17 Abr 2013
Dos economistas inspiradores de la política de la austeridad reconocen que se equivocaron en sus cálculos.

Los autores de "Is the 2007 U.S. Sub-Prime Financial Crisis So Different? An International Historical Comparison". Se trató de una investigación basada en series estadísticas históricas de 14 crisis anteriores, , Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, en mayo de 2010. / CORDON PRESS
..........
Dos economistas inspiradores de la política de la austeridad reconocen que se equivocaron en sus cálculos
Los reputados profesores de Harvard, Kennet Rogoff y Carmen Reinhart, son autores de diversos estudios que han influido en el rigor de Bruselas
Iñaki Castro / Colpisa
17 de abril de 2013
Espere, por favor. Las cuentas de la austeridad no cuadran. Dos reputados profesores de la Universidad de Harvard, autores de diversos estudios que han inspirado la rigurosidad fiscal en EE. UU. y Europa, han admitido hoy que se equivocaron al hacer los cálculos. Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, esta última la mujer economista más influyente del mundo, patinaron al utilizar un programa informático que contenía datos históricos de decenas de países.
El error arroja dudas sobre su tesis de que los gobiernos con una deuda superior al 90% tienen graves dificultades para impulsar el crecimiento.
Esta conclusión ha servido de referencia para las políticas de Bruselas, el G-20 y la clase dirigente norteamericana.
Rogoff y Reinhart saltaron a la fama con un libro editado en 2009, bajo el título Esta vez es distinto, donde los dos especialistas llevaron a cabo una colosal tarea de investigación para analizar las crisis financieras sufridas por el mundo desde hace 800 años. El trabajo refuta la idea de que la actual recesión es verdaderamente extraordinaria e insiste en las lecciones de la historia. Siguiendo su teoría, las sucesivas turbulencias con raíces bancarias demuestran lo difícil que resulta encontrar el camino de la recuperación. El dúo de profesores reforzó su influencia con un estudio adicional hace tres años. El crecimiento en tiempo de deuda defiende con un sinfín de estadísticas la importancia de mantener las cuentas equilibradas para que la economía no se ahogue.
Este segundo análisis fija el tope del 90% de deuda como límite para que el crecimiento no se vea afectado. El estudio, basado en innumerables cifras de las economías más avanzadas, sostiene que la recesión está asegurada si un país convive con un pasivo de esta dimensión. Lejos de tener un impacto exclusivo en el mundo universitario, el trabajo pasó a convertirse en un argumento para distintos líderes políticos. En Bruselas, el comisario de Economía, Olli Rehn, ha repetido varias veces que la austeridad resulta inevitable porque «serias investigaciones académicas» corroboran que una deuda elevada frena la recuperación. En las últimas semanas, el G-20 se ha planteado tomar la referencia del 90% como umbral máximo para los miembros del club.
Las conclusiones de Rogoff y Reinhart, sin embargo, se han llevado hoy un fuerte varapalo. Tres colegas de la Universidad de Massachusetts difundieron un trabajo en el que se denuncia que su teoría de la austeridad está repleta de agujeros. Los expertos, entre ellos un alumno aspirante a doctor que empezó a tirar del ovillo, descubrieron que existían errores en los cálculos. Según sus cifras rectificadas, los países con una deuda superior al 90% no caen automáticamente en recesión, sino que pueden crecer a una media del 2,2%. Además, advierten de que se han ponderado en exceso situaciones concretas como la que sufrió Nueva Zelanda en 1951 cuando registró una brutal caída del PIB del 7,6%.
Con los nuevos datos, los expertos de Masschusetts extraen una lectura completamente diferente. «No estamos sugiriendo que los gobiernos puedan despilfarrar, pero un déficit administrado juiciosamente es la herramienta más efectiva para combatir un desempleo masivo», aseguraban en un artículo publicado hoy en el Financial Times. Rogoff y Reinhart ya se han defendido.
Tras asegurar que el desliz en los cálculos se debe a un problema con el Excel, remarcaron que su «mensaje central» se mantiene invariable.
El dúo constató que pese a la corrección queda claro que las economías sufren con un nivel de endeudamiento excesivo.
Rogoff y Reinhart conforman uno de los tándems de economistas más reconocidos. El primero, antiguo miembro de la cúpula directiva del FMI, fue un niño prodigio del ajedrez que llegó a ganarse la vida jugando espectaculares partidas de exhibición. Como especialista en materia económica, conoce de sobra la polémica tras su enfrentamiento con Joseph Stiglitz, el Premio Nobel de 2001 seguidor de John Maynard Keynes. Reinhart, que el mes pasado fue nombrada doctora Honoris Causa por la Universidad del País Vasco, nació en La Habana, aunque a los diez años se trasladó a EE UU. Durante su infancia, las dificultades económicas le marcaron.
Y ver..
http://politikon.es/2013/04/17/la-hoja-de-calculo-que-destruyo-el-mundo/
Y ver......
http://elpais.com/diario/2011/02/06/economia/1296946801_850215.html
y ver
y ver
07 Ago 2012
El gráfico del endeudamiento español .

http://www.agarzon.net/?p=1985.
....
El endeudamiento no ha sido responsabilidad de los agentes públicos, como el populismo de derechas pretende hacernos creer, sino que han sido los agentes privados los que han vivido “por encima de sus ingresos regulares”. Como se puede comprobar en el gráfico, son especialmente las sociedades no financieras las que aceleran su exposición a las deudas, seguidas por los hogares.
.....
03 Jul 2012
Los bancos privados se hacen ricos a costa de los ciudadanos .

Los bancos privados se hacen ricos a costa de los ciudadanos
| Todos los países europeos se enfrentan al problema de la deuda que afecta severamente a las finanzas públicas. Francia, la quinta potencia mundial, tampoco se libra de la crisis que hace la felicidad de los bancos privados. |
Ninguna nación europea se salva del problema de la deuda pública, aunque la gravedad de la crisis difiere de un país a otro. A un lado se encuentran los “buenos alumnos” tales como Bulgaria, Rumania, República Checa, Polonia, Eslovaquia, acompañados de los países bálticos y escandinavos, con un endeudamiento inferior al 60% del PIB. Al otro lado están los cuatro “malos alumnos”, cuya deuda pública supera el 100% del PIB: Irlanda (108%), Portugal (108%), Italia (120%) y Grecia (180%). Entre estos dos extremos se hallan el resto de los países de la Unión Europea, tales como Francia (86%), cuya deuda oscila entre el 60% y el 100% del PIB. 1
Los gobiernos europeos de filosofía liberal, simbolizados por la Alemania de Ángela Merkel, son unánimes en cuanto a la importancia que conviene dedicar al “desendeudamiento” público, aplicando políticas de austeridad. Del mismo modo, Pierre Moscovici, a pesar de que es el ministro de Economía francés del gobierno socialista de François Hollande, ha fijado como objetivo prioritario “reducir los déficit”, y se ha comprometido a limitarlos a un 3% del PIB por año, entre otras cosas a través de la reducción de los gastos públicos. 2
No obstante, es de notoriedad pública que las políticas de austeridad que promueven la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional y que se aplican en el Viejo Continente, son económicamente ineficaces. Incluso tienen el efecto contrario, ya que lejos de estimular el crecimiento, la reducción de los gastos, la disminución de los salarios y de las pensiones de retiro –además de las consecuencias sociales y humanas catastróficas que ocasionan– conducen inevitablemente a una contracción del consumo. De hecho las empresas se ven obligadas a reducir la producción y los salarios e incluso a prescindir de sus empleados. Consecuencia lógica, los recursos tributarios del Estado disminuyen mientras que sus gastos –para atenuar los efectos del desempleo– estallan, creando así un interminable círculo vicioso, cuyo símbolo es la crisis griega. Así, varios países europeos se encuentran en recesión.
Cómo nació la deuda pública de Francia
En 1973, Francia no tenía problema de deuda y el presupuesto nacional se encontraba equilibrado. En efecto, el Tesoro Público podía financiarse directamente con el Banco de Francia para construir escuelas, infraestructuras viarias, portuarias y aéreas, hospitales y centros culturales, sin tener que pagar una tasa de interés exorbitante, y entonces apenas tenía déficit. No obstante, el 3 de enero de 1973, el gobierno del Presidente Georges Pompidou, él mismo antiguo director general del Banco Rothschild, influenciado por el mundo financiero, adoptó la Ley n°73/7 sobre el Banco de Francia, apodada la “Ley Rothschild” por el cabildeo del sector bancario a favor de su adopción. Elaborada por Olivier Wormser, gobernador del Banco de Francia, y Valéry Giscard d’Estaing, entonces ministro de Economía y Finanzas, la ley estipula en su artículo 25 que “el Tesoro Público no puede ser presentador de sus propios efectos a descuento del Banco de Francia”. 3
En otras palabras, el Estado francés ya no puede financiar el Tesoro Público contratando préstamos sin interés con el Banco de Francia, sino que tiene que abastecerse en los mercados financieros. Así, el Estado se encuentra obligado a contratar préstamos y pagar intereses a las instituciones financieras privadas, mientras que hasta 1973 podía crear moneda para equilibrar su presupuesto mediante el Banco Central. Los bancos comerciales disponen ahora del poder de creación monetaria mediante el crédito, mientras que antes era una prerrogativa exclusiva del Banco Central, es decir del Estado, y se enriquecen a costa de los contribuyentes, con un estatus de casi monopolio.
Así, los bancos privados pueden prestar, gracias a los sistemas de reservas fraccionarias, más de seis veces la suma que tienen en moneda central. En otras palabras, por cada euro de que disponen pueden prestar hasta 6 euros gracias a la creación monetaria mediante el crédito. Si no es suficiente, pueden contratar con el Banco Central todos los fondos que necesiten con una tasa a menudo del 0%, con el fin de prestarlo luego… a los Estados con una tasa del 3% al 18%, como es el caso de Grecia. Así, la creación monetaria mediante el crédito representa el 90% de la masa monetaria en circulación en la zona euro.
Maurice Allais, Premio Nobel de Economía francés, denunció esta situación y afirmó que la creación monetaria debía ser una prerrogativa del Estado y del Banco Central. Según él,
“ Toda creación monetaria debe ser del Estado y sólo del Estado: toda creación monetaria distinta de la moneda de base del Banco Central debe ser imposible, de modo que desaparezcan los ‘falsos derechos’ que resultan actualmente de la creación monetaria bancaria […]. Por esencia, la creación monetaria ex nihilo que practican los bancos se parece a –no vacilo en decirlo para que la gente entienda bien lo que está en juego– la fabricación de dinero por falsificadores, tan justamente sancionados por la ley. Concretamente, lleva a los mismos resultados. La única diferencia es que los que se benefician de ello son distintos”. 4
En la actualidad la deuda de Francia se eleva a más de 1,7 billones de euros. Ahora bien, entre 1980 y 2010, el contribuyente francés rembolsó más de 1,4 billones de euros a los bancos privados sólo a título de intereses de la deuda. Así, sin la ley de 1973, el Tratado de Maastricht y el Tratado de Lisboa, la deuda francesa sería apenas de 300.000 millones de euros. 5
Francia paga cada año 50.000 millones de euros de intereses, lo que pone dicho pago en el primer puesto del presupuesto, antes de la educación. Con semejante suma, el gobierno podría construir 500.000 viviendas de 100.000€ o crear 1,5 millones de empleos en la función pública (educación, salud, cultura, ocio) con un salario mensual neto de 1.500€. El contribuyente se ve despojado de más de 1.000 millones de euros cada semana en provecho de los bancos privados. Así, la categoría más rica de la población ha recibido del Estado el fabuloso privilegio de enriquecerse a costa del contribuyente sin ninguna contrapartida y sin el menor esfuerzo.
Por otra parte, este sistema permite al mundo financiero someter a la clase política a sus intereses y dictar la política económica mediante las agencias de calificación, ellas mismas financiadas por los bancos privados. En efecto, si un gobierno adopta una política contraria a los intereses del mercado financiero, esas agencias bajan la nota de los Estados, lo que tiene como efecto inmediato el alza de las tasas de interés.
Al mismo tiempo, cuando el Estado y el Banco Central Europeo reflotan los bancos privados en dificultad –es decir, que proceden a su nacionalización de facto sin beneficiarse de ninguna ventaja, como por ejemplo un poder de decisión en el Consejo de Administración-, lo hacen con tasas de intereses menos elevadas que las que esas mismas entidades financieras aplican al Estado.
El sistema de crédito que se ha establecido en Francia desde 1973 y que se ha ratificado en los tratados de Maastricht y de Lisboa sólo tiene un objetivo: enriquecer a los bancos privados a costa de los contribuyentes. Es una lástima que no se abra un debate sobre los orígenes de la deuda pública en Francia en los medios informativos ni en el Parlamento. No obstante, bastaría con devolver la exclusividad de la creación monetaria al Banco Central para resolver el problema de la deuda.
Salim Lamrani es Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne-Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Etat de siège. Les sanctions économiques des Etats-Unis contre Cuba , París, Ediciones Estrella, 2011, con un prólogo de Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade. Contacto: Salim.Lamrani@univ-mlv.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel
Y ver..........
Las 5 jugarretas preferidas de los bancos al contratar un depósito
21 Jun 2012
Alemania .- El nacimiento de una leyenda...
........
.
El nacimiento de una leyenda.
Desentenderse de eso y hacer ver que la situación es resultado del maniqueísmo entre países virtuosos y manirrotos, denota una gran desvergüenza, porque el problema no es nacional. La crisis fue desencadenada por el sector privado, especialmente por los bancos que financiaron la pirámide inmobiliaria que se desmoronó. Los bancos alemanes que gestionaron especulativamente el enorme capital del superávit exportador alemán también fueron protagonistas de la pirámide. [6] Para atajarla, los países europeos dieron a los bancos 4,6 billones de euros desde 2008, la cifra facilitada a principios de 2012 por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Además, hubo otro enorme desembolso de dinero público en los programas de estímulo keynesianos del 2008. Todo ello incrementó, evidentemente, la actual deuda pública.
Entre 2008 y 2009, Alemania rescató a sus bancos con 480.000 millones de euros. Uno de ellos el HypoReal Estate tuvo que recibir 100.000 millones, porque estaba hundido hasta el cuello en créditos hipotecarios de Estados Unidos. El Deutsche Bank se deshizo a tiempo de gran parte de su basura financiera americana, por lo que tiene una docena de pleitos judiciales por estafa en aquel país. Los documentos de esos casos demuestran que los ejecutivos del banco conocían perfectamente el carácter estafador de sus ventas y ofertas. En 2007 los documentos del Deutsche Bank presentaban como dinámico y prometedor el mercado inversor español. En el caso de los Landesbanken, las cajas de ahorro regionales, por lo menos tres de ellas (Bayern LB, HSH Nordbank y WestLB) tuvieron que ser rescatadas con dinero del contribuyente.
Que hoy el debate esté centrado en la crisis de la deuda pública, o sobre la deuda privada concebida exclusivamente como desmadre meridional, omitiendo de la narración al casino que la ocasionó, se debe, fundamentalmente, al fuerte control que el poder financiero ejerce sobre gobiernos y medios de comunicación, lo que le permite imponer la leyenda que más le conviene.
El gobierno alemán ha sido particularmente activo en ese frente. Su nacional-populismo acerca de que el problema son unos países del sur gastadores que no ”hicieron sus deberes” y en los que la gente común vivió “por encima de sus posibilidades”, le ha permitido canalizar el descontento de los contribuyentes alemanes por los centenares de millones transferidos a los bancos como consecuencia de la irresponsabilidad de estos invirtiendo en el casino global. Reconocer la realidad significaría revisar los últimos veinte años de política económica y social alemana que se han vendido como exitosos y modélicos para el resto de Europa. En realidad sólo fueron exitosos para los empresarios y para los más ricos.
y sigue....
20 Abr 2012
La deuda de la Generalitat de Cataluña.
Cataluña
La deuda de la Generalidad y de sus empresas asciende a 48.146 millones
Evolución de la deuda acumulada de las CCAA desde 1995 hasta 2011 (fuente: Banco de España).
La Generalidad de Cataluña ha cerrado el año 2011 con una deuda acumulada de 41.778 millones de euros (casi 7 billones de pesetas). Esta cifra supone un nuevo récord en la serie histórica de la Comunidad, y la mantiene como la más endeudada de todas las CCAA, duplicando a la segunda en el ranking por valores absolutos (la Comunidad Valenciana, con 20.762 millones de euros), y alejándose de la tercera (la Comunidad de Madrid, con 15.447 millones) y de la cuarta (Andalucía, con 14.314 millones).
Es la primera vez que la deuda del Gobierno autonómico de Cataluña sobrepasa el 20% del PIB regional (en concreto, alcanza el 20,7%), superando, también por primera vez, a la Comunidad Valenciana -la segunda del ranking por endeudamiento relativo, con 0,8 puntos menos-. Además, excede a Castilla-La Mancha en 2,7 puntos y a Baleares en 4,4 puntos.
Para valorar la gravedad de la situación, basta con observar que la Generalidad acumula el 29,82% de la deuda total de las CCAA a finales de 2011, que asciende a 140.083 millones de euros. Además, en el último año, el Ejecutivo autonómico ha aumentado su pasivo en un 22,05%, mientras que en los últimos tres ejercicios la ha multiplicado por dos.
Evolución de la deuda acumulada de las empresas de las CCAA desde 1995 hasta 2011 (fuente: Banco de España).
La empresas de la Generalidad, las más endeudadas, con diferencia
La situación todavía es más preocupante si añadimos las empresas y entidades públicas. En este caso, los organismos dependientes de la Generalidad de Cataluña -habitualmente utilizados para maquillar contablemente los pasivos del Ejecutivo autonómico- han cerrado el año 2011 con una deuda acumulada de 6.368 millones de euros (algo más de un billón de pesetas); una cifra que, aunque se ha reducido en un 1% a lo largo del último un año, supone el 46% del total de la deuda de empresas y entidades de totas las CCAA (13.870 millones).
De hecho, este dato prácticamente multiplica por cuatro a la segunda y tercera CCAA más endeudadas por este concepto, esto es, la Comunidad de Madrid (1.678 millones) y la Comunidad Valenciana (1.671 millones).
Si sumamos la deuda de la Generalidad y la de sus empresas, la cifra asciende hasta 48.146 millones de euros (más de 8 billones de pesetas), y también supone un nuevo récord histórico. En el último año, este dato ha aumentado un 18,4% (desde los 40.663 millones con que se cerró 2010) y en los últimos tres años, un 80% (desde los 26.743 millones con que se cerro el ejercicio de 2008).
Evolución de la deuda acumulada de las corporaciones locales desde 1995 hasta 2011 (fuente: Banco de España).
La deuda de las Administraciones Públicas españolas alcanza el 68,5% del PIB
A nivel nacional, la Administración General del Estado cerró el año 2011 con una deuda acumulada de 559.459 millones de euros, un 52,1% del PIB y un 14,59% más que hace un año. Esta cifra, sumada a la deuda de las CCAA (140.083 millones de euros) y a la de los ayuntamientos (35.420 millones de euros), sitúa el endeudamiento total de las Administraciones Públicas españolas en 735.961 millones de euros a finales de 2011; lo que supone el 68,5% del PIB (7,3 puntos más que hace un año y 28,3 puntos más que hace tres).
Las corporaciones locales son las únicas que han conseguido mantener estable su nivel de deuda en el último año, pasando de 35.431 a 35.420 millones. El Ayuntamiento de Madrid sigue siendo, de forma destacada, el más endeudado (6.348 millones) aunque por primera vez desde 1999 ha rebajado esa cifra (un 1,63%). Le sigue, muy de lejos, el Ayuntamiento de Barcelona, con un pasivo de 1.090 millones de euros, un 9,32% menos que en 2010.
http://www.vozbcn.com/2012/03/16/105967/deuda-generalidad-48146-millones/
14 May 2011
Todo lo sólido se disuelve en el aire .

Extracto....
España: la U.E. “exigió” hace un año un al Gobierno español un programa de ajuste, que obviamente derivó en recortes de salarios a los funcionarios, congelación de pensiones, recortes de gastos sociales… Lo que la U.E. “solicitaba” es que España redujese su gasto público en 15.000 millones de euros. ¿Cuánto es eso? Pues, por ejemplo, el recorte del 5% del sueldo de todos los funcionarios se acercaba a los 4.450 millones de euros.
Comparemos con otras cifras: hace unos 3 años, en España se destinaron 9.000 millones de euros para sanear la Caja de Castilla-La Mancha. ¡¡¡Para “sanear” una única caja se utilizó el 66% del total de las sumas exigidas en ese programa de ajuste neoliberal!!! Esto es, con lo que se invirtió para “sanear” una caja se podrían haber mantenido 2 años los salarios funcionariales sin reducción ¿es comprensible?
(cifras dadas por Carlos Taibo en una conferencia en La Sedeta, 13 de abril de 2011. Si queréis oírla entera, pinchad en el enlace que viene en la parte de abajo de la página http://www.dossiersdelparaiso.com/home.aspx?action=18&newsid=85&am
Veámoslo en conjunto para nuestro país: el Gobierno “socialista” ha establecido dos fondos cuya magnitud no habla precisamente de “dificultades económicas”, sino de intereses políticos en relación a quién se debe desviar el dinero. El primero, de octubre de 2008, era de 50.000 millones de euros, y se dedicaba a “gastos sociales” (uff, perdón, que me estaba yo haciendo ilusiones…)… a comprar activos financieros de las “entidades en dificultades” (y os garantizo que no se refería a las familias que no llegan a fin de mes). El segundo, de junio de 2009, se creó para “prestar” a las cajas de ahorro en proceso de fusión. Se dotaba con 99.000 millones de euros. El resultado es conocido: privatización de las cajas con dinero público, y beneficios a manos privadas. Si a alguien os interesa saber cuánto supondrían estas cifras, sumadas se acercan a “la mitad del total de los presupuestos anuales del Estado”.
Rob Sewell | Socialist Appeal
Extracto......
Suspensión de pagos
En Grecia, el gobierno ha puesto en marcha un programa de privatizaciones desesperado e impopular en la vana esperanza de evitar un incumplimiento del gobierno en el pago de sus deudas (default). Tal suspensión de pagos ("reestructuración") tendría consecuencias catastróficas. "Una reestructuración que incluya un recorte considerable de la deuda (quita) podría abrir una caja de Pandora en la zona del euro", dijo Yannis Stournaras, director de IOBE, un foro de reflexión de Atenas. "Podría hacer caer los bancos griegos y tendría un efecto contagio en Irlanda, y tal vez incluso en Portugal".
A pesar de las medidas de austeridad aplicadas en Grecia, la crisis no amaina. Clemens Fuest, quien preside la comisión técnica del Ministerio de Finanzas alemán, advirtió que Atenas se dirigía a una suspensión de pagos. El mercado también está moviéndose hacia una suspensión de pagos. La probabilidad de un incumplimiento por parte de Grecia aumentó al 67%, como se muestra por los créditos swaps (créditos entre bancos centrales a un tipo de interés previamente fijado. NdT). Esta probabilidad era de sólo el 55% hace un mes y muestra que la situación se deteriora rápidamente. La deuda pública de Grecia se prevé que aumente este año del 140% del PIB a más del 150%, según el FMI.
Irlanda ya ha sido forzada (una vez más) a recapitalizar sus bancos por otros 24 mil millones de euros, lo que significará una austeridad aún mayor de la que ya se le ha pedido a los irlandeses para rescatar a sus bancos. El país fue rebajado también un punto por Standard and Poor's, una de las principales agencias de crédito internacionales.
El gobierno portugués ha iniciado conversaciones con la UE y el FMI, pero el temor de que cualquier acuerdo podría descarrilar como resultado de la elección finlandesa ha enviado el alza en los costos de endeudamiento de Portugal a nuevas alturas. Se teme que el acuerdo no se alcance antes del 15 de junio, que permitiría a Portugal reunir los 4.900 millones de euros de deuda que vencen en esa fecha.
La crisis de las economías periféricas de la zona euro se ha visto agravada por los especuladores financieros que están ansiosos de ganar dinero con estas dificultades. Actúan como hienas en acecho de su presa. Buscan la economía más débil y especulan en contra de su situación financiera. Luego actúan colectivamente para tirarla abajo. Cualquiera que sean las ganancias a corto plazo, toda esta crisis amenaza con socavar el euro.
Este era la situación antes de las elecciones en Finlandia, que simplemente han empeorado las cosas. Si el contagio se extiende a España e incluso Italia, todo el proyecto de la Unión Europea estará en peligro. Ya nosotros explicamos, cuando el euro fue lanzado en 1999, que era probable que las cosas terminaran así. Una moneda común que abarque a las distintas economías que se mueven a ritmos diferentes, siempre va a ser inestable. Lo único que la ha mantenido a flote fue el auge mundial. Una vez que éste llegó a su fin, todas las tensiones dentro de la zona euro inevitablemente salen a la superficie, como podemos ver ahora. El Banco Central Europeo (BCE), que está en realidad bajo control alemán, ha aumentado las tasas de interés. Esto ciertamente añadirá nuevos males a las economías débiles, como las de Portugal, Grecia e Irlanda.
Los temores
La incertidumbre sobre la cesación de pagos y el aumento de la inflación ha llevado a a los inversores capitalistas a correr hacia inversiones más seguras, enviando el precio del oro a niveles récord de más de 1.500 dólares la onza. Recordemos que en 1971 éste estaba ¡a $35 la onza! Con el debilitamiento sistemático y deliberado del dólar por la llamada flexibilización cuantitativa (emisión monetaria), y el temor de que los EE.UU. podrían perder su calificación AAA, la calificación más alta de la capacidad de un país para pagar su deuda pública. el dólar ha sido llevado a un nuevo mínimo.
La rebaja potencial de la calificación crediticia de los EE.UU. también ha introducido un nuevo elemento de incertidumbre en los cimientos de las finanzas mundiales. La calificación de Standard & Poor's sobre la deuda pública de EEUU fue la primera rebaja de este tipo desde que la agencia fue creada hace 70 años. El problema es que los bonos del Tesoro de EE.UU. constituyen el núcleo de las reservas mundiales de activos, con casi la mitad del mercado de $ 9 billones en manos de inversores y bancos centrales extranjeros.
"Si la triple A, columna vertebral del sistema financiero mundial, está en riesgo de perderse, ¿qué ocurrirá con el resto de la estructura de crédito?", pregunta Lena Komileva, jefa mundial de estrategia del G-10 en Brown Brothers Harriman. Representa el último capítulo de la historia de la crisis financiera. "Se pone en primer plano la importancia del riesgo soberano", añade Gibson Smith, co-jefe de inversiones de Janus Capital en Denver. "Tenemos que estar preocupados por esto desde el punto de vista del mercado y del riesgo sistémico global".
Esta rebaja de la calificación de la deuda de EE.UU. es el primer tiro disparado en la degradación final de la mayor economía y del mayor país deudor del mundo. Revela que los EE.UU. tienen pies de barro. Las disputas públicas en Washington con respecto al presupuesto es lo que hace más difícil tratar con las finanzas públicas y las deudas de EE.UU. Todos quieren recortes, pero no están de acuerdo en dónde y cuándo. El superávit financiero del pasado fue desperdiciado en recortes de impuestos, en las guerras y en los rescates que dejaron las finanzas públicas en un lío monumental y en el peligro de una cesación de pagos. La deuda pública de EE.UU. se ubica actualmente en el 112% del PIB, incluso peor que Gran Bretaña y muchos países europeos con problemas. Algunos, como Rob Arnott de Research Affiliates, argumentan que el cuadro completo está siendo disfrazado y que la deuda real es mucho mayor. Él cree que está muy por encima del 500% del PIB. Sea cual sea la cifra real, esto es claramente insostenible en el largo plazo.
Preocupación
El gobierno chino, sin duda, se ha preocupado mucho por la situación, habida cuenta de sus tenencias de dólares de EE.UU. Las reservas de divisas de China en el exterior han superado ahora los 3 billones de dólares, de los que dos tercios aproximadamente se cree que están invertidos en activos en dólares de EE.UU.
Los estrategas del capital están hechos un lío. George Soros, el financiero multimillonario, declaró: "Creo que la situación actual es mucho más incomprensible y mucho menos predecible de lo que dije en el momento del pico de la crisis financiera."
La economía mundial está lejos de ser una ruta estable. La recuperación es débil y anémica. El sector financiero es frágil. La deuda pública se está acercando a niveles sin precedentes después de la guerra. Existe la probabilidad de la cesación de pagos de sus deudas de los países en mora y que caigan los bancos. El capitalismo está en una crisis grave. La posición fiscal de EE.UU. no es más que la una de la serie de riesgos que enfrenta el mundo capitalista. Incluso antes de que se hayan recuperado de esta crisis, en los próximos años nos enfrentaremos de nuevo a una recesión mundial.
.............................
..
La bancarrota capitalista -en pañales
Jorge Altamira
La desintegración de la zona euro produciría una cadena de devaluaciones en perjuicio de Alemania, cuyo euro sería el viejo marco con otro nombre
El miércoles 10 de mayo, Grecia fue paralizada, por décima vez, por una huelga general. El punto es que no solamente fracasó el 'ajuste' -ni siquiera para una transfusión de sangre del trabajo al capital, o para restablecer las cuentas del Estado. La deuda pública, que antes de la declaración de la crisis se estimaba entre el 85 y el 110% del PBI de Grecia, ha atravesado alegremente la barrera del 160%. El truco de aumentar la deuda mientras se podan los gastos es la consecuencia de la subida enorme de la tasas de interés que paga el Estado: el bono del Tesoro griego a dos años 'rinde' el 25,5% anual (último registro), lo que equivale a un 'riesgo-país' de 2.200 puntos cuando se lo compara con uno alemán, que cuesta 3,5%; el bono a diez años promete un 15,5%, lo que no deja de representar un 'riesgo' de 1.300 puntos sobre el similar germano.
¿Por qué cualquiera debería sorprenderse cuando el semanario Der Spiegel reveló una reunión secreta de los máximos responsables de finanzas de la Unión Europea, en la que se discutió un cese de pagos de Grecia ('default') e incluso su retiro del euro? Desmentida enérgicamente por los participantes, la reunión fue confirmada por el Financial Times el 8 de mayo (columnista Wolfgang Munchau).
'Naturalmente', ¿a quién le importa el 'default' de Grecia, un país con un PBI inferior al de Argentina? En plata, muchísimo -aunque sea lo secundario. Los bancos griegos tienen en su cartera el 22% de la deuda, unos cien mil millones de dólares, los suficientes para barrer varias veces con su capital. Un banco del nivel de BNP Paribas carga un muerto de 8 mil millones y, en grado decreciente, otros bancos franceses, españoles, alemanes y belgas. El 11% de la deuda la tienen el FMI y los gobiernos europeos, unos 6 mil millones. Pero el Banco Central Europeo (BCE) carga con el 20% de la deuda (otros cien mil millones de dólares), dentro de la cual no se cuentan los títulos de cortísimo plazo ofrecidos por el gobierno griego o los bancos -lo cual sumaría 300 mil millones de dólares, según calcula el norteamericano J.P. Morgan (Financial Times, 10/5).
¿Y qué pasa si añadimos a esto el endeudamiento 'derivado' de este endeudamiento público, como son los bonos vendidos como seguros de cambio contra, precisamente, la posibilidad de un cese de pagos en el endeudamiento original? La evolución del sistema financiero ha convertido a las operaciones "fuera de libros" (off balance) en más y mucho más importantes que las registradas en la contabilidad. Las deudas públicas no se compran con dinero, sino con préstamos que cubren una parte muy pequeña de la compra. En caso de 'defol', no solamente cae el acreedor 'engañado', sino toda una cadena de acreedores 'engañados' por él. En esto consiste el "sistemic risk" (riesgo sistémico) al que hacen referencia de continuo todos los observadores. Ojo, lo que importa para Grecia vale también para Irlanda, Portugal, Islandia, eventualmente España e Italia y ,al final (¿por qué no?), para Estados Unidos y Japón, los dos Estados más endeudados del mundo y más apalancados también (que deben a quienes compraron esas deudas con deudas y así de seguido). La cadena de la felicidad
Sin embargo, con lo impresionante que son esas cifras, y para un país chiquititísmo, lo más importante es otra cosa: el fracaso del rescate operado con los mismos métodos que llevaron a la crisis en primer lugar. Como lo señala bien un ex banquero central de Argentina, Mario Blejer, quien antes integró el Banco de Inglaterra y luego fue asesor de Néstor Kirchner, "la situación se asemeja a una pirámide o esquema Ponzi. Algunos de los tenedores originales de los bonos son pagados con préstamos oficiales que también financian los déficit primarios" (Financial Times, 6/5). Dado que esta bicicleta se realiza con dinero público y, en última instancia, requerirá emisión monetaria, ¿puede proseguir en forma indefinida? Sí, contesta Blejer, que presidió el derrumbe de 2001: hasta que la última deuda privada haya sido cancelada por el Estado; "el último tenedor carga con la pérdida completa". Esto significa el derrumbe financiero del Estado, la desaparición de la moneda y una situación política de 2002 a la escala de media Europa y un 'poquito' más.
Todo indica que en la reunión secreta -desmentida por sus participantes- se habría llegado a la conclusión de que una reestructuración de la deuda de Grecia sería imbancable, literalmente, para Europa y, en especial, para los bancos franceses y alemanes, y podría provocar una 'corrida' contra la deuda pública y privada de España -cuya situación es peor que la de Grecia, puesto que tiene a las dos terceras partes de su sistema financiero quebrado. El conjunto del sistema bancario de Europa tiene aún 'activos tóxicos' (créditos incobrables o títulos sin valor de mercado) por un valor que oscila entre 800 mil y 1,3 billones de dólares, y Estados Unidos entre 1 y 1,6 billones. Por otro lado, se (sub)estima la insuficiencia de capital de los bancos europeos en 180 mil a 220 mil millones de dólares.
Lo que se desprende de aquí es que una reestructuración de la deuda de Grecia, para evitar el 'default', podría ser un golpe demoledor para buena parte de esa banca. La reestructuración debería combinar una 'quita' de al menos el cincuenta por ciento de la deuda, una reducción fuerte de la tasa de interés y un alargamiento considerable de los plazos -lo cual, en conjunto, nos llevaría a una desvalorización de más del 75% de la deuda griega (y, enseguida, hacer lo mismo con Irlanda y Portugal y hasta España). Incluso en un caso de estas dimensiones, no está claro que fuera a haber una recuperación de la economía de los países afectados, que los capacite para el pago del sobrante, porque ello depende de las condiciones generales de la economía mundial.
No sólo de números vive el hombre
Los números elementales de la crisis, a pesar de su contundencia, nublan su comprensión. Al lado del enorme capital en bancarrota, por ejemplo, opera otro capital que se encuentra a la expectativa de aprovechar esa bancarrota. Fondos financieros de distintas características se han puesto al acecho para comprar la deuda de los países insolventes una vez que se reconozca su completa pérdida de valor. Fue lo que ocurrió en Argentina en la crisis de 2002. El caso de España es bien elocuente: el Banco de España ha ordenado la recapitalización de las Cajas, que representan más de la mitad del sistema financiero, pero los capitales dispuestos a hacerlo reclaman un precio bastante inferior al que ofrecen sus accionistas; el Banco Central está amenazando con declarar la quiebra de algunas cajas. Los banqueros alemanes quieren estirar los tiempos del default, pero los norteamericanos y los ingleses presionan para apurarlo.
Se ha desatado una feroz lucha de intereses contradictorios. Una manifestación de ella es la dificultad para establecer un sistema de deuda pública de la Unión Europea, que sustituiría los endeudamientos nacionales por un título continental: se oponen los países más endeudados, porque tendrían que sumar deuda a la deuda, y los menos endeudados, para no cargar con el muerto de los otros. Una deuda pública común supone un Estado único. En contra de esta tendencia opera una contraria, o sea a la disolución de los Estados que ya existen, debido a la tensión que provocan las deudas de sus regiones internas: las "autonomías" en España; las comunas en Italia; los länder en Alemania. La hipoteca de estas regiones es feroz, porque los bancos las han metido en operaciones 'derivadas', que se han devorado los ingresos acumulados.
En Estados Unidos, la deuda municipal (muni-bonds) involucra un par de billones de dólares. Esto ha llevado a varios Estados norteamericanos a enmendar su sistema de pensiones y anular el derecho a la convención colectiva; a nivel nacional serruchar los sistemas de asistencia a la salud. Un editorial de The Economist acaba de plantear que, como mínimo, hay que llevar la edad para jubilarse a los 70 años. "Los costos crecientes de los sistemas sociales de salud; la seguridad social; el esquema de previsión social del gobierno son considerados (por los republicanos) la amenaza principal a la posición fiscal del gobierno" (Financial Times, 6/5). Es que cuando se incluye los compromisos de pagos de pensiones en las próximas dos décadas, la deuda nacional de Estados Unidos se empina a los 200 billones de dólares -cuatro veces todo el PBI mundial.
La tensión de la crisis financiera que se desarrolla encima de la crisis financiera ha quedado ilustrada la semana pasada por el derrumbe de la cotización de la plata, en primer lugar, y las materias primas en general. Lo que desató el desplome fue el requerimiento de algunas Bolsas para elevar el depósito que deben dejar los especuladores como garantía de una operación financiera. Para cumplir con la exigencia, los afectados salieron a vender apresuradamente sus apuestas. El requerimiento de mayor garantía expresa la desconfianza de los reguladores en que se finalicen los contratos de especulación. La elevación de la garantía ('margin call') ha sido el detonante de todos los derrumbes desde que existe el capitalismo.
A diferencia de la crisis del 30, en la actual se ha seguido a la regla de no dejar caer a los grandes bancos, o sea rescatarlos. Con este método, el capital ha creído haber aprendido la lección de hace ochenta años. Pero la crisis del capital no es un asunto académico; no se trata de aprender o, como diría Marx, de "interpretar" al capital: para erradicar estas catástrofes es necesario abolirlo mediante una acción social consciente, o sea política.
De gendarmes y rehenes
La posibilidad de que Grecia se retire del euro es el tema del momento, no solamente su 'default'. Los que reclaman que se autorice la reestructuración de su deuda tienen presente aquella alternativa más drástica. En lugar de seguir metiendo plata en la Helade, mejor sería admitir una 'quita' que se combine con alargamiento de plazos de vencimiento y salir al rescate de los bancos que resulten afectados por esa reestructuración. Los bancos alemanes están expuestos por sobre todo a España (210 mil millones de dólares) y a Irlanda (170 mil millones). La amenaza de salir del euro, por parte de Grecia, constituye una extorsión a Alemania para persuadirla a que habilite la reestructuración. Pero un retiro de Grecia sería acompañado por Irlanda, en primer lugar, y por Portugal y España. El retorno a sus antiguas monedas les permitiría devaluarlas y reconquistar una competencia en el mercado mundial, incluido el turismo.
La extorsión salta a la vista, porque la desintegración de la zona euro produciría una cadena de devaluaciones en perjuicio de Alemania, cuyo euro sería el viejo marco con otro nombre, que se revalorizaría a extremos que afectarían en forma decisiva su capacidad de competencia industrial en el mercado mundial -lo cual haría las delicias de Japón y Estados Unidos, aunque menos, contradictoriamente, de China, que se equipa en las fábricas germanas. Alemania ha pasado de gendarme a rehén, que ahora tiembla ante la pequeña Grecia. La ruptura de este verdadero nudo gordiano de la crisis no lo pueden producir las cifras de endeudamiento ni las recomendaciones de los especialistas. Lo harán las crisis políticas y, por sobre, todo las rebeliones populares.
Lo importante es que estas rebeliones se verán obligadas a clarificar sus objetivos políticos, esto para no ser instrumentadas, a la larga, por una falta de dirección, por las tendencias a la desintegración del euro que beneficiaría a los rivales de Alemania, por un lado, o por un reforzamiento del protectorado alemán sobre la periferia de Europa, por el otro...
Los límites
Los espacios de este artículo no alcanzan para entrar en el corazón de todo el asunto: Estados Unidos y Japón -con China en la órbita. Pero la emisión de dólares para financiar el rescate capitalista, cerca de tres billones, ha fracasado para reanimar el crédito o la economía, ni hablar de que no ha resuelto el derrumbe hipotecario ni la desocupación. Los bancos guardan los dólares emitidos en las cuentas remuneradas de la Reserva Federal o alimentan la especulación mundial, la cual se desarrolla sobre una economía mundial abrumada por deudas provocadas por la especulación mundial. Antes de Estados unidos, lo mismo había hecho Japón -de aquí el vertiginoso aumento de los precios de las materias primas y el auge de la especulación inmobiliaria en los países a los que no había llegado en la fase anterior. Si se corta este chorro, sin embargo, se arriesga una depresión mundial. Por eso la Reserva Federal ha dicho que seguirá financiando a tasas del 0,5%, aun cuando deje de comprar bonos del Tesoro norteamericano -del cual ha acumulado 1,5 billones de dólares, por lo que se ha transformado en el principal acreedor de su propio Estado.
La consecuencia de esto será una mayor devaluación del dólar y la potenciación de los procesos de especulación y, en última instancia, de quiebras 'a la griega'. La devaluación de la moneda quita al Estado la capacidad de crear deuda pública, o sea financiarse. La contrapartida de esto es la apreciación del oro, que no es solamente una materia prima para la industria sino, más que nada, dinero -o sea una reserva de valor y el equivalente que permite el intercambio general de las mercancías.
En los comentarios de los principales observadores de asuntos financieros y económicos aparece, con frecuencia cada vez mayor, la conclusión de que las operaciones de rescate mundial del capitalismo colisionan con los "límites políticos". Se refieren a las crisis estatales, a los choques entre Estados y, por sobre todas las cosas, a la resistencia popular. Los problemas vienen con su propia solución.
.
.
06 Jun 2010
Desmundialización financiera .Japón .

............................
-------------------------------------------
Fréderic Lordon en Le Monde Diplomatique a través de un artículo que se titula:
“Empezar la desmundialización financiera”.
La simplísima respuesta es la siguiente: “porque los inversores internacionales no son los suscriptores de la deuda pública japonesa, que en cambio poseen, en más de un 95%, los ahorristas nacionales.
Exactamente a la inversa de Estados Unidos, Japón fija para los hogares una tasa de ahorro abultada, que alcanza ampliamente para cubrir las necesidades de la financiación del Estado, y más aún, de las empresas. Por eso los mercados no son solicitados por la deuda pública japonesa (que se las arregla muy bien sin ellos) ni, por consiguiente, tienen la posibilidad de someter la política económica de Japón a sus absurdas normas. Para que los mercados pudieran tener injerencia en esta materia, deberían disponer del instrumento, a saber, los títulos de la deuda. Sin posesión de ellos, no hay intromisión.
Para el que quiera entenderla, la crisis griega, alumbrada a la desconcertante luz del caso japonés, ofrece la oportunidad de volver sobre la propia lógica de la desregulación financiera internacional, que no debe mucho a los prodigios de,la teoría económica standard –siempre a mano para prometer el oro y el moro, crecimiento y empleo, cuando se habla de desregulación-, sino que ha sido llevada por intereses sólidos.
A partir de mediados de los años 80, en efecto, EEUU se vio confrontado al siguiente dilema: ¿cómo financiar el déficit (exterior y presupuestal) cuando no hay más ahorro nacional?. Muy Simple: trayendo el ahorro de los páises que sí tienen. Es decir, en esa época (y, por otra parte, hoy también) Japón y Alemania y, en lo sucesivo China.
La desregulación financiera es, pues, la respuesta estratégica que consiste en instalar las estructuras de circulación internacional de capitales que permitan que la economía estadounidense no tenga que completar el circuito ahorro-inversión en su espacio nacional.
Digamos muy claramente que, inconscientes de lo que los esperaba luego, un buen número de otros países no pudieron resistirse a los encantos circulatorios de la desregulación financiera internacional. Porque, debido a la disminuación de crecimiento sobrevenida en la década de 1970, los déficits que hay que financiar se convirtieron en el problema endémico de la inmensa mayoría de las economías del Norte.
Entre ellas, Francia concibió muy explícitamente su propia desregulación, en un principio al servicio de la financiación no monetaria de su déficit presupuestal. Sin embargo, al precipitarse sobre el genial hallazgo del reciclaje internacional del ahorro, ninguno de esos países tardó en descubrir las sujeciones que el sistema tiene como contrapartida.
Porque, en la relación entre deudores y acreedores, las estructuras de los mercados de capitales liberalizados inclinan la relación de fuerzas a favor de los segundos. Y los Estados descubren progresivamente que pedir prestado a los mercados es someterse al veredicto de los mercados.
Ahora bien, si ese veredicto fuese esclarecido, sería solo un mal menor. Pero no lo es, y sobre todo no puede serlo. Desde la imposición de tasas de inflación tan bajas como sea posible hasta la sanción de cualquiera deriva del déficit presupuestal –incluso la mejor fundada- pasando por la prohibición de su financiación monetaria y la sacralización del modelo de banco central independiente, es bastante fácil advertir la amplitud de las renuncias de política económica que la tutela de los mercados implica.
Ocurre que la limitación “en régimen” se convierte en pesadilla durante una situación de crisis, porque la desconfianza de los inversores se traduce en ventas de los títulos de la deuda pública y una consecuente subida de los tipos de inetrés, es decir, de los costos de financiación de los Estados.
El aumento de tención financiera que se produce puede llegar a aimponer costos exorbitantes a los presupuestos públicos, como hoy observan dolorosamente los griegos. Como resultado, los arrebatos colectivos que se cristalizan en torno a la hipótesis de un default soberano se llevan a la masa de operadores en una dirección que tiene todos los rasgos de la doctrina normalizadota de los mercados, y que vuelve al encauzamiento de la política económica aún más cruel; alcanza con ver la amplitud de los sacrificios que los inversores exigen a Grecia, muy a corto plazo, para recobrar una aparente calma.
Y esos sacrificios tienen como único límite el estar acompañados por compromisos europeos para prevenir cualquier default…

Precisamente en ese punto donde el caso de Japón podría resultar instructivo. Para librarse del poder de prestamistas abusivos….hay que cambiar de prestamistas. Eso es lo que Japón tuvo el buen tino de hacer; mejor dicho, tuvo el buen tino de no efectuar el primer cambio, aquel que lanzó a la inmensa mayoría de los demás Estados a las garras de los “inversores”, cuya entrada a los mercados domésticos se vio facilitada por las estructuras de los mercados desregulados, y que obtuvieron de ellas todo el poder de coerción sobre las políticas económicas locales.
A contramano de la ideología de la mundialización que hace la apología de la supresión de todas las fronteras, especialmente aquellas que podrían oponerse a los movimientos de capitales. El caso japonés, al menos en materia de endeudamiento del estado, ofrece el ejemplo de una configuración no sólo viable sino además dotada de propiedades bastante buenas.
No puede inferirse de ello que la solución japonesa representa la medida infalible que permitiría a las adeudas públicas ser financiadas sin límite y fuera de toda restricción (a 200% de déficit en el PBI) no resulta para nada imposible que también Japón algún día se tope con dificultades, pero al menos deberá reconocérsele la capacidad de haber llevado una alto nivel de deuda soberana en excelentes condiciones de estabilidad…(…).
El Dipló/Mayo 2010/Fragmaneto de Fréderic Lordon

17 May 2010
¡Ojo!,con el FMI , solo le interesa salvar a los banqueros.

Creo que las medidas que ha tomado el Gobierno son criticables pero que es necesario contextualizarlas adecuadamente, porque no me parece justo ni riguroso que caiga sobre él todo el peso de la responsabilidad por lo que está sucediendo en nuestra economía. No es verdad, por ejemplo, que sea prioritario combatir ahora el déficit porque se haya alcanzado un nivel peligroso de deuda, puesto que el aumento que se está produciendo está todavía dentro de lo que se puede considerar plenamente aceptable. Lo principal, por el contrario, es recuperar cuanto antes la actividad, el empleo y los ingresos porque la deuda se ha generado justamente porque estos se han reducido a causa de la crisis. Tampoco es verdad que haya que reducir ahora el déficit porque el gobierno haya despilfarrado gasto, como se dice desde la derecha más demagógica.
Este gobierno administró los presupuestos públicos con superávit (incluso innecesariamente a la vista del retraso en bienestar y capital social que sufrimos desde hace decenios y a diferencia de lo que están haciendo administraciones municipales o autonómicas gobernadas por la derecha). El gran incremento del déficit se produjo cuando la banca internacional provocó una crisis sin parangón que hundió las economías de casi todos los países del mundo. Una crisis que en España se llevó también por delante un modelo de crecimiento basado en el ladrillo que en esta última etapa de expansión había sido puesto en pie y alimentado inicialmente por el Gobierno del Partido Popular.
El Gobierno español, como tantos otros, no se ha endeudado caprichosamente, sino para salvar a los bancos y para evitar el colapso de las economías, algo que no se hubiera tenido que hacer si quienes ahora piden reducir el déficit hubieran actuado de otra manera en los últimos años: si la banca no hubiese sido tan irresponsable, si los bancos centrales no hubieran actuado como sus cómplices, y si la Unión Europea y el resto de los organismos internacionales se hubieran dedicado a imponer en los últimos años más coordinación política y políticas de estabilidad y bienestar social en lugar de limitarse a facilitar la libertad de actuación y movimiento de los capitales especulativos.
Dicho esto, y sabiendo que la reducción del gasto público ha sido impuesta por el Fondo Monetario, por el ejecutivo de la Unión Europea y en realidad por los grandes poderes financieros, como el propio presidente reconoció implícitamente en algún momento de su intervención en el parlamento, creo que hay que señalar algunas cuestiones esenciales para poder entender lo que está sucediendo.

De hecho, el recorte del gasto que se propone no va a reducir la deuda de modo efectivo (y mucho menos satisfactorio socialmente) porque va a deteriorar la capacidad de crear actividad e ingresos de la economía española: limitar la inversión en infraestructuras simplemente significa disminuir el negocio de las empresas que la llevan a cabo, reducir los sueldos o las pensiones es contener el consumo del que salen los ingresos de miles de pequeñas y medianas empresas. Valga como prueba de ello el caso del cheque bebé que va a suprimirse. Sin entrar en consideración de su carácter más o menos equitativo y sobre sus efectos negativos sobre la incorporación al empleo de las mujeres, lo cierto es que pone en manos de las familias una cantidad global de dinero bastante importante que éstas dedican al consumo. Un estudio reciente de Libertad González de la Universidad Pompeu Fabra (“The Effects of a Universal Child Benefit: A Regression Discontinuity Approach”) pone de manifiesto que ha sido utilizado por las familias principalmente para aumentar el gasto en equipamiento del hogar y más concretamente en electrodomésticos.
Eso creo que demuestra muy gráficamente que las medidas impuestas al gobierno con la excusa de reducir el déficit son pan para hoy y hambre para mañana, porque redundarán en una nueva caída de la actividad y de la tasa de crecimiento y casi con toda seguridad van a significar que la economía española vuelva a entrar en recesión cuando comiencen a aplicarse.
Y al caer la actividad lo que ocurrirá será que disminuirán los ingresos de las empresas y de las familias, de modo que o se recurre más tarde de nuevo al endeudamiento o se da por bueno que la economía se deteriore constantemente.
Es verdad que ningún país puede soportar que su deuda crezca ilimitadamente, pero antes de entrar a limitar la actividad y a frenar la recuperación de economía española hubiera sido necesario plantear algunas consideraciones importantes.
La primera, como he dicho, que la deuda es odiosa en el sentido de que ha sido obligada por la especulación financiera con la que se han enriquecido, y lo siguen haciendo, banqueros e inversores cuyos nombres son bien conocidos y a quienes ahora no se les pide esfuerzo alguno para aliviar la situación que han provocado.
La segunda, que para frenar el crecimiento de la deuda la medida más eficaz es actuar sobre la causa que en realidad lo está generando, y que no es otra que la falta de ingresos productivos en la economía. Reducir los únicos que están consiguiendo relanzar la actividad y no hacer nada para garantizar que la financiación vuelva a las empresas y a los consumidores es una barbaridad, justamente lo contrario de lo que hay que hacer para que la economía vuelva a funcionar al mejor ritmo posible.
La tercera, que para ser mucho más eficaces e intervenir sobre la raíz del problema habría que actuar sobre lo que incentiva la creación de deuda financiada por la banca privada y sobre lo que la encarece constantemente: permitiendo que fueran los bancos centrales quienes la financiaran a mucho menor coste, evitando que la emisión de deuda sea un negocio para los bancos y los financieros privados, prohibiendo la actuación de las corruptas agencias de calificación, y frenando radicalmente el “terrorismo financiero” que denunció hace unos días el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán.
La cuarta, que para reducir el déficit no se puede actuar solo sobre el gasto. Es irracional limitar la fuente de ingresos productivos cuando lo que se requiere es precisamente generar ingresos y cuando al mismo tiempo existen recursos ociosos o dedicados a generar los problemas que se quiere combatir. Por eso es más justo y sería mucho más eficaz tratar de incrementar los ingresos públicos combatiendo el fraude y la evasión fiscal y haciendo que quienes han obtenido y obtienen ganancias extraordinarias contribuyan fiscalmente. Es sencillamente repugnante que la reducción del déficit la paguen las personas con menos rentas mientras que los bancos y las cajas españoles siguen actuando en paraísos fiscales, blanqueando capitales, y ganando miles de millones de euros gracias a las ayudas material de todos los ciudadanos y al apoyo legal del Estado.
La medida que se le ha impuesto al gobierno español no busca sanear nuestra economía. Es una expresión más de las llamadas políticas deflacionistas de los últimos decenios que tienen en realidad otro objetivo: limitar la actuación y la capacidad de decisión de los poderes públicos para que los grandes intereses privados actúen más fácilmente y puedan ganar dinero más cómodamente. No les preocupa que no se recupere el empleo o que bajen ingresos de la población porque saben que es cuando esto ocurre cuando hay menos capacidad de respuesta social. Buscan lo que han conseguido: que el gobierno que representa a todos los españoles (le guste o no a la derecha) se ponga de rodillas y se doblegue ante los poderes financieros. Enseguida dirán que las medidas ahora aprobadas son insuficientes y que hay que ir más lejos: todos los chantajes funcionan igual. Más tarde irán contra los sindicatos y los partidos porque lo fundamental para ellos no es que los niveles de deuda bajen (todo lo contrario mientras sean ellos quienes la financien) sino concentrar en sus manos el máximo poder de decisión. Dicen que van a sanear la economía pero lo que quieren es salvar a los bancos y a los poderosos y para ello no les importa hundirlas una vez más.
El gran error de la ciudadanía sería enfrentarse ahora al Gobierno de Rodríguez Zapatero (como quieren el Partido Popular y la patronal) y no hacerlo con lo poderosos. Aunque para que ese error no se produzca sería necesario que el partido socialista no se clone con ellos, que hable mucho más claro a los ciudadanos y se ponga cuanto antes a la tarea.
http://www.fundacionsistema.com/News/ItemDetail.aspx?id=2354
12 Abr 2010
La piña del apalancamiento.
| 12-04-2010 |
Todas esas deudas son altas al punto de lo indevolvible, porque el grueso de estos países están en trance de incurrir en déficits comerciales cada vez más profundos y se hallan abismados en una depresión. Ahora que los precios de los bienes raíces se están desplomando, los déficits comerciales ya no pueden seguir financiándose por el flujo entrante de préstamo hipotecario en moneda extranjera y de venta de propiedades. No hay medio visible de apoyo para la estabilización de las monedas (exempli gratia: unas economías sanas). En los pasados años, esas economías han sostenido sus tasas de cambio mediante préstamos de la Unión Europea y del FMI. Los términos de esos préstamos son políticamente insostenibles: recortes drásticos del presupuesto público, tasas fiscales más altas sobre unos salarios ya sobreexigidos fiscalmente y planes de austeridad que redundan en el encogimiento de la economía y la expulsión de más fuerza de trabajo hacia la emigración.
Los banqueros en Suecia y Austria, Alemania y Gran Bretaña están en vías de descubrir que extender el crédito a naciones que no pueden (o no quieren) pagar puede convertirse en su problema, no en el de sus deudores. Nadie quiere aceptar el hecho de que las deudas que no pueden ser satisfechas no querrán ser satisfechas. Alguien debe cargar con el coste, a medida que las deudas entran en mora o resultan depreciadas al tener que devolverse en monedas drásticamente devaluadas; pero muchos expertos jurídicos consideran poco menos que letra muerta los acuerdos que exigen la devolución en euros. Toda nación soberana tiene el derecho de legislar por sí propia las condiciones de su deuda, y los reajustes monetarios y las depreciaciones de deuda no serán moco de pavo.
No tiene caso devaluar, salvo “en exceso”, es decir, lo suficientemente como para alterar realmente las pautas comerciales y productivas. Por eso Franklin Roosevelt devaluó el dólar un 75% respecto del oro en 1933, elevando el precio de éste de 20 a 35 dólares la onza. Para evitar una elevación proporcional de la carga de la deuda estadounidense, lo que hizo fue anular la “cláusula del oro”, que indexaba al precio del oro el pago de los préstamos bancarios. Y es aquí donde se dará ahora la batalla política: en el pago de la deuda en monedas devaluadas.
Otro producto lateral de la Gran Depresión en los EEUU y en Canadá fue liberar de responsabilidad personal a los deudores hipotecarios, posibilitando su salida de la quiebra. Los bancos que ejecutan hipotecas pueden hacerse con la propiedad inmobiliaria puesta como colateral de la deuda, pero no tienen mayores derechos sobre las hipotecas. La práctica –fundada en el derecho común anglosajón— muestra cómo la América del Norte se liberó a sí propia del legado de tipo feudal, característico de las viejas y durísimas leyes europeas, que daban todo el poder a los acreedores y encarcelaban a los deudores.
La cuestión es: ¿quién cargará con las pérdidas? Mantener las deudas denominadas en euros causaría la quiebra de muchas empresas locales y del sector inmobiliario. Al revés, redenominar esas deudas en moneda local devaluada significaría la evaporación del capital de muchos bancos que operan con euros. Pero esos bancos son extranjeros, después de todo. Y al final, los gobiernos tienen que representar a su propio electorado nacional. Los bancos extranjeros no votan.
Los tenedores extranjeros de dólares perdieron una 29ava o una 30ava parte del valor en oro de sus reservas desde que los EEUU dejaron en 1971 de fijar al oro sus déficits de la balanza de pagos. Ahora reciben menos de una trigésima parte de eso, puesto que el precio ha llegado a alcanzar los 1.100 dólares la onza. Si el mundo puede aceptar eso, ¿por qué no habría de aceptar la venidera depreciación de la deuda europea, que viene al galope?
Hay un consenso creciente en que las economías postsoviéticas se estructuraron desde el comienzo en beneficio de intereses extranjeros, no de las economías locales. Por ejemplo, el trabajo letón soporta una carga fiscal superior al 50% (trabajador, empresario y tasas sociales), lo bastante alta como para hacerlo no competitivo, mientras que los impuestos a la propiedad tienen tipos menores al 1%, lo que genera un incentivo para la especulación rampante. Esa distorsionada filosofía fiscal convirtió a los “Tigres Bálticos” y a la Europa Central en privilegiados mercados de empréstitos para los bancos suecos y austriacos, pero sus trabajadores no pudieron hallar trabajo bien pagado en casa. Nada de eso –tampoco esas terribles leyes que desprotegen el puesto de trabajo— puede hallarse en Europa Occidental, ni en las economías de asiáticas o de América del Norte.
Parece irrazonable e irrealista esperar que grandes franjas de la población de la Nueva Europa puedan doblegarse a exacciones salariales de por vida, reduciéndolas a una perpetua servidumbre por deudas. Las futuras relaciones entre la Vieja y la Nueva Europa dependerán de la disposición de la eurozona a rediseñar las economías postsoviéticas conforme a líneas más solventes: con un crédito más productivo y un sistema fiscal menos sesgado a favor de los rentistas y que promueva el empleo, antes que la inflación de activos, que empuja a la gente a emigrar. Además de reajustes monetarios para afrontar una deuda inabordable, la línea de solución adecuada para esos países pasa por un desplazamiento de la carga fiscal, del trabajo a los bienes raíces, que los asemeje más a Europa Occidental. No hay alternativa. De otro modo, el inveterado conflicto de intereses entre acreedores y deudores amenaza con escindir a Europa en dos campos políticamente hostiles, con Islandia ensayando algo nuevo.
Hasta tanto no se resuelva el problema de la deuda –y la única forma de hacerlo es negociar una depreciación de la misma—, la expansión europea (la absorción de la Nueva Europa por la Vieja) parece encallada. Pero la transición a esta futura solución no será fácil. Los intereses financieros dominan todavía en la Unión Europea, y se resistirán a lo inevitable. Gordon Brown ya ha mostrado su verdadera faz con sus amenazas a Islandia de usar, ilegal e impropiamente, al FMI como un agente recaudatorio de las deudas que Islandia no ha contraído legalmente y de bloquear la entrada de Islandia en la Unión Europea.
Haciendo frente a los alardes intimidatorios del señor Brown –y al de los holandeses, peritos falderos de los británicos—, el 97% de los votantes islandeses se opuso a la solución de la deuda que Gran Bretaña y Holanda querían hacerles imponerles a través de las tragaderas de los miembros del Althing [el parlamento islandés; T.]. Un sufragio tan elevado no se había visto en el mundo desde las viejas épocas del estalinismo. Y es sólo un anticipo. La decisión que está ultimando Europa hará verosímilmente salir a millones a la calle. Las alianzas económicas y políticas se harán tornadizas, las monedas se desplomarán y caerán gobiernos. La Unión Europea y aun el entero sistema financiero internacional cambiarán de maneras que aún no se pueden prever. Eso ocurrirá, especialmente, si las naciones adoptan un modelo de estilo argentino y se niegan a pagar hasta que no se hagan descuentos drásticos.
Para naciones que esperan mantener una módica sociedad civil, pagar en euros es imposible, pues los bienes raíces y los ingresos y personales se precipitan en la deuda técnica al exceder las deudas el valor corriente de los flujos de ingresos disponibles para pagar hipotecas o deudas personales. Los “planes de austeridad” al estilo del FMI y de la Unión Europea no pasan de ser una jerga antiséptica, tecnocrática, para designar el impacto mortal de la destrucción del ingreso, los servicios sociales, el gasto en salud y hospitales, la educación y otras necesidades básicas, así como el de la puesta en almoneda de la infraestructura pública, que convertirá las naciones en “economías saturadas de puestos de peaje” en los que todo el mundo tendrá que pagar precios de acceso a las carreteras, la educación, la asistencia médica y otras necesidades de la vida y de los negocios que desde hace mucho son subsidiadas por una fiscalidad progresiva en América del Norte y en Europa Occidental.
Las líneas de batalla se han fijado en torno al modo en que han de ser honradas las deudas privadas y públicas. Para las naciones reluctantes a honrarlas en euros, las naciones acreedoras les preparan una buena exhibición de músculos a través de las agencias de calificación del crédito. A la primera señal de que una nación se niega a pagar en moneda fuerte, o aun incluso al primer amago de cuestionar como impropia una deuda externa, las agencias entrarán a reducir la calificación del crédito de una nación. Eso incrementará el coste del empréstito, amenazando con paralizar la economía por la vía de asfixiar su crédito.
El tiro más reciente fue el disparado el pasado 6 de abril, cuando Moody’s degradó la deuda islandesa de estable a negativa. “Moody’s reconoció que Islandia todavía podría conseguir un mejor acuerdo en otras negociaciones venideras, pero dijo que la actual incertidumbre dañaba las perspectivas económicas y financieras a corto plazo del país”.
La lucha ha comenzado. Será una década harto interesante.
Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009). Actualmente es Economista en jefe del consejo de asesores de la Reform Task Force en Letonia.
Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench
--------------------------------------------------------
Una piñata que no es solo griega
Jorge Altamira
Argenpress
Por fin la prensa financiera internacional dejó de jugar con la rúbrica previsible de “la tragedia griega” y decidió llamar a las cosas por su nombre. La nueva etiqueta (“piñata griega”) la estampó el individuo menos pensado, precisamente porque conoce mucho de arrebatos y rapiñas: fue director consejero del fondo especulativo Long Term Capital Management, cuyos manejos casi derribaron al sistema financiero norteamericano en 1998 (Financial Times, 11.2.10). De manera similar, las finanzas griegas están siendo sometidas a un ataque especulativo furioso, que deberá desembocar en una cesación de pagos abierta o disimulada.
Es que lo fundamental de la crisis griega no consiste en sus déficits fiscales sino en la situación de bancarrota de sus acreedores –la banca internacional, que afecta en especial a la de Alemania, Francia y la propia Grecia. Ocurre algo parecido al derrumbe de la banca norteamericana que se expuso a los créditos hipotecarios, sólo que ahora las hipotecas están formadas por la deudas pública de los estados de la Unión Europea, que suman unos dos billones y medio de euros –o sea casi cuatro billones de dólares.
El desequilibrio de las cuentas griegas consiste, por sobre todo, en una creciente acumulación de facturas impagas a los proveedores y contratistas nacionales –algo que en Argentina es también un deporte nacional; el área afectada que los diarios señalan con mayor frecuencia, es el de la salud, que depende fuerte de servicios privatizados y de los pulpos farmacéuticos. Pero esta es un versión interesada, pues aún mayores son los gastos para represión y militares, toda vez que Grecia ha sido puesta al frente en la llamada ‘guerra global contra el terror’ y es también una base de operaciones hacia el Medio Oriente. El déficit de 40 mil millones de dólares (un 13% del PBI) significa que esos gastos duplican los ingresos fiscales corrientes. Como se puede ver, no hay ninguna posibilidad de que Grecia salga del atolladero mediante un ajuste fiscal, pues su magnitud hundiría a Grecia en una recesión sin precedentes.
De cualquier modo, el déficit fiscal no es tampoco lo más grave, pues más abultadas aún son las llamadas ‘necesidades de financiamiento’, unos 70 mil millones de dólares (20% del PBI) que corresponden a los vencimientos de capital de la deuda pública, de 400 mil millones de dólares, que se concentran en 2010. La cuenta de intereses, de 5.5 mil millones de dólares, equivale al 15% de los ingresos del fisco. Antes de abril próximo Grecia deberá cancelar 25 mil millones de dólares en concepto de amortización del capital de la deuda. Esto quiere decir que el Estado griego se ha endeudado con la banca internacional a plazos muy cortos. Este es el núcleo duro de la crisis, que transforma a la crisis fiscal en una crisis bancaria internacional. La mayor parte de esta deuda se encuentra en poder de la banca de Francia y de Alemania, que además tiene fuerte participación e incluso el control de los principales bancos de Grecia. Así como la crisis de las hipotecas cruzó el Atlántico debido a la compra de bonos garantizados por esas hipotecas por parte de bancos europeos (Société Genérale, Deutsche Bank, etc), ahora, dice The Economist, “los diez mayores bancos de Estados Unidos tienen una exposición total en deuda de Irlanda, Portugal, España y Grecia de 176.000 millones de dólares”. Más importante, incluso, como veremos enseguida, es que una porción significativa de ella se encuentra en el Tesoro del Banco Central Europea, que tomó esa deuda como garantía de los prestamos que otorgó a la banca que opera en ese continente.
Crisis fiscal del Estado y la crisis bancaria
Cuando la prensa habla del “rescate de Grecia”, está distorsionando los hechos, pues la quiebra de Grecia apenas disimula la de sus bancos acreedores. Ocurre que estos bancos no reúnen las condiciones para reestructurar los plazos de la deuda griega y disipar la amenaza inmediata sobre el euro y la Unión Europea, debido a que han financiado a Grecia con su propio endeudamiento a corto plazo en los mercados internacionales (¡lo que quieren hacer precisamente los K con el canje y el Fondo del Bicentenario!) y fundamentalmente ante el Banco Central Europeo, convertido en una suerte de especulador de última instancia, a igual título que los restantes Banco Centrales. El BCE tenía abierta, hasta diciembre pasado una ventanilla de créditos para los bancos, a cambio de bonos de los Estados (incluso de baja calificación crediticia), a una tasa de interés de ganga (alrededor del uno por ciento). En lugar de utilizar esta facilidad para reanudar el flujo del crédito a la producción, la banca internacional lo utilizó para especular en las Bolsas, con la deuda pública y con operaciones de corto plazo en los llamados mercados emergentes. De la ganga financiera se ha pasado a la crisis como consecuencia de la decisión del BCE de terminar con la subasta de créditos a los bancos y con el cese de la aceptación de títulos del Estado de baja calificación. Como ocurriera con el derrumbe financiero de 2007-8, la crisis fue desencadenada por la tentativa de poner un control sobre la especulación financiera que había sido alentada por esos mismos bancos centrales. Esta ganga financiera, con el pretexto de evitar la quiebra bancaria. En resumen, la situación fiscal ha entrado en crisis como consecuencia de la continua crisis bancaria o financiera, y no al revés.
La caracterización de la crisis queda más clara cuando se observa que el sistema financiero (bancos, fondos, compañías de seguro) tiene un ‘apalancamiento’ (proporción entre capital y fondos propios, por un lado, respecto a inversiones y créditos, por el otro) de 1 a 30 y hasta 60. Esto significa que los bancos compraron bonos con un múltiplo enorme de dinero ajeno, o sea sin respaldo. Se repite aquí el mecanismo que detonó la bancarrota de hace un año con los créditos hipotecarios y obligaciones de corporaciones, pero en esta oportunidad con un papel sin precedentes del Estado. El Estado reemplaza ahora a los deudores hipotecarios y corporativos de hace un año, pero reemplaza también a los proveedores de fondos de los bancos, mediante la emisión monetaria de sus bancos centrales. Dos puntas tiene el camino y en ambas aparece el Estado para que los bancos ejerzan una función de mediación parasitaria. En síntesis, la deuda de países como Grecia, España, Portugal o Irlanda (¡pero especialmente de Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña!) se encuentra en poder de los bancos centrales de ese conjunto de estados: la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y los Bancos de Inglaterra, de Japón…y de China!. Este es el resultado que han obtenido los que cantan las loas al remedio de la intervención estatal. Como quiera que ninguna de las deudas del pasado ha sido cancelada (hipotecarias, corporativas, créditos al consumo, etc.), el ‘plus’ de la deuda fiscal ha creado una situación financiera mundial varias veces más explosiva.
O sea que el nivel de ‘apalancamiento’ (¡desendeudamiento!) no cambió, a pesar de que ese era el objetivo declarado de los gobiernos para salir de la crisis. Pero si antes los bancos recaudaban fondos mediante la emisión secundaria y sucesiva de bonos, que se encontraban ‘respaldados’ por créditos originados en el comercio o la industria, ahora los fondos fueron provistos por los subsidios fiscales y, principalmente, mediante la emisión de moneda y garantías de los bancos centrales.
¡Para ‘apalancar’ a la nueva especulación financiera, los bancos centrales mismos tuvieron que ‘apalancarse’ – o sea ¡crear moneda de la nada! La Reserva Federal creó de la nada un pasivo de dos billones y medio de dólares, que prestó a los bancos. La situación es similar en casi todos los países de Europa, por eso es irrelevante que se pretenda ningunear la importancia de Grecia con el argumento de que representa solamente el 2.8% de la economía del euro. En todos los miembros de la eurozona y fuera de ella, el déficit fiscal ha crecido en forma exponencial, aún más que en Grecia, pues por ejemplo España entró a la crisis, en 2007, con superávit del 3% y cerró 2009 con un déficit del 9% del PBI; está previsto que su deuda pública arribe al 70% del PBI, en 2010, o sea que se acercaría al billón de dólares. Pero tampoco aquí la cuestión fiscal es la crucial (ingresos versus gastos). En el caso de España, los incumplimientos en el cobro de la cartera de créditos inmobiliarios se han triplicado, por un monto equivalente al 9% del PBI, o sea que los bancos no están en condiciones de seguir refinanciando la deuda pública del Reino de Juan Carlos, el cual también tiene vencimientos abultados a corto plazo. Los diletantes recuerdan que la vieja monarquía española cayó, en 1931, luego de una elección municipal, pero el elemento decisivo fue el golpe mortal que le propinó a la dictadura de Primo de Rivera y Alfonso XII la bancarrota del ‘30. Una situación más grave aún atraviesa otro Reino, el Unido de Gran Bretaña, cuyo déficit fiscal, del 15.1% del PBI, y sus necesidades de financiamiento, de cerca del 25% de ese mismo PBI, solamente parecen aliviadas por la circunstancia de que Inglaterra puede emitir libras y permitir, hasta cierto punto, su desvalorización. Pero lo que los ingleses no podrán lograr de ningún modo es compatibilizar la emisión de libras y la devaluación con la conservación de la relevancia financiera de la City de Londres, cuyas transacciones representan el 25% del total de su PBI.

Repitamos: la causa subyacente de la crisis no fue, en absoluto, la revelación de que las cuentas públicas griegas estaban dibujadas (contabilidad creativa) y que el déficit fiscal era mayor al anunciado. Los servicios de inteligencia de los Estados y de los bancos no pueden ser engañados sobre este punto. Cuando una empresa semi-estatal de Dubai declaró, hace poco, el default parcial de su deuda, también soberana, había quedado en claro que la causa no era la falta de recursos públicos (Dubai es un emirato petrolero), sino una incapacidad de los bancos para reestructurarla. Lo caracterizamos como ‘un síntoma, no un caso aislado’. Dejó al desnudo la prosecución y profundización de la crisis financiera que estalló en julio de 2007 con el colapso de Bear & Sterns, y que explotó, en septiembre de 2008 con la quiebra de la banca de inversión Lehmann Brothers y el rescate del pulpo de los seguros AIG.
Los bancos centrales inyectaron sumas varias veces billonarias (millones de millones), por diversas vías, para evitar la quiebra generalizada de los bancos. Con este rescate se pretendió también una nacionalización integral (‘provisoria’) del sistema financiero. Así se financió la absorción de Bear Stearns, Merril Lynch, Wachovia, etc., por otros bancos, y la sobrevivencia del Citi o de Goldman Sachs y Bank of America. Las principales medidas que se utilizaron fueron las compras de los activos devaluados e invendibles de los bancos a precios de libros o a un precio artificial basado en ‘modelos matemáticos’; la compra masiva de títulos públicos y de hipotecas o de títulos garantizados por hipotecas de propiedades desvalorizadas; el otorgamiento de garantías a los bancos; la reducción a casi cero de las tasas de interés de los préstamos de los bancos centrales a los bancos privados – y hasta operaciones declaradamente fraudulentas como el resarcimiento integral de los créditos de los bancos como el Deutsche y Goldman Sachs afectados por la quiebra oficial de la aseguradora AIG.
La nacionalización frustrada y sus consecuencias
Esta emisión gigantesca de dinero dio lugar a un fenómeno conocido como ‘carry trade’, que tiene lugar cuando los bancos obtienen dinero a tasas bajas en determinada plazas financieras para prestar o invertir a tasas o rendimientos muy superiores en otras. El ‘carry trade’ es siempre una operación de corto plazo, para prevenir cualquier reversión de la situación. Se estima que solamente el ‘carry trade’ en circulación, originado en los dólares que la Reserva Federal prestó a tasa casi cero a los bancos de Wall Street y el originado en yenes japoneses a tasas similares es, actualmente, de cuatro billones de dólares. Si este dinero se retirara de, por ejemplo, Brasil, otros países de Latinoamérica, o del sudeste asiático o India, simplemente podría provocar un cataclismo. Esos países, por ironía, son reputados sólidos precisamente ¡por haber sido receptores de un dinero tan volátil!
Esta reversión ya está ocurriendo. Pero el ‘carry trade’ no se limita a operaciones entre monedas diferentes: la financiación a tasa casi cero de los bancos europeos, por parte del BCE, para especular con deuda pública es una manifestación de ese mismo proceso. O sea que las sumas involucradas en estos negocios especulativos, en medio de una formidable crisis industrial, son sencillamente enormes. Es claro ahora el desenlace que tuvo, a fines de 2008, el debate sobre la ‘nacionalización temporaria’ de los bancos, como pregonaban algunos economistas en boga; la alternativa a esa nacionalización ha sido la financiación de un nuevo ciclo de especulación, dentro de la crisis, y la reanudación de las bancarrotas, pero ahora comprometiendo la solvencia de los Estados que deberían oficiar como rescatistas de última instancia del capitalismo. La nacionalización generalizada temporaria había sido presentada como un medio para recomponer el crédito, con métodos dirigistas, hacia inversiones promovidas por el propio Estado. Las nacionalizaciones, sin embargo se hubieran debido generalizar entre los países para evitar un dislocamiento financiero internacional y para coordinar la reactivación. Lo que en abstracto hubiera sido una salida capitalista a la crisis, en concreto habría debido vencer la resistencia de los capitales individuales y de los intereses contrapuestos de los diferentes Estados imperialistas. El plan de rescate que salió en definitiva fue impuesto directamente por Wall Street para su propio salvataje contra las propuestas nacionalizadoras de los economistas académicos.
Los derivados financieros
La crisis europea, más que griega, también ha vuelto a poner en circulación un proceso que caracterizó al desenlace de la crisis a partir de septiembre de 2008. Nos referimos a una operación especulativa de grandes proporciones, que apuesta a la cesación de pagos de los países en crisis, en primer lugar la propia Grecia.
Han explotado los contratos de seguros contra un default (CDS en la jerga financiera). Ocurre que estos contratos no los compran, ni sólo ni principalmente, aquellos que quieren proteger sus inversiones colocadas en bonos o títulos de los países cuestionados, sino que lo hacen los especuladores en general para obtener un beneficio (cobrar el seguro) de la caída del Estado en cuestión. Fue lo que ocurrió con Lehmann Brothers y AIG, y antes con otros bancos: una onda de capitalistas muy bien forrados que apuestan a la quiebra del capitalismo, para resarcirse ellos de la quiebra capitalista (a esto se refiere la ‘piñata’). El encarecimiento de este seguro como consecuencia de la especulación, tiene como resultado una caída del valor de la deuda pública que se asegura, y esta caída de la cotización de la deuda pública encarece su refinanciación y la imposibilita, y apresura su derrumbe. Los especuladores a la baja de la deuda descuentan que la incapacidad de los aseguradores para pagar los seguros será cubierta por el estado, como ocurrió cuando quebró la norteamericana AIG. Pero son numerosos los casos en los que los especuladores solamente pudieron cobrar un 20% del seguro -¡y aun así ganaron plata! Es que los especuladores operan con dinero al margen – ponen un monto mínimo para adquirir los bonos contra default.
Los bancos que han vendido estos contratos de seguros de la deuda griega son fundamentalmente los bancos griegos, que sin embargo no tendrían ninguna posibilidad de pagar esos seguros en caso de default. Se trata obviamente de que apuestan en sentido inverso: de que el default no se produzca por la intervención de la Unión Europea, en cuyo caso esos bancos podrían quedarse con las jugosísimas primas que cobran por esos seguros. Pero en la medida en que el ‘riesgo soberano’ se expande a todos los países, también crece, por parte de los bancos, la demanda de seguros contra default y las primas que hay que pagar por ellos. “La demanda está sobrepasando la oferta”, advierte el Financial Times (11.2), que también añade: “Un incremento en el costo del seguro de la deuda de Estados Unidos o el Reino Unido produciría sacudidas que obligarían a los bancos a poner coto a estas operaciones”. Pero, en este caso, se cerrarían los mercados financieros y la financiación de la deuda pública, y quedaría replanteado el tema de la nacionalización.
La especulación capitalista contra el capitalismo pone de manifiesto la tendencia fundamental de toda crisis capitalista a la imposibilidad de una salida sin una quiebra más o menos masiva de capitalistas, con la consiguiente destrucción de riqueza social y fuerzas productivas, y el aumento del desempleo y de la pauperización. La tendencia objetiva al derrumbe se manifiesta como una competencia entre capitales, y toma el vigor de una ley de hierro. Contra ella chocan los rescates estatales y el mito del poder juratorio del intervencionismo. El keynesianismo no tiene recetas para esta ocasión: solamente ‘funciona’ en fases expansivas, no en fases contractivas, ya que el capitalismo en descomposición no garantiza el pleno uso de recursos y el pleno empleo ni siquiera en la fase ascendente de los ciclos. Fue inútil frente a la crisis del 30, pero sirvió como un arma de contención del proletariado insurgente luego de la última guerra mundial,
A este nivel de la crisis resuena como un latigazo la advertencia de Lenin: las disputas capitalistas se resuelven por medio de la fuerza, no como creen algunos por el mecanismo del mercado –que no es otra cosa que la pantalla que oculta una lucha anárquica que se desarrolla a espaldas de los pizarrones electrónicos de los Mercados de Valores. Por primera vez, en este cuadro de ataque especulativo contra España, Grecia e incluso Gran Bretaña, han aparecido las operaciones que apuestan a la desvalorización del propio euro, con la expectativa de que las operaciones de rescate ni siquiera salgan de las carpetas. En esta timba financiera mundial, se produce el sugestivo caso de que la prensa inglesa está apoyando el no pago de la deuda por parte de Islandia, que solamente puede interpretarse como una operación para desvalorizar la libra esterlina y beneficiar a los que han apostado en esa dirección con contratos de ventas futuras de libras.
En el desarrollo de la crisis griega ocurrió un incidente altamente ilustrativo del impasse general desatado por la crisis. El banco de inversión Goldman Sachs armó un paquete de compra de la deuda pública de Grecia por parte de China (que podía llegar a los 25 mil millones de dólares). Grecia fue presionada, sin embargo, a rechazar esta ‘ayuda’, porque China reclamaba, a cambio, la posibilidad de convertirse en accionista de referencia de un banco griego y de partes de la industria naviera. La burguesía griega se inclinó a defender sus propios ‘intereses nacionales’ aún a riesgo de provocar una hecatombe fiscal, financiera y social. El rechazo a la oferta de China se suma al antecedente no tan lejano de la prohibición para que China pudiera comprar una petrolera en Estados Unidos y otras inversiones de relevancia industrial en Estados Unidos; recientemente, España vetó la posibilidad de que un fondo soberano de China adquiriera YPF a Repsol. Se trata de manifestaciones altamente ilustrativas de las contradicciones internacionales y del impasse en que se encuentra la crisis mundial. En primer lugar, sirve para demostrar que no es suficiente tener reservas internacionales para tener capital, pues las primeras no pasan de un capital-dinero que se limita a cobrar intereses. China podrá tener dos billones y medio de reservas en divisas, pero no por ello tiene capital, pues para ello esas reservas deben ser capaces de apropiarse de fuerza de trabajo y crear plusvalía, no solamente cobrar un interés. En segundo lugar, queda claro que la capacidad cancelatoria de los dólares tiene límites severos; sirve para adquirir mercancías norteamericanas, o sea mercancías que compiten con las de China, pero no para adquirir capitales, o incluso realizar inversiones de capital, que tendrían que competir en el saturado mercado norteamericano. No ocurre, en cambio, lo mismo, con los capitales occidentales en China, donde no cesan de ingresar a capitales chinos, adquirirlos o iniciar inversiones. Esta limitación al poder cancelatorio del dólar, cuando el mercado mundial se encuentra sobre saturado de reservas en dólares, equivale a una declaración de default parcial por parte de Estados Unidos, y pone de manifiesto la tendencia a la desvalorización del dólar. China solamente puede realizar inversiones industriales en naciones periféricas o como socio minoritario, sin poder de decisión; de nuevo, solamente como cobrador de intereses o de dividendos. En Estados Unidos, las inversiones chinas en sectores privados no pasarían de los nueve mil millones de dólares – siempre participaciones minoritarias de capital. La condición del dólar como supuesto dinero universal está cuestionada, toda vez que hay un veto total para la adquisición de capitales contra el país que tiene las mayores reservas en dólares del planeta.
Un episodio
En definitiva, a fuerza de rumiar en torno a la crisis europea, se corre el riesgo de perder la visión del cuadro en su conjunto. La prensa internacional da la impresión de haber olvidado que la ronda actual de caída de las Bolsas y de las deudas públicas que han puesto en crisis al euro y a la Unión Europea, comenzó el año pasado desde bastante lejos de Europa, cuando China puso límites al monto de créditos de su sistema bancario para frenar la especulación bursátil e inmobiliaria desatada por sus medidas de rescate financiero y fiscal. Hace 48 horas, el Banco Central de China reforzó estas medidas.
También en China las operaciones oficiales de rescate iniciaron una nueva onda especulativa, o sea que no resolvieron ninguna de las cuestiones estructurales de la crisis. Además de reiniciar una nueva onda fuerte de especulación en la Bolsa y en el mercado inmobiliario, el dinero del rescate fue destinado a acrecentar una capacidad productiva industrial que ya es excedente en el mercado mundial. El abaratamiento de la inversión por parte del dinero del Estado ha acentuado la tendencia a la sobreproducción, y a la caída de los precios y de la ganancia, y por consecuencia a la desvalorización de los capitales en cuestión. Como el Estado chino es un vendedor neto de suelo urbano (algo que no ocurre fuera de los países en restauración capitalista o en naciones atrasadas con elevada propiedad fiscal), la especulación inmobiliaria ha servido también para apresurar la concentración de la propiedad y la carestía urbana.
Esta ‘burbuja’ financiera e industrial es la contrapartida de las enormes reservas en dólares que ha acumulado China. No solamente ingresa capital del exterior sino que China ha debido emitir una enorme deuda interna con los bancos para absorber el dinero local creado por la entrada de dólares. No hay evidencia más clara de atascamiento en la circulación del capital que la acumulación desorbitada de reservas extranjeras. China se encuentra más cerca del epicentro de la crisis actual que Grecia. No es casual que tendencia a la baja en las Bolsas, en 2010, haya comenzado con el anuncio de las medidas de restricción del crédito por parte de China. Cuando se observa el desarrollo que ha tenido la crisis mundial a partir de los rescates implementados por los Estados capitalistas y, en especial, sus bancos centrales, resulta más claro que nunca que el Estado no reúne ni puede reunir las condiciones financieras para salvar al capitalismo, pues el capital es la base del Estado, no éste el fundamento del capital.
El estado es el bastión del capital como órgano de dominación y represión. Con esta capacidad, no en virtud de una capacidad financiera, puede imponer a las clases explotadas todos los sacrificios necesarios para restablecer la acumulación capitalista y todos los reordenamientos sociales y políticos necesarios para ellos. El supuesto remedio representado por la llamada intervención del estado es una fantasía de centroizquierdistas a la caza de recetas que preserven el capital. De la bancarrota actual no se puede salir con el aumento de la demanda agregada, pues ella entrañaría más gasto y déficit fiscales. De manera inversa, el corte a los gastos sociales y a los salarios acentuará la recesión y la crisis fiscal. Al final del camino el resultado es el mismo: el capital necesita destrucción de recursos y mayor vulnerabilidad de la fuerza de trabajo para salir de la crisis mediante una nueva concentración de capitales a nivel internacional.
Una palmada en la espalda
Lo que se acaba de decir se ve claramente en el manejo de la crisis de Grecia y de España por parte de la Unión Europea. A pesar de que están advertidos del incremento de la tendencia al default de ambos países y de los enormes vencimientos que tiene Grecia en abril próximo, los gobiernos de la UE han decidido limitarse a dar una declaración de respaldo. La razón es meridiana: antes de anunciar un rescate quieren que los gobiernos respectivos impongan los planes de ajustes a sus explotados, en particular el aumento de la edad de retiro y las privatizaciones (También están ejerciendo una presión para que Grecia, España y Portugal vendan sus reservas de oro). Estas exigencias tienen que ver con un planteo más general, que se manifiesta en la coincidencia que existe en las cúpulas de los Estados y en los capitalistas de que la quiebra de los sistemas de salud y de jubilación es sólo una cuestión de tiempo, ¡no tienen salida ni siquiera privatizándolos, pues la crisis financiera ha llevado a la quiebra, en primer lugar, a los fondos de jubilación privada! La pelea por la reforma de la salud en Estados Unidos demuestra que lo mismo vale para la protección sanitaria. La Unión Europea está tanteando la vía de la confrontación, con la expectativa de imponer sus planes contra las masas en los marcos democráticos. Fue lo que intentó el gobierno de De la Rua a principios de 2001, bajo el ministerio de López Murphy. Es lo que ha hecho la UE en los países bálticos, Ucrania y Hungría, donde ha impuesto planes draconianos – la producción industrial de Letonia ha caído un 38% en el último trimestre. Si el ajuste no tiene la profundidad que le reclaman los estados capitalistas, Grecia irá a la cesación de pagos, para reestructurar su deuda en nuevas condiciones. Los gobiernos de Francia y Alemania no irán al rescate de Grecia sino de sus propios bancos, que cuentan con la garantía de sus respectivos bancos centrales. Lo cierto es que Grecia no puede evitar la cesación de pagos; la única duda es la forma que tendrá el default, por ejemplo si se hará dentro o fuera de los marcos de la Unión Europea. Alemania y Francia deben cuidar su corral, antes de pensar en socorros. Previmos al comienzo de la crisis, en julio de 2007, que su primera victima sería la UE. Añadamos simplemente que, dada la presencia de la banca griega en los Balcanes, los países de la ex Yugoslavia habrán de saborear primero el tornado de la crisis, si es que alguna vez verán los frutos de la integración.
Estados Unidos empantanado
Incuestionablemente, el corazón de la crisis continúa estando en los Estados Unidos, donde el crédito está parado, el valor de la propiedad inmobiliaria sigue cayendo y los desalojos, aumentando. La mentada reactivación industrial se basa en una recomposición limitada de inventarios –no en un viraje de la inversión o el consumo. El Wall Street Journal habla incluso de una desarticulación de la cadena industrial como resultado de la desaparición de tercerizadas, subcontratistas o redes de ventas, que el columnista de Clarín, Jorge Castro, disimula con referencias a cambios en los patrones tecnológicos. La situación de las dos enormes agencias de crédito hipotecario (Fanie Mae y Freddie Mac) es de completa bancarrota: pérdidas de 200 mil millones de dólares y activos inflados por cuatro billones de dólares!. De este modo, el presupuesto federal, con un déficit previsto 1.8 billones de dólares, es lo más parecido a un dibujo, porque no incluye a estas agencias hipotecarias. A esto hay que sumar la bancarrota de ocho estados, incluida California, que la prensa internacional ha asimilado a los estados europeos que encabezan el ranking de la crisis. La desocupación oficial en las grandes ciudades de California es del 27% de la población activa. “Yes, we can”.
El viraje a la baja en la Bolsa de Nueva York, que comenzó con las restricciones de crédito en China, se volvió a convulsionar con los avatares griegos, lo cual demuestra la correa de transmisión que liga al sistema bancario y las deudas públicas a través del financiamiento espurio de los bancos centrales.
El desarme de las operaciones de ‘carry trade’, con el consiguiente reflujo del dinero hacia el dólar y el yen, ha desatado una corriente de devaluaciones monetarias, en la que el euro ha sido especialmente afectado. Pero en la fila también se encuentra Brasil; una devaluación significativa del real brasileño obligaría a los K pedir el Fondo del Bicentenario al FMI. La devaluación del euro ya ha precipitado una corriente especulativa que apuesta a la baja; si esta tendencia se confirmara se asistiría a una revalorización del dólar y del yuan chino, que reforzaría las presiones a una guerra comercial, pero, por sobre todo, se vería una desvalorización de las carteras bancarias de Europa y la posibilidad de una huída del euro y de una crisis monetaria internacional – el punto más alto de cualquier crisis.
Muchos interpretan que la evolución negativa del euro y la irrelevancia internacional del yen como moneda de reserva demuestran la fuerza inquebrantable del dólar y de los Estados Unidos, refugio último del capital mundial. Se trata, sin embargo, de una interpretación simplista: lo último que necesita Estados Unidos es que la demanda mundial de dólares caiga, que retornen los dólares en circulación en el exterior y que este reflujo de capitales provoque una nueva onda especulativa interna. En realidad, un derrumbe de las monedas rivales del dólar sería una premisa para el derrumbe del dólar, afectado por la enorme emisión provocada por las operaciones de rescate. Esto es lo que explica la demanda de oro con fines de acumulación monetaria – incluso después de una venta de una porción de reservas de oro por parte del FMI. .
Una parada intermedia, todavía
Como puede apreciarse, la bancarrota capitalista se encuentra en pleno desarrollo. Como corresponde a la naturaleza del capitalismo, su curva es zigzagueante y se entrelaza con crisis políticas y luchas sociales cada vez más agresivas. Todas las clases sociales sufrirán las consecuencias de este desarrollo y se verán obligadas a adaptar sus conductas a las nuevas circunstancias. No es casual que en Italia haya numerosas ocupaciones de fábrica y que se produzcan grandes huelga generales, como ha ocurrido en Turquía y comienza a ocurrir en Grecia o que, en Estados Unidos, haya surgido “el partido del té”, una ‘reunión social’ de tendencias fascistas, mientras las crisis políticas avanzan país por país.
El punto más importante es, sin embargo, la desintegración de su tendencia histórica de fondo, que es el desarrollo del capital ficticio. El capital ficticio no es el capital mismo sino su representación o forma derivada de él, bajo la forma de acciones, títulos de deuda pública y privada. En las últimas décadas, este desarrollo se completó con segundas y terceras formas de derivados, que permiten intercambiar entre si todas las formas de ese capital ficticio. El capital ficticio permite que el capital se pueda transar con mayor facilidad, y que con ello aumente la rapidez de su circulación, que es uno de los factores fundamentales del aumento de sus beneficios. Obviamente, la forma desarrollada del capital ficticio es la forma última del capital, cuando éste ha perdido su forma concreta y su forma de propiedad individualizada, y cuando el capitalista se ha transformado en un parásito absoluto, que prospera por medio de la transacción de papeles. Este capital ficticio, sin embargo, creó la ilusión de que el capital se había despojado de todas las trabas para su desarrollo, pues podía recrearse a si mismo y crear los mercados para esa reproducción, incluso que se independizaba de la creación de plusvalía, única vía en el capitalismo de creación de valor. La manifestación más contradictoria de este capital ficticio fue el desarrollo del crédito hipotecario y al consumo para compensar la tendencia a la caída de los ingresos personales de los usuarios. La expresión más abstracta de este desarrollo es la circulación de un dinero que no tiene valor propio, y que da toda la impresión de que es una creación ‘científica’, o sea caprichosa, de las autoridades de los bancos centrales. El mercado de ‘derivados’, la burbuja financiera de las últimas dos décadas, ha sido la manifestación de la dominación del capital ficticio.
Para algunos, la crisis actual no marca el ‘pinchazo’ del capital ficticio y, por lo tanto, una depresión histórica de la reproducción capitalista, sino, al revés, la crisis despejará el terreno para una expansión mayor aún del capital en su forma más abstracta. Si se considera el antecedente de la crisis del 30, esta expectativa es ilusoria, pues el capital recuperó la tendencia a su forma más abstracta de constitución social, solamente al cabo de 60 años, luego de una guerra mundial sin precedentes y revoluciones sociales colosales, y finalmente como consecuencia de una reversión extraordinaria de las conquistas sociales y estatales ganadas por la clase obrera mundial.
Ahora, como lo hace notar una columnista del Financial Times, ese mercado está totalmente paralizado: los bancos no consiguen dinero a cambio de la colocación de los títulos de deuda que tienen en su poder. Los bancos centrales están cumpliendo esta función, con las consecuencias descriptas en este artículo. Asimismo, el oro, relegado a la condición de otra materia prima industrial más, levanta cabeza, como unidad de medida y reserva de valor. Medido en onzas de oro, el valor del capital que se cotiza en las Bolsas es mucho menor de lo que parece en dólares. Los llamados activos tóxicos no encuentran valor de mercado, y el valor que se pretende atribuirles, según modelos matemáticos, no es aceptado por casi nadie. En una palabra, el capital creyó que había superado a la ley del valor y que la economía podía funcionar en base a precios sin relación con el tiempo de trabajo social necesario para la producción de las mercancías correspondientes y sin relación con la capacidad de consumo final de las personas, y que podía crear su propio dinero subjetivo sin necesidad de materializarlo, objetivamente, en un producto social particular.
La crisis consiste en el estallido de estas contradicciones. Como lo explicó Marx: “…el crédito acelera la violenta erupción de esta contradicción –la crisis– y por este medio los elementos de desintegración del viejo modo de producción. Las dos características inmanentes en el sistema de crédito son, por un lado desarrollar el incentivo de la producción capitalista, el enriquecimiento a través de la explotación del trabajo de otros, hacia la forma más pura y colosal de apuesta y estafa, y reducir cada vez más el número de los pocos que explotan la riqueza social; por el otro lado, constituir las formas de transición hacia un nuevo modo de producción”.
En este cuadro histórico concreto, las etapas decisivas de la crisis aun están por delante. De un lado, como lo demuestran las políticas que se han impuesto o buscan imponerse en Grecia, España, Ucrania, Islandia, Irlanda, el Báltico y Portugal, el capital tendrá que enfrentar la resistencia de los trabajadores que habían asumido importantes conquistas sociales como derechos adquiridos. Se encuentra en desarrollo una colosal confrontación social. Pero más allá de este aspecto ineludible, el capital está forzado a buscar una salida en la colonización de los mercados que recientemente fueron recuperados para la circulación capitalista mundial. Hasta ahora, China y Rusia (pero especialmente China) fueron factores propulsores poderosos para el capital y la clave de la bóveda del gigantesco desarrollo de capital ficticio de las últimas décadas. Pero, al mismo tiempo, han intervenido como competidores en el mercado mundial y han acelerado la tendencia a la sobreproducción. De factores de reversión de la caída de la tasa de beneficio mundial, se han transformado en impulsores de una nueva curva descendente. La disputa entre Estados Unidos y China para que ésta abra más su mercado para los capitales internacionales y para que revalorice su moneda, el yuan, son el toque de clarín para proceder a una colonización integral, que ponga a disposición del capital los mil millones de trabajadores que aún se encuentran confinados en la pequeña producción agraria o en las empresas del Estado. Pero ni Rusia ni China son los estados previos a sus respectivas revoluciones. En el caso de China, por ejemplo, es la primera vez en quinientos años que enfrenta una crisis mundial con un estado unificado. El imperialismo no puede avanzar, como a principios del siglo pasado o en los años 30, por medio de la creación de regiones libres; más aún, China podría integrar con Corea y Japón un área económica rival de los Estados Unidos. China es una sociedad capitalista sui géneris, en transición, es mucho más que simplista reducir su caracterización a una categoría ultra general. Un razonamiento diferente, pero metodológicamente similar, se puede aplicar a Rusia, que tiene una de las reservas tecnológicas más importantes. La dialéctica de la desintegración de la forma última del capital incluye una nueva confrontación política internacional, con claros alcances revolucionarios, pues pondrá a prueba si la restauración capitalista en los ex estados llamados socialistas ha sido una salida de largo plazo para el capital, o el punto de partida de nuevas revoluciones sociales. Asimismo, Estados Unidos entra a esta gran crisis mundial con un agotamiento de los recursos que acumuló en su más o menos prolongado período de primacía. La lucha de clases en los Estados Unidos será uno de los centros políticos relevantes, si no el mayor, en la presente crisis mundial.
http://www.argenpress.info/2010/02/una-pinata-que-no-es-solo-griega.html

Últimos Comentarios
- Formación del espíritu capitalista en las escuelas. 2 comentarios comentarios lois Florcita
- El Programa Masar y la " oposición siria". 3 comentarios comentarios loisdmuras Anónimo loisdmuras
- Europa/ España.- Deconstituyentes y consenso . 4 comentarios comentarios loisdmuras lois Cordura dezabaleta
- Ecuador y la revolución ciudadana. 5 comentarios comentarios lois Grace Quelal loisdmuras Florcita Florcita
- Ley orgánica de empeoramiento de la desigualdad educativa . 6 comentarios comentarios loisdmuras loisdmuras lois lois Rosita Remedios
Tags
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Secciones
Archivos
- Mayo 2013
- Abril 2013
- Marzo 2013
- Febrero 2013
- Enero 2013
- Diciembre 2012
- Noviembre 2012
- Octubre 2012
- Septiembre 2012
- Agosto 2012
- Julio 2012
- Junio 2012
- Mayo 2012
- Abril 2012
- Marzo 2012
- Febrero 2012
- Enero 2012
- Diciembre 2011
- Noviembre 2011
- Octubre 2011
- Septiembre 2011
- Agosto 2011
- Julio 2011
- Junio 2011
- Mayo 2011
- Abril 2011
- Marzo 2011
- Febrero 2011
- Enero 2011
- Diciembre 2010
- Noviembre 2010
- Octubre 2010
- Septiembre 2010
- Agosto 2010
- Julio 2010
- Junio 2010
- Mayo 2010
- Abril 2010
- Marzo 2010
- Febrero 2010
- Enero 2010
- Diciembre 2009
- Noviembre 2009
- Octubre 2009
- Septiembre 2009
- Agosto 2009
- Julio 2009
- Junio 2009
- Mayo 2009
- Abril 2009
- Marzo 2009
- Febrero 2009
- Enero 2009
- Diciembre 2008
- Noviembre 2008
- Octubre 2008
- Septiembre 2008
- Agosto 2008
- Julio 2008
- Junio 2008
- Mayo 2008
- Abril 2008
- Marzo 2008
- Febrero 2008
- Enero 2008
- Diciembre 2007
- Noviembre 2007
- Octubre 2007
- Septiembre 2007










