18 Dic 2010

El Budhismo Zen Festeja el Rohatsu.

Escrito por: Rinchen el 18 Dic 2010 - URL Permanente

Para quienes practican el budismo zen, hoy es un día de fiesta: hoy se festeja el Rohatsu, que conmemora el día en que el Buda histórico Shakyamuni (o Siddartha Gautama) consiguió la iluminación absoluta.

El Rohatsu, que literalmente quiere decir el día ocho del doceavo mes, se constituye como la conmemoración de la jornada en la que hace alrededor de 2500 años Siddarta Gautama ha alcanzado el nirvana, en el momento en el que contemplaba a Venus en el amanecer, luego de haberse retirado para realizar su meditación bajo la higuera sagrada, situación en la cual atravesó en un fractal de conciencia los ciclos de nacimiento y muerte de todas las cosas.

Otras orientaciones budistas celebran este día, al que denominan día del Bodhi, el cual es reconocido como el día del despertar, aunque suele suceder que muchos calendarios lunares varíen en la fecha.

La mayoría de las tradiciones budistas coinciden en que al amanecer Buda logró ver todas las interacciones de las cosas en forma de una red luminosa (lo que algunos suelen llamar el collar de Indra), y en esa realización del despertar colectivo, que es simbolizada con la estrella del amanecer, el inspirador del Budismo alcanzó el Nirvana.

Sin embargo, todas las tradiciones tienen diferentes visines en cuanto al proceso que vivió Buda para llegar a la iluminación: algunos plantean que debió luchar contra las apariciones de la diosa Mara, que lo tentó con bienes materiales, y otros señalan que Buda simplemente se sumergió de a poco en un estado de meditación y conciencia cada vez más profundos, pudiendo conocer de esta manera sus vidas pasadas y entendiendo de esta manera la ley del Karma, para luego descubrir el óctuple camino y las cuatro nobles verdades.

Así, sea cual sea la tradición que se siga, se sabe que Buda meditó para lograr alcanzar el nirvana; esto es lo ue nos invita a hacer esta religión en estos días, para poder alcanzar nuestra iluminacion personal.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )
Saludos Cordiales !!! Rinchen

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16 Ago 2010

"Las Cinco Familias Búdhicas y los Métodos del Camino del Diamante" por Camilo Baquero.

Escrito por: Rinchen el 16 Ago 2010 - URL Permanente

"Las Cinco Familias Búdhicas y los Métodos del Camino del Diamante"
por Camilo Baquero
La gran fuerza del Tantra o Camino del Diamante radica en que utiliza toda nuestra experiencia para crecer espiritualmente, lo que hace que sea un camino muy efectivo, pues toda situación es trabajable y puede ser utilizada en el camino hacia la iluminación. A un nivel relativo el ego crea impresiones o karma, que determinan el tipo de experiencia que tenemos, pero a un nivel absoluto el karma no existe, en el sentido de que la naturaleza de nuestra mente no varia por estas impresiones, tal como el espejo no cambia por el tipo de imágenes que refleja. Es precisamente en este aspecto en el que se basan estos métodos, ya que éstos como se detalla más adelante se enfocan en resaltar la naturaleza fundamental de nuestra experiencia.Toda nuestra experiencia está teñida por nuestros sentidos llenos de percepciones visuales, auditivas y tactíles, que a su vez nos llevan a experimentar las emociones y que finalmente traducimos como placer o sufrimiento.
Todo esto a un nivel relativo se experimenta como sólido y tremendamente personal, pero si a toda la energia que subyace en estas emociones y sensaciones le quitamos el ego, es decir podemos ver que no importa que tipo de experiencia tengamos, nuestra mente siempre tendrá la capacidad de seguir experimentando sin mancha alguna, sin deteriorarse, entonces logramos reconocer nuestra real existencia como un fenómeno que trasciende todo concepto de tiempo y espacio lo cual nos hace ilimitados y llenos de todo tipo de posibilidades, llenandonos de un completo gozo, el cual es total y perfecto pues se basa en nuestra naturaleza permanente y no en aferramientos relativos que son temporales y nos atan a la frustración y sufrimiento.
Debido a que el no ver la cosas como son, es un hábito profundamente arraigado desde tiempos sin principio, no basta con simplemente tener el deseo de salir del problema, ni aún con un claro entendimiento intelectual, pues este hábito es como una gran corriente que nos arrastra, dándonos solo un pequeño margen de autonomía, por lo cual para modificarlo debemos entrenar una y otra vez nuestra mente en el poder percibir las cosas como son. Es éste entrenamiento el que lleva a cabo el Camino del Diamante, en el cual toda nuestra experiencia, toda la energía es representada por los aspectos búdicos que en muchas ocasiones han sido entendidos como dioses, pero que no son más que toda nuestra experiencia. Su gran variedad en cuanto a fórmas, colores, distintos mantras y cualidades asociados han surgido precisamente para cubrir todo el espectro de nuestra experiencia, que es muy amplio.
Cuando meditamos en estos aspectos búdicos, nos entrenamos en identificarnos con ellos y puesto que ellos se representan tal cual es nuestra mente, es decir luminosos y transparentes para comprender nuestra carencia de solidez, nos brindan una oportunidad única para filtrar toda nuestra vivencia de la estrechez del ego. La disciplina de la meditación nos permite día a día ir trascendiendo nuestras limitaciones y permitir que se manifiesten las cualidades de amor y sabidurías innatas en todos lo seres. Así nos vamos familiarizando con el poder reconocer cada sensación, cada emoción, como simple energia que nos muestra la ilimitada posibilidad de experiencia que tenemos, lo cual es gozoso y por otro lado como sabemos que nunca perderemos esta capacidad, deja de ser importante el contenido o sabor de nuestra experiencia, con lo cual podemos trascender el apego, el temor, la esperanza, el sufrimiento y la felicidad basada en lo temporal.

Toda esta amplia gama de experiencias se ha clasificado en el camino del diamante en 5 grupos o familias con características particulares.
La primera familia es la Buda.
Está asociada la emoción confusa o klesha de la ignorancia. Esta tiene una energía o cualidad de opacidad, que hace que pasemos con mucha indiferencia por las situaciones, es como si el mundo no nos importara mayormente. Esta actitud está muy bien reflejada en los animales, que reducen su mundo a experiencias muy básicas de supervivencia y no importa demasiado lo que pasa en el mundo si no tiene que ver directamente con ellos. Por otro lado si a éste tipo de energía se le quita el aspecto personal, el ego, se manifiesta su cualidad de amplitud que es la sabiduría como espacio. Es la presencia de la iluminación en toda situación ya sea que la reconozcamos o no.
La segunda familia es la Joya o Ratna.
Aquí la energía predominante es la asociada a la klesha del orgullo. Esta es muy sólida, pero su fortaleza depende de la acumulación, es decir es un sentimiento de riqueza, de poder, generado a partir de nuestro dominio en algún terreno particular. Esto genera un sentimiento de estabilidad. Si podemos trascender la visión personal, logramos la sabiduría ecuánime, es decir ya nuestra indestructibilidad no depende de la acumulación, no depende de nada, pues reconocemos que nuestra mente que es lo que somos es como el espacio, completamente ilimitada y como no ha sido creada, no será destruida. No importa que pueda surgir en el espacio, pues este siempre estará y esa posibiliadad de actividad es la gran riqueza y gozo de nuestra mente.
La tercera familia es la Loto o Padma.
La klesha es el apego, el deseo. Este es muy intenso. Nos quieremos comer el mundo, queremos atrapar la experiencia, seducirla, poseerla. Nos convertimos en pulpos de infinitos brazos, para atrapar todo lo que nos gusta. Cuando entendemos que no hay necesidad de atrapar el mundo, pues este nunca se acaba, podemos disfrutar cada experiencia involucrándonos totalmente, pues ya no hay expectativas de cuando la perderemos. Esta característica de saborear el mundo con cada tentáculo, en cada situación específica nos lleva a la sabiduría discriminativa, la cual es el poder funcionar en cada situación de acuerdo con las necesidades de la situación y no de las personales. Es decir es el poder dar el remedio adecuado a cada paciente para su enfermedad particular.
La cuarta familia es la de la Acción o Karma.
Los celos son la Klesha. Estos reflejan una energía muy activa, muy velóz y eficiente. Los celos nos dan la capacidad de en pocos segundos crear toda una historia con múltiples posibilidades, podemos llegar a todos los rincones de una situación. Si entendemos nuestra ausencia de solidez, ésta energía ya no se usa para defendernos, sino que da paso a la sabiduría que todo lo logra.
La quinta familia es la Diamante o Vajra.
Está asociada a la ira, al odio, la más fuerte de todas las energías. Eres algo contundente y muy directo. Es como un cuchillo. Si a esta energía le quitamos el aspecto confuso, es decir el ego, surge la sabiduría como espejo, que refleja todo de una manera clara y directa. A esta familia pertenecen los aspectos búdicos más fuertes, como algunos protectores, mente de diamante (Dorje Sempa) y el buda de la medina (Sangye Menla) entre otros, pues utilizan toda la energía necesaria para quitar obstáculos, remover enfermedades e impresiones negativas. De ésta manera cuando a cada situación le quitamos la vivencia de solidez, la despersonalizamos, surge la posibilidad de ver la situación tal cual es, sin filtros y así poder danzar con ella de acuerdo a su ritmo.
Cada familia tiene también asociados los elementos correspondientes a la energía particular:
A la familia Buda, el espacio
Ratna la tierra y su solidez
La Padma , el fuego con su calor e intensidad
La Karma el viento o aire que se mueve en todas las direcciones penetrando en todo lugar y el agua para la familia Vajra, la cual fluye un una dirección arrastrando todo a su paso.
Igualmente se pueden hacer toda clase de asociaciones a estas familias, tales como colores, sonidos etc, permitiendo que toda nuestra experiencia quepa en éstas familias.
El proceso de identificación con aspectos budicos, requiere básicamente dos aspectos fundamentales, por un lado es necesaria una etapa de limpieza, es decir tenemos que superar muchas de nuestras expectativas, lo más burdo de nuestro ego y para ello tradicionalmente se utilizan una gran herramienta que son las prácticas preeliminares o Ngondro, con las que adquirimos disciplina, nos familiarizarnos con la meditación, nos sobreponemos a muchas ideas, emociones y pensamientos neuróticos, cultivamos apertura gozosa y sabiduría y por último trabajamos deliberadamente el segundo aspecto necesario que es la confianza en el maestro.
Este punto es tremendamente importante, pues estos métodos de identificación para que no sean simples ejercicios mecánicos, requieren el toque que les da vida y este es la inspiración, la cual simplemente es la confianza que logramos despertar de ver en forma directa, de ver en carne y hueso que la iluminación no es una historia de hace 2500 años, que no son cuentos de libros antiguos, sino que son un ejemplo completamente vivo hoy en día.
Finalmente es necesario mencionar que el Camino del Diamante adicionalmente tiene entre otras, unas herramientas tremendamente efectivas que trabajan con el punto de unión entre nuestra parte relativa que es nuestro cuerpo y nuestra mente que es lo absoluto, es decir nuestro sistema energético, conformado por canales, centros de energía (chakras) y energia circulante (vientos). Las meditaciones más conocidas de éste tipo son lo 6 Yogas de Naropa, los cuales nos entrenan en ciertos tópicos tales como la preparación para la muerte, el conocimiento del estado onírico, la preparación para el bardo después de la muerte y otros más, pero el aspecto esencialen de éstas técnicas es el permitirnos purificar nuestra confusión que al nivel energético se manifiesta como un desbalance de energias en los distintos canales, los cuales nos inducen a enfermedades y más estados confisos, es decir en la medida que los métodos nos permiten corregir este mal funcionamiento, toda nuestra confusión, impresiones negativas, emociones neuróticas, van desvaneciéndose y podemos dar paso a la experiencia de las cualidades atemporales de nuestra mente: sabiduría y compasión.
Hoy en día en occidente éstos Yogas de Naropa no son de muy fácil acceso pues requieren aún de una mayor preparación y para aprenderlos se requiere de retiros totales, lo cual no es tan viable hoy en día, péro siempre estará esta posibilidad para los que puedan mantener vivas estas profundas enseñanzas.
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02 Jun 2010

"La Ciencia de la Compasión" por Matthieu Ricard.

Escrito por: Rinchen el 02 Jun 2010 - URL Permanente


Según el biólogo y monje budista Matthieu Ricard, la felicidad no es una sucesión interminable de placeres que terminan por agotamiento, sino una forma de ser. Y si es así, ¿no deberían nuestros hijos aprender en el colegio a ser felices? ¿No es acaso lo que desea cualquier madre o padre de hoy en día? Para permitir aflorar la compasión y la naturaleza buena que todo ser humano lleva dentro, la ciencia está descubriendo los beneficios de la meditación. Aprender a meditar puede ayudarnos a convivir con una mente más clara y más hábil a la hora de lidiar con las emociones negativas y fomentar las emociones positivas.

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12 Mar 2010

Primeros Pasos en la Vía Zen: VII. La Visión de los Tres Tesoros.

Escrito por: Rinchen el 12 Mar 2010 - URL Permanente

Primeros Pasos en la Vía del Zen:
VII. La Visión de los Tres Tesoros

La duda es uno de los obstáculos más difíciles de superar. El momento de su aparición depende de cada persona: en algunas aparece a los pocos días de comenzar la práctica, en otras al cabo de meses, e incluso de años, según la intensidad y la profundidad de la práctica de cada uno. La duda misma puede ser de distinta intensidad. En el Zen se habla a veces de la Gran Duda. Esta Gran Duda aparece en los momentos críticos en los que se experimenta la culminación de un proceso de maduración espiritual. Esta Gran Duda es vivida como un doloroso desgarro emocional y espiritual. Es como si fuéramos caminando y, de pronto, la tierra se abriera bajo nuestros pies. Atrás queda la “vieja tierra”, delante la “nueva tierra”, y nosotros en medio con el abismo bajo nuestros pies. ¿Qué hacer? ¿Hacia delante, hacia atrás? Es en este momento cuando aquellos que carecen de la determinación suficiente y de la motivación justa suelen abandonar la práctica de zazen y la Vía del Zen. También están aquellos que, sin pensarlo, dan un salto intuitivo hacia la nueva tierra, hacia la otra orilla.

En el Zen se dice:

Gran Duda, Gran Iluminación.
Pequeña duda, pequeña Iluminación.
Ninguna duda, ninguna Iluminación.

La Gran Duda no puede ser resuelta mediante el intelecto, sino mediante la totalidad de nuestro ser existencial, más allá del pensamiento, a través de una reacción espontánea e intuitiva.

La resolución de la Gran Duda implica la determinación de seguir la Vía de los Budas y Patriarcas, de recibir su enseñanza, de estudiar y de practicar lo que ellos estudiaron y practicaron. Supone tomar al Buda cómo maestro espiritual y fuente continua de Inspiración; al Dharma como el Camino, la Vía, la Enseñanza a seguir; la Sangha como la Comunidad espiritual en la que desarrollar la propia aspiración espiritual.

Los labios, el cuerpo, el corazón y el espíritu dicen entonces:

Veneración al Buda.
Veneración al Dharma.
Veneración a la Sangha.

Para ser guiado voy al Buda.
Puedan mis pies marchar por la Vía del Despertar.
Para ser guiado voy al Dharma
pueda mi cuerpo-mente comprender la Enseñanza
y obtener la Gran Sabiduría Compasiva
vasta como el océano.
Para ser guiado voy a la Sangha.
Podamos todos vivir en armonía
más allá de los apegos egoístas.

A esta actitud emocional y espiritual se le llama Tomar Refugio en los Tres Tesoros (Buda, Dharma, Sangha) o entrada en la Corriente, y se materializa en la Ceremonia de Toma de Refugio que tiene lugar varias veces al año en el Templos Budistas, en presencia de los demás miembros de la Comunidad.
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27 Feb 2010

Primeros Pasos en La Vía Zen: VI. La Visión del Dharma.

Escrito por: Rinchen el 27 Feb 2010 - URL Permanente


Primeros Pasos en la Vía del Zen:
VI. La Visión del Dharma


La visión del Dharma es la percepción intuitiva de los tres rasgos fundamentales de nuestra existencia fenomenal. A saber:


1º Vivimos en un mundo frágil e impermanente. Nada dura, nada permanece. Ni la felicidad ni la desgracia, ni el bien ni el mal, ni el yo ni los demás. Comenzamos a comprender que no podemos encontrar una satisfacción duradera aferrándonos a cosas que, por su propia naturaleza, tienden a desaparecer. Los amigos se vuelven enemigos, el cuerpo enferma, la riqueza es causa de tantos malestares como la pobreza, el confort material termina por asfixiarnos, nuestros familiares envejecen y mueren. Las ideologías se expanden como el fuego para, acto seguido, sucumbir estrepitosamente. Despertarse a la impermanencia del mundo en el que vivimos es despertarse a la constatación de que nosotros también tendremos que desaparecer completamente de la faz del planeta. Ante esta perspectiva, el deseo de honores, de reputación, de poder, de confort, de placeres materiales, pierde gran parte de su fuerza. Lo que antes nos motivaba tanto, las cosas por las que luchábamos con tanto ahínco comienzan a perder su sentido. La constatación real de la impermanencia provoca una crisis del ego, una reestructuración de nuestro ser-estar en el mundo porque comenzamos a darnos cuenta de que no somos lo que creíamos ser, de que hemos estado corriendo detrás de fantasmas, de sombras, de espejismos. Comienza a desmoronarse lo que creíamos ser. El yo se tambalea.


2º Surgen preguntas: ¿Quién soy yo, qué es ESTO?

Nos damos cuenta de que el yo es una entidad indefinible, inefable, inexistente. No hay un yo, hay miles de yo. O bien, el yo no es una entidad fija e inmóvil, no es una personalidad monolítica, sino un proceso, una corriente. Un proceso en el que continuamente están muriendo viejos yo y naciendo nuevos yo. Ya no nos sentimos exclusivamente el padre, ni la madre, ni el hijo, ni el hermano, ni el esposo, ni la esposa, ni el profesor, ni el alumno, ni la buena persona ni la mala persona, ni el inteligente ni el torpe, ni el gobernante ni el gobernado, ni el patrón ni el obrero. Dejamos de identificarnos exclusivamente con las funciones puntuales que desempeñamos en la vida social, familiar y profesional. Comenzamos a comprender que la verdadera naturaleza de nuestra existencia trasciende con mucho los roles o las “personalidades” que interpretamos diariamente. Surge inevitablemente la pregunta: “Si yo no soy exclusivamente los personajes que interpreto en la vida diaria, ¿quién soy yo? ¿Qué es el Verdadero Yo que incluye y trasciende los infinitos yo que aparecen y desaparecen en la corriente de mi vida? ¿Cuál es la verdadera naturaleza de mi existencia?”.


3º Este puede ser el punto de partida para una práctica espiritual realmente profunda y veraz. Experimentando la evidencia de los dos aspectos citados, llegamos a comprender un poco mejor la causa fundamental de nuestro sufrimiento y del sufrimiento de los seres vivientes. Sufrimos porque nos apegamos a una ilusión, a una sombra irreal. La ilusión es la manifestación de la ignorancia fundamental de la mente humana. La ilusión es un percepción errónea, incompletas deformada de la Realidad. Al no percibir la verdadera Realidad, los seres humanos no pueden vivir en armonía con ella. Al no vivir en armonía con ella, surge el sufrimiento.


Sufrimos por ignorancia.


El sufrimiento al que se refieren los Buda no se limita a las sensaciones dolorosas, ya sean corporales, mentales o emocionales. Se refiere más bien, en un sentido amplio, a la insatisfacción continua en la que vivimos los seres humanos, a la ausencia de tranquilidad interior, de paz interior, de serenidad, de libertad profunda. La agitada actividad de nuestra mente nos produce sufrimiento, la pobreza nos produce sufrimiento, la riqueza también. Incluso la felicidad produce sufrimiento porque cuando somos felices tenemos miedo a dejar de serio, nos apegamos a la felicidad. Y esto es sufrimiento. Vamos allí y vemos sufrimiento, vamos allá y vemos sufrimiento. Nos quedamos aquí y vemos sufrimiento.


Este sufrimiento profundo, existencial, no puede ser resuelto ni acallado ya con pequeños remedios, ni con narcóticos, sino únicamente mediante una práctica espiritual profunda y exacta que nos permita acceder a la otra orilla del río de la vida: la visión clara de la auténtica naturaleza original de nuestra existencia.


He aquí los dos polos de la duda: “La Vía del Buda se ha abierto ante mí y todos los Budas y Patriarcas me invitan a que la recorra. Algo en mí quiere hacerla, pero, por otra parte, tengo miedo. ¿Qué será de mí?.


Tengo miedo a dejar de ser lo que soy, o lo que creo ser, tengo miedo a perder mi mundo familiar que, aunque insatisfactorio ya, es el que conozco, con el que me identifico, en el que me siento más yo. Por otra parte, no puedo volver atrás, no puedo negar mi propia experiencia en la Vía del Zen, ni la visión que se está abriendo paso en mi mente.”


Algunos piensan: “¿Qué dirán mis familiares y amigos si se enteran de que me he comprometido con el Budismo Zen?”

La forma que la duda adquiere en estos momentos varía según las personas, pero lo cierto es que aparece una encrucijada importante. El practicante se siente como el protagonista de esta historia:


“Una persona va caminando por una llanura desierta. Parece tener todo el tiempo del mundo. Se para acá y allá. Mira las flores, se tumba, se levanta. Camina hacia el Norte, hacia el Sur. Parece no tener rumbo fijo. De pronto, oye un horripilante rugido a sus espaldas. Se vuelve y ve aterrorizado que se trata de una bestia espantosa, medio león, medio toro. La bestia avanza amenazante hacia él y echa a correr. Corre, corre y corre hasta la extenuación, pero la bestia le sigue siempre cada vez más cerca. Corre, corre, corre y tropieza. Al tropezar cae por un precipicio insondable, pero tiene la suerte de aferrarse a unas lianas que salen de la pared. Se aferra a ellas con los dientes. La bestia llega al borde del precipicio y allí se sienta a esperar. La persona mira hacia el suelo y ve con horror que allí hay una enorme serpiente con las fauces abiertas, esperando su caída para devorarlo. No puede subir ni bajar, ni avanzar ni retroceder. Pero su mandíbula aún puede aguantar un poco más. Es en ese momento cuando se da cuenta que sobre la liana hay dos ratones. Uno blanco y otro negro. El ratón blanco está royendo la liana. El negro también. Los segundos están contados. Entonces aparece un maestro zen en helicóptero y le pregunta: “En estos momentos ¿qué es lo más importante para ti?”


¿Qué responderías tú?


En caso de dudas, continúa haciendo zazen hasta que la duda haya sido disuelta. Si no puedes disolverla, solicita una entrevista personal con tu maestro.

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10 Feb 2010

Primeros Pasos en La Vía Zen: V. La Duda.

Escrito por: Rinchen el 10 Feb 2010 - URL Permanente

Primeros Pasos en la Vía del Zen:
V. La Duda

Practicando como se ha enseñado hasta ahora, uno puede progresar rápidamente en la Vía del Zen. Poco a poco, imperceptiblemente, una nueva personalidad irá naciendo. Muchos de nuestros hábitos corporales, mentales y emocionales se habrán transformado y por, lo general, se experimenta un verdadero renacer. Atrás quedó la actitud desconfiada, rígida, miedosa y confusa de nuestros primeros días de práctica.

La práctica de zazen y la enseñanza del maestro comienzan a abrirnos el verdadero mundo de los Budas, una nueva dimensión de nuestra existencia, una nueva forma más satisfactoria de vernos a nosotros mismos, de ver el mundo y de relacionarnos con él. Podemos sentirnos incluso eufóricos tras la superación de los primeros obstáculos. Atrás va quedando el viejo yo ilusorio y cada vez sentimos más la presencia de un nuevo yo más real, más auténtico, más pleno. Es en este momento cuando algunos practicantes sienten una especie de vértigo, el vértigo de la duda.

A pesar de los resultados satisfactorios obtenidos con la práctica de zazen, algunos practicantes sienten que se están alejando “demasiado” de su mundo familiar, al que, en algún remoto lugar de su inconsciente, permanecen apegados.
Además, en estos momentos, uno comienza a darse cuenta de que zazen y la Vía del Zen es mucho más que una técnica de meditación o de relajación. Uno comienza a intuir la verdadera profundidad de la Vía del Zen, es decir de su propia existencia. Y esta profundidad da miedo, el miedo del polluelo a salir de su cascarón. Son momentos de incertidumbre y de duda. ¿Intentar volver al mundo de siempre? ¿Seguir adelante?

Esta duda es natural e incluso beneficiosa si se vive con una actitud mental justa. Está duda es la manifestación de que se está produciendo la visión del Dharma (de la Realidad que nos muestra el Zen) y que esta visión está siendo comparada con la visión ordinaria que habíamos tenido hasta entonces.
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23 Ene 2010

Primeros Pasos en La Vía Zen: IV. El Maestro.

Escrito por: Rinchen el 23 Ene 2010 - URL Permanente


Primeros Pasos en la Vía del Zen: IV. El Maestro


El Maestro Zen es el amigo espiritual que te ayuda a descubrir lo esencial en ti mismo, que te guía por los vericuetos de tu propia mente y te enseña a plantar en tu conciencia las semillas de una realización espiritual que te permita descubrir por ti mismo tu auténtica naturaleza.

Aquí, en Japón, en China, en India, en USA y en Australia, en todas partes y siempre aquellos que quieren estudiarse a sí mismos siguiendo la Vía del Zen siempre han buscado un maestro, un amigo espiritual. Un maestro Zen es como un guía de montaña que se conoce la ruta porque ha subido y bajado muchas veces por ella. Te ahorra tiempo, te ayuda en los momentos de desaliento y te avisa de los difíciles pasajes.

Estudiar con un maestro Zen no significa renegar de la propia responsabilidad en la práctica de la Vía. El estudiante debe practicar por él mismo, siguiendo los consejos del maestro. El maestro es el dedo que señala la luna, pero es el estudiante quien debe mirar la luna. El estudiante debe experimentar la enseñanza del maestro, de lo contrario esta enseñanza se vuelve inútil.
La relación con el maestro podemos enfocarla desde dos puntos de vista:

a) Como simple practicante, Es decir, sin crear fuertes vínculos personales con él, oyendo sus enseñanzas y consejos e intentando seguirlo como cuando se oye un profesor de universidad. El estudiante recibe una enseñanza objetiva la técnica el método de zazen, los principios del Budismo Zen. Al no haber creado un fuerte vínculo personal con el maestro, el estudiante no corrobora su comprensión con la comprensión del maestro, y está sujeto a su propia interpretación. Esto es como cuando un hombre y una mujer inician una relación informal, sin compromiso, sin reglas.

b) Como practicante-discípulo. Existe un acto íntimo en el cual el practicante solicita al maestro ser aceptado como discípulo. A partir de aquí la relación comienza a volverse más profunda. El estudiante no espera ya una enseñanza teórica, sino una educación plena de sus potencialidades emocionales, intelectuales existenciales, etc. La relación maestro-discípulo se vuelve mucho más íntima, más profunda, más comprometida. El discípulo acepta que el maestro meta los dedos en sus tripas.

Existen reglas de buen hacer, normas de comportamiento en la relación maestro-discípulo. El maestro deja de ser un profesor de Zen, su enseñanza no se limita ya a los momentos de la práctica en la sala de meditación, sino que continúa en todas las circunstancias de la vida cotidiana: en la calle, en el bar, en la mesa, en el trabajo, en el descanso, etc.

Lo importante cuando se quiere practicar con la actitud de discípulo es cultivar la receptividad hacia el maestro y permanecer a su lado el mayor tiempo posible, practicando, trabajando, riendo, llorando con él. De esta manera, el espíritu del discípulo se impregna naturalmente, inconscientemente del espíritu del maestro; ambos se convierten en dos vasos comunicantes. Si entramos en una habitación impregnada de aroma de rosa, nuestra ropa se impregnará también sin saber cómo.

En el Zen un verdadero maestro es aquel que ha recibido la Transmisión del Dharma de otro verdadero maestro Zen quien a su vez también la ha recibido de otro verdadero maestro Zen, y así, remontando hasta llegar al Buda Shakiamuni. Así pues no es uno mismo quien se autoproclama “maestro Zen”.
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05 Ene 2010

Primeros Pasos en la Vía del Zen: III. La Actitud Justa.

Escrito por: Rinchen el 05 Ene 2010 - URL Permanente

Primeros Pasos en la Vía del Zen:
III. La Actitud Justa

Los Budas, Patriarcas y Maestros Zen de la Transmisión nos han enseñado que para superar los primeros obstáculos y poder seguir profundizando en la Vía del Zen es necesario cultivar una actitud justa de la conciencia. Esta actitud justa puede ser caracterizada por los siguientes puntos:

Mushotoku: Es un término japonés que quiere decir “ningún provecho”. Esta es la enseñanza fundamental en el Zen. No debemos esperar obtener beneficios personales de la práctica. No debemos buscar fines concretos cuando practicamos el Dharma del Buda. No debemos practicar con una meta egótica. ¿Por qué practicar entonces, para qué? Por nada especial, para nada. Practicamos el Dharma del Buda porque creemos que es lo mejor que podemos hacer. Nada más. La lluvia cae, el sol brilla, el trigo germina. La lluvia no cae para regar los campos. Cae porque su naturaleza es caer. El sol no brilla para hacer germinar el trigo. Brilla porque su naturaleza es brillar. El trigo no germina para alimentar a los hombres. Germina porque su naturaleza es germinar. De la misma manera, debemos practicar y estudiar el Dharma del Buda, porque nuestra naturaleza nos impulsa a conocernos y a comprender cada vez más profundamente el hecho de nuestra existencia en este mundo. Por supuesto que de nuestra práctica-estudio de la Vía surgirán muchos beneficios y recompensas, pero no debemos practicar buscando esos beneficios y recompensas. Simplemente debemos concentrarnos aquí y ahora sobre una práctica justa. Los frutos vendrán por sí mismos.

Shikantaza es otra expresión Zen japonesa muy importante y está íntimamente relacionada con Mushotoku. Quiere decir «sentarse, solamente sentarse». Cuando nos sentamos en zazen, no nos sentamos para alcanzar algún fin, no esperamos algo especial. Simplemente nos sentamos con la misma actitud que la de la lluvia al caer, o la del sol al brillar, o la del trigo al germinar. Nos concentramos únicamente en el hecho de sentar nos correctamente, con una actitud corporal correcta, con una respiración correcta y con una actitud de espíritu correcta. No debemos pensar: “Hago zazen para iluminarme, o para ser mejor, o para adquirir poderes mágicos… Zazen es zazen, es el principio y el final, es un todo completo en sí mismo. Zazen no es una técnica de meditación utilizada para alcanzar un fin. Si no tenemos fin zazen mismo se convierte en el fin. Sólo entonces podemos comenzar a percibir la verdadera dimensión de zazen. Shikantaza se refiere a la práctica de la postura sedente, a zazen. Pero esta actitud la debemos extender a todas las acciones de nuestra vida. En el Zen no trabajamos para ganar un sueldo, ni comemos para esto ni para aquello, no dormimos para estar más descansados al día siguiente, no vivimos para … Trabajar es en sí el principio y el fin de una acción, es un todo completo independiente de sus frutos. Cuando comemos, comemos. No comemos para nada especial. Comemos porque en nuestra naturaleza está el hecho de comer. Cuando dormimos, dormimos. No dormimos para algo en especial. Cuando tenemos sueño, dormimos, es todo. ¿Para qué vivimos, cuál es el sentido de la vida? El Zen responde: El sentido de la vida es vivir. Vivimos para vivir. Esto quiere decir que el momento presente no es una estación de paso para el tren del tiempo que va desde el pasado al futuro. El presente es el presente, un tiempo único y completo en sí mismo. Por lo tanto, lo que el Zen nos enseña es a vivir plenamente el instante presente y descubrir en él la infinitud del tiempo, o el no-tiempo. Esto es, cuando estamos haciendo algo (zazen, trabajo, comida, dormir) debemos concentrarnos en hacer lo que estamos haciendo, sin pensar en las recompensas de nuestra acción.

No es posible practicar el Zen con una mentalidad mercantilista. Algunos dicen: “Bien. Me voy a esforzar en hacer zazen, voy a ir al centro, voy a estudiar y practicar la Vía. Y de todo esto espero obtener pingües beneficios”. Con esta actitud no es posible avanzar. Al final uno se desmoraliza porque no obtiene nada palpable ni cuantificable y abandona la práctica diciendo: “Zazen no sirve para nada. Es una pérdida de tiempo. Mejor me dedico a otra cosa más gratificante.” Esta actitud actúa precisamente de bloqueo para que aparezca el verdadero zazen. Cuando no se espera nada, aparece todo. Esperar es desesperar. Cuando se abandonan las expectativas egóticas, surgen las verdaderas recompensas. Shíkantaza es sentarse, simplemente sentarse sin esperar nada a cambio.

Hishiryo es la manera justa de pensar durante zazen. ¿En qué hay que pensar durante zazen? ¿Hay que pensar o no hay que pensar durante zazen? Estas son algunas de las preguntas que muchos principiantes se plantean. Algunos creen que zazen es “no-pensar”, que hay que quedarse con la mente “en blanco”. Otros aprovechan zazen para pensar en sus cosas, en sus problemas, en sus proyectos. Otros creen que la meditación zazen es crear pensamientos creativos, o pensamientos positivos, o cualquier otro tipo de pensamiento. Zazen no es ni una cosa ni otra. Durante zazen debemos “pensar sin pensar”, no pensar pensando, pensar desde el fondo del no-pensamiento, no-pensar desde el fondo del pensamiento. ¿Qué significa esto? He aquí las formas de pensar más usuales:

Ir de pensamiento en pensamiento es pensar.
Ir de no-pensamiento en no-pensamiento es no pensar.
Durante zazen, el proceso es el siguiente:
Ir de pensamiento en no-pensamiento es pensar sin pensar.
Ir de no-pensamiento en pensamiento es no pensar pensando.
Esta es la manera justa de pensar durante zazen.
En la acción de pensar se produce un continuum mental formado por la encadenación ininterrumpida de pensamientos. Supongamos que cada punto es un pensamiento y la línea de puntos el continuum mental:

(……………………………………………….)

Esto significa que la atención está totalmente focalizada y atrapada por los incesantes pensamientos que aparecen en la mente. A veces uno quisiera dejar de pensar, pero no puede, no sabe cómo. Los pensamientos tienen atrapada la atención. Esto provoca patologías mentales tales como neurosis y obsesión. La persona se siente atrapada en el círculo vicioso de su propio pensamiento.
Durante zazen, al dirigir la atención sobre puntos importantes de la postura corporal y sobre la respiración, la conciencia se libera de la tiranía de los pensamientos obsesivos y neuróticos. A través del control de la atención, uno aprende a desprenderse de los pensamientos inoportunos. En la medida en la que nos vamos liberando de cada vez más pensamientos, el “continuum” mental comienza a romperse y a dejar entrever espacios vacíos, es decir, estados de no-pensamiento. Siguiendo con el ejemplo de los puntos:

(…… ……… ……… ………… ……………….)

Los puntos son pensamientos. Los espacio huecos, estados de no- pensamientos.
No obstante, en el Zen no se pretende alcanzar un estado absoluto de no-pensamiento. Pensar es una actividad natural del ser humano, igual que comer, dormir, hablar. Comer mucho, hablar mucho, dormir mucho, pensar mucho es un extremo que debe evitarse. No comer nada, no hablar nada, no dormir nada, no pensar nada es otro extremo que también debe evitarse. Si no comemos ni dormimos nada, nuestro cuerpo se debilita, se marchita y termina por morirse. Si no pensamos nada, nuestra conciencia se aletarga, de duerme, cae en una especie de depresión emocional, intelectual y espiritual. Por lo tanto, lo que el Zen nos enseña es la vía del equilibrio. Esto es hishiryo: pensar sin pensar, no pensar pensando. Las nubes rosáceas flotan en el cielo azul. Las nubes son como pensamientos. El cielo azul es el estado de no-pensamiento. Más que pensar, dejar que los pensamientos se piensen.

No hay un “yo” pensante, hay pensamientos que vienen y que van como nubes en el cielo. Las nubes no pertenecen al espantapájaros, qué mas le da que vengan o que vayan, qué mas le da que el cielo esté nublado o sin nubes. El espantapájaros no tiene conciencia de “yo” ni de “mío”. Por eso ni las nubes ni la ausencia de nubes le molestan. Durante zazen debemos ser parecidos a espantapájaros.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

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19 Dic 2009

Primeros Pasos en la Vía del Zen: II Obstáculos - 3. Obstáculos Emocionales.

Escrito por: Rinchen el 19 Dic 2009 - URL Permanente

Primeros Obstáculos en la Vía del Zen:
II Obstáculos - 3. Obstáculos Emocionales


3. Obstáculos Emocionales.

Toda categoría mental, concepto, noción o prejuicio va siempre acompañada de una carga emocional que se polariza en la dualidad apego/rechazo, amor/odio. General e inconscientemente se siente apego hacia lo que ya se conoce, y un rechazo de entrada a lo nuevo, a lo que puede convulsionar nuestro mundo familiar.
En la práctica del Zen, debemos observar y hacernos conscientes de este proceso mental-emocional, a fin de no caer prisioneros de él.

La Vía del Zen no puede ser experimentada a través de la dualidad emocional atracción/rechazo, apetito/repulsión. Debemos ir más allá y recibir la enseñanza del Zen lo más simple y sencillamente que podamos, evitando que nuestras categorías emocionales actúen de filtro de esta enseñanza.

Con el tiempo y con una práctica de zazen perseverante, poco a poco, nuestra actividad emocional se irá calmando. Desde un punto de vista más sereno, podremos ver con mayor lucidez las perturbaciones que causan en nuestra mente esta actividad emocional incontrolado que nos hace odiar, rechazar, apegarnos tercamente, encolerizarnos, etc. No se trata de cultivar una frialdad inhumana, sino de poner orden y armonía en nuestros impulsos emocionales, comprendiendo su parcialidad y relativizándolos.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

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03 Dic 2009

Primeros Pasos en la Vía del Zen: II Obstáculos - 2. Obstáculos Intelectuales.

Escrito por: Rinchen el 03 Dic 2009 - URL Permanente

Primeros Pasos en la Vía del Zen:
II Obstáculos - 2. Obstáculos Intelectuales

2. Obstáculos Intelectuales.

A medida que se practica zazen se va entrando en contacto con la enseñanza del Zen, con los principios esenciales enseñados por los Budas y Patriarcas. Estas enseñanzas van destinadas a ayudarnos a tomar una perspectiva justa desde la que concebir nuestra propia práctica. Son una ayuda para comprendernos a nosotros mismos. Sin embargo, puede que nuestros propios puntos de vista no coincidan con esta enseñanza, o que algunos aspectos de esta enseñanza nos parezcan tan extraños y ajenos a lo que normalmente hemos pensado que aparezca en nuestra mente un rechazo intelectual.

La Vía del Zen no es una teoría ni una ideología, sino una práctica existencial, es decir, una experiencia. El Zen sigue la vía de la experiencia. La enseñanza de los Budas y Patriarcas tiene como finalidad el, conducirnos a la experiencia de nuestra verdadera naturaleza original. Tiene pues un carácter eminentemente práctico. No se trata de memorizar principios, dogmas. No se trata de ideologizarse, ni de adoctrinarse, sino de comprender cómo debemos conducir nuestra propia práctica.
En este proceso, es importante tener en cuenta los siguientes puntos:

En primer lugar debemos oír la enseñanza: qué es lo que hay que practicar, cómo, con qué actitud mental, corporal y emocional. Esto es, recibir la enseñanza de un verdadero maestro Zen de la Transmisión, trabajarse a sí mismo con el fin de volverse un recipiente apto para recibir esta enseñanza. Oír mucho, cuanto más mejor. Cuanta más enseñanza oigamos, más exactamente podremos guiar nuestra práctica. Para oír la enseñanza es necesario estar al lado de un maestro, pues no se trata de recibir solamente unos principios teóricos y objetivos, sitio de un “sentir”, de una intuición, de una comunicación íntima de maestro a discípulo. El practicante debe trabajar su receptividad intelectual y emocional a fin de poder resonar con la vibración emitida por el maestro. Para ello, es fundamental acallar, aunque sólo sea momentáneamente, los propios puntos de vista personales, abandonar las ideas preconcebidas, y volverse intelectualmente receptivos a las enseñanzas que se reciben.

Después de haber oído una enseñanza, debemos asegurarnos de que la hemos comprendido correctamente, sin añadir categorías personales. Para ello debemos reflexionar una y otra vez sobre las enseñanzas recibidas. Si no comprendemos algún punto o no estamos seguros de haberlo comprendido bien, debemos plantear nuestras dudas al maestro, bien durante una entrevista personal, bien durante un mondo (coloquio abierto). Una vez de que estamos seguros de haber comprendido correctamente, debemos reflexionar sobre si esta enseñanza es la que nos conviene, la que buscamos, la que necesitamos. En el caso de que no nos convenga lo mejor es sencillamente no practicarla y abandonar el Zen. Pero si sentimos que esta enseñanza es la que necesitamos, entonces debemos pasar, sin más preámbulo, a la práctica.

El tercer paso es practicar lo que hemos comprendido. Tras la comprensión intelectual es imprescindible la práctica total con el cuerpo y con la mente. También puede suceder en algunos casos que no veamos la necesidad de practicar algo, aunque su sentido intelectual esté muy claro y aunque hayamos recibido muchas explicaciones del maestro.

¿Qué debemos hacer en estos casos? Depende de la confianza que cada uno tenga en el maestro y en la enseñanza de los Budas y Patriarcas. Si se tiene confianza, se continuará la práctica, aunque momentáneamente no se tenga una perspectiva clara de ella. De lo contrario, la práctica en cuestión será abandonada. Sucede como con las señales de tráfico que indican la dirección de talo cual ciudad y la distancia que nos separa de ella. Cuando una señal de tráfico nos indica la dirección de una ciudad, vemos la señal pero no la ciudad. ¿Cómo podemos estar seguros de que esa ciudad se encuentra en esa dirección y a esa distancia si nunca hemos viajado hasta ella? No podemos estar seguros, pero confiamos en las personas que han colocado ahí esas señales para ayudarnos. Igual sucede en la Vía del Zen. Muchas veces no podemos vislumbrar el significado profundo de una enseñanza o de una actitud del maestro, pero si tenemos confianza en él y seguimos sus indicaciones, nosotros mismos podremos con el tiempo comprender lo que se nos quiere decir. Hasta hoy día, ninguna persona que haya practicado lo que los Budas y Patriarcas han enseñado, ha dejado de experimentar lo que los Budas y Patriarcas han experimentado.

La actitud justa consiste pues en ensanchar cada vez más las fronteras de nuestra comprensión Intelectual de la Vía del Zen. y a veces esto sólo puede suceder mediante un salto instantáneo más allá de estas fronteras. Como se dice en el Zen:

“Cuando llegues al borde de un precipicio de mil metros, da un paso al frente.”

Los obstáculos intelectuales sólo pueden ser pues disueltos en la medida en la que nos liberamos de nuestras categorías mentales rígidas, de nuestros prejuicios, de nuestros viejos conceptos.
No se trata de superar obstáculos exteriores, sino de superarnos a nosotros mismos.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

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BUDISMO UNIVERSAL

Este Blog se caracteriza por nacer con la vocación de ser y tener una visión ecuménica, o sea, no-sectaria del Budhismo, donde pueden confluir y participar todos los puntos de vista de las diversas manifestaciones, escuelas y tradiciones Budhistas que hay en el mundo. ¡¡¡ Que tengas un día feliz !!! ¡¡¡ Sarvamângalam !!! ( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! ) Saludos Cordiales y Besos !!! Rinchen.

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