La gran fuerza del Tantra o Camino del Diamante radica en que utiliza toda nuestra experiencia para crecer espiritualmente, lo que hace que sea un camino muy efectivo, pues toda situación es trabajable y puede ser utilizada en el camino hacia la iluminación. A un nivel relativo el ego crea impresiones o karma, que determinan el tipo de experiencia que tenemos, pero a un nivel absoluto el karma no existe, en el sentido de que la naturaleza de nuestra mente no varia por estas impresiones, tal como el espejo no cambia por el tipo de imágenes que refleja. Es precisamente en este aspecto en el que se basan estos métodos, ya que éstos como se detalla más adelante se enfocan en resaltar la naturaleza fundamental de nuestra experiencia.Toda nuestra experiencia está teñida por nuestros sentidos llenos de percepciones visuales, auditivas y tactíles, que a su vez nos llevan a experimentar las emociones y que finalmente traducimos como placer o sufrimiento.
Todo esto a un nivel relativo se experimenta como sólido y tremendamente personal, pero si a toda la energia que subyace en estas emociones y sensaciones le quitamos el ego, es decir podemos ver que no importa que tipo de experiencia tengamos, nuestra mente siempre tendrá la capacidad de seguir experimentando sin mancha alguna, sin deteriorarse, entonces logramos reconocer nuestra real existencia como un fenómeno que trasciende todo concepto de tiempo y espacio lo cual nos hace ilimitados y llenos de todo tipo de posibilidades, llenandonos de un completo gozo, el cual es total y perfecto pues se basa en nuestra naturaleza permanente y no en aferramientos relativos que son temporales y nos atan a la frustración y sufrimiento.
Debido a que el no ver la cosas como son, es un hábito profundamente arraigado desde tiempos sin principio, no basta con simplemente tener el deseo de salir del problema, ni aún con un claro entendimiento intelectual, pues este hábito es como una gran corriente que nos arrastra, dándonos solo un pequeño margen de autonomía, por lo cual para modificarlo debemos entrenar una y otra vez nuestra mente en el poder percibir las cosas como son. Es éste entrenamiento el que lleva a cabo el Camino del Diamante, en el cual toda nuestra experiencia, toda la energía es representada por los aspectos búdicos que en muchas ocasiones han sido entendidos como dioses, pero que no son más que toda nuestra experiencia. Su gran variedad en cuanto a fórmas, colores, distintos mantras y cualidades asociados han surgido precisamente para cubrir todo el espectro de nuestra experiencia, que es muy amplio.
Cuando meditamos en estos aspectos búdicos, nos entrenamos en identificarnos con ellos y puesto que ellos se representan tal cual es nuestra mente, es decir luminosos y transparentes para comprender nuestra carencia de solidez, nos brindan una oportunidad única para filtrar toda nuestra vivencia de la estrechez del ego. La disciplina de la meditación nos permite día a día ir trascendiendo nuestras limitaciones y permitir que se manifiesten las cualidades de amor y sabidurías innatas en todos lo seres. Así nos vamos familiarizando con el poder reconocer cada sensación, cada emoción, como simple energia que nos muestra la ilimitada posibilidad de experiencia que tenemos, lo cual es gozoso y por otro lado como sabemos que nunca perderemos esta capacidad, deja de ser importante el contenido o sabor de nuestra experiencia, con lo cual podemos trascender el apego, el temor, la esperanza, el sufrimiento y la felicidad basada en lo temporal.
Toda esta amplia gama de experiencias se ha clasificado en el camino del diamante en 5 grupos o familias con características particulares.
La primera familia es la Buda.
Está asociada la emoción confusa o klesha de la ignorancia. Esta tiene una energía o cualidad de opacidad, que hace que pasemos con mucha indiferencia por las situaciones, es como si el mundo no nos importara mayormente. Esta actitud está muy bien reflejada en los animales, que reducen su mundo a experiencias muy básicas de supervivencia y no importa demasiado lo que pasa en el mundo si no tiene que ver directamente con ellos. Por otro lado si a éste tipo de energía se le quita el aspecto personal, el ego, se manifiesta su cualidad de amplitud que es la sabiduría como espacio. Es la presencia de la iluminación en toda situación ya sea que la reconozcamos o no.
La segunda familia es la Joya o Ratna.
Aquí la energía predominante es la asociada a la klesha del orgullo. Esta es muy sólida, pero su fortaleza depende de la acumulación, es decir es un sentimiento de riqueza, de poder, generado a partir de nuestro dominio en algún terreno particular. Esto genera un sentimiento de estabilidad. Si podemos trascender la visión personal, logramos la sabiduría ecuánime, es decir ya nuestra indestructibilidad no depende de la acumulación, no depende de nada, pues reconocemos que nuestra mente que es lo que somos es como el espacio, completamente ilimitada y como no ha sido creada, no será destruida. No importa que pueda surgir en el espacio, pues este siempre estará y esa posibiliadad de actividad es la gran riqueza y gozo de nuestra mente.
La tercera familia es la Loto o Padma.
La klesha es el apego, el deseo. Este es muy intenso. Nos quieremos comer el mundo, queremos atrapar la experiencia, seducirla, poseerla. Nos convertimos en pulpos de infinitos brazos, para atrapar todo lo que nos gusta. Cuando entendemos que no hay necesidad de atrapar el mundo, pues este nunca se acaba, podemos disfrutar cada experiencia involucrándonos totalmente, pues ya no hay expectativas de cuando la perderemos. Esta característica de saborear el mundo con cada tentáculo, en cada situación específica nos lleva a la sabiduría discriminativa, la cual es el poder funcionar en cada situación de acuerdo con las necesidades de la situación y no de las personales. Es decir es el poder dar el remedio adecuado a cada paciente para su enfermedad particular.
La cuarta familia es la de la Acción o Karma.
Los celos son la Klesha. Estos reflejan una energía muy activa, muy velóz y eficiente. Los celos nos dan la capacidad de en pocos segundos crear toda una historia con múltiples posibilidades, podemos llegar a todos los rincones de una situación. Si entendemos nuestra ausencia de solidez, ésta energía ya no se usa para defendernos, sino que da paso a la sabiduría que todo lo logra.
La quinta familia es la Diamante o Vajra.
Está asociada a la ira, al odio, la más fuerte de todas las energías. Eres algo contundente y muy directo. Es como un cuchillo. Si a esta energía le quitamos el aspecto confuso, es decir el ego, surge la sabiduría como espejo, que refleja todo de una manera clara y directa. A esta familia pertenecen los aspectos búdicos más fuertes, como algunos protectores, mente de diamante (Dorje Sempa) y el buda de la medina (Sangye Menla) entre otros, pues utilizan toda la energía necesaria para quitar obstáculos, remover enfermedades e impresiones negativas. De ésta manera cuando a cada situación le quitamos la vivencia de solidez, la despersonalizamos, surge la posibilidad de ver la situación tal cual es, sin filtros y así poder danzar con ella de acuerdo a su ritmo.
Cada familia tiene también asociados los elementos correspondientes a la energía particular:
A la familia Buda, el espacio
Ratna la tierra y su solidez
La Padma , el fuego con su calor e intensidad
La Karma el viento o aire que se mueve en todas las direcciones penetrando en todo lugar y el agua para la familia Vajra, la cual fluye un una dirección arrastrando todo a su paso.
Igualmente se pueden hacer toda clase de asociaciones a estas familias, tales como colores, sonidos etc, permitiendo que toda nuestra experiencia quepa en éstas familias.
El proceso de identificación con aspectos budicos, requiere básicamente dos aspectos fundamentales, por un lado es necesaria una etapa de limpieza, es decir tenemos que superar muchas de nuestras expectativas, lo más burdo de nuestro ego y para ello tradicionalmente se utilizan una gran herramienta que son las prácticas preeliminares o Ngondro, con las que adquirimos disciplina, nos familiarizarnos con la meditación, nos sobreponemos a muchas ideas, emociones y pensamientos neuróticos, cultivamos apertura gozosa y sabiduría y por último trabajamos deliberadamente el segundo aspecto necesario que es la confianza en el maestro.
Este punto es tremendamente importante, pues estos métodos de identificación para que no sean simples ejercicios mecánicos, requieren el toque que les da vida y este es la inspiración, la cual simplemente es la confianza que logramos despertar de ver en forma directa, de ver en carne y hueso que la iluminación no es una historia de hace 2500 años, que no son cuentos de libros antiguos, sino que son un ejemplo completamente vivo hoy en día.
Finalmente es necesario mencionar que el Camino del Diamante adicionalmente tiene entre otras, unas herramientas tremendamente efectivas que trabajan con el punto de unión entre nuestra parte relativa que es nuestro cuerpo y nuestra mente que es lo absoluto, es decir nuestro sistema energético, conformado por canales, centros de energía (chakras) y energia circulante (vientos). Las meditaciones más conocidas de éste tipo son lo 6 Yogas de Naropa, los cuales nos entrenan en ciertos tópicos tales como la preparación para la muerte, el conocimiento del estado onírico, la preparación para el bardo después de la muerte y otros más, pero el aspecto esencialen de éstas técnicas es el permitirnos purificar nuestra confusión que al nivel energético se manifiesta como un desbalance de energias en los distintos canales, los cuales nos inducen a enfermedades y más estados confisos, es decir en la medida que los métodos nos permiten corregir este mal funcionamiento, toda nuestra confusión, impresiones negativas, emociones neuróticas, van desvaneciéndose y podemos dar paso a la experiencia de las cualidades atemporales de nuestra mente: sabiduría y compasión.
Hoy en día en occidente éstos Yogas de Naropa no son de muy fácil acceso pues requieren aún de una mayor preparación y para aprenderlos se requiere de retiros totales, lo cual no es tan viable hoy en día, péro siempre estará esta posibilidad para los que puedan mantener vivas estas profundas enseñanzas.
¡¡¡ Sarvamângalam !!!
( ¡¡¡ Que todo sea Auspicioso !!! )