14 Jun 2008

La Cualificación de un Auténtico Maestro Budista.

Escrito por: Rinchen el 14 Jun 2008 - URL Permanente

La Cualificación de un Auténtico Maestro Budista
por Kunzig Shamar Rinpoche

Teniendo en cuenta lo vasto y profundo de las enseñanzas de Buda, resulta muy difícil ser un verdadero maestro cualificado. Ser genuinamente competente requiere la optención de un nivel de comprensión que capte la esencia de la mente iluminada en su integridad, completamente libre de toda concepción errónea. Extremadamente difícil encontrar un individuo así. Sin embargo, a pesar de ello, existen muchos maestros con una buena formación que han alcanzado un notable dominio intelectual de los principios generales de la tradición Budista, y son competentes a la hora de instruir de forma puramente académica a estudiantes.

De hecho, el entrenamiento de un erudito es bastante riguroso, debido en parte, al volumen del material que debe ser abordado. En la tradición Budista Tibetana, existe una vasta colección de comentarios que tratan los sutras, tantras, y otras visiones derivadas de las enseñanzas de Buda. Los escritos de Nagarjuna, Asanga, y otros grandes eruditos y seres realizados fueron traducidos del sánskrito hace siglos, y traídos a Tibet, donde han sido objeto de más comentarios por innumerables filósofos tibetanos. La tradición ha experimentado una continua evolución en tanto que se han debatido diferentes temas, así como revisado y criticado eminentes ensayos repetidas veces, con el fin de aclarar las distintas teorías. Instituciones Budistas de educación superior (Tib. Shedras) de todas las grandes tradiciones del Budismo Tibetano poseen ciertas áreas de estudio en común, tal como: la visión del Madyamaka, considerada como el nivel superior de pensamiento en la tradición Mahayana-sutra , a través de la cual se adquiere la comprensión definitiva de la visión última conocida como Pramana (Tib. Tsema). Pramana es la investigación a través del debate y el análisis, de las diferentes escuelas de pensamiento en lo que concierne a la cognición de los fenómenos a nivel relativo y último de la naturaleza de la mente. El sutra de Prajna Paramita (la perfección de los sutras de sabiduría) revela el camino hacia la Iluminación de forma sistemática de acuerdo con la tradición del Bodhisattva. El Abbhidharma Kosha es un análisis detallado de los vehículos Sravaka and Pratyeka Buddha, que juntos constituyen la tradición Theravada . El Vinaya (la disciplina); y estudios de filosofía tántrica.

Cuanto más se ahonda en la profundidad de estos temas, más complejas y extensas se vuelven las explicaciones. No es de extrañar que estos estudios duren hasta diez o quince años, incluso más. Además, existen materias secundarias tal como Sánscrito, astrología, y lingüística (que incluye gramática, poesía y literatura)

Actualmente, aquellos que siguen un curso en una Shedra pasan entre 12 y 14 años como estudiantes. Una vez superados con éxito sus estudios, reciben un título indicativo de su grado de calificación. Estos estudios son extensos y la finalización de los cursos indica un gran conocimiento de la materia. Sin embargo no hay que olvidar que no existe ninguna garantía de que los graduados han entendido las enseñanzas profundamente, ya que el verdadero conocimiento está más allá de la mera compilación de información.

Si se realizan años adicionales de estudio, el estudiante puede llegar a un punto donde no le queda ninguna duda sobre el significado del conjunto de textos y escrituras, además de haber alcanzado una certeza sobre los diferentes puntos de vista filosóficos estudiados. Un examen exhaustivo de todas las discrepancias lleva a clarificarlas, no quedando preguntas sin responder. Para tal persona no hay libro que tenga nada más que enseñarle, y una vez logrado este destacado nivel académico, el estudiante puede estar capacitado para componer tratados.

En Tibet, componer un tratado filosófico era una tarea de extrema importancia. Si un gran erudito tenía una sólida base en literatura y debate, se le permitía escribir sobre cualquiera de las principales materias de investigación filosófica antes mencionadas; siendo necesaria la preparación para defenderlo en un debate público. Se requería una importante formación académica ya que todo defecto en el razonamiento que el autor no pudiera defender era motivo de rechazo de la composición, además de causa de una dura humillación. Sin embargo, si la composición era aceptada como válida por otros grandes eruditos, el autor se vería colmado de respeto y reconocimiento. Entre aquellos grandes eruditos llamados "Khenpos" en las tradiciones Kagyu, Sakya y Nyingmapa, y "Geshes" en la tradición Gelugpa, el estatus superior que alguien podía alcanzar era al realizar un tratado que soportaba los muchos exámenes e inevitables desafíos sin ser refutado. Como resultado, tanto en Tibet como en India imperaban altos criterios.

A pesar de la dificultad que entraña obtener un estatus académico, también es de admirable realización un maestro de meditación altamente cualificado y capaz de guiar de forma efectiva a estudiantes. El propósito real de el camino Budista es alcanzar el estado de Buda, la Iluminación. Lo que depende en gran parte de la experiencia meditativa. Incluso memorizando miles de libros, si alguién no ha alcanzado la consciencia que el Buda se propuso, no se puede considerar que las enseñanzas de tal individuo llevan a uno a la iluminación.

Para guiar a un practicante a lo largo del camino de la meditación, un maestro debería conocer en detalle todos los aspectos de la meditación, además de haberlos practicado. Las experiencias y problemas que hayan aparecido en la meditación del propio maestro, le capacitarán para comprender la naturaleza de los problemas particulares de los estudiantes. Tales habilidades no se pueden aprender a través del conocimiento teórico. Sólo a través de la propia experiencia se aprende a discrimiar si se ha logrado el resultado de una meditación particular, y si no es así, uno puede aprender cómo realizarlo. A este hecho se añade que cada estudiante es único en aptitudes y debilidades, demandando un seguimiento individual. Queda claro, por tanto, que solamente aquellos maestros altamente realizados son capaces de guiar a otros en la meditación..

Un ejemplo del valor de este tipo de entrenamiento queda reflejado en la relación entre el yogui Milarepa y su discípulo, Gampopa. Durante el periodo en el que Milarepa entrenaba a Gampopa, en una ocasión mientras meditaba en una cueva, perdió la vista quedando completamente ciego. Se arrastró hasta la cueva de Milarepa y le informó del grave problema aparecido. Tenía miedo. Milarepa le contestó que no se preocupara, y que este suceso no era ni bueno ni malo. Inmediatamente le diagnosticó la causa, y le dijo que tenía el cinturón de meditación demasiado prieto, y que eso le estaba creando excesiva tensión.

En otra ocasión, Gampopa se hayaba meditando en su retiro en solitario, cuando se vió interrumpido por la aparición de mil Budas en el espacio encima de él. Corrió a encontrar a Milarepa para contarle muy entusiasmado, que había alcanzado un gran resultado en su práctica. Milarepa, muy tranquilo, le contestó "si te presionas los ojos con los dedos, vas a ver dos soles, que tal y como tu visión, no es más que una ilusión. No es ni positivo ni negativo. Concentrate únicamente en la meditación y no te apegues a las visiones". Como Gampopa apreciaba enormemente la declaración de su maestro, la visión desapareció.

Milarepa pudo aconsejar adecuadamente a Gampopa, gracias a su gran capacidad de compresión. Un erudito puede buscar en varios libros, concluyendo que en el primer caso quizás Gampopa debería visitar a un médico, y en el segundo caso puede concluir con que su visión era realmente un gran experiencia, y podía sugerir a Gampopa la posibilidad de tener más visiones de este tipo.

Actualmente hay muchos maestros de meditación en el mundo, pero casi todos conocen los primeros niveles de meditación, siendo principiantes ellos mismos. No se puede decir que todos los maestros de meditación son inexpertos, pero parece ser el caso general. Pueden tener la capacidad de enseñar niveles básicos de la práctica de la meditación, pero no tienen experiencia en niveles avanzados. Esto afecta de la misma forma a eruditos eminentes y de estatus humilde; si ellos mismos no tienen experiencia directa de niveles avanzados de conciencia meditativa. Eruditos que son inexpertos en meditación, pueden estar capacitados para instruir y enseñar sobre los principios del Budismo. Aunque si lo comparamos con un maestro de meditación, un erudito es inferior. Lo óptimo parece ser una combinación de estas cualidades, sin restricciones. Un dominio del conocimiento teórico requiere años y años de estudio, tal como un dominio de la experiencia meditativa a lo largo de los distintas etapas de calma y comprensión meditativa, hasta el nivel más avanzado, el cual, en la tradición Kagyu se conoce como el Mahamudra.

Hay que tener en cuenta la verdadera finalidad de la práctica Budista, que no es nada más que alcanzar la iluminación. Considerando el método más indicado para alcanzar el resultado de la realización absoluta de un Buda, Milarepa ha planteado que la combinación de el maestro adecuado, las instrucciones adecuadas, la práctica adecuada, y las condiciones adecuadas, producen el resultado adecuado. Se refiere a ir progresando con éxito a través de las distintas etapas para alcanzar el resultado último, de principio a fin. Teniendo esto en mente, un maestro adecuado resulta una condición indispensable. Si alguién pretende ser un erudito, su maestro debería igualmente ser un erudito. Si alguién pretende alcanzar la iluminación, su maestro debería ser un maestro de meditación cualificado.

El proceso más recomendable que doy a los budistas de hoy en día, es adquirir una base firme de comprensión teórica del camino Budista, y entonces proseguir centrándose lo máximo posible en la práctica de la meditación bajo la dirección de un maestro competente. En este caso, la competencia no se mide por la habilidad de leer Sánskrito o inglés, o la posesión del título de Khenpo o Geshe; sino que se mide por la experiencia meditativa y la realización.

¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

30 Mar 2008

Mensaje de S.S. el Dalai Lama. Un llamamiento al Pueblo Chino.

Escrito por: Rinchen el 30 Mar 2008 - URL Permanente

MENSAJE DE SU SANTIDAD EL DALAI LAMA
28 de Marzo de 2008

UN LLAMAMIENTO AL PUEBLO CHINO

Hoy mando mis sinceros saludos a mis hermanos y hermanas chinos de todo el mundo, especialmente a los de la República Popular China. En vista de los recientes acontecimientos en el Tíbet, quisiera compartir con vosotros mi opinión sobre las relaciones entre el pueblo tibetano y el chino y haceros llegar un llamamiento personal a todos vosotros.

Estoy profundamente apenado por la pérdida de vidas en los trágicos sucesos ocurridos recientemente en el Tibet. Soy consciente de que también algunos chinos han muerto. Mi pesar y mis plegarias para las víctimas y sus familiares. Los recientes disturbios demuestran claramente la gravedad de la situación en el Tíbet y la urgente necesidad de buscar una solución pacífica que beneficie a ambas partes por medio del diálogo. Incluso en esta coyuntura, he expresado mi buena voluntad hacia las autoridades chinas para trabajar juntos para conseguir paz y estabilidad.

Hermanos y hermanas chinos, os aseguro que no tengo ninguna intención de buscar la separación del Tíbet. Ni tampoco tengo ningún deseo de romper los lazos que unen al pueblo tibetano y al chino. Todo lo contrario, mi compromiso ha sido siempre buscar una verdadera solución al problema del Tíbet que asegure los intereses a largo plazo tanto de los chinos como de los tibetanos. Mi principal preocupación, como he repetido una y otra vez, es asegurar la supervivencia de la cultura característica del pueblo Tibetano, su idioma y su identidad. Como un simple monje que se esfuerza por vivir su vida según los preceptos Budistas, os puedo garantizar la sinceridad de mi motivación personal.

He hecho un llamamiento al gobierno de la República Popular China para que comprendan claramente mi posición y para que trabajemos para resolver este problema "buscando la verdad a partir de los hechos". Insto al gobierno chino a poner en práctica su buen juicio e inicien un diálogo significativo con el pueblo tibetano. Hago también un llamamiento para que hagan sinceros esfuerzos para contribuir a la estabilidad y la armonía de la República Popular China y eviten crear rupturas entre las nacionalidades.

El retrato que han hecho los medios de comunicación estatales sobre los sucesos en el Tíbet, utilizando imágenes engañosas y distorsionadas podrían sembrar las semillas de tensiones raciales con consecuencias impredecibles a largo plazo.

Esto para mi es una grave preocupación. Igualmente, a pesar de mi repetido apoyo a los Juegos Olímpicos de Beijing, las autoridades chinas, con la intención de crear rupturas entre el pueblo chino y yo, las autoridades chinas afirman que estoy intentando sabotear los juegos. Sin embargo, me siento animado por el hecho que varios intelectuales y eruditos chinos han expresado también su gran preocupación por las acciones del gobierno chino y las posibles consecuencias adversas a largo plazo, especialmente con las relaciones entre diferentes nacionalidades.

Desde tiempos antiguos, los pueblos Tibetano y Chino han vivido como vecinos. En los dos mil años que se han registrado de la historia de nuestros pueblos, algunas veces hemos disfrutado de relaciones amistosas, entrando incluso en alianzas matrimoniales, mientras que en otras épocas hemos luchado unos contra otros. Sin embargo, desde que en Budismo floreció en China, antes de que llegara al Tíbet desde la India, nosotros los tibetanos históricamente hemos concedido al pueblo chino el respeto y afecto que se merecen como nuestros hermanos y hermanas mayores en el Dharma. Esto es algo bien conocido por los miembros de la comunidad china que viven fuera de China, algunos de ellos han asistido a mis conferencias sobre Budismo, así como también peregrinos de China continental, a quienes he tenido el placer de conocer. De estos encuentros me reconfortan y siento que pueden contribuir a un mejor entendimiento entre nuestros dos pueblos.

El siglo veinte ha sido testigo de enormes cambios en muchas partes del mundo y también al Tíbet le ha llegado esta turbulencia. Poco tiempo después de que se fundara la República Popular China en 1949, el Ejército de Liberación Popular entró en el Tíbet, y como consecuencia en Mayo de 1951 se firmó el Acuerdo de los 17 Puntos entre China y el Tibet. Cuando yo estuve en Beijing en 1954/55, asistiendo al Congreso Nacional Popular, tuve la oportunidad de conocer y entablar amistad personal con muchos dirigentes, incluyendo al mismo Presidente Mao. De hecho el Presidente Mao me aconsejó sobre diferentes asuntos, y asimismo me dio garantías personales sobre el futuro del Tíbet. Alentado por estas garantías e inspirado por la dedicación de muchos de los líderes revolucionarios de la China de entonces, regresé al Tíbet lleno de confianza y optimismo. Algunos miembros tibetanos del Partido Comunista Chino también albergaban esta esperanza.

Después de mi regreso a Lhasa, hice todos los esfuerzos posibles para conseguir una autonomía regional genuina para el Tibet dentro de la familia de la República Popular China. Creía que esto sería lo mejor para los intereses a largo plazo tanto del pueblo tibetano como del pueblo chino.

Lamentablemente, las tensiones, que se intensificaron en el Tibet desde 1956, finalmente derivaron en el levantamiento pacífico del 10 de Marzo de 1959 en Lhasa y posteriormente a mi huída hacia el exilio,. A pesar de que ha habido muchos cambios positivos en el Tibet bajo el dominio de la República Popular China, estos cambios, como señaló en Enero de 1989 el anterior Panchen Lama, se vieron ensombrecidos por el inmenso sufrimiento y la enorme destrucción. Los tibetanos se vieron obligados a vivir en un estado de miedo constante, mientras que el gobierno Chino seguía sospechando de ellos. Sin embargo, en lugar de cultivar enemistad hacia los líderes chinos responsables de la despiadada represión que sufría el pueblo tibetano, rogué por ellos para que se convirtieran en amigos, cosa que expresé en las frases siguientes de una plegaria que compuse en 1960, un año después de llegar a la India: "Puedan ellos alcanzar el ojo de la sabiduría, sabiendo discernir entro lo bueno y lo malo, y permanecer en la gloria de la amistad y el amor". Muchos tibetanos, entre ellos colegiales, recitan estas frases en sus oraciones diarias.

En 1974, siguiendo a serias discusiones con my Kashang (gabinete) y con el Portavoz y Vice Portavoz de la entonces Asamblea de Diputados del Pueblo Tibetano, decidimos encontrar un Camino Medio que no buscase la separación del Tibet y China, sino que facilitase el desarrollo pacífico del Tíbet. A pesar de que en aquellos momentos no teníamos ningún contacto con la RPC, que estaba entonces inmersa en la Revolución Cultural, admitimos entonces que tarde o temprano tendríamos que resolver la cuestión del Tibet a través de negociaciones. También reconocimos que, por lo menos por lo que respecta a la modernización y el desarrollo económico, el Tíbet se beneficiaría en gran manera si permanecía dentro de la PRC. A pesar de que el Tibet tiene un rico patrimonio cultural antiguo, está materialmente subdesarrollado.

Situado en el techo del mundo, Tibet es la fuente de la mayoría de los ríos más importantes de Asia; por lo tanto es sumamente importante la protección del medio ambiente en la meseta tibetana. Puesto que nuestra mayor preocupación es salvaguardar la cultura Budista tibetana - que tiene sus raíces en los valores de la compasión universal- así como el idioma y la identidad única tibetana, hemos trabajado sinceramente en favor de conseguir un auto-gobierno para todos los tibetanos. La constitución de la RPC tiene estipulado este derecho a las nacionalidades tales como los tibetanos.

En 1979, el entonces supremo líder chino, Deng Xiaoping garantizó a mi emisario personal que "excepto la independencia del Tíbet, cualquier otra cuestión puede ser negociada". Puesto que nosotros ya habíamos formulado nuestra intención de buscar una solución a la cuestión tibetana dentro de la constitución de la RPC, nos encontramos en una buena situación para reaccionar ante aquella nueva oportunidad. Mis representantes se reunieron en repetidas ocasiones con funcionarios de la RPC. Desde que reanudamos nuestros contactos en 2002, hemos tenido seis rondas de negociaciones. Sin embargo, en la cuestión fundamental, no ha habido ningún resultado concreto. Sin embargo, como ya he expresado muchas veces, estoy firmemente comprometido al planteamiento del Camino Medio y reitero aquí mi buena voluntad en continuar con el proceso de diálogo.

Este año el pueblo Chino esta esperando con orgullo e impaciencia la inauguración del los Juegos Olímpicos. Desde el principio yo he apoyado la idea de que a China se le permitiera albergar los Juegos. Mi posición no ha cambiado. China es el país con mayor número de habitantes en el mundo, una larga historia y una civilización muy rica. Hoy, debido a su impresionante progreso económico, está emergiendo como una gran potencia. Esto es realmente muy grato. Pero China también necesita ganarse el respeto y la estima de la comunidad global a través del establecimiento de una sociedad abierta y armoniosa, basada en los principios de la transparencia, libertad, y el predominio de la ley. Por ejemplo, hasta hoy las víctimas de la tragedia de la Plaza Tiananmen, que afectó adversamente la vidas de tantos ciudadanos chinos, no han recibido ni un desagravio ni tampoco ninguna respuesta oficial. Del mismo modo, cuando miles de chinos en las zonas rurales sufren injusticias de manos de funcionarios locales, corruptos y explotadores, sus legítimas quejas son ignoradas o contestadas con agresiones. Expreso mi preocupación tanto como ser humano como alguien que está dispuesto a considerarse como un miembro de esta gran familia que es la RPC. A este respecto, aprecio y apoyo la política del Presidente Hu Jintao de crear una "sociedad armoniosa", pero esto solo puede conseguirse sobre la base de una confianza mutua y una atmósfera de libertad, incluyendo la libertad de palabra y el predominio de la ley. Creo firmemente que si se adoptan estos principios, se pueden resolver muchos problemas importantes relacionados con las minorías nacionales, como es el caso del Tibet, así como el Turkestan y Mongolia Interior, en donde los nativos ahora constituyen solo un 20% de la población total de 24 millones.

Yo esperaba que la reciente declaración del Presidente Hu Jintao diciendo que la estabilidad y seguridad del Tibet afecta a la estabilidad y seguridad del país, pudiera anunciar el nacimiento de una nueva era para la resolución del problema del Tibet. Desafortunadamente, y a pesar de mis sinceros esfuerzos para no separar el Tibet de China, los líderes de la RPC siguen acusándome de ser una "separatista". Igualmente, cuando los tibetanos en Lhasa y en muchas otras áreas protestaron espontáneamente para expresar su profundo rencor, las autoridades chinas inmediatamente me acusaron de haber orquestado estas manifestaciones. He pedido que se realice una investigación a fondo para examinar esta alegación.

Hermanos y hermanas chinos -donde quiera que estéis- con profunda preocupación hago este llamamiento para que ayudéis a disipar los malentendidos entre nuestras dos comunidades. Además apelo a vosotros para que ayudéis a encontrar un solución pacífica y duradera al problema del Tibet a través del dialogo con ánimo de entendimiento y reconciliación.

Con mis oraciones,
El Dalai Lama
28 de Marzo de 2008

24 Nov 2007

El Linaje Kagyu del Budhismo Tibetano

Escrito por: Rinchen el 24 Nov 2007 - URL Permanente

S.S. Vajradhara Kyabje Kalu Rinpoche
El Linaje Kagyu del Budhismo Tibetano

Los linajes de la escuela Kagyu del Budismo tibetano se derivan a partir de dos fuentes:
Marpa Chökyi Lodoe (1012-1099) y Khyungpo Nyaljor (978-1079). El primero fue entrenado
como traductor por Drogmi Yeshe (993-1050), viajando después tres veces a la India y cuatro
a Nepal en busca de enseñanzas religiosas. El estudió a los pies de ciento-ocho maestros y
adeptos espirituales, principalmente Naropa y Maitripa. Marpa recibió el linaje de las
enseñanzas tantricas llamadas -la Comisión de los cuatro linajes (bK'n-babs-bzhi)-
cocernientes a: El cuerpo ilusorio y transferencia de conciencia, sueños, luz clara, y calor
interno, directamente de Naropa (1016-1100), quien a su vez las había recibido de su maestro
Tilopa (988-1069). Sus fuente originales fue el Buddha Vajradhara.

Marpa trajo estos linajes al Tíbet, pasándolos a su connotado discipulo Milarepa (1040-1123),
uno de los mas celebrados y realizados yoguis tántricos del Tíbet, el cual alcanzó la última
meta de la iluminación en una sola vida. A Milarepa le fue dada la responsabilidad de su linaje
de meditación y otros como Ngog Choku dorje, Tsurton Wange y Meton Chenpo se
convirtieron en sustentadores del linaje de la enseñanzas de Marpa. És de esta manera cómo
el sistema dual del entrenamiento filosófico (bShad-grva) y el entrenamiento de la meditación
(sGub-grva) se encuentran establecidos en los monasterios Kagyu. Entre los discípulos de
Milarepa, Gampopa (1084-1161), también conocido como Dagpo Lhaje y Rechungpa (1084-
1161) fueron los más ilustres. El primero recibió la enseñanza y la práctica del gran sello
(Mahamudra) y los Seis Yogas de Naropa de Milarepa y los sintetizó en un linaje. El linaje
combinado resultante vino ser conocido como Dakpo Kagyu, el linaje madre de la tradición
Kagyu. Gampopa fue el precursor de la fusión de la tradición del Mahamudra de Milarepa con
las etapas de la tradición del camino de la orden Kadampa. El Ornamento de la Preciosa
Liberación de Gampopa es prominente entre las etapas del camino literario del Tibet. El linaje
Kagyu Mahamudra fue luego incorporado en la tradición Gelug por el primer Panchen Lama,
Lobsang Chökyi Gyeltsen (1570-1662) y es conocido como la tradición de Ganden-Kagyu
Mahamudra.

La tradición Dakpo Kagyu dio lugar a cuatro grandes escuelas fundadas por ilustres
discípulos de Gampopa. Éstas son: la Tselpa (Tshal-pa) Kagyu fundada por Zhang Yudakpa
Tsondu Dakpa (1123-1193), cuyo maestro era Wangom Tsultrim Nyingpo. Él fundó el
monasterio de Gungthang y tuvo muchos grandes discípulos.

El Barom (' Ba-rom) Kagyu que fue fundado por Barom Darma Wangchuk. El construyó el
monasterio Barom, del cual la tradición tomó su nombre.

El Phagtru (Phag-gru) Kagyu fue fundada por Phagmo Trupa Dorje Gyelpo (1110-1170). El era
uno de los principales discípulos de Gampopa particularmente connotado por su realización y
transmisión de las enseñanzas del Mahamudra. Muchos de sus discipulos obtuvieron altos
grados de realización, como Taglung Thangpa, Kalden Yeshi, Ling Repa Pema Dorje, Jigten
Gonpo (Jigten Sumgon) y Kher Gompa. Phagmo Trupa también construyó un monasterio en la
localidad Phagmo que fue mas tarde llamada Densa Thil. Muchas sub-escuelas surgieron de
su linaje y discípulos.

El Kamtsang o Karma Kagyu fue fundada por el primer Karmapa, Dusum Khyenpa (1110-
1193). Esta tradición ha permanecido fuerte y exitosa debido en gran parte a la presencia de
una línea ininterrumpida de reencarnaciones del fundador, los Karmapas sucesivos. Famoso
entre ellos fue el segundo Karmapa, Pakshi (1206-1282), el tercer Karmapa, Ranjung
Dorje(1284-1339) y el octavo, Karmapa Mikyo Dorje (1507-1554). La encarnación más reciente
fue el decimosexto Karmapa, Ranjung Rigpe Dorje (1924-81), que en el exilio también fue
designado sustentador de toda la tradición Kagyu. En Tíbet, Tsurphu, situado en el Tíbet
central era el principal monasterio de esta tradición. Después del exilio, la tradición ha
reestablecido sus principales oficinas y universidades monásticas en Rumtek en Sikkim.
También ha fundado centenares de centros el todo mundo.

En la presente ausencia de las encarnaciones de los Gyalwa Karmapas, cuatro grandes
elevados lamas que fueron sus discípulos actúan como regentes. Ellos son: Shamar Rimpoche,
Gyaltsab Rimpoche, Situ Rimpoche y Jamgong Kongtrul Rimpoche.

Ocho sub-escuelas se desarrollaron dentro del Phagdu Kagyu:

La Drikung ('Brigung) Kagyu, fundadoa por Drikung Kyopa Jigten Gonpo (1143-1217) y
actualmente dirigido por el 37 sucesor, Drikung Kyabgon Che-Tsang (n.1946), quien reside en
su monasterio en India., y por Drikung Kyabgon Chunsang Rinpoche, quien reside en Tibet.

El Taglung (sTag-lung) Kagyu, fundado por Taglung Thangpa Tashe Pel (1142-1210). El actual
jefe de esta escuela es Shabdrung Rinpoche, que ahora vive en Sikkim.

La Drukpa('Brug) Kagyu fundado por Choje Gyare Yeshe Dorje también conocido como Ling
Repa (1128-1189), es dirigido por el 12mo Drukchen Rinpoche, que ha reestablecido su
monasterio en Darjeeling, la India.

De las ocho sub-escuelas solamente tres sobreviven hoy, con el Drukpa siendo
numéricamente la más grandes, seguido por la Drikung. Desafortunadamente otras subsectas
de la tradición Kagyu , tales como Trophu (Khrophu) fundado por Rinpoche Gyaltsa, sobrino de
Phagmo Trupa, que construyó el monasterio de Trophu; Martsang (sMar-tsang) fundado por
Marpa Rinchen Lodro; Yelpa (Yel-cPa) establecido por Yelpa Yeshe Tseg; el Shungseb
(Shugs-gseb) empezada por Chökyi Senge y Yamzang (gYáabzang) Kagyu fundada por Yeshi
Senge, han dejado de existir, por lo menos como instituciones separadas. Aunque algunos
lamas de las otras principales tradiciones Kagyu pueden aun mantener enseñanzas de algunos
de estos linajes.

La Shangpa Kagyu, una de las dos formas originales de la tradición Kagyu, fue fundado por el
gran adepto, Khyungpo Nyaljor (978-1079). Insatisfecho con su entrenamiento en las prácticas
Bön y Dzogchen, Khyungpo Nyaljor se fue para Nepal donde conoció a Acharya Sumati. De
quien recibió entrenamiento como traductor y viajó a la India. Después de haber recibido
enseñanzas de ciento cincuenta eruditos-adeptos se dice que llegó a dominar la doctrina
exotérica y esotérica entera, así como también las meditaciones en ellas. Entre sus principales
maestros se encuentran: Sukhasiddha, Rahulagupta y Niguma, la consorte de Naropa. Además
de recibir la guía práctica de maestros en forma humana, también recibió transmisiones de
Dakinis (seres celestiales). Después de volver al Tíbet, recibió los votos de monje del maestro
Kadampa Langri Thangpa.

De acuerdo con las profecías de las Dakinis, estableció el monasterio de Shang-Shong en Yeru
Shang, en el Tíbet central. Como resultado la tradición que él fundó vino ser conocida como la
Shangpa Kagyu. Más adelante, se dice que estableció otros monasterios. En épocas mas
tempranas, habían más de cien monasterios que pertenecían a esta tradición en Tíbet. Entre
sus seguidores, Mehu Tonpa, Mogchogpa y Shang Gomcho Senge son algunos de los más
famosos. En el linaje posterior, fue Tsurton Wangi Dorje, del cual Buton Rinchen Drup obtuvo el
linaje del Tantra Guhyasamaja que fue pasado subsecuentemente a Tsongkhapa.

Las prácticas principales Shangpa Kagyu conciernen: Mahakala, Chakrasamvara, Hevajra,
Mahamaya, Guhyasamaja, las seis doctrinas de Niguma, Mahamudra y otras. El principal
exponente contemporáneo de esta tradición fue el último Kalu Rinpoche (1905-1989), uno de
los maestros principales de la meditación Kagyu de este siglo. Hay que tomar en cuenta que
mientras que hay muchas escuelas secundarias dentro de los Kagyupas, los principios
fundamentales de su doctrina están arraigados en Mahamudra y los seis Yogas de Naropa. Las
diferentes escuelas han surgido solo debido a las sutiles diferencias individuales en el
acercamiento o enfoque de las enseñanzas fundamentales.

Mahamudra, la característica única de la tradición Kagyu, se puede explicar según las
interpretaciones del Sutra y Tantra. Ambos aspectos de las enseñanzas tiene como finalidad o
propósito la directa comprensión o entendimiento de la verdadera naturaleza de la mente.

El enfoque del Mahamudra, el cual difiere sutilmente dentro de cada escuela Kagyu, sigue
generalmente a través de las etapas de la creación , camino y fruto. Prácticas Tántricas
únicas de la tradición Kagyu son los seis Yogas de Naropa, Cakrasambhava y de Mahakala.
En el contexto de la prácticas tántricas, la aplicación del Mahamudra llega a ser mucho más
profunda y sofisticada.

El entrenamiento de monjes en los monasterios Kagyu consiste principalmente en el estudio
de la Perfección de la Sabiduría, Madhyamika, Cognición válida, Disciplina y fenomenología
común en todas las tradiciones, excepto que cada tradición tiene sus propios textos monásticos
y comentarios con el fin de facilitar la comprensión de los textos originales hindúes.

Los actuales jefes de la tradición de Karma Kagyu son: H.H. XVII Gyalwa Karmapa Ogyen
Drodul Trinle Dorje, reconocido por el Dalai Lama, y H.H. XVII Karmapa Thaye Dorje

Tomado de: El linaje Kagyu

Los linajes de la escuela Kagyu del Budismo tibetano se derivan a partir de dos fuentes:
Marpa Chökyi Lodro (1012-1099) y Khyungpo Nyaljor (978-1079). El primero fue entrenado
como traductor por Drogmi Yeshe (993-1050), viajando después tres veces a la India y cuatro
a Nepal en busca de enseñanzas religiosas. El estudió a los pies de ciento-ocho maestros y
adeptos espirituales, principalmente Naropa y Maitripa. Marpa recibió el linaje de las
enseñanzas tantricas llamadas -la Comisión de los cuatro linajes (bK'n-babs-bzhi)-
cocernientes a: El cuerpo ilusorio y transferencia de conciencia, sueños, luz clara, y calor
interno, directamente de Naropa (1016-1100), quien a su vez las había recibido de su maestro
Tilopa (988-1069). Su fuente original fue el Buddha Vajradhara.

Marpa trajo estos linajes al Tíbet, pasándolos a su connotado discipulo Milarepa (1040-1123),
uno de los mas celebrados y realizados yoguis tántricos del Tíbet, el cual alcanzó la última
meta de la iluminación en una sola vida. A Milarepa le fue dada la responsabilidad de su linaje
de meditación y otros como Ngog Choku dorje, Tsurton Wange y Meton Chenpo se
convirtieron en sustentadores del linaje de la enseñanzas de Marpa. És de esta manera cómo
el sistema dual del entrenamiento filosófico (bShad-grva) y el entrenamiento de la meditación
(sGub-grva) se encuentran establecidos en los monasterios Kagyu. Entre los discípulos de
Milarepa, Gampopa (1084-1161), también conocido como Dagpo Lhaje y Rechungpa (1084-
1161) fueron los más ilustres. El primero recibió la enseñanza y la práctica del gran sello
(Mahamudra) y los Seis Yogas de Naropa de Milarepa y los sintetizó en un linaje. El linaje
combinado resultante vino ser conocido como Dakpo Kagyu, el linaje madre de la tradición
Kagyu. Gampopa fue el precursor de la fusión de la tradición del Mahamudra de Milarepa con
las etapas de la tradición del camino de la orden Kadampa. la “Joya del Precioso Ornamento
de la Liberación” de Gampopa es prominente entre las etapas del camino literario del Tibet. El
linaje Kagyu Mahamudra fue luego incorporado en la tradición Gelug por el primer Panchen
Lama, Lobsang Chökyi Gyeltsen (1570-1662) y es conocido como la tradición de Ganden-
Kagyu Mahamudra.

La tradición Dakpo Kagyu dio lugar a cuatro grandes escuelas fundadas por ilustres
discípulos de Gampopa. Éstas son: la Tselpa (Tshal-pa) Kagyu fundada por Zhang Yudakpa
Tsondu Dakpa (1123-1193), cuyo maestro era Wangom Tsultrim Nyingpo. Él fundó el
monasterio de Gungthang y tuvo muchos grandes discípulos.

El Barom (' Ba-rom) Kagyu que fue fundado por Barom Darma Wangchuk. El construyó el
monasterio Barom, del cual la tradición tomó su nombre.

El Phagtru (Phag-gru) Kagyu fue fundada por Phagmo Trupa Dorje Gyelpo (1110-1170). El era
uno de los principales discípulos de Gampopa particularmente connotado por su realización y
transmisión de las enseñanzas del Mahamudra. Muchos de sus discipulos obtuvieron altos
grados de realización, como Taglung Thangpa, Kalden Yeshi, Ling Repa Pema dorje, Jigten
Gonpo y Kher Gompa. Phagmo Trupa también construyó un monasterio en la localidad

Phagmo que fue mas tarde llamada Densa Thil. Muchas sub-escuelas surgieron de su linaje y
discípulos.

El Kamtsang o Karma Kagyu fue fundada por el primer Karmapa, Dusum Khyenpa (1110-
1193). Esta tradición ha permanecido fuerte y exitosa debido en gran parte a la presencia de
una línea ininterrumpida de reencarnaciones del fundador, los Karmapas sucesivos. Famoso
entre ellos fue el segundo Karmapa, Pakshi (1206-1282), el tercer Karmapa, Ranjung dorje
(1284-1339) y el octavo, Karmapa Mikyo dorje (1507-1554). La encarnación más reciente fue el
decimosexto Karmapa, Ranjung Rigpe dorje (1924-81), que en el exilio también fue designado
sustentador de toda la tradición Kagyu. En Tíbet, Tsurphu, situado en el Tíbet central era el
principal monasterio de esta tradición. Después del exilio, la tradición ha reestablecido sus
principales oficinas y universidades monásticas en Rumtek en Sikkim. También ha fundado
centenares de centros el todo mundo.

En la presente ausencia de las encarnaciones de los Gyalwa Karmapas, cuatro grandes
elevados lamas que fueron sus discípulos actúan como regentes. Ellos son: Shamar Rimpoche,
Gyaltsab Rimpoche, Situ Rimpoche y Jamgong Kongtrul Rimpoche.

Ocho sub-escuelas se desarrollaron dentro del Phagdu Kagyu

La Drikung ('Brigung) Kagyu, fundado por Drikung Kyopa Jigten Gonpo (1143-1217) y
actualmente dirigido por el 37 sucesor, Drikung Kyabgon Che-Tsang (n.1946), quien reside en
su monasterio en Ladakh.

El Taglung (sTag-lung) Kagyu, fundado por Taglung Thangpa Tashe Pel (1142-1210). El actual
jefe de esta escuela es Shabdrung Rinpoche, que ahora vive en Sikkim.

La Drukpa('Brug) Kagyu fundado por Choje Gyare Yeshe dorje también conocido como Ling
Repa (1128-1189), es dirigido por el 12mo Drukchen Rinpoche, que ha reestablecido su
monasterio en Darjeeling, la India.

De las ocho sub-escuelas solamente tres sobreviven hoy, con el Drukpa siendo
numéricamente la más grandes, seguido por la Drikung. Desafortunadamente otras subsectas
de la tradición Kagyu , tales como Trophu (Khrophu) fundado por Rinpoche Gyaltsa, sobrino de
Phagmo Trupa, que construyó el monasterio de Trophu; Martsang (sMar-tsang) fundado por
Marpa Rinchen Lodro; Yelpa (Yel-cPa) establecido por Yelpa Yeshe Tseg; el Shungseb
(Shugs-gseb) empezada por Chökyi Senge y Yamzang (gYáabzang) Kagyu fundada por Yeshi
Senge, han dejado de existir, por lo menos como instituciones separadas. Aunque algunos
lamas de las otras principales tradiciones Kagyu pueden aun mantener enseñanzas de algunos
de estos linajes.

La Shangpa Kagyu, una de las dos formas originales de la tradición Kagyu, fue fundado por el
gran adepto, Khyungpo Nyaljor (978-1079). Insatisfecho con su entrenamiento en las prácticas
Bön y Dzogchen, Khyungpo Nyaljor se fue para Nepal donde conoció a Acharya Sumati. De
quien recibió entrenamiento como traductor y viajó a la India. Después de haber recibido
enseñanzas de ciento cincuenta eruditos-adeptos se dice que llegó a dominar la doctrina
exotérica y esotérica entera, así como también las meditaciones en ellas. Entre sus principales
maestros se encuentran: Sukhasiddha, Rahulagupta y Niguma, la consorte de Naropa. Además
de recibir la guía práctica de maestros en forma humana, también recibió transmisiones de
Dakinis (seres celestiales). Después de volver al Tíbet, recibió los votos de monje del maestro
Kadampa Langri Thangpa.

De acuerdo con las profecías de las Dakinis, estableció el monasterio de Shang-Shong en Yeru
Shang, en el Tíbet central. Como resultado la tradición que él fundó vino ser conocida como la
Shangpa Kagyu. Más adelante, se dice que estableció otros monasterios. En épocas mas
tempranas, habían más de cien monasterios que pertenecían a esta tradición en Tíbet. Entre
sus seguidores, Mehu Tonpa, Mogchogpa y Shang Gomcho Senge son algunos de los más
famosos. En el linaje posterior, fue Tsurton Wangi Dorje, del cual Buton Rinchen Drup obtuvo el
linaje del Tantra Guhyasamaja que fue pasado subsecuentemente a Tsongkhapa.

Las prácticas principales Shangpa Kagyu conciernen: Mahakala, Chakrasamvara, Hevajra,
Mahamaya, Guhyasamaja, las seis doctrinas de Niguma, Mahamudra y otras. El principal
exponente contemporáneo de esta tradición fue el último Kalu Rinpoche (1905-1989), uno de
los maestros principales de la meditación Kagyu de este siglo. Hay que tomar en cuenta que
mientras que hay muchas escuelas secundarias dentro de los Kagyupas, los principios
fundamentales de su doctrina están arraigados en Mahamudra y los seis Yogas de Naropa. Las
diferentes escuelas han surgido solo debido a las sutiles diferencias individuales en el
acercamiento o enfoque de las enseñanzas fundamentales.

Mahamudra, la característica única de la tradición Kagyu, se puede explicar según las
interpretaciones del Sutra y Tantra. Ambos aspectos de las enseñanzas tiene como finalidad o
propósito la directa comprensión o entendimiento de la verdadera naturaleza de la mente.

El enfoque del Mahamudra, el cual difiere sutilmente dentro de cada escuela Kagyu, sigue
generalmente a través de las etapas de la creación , camino y fruto. Prácticas Tántricas
únicas de la tradición Kagyu son los seis Yogas de Naropa, Chakrasamvara y de Mahakala.
En el contexto de la prácticas tántricas, la aplicación del Mahamudra llega a ser mucho más
profunda y sofisticada.

El entrenamiento de monjes en los monasterios Kagyu consiste principalmente en el estudio
de la Perfección de la Sabiduría, Madhyamika, Cognición válida, Disciplina y fenomenología
común en todas las tradiciones, excepto que cada tradición tiene sus propios textos monásticos
y comentarios con el fin de facilitar la comprensión de los textos originales hindúes.

Los actuales jefes de la tradición de Karma Kagyu son: H.H. XVII Gyalwa Karmapa Ogyen
Drodul Trinle Dorje(reconocido por el Dalai Lama), y H.H. XVII Gyalwa Karmapa Thaye Dorje.

¡¡¡ Sarvamângalam !!!

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17 Oct 2007

El Renacimiento en la Tradición Budhista por Reginald Ray

Escrito por: Rinchen el 17 Oct 2007 - URL Permanente

El Renacimiento en la Tradición Budhista

Reginald Ray


ENTRE LAS RELIGIONES DEL MUNDO, puede decirse que el budismo es único, por la importancia que concede a la comprensión del nacimiento, la muerte y el paso a la existencia siguiente, o en otras palabras, la reencarnación (punarbhava), como se denomina al conjunto de estos tres fenómenos en la tradición. La mayoría de los occidentales piensan que la reencarnación es una creencia popular asiática, según la cual las personas nacen una y otra vez, de acuerdo con la ley del karma. Aunque tal idea es en esencia correcta, pasa por alto otros dos aspectos primordiales de la doctrina: en primer lugar, el hecho de que la reencarnación ocurre entre una y otra vida, pero también opera constantemente en la vida ordinaria; en segundo lugar, que la reencarnación ocurre de manera distinta en el caso de la gente común y en el de los santos. De esta forma, en el presente trabajo examinamos estas importantes dimensiones de la teoría budista de la reencarnación, a saber, el tránsito de una vida a la siguiente entre la gente común y en el contexto de la vida ordinaria, y la forma en que ocurre entre los santos.

Es bien sabido que el budismo suele adoptar una actitud práctica frente a los asuntos religiosos, lo cual también es cierto en el caso de la reencarnación. El budismo no sólo teoriza sobre estos fenómenos, sino que también los examina de manera experimental. Esta exploración es posible mediante diversas técnicas de meditación que hacen que la mente sea cada vez más sensible y amplían su capacidad de percepción más allá de los límites de conciencia de una persona normal. Gracias a ello, los meditadores budistas han aprendido e inferido muchas cosas sobre la muerte y el renacimiento que no son asequibles a la medición científica y a los tipos de comprobación colectivos y estandarizados que ésta ofrece. En las siguientes páginas se examina la experiencia de la reencarnación a partir del saber popular sobre los santos budistas del pasado y el presente.

El budismo, como otras religiones, se interesa por la muerte y el renacimiento no sólo para beneficio de los agonizantes y los muertos, sino también para ayudar a los vivos. Las enseñanzas budistas sobre la muerte y el renacimiento se han aplicado tradicionalmente para instruir a los moribundos, ayudar a que los deudos comprendan y acepten la muerte de la persona amada, e incluso para auxiliar a la persona fallecida en la continuación de su viaje. Asimismo, las enseñanzas incluyen prácticas de meditación que la gente debe cultivar a fin de prepararse para su propia muerte, pero también para investigar los fundamentos mismos de la mente. En el Tibet, por ejemplo, una práctica avanzada consistía en una meditación que reproducía la experiencia de la disolución psicológica que ocurre al momento de la muerte. Al atravesar de manera consciente ese territorio desconocido y aterrador, el meditador podía ir más allá de la conciencia condicionada y entrar en contacto con ese núcleo incondicionado, radiante y libre de obstrucciones de la mente.

Renacimiento ordinario: muerte y reencarnación en vidas sucesivas

De acuerdo con el budismo, cuando el cuerpo físico muere, nuestra mente –que es, de hecho, una forma más sutil de la conciencia– se separa de él. En vida, la conciencia es modelada y condicionada por las tendencias kármicas que la persona ha acumulado a lo largo de incontables vidas y, al morir, la conciencia sutil lleva consigo dichas tendencias, en su tránsito hacia el renacimiento. Durante el proceso de la muerte, luego de la extinción sucesiva de los sentidos, la conciencia se retira a su lugar de reposo, en el centro del corazón. En el caso de una persona común, la percepción consciente disminuye en forma gradual y al momento de morir le sobreviene una pérdida de conciencia, similar a la que experimentamos cuando nos quedamos dormidos. Pasado algún un tiempo despertamos, pero en un principio no nos percatamos de que hemos muerto, hasta que, según dicen los textos, ciertas experiencias nos revelan lo que ha ocurrido: cuando tratamos de hablar con nuestros familiares o amigos, ellos no perciben nuestra presencia ni escuchan nuestras palabras; si nos paramos frente al sol, no proyectamos sombra alguna; si caminamos sobre la arena, no dejamos huellas. Finalmente, nos damos cuenta de que nos hemos separado de la vida, que hemos muerto.

Entonces sigue un estado posterior a la muerte, que puede ser breve o muy prolongado. Según la tradición tibetana, con la muerte se inicia un periodo que dura 49 días, durante los cuales existimos en el bardo, el estado intermedio entre la muerte y el renacimiento. Es una existencia puramente mental; la conciencia no tiene sino un cuerpo muy sutil, creado por la mente. En ese estado seguimos teniendo experiencias, pero, al no estar sustentadas en la existencia física, son extraordinariamente vívidas, extrañas y atemorizantes. La conciencia ordinaria ansía con desesperación hallar una nueva encarnación física, reafirmar su existencia, para lo cual busca aquello que le es familiar o, en otras palabras, el mismo tipo de situación que tenía cuando murió. En términos budistas, intenta ligarse a una situación que coincida con su estado kármico al momento de morir.

En su búsqueda de un cuerpo y un entorno que le sean familiares, la conciencia es atraída por un hombre y una mujer cuya unión pueda ofrecerla la continuidad kármica que ansía. Según el budismo, la concepción ocurre cuando, por una parte, una hembra puede quedar embarazada y, por la otra, una conciencia busca la situación kármica que surgirá a partir de esa concepción. Cuando esas condiciones concurren, la “fertilización” tiene lugar, la mujer queda encinta y la conciencia encuentra un nuevo hogar.

Pero no todos renacen en cuerpos humanos. El karma acumulado de algunas conciencias las conduce a otros reinos de existencia. En el budismo se conocen seis, todos ellos de naturaleza samsárica y condicionados por el karma, pero diferentes por la cantidad relativa de sufrimiento o felicidad que se vive en cada uno de ellos. Se dividen en tres reinos inferiores: el de los seres infernales, el de los espíritus hambrientos y el de los animales, y tres reinos superiores: el de los humanos, el de los semidioses y el de los dioses.

De los tres inferiores, el más bajo es el reino de los infiernos del calor ardiente y el frío gélido (naraka), que se caracteriza por un entorno en extremo agresivo y doloroso. Las conciencias cuyo karma ha sido generado por la ira y agresión incontroladas y por el daño ocasionado a otros seres renacen en el reino de los infiernos, el cual corresponde a ese estado mental. Arriba de éste se encuentra el reino de los espíritus hambrientos (preta), que sufren un sentimiento constante de miseria física y psicológica, y padecen una sensación intensa de hambre y sed. El karma que genera una vida basada en el deseo, la avaricia y la ambición, y que sólo ve en los demás un medio para lograr sus fines conduce al renacimiento en este lugar. También renacen aquí las conciencias de las personas cuya vida fue interrumpida prematuramente y no pudieron desprenderse de su apego a ella. Estos espíritus merodean entre los vivos durante muchos años, o incluso siglos, y frecuentan los sitios que conocieron, tratando de ponerse en contacto con los vivos y de saciar su sensación de insatisfacción.

El reino superior de los tres inferiores es el de los animales, caracterizado por la ignorancia y las conductas fijas. Las conciencias que nacen aquí son aquellas que en otras vidas se comportaron de manera torpe y necia, y que voluntariamente ignoraron todo lo que fuera ajeno a su rutina, con lo que causaron daño a otros o ignoraron sus necesidades. En los tres reinos inferiores lo que predomina es el sufrimiento, mientras que en los tres superiores hay menos dolor y más felicidad. El reino inmediato superior al de los animales es el de los humanos (manusya), en el que se vive un equilibrio relativo de sufrimiento y felicidad. El reino humano es el más propicio para lograr la iluminación y sólo en él puede alcanzarse el estado de un Buda. La ventaja del reino humano es que en los dos superiores la felicidad es tal que los seres no encuentran la motivación para cambiar su situación, mientras que en los inferiores el sufrimiento es tanto que los seres no son capaces de distanciarse lo suficiente de él para aprender de sus experiencias y cambiar. Sólo en el reino humano se sufre lo necesario para que surja la motivación de buscar el desarrollo espiritual, pero no a tal punto que las personas sean completamente abatidas por el dolor.

Por arriba del reino humano se encuentran los reinos de los dioses (deva) y de los semidioses (asura), en los que la felicidad es muy grande y el lapso de vida sumamente extenso. Renacer en estos dos reinos superiores es el resultado de la amabilidad y generosidad practicadas en vidas anteriores. Sin embargo, pese a lo positivo de su existencia, los seres de estos dos reinos viven aún inmersos en el samsara, pues el apego a su situación produce semillas kármicas que tarde o temprano los harán caer.

Renacimiento ordinario de un instante al otro, en el lapso de una vida

La doctrina de la reencarnación en cuanto al tránsito de una vida a otra está relacionada con una concepción más sutil, según la cual la reencarnación tiene lugar dentro de las funciones mismas de la mente. El budismo enseña que el concepto de un “yo” sólido y continuo no proviene de la realidad, sino que es una idea que imponemos a nuestra experiencia fundamental de transitoriedad y discontinuidad. Sin embargo, nos aferramos a la existencia de un “yo” porque ansiamos ser, existir, continuar, ser cada vez más, obtener poder y control, nunca cesar, nunca morir. La oposición entre nuestro afán de querer ver un “yo” sólido y el hecho real de que éste no existe es lo que produce el sufrimiento continuo de la existencia humana. Cuando la realidad no es lo que deseamos y nos empecinamos en que así sea, lo que resulta es sufrimiento. Mientras más negamos lo que en verdad experimentamos, más intenso es nuestro dolor; mientras más luchamos, más egocéntricos, neuróticos, indiferentes a los otros y perversos nos volvemos.

No obstante, la vivencia de la impermanencia y la discontinuidad que todos experimentamos, por subliminal que sea, revela la percepción de una inteligencia excepcionalmente clara. Es esta inteligencia, inherente a todos los seres, la que percibe las cosas tal como éstas son (yathabhutam). Esta percepción o inteligencia es anterior al ego y es lo que se llama la naturaleza búdica (buddha-gotra), fundamental a todo ser humano. Por el contrario, la creencia en un “yo” permanente es contingente, incidental y relativamente superficial. Puede velar en mayor o menor grado la naturaleza búdica, pero no puede destruirla, dañarla o siquiera empañarla. Por mucho que nos esforcemos en negar lo que es verdad (que no existe un “yo”) e insistamos en lo que no lo es (que existe), nunca tendremos éxito del todo. Mientras más neurótica sea nuestra actitud a este respecto, más deberemos luchar para defender nuestra ilusión y más daño haremos a otros como resultado de ello.

Según el budismo, la concepción convencional de la muerte está inseparablemente ligada a la idea de un “yo”, pues presupone la idea de algo que hoy realmente existe y que, en algún momento, dejará de existir. Si bien, para nosotros la muerte significa la extinción del “yo” que consideramos ser, en realidad eso ocurre de manera constante, en cada momento de la existencia. La idea del “yo” (y el “yo” no es otra cosa que una idea), como el resto de nuestros conceptos, nace, vive transitoriamente y desaparece. En otras palabras, esa muerte del “yo” que tanto tememos es parte integral y constante de nuestra experiencia. Sin embargo, no nos percatamos de ello debido a nuestro miedo a la no existencia, a nuestra obstinada ignorancia, y a la inercia de nuestras estrategias de evasión, conocidas como karma, que hemos desarrollado a lo largo de vidas incontables. Pero, como lo mencionamos antes, todos estamos subliminalmente conscientes de la muerte constante del “yo”, a cada momento, y es esto lo que nos produce tanto miedo a la muerte física.

Así, cada instante de vida lleva en sí la muerte de nuestro amado “yo”, muerte que es seguida por un renacimiento –determinado por la ignorancia y las formaciones kármicas–, de otra “encarnación”, por así decirlo, de la idea del “yo”. Este proceso continuo de muerte y renacimiento, según el budismo, no difiere en esencia del proceso que ocurre cuando morimos físicamente y renacemos. El proceso es exactamente igual, salvo que en la muerte y renacimiento de instante a instante tomamos el mismo organismo físico como base de nuestro concepto del “yo” (nuestro cuerpo físico en esta vida), mientras que, al morir físicamente, debemos buscar otro soporte físico, otro cuerpo.

Pero, aún queda una pregunta importante sin responder. ¿Si no existe un “yo” permanente, qué produce la continuidad de un momento al otro y de una vida a la siguiente? Como es obvio, existe cierto tipo de continuidad: nadie se convierte en una persona completamente distinta a cada momento, y el budismo insiste en la continuidad kármica entre las vidas sucesivas. Dicho de manera simple, lo que renace una y otra vez no es otra cosa que una idea, la idea del “yo”; es la creencia arraigada que tiene cada persona de que él o ella es una entidad substancial y continua, la cual persiste al ignorar la realidad de las cosas. Esta ignorancia tiene como base ciertos patrones de evasión, que permanecen de un instante al otro y de una vida a la otra. Pero tal permanencia es una ilusión, no una realidad substancial. Cada momento de ilusión condiciona y da lugar al siguiente momento de ilusión, que tendrá la misma estructura. Sin embargo, entre un instante y otro hay una lapso, en el cual la idea ilusoria del yo podría ser desterrada. La sucesión de esas ideas sobre el yo, discontinuas pero kármicamente ligadas, se llama “flujo de vida” (samtana en sánscrito, gyü en tibetano). El flujo de vida lleva consigo todos los efectos de las acciones pasadas y, por la ignorancia, éstas dan lugar a una serie incesante de renacimientos. Cada nacimiento de la conciencia está condicionado por los nacimientos anteriores y, a su vez, determina las condiciones del siguiente nacimiento.

No obstante, una vez que el velo de la ignorancia cae tras la experiencia de la iluminación, el flujo de vida cesa. Ciertamente, la persona iluminada seguirá viviendo hasta que la inercia kármica de su existencia física se agote, pero una vez que muera no volverá a renacer. La idea del “yo”, basada en la ignorancia, se habrá desvanecido con la iluminación y, sin tal idea, no hay renacimiento. Es interesante que, en esas personas, incluso la “reencarnación” de instante a instante no opera como lo hace en la gente común. Esto lo ilustran las biografías de los grandes maestros realizados, en las que suele describírseles como imprevisibles y sin esa continuidad de la personalidad que la mayoría de nosotros atribuye a la individualidad.

Reencarnación extraordinaria: los tulkus o lamas encarnados

El renacimiento en alguno de los seis reinos por lo general ocurre como resultado de la fuerza ciega del karma, que genera la compulsión irrefrenable de recuperar el territorio del ego. Sin embargo, algunas personas renacen en los seis reinos por una motivación diferente. Son individuos que, mediante la práctica espiritual, han logrado una gran realización. En estas personas la inercia kármica que lleva al renacimiento en el samsara se ha agotado total o casi totalmente y, a menos que hubiera algún otro motivo, dejarían de renacer.

El budismo enseña que la comprensión de la realidad siempre va acompañada de la compasión. A medida que se vislumbra la sabiduría, cada vez con más claridad, surge un sentimiento más profundo de afecto y bondad hacia los otros seres, y el desarrollo de la compasión lleva de manera natural a la aspiración de ayudar a los seres sensibles que aún están atrapados en el ciclo del nacimiento y la muerte. Los practicantes del budismo Mahayana obedecen a esta aspiración, al tomar el voto del bodhisattva de continuar renaciendo en el samsara hasta que todos los seres hayan alcanzado la iluminación. En los bodhisattvas más avanzados, dicho voto los hace seguir renaciendo en los seis reinos, aun mucho después de que su compulsión egóica de renacer ha cesado. Dado que el apego a la idea del ego ya no constituye el “pegamento” que mantiene unido el “flujo de vida” del bodhisattva, debe ser otra fuerza la que cumpla esa función: es la aspiración y el voto del bodhisattva lo que mantiene unida la fuerza de la vida en una continuidad y lo que le permite a él o ella seguir renaciendo.

Antes de su iluminación, el Buddha Shakyamuni era un bodhisattva con ese alto nivel de realización y, a partir de él, ha habido innumerables personas realizadas que también han decidido renacer motivadas por la compasión. Algunas han sido budistas, otras no. Dentro del budismo, los bodhisattvas renacidos han sido a menudo identificados y, en ocasiones, incluso formalmente reconocidos. En la India, por ejemplo, se consideraba que los grandes santos tántricos (siddhas) con frecuencia eran este tipo de reencarnaciones (nirmanakaya) y surgió el concepto de linajes formalmente reconocidos de encarnaciones sucesivas del mismo santo. En otras palabras, el santo moría, renacía y se le reconocía como la reencarnación del maestro fallecido. Giuseppe Tucci menciona el caso del gran siddha (gran adepto tántrico) Nagarjuna, como ejemplo. El concepto de un linaje reconocido de encarnaciones sucesivas de un santo se desarrolló aún más en el Tibet, en la tradición de los tulkus o lamas encarnados. Es conveniente examinar esta tradición con más detalle, pues es un ejemplo primordial del concepto budista de la reencarnación en los santos.

En la tradición Mahayana del Tibet, cuando una persona santa moría, se creía que, por su voto de bodhisattva, renacería en el mismo lugar o cerca del país para seguir trabajando en beneficio de todos los seres sensibles. Después de pasado cierto tiempo de su fallecimiento, iniciaban la búsqueda para encontrar su reencarnación. Una vez encontrado, el niño –en ocasiones de apenas dieciocho meses de edad– era reconocido oficialmente. Si, como a menudo sucedía, su predecesor había sido abad de un monasterio o grupo de monasterios, se le instalaba de nuevo en su antigua posición y se le educaba para que, cuando alcanzara la mayoría de edad, asumiera plenamente las responsabilidades de su encarnación anterior.

La palabra tibetana tulku (drul-ku, o nirmanakaya en sánscrito) está formada de dos partes: ku (kaya en sánscrito) y tul (drul; nirmana en sánscrito). Ku es el término honorífico para un “cuerpo”, referido no a un cuerpo ordinario, sino a uno puro, libre de ignorancia y neurosis. Tul designa algo que es creado o modelado. Así, el término tulku o su correspondiente sánscrito, nirmanakaya, denota un ser físico que ha alcanzado la realización total y, estrictamente hablando, se refiere a la encarnación humana de un buda totalmente iluminado. Por otra parte, la tradición tibetana reconoce varios niveles de tulkus. Sólo los pocos que se encuentran en la categoría más alta se considera que han logrado la iluminación (aunque, incluso para ellos, la iluminación cósmica de un buda se encuentra aún muy lejos).

El primer capítulo de la vida de un tulku sumamente realizado inicia, de hecho, con la muerte y la existencia después de la muerte de su encarnación anterior. A diferencia de una persona común, cuando muere un bodhisattva de gran realización no pierde la conciencia, sino que permanece en un estado de paz y lucidez, en el cual las experiencias del bardo no se viven como amenazas, sino como manifestaciones de la energía del ser. Al no sentir la compulsión de renacer por el terror o el deseo, sino llevado por su compasión hacia todos los seres sensibles, el bodhisattva de gran realización puede elegir la situación en la que haya de proseguir su labor de ayudar a todos los seres sintientes. Dado que, en el budismo tibetano, los tulkus desempeñan un papel central en la organización y la vida espiritual de la comunidad monástica y de sus relaciones con los laicos, la localización de su encarnación se considera de capital importancia. El reconocimiento de los tulkus se lleva a cabo mediante un proceso multifacético. La parte más importante de éste es la intuición de un gran guru, un maestro que posee una percepción libre de obstrucciones y que, en ocasiones, conoció a la encarnación anterior, por lo que, con solo mirar al niño, puede decir si es la auténtica reencarnación. La intuición también puede manifestarse a través de visiones o sueños.

Algunas veces, los responsables de reconocer a los tulkus acuden a lugares sagrados en busca de tales visiones. Uno de estos lugares era el lago Lamoi Lhato, cerca de Lhasa, famoso porque en él se obtenían diversos tipos de visiones y guía espiritual. Por ejemplo, para el reconocimiento de Su Santidad, el decimocuarto Dalai Lama, el regente viajó a ese lago y, durante su meditación, tuvo una visión decisiva, que le permitió encontrar al nuevo Dalai Lama.

Las intuiciones, sueños y visiones de los grandes gurus constituyen la parte central del proceso de reconocimiento de las reencarnaciones, pero también otros factores ofrecen indicios y confirmaciones importantes. En ocasiones, los fenómenos que rodearon la muerte de la encarnación anterior brindan pistas iniciales sobre dónde buscar a la nueva encarnación; otras veces, la identificación de los tulkus es facilitada por las indicaciones que deja un maestro antes de morir. Por ejemplo, entre los más altos miembros de la orden principal de encarnaciones de Karmapa, es tradicional que el maestro que va a fallecer deje una carta en la que, a veces, revela información muy precisa sobre la identidad que tendrá en su próxima encarnación y sobre cómo puede ser hallado.

Asimismo, los padres de una encarnación pueden ofrecer indicios importantes. Se dice que cuando la conciencia de un tulku entra en el vientre de su futura madre ocurren fenómenos inusuales. Por ello, a la madre de un niño que se cree puede ser un tulku se le pregunta si experimentó algo excepcional en el momento de la concepción de su hijo. Así, por ejemplo, una pastora humilde del este del Tibet, que fue madre de un tulku, manifestó que el día de la concepción había soñado que un ser entraba en su cuerpo, como un rayo de luz.

También se dice que cuando un tulku nace ocurren fenómenos inusitados, por lo que los padres, parientes y vecinos de la aldea anotan cualquier suceso extraño que hayan presenciado durante el nacimiento del posible tulku. Pueden ocurrir fenómenos como la floración de las plantas fuera de estación, la aparición de un arcoiris en el cielo, la transformación de la leche en agua, o que los parientes tengan sueños inusuales.

En sus primeros años de vida, los pequeños tulkus suelen mostrar conductas poco comunes, como reconocer y mostrar afecto por los amigos y discípulos de su encarnación anterior; saber, sin haber sido enseñados, cómo se realizan ciertos actos rituales y tradicionales; o permanecer sentados y sin hablar durante largos periodos. Quienes deben establecer la autenticidad de un tulku tienen que indagar si hubo ese tipo de fenómenos.

Una vez que existe cierta certeza de que se ha localizado a una encarnación, la persona es sometida a diversas pruebas para determinar si es capaz de identificar correctamente los objetos que pertenecían a su encarnación anterior. Chögyam Trungpa Rinpoché platicaba la forma en que había sido puesto a prueba, a los dieciocho meses de edad: “Pusieron frente a mí pares de objetos iguales y, en cada ocasión, elegí el que había pertenecido al décimo tulku Trungpa; entre ellos había dos bastones y dos rosarios; también había pequeños pedazos de papel con nombres escritos en ellos y, cuando me preguntaron en cuál de ellos estaba escrito su nombre, escogí el correcto.”

De manera similar, al futuro decimocuarto Dalai Lama se le mostraron dos rosarios negros, dos rosarios amarillos, dos tambores rituales y dos bastones. Uno de cada par había pertenecido al Dalai Lama anterior y, sin fallar, el pequeño niño eligió los objetos correctos.

Una vez reconocido, el nuevo tulku por lo general es llevado a su monasterio, junto con su madre, si es demasiado pequeño. Ahí recibe varios tipos de entrenamiento. Se nos ha dicho que, en el caso de tulkus excepcionalmente realizados, el proceso de enseñanza a veces se asemeja más a un mero acto de recordar algo ya conocido, que al aprendizaje de algo nuevo. El Dalai Lama nos relató que, cuando tomó el rosario y el tambor ritual de su encarnación anterior, de inmediato se colgó el rosario en el cuello y empezó a tocar el tambor, haciendo ambas cosas de la manera prescrita. También afirma que, en ocasiones, los pequeños tulkus son capaces de cantar textos que no habían aprendido antes, al menos en su vida presente. Asimismo, Trungpa Rinpoché relataba que, cuando llegó el momento de que aprendiera el alfabeto tibetano, pudo dominarlo por completo en una sola lección.

En el contexto budista, este tipo de fenómenos se consideran manifestaciones naturales de la claridad y conciencia que conservan los tulkus a lo largo de las experiencias de la muerte, el estado intermedio y el renacimiento. La gente común podría tener recuerdos similares de sus vidas previas, salvo que la muerte y el proceso sucesivo que lleva al renacimiento se experimentan como terroríficos y traumáticos, por lo que se bloquea el recuerdo de la existencia anterior.

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04 Oct 2007

¿ Qué es la Meditación Zen ?

Escrito por: Rinchen el 04 Oct 2007 - URL Permanente

¿Qué es la meditación Zen?
por Dokusho Villalba

El término japonés Zen es una transliteración del término chino Ch'an, que a su vez es una abreviación de Ch'an-na. Este es una transliteración al chino del vocablo sánscrito dhyana. Dhyana podría ser traducido como "absorción" o "reabsorción". Para comprender este concepto podemos tomar el ejemplo de las gotas del rocío matinal. Estas gotas son una condensación de la humedad ambiental. Al salir el sol, las gotas de rocío se evaporan y son "reabsorbidas" por la humedad ambiental. De la misma forma, el Budismo considera que el organismo humano es una condensación de la energía universal, a la que deberá volver inevitablemente en el momento de la disolución (muerte). La actividad de la energía universal sigue pues un ciclo con tres fases: condensación, mantenimiento y disolución. En la vida humana, la condensación comienza con la concepción de un nuevo ser humano, continúa con su gestación en el vientre materno, con el nacimiento extracorpóreo del nuevo ser y culmina con la maduración corporal, física y mental. A partir de aquí, comienza la fase de mantenimiento de la vida madura, fase que da lugar a la siguiente, la inevitable disolución de la vida individual, que se manifiesta a través de la degeneración física y mental y, por último, la muerte, o reabsoción del ser individual en su Fuente Primigenia.

La práctica de la meditación Zen permite que el ser individual se conecte conscientemente con la Fuente Primigenia de su vida, con "su verdadera naturaleza original" en el lenguaje Zen. Esta conexión tiene el poder de reducir o hacer desaparecer el miedo a la muerte y al cambio, o dicho de otra manera, reduce el apego a la forma individual y al concepto de yo. Como veremos más adelante, para el Budismo este apego es la causa de todo desequilibrio y enfermedad y, por lo tanto, de todo sufrimiento.

El Buda Shakiamuni.

Pienso que es imposible comprender la acción terapeútica de cualquier remedio si no se tiene en cuenta el contexto conceptual en el que fue creado y aplicado. El contexto conceptual de la meditación Zen viene dado por la experiencia y la enseñanza del Buda Sakiamuni, fundador histórico del Budismo. El Buda Sakiamuni inició su búsqueda espiritual tras confrontarse con el hecho de que la realidad humana está marcada por el sufrimiento que acompaña las experiencias de la enfermedad, la vejez (degeneración física y mental) y la muerte. Sakiamuni hizo el voto de encontrar una vía de liberación de este sufrimiento. En la raíz del Budismo encontramos pues un deseo de sanación del dolor que acompaña a la condición humana. En un sentido general, el Budismo es una terapéutica del dolor humano, entendido no solamente como dolor físico sino sobre todo como dolor existencial. El Buda Sakiamuni estudió y practicó durante años con los mejores maestros de la época. Finalmente recurrió a la práctica milenaria de la meditación contemplativa, gracias a la cual, después de experimentar profundos procesos cognitivos internos, alcanzó el estado llamado "iluminación" o, en otras palabras, la perfecta reabsoción en la Fuente Original de la Vida, o bien el estado de Salud por antonomasia.

A partir de ese momento y hasta la edad de 85 años, el Buda recorrió el Norte de la India como un sanador espiritual aplicando la terapéutica que había descubierto y experimentado sobre sí mismo. Expuso su sistema de sanación a través de las llamadas Cuatro Nobles Verdades: la primera Noble Verdad hace referencia a los síntomas de la enfermedad humana; la segunda a las causas; la tercera afirma la capacidad de los seres humanos de alcanzar el estado de salud; la cuarta constituye el tratamiento. Veámoslo más detenidamente.

Las Cuatro Nobles Verdades:

1º. La Verdad del sufrimiento. El dolor y el sufrimiento existencial constituyen los síntomas universales del estado de enfermedad o pérdida del equilibrio. Insisto en que este dolor debe ser entendido en un sentido genérico como malestar o insatisfacción profundas, aunque este sentido genérico incluye también el dolor específico que puede aparecer como consecuencia del desequilibrio puntual de un órgano o función. Todo paciente acude al sanador impulsado por un malestar o dolor, ya sea específico o inespecífico . La función del sanador es la de diagnosticar los síntomas y buscar las causas.

2º. La Verdad de la Causa. El Buda Sakiamuni no fue un sanador corporal, ni emocional, ni mental, a la manera occidental como entendemos la función del doctor, del psicoterapeuta o del psiquiatra. El quiso ir hasta la causa más profunda, hasta la raíz de la enfermedad humana, hasta su origen ontológico más remoto. Es decir, fue un sanador espiritual. Su exposición teórica y su praxis afirman que la causa profunda de toda enfermedad se encuentra en dos actitudes emocionales-mentales extremas. A saber, por una lado, en el deseo y en toda su familia (avidez, ansiedad, avaricia, ambición, apego, etc.) y, por otro, en el odio y en toda su familia (animadversión, rechazo, agresividad, cólera, etc.). Es más, yendo un paso más allá, el Buda enseñó que ambas actitudes extremas son originadas por la ignorancia. En el contexto budista, la ignorancia es la causa última de toda enfermedad y sufrimiento. Siendo así es importante que comprendamos qué entiende el Budismo por ignorancia. En japonés, el término es mumyo y en sánscrito avijja, comúnmente traducidos como "ausencia de claridad mental". En otras palabras, la ignorancia es un error de percepción, o una percepción errónea de la realidad. Todo organismo vivo necesita una cierta percepción de la realidad, tanto interna como externa, con el fin de poder desarrollar comportamientos adaptados a la misma que le permitan sobrevivir. Los organismos que no pueden adaptarse a la realidad en la que viven terminan por perecer y extinguirse. La capacidad de adaptación está indisolublemente unida a la capacidad cognitiva, es decir, al conocimiento que dicho organismo tiene de la realidad en la que vive. Para el Budismo, el dolor asociado a la enfermedad, a la vejez y a la muerte tiene su causa última en un error cognitivo de la mente humana, la cual no percibe claramente su realidad interna y externa y, por lo tanto, no puede generar comportamientos adaptados a dicha realidad.

¿Cómo se manifiesta este error cognitivo de la mente humana?

En primer lugar, a través del pensamiento dualista. En efecto, el software de la mente humana ordinaria que procesa casi toda la información que nos llega de la realidad a través de los sentidos y a través de las creaciones de la mente misma, obedece a un programa diseñado en base dos, es decir, binario, como los ordenadores: 0-1, bien-mal, yo-tú, cuerpo-mente, material-espiritual, etc. Resultado de esto es una percepción compartimentada, dividida ad infinitum en categorías estancas, generalmente opuestas y/o excluyentes entre sí. Al procesar así la información, la mente humana olvida un aspecto fundamental de la realidad que es la interconexión básica de todos los elementos que la componen. Dicho de otra forma, el error de percepción básico de la mente humana ordinaria viene dado por un exceso de análisis y una carencia de síntesis, es decir, por un exceso de parcelización y una falta de totalidad.

En segundo lugar, a través de la negación de la transitoriedad. La vida no es un estado estático, es un proceso, es decir, cambio, transformación, evolución e involución, condensación, mantenimiento y disolución. La vida humana individual tampoco es un estado inmutable sino un proceso de transformación en el que todo, absolutamente todo en el organismo humano, tanto a nivel corporal como mental, está cambiando continuamente. Es este proceso universal el que ha hecho que una determinada cantidad de energía se condense formando una vida humana, el que permite que esta forma se mantenga durante un tiempo limitado y el que hace que esta forma se disuelva en el océano de la energía universal. La degeneración física y mental y la disolución del organismo individual forma parte del proceso de la Vida. En palabras del Buda: "Todo lo que nace, muere. Todo lo que empieza, acaba". Así es la realidad. No obstante, la mente humana ordinaria, debido a un error de percepción, ha generado el concepto de perdurabilidad y se aferra a la perpetuación de la forma individual. Este deseo de inmortalidad individual, o lo que es lo mismo, este rechazo de la transitoriedad individual, ambos enraizados en un conocimiento defectuoso (ignorancia) de la realidad, es una patología profunda que impide al organismo desarrollar un comportamiento adaptado a la realidad. Síntoma de lo cual surge el dolor y el sufrimiento, primero mental, después emocional y, por último, corporal. Este dolor, en cualquiera de sus formas, debe ser considerado como manifestación de la falta de adaptación del organismo humano a la realidad, ya sea interna o externa.

En tercer lugar, a través de la negación de la ausencia de yo. La ignorancia, o error de percepción, se manifiesta sobre todo en el concepto de yo creado por la mente humana en el intento de conocerse a sí misma, y en el atávico apego emocional a esa idea. Este es el origen de esa gran neurosis colectiva que llamamos egocentrismo, causa última de tanto dolor y sufrimiento. El concepto de yo es el producto típico de un software programado en sistema binario. Una de las primeras cosas que un humano recién nacido debe aprender por imposición cultural es la diferenciación entre yo y no-yo. Es decir, debe aprender a definir el yo y a partir de ahí, a considerarlo una entidad inmutable, siempre opuesta al no-yo. El niño aprende a desarrollar el "amor propio", es decir, el apego a su yo y la desconfianza hacia el no-yo. Este mecanismo psíquico que a primera vista parece muy eficaz para sobrevivir, puede convertirse en la principal causa de nuestra aniquilación como especie e incluso de la aniquilación de toda forma de vida en el planeta.

Lo que la realidad nos dice, cuando la percibimos más allá del condicionamiento egocéntrico, es que ningún yo puede sobrevivir sin eso que llamamos no-yo. Es decir, ningún yo tiene autonomía para sobrevivir por sí mismo sin la interconexión estrecha con lo no-yo. Sencillamente la vida del hipotético yo está basada en su relación con lo no-yo. Por lo cual, lo no yo es tan imprescindible para el yo como el yo mismo. Esto quiere decir que, de hecho, no hay separación entre el yo y el no-yo, sino una continuidad que desdibuja todo límite. Cuando una mente humana individual no percibe esto, su existencia es una lucha permanente por la supervivencia, una lucha contra lo Otro. Se trata sencillamente de un error de percepción porque lo Otro es la parte del sí mismo que permanece oculta en la sombra de la ignorancia. La división mental de la realidad en yo y Otro es la principal causa de la ansiedad crónica que padecemos los seres humanos. Ansiedad que, posteriormente, se manifiesta en una amplia gamas de patologías mentales, emocionales y corporales.

3º. La Verdad del estado de Salud. El Buda enseñó que los seres humanos tenemos la capacidad de generar y vivir en un estado de Salud Global. Este estado de salud global es llamado Nirvana en el Budismo. Se trata de un estado de equilibrio, de profunda paz interior, de aceptación total, de satisfacción plena y de capacidad de adaptación. El Buda fue un humanista convencido. Creía por experiencia en la capacidad de la naturaleza humana de corregir el error de percepción que se haya en la raíz del sufrimiento y, por lo tanto, en la capacidad de experimentar un estado de dicha, originado por la plena aceptación y adaptación del organismo humano a su realidad. El camino hacia la Salud comienza con el reconocimiento de la enfermedad, con el descubrimiento de sus causas y con la confianza en que el restablecimiento del equilibrio es posible. Después, y quizá lo más importante, hay que seguir un tratamiento.

4º. La Verdad del Tratamiento. El tratamiento propuesto por el Buda no va dirigido solamente a la disolución de los síntomas (dolor, sufrimiento, enfermedad, desequilibrio) sino a la disolución de las causas profundas, a saber, el error de percepción (ignorancia) que impide a los organismos humanos adaptarse perfectamente a la realidad y vivir en ella en un equilibrio dinámico. Este tratamiento abarca los tres aspectos fundamentales de la actividad humana, a saber: mente, palabra, cuerpo. Tradicionalmente el tratamiento budista reviste ocho campos de acción:

  1. Visión correcta. En primer lugar, la mente humana debe corregir los errores de percepción (o de procesamiento de la información, en lenguaje cibernético) a fin de que la representación mental subjetiva coincida perfectamente con la realidad objetiva. Esta corrección tiene lugar mediante una reflexión adecuada sobre el verdadero carácter de la realidad y pone en funcionamiento la capacidad autorreflexiva y autocorrectora de la mente. Por ejemplo, frente a la ilusión de la imortalidad y de la permanencia individual, la mente debe aceptar la propia mortalidad y la impermanencia de toda forma como realidad evidente con la que el organismo humano debe vivir en armonía. Otro ejemplo, frente a apego terco al yo y a lo mío, la mente debe ver y aceptar la interrelación y la interdependencia básica que une a todos los seres vivientes. Si no se corrige la visión errónea que se haya en el origen del desequilibrio, aunque eventualmente se consiga camuflar o esconder los síntomas, el desequilibrio brotará de nuevo en una u otra forma.
  1. Intención correcta. La intención correcta hace referencia al propósito de y en la vida. El ser humano necesita comprender el propósito de la Vida con el fin de ajustar su intención individual a dicho propósito. El sentido del propósito de la vida universal y de la vida individual es una fuerza unificadora que actúa como eje central y principio rector de todas las funciones, tanto a nivel subatómico, como celular, emocional, mental y espiritual. La pérdida del propósito individual, por el contrario, actúa como una fuerza disgregadora que convierte en caótico el funcionamiento del organismo humano, desordenando lo que la intención correcta ordena. Podemos afirmar que muchas de las patologías extendidas entre gran número de habitantes de las grandes ciudades tienen su origen en una pérdida del sentido de la propia existencia individual, y de la desconexión de ésta con la vida cósmica. La intención correcta sólo puede surgir de la visión correcta. Por ello, si la percepción de la realidad no es correcta, la intención individual no puede adaptarse al propósito universal y fruto de ello es el desequilibrio, la enfermedad y el dolor.
  1. Palabra correcta. La palabra es la expresión verbal de la intención. La palabra tiene el poder de matar o de dar vida, de herir o de sanar, de hacer daño o de curar el dolor. Los chamanes, los sanadores más antiguos de la humanidad, utilizan la vibración sonora como vehículo de su intención sanadora. La palabra correcta es aquella que crea orden y percepción clara en la mente, tanto del que la emite como del que la recibe. La palabra expresa la propia visión e intención y, a la inversa, a través de las palabras podemos transformar nuestra visión e intención, así como las de los demás.
  1. Conducta correcta. La conducta es la expresión corporal de la visión y de la intención. Todo comportamiento presupone una determinada visión de sí mismo y de la vida. Detrás de los hábitos nocivos, origen de enfermedades, se haya una percepción errónea de la realidad y una incapacidad de adaptarse a ella. En Occidente, la psicología conductista sigue predominando pero, demasiado a menudo, esta escuela olvida que detrás de cada conducta hay una visión y que es imposible transformar la conducta si no se transforma la visión.
  1. Medio de vida correcto. El modo de vida (la manera como procuramos nuestro sustento) manifiesta nuestra relación tanto con el ecosistema como con el sistema socio-cultural en los que vivimos. A su vez, esta relación es la manifestación de nuestra visión de la realidad. El hecho actual es que, debido a un error de percepción, la cultura humana se ha separado y está en lucha con el ecosistema original del que ha surgido y que la sustenta. Esta disociación entre cultura y naturaleza desgarra el interior de los individuos humanos, quienes necesitan insertarse en el sistema cultural y al mismo tiempo necesitan mantener una relación correcta con el medio natural del que surgen los nutrientes básicos de su vida. Esta disociación es la causa de la crisis ecológica global y al mismo tiempo de muchos disfuncionamientos biológicos, emocionales y mentales en el interior de cada individuo. Por lo cual, restablecer un medio de subsistencia justo que permita al individuo insertarse felizmente tanto en el sistema socio-cultural como en el ecosistema es fundamental para acabar con muchas enfermedades del mundo "civilizado".
  1. Esfuerzo correcto. En todo proceso de sanación la voluntad de sanar, así como la perseverancia en el tratamiento, son fundamentales para concluir dicho proceso con éxito. Muchos tratamientos fracasan no porque sean ineficaces, sino porque el paciente carece de la voluntad necesaria de sanar, debido principalmente a causas emocionales que le han hecho perder la conexión con el propósito de su vida. El paciente no puede ser un mero sujeto pasivo del tratamiento. No puede dejar la responsabilidad de su sanación en manos de los "especialistas" ni en la tecnología, ni en los gurús, ni en el maestro espiritual.
  1. Atención correcta. Como ya hemos dicho, el Zen concibe la ignorancia como un "error de percepción". En la base de este error se encuentra una atención incorrecta. Dado que el desarrollo consciente de la atención es el pilar básico de la práctica meditativa Zen, dedicaremos una sección a este tema un poco más adelante.
  1. Meditación correcta. La meditación en zazen es el "laboratorio" que reúne las condiciones adecuadas para cultivar la atención consciente y, por ende, corregir los errores de percepción que constituyen la causa profunda de todos los desarreglos y desequilibrios. También dedicaremos varias secciones al tema de la meditación zen.

Resumiendo todo lo anterior podemos decir que el ser humano es básicamente un ser consciente. Para el ser humano, la realidad es sobre todo la conciencia que él tiene de la realidad. De la misma forma, un ser humano es sobre todo la consciencia que tiene de sí mismo. Esta consciencia humana es el producto final de un complejo proceso o conjunto de procesos entre los que podemos destacar los procesos biológico, emocional, mental (conceptual) y espiritual. Cuando la consciencia que el ser humano tiene de la realidad no concuerda con lo que la realidad es en sí hablamos de "error de percepción" o ignorancia. Esta consciencia ilusoria impide a la vida humana adaptarse adecuadamente a la realidad en la que vive, generando problemas de adaptación (comportamientos erróneos) que adoptan formas de conflictos, desequilibrios y enfermedades, cuyo resultado último es el dolor y el sufrimiento. En la base del error de percepción se haya una atención incorrecta. Por lo cual, corregir el error de percepción mediante un cultivo sistemático de la atención constituye la base última de todo proceso sanador que quiera llegar hasta las causas profundas, sin olvidar el tratamiento de los síntomas.

¡¡¡ Sarvamângalam !!!

( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

26 Sep 2007

Sucinta Biografía de Budha Shakyamuni

Escrito por: Rinchen el 26 Sep 2007 - URL Permanente

SUCINTA BIOGRAFÍA DE

BUDHA SHAKYAMUNI

Budha significa "el que ha despertado", aquél cuya mente ha alcanzado un bienaventurado estado. Budha descubrió, predicó, y dió forma a las enseñanzas de las que derivan las diferentes escuelas que hoy difunden y mantienen el Dharma.

Siddharta nació en el país de los Sakyas, cuyo territorio se hallaba al sur del actual Nepal el 566 a.c. Su padre, Suddhodana, de la casta de los ksatrias (aristócratas guerreros), era "rey" de aquel territorio, es decir, el jefe más poderoso de una confederación de clanes aristocráticos. Su clan propio era el Gautama, de modo que el nombre por el que se conoció al Buda sería el de Siddharta Gautama, denominación a la que se añadiría más tarde la de "sabio de los sakyas" (Sakyamuni). La madre de Siddharta se llamaba Mahamaya y era también del más noble linaje. La tradición rodea el advenimiento de Siddharta de numerosas premoniciones y prodigios que indican la gran importancia que la persona y su enseñanza alcanzaron durante su vida y después de ella.

El nacimiento se produjo en Lumbini, lugar situado a corta distancia de Kapilavastu, residencia de Suddhodana, y al niño se le puso por nombre Siddharta, que significa "cumplimiento del objetivo". Mahamaya murió pocos días después a consecuencia del parto, pero Siddharta fue criado por Mahaprajapati, hermana de su madre y también esposa de su padre.

Durante su niñez y juventud no parece que Siddharta se distinguiera de los demás jóvenes nobles de su tiempo. Según la tradición, el rey Suddhodana, que temía perderlo y quedarse así sin primogénito (puesto que, sin duda, tenía muchos más hijos), intentó aislarlo del mundo exterior y hacerlo vivir en un mundo cerrado en el que todo eran placeres y el dolor y la muerte quedaban cuidadosamente ocultos. Recibió la educación literaria, religiosa y militar que eran propias de su condición y, a su debido tiempo, se le casó con Yasoddhara, una bella y noble joven con la que parece que era feliz.

Según la tradición, Siddharta tuvo cuatro encuentros que cambiaron completamente su forma de ver el mundo y le impulsaron a buscar algo más fuera de los placeres de que estaba rodeado.

El príncipe solía salir con su auriga, Chandaka, a dar paseos fuera del palacio, y en uno de éstos vió un día Siddharta a un anciano decrépito que los criados de su padre no habían tenido tiempo de apartar. Asombrado ante aquella decadencia tan extrema, que él no había visto nunca antes, pensó que se trataba de algo extraño, hasta que Chandaka le sacó de su error y le enseñó que, de vivir mucho tiempo, todos los seres perdían su belleza y muchos de sus atributos para ser viejos y débiles.

En otra ocasión vió un enfermo que sufría un mal repugnante que deformaba su cuerpo y le hacía padecer grandes dolores. El príncipe se sorprendió mucho cuando Chandaka le explicó que esto era algo normal, puesto que los humanos sufrían enfermedades constantemente.

En otra salida se topó el príncipe con un cortejo funerario, lo que le puso en contacto con la muerte y el principio ineluctable de que todo lo que nace tiene que morir.

Por último, en otro paseo, a quien vió Siddharta fue a un mendigo que, a pesar de vestir muy pobremente y pedir limosna, tenía un aspecto feliz y luminoso. Al preguntar quién era se le contestó que se trataba de un hombre santo que había renunciado a todo para dedicarse a la perfección espiritual.

Todos estos encuentros le habían turbado profundamente y le habían hecho pensar en la falta de sentido de su vida de placer. Comenzó a ver su entorno con otros ojos y a observar el esfuerzo y el sufrimiento de los criados y trabajadores, el de los animales que trabajaban en el campo e incluso el de las mujeres que llenaban el harén del palacio. Comprendió la magnitud del sufrimiento que le rodeaba y en el que estaban sumidos todos los seres y decidió buscar el también una salida a esta rueda de dolor inacabable que se renovaba con cada existencia. Con cerca de treinta años dejó su palacio y su patria, se despojó de adornos y joyas, se vistió como mendigo y como tal aprendió a pedir limosna.

Al principio Siddharta buscó la enseñanza de grandes maestros como Arada y Rudraka, que le enseñaron a meditar hasta niveles muy elevados y, una vez que hubo aprendido se retiró a Bodgaya en el reino de Magadha, en donde se entregó a las más extremas prácticas ascéticas durante seis años. Su fama se extendió y varios ascetas más se le acercaron y se convirtieron en sus discípulos, al ver sus grandes cualidades y los extremos a que llevaba su sacrificio.

El ascetismo extremo, sin embargo, no le hizo progresar demasiado en el camino hacia la iluminación y, cuando Siddharta comprendió que castigar el cuerpo hasta ese extremo no le haría adelantar más de lo que ya estaba, volvió a comer mejor, se bañó y reconsideró su posición. Sus discípulos, desilusionados por lo que consideraban un abandono, le dejaron, pero él se dio cuenta de que, con las fuerzas recuperadas, volvía a sentirse capaz de continuar con su esfuerzo. Por eso enunció Siddharta su doctrina del camino medio: los excesos de sensualidad y ascetismo no son favorables para perfeccionarse espiritualmente; el sabio debe buscar un equilibrio entre ambos extremos.

Cuando llegó a ésta conclusión, volvió a sentarse bajo un árbol (el Bo, o árbol de la iluminación) y tras pasar por varias fases en que sufrió tentaciones de los sentidos e ilusiones producidas por su propio yo, consiguió superar sus limitaciones anteriores, y al alcanzar la iluminación se convertirtió en Budha. Tenía entonces 35 años.

Siddharta había comprendido que el deseo era la causa del sufrimiento. El deseo crea apego y éste ata a la existencia, fomenta la ilusión del yo y sume a los seres en un estado de ignorancia en que no reconocen la naturaleza de su mente y que los condena a vivir en el samsara.

En un principio el Budha dudó sobre si debía o no enseñar el Dharma (su doctrina), pero al final venció su compasión y comenzó su predicación en el parque de los ciervos, cerca de Varanasi (Benarés). Allí le oyeron sus antiguos discípulos, quienes pronto se convirtieron en arhats (los que han eliminado en su interior todos los obstáculos para llegar a la iluminación). A éstos se sumaron muchos otros y así se creó la Sangha (comunidad de Monjes Budhistas) para los que el Budha mismo dió las primeras y fundamentales normas. Reyes y devotos pronto proporcionaron tierras y edificios para construir monasterios y alojar el creciente número de monjes.

El Budha continuó dando enseñanzas y ejemplos hasta la edad de ochenta años, momento en que entró en profunda meditación y pasó al Nirvana (Parinirvana) (486 a.c.), pero su enseñanza quedó como guía para ayudar a todos los seres a salir del sufrimiento.