04 Abr 2013

Nos arrebatan la palabra

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 04 Abr 2013 - URL Permanente

¿Y cómo vamos a sembrar el trigo y la esperanza? ¿Cómo abrirnos a la sobriedad compartida? ¿Cómo podremos enamorarnos en la vida para recrear este mundo que hemos recibido de nuestros nietos en depósito? Estaban Saladino y los príncipes cruzados compartiendo unos deliciosos sorbetes durante una de las muchas treguas. Trataban de la calidad de las armas, de su eficacia y del temple de los aceros. Salió el Alférez de los cristianos, un tipo descomunal, con un mandoble en sus manos y se paró en el centro, cometiendo la indelicadeza de mirar a los ojos de los notables que acompañaban al Gran Saladino.
Los nobles caballeros que acompañaban al jefe musulmán sonreían discretamente. Colocaron una barra de hierro sobre dos poyetes ante el Alférez. Éste inspiró con estruendo y, lanzando un grito descomunal, descargó toda su fuerza sobre la barra de hierro que se rompió ante el jolgorio de los cruzados, que entrechocaban sus copas de metal.
Saladino y sus nobles asintieron con un gesto de reconocimiento de la fuerza, mientras el Gran Kurdo hacía una leve seña a uno de sus caballeros, delgado, fuerte, fibroso y elegante… sutil como una palmera en el desierto mental de aquellos que atronaban con sus voces, sus gritos y su vino espeso.
El paladín musulmán saludó inclinándose antes de pisar el centro del círculo en el que había actuado el cristiano; volvió a saludar de manera elegante mientras se llevaba la diestra al corazón al cruzar el umbral marcado por una gran alfombra. A una indicación de Saladino, retiró una finísima muselina que llevaba al cuello. Los rudos bebedores rugieron y soltaron algunas lindezas… acerca de lo que podrían hacer si les dejaban al mancebo “barnizado con los aires del desierto”. El musulmán lanzó el chal al aire mientras, con un gesto rápido, desenfundó su alfanje…y partió la muselina en dos pedazos que tardaron en llegar al suelo. Existe un libro de Amin Maalouf, delicioso y lleno de sugerencias, Las cruzadas vistas por los árabes.
Los españoles y otros pueblos mediterráneos no podríamos subsistir si nos arrancasen nuestro tercio greco-romano o nuestro tercio judeocristiano, pero nos han arrebatado el otro tercio árabe musulmán y hemos crecido desarraigados. Con la expulsión de musulmanes, judíos y moriscos, nos han llevado parte del alma en la “palabra”, como los bárbaros para Homero; o para Wittgenstein cuando afirma que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi propio mundo”. Y nos llevaron parte del buen gusto, la ciencia, la estética, la gastronomía, el arte, la poesía, la filosofía y el arte de vivir que llegaron a su cima en Córdoba y en Sevilla, en Granada y en todo Al Andalus. ¡Casi ochocientos años de convivencia fueron desollados por los Católicos Reyes y por la cerrazón inquisitorial de los jerarcas católicos excluyentes y fanáticos! ¿Que la vida fue a veces dura y conflictiva? ¿Y cómo fue durante esos siglos la convivencia entre los reyes cristianos?
He releído hermosas páginas sobre ese mundo de los mozárabes, tan perseguido y olvidado por los intransigentes. El profesor y amigo, Fernando García de Cortázar, trata de ellos en “Los perdedores de la Historia de España”.
¿Cómo hubierais podido comprender estos párrafos si me hubieran mutilado la lengua árabe que he utilizado en más de un 18%? Por supuesto, sin saberlo, como le sucedió a aquél gárrulo que se admiró cuando le dijeron que “hablaba en prosa”.
Es preciso recuperar nuestras raíces y así descubriremos nuestras señas de identidad perdidas. Da pena comprobar el olvido intencionado en nuestras universidades ¡durante cinco siglos! de las instituciones, cultura y riquezas de nuestro pasado árabe musulmán. Por eso no somos capaces de comprender el auténtico Islam y las culturas que de él surgieron. Han ensalzado la muy cuestionable “reconquista”, o el “descubrimiento” de América, “la cristianización y civilización” de los africanos, o el “esfuerzo y la carga del hombre blanco” cantados por Kipling, para extender la luz y “la civilización” a India, China, Japón y todo el Oriente… ¡Qué barbaridad! ¡Cuánta ignorancia!
De ahí la importancia de acercarnos a otros pueblos, culturas, tradiciones y creencias a pie descalzo y con “el corazón a la escucha”, como pidiera el joven Salomón, para escuchar, aprender, respetar, compartir, enriquecernos en un fecundo mestizaje y saber mirar juntos ese futuro que tenemos que construir para no tener que lamentarnos al contemplar las personas que pudimos haber sido. Para no “irnos a la tumba con el dolor de una canción inacabada”, como cantó el poeta turco, citado por Guevara.

José Carlos Gª Fajardo

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21 Feb 2013

El mundo se ha vuelto aldea

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 21 Feb 2013 - URL Permanente

Muchas leyes no nos obligan porque son injustas, aunque legales. Cada día más personas toman conciencia de que es absurdo que unos tengan tanto y otros no alcancen lo necesario. Es una aberración que va contra los derechos fundamentales de los seres humanos. No podemos ser cómplices con nuestro silencio.
Los datos sobre el desarrollo de agencias de la ONU, como el PNUD, son un escándalo. ¿Cómo puede ser posible que el 18% de la humanidad acapare el 80% del consumo de la tierra? ¿Cómo puede ser posible que haya casi dos mil millones de seres en la miseria, sin acceso al agua potable, a la instrucción básica, a la sanidad más elemental, a una maternidad responsable, a un medio ambiente degradado por el despilfarro de una industria letal, por la codicia de unos pocos?
Es como si un opresor invadiera nuestras tierras, esclavizara a nuestros hombres, violara a nuestras mujeres, sodomizara a nuestros hijos, ¿tendríamos que colaborar con ellos? La razón natural, el sentido común, la íntima convicción nos dice que no.
Como la Peste, de Albert Camus: “Nos ha invadido y nos estamos acostumbrando a vivir entre cadenas”. ¡Están locos y nos hacen creer que los locos somos nosotros! Durante miles de años se tuvieron por “normales” la esclavitud, la inferioridad de las mujeres, el dominio de unos pueblos sobre otros, de unas culturas y de unas religiones sobre otras, el racismo, el imperialismo de la cruz y de la espada o de la media luna, la conquista de América, la colonización de África y de Asia, la persecución de los que no pensaban como el grupo dominante, la Inquisición, el dominio capitalista y los totalitarismos comunista y fascista.
¿Acaso nuestros hijos no nos preguntarán cómo no sentimos horror ante las guerras actuales, la criminal siembra de campos de minas que destrozan a inocentes, la miseria impuesta a pueblos empobrecidos, la prepotencia de las multinacionales, la tiranía de las ideologías, la divinización del consumismo, la marginación de las gentes de color y de los que exigen su derecho a ser diferentes, del genocidio de los indígenas, de la explotación de los niños y de las mujeres, de los bombardeos de poblaciones civiles, de los embargos que siempre padece la población civil y nunca los militares ni los policías ni los miembros del Partido en el poder?
¿Acaso no somos responsables, por el pago de nuestros impuestos, de la fabricación y venta de armas a gobernantes que envían a sus pueblos a la muerte, al hambre y a la desesperación?
¿No somos capaces de despertar ante este aullido de dolor, de envilecimiento, de absurda carrera hacia la destrucción y hacia la muerte? Cada día mueren en situaciones inhumanas millares de seres, penan con enfermedades fácilmente controlables, hay un ejército de millones de parados reclamando su derecho a participar en la construcción de la comunidad, sufren millones de seres en cárceles, cada día se puede oír el estruendo de los campos de concentración en que hemos convertido los arrabales de las grandes ciudades.
¿Cómo no va a ser legítima nuestra resistencia ante este estado de cosas? El derecho de resistencia se convierte en deber cuando afecta a la justicia y a la libertad. Cumpliremos las leyes con “restricción de conciencia” para derribar desde dentro este orden inhumano. Se trata de un grito de libertad nacido de experienciar la soledad en la que el ser humano deambula perdido. Esta sociedad en la que sobrevivimos es injusta, el orden socio-político-económico ya ha mostrado su esclerosis múltiple. Hoy la información que compartimos en la sociedad en red nos permite propagar el grito de libertad que, como el amor, es contagioso. Basta con que unos cuantos se decidan en lo más profundo de su corazón a denunciar la injusticia que impera y a cooperar en la regeneración del tejido social con la transformación de sí mismos. Nos han engañado con el cuento de que si cumplimos tales y cuales normas, que ellos se han inventado para mantenerse en el poder, tendremos “seguridad”. Eso es lo que nos han vendido: seguridad. En la salud, en el trabajo, en la escuela, en la familia, en la ancianidad, en la vida “civilizada”. No es posible ser feliz mientras muchos padecen inhumanamente. El mundo se ha vuelto aldea y ahora nos sabemos responsables unos de otros y con el medio en el que vivimos.

José Carlos Gª Fajardo

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19 Feb 2013

Vamos a `predicar

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 19 Feb 2013 - URL Permanente

Allá por el siglo XIII, en la Umbría, una mañana de mayo dijo el Hermano Francisco a Fray León:
- Ovejuela de Dios, hoy hace un hermoso día. Vamos a bajar al pueblo a predicar.
- ¡Qué alegría! Hermano Francisco, ardo en deseos de escucharos después de tantas semanas de silencio aquí en el bosque. Prepararé una alforja con algo para comer.
- No te preocupes por eso, Fray León, el Señor proveerá.
- Sí, pero será mejor echarle una mano porque el Señor ayuda a los buenos cuando son más precavidos que los malos.
Francisco no dijo nada. No obstante, el discípulo echó unos nabos, unas manzanas, restos de queso ya muy curado y algunas frutos secos en la alforja de esparto, pues, conociendo a Francisco, igual se tiraban varios días por los valles. También echó un pellejo de vino que les habían dejado unos carboneros.
Llegaron a las primeras casas del pueblo y encontraron a un mendigo con llagas purulentas. Francisco se detuvo, lo abrazó llamándole hermano, le lavó las heridas con agua y le pidió a León que le vertiese algo de vino sobre las llagas y que le diera también algo de beber y de comer al mendigo.
Al cabo de un rato, una mujer salió llorando al camino porque su hija se moría bajo una fiebre ardiente. Francisco entró, puso su mano sobre la frente de la muchacha y la fiebre desapareció. Después, la ayudó a comer una manzana fresca y dio a la madre algo de la comida de la alforja de Fray León.
Así continuaron toda la mañana, cuidando a enfermos, visitando y animando a ancianos, consolando a un viudo mientras le ayudaban a enterrar a su esposa, jugando con unos niños que habían perdido a su padre, y dejando siempre algo de comida que León sacaba de la alforja con gran pasmo porque él sólo había echado unos nabos, unas manzanas y poco más. Pero no abrió la boca ya que Francisco había entrado en el hospital de menesterosos, se había arremangado, ceñido con un delantal y puesto a fregar la estancia, a lavar la ropa, a tenderla y, mientras se secaba en el huerto, consolaba y lavaba a los enfermos. También les daba a cada uno según su hambre y su necesidad.
Ya caía la tarde, León no podía con su alma y se sentía desfallecido por el hambre. Entonces, Francisco le dijo:
- Fray León, Ovejuela de Dios, vamos al convento para llegar a Vísperas y no hacer esperar a los hermanos.
- ¡A cuatro cañas en forma de choza llama vuestra paternidad convento!
- ¿Acaso no es allí en donde nos reunimos para llevar una vida fraternal? Pues eso es un convento y todo lo demás ostentación.
- Dígame, Hermano Francisco, - preguntó León con cautela -, ¿no habíamos bajado al valle para predicar? Vuestra Paternidad casi no ha soltado palabra.
- ¿Y qué hemos hecho, Ovejuela? ¿Acaso no hemos estado predicando durante todo el día?

José Carlos Gª Fajardo

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Origen y sentido de las palabras:

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 19 Feb 2013 - URL Permanente

peregrino
Aparece por primera vez en nuestra lengua en los poemas de Berceo, en la primera mitad del siglo XIII, para denominar a los cristianos que viajaban a Roma o a Palestina para visitar los lugares sagrados, a veces como castigo autoimpuesto para pagar determinados pecados y otras veces para cumplir penas canónicas. De estos peregrinos surgirá posteriormente la idea de las Cruzadas, enviadas para reconquistar los lugares que los cristianos consideraban sagrados y que estaban en poder de pueblos de otras religiones.
El vocablo se originó en el latín, mediante la contracción de per- 'a través' y ager 'tierra', 'campo', que dio lugar al adjetivo pereger 'viajero' y al adverbio peregre 'en el extranjero', el cual, a su vez, derivó a peregrinus 'extranjero' y peregrinatio 'viaje al exterior'. Al mismo tiempo que se incorporaba al español como peregrino, peregrinus pasó al francés como peligrim, que evolucionó hacia el moderno pélerin, y al inglés, primero como pilegrim y, actualmente, pilgrim.
A. Saco

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15 Feb 2013

Las tapas de las sentinas

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 15 Feb 2013 - URL Permanente

“En 2011, el Partido popular gastó 133 millones de euros, registrados en la contabilidad oficial, pero sólo ingresó 12 millones, mientras que los donativos apenas superaron los 2 millones”, denuncia el periodista y académico, Luis Mª Anson. Con lo que se confirma que más del 90% de lo que gastan el PP, el PSOE y los demás partidos procede de subvenciones del Estado y de empresas premiadas con concesiones de la administración pública. No de otra manera se puede interpretar que entregas de hasta 400.000 euros, y más cantidades fraccionadas, figuren en las cuentas sacadas a la luz del partido como “144.000 euros”. ¿El resto? Pues a engrosar las retribuciones opacas, en los “sobres” que perciben regularmente los dirigentes del partido y que no se declaran a Hacienda. Esto se había hecho costumbre hasta el punto de parecerles normal a los beneficiarios. O que el tesorero del PP, Bárcenas, separado del partido por estar imputado en casos de corrupción y de evasión de capitales, percibió 400.000 euros por “despido improcedente” y el pago de las cuotas a la seguridad social hasta la fecha.

Es tal el ambiente generalizado de corrupción que en cada informativo de los medios de comunicación ya ocupan la mitad de su información, y el resto son noticias de catástrofes y de crímenes en el mundo, con lo que dan la sensación de que todo va mal y en todas partes. Lo cual es una falacia abominable, porque cada día se producen miles de noticias positivas, amables, enriquecedoras capaces de mantener nuestra esperanza en un mundo mejor, más justo y solidario.

Esto nos ha confundido, desolado y hasta desesperanzado porque nos estaban envenenando como un gas paralizante hasta que se rematase la privatización del Estado de Bienestar Social. Vemos cómo se privatizan servicios fundamentales como la educación, la sanidad, la investigación, se reducen las prestaciones a personas dependientes, los deshaucios se cuentan por cientos de miles de euros, las personas sin trabajo alcanzan los 6 millones, se incrementan los suicidios mientras se respaldan 40.000 millones de euros para “rescatar” la banca responsable de los escándalos inmobiliarios y de evasiones de capitales.
Parece que la transición fue una gran estafa al prolongarla después del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, escribe el profesor Angosto. No es el nivel de corrupción lo que mina nuestra democracia, hunde nuestra economía y envenena nuestra convivencia porque no podemos admitir que todo el mundo está corrompido. No existiríamos como sociedad porque, hasta en las bandas de ladrones, recuerda Aristóteles, rigen normas para regirse entre ellos, al menos, en el reparto del botin.

Es responsabilidad de los poderes públicos dotarse de medios suficientes para educar ciudadanos conscientes de sus derechos y de sus deberes, entre otros el de no votar a delincuentes ni a partidos que informan su ideología en lo peor de nuestro pasado reciente, y disponer de los instrumentos necesarios para que quien soborne, prevarique o utilice la representación democrática en su provecho, sea castigado por las leyes. Las leyes existen pero se aplican a los más débiles y a quienes no están protegidos por las marañas de los partidos, los sindicatos, las patronales o dudosas fundaciones. De las patronales se ha sabido que de cada 10 euros que gastan, 7 proceden del Erario público, esto es, de los impuestos directos o indirectos de los ciudadanos.

Lo positivo es que ya hablamos públicamente de estas corrupciones en las redes socielas y en los medios, en las tertulias y en las conversaciones corrientes. Millones de personas no sólo se han echado a las calles sino que respaldan mociones ante el Congreso de los diputados contra este estado de corrupción que ha ido creciendo desde que el Partido Popular fue alcanzando más cotas de poder por más tiempo y desde que el Partido Socialista comenzó a olvidarse de su razón de ser. Ante el hedor que producían las sentinas del poder económico y político se perfila la explosión de sus tapaderas para que salgan de una vez las ratas, se avienten las inmundicias y se meta el caudal de un río como el que limpió los establos de Augias, que hacía más de 30 años que nos limpiaban.

José Carlos Gª Fajardo

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La culpa no basta

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 15 Feb 2013 - URL Permanente


El voluntariado social se construye sobre la base de sinergias continuas de complementariedad. Sinergias entre los propios voluntarios, entre el voluntario y las estructuras de la organización para coordinar y ejecutar las acciones de acuerdo a objetivos coherentes. Sinergias con otras organizaciones para conseguir resultados sociales de mayor calidad y cohesión social.
Y cómo n...o, sinergias entre el voluntario social y el propio beneficiario de su acción; ya hemos dicho que el voluntario debe participar en la medida de sus capacidades en la resolución de los conflictos de aquél. La voluntad puesta en esta labor debe ir acompañada muchas veces por una voluntad del beneficiario, especialmente en procesos de reinserción. Esto crea una red paradójica de trabajo en equipo en la que todos somos imprescindibles aunque el trabajo no dependa de ninguno de nosotros en concreto.
No se deben confundir los sentimientos de responsabilidad con los de culpa, un mal aliado para desempeñar nuestra acción voluntaria, aunque, sin duda, actúa en numerosas ocasiones en las motivaciones que tiene una persona para ser voluntaria.
Uno debe pararse a reflexionar qué se pide a sí mismo y, con responsabilidad, hacer un esfuerzo por colaborar en el bienestar de los que tiene alrededor. Traspasar el límite de la responsabilidad y la reflexión nos lleva a una visión dramática y auto-culpabilizadora. Como reacción, es muy probable que tarde o temprano llegue una actitud escéptica, cínica y derrotista motivada por la decepción de no poder hacer más de lo que está en nuestras manos. La virtud más eminente es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer.
Los complejos de culpa a veces están radicados en una visión del mundo y de las injusticias muy unidas a nuestra vida que no debemos proyectar en nuestro servicio de voluntariado. El que da lo que puede no está obligado a más.

J. C. Gª Fajardo

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13 Feb 2013

Solidarios al servicio de personas sin hogar

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 13 Feb 2013 - URL Permanente

Son alrededor de las 20:30 y es noche cerrada en el Pabellón de Uruguay, donde me he citado con el equipo de la asociación Solidarios para el Desarrollo para sumarme a ellos en una de sus rutas de acompañamiento a personas sin hogar, y así ser testigo de la labor que realizan cada semana. Estamos en el mes de enero, y es una de las noches más frías que está dando el invierno. Antonio, uno de los voluntarios más veteranos, me conduce a una habitación en la que, a modo de despensa, almacenan los productos cedidos por el Banco de Alimentos de Sevilla. Con la ayuda de Rafael, que justo hoy comienza su labor como voluntario en este programa, Antonio prepara varios termos de café y corta un poco de bizcocho que ofrecerá más tarde en las calles. Aunque aquí de lo que en realidad se trata es de ofrecer algo tan modesto y a la vez valioso como una conversación.
Solidarios para el Desarrollo, una organización de ámbito nacional que tiene en Sevilla una de sus delegaciones más sólidas, lleva 25 años funcionando. El origen de este programa se remonta a muy atrás, cuando una de las voluntarias se encontró a una persona durmiendo en el portal de su casa y empezó a bajarle una taza de café caliente por las noches. Y a charlar con esa persona: “El café es una mera excusa, igual que cuando quedamos con un amigo para tomar café”. Estas son palabras de Rocío, que ha sido voluntaria de la asociación durante una década y ahora acaba de incorporarse como coordinadora de Solidarios en Sevilla. “Ya hay otras organizaciones que facilitan comida, ropa y otros objetos a la gente que vive en la calle, y está muy bien que existan”, explica, “pero se les acostumbra a recibir cosas y por eso nos preguntan: ¿pero vosotros qué dais?“.

Antonio nos lo aclara: “En estas rutas, nos dedicamos a establecer contacto con las personas sin hogar. Intentamos empatizar con ellos para que se sientan acompañados y, de esa cotidianidad, va surgiendo una relación que no llegará a ser de amistad, pero que nos ayuda a conocer su problemática y, en ciertos casos, a derivarlos a otros servicios institucionales. Además, a ellos les servirá para recuperar esos lazos sociales que han ido perdiendo en la calle”. Actualmente casi un 32% de la población andaluza vive por debajo del umbral de la pobreza. Desde Solidarios defienden que no se puede definir a una persona por carecer de hogar, ya que se trata de algo circunstancial. Entre las causas más frecuentes de vivir en la calle están la pérdida del trabajo, la dificultad para pagar un alojamiento y la separación de la pareja. Nada extraordinario.

El perfil clásico era el del “cincuentón alcohólico”, según Antonio, pero ahora hay mucha diversidad: gente de todas las edades, inmigrantes (sobre todo de países del Este), enfermos mentales, personas con una adicción o que simplemente han sido desahuciadas con motivo de la crisis. “Te va a sorprender que la gente de la calle es muy normal”, me dice Antonio. “Están en unas circunstancias difíciles, pero si las tratas con normalidad, te responden con normalidad. Cuando entablas relación, te sorprende lo cerca de ti que están, la poca distancia que media entre una persona sin hogar y tú. Eso te hace reflexionar sobre los motivos que te separan de esa situación”. De ahí que una de las labores más importantes de Solidarios sea la de concienciarnos de que, como expresa Rocío, “uno no llega a la calle porque quiere sino por un proceso, y nadie está libre de caer en esa situación”.

Entre las causas más frecuentes de vivir en la calle están la pérdida del trabajo, la dificultad para pagar un alojamiento y la separación de la pareja.

Un mensaje que como mejor se entiende es haciendo una de las rutas de acompañamiento como voluntario. En la actualidad, Solidarios Sevilla cuenta con unas 30 personas que, de forma más o menos constante, colaboran en sus diferentes programas. La mayoría de ellas pertenecen al ámbito universitario, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que el fundador de esta asociación, José Carlos García Fajardo, ha sido profesor durante muchos años. Esta noche han venido José Luis y Giulia, estudiantes que junto a Rafael realizarán la ruta por el centro histórico de Sevilla. Antonio, Rocío y yo nos dirigimos hacia el otro recorrido habitual, el del Paseo Juan Carlos I junto al Guadalquivir, en el que se nos sumarán otros dos jóvenes universitarios, Arturo y Felipe. “Desde casa es muy difícil estar sensibilizado con este tema”, comenta el primero, “solo te das cuenta de cómo es la calle cuando la ves de cerca. Así que se trata sobre todo de ser conscientes, y de darles un poco de calor humano”. Allá vamos, adentrándonos en la oscuridad y en la humedad de la noche.

Y sin embargo, la gente que encontramos alrededor de la fogata y de las tiendas de campaña no resulta nada misteriosa, ni inquietante, ni amenazadora en absoluto. El saludo entre ambos grupos, voluntarios y personas sin hogar, es educado y amable. Se ofrece café y bizcocho, que en muchos casos son rechazados; pero ya se sabe, eso es lo de menos. Se les pregunta qué tal va todo, se les escucha en sus desahogos: mal, la situación va a peor, se quejan de que la policía viene todos los días y se llevan sus cosas. “Nos molestan a todas horas y vamos de un lado para otro”, se lamenta Charo. “Aquí en el paseo no nos quieren, pero tampoco nos dan alternativas”. Es uno de los problemas con que se encuentran a menudo las personas sin hogar: la policía les deja dormir en la calle, pero no almacenar sus escasas pertenencias. El problema es que los servicios municipales, al margen de carecer de plazas suficientes, solo ofrecen estancias en régimen de residencia, pero no un simple espacio donde dejar sus bienes.

Mucha de la gente que vive en la calle solo necesitaría un sitio donde pernoctar, pero los albergues suelen tener unas condiciones exigentes de entrada y salida, y condicionan el alojamiento a seguir un programa institucional concreto. Por contra, desde Solidarios se lucha porque haya más plazas de baja exigencia, de forma que mucha más gente pueda acceder a ellas, incluyendo a quienes –por ejemplo– aparcan coches o venden chatarra. Sin embargo, según Antonio, “los recursos de la Administración pecan de rigidez, imponiendo demasiadas barreras para que se puedan aprovechar plenamente”. También Rocío piensa que el sistema no se adapta lo suficiente: “Paradójicamente, ni siquiera por vivir en la calle son libres, porque al final tienen que hacer cola para todo: para desayunar, para ducharse, para recibir orientación…”. De hecho, el motivo principal por el que, incluso durante el invierno, ocupan esta zona del río es la cercanía de ciertos recursos sociales.

La gente que encontramos alrededor de la fogata y de las tiendas de campaña no resulta nada misteriosa, ni inquietante, ni amenazadora en absoluto.

Aunque no obstante, hay todo tipo de proyectos para desalojar esta codiciada margen del río. Uno de ellos ya se está construyendo, un pipican o parque canino que ya ha forzado a desplazarse a numerosas personas sin hogar. Pero hay otras formas de presionarlas, como la recogida de residuos o las inspecciones policiales que no respetan el horario previamente acordado. Últimamente la policía no avisa sobre cuándo pasará por la zona, y se sospecha que esa falta de previsión sea adrede. “Ningún partido en el gobierno municipal ha querido gente aquí”, afirma Antonio, si bien admite que “tampoco es viable que se queden eternamente, pero hay que ofrecer alternativas donde se puedan quedar”. A veces también el conflicto se produce con los vecinos, “algo lógico porque ellos tampoco tienen culpa de la situación”. Y es que, a fin de cuentas, “la respuesta ha de partir de las administraciones”, en opinión de Rocío.

Es otra de las vertientes de Solidarios, la interlocución y la reivindicación dirigidas a las instituciones públicas. “Es normal que si conoces la realidad nazca en ti el sentimiento reivindicativo”, señala Antonio, “o al menos el de mostrar a la sociedad lo que hay”. Según esta asociación, la atención hacia las personas sin hogar ha ido mejorando en la última década, “aunque siguen siendo muy invisibles”, aclara Rocío. En la actualidad se celebra una mesa de trabajo mensual con todas las entidades e instituciones que colaboran en este ámbito, ya sea desde lo privado o desde lo público. Rocío considera “fundamental” este ejercicio de coordinación, en el que cada grupo (Solidarios, Cáritas, Cruz Roja, el Ayuntamiento, el centro de acogida municipal…) ofrece su visión particular de este colectivo que solo en la zona céntrica de Sevilla incluye a unas 200 personas sin hogar –según el recuento anual de Solidarios. Esta noche no hay tanta gente en las calles, debido al dispositivo contra el frío que cada año, por estas fechas, pone en marcha el Ayuntamiento: una medida estacional (y tal vez influida por la caridad navideña) que se antoja insuficiente.

Una de las personas que siguen pasando la noche a la intemperie es Iván, aunque él espera que no por mucho más tiempo. Iván es originario de Perú y ahora se plantea volver a su país. Un voluntario de Solidarios que hoy no ha podido hacer la ruta le habló la semana pasada de una ONG que facilita la repatriación de inmigrantes, a través de una ayuda económica. Tras ocho años en esta ciudad, está harto de no conseguir trabajo y de tener a la policía siempre encima. “Si no es por la Mari, hoy se hubieran llevado mis documentos sin motivo alguno”, dice con resignación. La Mari tiene otros quebraderos de cabeza, asuntos sentimentales al parecer. “Amores reñidos, amores queridos”, diagnostica alguien alrededor del fuego. Las llamas que emboban y atrapan, “te puedes pasar las horas mirando”. La conversación continúa con quejas, miedos, confesiones, repaso de la actualidad, algunas risas y mucho consuelo. Las palabras compartidas parecen avivar la hoguera hasta que nos despedimos. Más tarde llego a casa y, al mirar desde la ventana, veo en la calle un mar de fueguitos que acaban con la oscura imagen de la noche.

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08 Feb 2013

Invitación a la utopía

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 08 Feb 2013 - URL Permanente

“Invitación a la utopía” Juan José Tamayo, Trotta. Madrid, 2012

Frente al inconformismo de l Mayo francés “¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!”, domina el resignado “seamos realistas, atengámonos a los hechos”.

PLATÓN PEDÍA que se atase a los filósofos con cadenas para forzarlos a interesarse por el Estado. Más teoría antes de llegar a la acción. Vendría bien que los intelectuales modernos pensasen en cómo cambiar el mundo, y no tanto en preocuparse por cómo conservarlo. Más esperanza y menos apocalipsis.

No se ha acabado el tiempo de la poesía. Pese al diagnóstico de Adorno, ni Auschwitz ni las catástrofes que producen esas cosas tan ingenuamente llamadas “crisis” liberan al intelectual (menos, al político) de buscar otras maneras de construir una Humanidad verdaderamente humana.

Contra el Günter Anders de La obsolescencia del hombre, ofuscado contra el esperanzado Ernst Bloch, se alzan las ansias del hombre que apenas sabe dos cosas cuando entra en el uso de su razón: que ha de morir y que debe luchar por maneras mejores de vivir.

¿Utopías? Sí, utopías. En el reino de la mentira, hasta la propia palabra goza de mala salud. Molesta la verdad, prosperan las simulaciones.

Se arrebatan derechos a las personas, hasta matarlas de hambre, pero el Poder dice actuar para mejorarles la vida. A Tácito ya le enfadaban tales eufemismos, con la anécdota del comandante romano que acabó de forma brutal con una tribu revoltosa e informó a Roma, eufórico, que lo que había hecho era llevar la paz a la región. “Crean un páramo, y lo llaman paz”, reprochó Tácito.

Corren malos tiempos para la verdad, pero también para la utopía. Calificar a una persona de utópica es, muchas veces, un insulto. La situación de destierro en que viven los proyectos utópicos es similar a la de los poetas en la República de Platón, expulsados de la ciudad ideal porque no alcanzan la verdad. Frente al inconformismo de l Mayo francés (¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!), domina el resignado “seamos realistas, atengámonos a los hechos”.

Sobre esas premisas es sobre las que Tamayo construye este libro, a la manera de una enciclopedia del pensamiento utópico, desde la Antigüedad griega a las utopías revolucionarias de la Modernidad, también la feminista y la antiglobalizadora, las más recientes. Como era de esperar de uno de los grandes teólogos contemporáneos, el autor exhibe su espléndida madurez con un capítulo sobre la Biblia, gran enciclopedia de utopías y contra utopías, además de modelo de conquistas y derrotas, de avances y retrocesos, en fin, de amores y crueldades terribles.

El título de la obra ya expresa el compromiso ético del autor. El objetivo es doble: rehabilitar la utopía con sentido crítico y dialéctico en medio de la oscuridad del presente, y, también, ponerla al servicio de la emancipación humana. Tamayo completa así su trilogía sobre la utopía, cuyas dos entregas anteriores son: Religión, razón y esperanza. El pensamiento de Ernst Bloch (1992) y Para comprender la escatología cristiana (2008), uno de los mejores estudios sobre la esperanza cristiana.

Juan G. Bedoya

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06 Feb 2013

Decile a alguien

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 06 Feb 2013 - URL Permanente

Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo un último recorrido por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño le rozó con la mano:
- Decile a ... – susurró el niño- Decile a alguien que yo estoy aquí.

(Es tan hermoso este relato de Galeano que no me atrevo
a añadir ni una palabra)

José Carlos Gª Fajardo

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01 Feb 2013

La noble profesión

Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 01 Feb 2013 - URL Permanente

El diario Le Monde, ha recuperado un texto de Albert Camus censurado a comienzos de la Guerra mundial, en 1939. Sus reflexiones permanecen vivas al cabo de más de medio siglo: Es difícil evocar hoy la libertad de prensa sin ser tachado de extravagante. Sin embargo, esta libertad es solo una cara entre otras de la libertad en sentido estricto y se comprenderá nuestra obstinación en defenderla si se admite que no hay otra forma de ganar realmente la guerra.

Uno de los buenos preceptos de una filosofía digna de ese nombre es el de jamás caer en lamentaciones inútiles ante un estado de cosas que no puede ser evitado. La cuestión no es hoy saber cómo preservar la libertad de prensa sino la de buscar cómo, ante la supresión de esas libertades, un periodista puede seguir siendo libre. El problema no concierne a la colectividad. Concierne al individuo.

Estos son los medios a través de los cuales, en el seno mismo de la guerra y de sus servidumbres, la libertad puede ser, no solo preservada, sino también manifestada. Estos medios son cuatro: la lucidez, el rechazo, la ironía, la obstinación.

La lucidez supone la resistencia a las invitaciones al odio y al culto de la fatalidad. En el mundo de nuestra experiencia, todo puede ser evitado. La guerra misma, que es un fenómeno humano, puede ser en todo momento evitado o detenido por medios humanos. Es suficiente con conocer la historia de los últimos años de la política europea para estar seguros que la guerra tiene causas evidentes.

Esta visión clara de las cosas excluye el odio ciego y la desesperanza que deja hacer. Un periodista libre, en 1939, no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar la desesperanza. Todo eso está en su poder.

Frente a la marea creciente de imbecilidad, es necesario oponer algunos rechazos. Todos los condicionamientos del mundo no harán que un espíritu limpio acepte ser deshonesto. Ahora bien, es fácil asegurarse la autenticidad de una noticia. Es a lo que el periodista libre debe dedicar toda su atención. Si no puede decir todo lo que piensa, puede no decir lo que no piensa o lo que cree falso. Así, un diario libre se mide tanto por lo que dice como por lo que no dice. Esta libertad negativa es la mas importante de todas, si se la sabe mantener. Dado que prepara el advenimiento de la verdadera libertad. En consecuencia, un diario independiente ofrece el origen de sus informaciones, ayuda al público a evaluarlas, repudia el abarrotamiento de los cerebros, suprime las invectivas, mitiga mediante comentarios la uniformización de las informaciones, sirve a la verdad en la medida humana de sus fuerzas. Esta medida le permite rechazar lo que ninguna fuerza en el mundo podría hacérselo aceptar: servir a la mentira.

La ironía. Un espíritu que tiene el gusto y los medios de imponer la coacción es impermeable a la ironía. No vemos a Hitler utilizar la ironía socrática. Lo que implica que la ironía se vuelve un arma sin precedentes contra los demasiado poderosos, en el sentido que permite, no solo rechazar lo que es falso, sino decir lo que es la verdad. Un verdadero periodista libre, en 1939, no se hace ilusiones sobre la inteligencia de aquellos que lo oprimen. Es pesimista respecto del hombre. Una verdad enunciada con un tono dogmático es censurada nueve veces sobre diez. La misma verdad dicha agradablemente no lo es más que cinco veces sobre diez. Esta disposición describe las posibilidades de la inteligencia humana. Un periodista, en nuestro tiempo, tiene que ser irónico, aunque sea con riesgo. Pero la verdad y la libertad son poco exigentes dado que tienen pocos amantes.

Esta actitud del espíritu no podría sostenerse sin un mínimo de obstinación. Hay suficientes obstáculos a la libertad de expresión. No son los mas severos los que pueden desalentar un espíritu. Las amenazas, las suspensiones, las persecuciones producen generalmente el efecto contrario a lo que se proponen. Cierto que hay obstáculos desalentadores: la constancia en la tontería, la apatía organizada, la inteligencia agresiva. Pero la obstinación es una virtud cardinal. Paradójicamente se pone al servicio de la objetividad y de la tolerancia.

Éstas son un conjunto de reglas para preservar la libertad hasta el seno de la servidumbre. Si cada ciudadano quisiera mantener en su esfera todo lo que cree verdadero y justo, si quisiera ayudar desde su condición débil a mantener la libertad, resistir el abandono y dar a conocer su voluntad, entonces esta guerra estará ganada, en el sentido profundo del término.

¿Qué puede encontrarse de agradable en este mundo incendiado? Pero la virtud del hombre consiste en mantenerse enfrente de lo que lo niega. Nadie quiere recomenzar dentro de veinticinco años la doble experiencia 1914 y 1939. Entonces hay que ensayar un método nuevo que es la justicia y la generosidad. Pero éstas solo se expresan en los corazones libres y en los espíritus todavía clarividentes. Formar estos corazones y estos espíritus, despertarlos antes, es la verdadera tarea a la vez modesta y ambiciosa que le toca al hombre independiente. Hay que hacerlo sin pensar más allá. La historia tendrá o no en cuenta esos esfuerzos. Pero habrán sido hechos”.

Por la transcripción, José Carlos García Fajardo

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