23 Ago 2007

Acojamos como es debido al turismo de los jubilatas europeos

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 23 Ago 2007 - URL Permanente

Este es el desafío que tenemos que afrontar. llevo años luchando en este campo. Mi tesis: cada vez habrá más europeos jubilados pero plenamente capacitados y con pensiones dignas. En los países del norte de Europa hay unos seis u ocho meses de frío y sin sol: calefacciones, contaminación, médicos, artrosis, catarros, colesterol, diabetis, etc, medicamentos, etc Está demostrado que, con lo que reciben como pensiones, les basta para vivir disfrutando del sol, de la comida sana y fresca, del trato amable con las gentes del lugar... en todos los países ribereños del Mediterráneo. Lo he preconizado en Túnez, en Libia, en Argelia y en Marruecos y en la Conferencia d eMinistros de Asuntos Exteriores arabomusulmanes en Assilah, cerca de Tánger.: puestos de trabajo en hostelería, jardinería, construcción, alimentación, tiempo libre, reparación de aparatos electrodomésticos, carpintería, restauración, pequeños comercios, transporte, ayuda a domicilio, distracción por el mucho tiempo libre, bibliotecas, confección y un largo etcétera. Esto, bien preparados en origen, frenaría la emigración descontrolada. Con un sueldo digno, y con una preparación adecuada ningún norteafricano escogeria abandonar a su familia, su ambiente y sus costumbres para lanzarse a la "aventura" de un sin papeles en los paises de Europa. Ya han visto mucho, ya han hablado con sus vecinos que han venido de visita o para quedarse, ya ven televisión, utilizan móviles. Como sucedió con los dos millones de emigrantes españoles en trabajos serviles en Europa: cuando aquí cambió la situación económica "sobre todo gracias al desarrollo del turismo" muchos regresaron y aportaron sus experiencias en idiomas, hostelería, automóviles, restaurantes, bares, comercios etc etc y los hijos que les habían acompañado o que habían nacido allí trajeron el dominio de las lenguas y el respeto por las costumbres de este maná que va a significar el turismo de las personas jubiladas. Hoy hay aviones a bajo precio, pueden regresar en verano a sus países "de vacaciones" y regresar para instalarse en lugares acogedores en donde pueden conservar sus costumbres y hablar con sus conciudadanos de la UE. ¿Qué hacen los Gobiernos de Europa y del norte de África? Será un enorme ahorro para la SS de los países del norte, ya no tendrían que desembolsar grandes capitales sino ayudar para que se ayuden en "los lugares de acogida" Hele. Habíamos luchado por hacer de los países del Norte "espacios de acogida a los inmigrantes" ahora vamos a cooperar en desarrollar espacios de acogida para nuestros jubilados en esas nuevas jubilaterías llenas de sol, de buen ambiente y de otro ritmo de vida.

23 Jul 2007

Bitácora del Mar Báltico 005: Las alegres comadres...de lus cruceros

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 23 Jul 2007 - URL Permanente

Ayer vino a almorzar a la casa de la playa de sus hijos, compañeros de viaje, Dama MC. Traían el coche cargado de cestas de frutas, claudias, ciruelas, brevas y unas botellas de buen aguardiente de hierbas, para un servidor, (qué expresión) y de otras tantas de un aguardiene tostado, para mi mujer, (otra expresión "mi" mujer),cuyo proceso de elaboración nos explicó y que a mí, como os imaginaréis, me tuvo prendado. Lo contaba habiéndolo vivido y parecía oír los aturuxos de los mozos en la vendimia, en el pisado de la uva en los lagares con gesto arcaico e iniciático ¡qué significados tiene el pisado de la uva!, el gemido de los carros de bueyes llevando centenares de racimos a los desvanes de las casonas, cómo los colocaban separados en el suelo, para que se fueran deshidratando y después, con un enorme y paciente trabajo, llevarlo a la presa y darle vueltas al tórculo (¿se puede aplicar aquí?) para obtener unas gotas de néctar, después se marchaban y regresaban a las pocas horas para volver a prensar... Me recordó un nostálgico capítulo de mi primera obra Los Gazules...
Nos sentamos a la gran mesa rodeados de hijos, yernos, sobrinos y nietos aaltos como abedules... Al sentarnos, Dama MC y yo nos miramos con complicidad: nosotros conocíamos nuestros sitios y habíamos comentado en el barco la anécdota que tanto define a Alfonso XIII: entraba el rey en el comedor charlando con un sabio académico y, distraído con la conversación, se sentaron en el primer sitio que encontraron. Rápido, al parecer el conde de Romanones, se acercó y dijo "V.M. a la Presidencia" a lo que el Rey sin inmutarse pero sin dejar de moverse llevando al sabio cogido por el brazo para sentarlo a su derecha le dijo "Romanones, Romanones... la presidencia está dónde yo me siente". Pero siguió el protocolo porque en él había sido educado. Pues bien, yo me senté a la derecha de Dama MC y a su izquierda se sentó su yerno, el señor de la casa y charlamos con esa paz que da el disponer de vagar bastante para disfrutar de los placeres de la mesa. (En ese viaje recuperé dos kilos y aquí no sé cómo hacer, ya que había conseguido perder 15 en el posoperatorio... pero ¿en Galicia, mi tierra adorada? Dejémoslo que hoy iremos a comer a casa de mi hermana Sole que sabe recibir muy bien y tiene la magia de suspender el tiempo. Ya os contaré.)
"¿Y por qué no has seguido escribiendo sobre el viaje? Cuando se comienza una cosa, hay que terminarla bien, si no, no haberla comenzado. Aunque del viaje hablas poco pero a mí me gusta." Roma locuta causa finita. Así suele expresarse Dama MC, aunque siempre mirándote a los ojos con lo que te desarma para cualquier intento de reaccionar... así debieron de hablar las Reinas Gobernadoras de la antiguedad... y las Sibilas délficas en sus oráculos.
Algo que llamó nuestra atención en el barco fueron los grupos de mujeres que viajaban juntas: separadas, viudas, solteras, jubiladas, indefinibles... mientras que nunca jamás verás en esos viajes a un grupo de señores maduros solteros, viudos, jubilados, separados o clérigos, (porque ya hace años, que estos viajan solos para poder pasárselo mejor, mientras queden) No es preciso sacar conclusiones del por qué, pero sí es noticia que,de un tiempo a esta parte,se decidan a hacer estos viajes personas que, al verlas, las habrías ubicado en otros espacios y ocupaciones. Me gustó, y mucho. Unas van de mandonas, otras de listas, otras callan y observan, otras van de "locas", otras de "jovencitas", comen de todo, hablan alto y se ríen un montón porque es la forma de confirmar lo acertado de su elección. Me encanta sentarme a su lado y escucharlas o entablar conversación con alguna.. porque, juntas, es un suicidio. Me lo paso bomba, si no, saludo correcto y me abro. Se apuntan a todo y son un público ideal para los "animadores" de estos cruceros. Dama MC me miraba cuando me sentaba al lado de alguien, lo mismo en el barco que en cualquiera de los puertos que visitábamos. Mi mujer les decía, "no os preocupéis que ya nos lo contará o lo podremos leer" "Pero ¿a ti no te da apuro cuando se sienta así como si no tuviera nada más que hacer en el mundo?" "Ya he desesperado después de 42 años viajando. No sabéis lo que es cuando, en algún aeropuerto de tránsito o en el hall de un hotel o en una fiesta, de repente, me dice "Valle, a esa persona la conozco y no sé de dónde" ¡Ya la hemos liado, antes, procuraba retenerlo, pero lo dejé por imposible, le da vueltas y vueltas, se acerca y al cabo del tiempo que sea explota: "¡en tal sitio, tal día y llevaba tal o cual traje o vestido, y me dijo!" "¡Para, y sosiégate! Pero la verdad es que tiene una memoria fotográfica de elefante. No le preguntes por una fecha o por un aniversario... o por alguna cifra o cuenta, pero le basta un color, un olor o un paisaje para desenvolver una serie de recuerdos...¡y acierta! que es lo peor" "Vaya, mujer, pobre!" (expresión tan gallega) Y mi mujer, sin inmutarse, también al modo de las reinas gobernadoras o de las sacerdotisas de Apolo, les cuenta la terrible anécdota que las mujeres recuerdan y saben colocar cuando se trata de algún fiasco de los maridos. (Ya escribió McLuhan, "los hombres no recuerdan, las mujeres nunca olvidan", "los palestinos no recuerdan, los judíos nunca olvidan" y así sucesivamente. Pues bien, hubo un tiempo en que yo iba a dar muchas conferencias y otras actividades sociales por veinte países de Latinoamérica, menos Haití, nunca analicé por qué). Una tarde, estábamos en Colombia y yo me animé como suelo, porque el feed back era muy bueno. Quienes me conocen saben que tengo la voz algo fuerte cuando me entusiasmo, aquel día, una señora con el dulce hablar colombiano, el más puro castellano que he oído, y que estaba cerca de mi mujer le musitó "¡Qué bravo está el español, Doña!" y mi mujer, cándida y sin alzar la voz, como una castellana de la Conquista, le dijo "No, es que es siempre así" "¡Ay, Doña, pobre Doñita, qué tormento de hombre!" ... Pues si encuentran la expresión como grafiti en alguna pared, ya saben de donde proceden. (Algún día les contaré sobre mi afición a los grafittis, a leerlos, claro, quizás esta tarde) ¡Voume xa!

17 Jul 2007

La experiencia de África es única e irremplazable

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 17 Jul 2007 - URL Permanente

Y ahora, ¿cómo lo cuento? Todavía vibra mi cuerpo con esa voz excepcional que Peter Gabriel calificó como plata líquida. Esta noche, durante el concierto, mi vida revivió el año sabático que hice por 20 países de Africa subsahariana cuando iba a cumplir los 60. Le dije al Rector que me iba en busca de su sabiduría, de sus canciones, de sus historias, tradiciones y leyendas; que me iba de viaje al corazón de los pueblos de África, como se había de subtitular el libro que lo cuenta. Casi todo lo que había estudiado o leído procedía de europeos viajeros, conquistadores, misioneros o colonizadores. Era la visión etnocentrista que había consagrado la Conferencia de Berlin. Mi viaje iniciático comenzó en Senegal y la visita a la isla de Goré me causó un impacto tremendo. Seguí a Guinea Conakry, Malí, Níger, Costa de Marfil, Burkina Faso,Togo, Ghana, Camerún, Chad, Congo, Angola, Zambia, Zimbabwe, Mozambique, Zanzíbar,Tanzania y Kenia, con escapadas a Sudáfrica y a esas islas inolvidables de Zanzibar, Lamu y a Ilha da Inhaca. Como Woodward escribió acerca de la Revolución Francesa, fue una dicha estar allí pero ser joven fue el mismo cielo. Hay formas de "juventud" que brotan de repente y que nada tienen que ver con el tiempo. Por todo esto, después de este concierto, me he sentado aquí porque no podría irme a la cama. Saqué a Raitán, pero no podía explicarle cómo me siento... Entonces, conocí a Ali Farka Touré y a otros genios de la música Me viene a la mente el Hotel Buffett de la Gare, de Bamako, donde los sábados por la noche puedes escuchar la mejor música de Malí, y el embrujo de la Rail Band y, como me ocurrió en aquella ocasión, al mismísimo Salif Keita. Dejémoslo como está escrito y sigamos "camino de Tombuctú" adónde, en realidad nunca se llega. Yo me quedé en Djená la Hermosa, y no me arrepiento.
Tomo palabras prestada de la deliciosa crónica de Carlos Galilea porque, cuando alguien escribe o hace algo hermoso, ya no le pertenece:"El Youssou N'Dour músico. El Youssou cantante extraordinario. El You que enloquece a sus compatriotas y al que admiran artistas del mundo entero. Por unas horas, pareció olvidarse del empresario convertido en magnate de los medios de comunicación; del hombre público al que ciertos rumores sitúan como candidato a la alcaldía de Dakar y que hace bien poco estaba hablando con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush y otros mandatarios del G-8.
Youssou N'Dour quiso recordar que África no es sólo pobreza, sida y guerra, que también es felicidad. (Y nos animó a levantar los brazos para cantar Celebration)
El suyo fue uno de esos conciertos irreprochables a los que ya tiene acostumbrada a la afición. Únicamente se sentó para una canción que trata de un cocodrilo y un pájaro: "El cocodrilo quiere comerse al pájaro, y que cada uno interprete la historia"...
Con sus fieles de la Super Étoile de Dakar, gigantes como Assane Thiam (tama o tambor parlante), Jimi Mbaye (guitarra) o Habib Faye (bajo), Youssou N'Dour recorrió algunas de sus canciones más populares de los últimos años (Set, Birima, Lima weesu...). Y cantó Seven seconds, con su bella y elegante corista..." Sólo deciros que había tantos senegaleses peul,bambara,wolof y de otros muchos pueblos de África que seguían de tal forma el ritmo con sus cuerpos, que el Centro Conde Duque, por "otra" noche, hizo que la presencia de África me devolviera a las raíces. Porque si, en definitiva, el Sur somos todos, también nosotros somos africanos. Como escribió Basil Davison: "La experiencia de África, y de los pueblos africanos, es única e irremplazable"

16 Jul 2007

Youssou N'Dour

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 16 Jul 2007 - URL Permanente

Me voy a ver y a escuchar a Yossu N'Dour. Mañana os contaré. Si tenéis ocasión de poneros a su alcance durante su gira... no os lo perdáis. Hace ya algunos años escribí sobre él en "Encenderé un fuego para ti" Lo conocí en Dakar. ¡Qué tipo coherente y lleno de vida! Su banda The Super Etoile está renovada y se atreve con pop, hip-hop, jazz y soul. (Confidencial, nos acompaña un universitario que va para 3º de carrera... y nunca ha escuchado jazz... Claro que no es este el ambiente más idóneo ... pero hay que contaminarlo de algún modo

11 Jul 2007

Bitácora del Mar Báltico 004. "Viajes con Herodoto"

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 11 Jul 2007 - URL Permanente

"Veo que me ha sucedido lo mismo que ocurre a los manuscritos pegados en sus rollos tras largo tiemp de olvido: hay que desenrollar la memoria y, de vez en cuando, sacudir todo lo que allí se halla almacenado" Séneca
Porque, como quiere Novalis, "todo recuerdo es el presente"
"No somos sino peregrinos que, yendo por caminos distintos, trabajosamente se dirigen al encuentro de los unos con los otros". Saint- Exupéry.
Lo he tomado del libro de Kapuscinski ,"Viajes con Herodoto", que me llevé conmigo al viaje por mar. A falta de haber podido/querido/sabido continuar hoy con la Bitácora del Mar Báltico, os lo dejo aquí para ir dándonos una idea de lo que removió ese crucero. El autor, cuando logró viajar como reportero a India, y salir por primera vez de la Polonia comunista, se llevó la "Historia" de Herodoto cuya traducción en polaco había salido en 1955, dos años después de la muerte de Stalin... y que le permitía el anhelo que presidió su vida: cruzar la frontera. Tendremos ocasión de hablar de este libro y de muchos otros que, muy de acuerdo con la cita que hoy hace rjricano "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído".
Jorge Luis Borges

05 Jul 2007

Bitácora del Mar Báltico 003. San Petersburgo I

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 05 Jul 2007 - URL Permanente

El práctico subió a bordo a las 7 de la mañana. Lo acercó una lancha rápida de color rojo y con Pilot en negro sobre las amuras. Era un hombre de pelo casi blanco, con una mochila a la espalda, y a quien ayudó al abordaje un fornido marinero, alto y de pelo rubio. Después, la Pilot se alejó en silencio. Durante todo el viaje estuve atento a la llegada del práctico, fuera a la hora que fuese, porque me fascinaba. Un amanecer en que me encontraba asomado a la barandilla de mi terraza, vi que una de las viejitas le sacaba fotos, y me pareció percibir un intercambio de señales. Quizás fueran cosas de mi imaginación novelera. Ya, ya. La viejita era la del foulard color niebla que solía tomar notas en su carné de baile mientras paseábamos por el Casino y por el Bar club de la cubierta 5.
Fuimos de los primeros en desembarcar por la emoción contenida de haber contemplado la arribada entre tantas islas hasta remontar el río Neva y atracar a las 11 en el puerto. Pero ellas ya estaban en tierra con sus pasaportes y visados propios para poder circular por su cuenta. El resto del pasaje disponíamos de un visado colectivo que nos habían controlado policías rusos, sin una sonrisa de saludo siquiera, a cambio de una fotocopia del pasaporte así como comprobar que llevábamos la tarjeta magnética sin la cual no podías hacer nada en el barco: subir, desembarcar, pagar en los bares o en las tiendas y como llave del camarote. Junto a ellas estaba otra pareja de argentinos, mucho más jóvenes, no tendrían más de 70 años: él con una sempiterna gorra de tela marrón, calvo y de gesto adusto que en todas partes tenía algo que decir o que protestar o precisar. Ella, algo más baja, muy morena (zaína), pintada con exageración y con unas gafas negras que no se sacaba ni para comer. Nunca la vi sonreír ni la escuché hablar. Tampoco vistió más que de negro o todo lo más un gris azulado oscuro. Creo recordar que ya entonces dama MC la relacionó con las viejitas. (Ya sé que se dice viejecitas pero en Argentina, viejitas tiene un matiz especial del que ya hablaré)En los autobuses solían sentarse en los dos primeros asientos de la izquierda, porque los de la derecha estaban siempre ocupados por una pareja que me cayó mal desde el comienzo. Ella llevaba el pelo teñido de color casi rojo, miraba con algo de descaro, tampoco hablaba y a mí me dio por pensar que regentaban una pescadería. No sé por qué. Él era ese “broncas” que siempre encuentras en aeropuertos, hoteles, playas y demás lugares abiertos al gran público (otro eufemismo) Son de los que van pisando fuerte y hasta a codazos si se tercia para ocupar los primeros puestos, como diciendo, sé lo que he pagado. No exagero. En el barco hay algunos lugares maravillosos: entre ellos está la discoteca Bar Horizon con un inmenso ventanal sobre la proa de la cubierta 10 y provisto de cómodos sillones ante los cuales se extiende un largo capitoné para apoyar los pies o para sentarse, como en un friend bench de los que los ingleses saben servirse tan bien ante sus chimeneas. Pero, delante de esta pareja, era imposible acomodarse ni casi pasar para sentarse, con los pies descalzos, sobre la alfombra apoyando la espalda en el capitoné y disfrutar de ese espectáculo incomparable del mar Báltico, abriéndose ante el tajamar del Blue Moon a cualquier hora del día o de la noche blanca que nos llevaba a veces hacia un sol en inacabable puesta hasta la media noche. Era de esos lugares que tienen algo de sagrados y en los que la gente educada suele permanecer en silencio o hablando en voz muy baja. La pareja de la “pescadería” ni hablaba entre ellos ni con nadie, pero permanecían alertas defendiendo “su” territorio como si alguien fuera a disputárselo. Seguro que tenían una parcela, y todo. Pero cuando llegaba la hora de la cena, yo no sé cómo se las arreglaban que se abrían paso estar los primeros en el descomunal buffet que tenían en la popa de la cubierta 5.
Pero volvamos al desembarco en San Petersburgo, una de las ciudades más hermosas del mundo, la segunda ciudad más grande de Rusia y con 300 años a cuestas, testigo de los más importantes acontecimientos de su historia. Tanto cuando se llamaba Petrogrado como Leningrado o, de nuevo, San Petersburgo. La ciudad soñada mil veces, la de los 500 palacios entre los que sobresalía el tantas veces celebrado Palacio de Invierno con el Ermitâge construido por Catalina la Grande y agrandado por sus sucesores. ¡Qué mujer, Catalina la Grande! Aunque alemana de origen y que liquidó a su insulso esposo el zar de todas las Rusias para gobernar como déspota ilustrada pero absoluta, amante de las artes, de las letras, de las fiestas y de sus innumerables amantes entre los que para mi destaca el Príncipe de Potemkin. Este noble galán, cuando Catalina emprendía sus fastuosos viajes por el Volga, durante la noche, hacía que barcos y carretas transportasen los decorados y atrezos, así como el vestuario con que vestían a los campesinos y se “montaban” pueblecitos de ensueño desde cuyas riberas saludaban festivos y alegres al paso de la Madrecita Zarina y de su brillante corte, en la que se hablaba francés. Ella tenía nobles, artistas y hasta al ilustrado Diderot encargados de comprar en todas las cortes Europeas las mejores colecciones de pinturas, de esculturas, de monedas y toda clase de arte, costasen lo que costasen, y que dieron lugar al celebérrimo museo de L’Ermitage que hoy se visita a la carrera entre una barahúnda de grupos de miles y miles de turistas y de viajeros. Para quienes no estamos más que un par de noches en esta Venecia del Norte, aunque sólo igual a sí misma, no queda más que la promesa de regresar con calma un tiempo, que te haces a ti mismo, bajo el cielo estrellado que parece reflejar las mil cúpulas doradas de sus iglesias ortodoxas, de las torres de sus palacios y del bendito río Neva que surcó en su día el Aurora para saludar a la Revolución con sus cañonazos … Al igual que, en Odessa, hiciera el acorazado Potemkin ¡miren por donde! aunque, en realidad, el motivo del amotinamiento de su tripulación había sido por los gusanos que encontraban en las comidas. Pero, llegados a puerto en el Mar Negro, ya puestos, se sumaron a la Revolución y la saludaron a cañonazos.
Visitamos a iglesia de San Isaac, y la de Nª Sª de Kazan, la fortaleza de San Pedro y San Pablo, bellísima pero de siniestra memoria, el Almirantazgo, y la inmensa fachada del Santo Sínodo que corría pareja con el Senado. A mí que me deslumbra la toma del Palacio de Invierno y todo lo que supuso esa Gran Revolución para la Humanidad. Aunque terminase en el totalitarismo abyecto de los soviéticos, me impresiona recordar que durante esos días de 1917 el Santo Sínodo se encontraba reunido en Pleno con Patriarca, Metropolitas, Obispos y Abades todopoderosos y dueños de inmensas tierras fértiles, discutiendo el tamaño y bordados de los sobrepellices, albas y demás vestiduras litúrgicas… Con la que estaba cayendo sobre la maravillosa ciudad fundada por Pedro el Grande, en 1703 entre los ríos Neva y Moika.
La Perspectiva Alexander Newsky… ¿Recuerdan las películas de Eisenstein, La conjura de los boyardos, El acorazado Potemkin y, sobre todas, Alexander Newsky… con música de Prokofiev? (tengo que dejarlo aquí, luego les contaré cómo fue El Lago de los cisnes, de Tchaikowsky en el Teatro Mariinsky y la cena en el Palacio del Príncipe Sergei, así como el breve deambular por las calles que hicieron famosas Dostoievsky y tantos escritores inmortales rusos. El tema me sobrepasa)

28 Jun 2007

Bitácora del Mar Báltico 002: La dama del baccarat y el gol del Mallorca

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 28 Jun 2007 - URL Permanente

Después de la cena, paseábamos por la cubierta 5 para echar un vistazo a las tiendas, al Club Restaurante principal con su bar acogedor, al siempre animado Casino bar con música latina en vivo, y en donde hubimos de padecer el primer golazo del Mallorca y el desagrado ante un grupo de catalanes que se pusieron a gritar desorbitados. “Espera, tío, que cuando meta el Madrid me voy a resarcir” “No vale la pena, después podremos ver el partido en los camarotes” “No, tío, yo no voy a poder aguantar la espera”, pero nos levantamos y aunque hubiéramos querido esperar un gol del Madrid para reaccionar, pudieron más los nervios y la consigna de las manners. Esa noche la pasamos comunicándonos con golpes en las paredes de nuestros camarotes ante cada gol que retransmitían por una TV italiana. Ya contaré los comentarios del día siguiente en el comedor con un forofo alicantino, alto y elegante en sus 70 años y que mostraba demasiado sus triunfos en la vida profesional, y su carácter que trataba de compensar su hermosísima mujer, dulce y elegante, sufrida y gran señora con la que llegaríamos a hacer buenas migas. El se presentó en el desayuno con el banderín madridista al cuello. (No hablo de jóvenes hinchas y de pantalón caído, calzoncillo en exhibición, zapatillas sin atar los cordones y pelos disparatados. No, señor.) El caballero de pelo blanco medía sus buenos 1,86 cm., vestía con elegancia y nos contó que tenía reservado el crucero desde enero pero que, cuando en febrero le comunicaron que no dispondría de suite y sólo le podían ofrecer camarote de lujo exterior y con terraza propia “la armé y les dije que se lo guardaran, hasta que, a las pocas semanas, me comunicaron que me habían conseguido una suite”, contó airoso. Para añadir, “el problema es que solemos viajar con un grupo de diez amigos y fijaros en el problema: por estar con ellos, nosotros bajamos a cenar a su turno y jugar cartas y dominó, pero cuando le pedí al Director de Restaurantes que nos preparasen una mesa para comer hoy aquí con todos ellos… ni me contestaron; así que la he armado y hoy iré a hablar con quien sea…” y así continuó para mostrar el cariz de algunas especies entre los humanos jubilatas y “con posibles” asegurados. La expresión del rostro de su esposa era un poema pero no se atrevía a decir lo que pensaba, hasta que encontramos un momento apropiado y se desahogó con complicidad y elegancia. Imaginaos a Dama MC y a las otras dos damas nuestras comprendiéndola y animándola. Bajé la antena.

A lo que íbamos, al pasar por el casino, vi a una señora de unos cincuenta y tantos, sentada sola a la mesa de baccarat, fumando y con una bebida al lado. Siempre vistió con pantalones y diversos tipos de cazadoras. Esta primera noche, como en el Diario de a bordo se sugería “vestimenta informal para la cena”, ella llevaba atuendo en tela vaquera. No era guapa, tenía el rostro hinchado como si hubiera seguido un tratamiento con cortisona, siempre iba sola a todas partes y no era de mucho hablar con los demás. Estaba tan concentrada y tan sola que yo pensé que sería un “gancho”, pero no. Otro día pasó por el salón de juegos de cartas con otra joven que pescó no se dónde y se dirigió a las diversas mesas en donde se jugaba canasta o bridge: “¿Alguna pareja para un mus?” y seguía su camino hacia el silencio. Por un momento, en un flash de los que me acometen, la vi en un saloon de western, vestida de “Madame”, pelo teñido en rubio y con moño alto, gargantilla de terciopelo con camafeo erótico, pechos exuberantes y fumando una panatela exagerada. Pasó el flash y la vi separada recientemente, con una buena mordida conseguida al marido en los tribunales, y decidida a fundir los cuartos en una vida de glamour, barcos y disparate. Sentí pena, confirmada mientras esperábamos, al final del viaje, las maletas en Barajas y hablaba por el quemado móvil con alguien a quien contaba “a su modo” su loco crucero. No pude resistirme a mantener la antena a pesar de que no paraba de moverse y de accionar mientras largaba. No, no podía tratarse de una madame despechada sino más bien de una mujer desgraciada que trataba de subirse a todos los trenes perdidos, o a barcos en crucero.

No, de las viejitas (viejecitas) argentinas hoy no os voy a hablar, pero las he tenido siempre controladas. Ellas, esa noche, se mantuvieron en conciliábulo en un ángulo del salón, bien atentas al espectáculo mientras la rubia inmensa de porcelana y formas desparramadas fumaba largos cigarrillos turcos en boquillas de nácar imposibles. La trigueña del foulard tomaba notas en un diminuto carné de baile. Con el tiempo habría de comprender su estrategia.

(Seguirá)
Nota: Preparo mis viajes con antelación, consulto enciclopedias, libros de arte y de viajes etc. Como no quiero cansarles con las decripciones de Helsinki, Estocolomo, San Petersburgo etc me permito sugerir entrar en http://guiadelmundo.org.uy/cd/intro.html y verán qué maravilla. Porque si me dejo llevar por la facundia no terminaríamos cada día este Blog de la Jubilatería.

26 Jun 2007

Bitácora del Mar Báltico 001. Tres viejecitas argentinas

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 26 Jun 2007 - URL Permanente

La señora tiraba de una maleta grande con ruedas. En el otro brazo llevaba un bolsón. Tenías las piernas hinchadas y los tobillos no se distinguían de los pies que calzaban unas sandalias enormes. Pesaría sus buenos 100 kilos y las hechuras eran como las de María C… “tan ancha de arriba como de abajo”. Su popa era sencillamente inmensa. Como dos hemisferios en una buena cartografía alemana. Era rubia y la cara era redonda, con una piel que debió parecer de porcelana, y que seguía cuidando a conciencia. Iba pintada y tenía unos lindos ojos azules. Argentina, como sus dos amigas, también octogenarias que arrastraban maletas y bolsones similares. Me quedé atónito cuando las vi embarcando en el mismo avión que nos llevaría desde Madrid a Helsinki, aquel domingo 17 de junio. Me dije que estarían efectuando una conexión desde el avión que las traía desde Buenos Aires y que por eso no habían podido facturar su abultado equipaje. Ni qué decir tiene que las ayudamos a bajar las escaleras para subir al autobús que nos llevaría al encuentro del Blue Moon que nos aguardaba en el puerto finlandés. Sudaban. De las otras dos, una era muy baja de estatura, vestida de negro pantalón y blusón en tela aterciopelada y con el pelo gris e hirsuto como el de una menina o una de las brujas que Goya apresó en sus Caprichos. La tercera era como una muñeca antigua, de pelo trigueño canoso, y también vestía pantalón y blusón grises pero con un foulard sutil al cuello.
Nuestro grupo estaba compuesto por mi esposa, nuestros muy queridos sobrinos G y L, ya en la cuarentena y padres de cuatro hijos, tres de ellos en la universidad, y la noble dama MC que, a sus 83 años, nos iba a dar sopas con ondas al caminar, visitar ciudades y museos, en las excursiones en tierra por Finlandia, Rusia, Suecia, Estonia, Letonia y Dinamarca en inolvidable crucero por el Mar Báltico. ¡Qué cabeza tan bien organizada, qué dinamismo y amabilidad, así como esa capacidad de adaptarse a las situaciones, propia de las personas con gran clase. "Manners before morals" era la consigna, ni una queja y observaciones atinadas y profundas. Los dos hombres teníamos que seguirlas para no perder comba, y no interferir en sus visitas a las tiendas. Hermoso viaje con una organización perfecta, un servicio inmejorable y un trato exquisito. Íbamos a descansar y yo a inaugurar mi entrada en la emeritez (valga el palabro) y en la jubilatería. Descansar, ya, ya. Cada día parecía una semana y todo el crucero significó una verdadera escapada, como las que solían acometerme desde mi juventud al llegar la primavera. Era la llamada de la ausencia, que no de nostalgia alguna, a la que dediqué la trilogía que publicó Anthropos: “Marrakech, una huída”, “Jhany, una búsqueda” y “Tu nombre para mi”. Como al capitán Acab, del inolvidable Melville, llegaba un tiempo en que me acometía la necesidad de hacerme a la mar. El iba en busca de Moby Dick, la ballena blanca de nuestros profundos anhelos, yo en busca de mí mismo. Sólo o acompañado, así recorrí más de 70 países, como viajero, nunca como turista. Esta experiencia de un crucero por el Báltico era una auténtica novedad.
El caso es que aterrizamos en Helsinki, nos dijeron que las maletas facturadas las encontraríamos en nuestros camarotes (yo no apartaba de mi mente a las tres damas argentinas con sus maletones arrastras) y nos llevaron a conocer la ciudad. Estaba nublado pero no llovía. A lo que más temía era a caminar en grupo, me aterrorizaba. Pero ese día transcurrió junto a unas personas agradables en las que predominaban personas de cierta edad (eufemismo) pero también había matrimonios y parejas de jóvenes que facilitaban diversos ambientes.
Llegamos al barco, imponente, nos acomodaron en los camarotes y ya todo fueron atenciones. Nuestro camarero se llamaba Teodoro, era hondureño, como otros 56 de los 378 que componían la tripulación. ¡Eran de 28 nacionalidades! Mañana recogeré unos datos para hacernos una idea. Teodoro sonreía siempre y, cuando lo llamabas, respondía con voz cantarina: “¡Voy, Voy!”
Sobre la cama estaba el “Diario de a bordo” con la bienvenida y la información necesaria para cada día: actividades, informaciones náuticas, excursiones, horarios de comidas y comedores de acuerdo con los turnos que discretamente indicaban las categorías de los pasajes. Había zonas comunes: piscina y jacuzzis, deportes, biblioteca, casino, tiendas, Internet, música y espectáculo de forma que cada uno escogía lo que le apetecía dentro de un servicio de 24 horas. No había peligro de aglomeraciones, si no las deseabas.
Impresionante el "sol de medianoche": a las 12 todavía veías un sol rojo que nunca terminaba de ponerse, más que para dar lugar a las célebres "noches blancas" sobre las que tanto habíamos leído pero que son indescriptibles. Estábamos en el solsticio de verano y celebraríamos las noches de San Juan en los diferentes países.
La sorpresa fue mayúscula cuando, al dirigirnos hacia nuestros camarotes, vimos tres maletones inmensos, que habían sido facturados, en los que cabrían bien a gusto los cadáveres de los maridos de las tres viejecitas argentinas que ya no me cabía duda de que ellas llevaban a enterrar en alguno de los países del crucero.
(Seguirá)

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Jubilatería: Bitácora de un jubilata

Soy Profesor Emérito de la UCM. Temas: Derechos Humanos, Infancia, Mujer, Medio ambiente, Desigualdad, Exclusión, Migraciones, Globalización, Salud, Educación, Pobreza, Nuevas tecnologías, Política Internacional, Creencias y Personas mayores... desde que he entrado en la Jubilatería. En esta Bitácora de un jubilata quiero denunciar estos nuevos mitos de la "edad dorada", la "tercera edad", los "senniors"... cuando educamos a los niños para ser adultos pero nadie nos ha educado para ser viejos. Con Philip Roth pienso que la vejez es una "faena". Claro que, bien llevada, es preferible a morirse. Voy a intentar, relativizar lo relativo, bajar a los dioses de sus cielos, no absolutizar nada, aprovechar lo aprovechable, alertar a los más jóvenes para que se aprovechen ya que, de pronto, todo empieza a fallar. Hay que encontrar el ritmo adecuado para poder responder a ese niño que se despierta en un cuerpo viejo y usado preguntando ¿qué ha pasado? Hay una edad en la que la heterodoxia es preferible a la ortodoxia, o a dogmatismo alguno. Sin cinismo ni resentimiento, sin acritud ni ira y sin sarcasmo ni vulgaridad alguna.

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