13 Ene 2012
Hay algo que escuché hace unas pocas semanas, justo antes de navidad, un profesor nos dijo que tenía una teoría según la cual, la capacidad máxima de concentración dura exactamente diez semanas, a partir de ahí si no se descansa empieza a decaer considerablemente. Pues bien, mis diez semanas se cumplieron justo cuando nos soltó el comentario…y he seguido…una semana más…dos…tres…
Llega el día de hoy, no sé por qué razón me paso feliz mañana y tarde, aunque bien es verdad que tengo más motivos para estar preocupada que otra cosa, y al dar las nueve de la noche mi mente se derrumba por completo, como cuando explotan los cimientos y se hunde el edificio entero. Me doy cuenta que no puedo más, mi reserva de energía y concentración se ha agotado, me encuentro con que aún me queda una semana más por delante que no sé cómo afrontar, que no estoy perdida, es sólo que no encuentro motivaciones. Y me dan ganas de terminar de dejarme caer, cortar las pocas cuerdas que aún me sujetan para conseguir alcanzar el suelo…posarme…da igual todo lo roto que puedan estar los pedazos cuando llegue al suelo, pero simplemente posarme en él y descansar.
31 Dic 2011
Balance del 2011
Si he de ser sincera, no recuerdo gran cosa de la primera mitad del año, así que supongo que no tendrá mucho misterio, que simplemente estaba normal. La segunda mitad...eso ya es otra historia, mucho más amplia.
Quizá alguno sepa ya que más o menos a principio de esa mitad, de repente abrí los ojos y no había nada, ni nadie. Bien sea por mi faceta antisocial o por culpa del abuelo de Darwin, el caso es que ía tras día me encontraba en el mismo lugar, en la misma vida vacía, congelada de soledad.
Entre tanto, por ahí en algún lugar lejano y borroso que no estaba segura que tuviese que ver conmigo, pero donde al parecer también se escribe mi historia, conocí a una personita bastante parecida a mí en muchos aspectos que conseguía alegrarme las tardes que venía un poco demasiado mal. Pero si en algún momento de esos llegué a pensar que no me podía ir peor, la cosa es que sí, sí podía, y en algo que algunos llamarán valentía, otros estupidez y otros simplemente no entenderán, me vi a mí misma teniendo que despedir de mi vida a alguien demasiado importante, pero tuve que hacerlo por mi bien.
Y en algún anónimo y silencioso segundo ocurrió el cambio. Ocurrió que dejó de ser tan desagradable la soledad absoluta, ocurrió que empecé a sentirme independiente, que realmente no necesitaba a nadie para seguir adelante, ocurrió que algo en mí se hizo grande mientras que el resto del mundo permanecía exactamente igual.
Así que supongo que así termina el año: nada es diferente, salvo los ojos con los que miro todo.
Quizá alguno sepa ya que más o menos a principio de esa mitad, de repente abrí los ojos y no había nada, ni nadie. Bien sea por mi faceta antisocial o por culpa del abuelo de Darwin, el caso es que ía tras día me encontraba en el mismo lugar, en la misma vida vacía, congelada de soledad.
Entre tanto, por ahí en algún lugar lejano y borroso que no estaba segura que tuviese que ver conmigo, pero donde al parecer también se escribe mi historia, conocí a una personita bastante parecida a mí en muchos aspectos que conseguía alegrarme las tardes que venía un poco demasiado mal. Pero si en algún momento de esos llegué a pensar que no me podía ir peor, la cosa es que sí, sí podía, y en algo que algunos llamarán valentía, otros estupidez y otros simplemente no entenderán, me vi a mí misma teniendo que despedir de mi vida a alguien demasiado importante, pero tuve que hacerlo por mi bien.
Y en algún anónimo y silencioso segundo ocurrió el cambio. Ocurrió que dejó de ser tan desagradable la soledad absoluta, ocurrió que empecé a sentirme independiente, que realmente no necesitaba a nadie para seguir adelante, ocurrió que algo en mí se hizo grande mientras que el resto del mundo permanecía exactamente igual.
Así que supongo que así termina el año: nada es diferente, salvo los ojos con los que miro todo.
Quizá alguno sepa ya que más o menos a principio de esa mitad, de repente abrí los ojos y no había nada, ni nadie. Bien sea por mi faceta antisocial o por culpa del abuelo de Darwin, el caso es que ía tras día me encontraba en el mismo lugar, en la misma vida vacía, congelada de soledad.
Entre tanto, por ahí en algún lugar lejano y borroso que no estaba segura que tuviese que ver conmigo, pero donde al parecer también se escribe mi historia, conocí a una personita bastante parecida a mí en muchos aspectos que conseguía alegrarme las tardes que venía un poco demasiado mal. Pero si en algún momento de esos llegué a pensar que no me podía ir peor, la cosa es que sí, sí podía, y en algo que algunos llamarán valentía, otros estupidez y otros simplemente no entenderán, me vi a mí misma teniendo que despedir de mi vida a alguien demasiado importante, pero tuve que hacerlo por mi bien.
Y en algún anónimo y silencioso segundo ocurrió el cambio. Ocurrió que dejó de ser tan desagradable la soledad absoluta, ocurrió que empecé a sentirme independiente, que realmente no necesitaba a nadie para seguir adelante, ocurrió que algo en mí se hizo grande mientras que el resto del mundo permanecía exactamente igual.
Así que supongo que así termina el año: nada es diferente, salvo los ojos con los que miro todo.
25 Dic 2011
Have yourself a merry little Christmas
A apenas cinco minutos largos de que termine oficialmente el día de navidad, no voy a dedicar una entrada a hablar mal de estas fechas. Supongo que cada cual sabe lo que significa la navidad para ellos, lo que sienten o dejan de sentir estos días y demás. No, estos cinco minutos no van a ir de nada de eso, si no de música. Quiero presentaros la que ha sido mi canción favorita de navidad desde que me tropecé con ella hace años, aún hoy me traslada a mundos que apenas podría encontrar términos con los que describirlos. Así que, para todo aquel que quiera soñar, Have yourself a merry little Christmas en las dos versiones más mágicas que conozco:
08 Dic 2011
En una playa calma
En ninguno de mis locos pensamientos de los últimos meses llegó a pasarse por mi mente la posibilidad de terminar una noche de otoño observando la playa. Pero allí estaba, haciéndose oír con sus olas, invitando a cualquiera a perderse en su cálida oscuridad, llevándose mi estresante vida lejos de mí. Y en algún lugar entre la borrosa grieta que separaba el cielo del mar, dejó de existir el tiempo, dejó de importar el frío gris del mundo, los exámenes, los trabajos, el estrés…todo lo engulló aquel horizonte hasta no dejar nada. Como agradecimiento yo sellé su brecha con parte de mi mente que permanecerá allí, centinela de una puerta oscura, recordándome que la calma tiene olor a sal.
30 Nov 2011
Limpieza por aburrimiento
Llevo unas semanas inmersa en trabajos, exámenes, más trabajos, más exámenes, laboratorio, trabajos, trabajos, trabajos…. El caso es que ya me ha pasado unas tres veces en este tiempo, que cuando me aburro de estar preparando estas cosas, me pongo a mirar la agenda del móvil o mensajes, correos, cosas así. Y pienso. Y me acabo encontrando a mí misma leyendo nombres que no sé por qué siguen ahí o mensajes y mails tan caducados que me extraña que aún no le haya entrado una diarrea a mi cuenta de correo electrónico.
Hasta hace nada, cada vez que leía tantas cosas antiguas de gente distinta, tenía esa sensación en la que piensas con cariño “jo, cómo ha llovido desde entonces” y te pones a rememorar todas las anécdotas relacionadas con aquella época. Pero estas últimas veces no, era más bien una sensación extraña, tirando a desagradable, en la que no entendía si quiera que hacía todo aquello aún ahí.
Lo he borrado. Todo y a todos los que no era estrictamente necesario que estuviesen ahí.
¿Lo curioso? Que no me ha costado nada, que no tengo ningún remordimiento. Que siento que mi mochila pesa menos ahora.
Y es raro, es muy raro porque soy una persona con demasiada “memoria emocional” que lo llamo yo. Me acuerdo de mil detalles insignificantes de todas esas personas, por lo general soy demasiado nostálgica como para querer olvidarlo todo. Son recuerdos que no me sirven de nada, que no me producen emoción alguna, pero suele haber un no sé qué que me dice que no los tire a la basura…
…Hasta ahora…
23 Nov 2011
En ese segundo
¿Sabes esos días en los que te da pereza intentar descubrir nuevos temas musicales, así que decides tirar de los viejos? ¿Esos días en los que te autodestruyes por escucharlos? ¿Ese segundo en el que te haces despertar para darte cuenta que nada volverá a ser lo que era, que no sabes cómo vas a encontrar algo con la forma adecuada como para que encaje en ese vacío que te has hecho? Pues creo que justo en ese segundo es en el que me acabo de caer.
02 Nov 2011
Los colores de la soledad
Oscuridad, frío, vacío…son las palabras que la gente suele asociar con la soledad. Y sin embargo la mía está llena de gente, de luces blancas que iluminan pasillos también blancos, pero es soledad igualmente, vestida con otras galas, sí, pero simplemente soledad.
Lo curioso es que la oscura y vacía no me afecta, soy algo parecido a feliz en ella; la blanca y llena la lleve peor, sobretodo porque no la entiendo, porque no convive conmigo pacíficamente como la primera, sino que se impone sobre mi voluntad, manda ella sí o sí, y parece que yo no puedo hacer nada.
Quizá por eso empiezo a echar tanto de menos el negro, porque necesito reparar el desbalance cromático que existe ahora en mi vida. Porque tanto blanco junto me desespera si no tengo negro con qué compensarlo.
¿Y qué hay más negro que la noche? Nada, pero hace tanto que no la respiro que apenas recuerdo su olor o su efecto relajante. Aunque sea unanoche de soledad acompañada, pero me hace falta, claro que sé que no la voy a conseguir. Así que seguirá ganando el lleno. Lo desesperante. El blanco.
(Imagen: http://www.artelista.com/obra/5501584381939842-coloresdesoledad.html)
26 Oct 2011
Para madurar
…Para madurar…
Dicen que ésa es la razón por la que este año está existiendo en mi vida. Dicen que es el motivo por el que me tengo que estar sintiendo mal día sí y día también…
…Para madurar…
Y yo me pregunto por qué tengo realmente que estar viviendo esto. ¿Por qué quiero llorar y no lloro? ¿Por qué quiero gritar y no grito? ¿Por qué quiero culpar a todo el mundo y no culpo a nadie? ¿Por qué quiero sentirme bien y no puedo?
Aún habrá quien asegure que todo esto me traerá cambios positivos, que es algo bueno por lo que tengo que pasar. Y yo sólo tengo ganas de escupir a la cara a cualquier idiota que me diga eso. Pero no tengo fuerzas, ninguna. Sigo levantándome, asistiendo, quedándome por la tarde y volviendo a casa y aún seguir trabajando un poquito más, cierto, todavía hago eso, pero como un maldito robot al que le pulsas un botón y comienza a realizar sus tareas de forma automática. Nada más.
¿Y esto me va a hacer bien? ¿De verdad que aún hay quien lo piensa?
A veces me encantaría ponerme a despotricar, sólo soltaría veneno, pero me quedaría la mar de a gusto. Hasta que recuerdo que no hay nadie que realmente entienda de qué va todo esto, que nadie acertará palabras que no me suenen vacías, pero seguiremos estando sólo mi cabeza y yo hasta el fin de los tiempos.
Y ya casi no quedan piezas de burbuja que me hagan pensar durante un segundo que lo que vivo no es real…y para las que hay ni siquiera tengo tiempo.

17 Oct 2011
Restos de una instantánea que no me apetecerá recordar
Algunas personas ya me han preguntado por qué no quiero aparecer en la orla de fin de carrera, no ven lógico que a alguien no le apetezca tener un recuerdo de la gente con la que compartió clase. Pues bien, a mí me da exactamente igual. Si hubiese sido hace un par de años o el año pasado quizá habría accedido, por eso de que aún quedaban personas que apreciaba.
¿Pero ahora? Ahora es cuando me doy cuenta que el resto nunca me saludó a mí, sino a quienes estaban a mi lado; jamás hablaron conmigo, sino que las frases cruzadas no eran más que un efecto colateral de estar cerca de otros con quien sí se hablaban. Este curso es cuando me ha tocado mendigar para tener gente con quien hacer las prácticas (no, no es posible hacerlas de forma individual) o los trabajos, cuando ya nadie echa un hola a mi sombrero al pasar por delante. Y la verdad, la mayoría del tiempo me da igual, vivo conmigo, y es una convivencia en la que apenas hay peleas. Así pues…una orla para qué, si toda esa gente se olvidará de mi cara y mi nombre al día siguiente de terminar las clases, si ni siquiera se enterarán de que no estoy entre todas esas fotos de una cartulina, si yo sólo recordaré sus caras y sus nombres años después porque tengo demasiada memoria.
Mi orla…mi orla ideal sólo necesitaría un par de fotos más aparte de la mía, un par de personas a las que realmente me apetecerá recordar años después; pero a una supongo que la veré de cuando en cuando y siempre me quedará en la memoria las gracias infinitas que le debo, y la otra…bueno, con la otra espero convivir durante muchísimos años.
Así que el resto que no se preocupen, la indiferencia es mutua.

10 Oct 2011
Cartas a un viejo piano del fondo
Llegué a ver carreteras y árboles dibujados en tus melodías. Los sonidos más dulces tranquilizaron mi mente, mientras que las intensas pausas entre tema y tema me mantuvieron expectante, escuchando las emocionantes historias grabadas en su silencio.
El paso del tiempo hizo que algunos asientos de la estancia se vaciasen, otros se llenaron, fue un continuo renovar de gente que se sentaba a ver las melodías pasar. La mitad de ellos sólo estaban allí por comodidad, por refugiarse de los días fríos. La otra mitad se empeñaba en tener canciones dedicadas y al final, de tanto esperar o de conseguirlo por fin, se fueron. Pero yo me quedé ahí, en la misma silla, en el mismo rincón semiescondido, atendiendo; atendiendo a todo lo que un viejo piano tenía que decir. Me quedé a aprender, a escuchar, a sentir…
…Hasta que un día dejó de haber un asiento para mí oculto en una esquina, dejó de haber para mí un viejo piano tocando al fondo, yo tampoco lo seguí buscando.
Y ahora me pregunto si, cuando la última nota de tu teclado se desafine, te acordarás de mí, del pequeño hueco que ocupaba, de mi nombre, pero sobre todo, si tus teclas se curvarán a modo de sonrisa frente a esos recuerdos.
Quizá tú no, es más, seguro que tú no; pero deja que yo te piense tres veces al año aunque sólo sea por un segundo.
La boîte à musique
La boîteLa gente es como una caja de música, cada cual guarda en su interior una melodía única, pero da igual lo bella o inigualable que pueda ser esa melodía, nadie podrá saberlo si su dueño la mantiene cerrada. Quizá haya llegado la hora de abrirla.
Últimos Comentarios
- Teoría matemática del día: La suerte del trébol de cuatro hojas 9 comentarios carmen envoltura cierralosojos2009 Calrissian -enrique
- Have yourself a merry little Christmas 1 comentario E. Zaitut
- En una playa calma 4 comentarios Jodier Jodier Yohualli Carlos M
- Test de Rorschach 5 comentarios Rommy Dario Rosita Fenix mey
- Limpieza por aburrimiento 2 comentarios Gallego Rey mey
Enlaces
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Archivos
- Mayo 2012
- Abril 2012
- Marzo 2012
- Febrero 2012
- Enero 2012
- Diciembre 2011
- Noviembre 2011
- Octubre 2011
- Septiembre 2011
- Agosto 2011
- Julio 2011
- Junio 2011
- Mayo 2011
- Abril 2011
- Marzo 2011
- Febrero 2011
- Enero 2011
- Diciembre 2010
- Noviembre 2010
- Octubre 2010
- Septiembre 2010
- Agosto 2010
- Julio 2010
- Junio 2010
- Mayo 2010
- Abril 2010
- Marzo 2010
- Febrero 2010
- Enero 2010
- Diciembre 2009








