencia (quiere el bien del otro) y autobenevolencia (el bien propio), el famoso ágape frente a eros. Los especialistas aseguran que incluso el amor más generoso tiene implícito algo de autobenevolente, pues al querer a otro siempre adquieres algo bueno para ti, en cuanto que creces y te desarrollas como persona.

Sin embargo la canción revela una actitud que hoy damos como buena pero que en realidad es enfermiza: la negación de la propia personalidad en la relación amorosa, la absoluta dependencia del otro. Algo así: "Si tú te esfumas, desapareces de mi vida, yo quedo anulado/a".

Las consecuencias son preocupantes: Abrazada a la almohada, tirada en la cama, el cuerpo y el alma no sirven de nada. Es decir depre, absurdo, sin sentido.

¿Qué concepto del amor gravita detrás? No es posible vivir sin espejo porque yo estoy incompleto cuando nadie me devuelve amor. Parece lógico, pero oculta un concepto falso, la idea de que el amor "viene de fuera". Y en realidad nada viene de fuera, ni la alegría, ni el dolor, ni siquiera los famosos "problemas de la vida". Lo que fuera ocurre se limita a suscitar, despertar o motivar algo que llevamos dentro. Si no tuviéramos amor, felicidad, plenitud dentro, nunca los sentiríamos como tales.

Por tanto el proceso de madurez pasa por descubrir que yo soy amor en plenitud independientemente de que me lo devuelvan o no. Desde esta certeza vivenciada, las relaciones serán más sanas y maduras, porque yo no iré buscando en la otra persona ansiosamente ese pedazo que me falta y me angustiaré si no lo recibo, sino que acudiré a dar, porque ya soy todo amor. Y tal forma de relación no impide la reprocidad, sino que la potencia.

Claro que en una sociedad comercializada de "toma y daca" esto no se entiende. Si no me das el placer, el cariño, el servicio, etc. que busco en ti, te desecho como un envase vacío. Y por eso los amores duran menos que un telediario. Con esto no pretendo definir el amor con un absoluto sacrificio, pero sí como el encuentro de dos entregas, que lejos de "chuparse la sangre" y mirarse obsesivamente en busca de respuesta, ambos se esfuerzan en mirar en una misma dirección (Saint -Exupéry).

En un mundo de solitarios, como el nuestro, de gentes perdidas en el bosque de la tecnópolis, el único salvavidas es crecer por dentro. De eso va el número que el lector tiene en sus manos. Rainer María Rilke le advierte al joven poeta en sus famosas cartas que a su edad no puede saber amar, tiene que aprenderlo desde la soledad, "vida a solas, crecida, ahondada". El verdadero amor, como dice Salinas, consigue "sacar de ti, tu mejor tú / ese que no te viste y que yo veo / nadador por tu fondo preciosísimo. / Y que a mi amor entonces, te conteste / la nueva criatura que tú eres". Todo un desafío para un mundo centrado en el egoísmo y teledirigido a un mercantilista placer instantáneo.

Pedro Miguel Lamet, S.J. periodista y escritor

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16 Ago 2011

El "complejo de Dios" de la modernidad

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 16 Ago 2011 - URL Permanente

La crisis actual no es solo una crisis de escasez creciente de recursos y de servicios naturales. Es fundamentalmente la crisis de un tipo de civilización que ha colocado al ser humano como «señor y dueño» de la naturaleza (Descartes). Ésta, para él, no tiene espíritu ni propósito y por eso puede hacer lo que quiera con ella. Según el fundador del paradigma moderno de la tecnociencia, Francis Bacon, el ser humano debe torturarla hasta que nos entregue todos sus secretos. De esta actitud se ha derivado una relación de agresión y de verdadera guerra contra la naturaleza salvaje que debía ser dominada y «civilizada». Surgió así también la proyección arrogante del ser humano como el «Dios» que domina y organiza todo. Debemos reconocer que el cristianismo ayudó a legitimar y a reforzar esta comprensión. El Génesis dice claramente: «llenad la Tierra y sujetadla y dominad sobre todo lo que vive y se mueve sobre ella» (1,28). Después se afirma que el ser humano fue hecho «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26). El sentido bíblico de esta expresión es que el ser humano es lugarteniente de Dios, y como Éste es el señor del universo, el ser humano es el señor de la Tierra. Él goza de una dignidad que es solo suya: la de estar por encima de los demás seres. De aquí se generó el antropocentrismo, una de las causas de la crisis ecológica. Finalmente, el monoteísmo estricto suprimió el carácter sagrado de todas las cosas y lo concentró sólo en Dios. El mundo, al no poseer nada de sagrado, no necesita ser respetado. Podemos modelarlo a nuestro gusto. La moderna civilización de la tecnociencia ha ocupado todos los espacios con sus aparatos y ha podido penetrar en el corazón de la materia, de la vida y del universo. Todo venía envuelto con el aura del «progreso», una especie de recuperación del paraíso, en otro tiempo perdido, pero ahora reconstruido y ofrecido a todos. Esta visión gloriosa empezó a derrumbarse en el siglo XX con las dos guerras mundiales y otras coloniales que produjeron doscientos millones de víctimas. Cuando se perpetró el mayor acto terrorista de la historia, las bombas atómicas lanzadas sobre Japón por el ejército estadounidense, que mataron a miles de personas y destruyeron la naturaleza, la humanidad se llevó un susto del cual no se ha repuesto hasta hoy. Con las armas atómicas, biológicas y químicas construidas después, nos hemos dado cuenta de que no necesitamos a Dios para hacer realidad el Apocalipsis. No somos Dios y querer serlo nos lleva a la locura. La idea del hombre queriendo ser «Dios» se ha transformado en una pesadilla. Pero él se esconde todavía detrás del «tina» (there is no alternative) neoliberal: «no hay alternativa, este mundo es definitivo». Ridículo. Démonos cuenta de que «el saber como poder» (Bacon) cuando se realiza sin conciencia y sin límites puede autodestruirnos. ¿Qué poder tenemos sobre la naturaleza? ¿Quién domina un tsunami? ¿Quién controla el volcán chileno Puyehe? ¿Quién frena la furia de las inundaciones en las ciudades serranas de Río? ¿Quién impide el efecto letal de las partículas atómicas de uranio, de cesio y de otros elementos, liberadas por las catástrofes de Chernobyl y de Fukushima? Como dijo Heidegger en su última entrevista a Der Spiegel: «sólo un Dios podrá salvarnos». Tenemos que aceptarnos como simples criaturas junto con todas las demás de la comunidad de vida. Tenemos el mismo origen común: el polvo de la Tierra. No somos la corona de la creación, sino un eslabón de la corriente de la vida, con una diferencia, la de ser conscientes y con la misión de «guardar y cuidar el jardín del Edén» (Gn 2,15), es decir, de mantener las condiciones de sostenibilidad de todos los ecosistemas que componen la Tierra. Si partimos de la Biblia para legitimar la dominación de la Tierra, tenemos que volver a ella para aprender a respetarla y a cuidarla. La Tierra generó a todos. Dios ordenó: «Que la Tierra produzca seres vivos, según su especie» (Gn 1,24). Ella, por lo tanto, no es inerte; es generadora, es madre. La alianza de Dios no es solo con los seres humanos. Después del tsunami del diluvio, Dios rehizo la alianza «con nuestra descendencia y con todos los seres vivos» (Gn 9,10). Sin ellos, somos una familia menguada. La historia muestra que la arrogancia de «ser Dios», sin nunca poder serlo, sólo nos trae desgracias. Bástenos ser simples criaturas con la misión de cuidar y respetar a la Madre Tierra.

Leonardo Boff

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17 May 2011

"EL CUERPO GRITA ...LO QUE LA BOCA CALLA"

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 17 May 2011 - URL Permanente

"La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma".Bach.

Muchas veces...El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.

El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega.
El cáncer mata cuando te cansas de "vivir".
Y tus dolores callados? Cómo hablan en tu cuerpo? La Enfermedad no es mala,
te avisa que te estas equivocando de camino!!!

El camino a la felicidad no es recto. Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES,

existen semáforos llamados AMIGOS,

luces de precaución llamadas FAMILIA,

y todo se logra si tienes: Una llanta de repuesto llamada DECISIÓN,

un potente motor llamado AMOR,

un buen seguro llamado FE,
abundante combustible llamado PACIENCIA,

Nelson Torres, Doctor en Psiquiatría (UCV) y experto en Psico-neuro-inmunolinguistica PNL

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08 Mar 2011

Asociación Bocatas de Madrid

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 08 Mar 2011 - URL Permanente

Nacho Rodríguez lleva 15 años repartiendo bocadillos a drogodependientes en los poblados marginales de Madrid. Lo hace cada viernes.
Junto a otros voluntarios de la Asociación Bocatas ha hecho, incluso, algún buen amigo. Con droga o sin ella, comparten el mismo objetivo: la felicidad.
Paella, guisos de alubias o lentejas, tarta y, sobre todo, bocadillos. A éstos se debe el nombre de la Asociación Bocatas de Madrid, formada hace 15 años por un pequeño grupo de amigos que decidieron cruzar la frontera al “otro mundo”. En aquellos años el poblado marginal de Las Barranquillas era la capital del país de los muertos vivientes, un arrabal de continuo tránsito de personas que para el resto de la sociedad no eran vistas como tales. La droga había puesto ojeras en sus rostros, callos en sus venas y había alejado de sus agendas una vida normal en el mundo de los demás.
Hace tres lustros Nacho Rodríguez había experimentado los “beneficios”de ayudar a los demás, cuando el cura de la parroquia de San Jorge, cercana al Estadio Bernabéu, en Madrid, invitó a los feligreses más jóvenes a llevar comida a los mendigos y alcohólicos del barrio. Pronto pensaron que esos bocatas, calditos y cafés con los que su madre llenaba algunos termos podrían ser bien recibidos también un poco más lejos de la Castellana, en el mismísimo poblado de Las Barranquillas. Pero también porque en la solidaridad hay un pellizco de egoísmo, según Nacho: “En la gratuidad el primer beneficiario es uno. No digo
que haya que hacer las cosas por egoísmo, pero es verdad que si uno va y no vuelve contento a casa es absurdo que repita. En realidad es bueno hacer estas cosas porque a uno le hacen estar más contento. Si uno está más contento, lógicamente seguirá haciéndolo”.
Y así empezó todo. “Nunca hemos tenido la pretensión de solucionarles el tema de la droga. Vamos los viernes, tres horas, y es muy difícil conseguir grandes resultados.
Pero hay una cosa fundamental. Es fácil dejar la droga: te metes 15 días en un hospital te curas el mono y luego te metes en un centro. El problema no es dejarlo, el problema es no volver. Porque cuando uno lo deja se termina de curar pero a los tres meses ¿qué pasa? Que echa de menos la droga y es fundamental estar bien acompañado y si uno no lo está vuelve a caer, porque es lo único que tiene.
Después de 15 años en Bocatas hemos visto unos pocos milagros: que personas de Las Barranquillas han dejado la droga porque con la compañía que les damos han empezado a cambiar y a revivir. Verdaderamente es un milagro”, sostiene este madrileño de 36 años que imparte clases de biología a chavales de Secundaria.
Este profesor y sus compañeros de Bocatas tienen una cita todos los viernes, ahora contando con el apoyo de más particulares que les posibilitan comida caliente y otras entidades como el Banco de Alimentos y Coca- Cola. Cuando el poblado de Las Barranquillas dejó de ser el supermercado de la droga de la capital hubo que trasladar el proyecto a la Cañada Real Galiana. Allí acude todas las semanas junto a una treintena de personas con el único objetivo de
repartir comida y compañía. Suelen estar desde las ocho y media hasta las 11 y media de la noche. “Es una cosa muy sencillita”, desde la óptica de Nacho.
Trato agradable
El trato con los drogodependientes es “bastante agradable, pues son muy agradecidos. La relación es sencilla pues lo que buscan no es sólo comer y beber sino un poco de compañía de gente normal con la que hablar. Y te cuentan su vida e historias. Suele ser muy cordial”.
Pero, “a veces”, dice este voluntario sin darse importancia, su labor sale de ese mundo de zombies del poblado y trasciende los viernes: “Surgen relaciones
que van más allá. Y si dejan la droga, como ha sido el caso, surge una relación más entrañable y más profunda. Con tres o cuatro de ellos tenemos una muy
buena amistad”.
Quizás esa sea la “droga” que haya atrapado a este grupo de voluntarios para repartir unas 80 raciones todos los viernes en La Cañada. Posiblemente, con la reincidencia semanal de los voluntarios en su labor se hayan eliminado las fronteras que la sociedad impone entre personas de primera, de segunda o quinta clase.
Puede que, por el contrario, se esté dando el caso de que los voluntarios sean de los pocos ciudadanos que vean la realidad con los ojos limpios del narcótico
del egoísmo. Nacho parece tenerlo claro: “Es importante que exista esta parte de la sociedad, la de los voluntarios. Si sólo es el Estado el que atiende a estas personas, únicamente se trata de trabajo remunerado de una persona que se dedica a atender a otros. Pero cuando está el voluntario entra en juego otra palabra, que es la gratuidad, y al final las relaciones gratuitas son las más importantes, porque uno da sin esperar nada a cambio”. Aunque siempre hay recompensa. “Hacer el bien a otras personas surge de forma inmediata. Pero si no hay una razón más de fondo eso no se mantiene en el tiempo”, añade este veterano de Bocatas acostumbrado a relacionarse con colectivos “que nadie quiere”, y que se emociona recordando infinidad de anécdotas que ha vivido.
Nacho cuenta como excepciones ciertos “momentos violentos y tensos”, como cuando un drogodependiente se puso “bastante nervioso”. Había intentado robar uno de los coches de los voluntarios, ellos se lo dijeron y “se hizo el ofendido” acompañádose de “un destornillador”.
Lo cuenta como el que no quiere la cosa. “Pero alguna vez hemos bromeado con ellos, poniéndoles picante en la comida, pues es una relación muy sana y nos
echamos unas risas”, matiza aderezando su testimonio con otra gracia: “Cuando venía algún voluntario nuevo a repartir comida le decíamos a un amigo drogadicto que le metiese miedo. Y el otro se lo llevaba a un rincón…”
En resumen, concluye Nacho, “lo que fundamentalmente descubres es que la necesidad de ellos se parece mucho a la necesidad propia. Ellos tienenque comer y nosotros estamos satisfechos en esa necesidad, pero en el fondo buscan lo que nosotros, ser felices”. Lo rubrica un voluntario que lo es todos los viernes dando bocatas y conversación en las fronteras de la gran ciudad.
http://bocatas.blogspot.com
Texto: Almudena Hernández

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04 Mar 2011

‘La tristeza del mar cabe en un vaso de agua'

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 04 Mar 2011 - URL Permanente

Los hombres tristes,
que tienen en sus ojos un café de provincias,
que no saben mentir como quien dice,
que se esconden detrás de los periódicos,
que se quedan sentados en su silla
cuando la fiesta baila,
que gastan por zapatos una tarde de lluvia,
que saludan con miedo,
que de pronto una noche se deshacen,
que cantan perseguidos por la risa,
que abrazan, que importunan hasta quedarse solos,
que retornan después a su tristeza
igual que a su pañuelo y a su vaso de agua,
que ven cómo se alejan las novias y los barcos,
esos hombres manchados por las últimas horas
de la ocasión perdida,
se parecen a mí.

"Un invierno propio", Luis Gª Montero

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01 Feb 2011

El violinista

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 01 Feb 2011 - URL Permanente

Era una mañana muy fría del mes de enero, Washington. DC.
El violinista estuvo tocando durante 45 minutos. Empezó con Bach, luego el “Ave María” de Schubert, siguió con Manuel Ponce y Massenet y, finalmente, Bach de nuevo.
Eran las 8 de la mañana: la hora punta. Pasaban cientos de personas frente a él,
casi todas camino de sus trabajos.
A los pocos minutos, un hombre de avanzada edad reparó en el músico. Aminoró el paso, se detuvo unos segundos y emprendió de nuevo su camino. Un minuto más tarde, el músico recibió un primer dolar: sin pararse, una mujer lanzó un billete a la caja del violín. Poco después, un individuo se paró unos instantes a escuchar, pero al mirar su reloj, echó a andar de nuevo rápidamente; se le estaba haciendo tarde.
El que le prestó mayor atención fue un niño de unos 4 años. Su madre lo cogió y tiró de él, pero el pequeño seguía escuchando. El niño, mientras caminaba, seguía mirando al músico con la cabeza vuelta.
Durante los 45 minutos que el músico estuvo tocando, tan sólo hubo 7 personas que se detuvieron a escucharlo, pero todas muy brevemente.
En total, logró reunir ¡¡32 dólares!! Nadie miró cuando el músico dejó de tocar. Nadie le aplaudió. De entre el millar de personas que pasó por delante de él, nadie lo reconoció.

Nadie notó que el músico era Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo.
En los pasillos del metro tocó algunas de las más difíciles partituras que jamás se han escrito,y todo ello… ¡¡con un Stradivarius del 1713 valorado en 3,5 millones de dólares!!
Dos días antes de estos hechos, no quedaban entradas a la venta para su concierto en el teatro de Boston… ¡aunque costaban casi 100 dólares!
Esta actuación de incognito de Joshua Bell en la estación de metro fue organizada por el « Washington Post » para investigar la percepción, el gusto y las prioridades de la gente.
Resultado: Si no nos detenemos unos segundos a escuchar a uno de los mejores músicos del mundo cuando está tocando una de las más bellas partituras, ¿cuántas otras cosas extraordinarias nos estaremos perdiendo diariamente al no saber apreciarlas?

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22 Dic 2010

Acoger por el placer de compartir

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 22 Dic 2010 - URL Permanente

Al llegar estas fechas, a algunos nos embarga una cierta tristura, una extraña soledad. De niños, saamos que comenzaba un tiempo nuevo, de fiesta y celebración. No saamos que contribuíamos al canto de la vida que supone la fiesta del solsticio de invierno para que no se acabase la luz y volviera a salir el sol después de la noche más larga del año. ¿Qué más dará una fecha que otra si el tiempo es usura de la vida?

Para esto sirven los ritos y las celebraciones, para afirmarnos y aceptarnos, para asumir nuestra maduración y tratar de ser coherentes con las aportaciones de ese tiempo nuevo que vamos haciendo, porque no existe. Según lo vamos necesitando lo vamos hilando; por eso hay un tiempo cronos, siempre igual, y un tiempo kairós, un tiempo existencial, de plenitud y de alborozo, de celebración y hasta de exceso. Como aquel tiempo que eternizaba Zorba cuando bailaba el sirtaki en la playa inmensa sin consuelo por la muerte de su único hijo.

Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua. En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Cuando decidió marcharse, hizo un último recorrido por las salas, y sintió que unos pasos de algodón lo seguían; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Dígale a… -susurró el niño-
“Dígale a alguien, que yo estoy aquí”, escribe Galeano.

Celebramos unas fiestas ancestrales montadas sobre otras relacionadas con Mitra o con Saturno o con Osiris, con el solsticio de invierno. Lo que importa es la celebración del cambio estacional, desde la noche más grande del año y en relación con la mutación de una naturaleza viva y palpitante aún bajo las nieves del invierno, los árboles sin hojas y la tierra yerma que se prepara para una explosión de júbilo en primavera.
No podemos ignorar los hechos culturales que sostienen nuestra forma de vivir, nuestro progreso y nuestra lucha por una sociedad más justa y solidaria que reconozca el derecho a la búsqueda de la felicidad. Nuestro quehacer es vivir aquí y ahora con la mayor plenitud posible, con coherencia y armonía, reconociéndonos para ser consecuentes con nuestra realidad, con nuestro ambiente y con nuestras relaciones.

Celebramos permanecer vivos y tratamos de dar sentido a cada momento de nuestra existencia aunque a veces se nos escape el sentido de la vida. Algo no va bien en el mundo y no nos atrevemos a corregir las causas contentándonos con aliviar algún efecto de esa injusticia estructural, para calmar algo la conciencia, de ahí las limosnas y los aguinaldos. Pero nos lanzamos en la vorágine de un consumismo descabellado. Nos echamos a la calle a comprar para éste o para el otro, mientras durante el resto del año no somos capaces de encontrar un momento para saber cómo se encuentra, para escucharlo. En estos momentos corremos el riesgo de convertir al otro en objeto de nuestra solicitud, cuando el otro siempre es sujeto que sale al encuentro y nos interpela.
Esta es nuestra asignatura pendiente, escuchar y acoger, dejarnos querer sin abrumar con nuestros consejos o con nuestros regalos. Dejar a las personas como están sin intentar cambiarlas. ¿Por qué cuando alguien dice que nos quiere pretende cambiarnos? Pero si tú me has conocido así, como un disparate que contrastaba y complementaba el tuyo, ¿por qué ahora que vamos madurando pretendemos cambiarnos? Deja a las piedras que sean piedras sin intentar transformarlas en pan. Cuando nos conocimos, yo era un abedul y tú una palmera, nos reíamos y nos saamos alas de un mismo vuelo, no nos deteníamos a mirarnos uno al otro sino que aprendimos a mirar juntos en la misma dirección. Aprendimos a compartir el pan y el vino pero sin morder el mismo trozo ni beber del mismo vaso. Aquel día, después de una crisis, comprendimos las palabras de Khalil Gibrán: sed como las columnas del templo, todas sostienen la bóveda pero el aire circula entre ellas.
Así nosotros, en estos días de algarada, tratemos de recuperar la cordura: no es Navidad porque lo digan los grandes almacenes. No es preciso agobiarnos gastando un dineral y perdiendo los papeles. Ni tan siquiera es necesario comer y beber hasta hartarse y perder el gusto por la comida y la bebida. Nos obligamos a reír y a divertirnos y, al final, es eso: nos di-vertimos, nos apartamos de nosotros mismos y del camino, extra-viándonos.
Dejemos el envoltorio y disfrutemos del regalo, del presente, de esa vuelta al hogar, al seno en donde un día te supiste acogido y querido. Eso es el hogar, el espacio donde nos esperan sin preguntar qué hicimos, sino ¿qué me sucede? No vayamos a exigir más al vaso que a la flor.
Sólo una persona ajena a las realidades que nos sostienen es capaz de rechazar como absurdas estas celebraciones. ¿Podríamos comprender nuestra historia sin la existencia de ese Rabí judío de Nazareth, que pasó haciendo el bien, acogiendo a los marginados, que desafió a los poderes constituidos de su tiempo, que predicó las Bienaventuranzas, que amó y fue amado, que hizo que el sábado fuera para el hombre y no al revés, que superó las ataduras religiosas y sociales de su tiempo, que enalteció a las mujeres, a los niños, a los pobres y a los ancianos y que trajo la Buena Nueva para todos los seres humanos: “Amaos los unos a los otros”? En esto os reconocerán.
Es preciso buscar ese reino que pertenece a los que padecen persecución por causa de la justicia, a quienes dan de comer al hambriento, de beber al sediento, que visten al desnudo, que enseñan al que no sabe, que consuelan al triste, que comparten sus silencios. Y que no juzgan ni condenan sino que están dispuestos a acoger con un brazo mientras que con el otro aportan propuestas alternativas a las injusticias sociales que denuncian sin cesar formando muros y redes de solidaridad. Y para esto, les basta con caminar con su corazón a la escucha, su mente abierta a la verdad y al entendimiento mientras sus brazos se abren para acoger y para bendecir, para acariciar y para curar. Por eso tenemos que aprovechar todos los momentos especiales para hacernos cómplices con la vida, y sostener con Sábato: “Tengo la convicción de que debemos penetrar en la noche y, como centinelas, permanecer en guardia por aquellos que están solos y sufren el horror ocasionado por este sistema que es mundial y perverso. Un grito en la mitad de la noche puede bastar para recordarnos que estamos vivos, y que de ninguna manera pensamos entregarnos”. Reconocer que nos debemos a nosotros mismos un gesto de confianza en la vida y de compromiso con el otro. Así lograremos trazar un puente sobre el abismo. Es una decisión que en este momento nos debe abrasar el alma. Como el auténtico honor, que no es sino un reconocimiento que la persona de bien se hace a sí misma. Y el camino, como sugería Kafka, consiste en ahondar en el propio corazón porque eso significa ahondar en el corazón de todos los seres humanos. Ya que todos nos buscamos sin saberlo. Es Navidad cada vez que alguien acoge a los demás.

José Carlos García Fajardo

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18 Dic 2010

Un pequeño, descolorido y viejo swing kit

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 18 Dic 2010 - URL Permanente

Encontré en una vieja maleta un costurero de los que ponen en el baño del Hotel Camino Real, de Guatemala. El envoltorio de cartón está defigurado por alguna colonia derramada y por tinta de alguna estilográcia, descolorido y muy estropeado. Hará unos diez años que estuve allí la última vez.

Dentro y envuelto en celofán hebras de hilos de algodón blanco, azul, marrón, rojo y negro. Dos botones pequeños de camisa, uno de nácar. Una aguja, dos alfileres y un pequeño imperdible.

Me emocionó evocar las manos de quienes lo confeccionaron y transportaron para colocarlo en una sala de baño a disposición de un viajero desconocido.

¿Qué habrá sido de las personas que participaron en su elaboración y cuidado?

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14 Nov 2010

¿Amaste de verdad lo que tan pronto has dejado?

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 14 Nov 2010 - URL Permanente

DE «CODA»

Marilyn Hacker

¿Amaste de verdad lo que tan pronto has dejado?

Vuelve a casa, abrázame y disipa

este dolor de estómago, de cabeza, de corazón.

Nunca tanto, nunca había estado

tan desconsolada. Las noches de invierno oscurecen

la ventana. Ningún trabajo hará

que, donde estés, te acuestes de día o te despiertes

de noche por mí. El único regalo

que conservo o puedo dar es lo que he llorado,

las esclusas han liberado el llanto por las oportunidades

perdidas, por el fin de la juventud,

por todos a los que amé y que en verdad han muerto.

Bebí nuestro año convertido en salmuera en vez

de miel de las estaciones de tu lengua.

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