23 Jul 2008
Cuaderno de bitácora: Mientras la ciudad duerme
Se despliegan por calles paralelas a las grandes avenidas en grupos de tres personas con un termo de café o chocolate caliente y bocadillos. Se agachan en esquinas y en rincones inverosímiles para charlar un rato. Los voluntarios sociales acuden como la sangre a la herida y saben en dónde encontrarlos, bajo cartones o sobre una vieja manta y tiritando de frío.
Los llaman por sus nombres o por algún apodo familiar, como hacían sus madres o sus mejores amigos. Mientras se calientan las manos, apenas envueltas en descoloridos mitones, intercambian informaciones del día. No utilizan elaboradas frases, sino monosílabos con sofocantes elipsis y con gestos elocuentes como sus silencios camino del olvido. A cada uno se le administra su tiempo, el que desea o precisa. Se comenta algo pillado en el transistor u ojeado en una página de periódico traída por el viento. Puede ser política internacional, dislates del G8 o del escándalo inmobiliario. Los sin techo, van marcados por lo efímero. No retienen demasiado porque no hay mañana, y el ayer va incluido en el fardo de la vida.
El alcohol y el tabaco, las interminables caminatas por las venas abiertas de la ciudad, en amaneceres sin rumbo o en busca de comida, los mantienen en una nebulosa sin ruidos. Desaparecidos los centros de salud mental, muchos crónicos se han perdido. Cómo pájaros caídos de los nidos, heridos en sus alas o con patas encallecidas. Perdido el empleo, víctimas del alcohol o de las drogas, como excrecencias de un cuerpo social implacable con los improductivos. Víctimas de culpas por algo que no han sabido integrar hasta convertirse en ajenos a sí mismos.
Así, tratan de fundirse en las penumbras de una sociedad desarraigada, casi enloquecida, que deserta las calles de la ciudad a punto de dormirse.
“Ahora, a esperar a que la vecina de enfrente levante las persianas y deje entrar al día”, dice Pablo desde su nicho en el portal acristalado de un banco. Cada uno procura tener su ámbito de seguridad a resguardo de patadas, de insultos o de miradas que traspasan. Se pretenden invisibles.
Pero no se duermen hasta que no llegan los otros ángeles de la noche que salen con las vituallas que han preparado con esmero para calentar el cuerpo y facilitar un rato de expansión.
Esas personas sin hogar disponen de un manejable tríptico en el que figuran direcciones de interés: emergencias; baños públicos a 0’15 E; alimentos para refugiados o para inmigrantes sin recursos; horarios de lugares donde reparten bocadillos; comedores en los barrios con estación del metro y la discreción debida; centros que gestionan el derecho a percibir una renta mínima (RMI); dispensarios de ropa; alojamientos para hombres o mujeres; centros de noche para drogodependientes con asistencia médica, alimentación y asesoría jurídica; o con lavandería, ducha y enfermería; centros de día con talleres de español para extranjeros; servicios donde reciben información y gestión de las prestaciones sociales a las que tienen derecho por ser personas, así como el servicio de Mediación Social Intercultural (SEMSI) para informar y asesorar a los inmigrantes. Miles de inmigrantes ya se sirven de ellos pero se trata de acercárselos a estas personas desvalidas.
Hace ya bastantes años, una compañera se llevó de mi mesa un café caliente. Después me dijo que era para un hombre aterido en aquella helada noche madrileña. Ahí comenzó todo. Para mi alivio, en el atardecer de la vida, se ha superado la mera beneficencia y proliferan centros para la búsqueda de algún empleo para estas personas expoliadas y desarraigadas por los fallos del sistema socioeconómico, o por sus errores personales.
También están organizados en otras ciudades de España y de otros países europeos. No son parches ni tapabocas, alivio de malas conciencias ni remiendos ante las injusticias de un modelo de desarrollo implacable con los excluidos. Son gritos en el silencio que, mientras dan de comer y de beber, visten y consuelan, alivian y sostienen, se afanan en escribir y en llamar a las puertas de los poderes fácticos para denunciar y aportar propuestas alternativas, organizar redes de solidaridad para transformar la compasión en compromiso y en acción política. Ya no hay tiempo para lamentarnos sin alzarnos en rebeldía conscientes de que lo que se debe en justicia no se concede en ayuda o caridad. El servicio se transforma con el tacto y
Para que el mendigo Pablo no tenga que aguardar a que la vecina abra las contraventanas para dejar paso al nuevo día.
José Carlos Gª Fajardo
28 Mar 2008
Por qué trabajo en una ONGD? Nadar contra corriente
Porque estoy convencida de que otro mundo es posible.
Soy de Menorca. Nacer y vivir en una isla imprime carácter. Cuando era pequeña, iba a nadar con mi padre y mis hermanas a una playa preciosa que tiene un pequeño islote cerca de
Nadar a contracorriente es un reto permanente. Para mí significa colocar la justicia/equidad y la solidaridad en el centro de mi vida. El mundo en el que vivimos presenta realidades escandalosas y diferencias cada vez mayores. Hablamos de países del Norte y del Sur; países desarrollados y países en desarrollo, países ricos y países pobres. Hablamos del primer mundo y del tercer mundo.
Todas esas contraposiciones son el resultado de procesos largos, complicados y complejos que han dado como resultado diferencias enormes entre unos países y otros que crecen sin cesar porque sus raíces están abonadas por
¿Es
¿Es justo que la riqueza de quienes accidentalmente, por azar, hemos nacido en países supuestamente desarrollados se obtenga a costa del empobrecimiento de quienes accidentalmente, por azar, han nacido en países empobrecidos?
¿Es justo que el 90 por ciento de la riqueza total del planeta esté en manos de solo el uno por ciento de sus habitantes?
¿Es justo que haya libertad para bienes, servicios y capitales pero no haya libertad de movimientos para aquellas personas que intentan huir de la pobreza y de la exclusión?
¿Es justo que cada día mueran más de 30.000 personas a causa del hambre, cuando en la tierra, según la FAO, hay recursos suficientes para alimentar a todos los habitantes del planeta?
¿Es justo que 10 millones de niños mueran todos los años antes de cumplir los 5 años, la gran mayoría debido a la pobreza y la malnutrición?
¿Es justo que el 40% de la población intente sobrevivir con menos de dos dólares al día?
Nadar a contracorriente hoy es fomentar el sentido de la justicia y de la equidad desde el núcleo familiar para transmitirlo al grupo social en el que nos movamos.
Nadar a contracorriente es denunciar que mientras el 60% de la población mundial puede entrar en el mercado mundial del consumo, el resto se encuentra excluido, incluso de los derechos humanos más elementales como el derecho a la alimentación, el derecho a la salud, a
Mª Teresa de Febrer
PROSALUS
22 Mar 2008
Ciberseminario 038: Trabajar en equipo
El voluntariado social se construye sobre la base de sinergias continuas. Sinergias entre los propios voluntarios que se saben complementarios, entre el voluntario y las estructuras de la organización para coordinar y ejecutar las acciones de acuerdo a objetivos coherentes. Sinergias con otras organizaciones para conseguir resultados sociales de mayor calidad y cohesión social. Y, cómo no, sinergias entre el voluntario y el propio beneficiario de su acción; ya hemos dicho que éste debe participar en la medida de sus capacidades en la resolución de sus conflictos. La “voluntad” que pone el voluntario en su labor, debe ir acompañada muchas veces por una voluntad del beneficiario, especialmente en procesos de reinserción. Todo esto crea una red paradójica de trabajo en equipo en la que todos somos imprescindibles aunque el trabajo no dependa de ninguno de nosotros en concreto.
No se deben confundir los sentimientos de responsabilidad con los de culpa. El sentimiento de culpa no es un buen aliado para desempeñar nuestra acción voluntaria, aunque, sin duda, actúa en numerosas ocasiones en las motivaciones que tiene una persona para ser voluntaria. Cuando uno hace lo que puede, no está obligado a más. Uno debe pararse a reflexionar qué se pide a sí mismo y, con responsabilidad, hacer un esfuerzo por colaborar en el bienestar de los que tiene alrededor. Si esto traspasa el límite de la responsabilidad y la reflexión nos lleva a una visión dramática y auto culpabilizadora, es muy posible que tarde o temprano llegue, como reacción, una actitud escéptica, cínica y derrotista motivada por la decepción de no poder hacer más de lo que está en nuestras manos. Como decía Francisco Javier “la virtud más eminente es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer”.
Los complejos de culpa a veces tienen sus raíces en una visión del mundo y de las injusticias muy unidas a nuestra vida, que no debemos proyectar en nuestro servicio de voluntariado pues el que da lo que puede no está obligado a dar más.
* J.C.G.F
21 Mar 2008
Ciberseminario 037: Disfrutar en el voluntariado
El voluntariado no es una actividad que necesariamente implique sacrificio. El compromiso debe ser agradable. El sufrimiento o el mucho esfuerzo a la hora de realizar una acción voluntaria no son sinónimos de trabajo bien hecho. Por el contrario, disfrutar con el voluntariado es un indicador de calidad del servicio desarrollado.
Hacer las cosas forzadamente u obligarse más allá de los límites de la responsabilidad y del compromiso, significa obligar al beneficiario del programa a soportar nuestro sacrificio... y eso se nota. Hay que evitarle al otro, al marginado, la sonrisa forzada del que se está doblegando a sí mismo. Si la sonrisa no brota natural, o si las palabras no son espontáneas y hay que forzar la actitud positiva, hay que preocuparse. Por eso es tan importante elegir bien el servicio, informarse sobre lo que éste implica e insertarse en un programa en el que nos sintamos a gusto.
El voluntario debe defender sus posiciones de una manera positiva y en varios aspectos. Por un lado, hacia la propia Organización a la hora de participar en la elaboración de programas o planteando críticas constructivas hacia los métodos o la orientación de su trabajo. Es un derecho del voluntario el poder participar en el diseño de los planes que luego él mismo ejecutará con otros compañeros. Por este motivo debe ser oído.
Por otro lado, es posible que presencie agresiones o negligencias de profesionales, funcionarios públicos u otros voluntarios hacia las personas marginadas con las que trabajamos. En ese caso, el voluntario debe hacer valer los derechos que, como ciudadano, tiene cualquier persona, independientemente de su nivel cultural, social, económico o su nacionalidad. Pero lo más prudente y eficaz es que lo comunique al responsable de su servicio en la organización para que no deje de utilizar el cauce más apropiado.
Los voluntarios, personas sensibilizadas con los problemas de los más débiles, tenemos que plantar cara a las actitudes sociales hostiles frente a los excluidos. Este último capítulo es una asignatura pendiente del movimiento del voluntariado que tenemos que plantearnos para un futuro cercano. Hay que exigir legislación adecuada, protección social, mayores recursos, jerarquizar las partidas presupuestarias, protagonismo social, derecho de acceso, etc. a las minorías y a los ciudadanos con mayores dificultades de inserción. Los voluntarios tenemos mucho que decir en este aspecto.
Por supuesto, una actitud positiva supone firmeza y dulzura a la hora de decir “no” o poner límites y normas en procesos de reinserción. Un voluntario no puede ser blando y condescender con todo.
Ciberseminario 036: Impacto emocional
Cuando un voluntario entra por primera vez en un Centro Penitenciario, en el Módulo Penitenciario de un Hospital, en una planta con enfermos graves o en un Centro de Día para mayores con demencia, es normal que sufra un impacto emocional. Es algo nuevo y fuera del concepto de normalidad al que estamos acostumbrados. En pocos días, este impacto quedará amortiguado por la costumbre y pasará a ser parte de nuestro nuevo esquema de normalidad. Si esto no se produce y el impacto continúa viviremos nuestro voluntariado como una situación estresante y merece la pena replantearse por qué ocurre. Lo mejor será hablar con el responsable del servicio y pensar si se debe cambiar de voluntariado.
Otro aspecto emocional importante se refiere a la confusión común entre voluntariado y otras formas de relación sentimental. El voluntario no tiene por qué ser amigo del beneficiario. Esta afirmación tan políticamente incorrecta y tan incómoda de realizar es muy necesaria en muchos momentos.
Está claro que la relación entre voluntario y beneficiario puede cambiar. ¿Por qué el voluntariado no puede ser el inicio de una amistad? ¿Por qué no se puede producir un enlace sentimental más allá de la acción voluntaria? Nadie lo impide, pero el voluntario debe saber que se ha producido ese cambio y que las reglas del juego cambian. En la vida diaria una relación laboral, por ejemplo, puede conducir hacia un noviazgo, pero los implicados deben saber que cuando se discute por el sueldo o por el horario no hay que mezclar celos amorosos ni cuestiones sentimentales.
El voluntariado es una cosa y la amistad es otra. El voluntario tampoco debe mostrar lástima ni pena por el beneficiario. Debe situarse en un plano de igualdad y esto supone en muchas ocasiones ser firme y saber decir que no. Mostrar lástima no es un buen revulsivo para el beneficiario de un programa de voluntariado. Por otro lado, ser firme y decirle que no a alguien en muchas ocasiones significa demostrarle que lo consideras adulto, inteligente y preparado para asumir esta respuesta. Condescender siempre a todo no es positivo. Todo esto encaja sin contradicción alguna en un clima de amabilidad y de respeto.
En cualquiera de los casos, si la implicación se lleva más allá de un punto lógico, la continuidad del servicio puede verse afectada y lo que pretende ser un compromiso responsable se convierte en una carga que, aprovechando cualquier excusa, muchos voluntarios soltarán enseguida. O confundirán las normas del voluntariado con las de otra actividad que se rige por parámetros diferentes. Es necesario poner límites para evitar que la implicación excesiva, en cualquiera de los sentidos hablados, no perjudique la continuidad de la acción voluntaria y no deje en el voluntario la sensación de frustración, decepción o impotencia.
19 Mar 2008
Ciberseminario 033: La revolución del voluntariado
El Dalai Lama, del que tanto se habla estos días pero en una dimensión política de la que hablaremos, envía un mensaje a toda la humanidad en su último libro "El arte de vivir en el nuevo milenio". Nos convoca para que nos aseguremos de hacer que nuestra vida esté tan cargada de sentido como sea posible, preocupándonos por ser felices.
Tan sólo podemos emplear bien el presente. Debemos comportarnos de forma responsable y con compasión por los demás. La compasión como la justicia, la solidaridad, el ejercicio de la libertad y todas las virtudes exigen relación con los demás. Ese comportamiento obedece a nuestros intereses porque es la fuente de toda felicidad y alegría, y el fundamento para tener buen corazón. Nuestra felicidad está unida a la felicidad de los demás. Es imposible ser feliz a solas.
Por medio de la amabilidad, del afecto, la honestidad, la verdad y la justicia hacia todos los demás aseguramos nuestro propio beneficio. Es de sentido común.
Podremos rechazar la religión, la ideología y la sabiduría recibidas de nuestros mayores, pero no podemos rehuir la necesidad de amor y compasión.
"Esta es mi religión verdadera, mi sencilla fe. No es necesario un templo o una iglesia, una mezquita o una sinagoga; no hay necesidad de una filosofía complicada, de la doctrina o el dogma. El templo ha de ser nuestro propio corazón, nuestro espíritu y nuestra inteligencia. El amor por los demás y el respeto por sus derechos y su dignidad, al margen de quiénes sean y de qué puedan ser. Esto es lo que todos necesitamos".
En la medida en que practiquemos estas verdades en nuestra vida cotidiana, poco importa que seamos cultos o incultos, que creamos en Dios o en el Buda, que seamos fieles de una religión u otra, o de ninguna en absoluto. En la medida en que tengamos compasión por los demás y nos conduzcamos con la debida contención, a partir de nuestro sentido de la responsabilidad, seremos felices.
"Con amabilidad y con valentía, acoge a los demás con una sonrisa. Sé claro y directo. Y procura ser imparcial. Trata a todo el mundo como si fueran tus amigos. Todo esto no lo digo en calidad de Dalai Lama. Hablo solamente como un ser humano; como alguien que, igual que tú, desea ser feliz y no sufrir"
Cuando algunos se asoman a las máscaras de espejos de los voluntarios sociales, pueden encontrar respuesta en la convocatoria del Dalai Lama a una revolución espiritual que supone una revolución ética.
JCGF
Ciberseminario 032: En los albores del voluntariado
El voluntariado es un fenómeno sociológico que surgió en los sesenta. Nace de una exigencia contra toda forma de discriminación por causa de raza, sexo, creencias, cultura, situación económica, edad o ideas políticas participando en algún proyecto de solidaridad dentro de alguna organización humanitaria de experiencia contrastada.
Hay que denunciar conductas discriminatorias donde se encuentren y tomar conciencia de prejuicios inconscientes entre los miembros de la asociación donde se trabaja, en nuestro ambiente y en toda la sociedad para el bienestar y libertad de los hombres y de los pueblos.
Es posible comprometerse como personas corrientes que saben arañar unas horas para servir a los más necesitados, aquí "a la vuelta de la esquina", y despertar un movimiento en favor de lo más noble del ser humano: su capacidad de justicia y de solidaridad. Las ONG no pueden erigirse en protagonistas de la acción social sino como cooperadores en esta tarea que nos compete a todos. Ni cabe un Estado providencia, con pretensiones de regularlo todo, ni es imaginable una sociedad utópica al margen de las instituciones públicas con grupos de presión que trastornen el orden social.
Existen asociaciones que desarrollan proyectos sostenidos por voluntarios que trabajan con los más necesitados: ancianos, niños, enfermos terminales, reclusos, inmigrantes, presos, drogadictos, discapacitados y los marginados por la sociedad. Los mueve una solidaridad que trabaja en busca de la justicia y de la concordia, con plena gratuidad, sin buscar nada a cambio ni imponer ningún modelo de desarrollo o concepción de vida alguna que pueda desarraigarlos de sus tradiciones y de sus señas de identidad.
Las asociaciones humanitarias no pueden ser sucedáneas para paliar las injusticias que es preciso subsanar en sus estructuras. Los voluntarios tienen que reconocer cuanto de bueno y de justo se ha hecho en los campos de la beneficencia, de la solidaridad, de la justicia y de la caridad por movimientos que han sembrado la historia de ejemplos admirables.
El voluntariado no puede ser una "moda" para suplir la falta de convocatoria desde otras instancias, políticas o religiosas, ni para encubrir errores, injusticias y la explotación de los pueblos empobrecidos del Sur por los intereses del Norte.
Nos encontramos todavía en los albores del voluntariado en cuanto al número de personas comprometidas con un servicio social concreto. Es falso que haya demasiadas organizaciones humanitarias y organizaciones para la cooperación. Faltan las mejores.
* J.C.G.F
18 Mar 2008
Ciberseminario 031: Un nuevo mundo, una nueva cultura
El mundo se está haciendo tan pequeño y abarcable, tan frágil y transparente, que en él no cabe más que la nueva cultura de la solidaridad que nos interpela y convoca a todos los seres del planeta tierra que nos sabemos compañeros de viaje en una nave azul por un espacio al que podemos asomarnos porque ya no nos aterra. Es inevitable volver los ojos hacia lo que supuso en la historia de la humanidad el siglo V antes de Cristo, el cambio de Era en los albores de esa formidable revolución que significó el cristianismo, aunque nadie lo presintiera entonces en pleno auge del Imperio romano, la expansión del Islam con su dinamismo impresionante para tantos pueblos y territorios, el Renacimiento - con aquellos signos premonitores del uso de la brújula para la navegación, de la pólvora para las guerras que como arma negra matando a distancia accionada por un alfeñique transformó las conciencias de quienes se enfrentaban con las armas blancas a un enemigo cuyos ojos podían ver en la contienda, de la imprenta para la expansión de la cultura, de la eclosión del Estado moderno con el inédito concepto de frontera que separa frente al limes que atrae, del descubrimiento de un continente inimaginable, de la revolución copernicana y la de Galileo, la de Kepler, la de Newton y las de tantos otros que conmocionaron las conciencias y los modos de vida hasta entonces conocidos, del nacimiento del Derecho internacional hasta la revolución industrial y todo lo que supuso el dominio de las nuevas tecnologías.
Actualmente nos encontramos en un período similar pero con posibilidades a las que ni siquiera con la imaginación nos es dable acercarnos. Y la ignorancia no exime de la responsabilidad de prepararnos para que, como advertía Rilke, nada extraño pueda sucedernos fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo, aunque no podamos ni siquiera prefigurarlo.
Los más importantes acontecimientos en favor de la dignidad humana, como el nacimiento de las grandes religiones o el movimiento obrero, fueron iniciativas solidarias de voluntarios que arriesgaron sus vidas y apostaron por la utopía con gratuidad y entrega a los demás. Lo que ahogó sus señas de identidad y su capacidad de arrastre fueron la burocracia política o eclesiástica. La recuperación de sus orígenes pasa por recrear el voluntariado y reinventar aquellos procesos que en la tradición obrera se llamaron militancia y autogestión, y en la tradición eclesial compromiso y entrega, como dice acertadamente García Roca en su libro “Solidaridad y Voluntariado”.
En este momento clave para la humanidad, es preciso mantener las señas de identidad de un auténtico voluntariado social que cuente con la formación y el seguimiento adecuados para poder alcanzar un mundo más justo, más humano y más solidario.
* J.C.G.F
17 Mar 2008
Ciberseminario 030: ¿Cómo ser voluntario social?
Para ser voluntario merece la pena hacer unas reflexiones previas. No conviene precipitarse porque un trabajo sólido desde el inicio evitará las prisas y la creación de un escenario de acción voluntaria confusa.
Antes de ser voluntario:
* Piensa en tus preferencias y en lo que te haga sentirte mejor de acuerdo con tus capacidades. Debes dirigirte a la organización que más te atraiga e informarte debidamente de sus actividades, de su normativa y de las condiciones concretas de su voluntariado.
* Asegúrate de que comprendes lo que vas a hacer y reflexiona sobre el libre compromiso que adquieres en términos de tiempo y de energía.
* Asegúrate de que no vas a ser explotado y de que tu trabajo redunda en beneficio de los marginados o de la actividad propia de esa asociación.
* No permitas que te utilicen como mano de obra gratuita ocupando el puesto de un trabajador que lo necesita.
* Recuerda que no todo el trabajo del voluntariado consiste en acudir al lado de los necesitados. Hay mucho trabajo que es preciso hacer en la retaguardia para que toda la asociación funcione como un auténtico organismo vivo.
* De acuerdo con lo anterior, la edad, la situación económica, familiar o una posible discapacidad física no te excluye de una eficaz y necesaria colaboración.
* Ten siempre presente que no es cierto eso de que "uno debe servir para todo". Esa es la frase preferida por los superficiales e inconstantes. Recuerda que uno hace mejor aquello que más le gusta y para lo cual tiene habilidades. Esto no es obstáculo para no intentar hacer aquello que no nos gusta sencillamente porque lo desconocemos.
* Si no estás dispuesto a seguir los necesarios cursos de formación, o crees que no dispones tiempo para ello, y quieres lanzarte de inmediato a la acción piensa si no deberías dirigirte a otro sitio en el que emplear tu tiempo adecuadamente.
J.C.G.F
16 Mar 2008
Ciberseminario 034: Gentes del camino
El ejercicio exclusivo del desarrollo integral de la persona y de la sociedad no compete ni al Estado ni a los partidos políticos ni a las diversas confesiones religiosas. Es el ser humano y sus opciones libres quienes deben de ser los protagonistas de su desarrollo integral. Siempre cabrá la cooperación pero nunca la imposición que no respete la libertad, la conciencia, la justicia y el derecho fundamental a buscar la felicidad, pues el ser humano ha nacido para ser feliz. Y la felicidad no puede imponerse de forma alguna.
Como dijo el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Pérez de Cuéllar, “los voluntarios sociales son mensajeros de esperanza que ayudan a las personas y a los pueblos para que éstos se ayuden a sí mismos”. La Asamblea General de la ONU acordó, en 1985, que cada 5 de Diciembre el mundo celebrase el Día Internacional del Voluntario por un Desarrollo Económico y Social como reconocimiento a las personas que arañan unas horas de su tiempo para llevar ayuda, compañía y afecto.
Solidario proviene de solidus, moneda romana de oro, consolidada y no variable. La palabra solidaridad se refiere a una realidad firme y fuerte conseguida mediante el ensamblaje de seres diversos. También de la responsabilidad asumida in solidum con otra persona o grupo. Las personas se unen porque tienen conciencia de ser personas, seres abiertos a los demás porque son seres de encuentro y no meros individuos aislados.
De ahí que la solidaridad va unida con la responsabilidad y ésta depende de la sensibilidad para los valores. Estos no se imponen sino que atraen y piden ser realizados. La solidaridad sólo es posible entre personas que en su conciencia sienten la apelación de algo que vale la pena y apuestan por ello. De ahí que la solidaridad implique generosidad, desprendimiento, participación y fortaleza.
Hoy, cuando tanto se habla de la necesidad de "realizarse" y de ser auténticos, es hermoso saber que authentikós es el que tiene autoridad y ésta deriva de augere, promocionar. Es decir que "tiene autoridad sobre alguien, el que lo promociona o promueve", por lo tanto, "auténtico es el que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla porque es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero". "Para poseer ese tipo de soberanía el hombre tiene que aceptarse a sí mismo con todo cuanto implica; acoger su vida como un don; recibir y asumir como propias una existencia y unas condiciones de vida que no ha elegido. Esta vida recibida hemos de aceptarla con todas sus implicaciones: la necesidad de configurarla por nuestra cuenta, orientarla hacia el ideal adecuado, crear vida de comunidad, realizar toda una serie de valores que nos instan a darles vida... Si respondemos a esta llamada de los valores nos hacemos responsables". Esto es vivir abierto generosamente a los demás en su afán de vivir con plenitud.
Para nosotros, como personas del camino que hemos asumido el compromiso del voluntariado social, éste va más allá de la justicia: significa hacer propias las necesidades ajenas. Un voluntario social apuesta por el ejercicio libre, organizado y no remunerado de la solidaridad ciudadana. De ahí que su trabajo es en sí mismo precioso.
* J.C.G.F
Sobre este blog
Jubilatería: Bitácora de un jubilata
jose-carlos-ga-fajardoSoy Profesor Emérito de la UCM. Temas: Derechos Humanos, Infancia, Mujer, Medio ambiente, Desigualdad, Exclusión, Migraciones, Globalización, Salud, Educación, Pobreza, Nuevas tecnologías, Política Internacional, Creencias y Personas mayores... desde que he entrado en la Jubilatería. En esta Bitácora de un jubilata quiero denunciar estos nuevos mitos de la "edad dorada", la "tercera edad", los "senniors"... cuando educamos a los niños para ser adultos pero nadie nos ha educado para ser viejos. Con Philip Roth pienso que la vejez es una "faena". Claro que, bien llevada, es preferible a morirse. Voy a intentar, relativizar lo relativo, bajar a los dioses de sus cielos, no absolutizar nada, aprovechar lo aprovechable, alertar a los más jóvenes para que se aprovechen ya que, de pronto, todo empieza a fallar. Hay que encontrar el ritmo adecuado para poder responder a ese niño que se despierta en un cuerpo viejo y usado preguntando ¿qué ha pasado? Hay una edad en la que la heterodoxia es preferible a la ortodoxia, o a dogmatismo alguno. Sin cinismo ni resentimiento, sin acritud ni ira y sin sarcasmo ni vulgaridad alguna.
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