30 Jun 2008

Consejos sobre la Meditación.

Escrito por: Rinchen el 30 Jun 2008 - URL Permanente

Consejos sobre la Meditación
por Venerable Lama Sogyal Rinpoche

Cuando tu lees los libros sobre la meditación, o cuando la meditación es presentada por diversos grupos, el énfasis es mas que todo sobre las técnicas. En el mundo occidental, la gente tiende a estar muy interesada en la "tecnología" de la meditación. Sin embargo, la característica más importante de la meditación no es la técnica, sino la postura, no tanto física sino más que todo se refiere a una actitud.

Debemos reconocer que cuando comenzamos la práctica de la meditación, estamos incorporando una dimensión totalmente diferente. Normalmente en la vida ponemos mucho esfuerzo en la obtención de las cosas externas y hay muchas luchas que tenemos que superar, mientras que en la meditación es justamente lo contrario, la meditación es la ruptura de cómo funcionamos normalmente.

La meditación es simplemente una cuestión de estar, de derretirse, como un pedazo de mantequilla dejada al sol. No tiene nada que ver con si tu "sabes" o no, de hecho, cada vez que tu practicas la meditación tu tienes que estar fresco, como si sucediera por primera vez . Tu apenas siéntate con tu cuerpo relajado, silencioso, tu mente completamente tranquila, y permite que los pensamientos vengan y que vayan, sin dejarlos causar estragos en tu mente. Si tu necesitas algo que hacer, observa la respiración. Este es un proceso muy simple. Cuando tu estás respirando hacia fuera, siente que estás respirando hacia afuera. Cuando tu respiración es hacia adentro, siente que tu estás respirando hacia adentro, sin proveer ninguna clase de comentario adicional o chisme mental, pero solo identificando la respiración. este proceso de la mente atenta es muy simple y procesa tus pensamientos y emociones, entonces, como una vieja piel se liberan.

Generalmente la gente para relajar el cuerpo se concentran en diversas partes. Pero la relajación verdadera viene cuando te relajas de adentro hacia afuera entonces todo se facilitará y se hará absolutamente natural.

Cuando tú comienzas a practicar, entras en contacto con tu "punto suave", y solamente permaneces allí. Tú no necesitas centrarte en cualquier cosa en detalle para comenzar. Apenas se espacioso, y permite que los pensamientos y las emociones aparezcan. Si tu lo haces así, más tarde, cuando utilices un método tal como mirar la respiración, tu atención estará más fácilmente en tu respiración. No hay punto determinado en la respiración en el cual tu necesites centrarte, es simplemente el proceso de la respiración. Veinticinco por ciento de tu atención está en la respiración, y el setenta y cinco por ciento está relajado.

Intenta identificarte realmente con la respiración, más que solamente mirarla. Tu puedes elegir un objeto, como una flor, por ejemplo, para enfocarte. A veces enseñan a visualizar una luz en la frente, o en el corazón. A veces un sonido o una mantra puede ser utilizado. Pero al principio es mejor simplemente ser espacioso, como el cielo, siente que eres el universo entero.

Cuando te sientes, deja que todo se calme y permite que las cosas y todo lo que está en desacorde se disuelvan naturalmente, de aquí nace tu verdadero ser. Tú experimentas un aspecto el cuál es el "verdadero" tú. A medida que profundices más, tu comienzas a descubrir y a conectarte con tu calidad de amar que es la más fundamental.

El punto clave de la meditación es el conseguir utilizar ese aspecto de el cual te has olvidado. En tibetano meditación significa "acostumbrarse". ¿Acostumbrarse a qué? a tu verdadera naturaleza, tu naturaleza de Buddha. Esta es la razón por la cual, en la enseñanza más alta de Buddhismo, Dzogchen, a ti te dicen que descanses en la "naturaleza de tu mente". Tu apenas te sientas y dejas que todos los pensamientos y conceptos se disuelvan. Es como cuando las nubes se disuelven o la niebla se evapora, así revelando el cielo claro y el sol que brilla detrás de ellas.

Cuando todo se disuelve, tu comienzas a experimentar tu verdadera naturaleza, tu "vives". Entonces tu lo sabes y en ese momento, te sientes realmente bien... !!!. Está sensación de bienestar es completamente diferente a todas las que tu puedes haber experimentado. Ésta es una experiencia verdadera y genuina, en la cual tu sientes una profunda paz, alegría y confianza sobre ti mismo.

Es bueno que medites cuando te sientas inspirado. temprano en las mañanas puedes tener esa inspiración, pues los mejores momentos de la mente son temprano en el día, cuando la mente está más tranquila y más fresca (el tiempo tradicionalmente recomendado es antes del amanecer). El más apropiado para sentarse a meditar, porque no solamente es fácil sino que entonces te dará más confianza en la práctica, y tu podrás más adelante practicar cuando no estés inspirado. No hay necesidad de meditar por mucho tiempo: apenas permanece silencioso hasta que puedas entrar y conectarte con la esencia de tu corazón. Éste es el punto principal.

Después de esto hay una cierta integración. Una vez que la mente atenta haya sido despertada por tu meditación, tu mente será tranquila y tus opiniones más coherentes. Entonces, estarás presente en todo lo que haces. Como en el refrán famoso del Zen: "cuando yo como, yo como; cuando duermo, duermo". Cualquiera cosa que hagas, tú estarás completamente presente en el acto. Así sea lavando platos, si se hace completamente, se puede decir que estarás más lleno de energía. Serás más pacífico, así eres más "tu". Te conviertes en el “tu” universal.

Una de los puntos fundamentales del viaje espiritual es el perseverar a lo largo del camino. Aunque tu meditación puede ser buena un día y no tan buena el día siguiente, como cambios en el paisaje, esencialmente no son las experiencias, buenas o malas las que cuentan, pero cuando tu perseveras, la práctica verdadera aflora en ti y llega entre lo bueno y malo. Lo bueno y lo malo son simplemente espejismos, así como puede haber buen o mal tiempo, cielo siempre es el mismo. Si tu perseveras y tienes esa actitud del cielo espacioso, sin la perturbación de emociones y experiencias, tu desarrollarás estabilidad y la profundidad real del la meditación.

Tu encontrarás esto gradualmente y casi inadvertidamente, tu actitud comienza a cambiar. Tu no te aferras a las cosas tan sólidamente como antes, y aunque se sucedan las crisis te mantendrás tranquilo, sabrás manejarlas y te darás cuenta que todas estas situaciones son risibles y vivirás con un corazón más alegre.

¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que toso sea auspicioso !!! )

08 Jun 2008

La Meditación: Un Camino a la Felicidad.

Escrito por: Rinchen el 08 Jun 2008 - URL Permanente

La Meditación: Un Camino a la Felicidad

"El Budismo hace más dichosos a quienes lo practican. Meditación,
toma de conciencia y análisis de la realidad son las claves para una vida en armonía".

por Gemma Gil Flores.

Los budistas parecen más felices que otras personas y, a juzgar por los estudios científicos, así es. Pruebas realizadas en la Universidad de Madison, Wisconsin (EEUU), han demostrado que los budistas experimentados presentan una mayor actividad cerebral en el lóbulo prefrontal izquierdo, una zona relacionada con las emociones positivas, el autocontrol y el temperamento. Asimismo, otro grupo de investigadores en California ha detectado que la práctica de la meditación ayuda a controlar el órgano relacionado con el recuerdo del miedo.

El lama Ole Nydahl, durante la conferencia ofrecida en la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala.
Cuando María del Carmen Rivera se aproximó al Budismo, hace ocho años, estaba atravesando una crisis matrimonial. “Sufría, y mi primera opción fue acercarme al catolicismo, pero no funcionó. Cuando acudí a una conferencia de Marco Antonio Karam, fundador de la asociación Casa Tíbet en México, me di cuenta de que había encontrado exactamente lo que buscaba”, afirma. Desde entonces acude a las reuniones semanales y se sienta media hora al día a meditar. ¿Es más feliz? “Olvídate, me va súper”, exclama con una sonrisa radiante.

Frente a ella, sentada en posición de flor de lotto, Claudia Cordón asiente. No hace ni un año que se acercó a esta enseñanza oriental y sus relaciones familiares han mejorado sustancialmente. “Antes visitaba a mi madre cada dos meses, ahora nos vemos tres o cuatro veces por semana”, sostiene.

Emociones positivas, tabla de salvación en momentos de crisis, activador de las buenas comunicaciones intrafamiliares, pero ¿cuál es el secreto? Desde luego, no existe una receta infalible. El Budismo no constituye una fórmula mágica para resolver los problemas y alcanzar la felicidad. Sin embargo, este método de autodisciplina ética funciona para los más de 450 millones de seguidores que tiene repartidos por el mundo.

El hecho de que entre sus adeptos se encuentren rostros tan populares como los de Richard Gere o Penélope Cruz ha llevado a esta doctrina a la primera plana de los medios de comunicación. No obstante, más allá de la modas impuestas por los protagonistas del papel couché, el Budismo es una tradición espiritual con más de dos milenios de antigüedad.

Una tradición milenaria

El Budismo es una filosofía moral que no se basa en la fe en un dios, como las religiones, sino en la experiencia vital. Comenzó hace 2 mil 550 años con Siddhartha Gautama, también conocido como Shakyamuni. Este buda (“el despierto”) había nacido en una familia acomodada, pero al ser testigo de las desigualdades sociales, las injusticias y el dolor que le rodeaba, quiso investigar por qué el ser humano es desdichado.

Un largo camino de ascetismo y meditación llevaron a Shakyamuni a experimentar la iluminación, es decir, consiguió averiguar por qué sufrimos y cuál es el camino para superar ese dolor. Sus enseñanzas pronto consiguieron un nutrido número de seguidores, al punto de que tres siglos después de su muerte su doctrina se había extendido por toda Asia. Sus preceptos habían conseguido cuando menos ofrecer un sendero para vivir en armonía.

En búsqueda de la dicha

“Una causa del sufrimiento se encuentra en el deseo, en buscar la felicidad en estímulos materiales que nos pueden dar un placer temporal pero no duradero”, explica Marco Antonio Karam. “La frustración nace cuando proyectamos nuestros deseos de permanencia, estabilidad y autonomía a un mundo que es impermanente, cambiante e interdependiente”, añade. Por tanto, el camino hacia la felicidad comienza por admitir la verdadera naturaleza de las cosas.

De acuerdo con la enseñanzas de Gautama, el bienestar no procede del exterior sino de uno mismo. De ahí la importancia de la meditación. “Trabajamos con nuestra mente, porque las cosas te duelen por la forma en que te relacionas con ellas”, afirma María del Carmen. Ni ella ni sus compañeros dudan en señalar que la mente constituye la piedra angular para alcanzar la dicha. Pero, ¿por qué es tan importante?

Según la doctrina budista, la mente es una energía, que no se crea ni se destruye sino que se transforma. Por tanto, cuando el cuerpo material muere, ésta vuelve a renacer en otro cuerpo. La idea de la reencarnación conduce directamente a otro principio básico: el Karma, es decir, cada momento presente es consecuencia de todos los actos pasados. De la misma manera, el futuro será consecuencia de la acción presente. Comprehender esta relación causa-efecto supone el punto de partida de una conducta más ética, ya que la próxima vida dependerá de lo que se hace aquí y ahora.

“Las personas tienen que tomar responsabilidad de sus propias vidas y no creer que la sociedad o dios tienen la culpa de sus problemas, porque si no creemos que somos la causa de nuestras circunstancias ahora, ¿cómo vamos a construir nuestro futuro?”, afirmó Ole Nydahl, uno de los pocos lamas o maestros budistas occidentales, en su reciente visita a Guatemala.

Un comportamiento ético es aquel en el que la búsqueda de la sabiduría sustituye a la ignorancia, el amor al apego y la compasión a la aversión. Para lograr todo esto la clave, nuevamente, es la meditación. Una actividad que lejos de ser un ejercicio de relajación para poner el intelecto en blanco constituye un análisis crítico de uno mismo y del mundo que le rodea.

Quizá todo esto suene complicado, pero, como afirma Fernando Pérez, sicólogo y budista, “no es posible tocar una pieza de Bach la primera vez que uno se sienta frente a un piano, sino que es un proceso gradual”. Con la meditación ocurre lo mismo. Llegar a comprender el budismo supone un largo proceso de aprendizaje y disciplina, pero quizá bien merezca la pena, especialmente si, como afirma Marco Antonio Karam, “alcanzar la auténtica felicidad es posible”.

Decálogo budista

El lama Ole Nydahl presentó, en la conferencia ofrecida recientemente en la Universidad Francisco Marroquín, el siguiente decálogo de acciones virtuosas:

De cuerpo:

Respetar toda forma de vida.
Dar a los demás lo que necesitan y no robarles ni engañarles.
Desarrollar una actitud sexual sana. El cuerpo es un elemento neutral. Si la mente es buena, el cuerpo actuará bien.

De palabra:

Decir la verdad. Existen dos clases de mentiras graves: aquellas que se dicen para herir a los otros y aquellas que tratan sobre logros espirituales.
Utilizar un lenguaje conciliador, para que las personas se lleven bien.
Hablar sobre asuntos significativos e importantes. Reflexionar lo que se dice.

De mente:

Desear a los demás la felicidad.
No odiar.
Ser generoso y cultivar un buen corazón.
Entender que los responsables de las cosas que nos ocurren somos, en primer lugar, nosotros mismos.

¡¡¡ Sarvamângalam !!!

( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

29 Mar 2008

Proyecto Maitreya.Un Mensaje de Bondad Amorosa y Paz.

Escrito por: Rinchen el 29 Mar 2008 - URL Permanente

Proyecto Maitreya
Un Mensaje de Bondad Amorosa y Paz

Vivimos en tiempos de mucha incertidumbre. La humanidad y los seres vivientes están constantemente bajo amenaza y hay una necesidad urgente de crear las causas para la armonía en todo el mundo. Todas las religiones principales del mundo y las tradiciones humanitarias enseñan los valores éticos de la tolerancia, la paciencia, la bondad amorosa y la compasión. En la medida en que estos principios universales sean abrazados y se arraiguen en las mentes y corazones de más y más personas, la paz mundial se convertirá en algo alcanzable.

Kushinagar, Uttar Pradesh, India

El Proyecto Maitreya está basado en la creencia de que la paz interna y la paz externa comparten una relación de causa y efecto, y que la bondad amorosa conduce a la paz a cualquier nivel de la sociedad –paz para los individuos, familias, comunidades y para el mundo.

La estatua del Buda Maitreya está siendo diseñada para durar al menos 1,000 años. A lo largo de todo este milenio y en el siguiente, provocará un cambio positivo en los corazones y mentes de la gente alrededor del mundo y beneficiará a la gente en la India mediante sus actividades sociales y económicas.

La visión del Proyecto Maitreya incluye escuelas que se centran en el desarrollo ético y espiritual junto al logro de los objetivos académicos. Además, incluye una red de asistencia sanitaria establecida alrededor de un hospital universitario de estándar internacional para ofrecer servicios sanitarios, en especial para los pobres y desamparados.

El Proyecto Maitreya está trabajando con los gobiernos locales, regionales y estatales en Uttar Pradesh, India, donde la Autoridad del Área Especial de Desarrollo de Kushinagar apoyará el desarrollo planificado para el área que rodea al Proyecto.

La estatua del Buda Maitreya está siendo construida para traer tanto beneficio como sea posible, por tanto tiempo como sea posible, de manera que la bondad amorosa finalmente surja en el corazón de todos los seres.

“Meditación de Maitreya para la paz”

Todos quieren paz. Se pone mucho esfuerzo en conseguir paz, pero la mayoría de la gente carece de un método práctico para generarla. La paz no puede ser legislada o impuesta. La paz no puede salvaguardarse por coaliciones o fuerzas militares. La bondad amorosa es la única causa real de la paz. La actitud de la bondad amorosa genera paz en el individuo, que a su vez crea paz en la familia, paz en la comunidad, paz en la nación y a su vez, paz en el mundo. El Buda Maitreya es la manifestación de la bondad amorosa, la causa de paz. “La meditación de Maitreya para la paz” es un método práctico por el que cualquier persona, de cualquier religión o ninguna, puede generar la bondad amorosa, la causa real de la paz. Está basada sobre una meditación que Lama Yeshe dirigía a menudo durante sus conferencias públicas alrededor del mundo y fue grabada por primera vez por la Venerable Sangye Khadro para el DVD del Proyecto Maitreya. Hemos organizado periodos de tiempo específicos para que se lleve a cabo esta “Meditación de Maitreya para la paz” alrededor del mundo.

Aqui podras escuchar la Meditación...

¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

09 Feb 2008

El Budismo y la Consciencia por Antoine Lutz.

Escrito por: Rinchen el 09 Feb 2008 - URL Permanente

El Budismo y la Consciencia por Antoine Lutz

Tienen en común sus 33 años, su pasión por la biología y haber compartido a Francisco Varela como maestro. El francés Antoine Lutz es doctor en Ciencias Cognitivas, y en el Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin estudia las reacciones de los cerebros de monjes tibetanos entrenados en meditación e introspección. El doctor Diego Cosmelli trabaja en el Laboratorio de Neurociencias Cognitivas del Departamento de Siquiatría de la Universidad Católica.
Por P.V.
¿Qué regiones del cerebro, relacionadas con el bienestar o la felicidad, se activan en las experiencias con monjes budistas?
–Antoine Lutz (A.L.): No hay sólo una región cerebral que se active con el bienestar. Y además hay muchos estilos de meditación, de los cuales se espera que produzcan efectos distintos sobre la mente. Una meditación, por ejemplo, busca entrenar la concentración. Ahí lo que importa es la capacidad de entrenar y calmar la mente. En ese caso se ve que se activan circuitos cerebrales que están asociados principalmente con la atención. Otro tipo de meditación busca generar un estado de compasión, actitudes altruistas. En ese caso se activan regiones del cerebro relacionadas con emociones positivas, pero también una zona que reacciona cuando alguien se acerca o se aleja de hechos que dan miedo o que atraen fuertemente. Cuando se practica la meditación que genera compasión, hay una activación preferente del lado izquierdo del cerebro. Se activan regiones relacionadas con la intención motriz de acercarse a otra persona, de establecer contacto social con el otro. Y también se activa la ínsula, una región cortical que está muy oculta y que está asociada a la capacidad de sentir el propio cuerpo.
–¿Compadecer provoca felicidad?
–A.L.: Uno de los ejes del pensamiento budista está en entrenar un comportamiento orientado y dedicado hacia el otro. Así se reacondiciona la mente, eliminando o minimizando la costumbre de que esté enfocada en el propio ego. Para el budismo, uno de los orígenes del sufrimiento es la egolatría, el apego al propio ego.
En realidad, la felicidad –de acuerdo a mi experiencia– dice mayor relación con una capacidad para enfrentarse a múltiples situaciones de manera óptima y adecuada. Y ello implica, por consiguiente, una activación colectiva de una serie de recursos personales que van a involucrar múltiples regiones del cerebro, no sólo una, para poder enfrentar la situación de la forma adecuada.
PARE DE SUFRIR
–¿Qué hace que el doctor Varela y otros científicos decidan explorar con monjes budistas? ¿Por qué no con monjes católicos o talib musulmanes?
–Diego Cosmelli (D.C.): Francisco tenía un interés metodológico muy fuerte en el budismo porque se practica igual desde hace 2.500 años. Por tanto, el budismo tiene muy regularizado el “protocolo experimental” de cómo enfrentarse a una situación, y los monjes pueden llegar a una descripción muy acabada del fenómeno. Tienen un entrenamiento muy desarrollado de su capacidad de observar su propia mente. Y eso, en sí mismo, es muy interesante porque uno de los problemas en la neurociencia es que aquello que uno define como un estado mental es extremadamente cambiante. Pero ya sabemos que basta con entrenarse un mínimo en técnicas de meditación o en técnicas deportivas, me refiero a la disciplina del atleta, para que los estados mentales puedan sostenerse en el tiempo.
A.L.: Creo que en todas las religiones existe al menos una tradición contemplativa y quienes la practican obtienen resultados parecidos. Pero hay que reconocer que, en el budismo, la cuestión central es el sufrimiento humano. El punto clave es comprender el origen del sufrimiento y cuáles son los mecanismos para superarlo. Hablamos tanto de sufrimiento físico como sicológico. En ese sentido, el budismo tiene algo que decir sobre la felicidad, sobre la superación del sufrimiento, porque es su pregunta central. El otro punto relevante del budismo se refiere a la práctica. La felicidad tiene mucho que ver con la capacidad de conocerse a sí mismo. Y el budismo –como nos decía Francisco Varela– es un gran laboratorio de 2.500 años de antigüedad, en el cual mucha gente ha practicado de la misma manera y ha desarrollado invariantes….
–¿Qué es una invariante?
–D.C.: Algo que es regular dentro de tu experiencia, algo que se puede reconocer independientemente del estado de tu experiencia. Un ejemplo básico: cuando miras un objeto puedes describir con alta resolución el centro de ese objeto, pero la periferia de tu campo visual siempre es difusa. Si enfocas una palabra en el diario que estás leyendo y luego tratas de leer –sin mover los ojos– tres palabras a la izquierda o a la derecha, no lo puedes hacer. Ese es un ejemplo de una invariante. Pero, a su vez, es dinámica, puede cambiar porque si me entreno puedo mejorar mi campo resolutivo.
–A.L.: Así, el “laboratorio” budista, por mucho tiempo, ha generado una práctica del estudio de la mente. Y gracias a ese estudio pueden describir estados mentales –sobre la base de ciertas regularidades o invariantes– que son relevantes. Los monjes pueden compartir la información.
–¿Eso hace que un monje budista sea un colaborador, más que un “objeto” de observación?
–D.C.: Claro que sí. El rigor de la práctica budista, su entrenamiento mental, permite una descripción muy fina y acabada del fenómeno mental, descripción que puede ser “exportada” al dominio científico. ¿Por qué? Porque el científico la recibe más “limpia” y con más detalles. Una persona cualquiera tiene mucho “ruido” en su mente, muchas ideas inconexas unas de otras. Un monje budista elige un estado mental, ingresa en él y se queda ahí durante largo rato.
–¿Son quienes más han entrenado la mente entre los seres humanos?
–A.L.: En todas las tradiciones contemplativas hay personas que han llegado a estados máximos. Pero en los budistas hay un “saber hacer”, un know how mayor…
–D.C.: La tradición budista, como decía Francisco Varela, es explícitamente empírica. Allí se estudia la mente y cada monje participa con los demás en validar sus observaciones. Se genera un movimiento social muy interesante.
–¿Con efecto sinérgico?
–D.C.: Obviamente. Y así lo dicen los budistas: no es lo mismo una vela prendida que cien…
–Cuando un monje, durante la meditación, consigue el máximo nivel de mente quieta, ¿cómo se ve en el encefalograma?
–A.L.: Es una pregunta difícil y que está en curso, en desarrollo. Porque los métodos que utilizamos son de muy baja resolución respecto a la complejidad de los estados mentales. Los estudios que hemos publicado sugieren que existe una huella “dactilar”, una huella neuronal, de ciertos estados estables en el tiempo. Y eso se ve de cierta manera en el electroencefalograma, como un patrón de actividad estable en el tiempo.
MENTE Y CEREBRO
–El budismo habla de conciencia, la ciencia habla de cerebro. Hablamos de mente y cuerpo como cosas separadas. Eso confunde. ¿Está la conciencia, la mente, ubicada en el cerebro?
–D.C.: Esa es una pregunta central de la neurociencia. Pero no hay manera de asegurar que la mente esté sólo dentro del cerebro.
–A.L.: Pero se necesita del cerebro para tener una mente, para acceder a la mente.
–D.C.: En la perspectiva de Varela, atribuir a la conciencia una posición dentro del cerebro es un error de categoría. La conciencia es una propiedad del organismo, pero depende de sus regulaciones internas, de su capacidad de ser en el mundo, de moverse en el espacio y de interactuar con otros organismos. Uno de los últimos trabajos de Varela es justamente ése: hasta qué punto la mente es un proceso “deslocalizado”, que no está localizado en una parte específica del cerebro, sino que es un proceso que depende de múltiples ciclos biológicos. Depende del ciclo del organismo, del ciclo del sistema nervioso, para coordinar movimientos y percepciones en el mundo, y del ciclo de las interacciones entre sujetos, lo intersubjetivo. Hay una veta muy coherente, desde el inicio hasta el fin de sus investigaciones, que sostiene que la conciencia no es un algo, no es un objeto. Es un proceso…
–¿Esa tesis encaja con la percepción budista de conciencia?
–A.L.: Dentro del budismo hay muchas escuelas que difieren acerca de lo que es la conciencia y existen bibliotecas completas para describirla. Los budistas han ido muy lejos en este punto. Pero una idea clave del budismo, compartida por todas las tradiciones, es que el ego, ese ego autónomo, permanente e independiente con el cual uno se relaciona con el mundo… ¡es una ilusión! El budismo sostiene que lo que existe, en realidad, es un proceso interdependiente, insustancial e impermanente. Y en la neurociencia sostenemos que no existe un lugar puntual del cerebro donde esté la conciencia, sino que es un proceso distribuido y cambiante en el tiempo.
–Insustancial... ¿qué es eso?
–D.C.: Lo opuesto a la certeza de solidez. El ego cambia en el tiempo y en la interrelación con otros. Por eso es insustancial, no hay nada sólido que lo sostenga. Hay mecanismos que están en proceso, siempre cambiantes y que producen esa percepción ilusoria de ego. Esa es una de las paradojas de los organismos vivos. Punto central del trabajo de Varela es que los organismos vivos son paradojales. Son estructuras que establecen una identidad, pero están abiertas a la interacción con el mundo, interacción que las puede destruir, pero a la vez necesitan de esa interacción para establecer su propia identidad. LND.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

10 Nov 2007

Cómo lograr la Felicidad...?

Escrito por: Rinchen el 10 Nov 2007 - URL Permanente

Mahabodhisattva Avalokiteshvara

(el Arquetipo del Amor Compasivo Universal)

Cómo lograr la felicidad... !!!

En principio, es posible dividir toda clase de felicidad y de sufrimiento en dos categorías principales: mental y física. En ambos casos, la mente ejerce una gran influencia en nosotros. A no ser que estemos gravemente enfermos o carezcamos de las necesidades básicas, nuestra condición física juega un rol secundario en nuestra vida. Si el cuerpo está satisfecho, virtualmente lo ignoramos. Sin embargo, la mente registra todos los eventos sin importar cuán pequeños sean. Es por eso que debemos dedicar nuestros mayores esfuerzos para conseguir la paz mental.

Con base en mi propia experiencia, he encontrado que el más alto grado de tranquilidad interior proviene del desarrollo del amor y la compasión. Cuanto más nos ocupemos de la felicidad de los otros, mayor será nuestro sentimiento de bienestar. Cultivar un corazón cálido por los demás, automáticamente hace que la mente se sienta tranquila, ayuda a remover cualquier miedo o inseguridad que podamos tener y nos da la fuerza para enfrentarnos con cualquier obstáculo que encontremos. La compasión es la mayor fuente de éxito en la vida.

Mientras vivamos en este mundo encontraremos problemas. Si en esos momentos perdemos las esperanzas y nos desanimamos, nuestra capacidad de enfrentar las dificultades se verá altamente disminuida. De otro lado, si recordamos que no somos los únicos que tenemos que soportar el sufrimiento sino que todos los seres humanos sufren de una u otra manera, esta perspectiva más realista hará mayor nuestra determinación y capacidad para superar los problemas. Con esta actitud, podremos ver cualquier obstáculo como una oportunidad valiosa para mejorar nuestra mente.

De esta forma, podremos luchar para ser gradualmente más compasivos, esto es, podremos desarrollar una empatía genuina por el sufrimiento de los otros y la voluntad para ayudarlos a remover su dolor. Como resultado, nuestra propia serenidad y fuerza interior crecerán.

Nuestra necesidad de amor

En última instancia, la razón por la cual el amor y la compasión traen la mayor felicidad a nuestra vida es porque los apreciamos por encima de todas las cosas. La necesidad de amor subyace en el fundamento mismo de la existencia humana. Es el resultado de la interdependencia que compartimos todos. Sin importar cuán capaz o inteligente sea una persona, si se la deja sola, no sobrevivirá. Sin importar cuán vigorosos o independientes lleguemos a sentirnos durante los años más prósperos de nuestra vida, cuando estamos enfermos o somos muy jóvenes o muy viejos, tenemos que depender del apoyo de los otros.

La interdependencia es una ley fundamental de la naturaleza. No sólo las formas superiores de vida sino también los insectos más pequeños son seres sociales que, sin religión, leyes o educación, sobreviven debido a la cooperación basada en un reconocimiento innato de su interconexión. Incluso los niveles más sutiles de los fenómenos materiales son gobernados por la interdependencia. Todos los fenómenos, desde el planeta que habitamos hasta los océanos, las nubes, los bosques y las flores que nos rodean, surgen dependiendo de patrones sutiles de energía. Si no hay una interacción adecuada, se disuelven y decaen.

Es debido a que nuestra vida es tan dependiente de la ayuda de otros que la necesidad de amor subyace en el fundamento mismo de nuestra existencia. Por lo tanto, necesitamos tener un sentido genuino de responsabilidad y una preocupación sincera por el bienestar de los demás.

Tenemos que considerar lo que nosotros, seres humanos, realmente somos. No somos objetos hechos por máquinas. Si fuéramos entes meramente mecánicos, entonces las máquinas mismas podrían aliviar nuestro sufrimiento y suplir nuestras necesidades. Sin embargo, puesto que no somos solamente creaturas materiales, es un error poner nuestras esperanzas de ser felices en los desarrollos externos. En lugar de esto, debemos considerar nuestro origen y nuestra naturaleza para descubrir lo que necesitamos.

Dejando de lado la compleja cuestión de la creación y la evolución de nuestro universo, podemos ponernos de acuerdo en que cada uno de nosotros es el producto de sus padres. En términos generales, nuestra concepción tuvo lugar en el contexto del deseo sexual pero también de la decisión de nuestros padres de tener un hijo. Dicha decisión se fundamenta en la responsabilidad y en el altruismo, el compromiso compasivo de los padres de cuidar al niño hasta que éste pueda cuidarse por sí mismo. Por eso, desde el momento mismo de nuestra concepción, el amor de nuestros padres está directamente relacionado con nuestra creación. Por lo demás, en los primeros estadios de nuestro crecimiento, dependemos absolutamente de nuestra madre. De acuerdo con ciertos científicos, el estado mental de una mujer embarazada, de calma o de agitación, tiene un efecto físico directo en la creatura que va a nacer.

Las expresiones de amor también son muy importantes en el momento del nacimiento. Dado que la primera cosa que hacemos es succionar leche del pecho de nuestra madre, naturalmente nos sentimos cercanos a ella y ella debe sentir amor por nosotros para poder alimentarnos adecuadamente. Si la madre siente rabia o resentimiento, es posible que su leche no fluya libremente.

Luego viene el periodo crítico de desarrollo cerebral desde el momento del nacimiento hasta la edad de tres o cuatro años. Durante este periodo, el contacto físico amoroso es el factor más importante para el crecimiento normal del niño. Si el niño no se carga, se abraza o se ama, su desarrollo se verá limitado y su cerebro no madurará apropiadamente.

Puesto que un niño no puede sobrevivir sin el cuidado de otros, el amor es el alimento más importante. La felicidad de la niñez, la victoria sobre muchos de los miedos infantiles y el desrrollo saludable de la confianza en sí mismo dependen directamente del amor.

Actualmente, muchos niños crecen en hogares infelices. Si no reciben un afecto adecuado, en su vida posterior no van a amar a sus padres y, con bastante frecuencia, les resultará difícil amar a otros. Eso es muy triste.

En la medida en que los niños crecen e ingresan al colegio, sus maestros deben suplir su necesidad de apoyo. Si un maestro no sólo imparte educación académica sino que asume la responsabilidad de preparar a los estudiantes para la vida, sus pupilos sentirán confianza y respeto y lo que se les enseñe les dejará una huella indeleble en sus mentes. De otro lado, las materias que enseña un maestro que no muestra una preocupación por el bienestar real de sus estudiantes serán sólo asuntos temporales que no se retendrán por largo tiempo.

En forma similar, si estamos enfermos y nos está tratando un médico cuyo calor humano es evidente, nos sentimos a gusto y el deseo del doctor de dar el mayor cuidado es en sí mismo curativo, sin que importen demasiado sus capacidades técnicas. Por el contrario, si el doctor que nos está atendiendo carece de sentimiento humano y exhibe una expresión de pocos amigos, impaciencia o descuido, nos sentimos ansiosos, incluso si es el doctor más cualificado, si la enfermedad ha sido correctamente diagnosticada y se ha prescrito la medicina adecuada. Indudablemente, los sentimientos del paciente afectan su recuperación.

Incluso cuando tenemos conversaciones comunes en nuestra vida diaria, si alguien habla con sentimiento humano disfrutamos escucharlo y respondemos en consecuencia. Toda la conversación se vuelve interesante, sin importar cuán insignificante sea el tópico que se esté tratando. Por el contrario, si una persona habla fría o bruscamente, nos sentimos incómodos y queremos cortar rápidamente la interacción. Tanto en los eventos más importantes como en los menos significativos, el afecto y el respeto de los otros son vitales para nuestra felicidad.

Recientemente me reuní con un grupo de científicos estadounidenses que afirmaban que en su país la tasa de enfermedades mentales era muy alta (cerca del 12% de la población). Durante nuestra discusión se hizo evidente que la causa principal de la depresión no es la carencia de bienes materiales sino la deprivación afectiva.

Ahora bien, algo claro se desprende de lo que he discutido hasta aquí: ya sea que estemos o no concientes de ello, desde el día en que nacemos, la necesidad de afecto humano está en nuestra propia sangre. Incluso si el afecto proviene de un animal o de alguien a quien normalmente consideraríamos un enemigo, los niños y los adultos naturalmente gravitamos hacia dicho afecto.

Considero que nadie nace libre de la necesidad de amor. Esto demuestra que aunque algunas escuelas de pensamiento moderno tratan de demostrarlo, los seres humanos no pueden definirse como únicamente materiales. Ningún objeto material, sin importar cuán bello o valioso sea, puede hacernos sentir amados, puesto que nuestra identidad más profunda y nuestro real carácter yacen en la naturaleza subjetiva de la mente.

¡¡¡ Sarvamângalam !!!

( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

28 Oct 2007

¿Qué es lo que renace? por Narada Mahathera

Escrito por: Rinchen el 28 Oct 2007 - URL Permanente

¿QUÉ ES LO QUE RENACE?*

(NO-ALMA)

NARADA MAHATHERA

Traducción española
por Alejandro Córdova

“Ni el mismo, ni tampoco otro.” Visuddhimagga

Aparte de mente y materia, los constituyentes de esto que se llama ser, el buddhismo no considera que exista “un alma inmortal”, un ego eterno que el hombre haya adquirido en una forma misteriosa y que provenga de una fuente misteriosa. Un alma que fuera eterna, permanecería siempre la misma sin sufrir nunca un cambio. Si el alma, que se supone es la esencia del hombre, fuese eterna, no debería sufrir ni una elevación, ni una caída. Tampoco se podría explicar porqué “diferentes almas presentan tan variada constitución desde el principio”.

Para justificar la existencia de una felicidad sin fin en un cielo eterno, así como un interminable tormento en un infierno eterno, es absolutamente necesario postular un alma inmortal.

Como escribe Bertrand Russell en Religion and Science (1960, págs. 132-133): “La antigua distinción entre alma y cuerpo se ha evaporado tanto porque la ‘materia’ ha perdido su solidez y la mente su espiritualidad”. Y también (pág.143): “La psicología... ha comenzado a ser científica... En el estado de desarrollo actual de la psicología y la fisiología, la creencia en la inmortalidad difícilmente puede ser apoyada por el conocimiento científico”.

De acuerdo con el autor[1] de Riddle of the Universe (pág. 166): “La prueba teológica de que un creador personal ha insuflado un alma inmortal (generalmente considerada como una partícula o porción del Alma Divina) dentro del hombre, es un puro mito. La prueba cosmológica de que el ‘orden moral del mundo’ demanda la duración eterna de un alma es un dogma sin bases reales. La prueba teleológica de que el ‘mas alto destino del hombre’ incluye el perfeccionamiento de su defectuosa alma terrestre que sigue su evolución mas allá de la tumba, descansa sobre un falso antropocentrismo. La prueba moral de que los defectos y los deseos insatisfechos de una existencia en la tierra deberán ser satisfechos por una ‘justicia compensatoria’ en el otro lado de la eternidad, no es mas que un deseo pío. La prueba etnológica de que la creencia en la inmortalidad, como la creencia en Dios, es una verdad innata, común a toda la humanidad, es de hecho un error. La prueba ontológica de que el alma, siendo una entidad simple, inmaterial e indivisible, no puede ser incluida en el proceso de corrupción de la muerte, se basa en un punto de vista completamente erróneo de los fenómenos psíquicos, es una falacia espiritualista. Todas estas pruebas y otras similares han sido anuladas por la crítica científica de las últimas décadas”.

Si nada en la forma de un espíritu o alma pasa de esta vida a la otra, entonces: ¿Qué es lo que renace?

En esta pregunta se toma por un hecho de que debe haber algo que renace. Hace algunos cuantos siglos se consideró “cogito, ergo sum” (pienso, luego soy). Es cierto, pero primero tiene que probarse que existe un “yo” que piensa.

Es común decir que el sol surge en el este y se hunde en el oeste, aunque se sabe que en realidad esto no sucede así. Tenemos que admitir que uno no puede ocupar dos veces el mismo lugar aunque aparentemente uno lo hace.

Todo cambia tan rápido que dos momentos no son idénticos. Los buddhistas están de acuerdo con Bertrand Russell cuando en Religion and Science (1960 págs. 118-119) escribe lo siguiente: “Hay un sentimiento obvio de que yo soy la misma persona que era ayer; un ejemplo aún mas obvio es el de que si veo a un hombre y simultáneamente lo escucho hablar, hay un sentimiento o sensación de que el ‘yo’ que ve es el mismo ‘yo’ que escucha”.

Hasta recientemente los científicos creían en un átomo indivisible e indestructible. “Por razones suficientes los físicos han reducido el átomo a una serie de eventos; por razones igualmente buenas, los psicólogos han encontrado que la mente no se puede identificar con una cosa o fenómeno continuo, sino con una serie de ocurrencias ligadas por ciertas relaciones íntimas. Por lo tanto, la pregunta sobre la inmortalidad es si estas relaciones íntimas existen en fenómenos relacionados con el cuerpo vivo y otro tipo de fenómenos ocurrirán después de que el cuerpo está muerto”. (Religion and Science, 1960, pags. 138-139).

“La materia ha sido desintegrada ante nuestros ojos, ya no la consideramos sólida, ya no es permanente, no está determinada por leyes obligatorias, y más importante que todo es que no sabemos que es”. (C. E. M. Joad, The Meaning of Life).

Los llamados átomos parece que son tanto “divisibles como destructibles”. Los electrones que constituyen el átomo “pueden juntarse y aniquilarse uno a otro, su persistencia es mas bien una onda y no una cosa u objeto que carece de límites fijos y que carece de forma y posición”.

El obispo Berkeley, quien mostró que el así llamado átomo era una ficción metafísica, sostuvo que allí existía una substancia metafísica llamada alma.

David Hume en su “búsqueda de un alma” declara (Treatise of Human Nature, Bk. I, Pt. IV, sect. VI): “Hay algunos filósofos que creen que somos en todo momento íntimamente conscientes de lo que llamamos nuestro ‘yo’ (self); que sentimos su existencia y su continuidad en ella; poseen la certeza, mas allá de toda evidencia de demostración, tanto de su perfecta identidad como de su simplicidad... Por mi parte, cuando yo penetro mas íntimamente en lo que llamo ‘mí mismo’ siempre tropiezo o me encuentro en algún tipo particular de percepción, de calor, de frío, de luz o sombra, de amor u odio, de dolor o placer; nunca puedo captar ese ‘mí mismo’ sin una percepción y nunca puedo observar ninguna otra cosa o fenómeno que no sea percepción”.

Henri Berson dice: “Toda conciencia es existencia de tiempo; y un estado consciente no es un estado que permanezca sin cambio. Es un cambio incesante y que cuando el cambio cesa, ella cesa. En sí misma no es otra cosa que cambio”.

John B. Watson, un psicólogo distinguido, (Behaviourism, 1970 pág. 3): “Nadie nunca ha tocado un alma o ha visto una en un tubo de ensayo, o ha entrado en relaciones con ella tal y como sucede con otros objetos de la experiencia cotidiana. Sin embargo, dudar de su existencia significa ser un hereje y posiblemente uno en el pasado se hubiera arriesgado a perder la cabeza. Aún hoy un hombre con una posición pública no se atrevería a desafiar este asunto”.

En relación con el tema del alma, el profesor Williams James escribe en Principles of Psychology (pág. 248): “Esta teoría del alma es totalmente superficial de acuerdo a los hechos de la experiencia consciente que en la actualidad se han verificado. Por lo tanto, nadie está obligado por razones científicas definitivas a suscribir esta teoría”. Y más adelante él resume lo siguiente (págs. 400-401): “Este ‘yo’ es un agregado empírico de fenómenos objetivamente conocidos. El ‘yo’ que los conoce no puede en sí mismo ser un agregado, ni por propósitos psicológicos necesita considerarse una entidad metafísica permanente como el alma, o un director como el ego puro visto como fuera del tiempo. Es un pensamiento, diferente en cada momento de anterior, pero que se apropia del anterior junto con todo aquello que este anterior ha llamado suyo. Todos los hechos experimentales encuentran su lugar en esta descripción sin necesidad de recurrir a ninguna otra hipótesis que no sea la de la existencia de pensamientos o estados mentales que pasan”.

La conclusión de este interesante capítulo sobre el “yo” incluye las siguientes palabras: “... entonces ese pensamiento en sí mismo es el pensador...”

Lo anterior es un eco de las palabras que el Buddha pronunció hace 2500 años en el Valle de Ganges. El Buddhismo enseña una psicología sin psique en la que el ser viviente es mente y materia (nama-rupa) las cuales están en un estado de constante fluir.

En la antigua India los sabios también creían en un átomo indivisible al cual llamaban ‘paramanu’ y declararon que éste consistía en fuerzas interrelacionadas conocidas como ‘paramatthas’ o esenciales de la materia. De acuerdo con la antigua creencia 36 ‘paramanus’ constituyen un ‘anu’; 36 ‘anus’, un ‘tajjari’; 36 ‘tajjaris’, un ‘ratharenu’. Las diminutas partículas de polvo que se ven moverse en los rayos solares se llaman ‘ratharenu’. Con su visión supernormal el Buddha analizó el ‘paramanu’ y declaró que éste consiste en fuerzas interrelacionadas conocidas como esenciales de la materia (paramattha).

Estos ‘paramatthas’ son llamados ‘pathavi’, ‘apo’, ‘tejo’ y ‘vayo’.

‘Pathavi’ significa el elemento de extensión, el sustrato de la materia. Sin él, los objetos no pueden ocupar espacio. Las cualidades de la dureza y la suavidad que son relativas, son dos condiciones de este mismo elemento.

‘Apo’ es el elemento de cohesión. A diferencia de ‘pathavi’ es intangible. Es este elemento el que hace que los átomos dispersos de la materia se cohesionen y nos den la apariencia de cuerpo. Cuando los cuerpos sólidos se derriten, este elemento se hace más prominente en el fluido resultante. Este elemento se encuentra aun en partículas minúsculas cuando los cuerpos sólidos se reducen a polvo. Los elementos de extensión y cohesión están tan íntimamente relacionados que cuando la cohesión cesa, la extensión desaparece.

‘Tejo’ es el elemento de la temperatura. El frío es también una forma de ‘tejo’. Ambos, el calor y el frío, están incluidos en ‘tejo’ porque ellos poseen el poder de madurar los cuerpos, o en otras palabras, éste es la energía vital. La preservación y el decaimiento se deben a este elemento. Se diferencia de los otros tres esenciales de la materia en que tiene el poder de regenerarse a sí mismo. También se denomina ‘utu’.

‘Vayo’ es el elemento de la mobilidad. Los movimientos son causados por este elemento. El movimiento es considerado como la fuerza o el generador de calor. El movimiento y el calor en la esfera de la materia corresponden respectivamente a la conciencia y al kamma en la esfera de la mente.

Estos cuatro elementos son las unidades fundamentales de la materia y se encuentran invariablemente combinadas con los cuatro derivados, es decir, calor (vanna), olor (gandha), gusto (rasa) y esencia nutritiva (oja).

Los cuatro elementos y los derivados son inseparables e interrelacionados, pero un elemento puede predominar sobre otro; por ejemplo, el elemento de extensión predomina en la tierra, el de cohesión en el agua, el de calor en el fuego y el de mobilidad en el aire. Así, la materia consiste en fuerzas y cualidades que están en constante flujo. De acuerdo con el buddhismo un momento de la materia dura 17 momentos mentales.

A los comentaristas les gusta decir que la duración de un momento mental es menor que una millonésima parte del tiempo que dura un destello de luz. La mente, la parte más importante de la compleja maquinaria del hombre, consiste de cincuenta y dos estados mentales. La sensación (vedana) es una; la percepción (sañña) es la otra. Los otros cincuenta restantes se denominan colectivamente actividades volicionales o volitivas (sankhara), una traducción que no cabe exactamente en el significado del término pali. De ellas la volición o ‘cetana’ es el factor más importante. Todos estos estados psíquicos surgen con una conciencia (viññana). De acuerdo con la filosofía buddhista no existe un momento en el cual no se experimente una forma particular de conciencia aferrada a un objeto, ya sea físico o mental. El tiempo de duración de tal conciencia es denominado momento mental. Todo momento mental es seguido de otro. De esta manera, la sucesión de estados mentales contiene un elemento de tiempo. La rapidez en la sucesión de tales momentos mentales es difícil de concebir.

Cada unidad de conciencia consiste de tres instantes (khana). Ellos son surgimiento o génesis (uppada), estático o de desarrollo (thiti) y cesación o disolución (bhanga). Inmediatamente después de la cesación de un momento mental ocurre la etapa de génesis del subsiguiente momento mental. Cada conciencia momentánea de este siempre cambiante proceso de vida, al extinguirse, transmite su energía total y todas las impresiones imborrables almacenadas a su sucesor. Cada nueva conciencia consiste de las potencialidades de sus predecesores junto con algo más. Por lo tanto, hay un flujo continuo de conciencia como un torrente sin interrupción. El subsecuente momento mental no es ni absolutamente el mismo como su predecesor, ya que su composición no es idéntica, ni completamente diferente. Es el mismo torrente de vida. No hay un ser idéntico, pero hay una identidad en proceso.

No se debe entender que la conciencia son pedazos o fragmentos reunidos como los vagones de un tren o de una cadena. Por el contrario, “ella fluye como un río recibiendo de los torrentes tributarios formados por los sentidos, constante aumento de su flujo y siempre dispensando al mundo que lo rodea los pensamientos que ha juntado a propósito”.[2] Su fuente es el nacimiento y la muerte su desembocadura.

Aquí ocurre una yuxtaposición de fugaces estados de conciencia, pero no una superposición de tales estados como algunos parecen creer. Ningún estado una vez que se ha ido regresa, ninguna identidad con el que se fue antes. Estos estados cambian constantemente sin permanecer ellos mismos por dos momentos consecutivos. La persona mundana, inmersa en la red de ilusiones, confunde esta aparente continuidad con algo eterno y llega al grado de introducir un alma permanente (la supuesta hacedora y observadora de toda acción) en esta siempre cambiante conciencia.

Los cuatro tipos de fenómenos psíquicos combinados con los fenómenos físicos forman los cinco agregados (pañcakkhanda), el complejo compuesto denominado ser vivo. Una individualidad es la combinación de estos cinco agregados.

Nosotros vemos el mar como una enorme extensión de agua, pero esta consiste de innumerables gotas. Un número infinito de partículas de arena constituyen lo que llamamos playa, pero su apariencia es la de una enorme sabana. Grandes olas se forman y se estrellan contra la playa, pero estrictamente hablando, ninguna simple ola viene del profundo y azul mar para perder su identidad sobre la playa. En el cine nosotros vemos una escena en movimiento. Para representar ese movimiento en la pantalla deben aparecer una serie de cuadros momentáneos.

Uno no puede decir que el perfume de una flor depende del pistilo o del color, pues el perfume está en la flor. En la misma forma, una individualidad es la combinación de los cinco agregados.

El proceso total de estos fenómenos psico-físicos que emergen y se extinguen constantemente, es a veces denominado en términos convencionales por el Buddha como ‘yo’ o ‘atta’; pero lo que es así denominado no es una identidad, sino un proceso.

El buddhismo no rechaza totalmente la existencia de una personalidad en sentido empírico. Rechaza un ser que permanece idéntico durante el proceso o una entidad permanente, pero no rechaza una continuidad en proceso. El término filosófico buddhista para designar a un individuo es ‘santati, esto es, un flujo o continuidad. Este flujo o continuidad sin interrupción de los fenómenos psico-físicos, condicionados por el kamma, que no tienen un origen perceptible en el pasado sin comienzo ni tampoco un final de su continuación en el futuro, excepto por medio del Noble Óctuple Sendero, es el sustituto buddhista de un ego permanente o alma eterna de otros sistemas religiosos.

¿Cómo es posible que exista renacimiento si no existe un alma que renazca? De acuerdo con el buddhismo nacimiento significa el surgimiento de los ‘khandas’, o grupo de agregados. Así como el surgimiento de un estado físico está condicionado por un estado precedente como su causa, de la misma manera la aparición de estos fenómenos psico-físicos están condicionados por causas anteriores a su surgimiento. El presente proceso de existir es el resultado del deseo de existencia en el nacimiento anterior y el deseo instintivo presente condiciona la vida en el futuro renacimiento.

Así como es posible un proceso en un espacio de vida sin una entidad permanente que pase de un momento mental a otro, de la misma manera una serie de procesos de vida son posibles sin que algo transmigre de una existencia a la otra.

La doctrina buddhista del renacimiento debe diferenciarse de la teoría de la reencarnación, la cual implica la trasmigración de un alma y su invariable renacimiento material. En el Milindapañha y el Visuddhimagga, el venerable Nagasena y Buddhaghosa han empleado varios símiles para ilustrar la verdad de que nada transmigra de una vida a otra. La analogía de la flama es muy ilustrativa. La vida se compara con una flama, el renacimiento es la transmigración de esta flama de un grupo a otro. La flama de la vida es continua aunque aparentemente existe una interrupción al morir.

Preguntas del Rey Milinda:

- “Venerable Nagasena, ¿Acontece renacimiento sin nada que transmigre?

- Sí, oh Rey, el renacimiento tiene lugar sin que nada transmigre.

- Deme una ilustración, Venerable señor.

- Suponga, oh Rey, que un hombre fuera a encender una vela con otra vela, ¿Aseguraría usted que la flama ha pasado de una vela a la otra?

- En verdad, no, Venerable Señor.

- De la misma forma, oh Rey, ocurre el renacimiento, sin nada que se transmita.

- Deme otra ilustración.

- ¿Recuerda, oh Rey, haber aprendido cuando era niño un poema o verso de su maestro de poesía?

- Sí, Venerable Señor.

- Aseguraría o juraría, oh Rey, que el verso ha pasado de su maestro a usted?

- En verdad, no, Venerable Señor.

- De la misma manera, oh Rey, ocurre el renacimiento, sin que nada se transmita”.

De nuevo el Rey Milinda pregunta:

- “Venerable Nagasena, ¿Qué es lo que renace en la siguiente existencia?

- Oh Rey, es mente y cuerpo lo que renace en la siguiente existencia.

- ¿Es la misma mente y el mismo cuerpo el que nace en la siguiente existencia?

- Oh Rey, no es este mismo cuerpo y mente el que renace en la siguiente existencia, pero con este cuerpo y esta mente, oh Rey, uno actúa y éste acto puede ser bueno o malo. Debido a este acto otra mente y otro cuerpo renace en la siguiente existencia.

- Venerable señor, si esta mente y cuerpo no es el mismo que nace en la siguiente existencia, ¿uno está libre de sus actos malos?

- Si uno no fuera a nacer en otra existencia, uno se liberaría de sus actos malos, pero, oh Rey, en tanto uno nace en la existencia siguiente, uno no se libera de sus actos malos.

- Deme una ilustración.

- Oh Rey, es como si un hombre fuera a tomar un mango perteneciente a otro hombre y el propietario del mango lo atrapara y lo llevara ante el rey y dijera: ‘Este hombre ha robado mis mangos’. Y si el otro respondiera: ‘Señor, yo no robé sus mangos, pues el mango que este hombre plantó es diferente de los mangos que yo tomé. Por lo tanto, yo no merezco ser castigado’. ¿Juraría, oh Rey, que el hombre merecería ser castigado?

- Seguramente, Venerable Señor, él es merecedor de castigo.

- ¿Por qué razón?

- Porque a pesar de lo que él pueda decir, él merecería el castigo por la razón de que los últimos mangos son derivados del primer mango.

- Exactamente de la misma manera, oh Rey, con esta mente y este cuerpo uno realiza un acto –éste puede ser bueno o malo– y debido a este hecho otra mente y otro cuerpo nace en la existencia siguiente. Por lo tanto, uno no está libre de sus malos actos”.[3]

El Venerable Buddhaghosa elucida este intrincado punto por medio de la analogía del eco, la vela, las impresiones de un sello y las reflexiones en un espejo. Un escritor moderno ilustra este proceso a través de la analogía de una serie de bolas de billar en íntimo contacto. “Si una bola de billar choca con una bola en reposo, la primera se detiene al chocar y la segunda, antes en reposo, se moverá... la primera bola no rebasa a la segunda sino que queda detrás inmóvil; ella muere, pero es innegable el movimiento de esta bola, su ímpetu, su kamma, y ningún nuevo movimiento es creado, el cual renace en la segunda bola”.[4]

De la misma manera, para usar términos convencionales, el cuerpo muere y su fuerza kámmica renace en otro sin que nada transmigre de esta vida a la otra. El último momento mental perece condicionando otro momento mental en la vida subsiguiente. El nuevo ser ni es absolutamente el mismo –ya que él ha cambiado– ni es totalmente diferente. Pero es el mismo torrente de energía kámmica. Hay solamente la continuidad de un flujo de vida particular, sólo eso y nada más.

* * * * *
* Capítulo 29 (What is Reborn? (No-Soul)) del libro The Buddha and His Teachings por Narada Mahathera. Traducción española por Alejandro Córdova. Traducción española con permiso de la Buddhist Publication Society. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Traducción española ©CMBT 2000. Última revisión sábado 2 de septiembre de 2000. Fondo Dhamma Dana.






[1] Ernst Haeckel (1834-1919). Libro publicado por primera vez en 1899.

[2] Veáse Aung, Shwe Zan y Rhys Davids, C.A.F.Compendium of Philosophy-Introduction, pág. 12. Londres PTS, 1910, 1979.

[3] Veáse Warren, Buddhism in Translations, págs. 234-235.

[4] Dr. Ananda Coomarasvami, Buddha and the Gospel of Buddhism, pág. 106.


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