09 Oct 2011

Steve Jobs, ¿héroe o villano?

Escrito por: Gaizka Manero López el 09 Oct 2011 - URL Permanente

La prensa mundial, especializada o no, se levantó el día 6 de octubre -jueves- completamente convulsionada. Steve Jobs, el reservado y exitoso hombre de negocios cofundador de Apple, fallecía a los 56 años de edad tras ceder en su lucha contra el cáncer de Páncreas. A partir de ese momento, las dudas sobre el futuro de todo lo que rodeaba a Apple, su gran legado, se multiplicaban aún más que cuando cedía el testigo a Tim Cook.

Televisiones, radios, prensa escrita y digital, redes sociales y foros lloraban y recordaban a un hombre al que adjudicaban la transformación y la democratización de la tecnología. En algunos medios llegaron a compararle con Thomas Edison o Leonardo Da Vinci. El gran visionario de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Sin embargo, ahora que los paños ya no están tan calientes es hora de preguntarse si Steve Jobs realmente cambió el mundo tecnológico o el modo de hacer negocios con la tecnología. Antes de empezar, no obstante, me gustaría brindar mi más sentido pésame a todos y cada uno de sus familiares, amigos y demás allegados que, seguro, estarán pasando un momento horrible. Descanse en paz.

Jobs el pionero


Hemos oído ya varias veces la biografía de Steve Jobs. Criado por padres adoptivos y completamente fascinado por el mundo tecnológico desde su juventud. Máximo exponente del sueño americano y Silicon Valley, fundó Apple en un garaje junto con un bisoño Steve Wozniak. Jobs era el "vendedor" del producto. Wozniak el ingeniero soñador que era capaz de construir casi cualquier aparato informático. 90.000$ (una cifra muy importante en aquella época y al alcance de muy pocos) fueron suficientes para crear el Apple I. Un año más tarde, en 1977, el Apple II puso a la compañía en boca de todos al convertirse en la primera computadora personal con un gran impacto en el mercado doméstico. En sólo dos años la facturación se multiplicó por quince hasta los 117 millones de dólares... y Jobs ya era multimillonario con menos de 25 años.

Pero hasta la originalidad del momento no es tan perfecta como en esa película de Pixar (permitidme el guiño) que quieren vendernos. Su manzana, símbolo de la diferencia, el diseño, el pecado de no ser como los demás... la tomo de los Beatles, quienes la utilizaban en sus discos de finales de los '60. Curiosamente esta elección daría fruto, décadas después, a una enorme batalla legal para su uso en la tienda de música iTunes. De hecho, los cinco magníficos de Liverpool, el único grupo en superar los 1.000 millones de discos vendidos, no llegaron a las estanterías de los de Cupertino hasta 2010. Pero esa es otra historia que se aleja de la primera gran batalla de Jobs: tumbar al Goliat de la época, IBM.

Fue en aquella época, finales de los '80 y principios de los '90 -cuando fue galardonado por el mismísimo Ronald Reagan- cuando la prensa le atribuye la creación de algunos artilugios que, como el teléfono móvil, ahora son inherentes a cualquier ordenador. Hay honrosas excepciones, como el genial Sandro Pozzi en El País, pero son muchos los que ven en Jobs el padre del ratón. Lo que pocos saben es que, como en otros inventos, Apple fue la encargada de estandarizar el uso de este periférico nacido bajo la mente de algún ingeniero de Xerox. De hecho, para la generación del iPod, Jobs también creó los reproductores de música portátiles -qué hubiera sido de nosotros sin los WalkMan de Sony-, los teléfonos inteligentes -BlackBerrys y Samsung pugnan todavía hoy por su origen-, o las tiendas de música y libros en Internet.

Sin embargo, lo que sí hemos de otorgarle a Jobs es su capacidad para entender a un público ávido de sentirse diferente. Que, aunque no lo sabía, "necesitaba" todos esos artilugios y, sobre todo, ansioso por un visionario que rodeara de espectáculo todos esos gadgets que, hasta finales de los '90 eran coto privado de "geeks" -mal llamados frikis en castellano-.

La clave era, sin duda, simplificar todo ello. Envolverlo de un halo de diseño, sofisticación, novedad y personalidad. Darle una presentación espectacular -similar a los salones del automóvil-, sorprender a la prensa y, sobre todo, diferenciarse de sus rivales con los que, por cierto, dicen estaba obsesionado.

Jobs el arriesgado


No obstante, si algo caracterizó la carrera de Steve Jobs fue su capacidad para arriesgar y, ganara o perdiera, seguir intentando mejorar sus ideas -o la de los que le rodeaban-. Su primer gran apuesta fue Macintosh. Un ordenador personal con funciones muy limitadas en comparación con los IBM de la época y necesitado de un sistema operativo que pudiera explotar todas sus capacidades. Lo que pocos saben es que la primera opción de Jobs fue un joven Bill Gates. Curiosamente, las condiciones que pedía Jobs, así como la relación de amistad de la madre de Gates con uno de los directivos de Big Blue hicieron que el de Seattle se decantara por IBM. Además, el joven Bill consiguió que IBM no exigiera el programa en exclusiva. Las malas ventas del Macintosh unido al éxito del PC Big Blue crearon el actual mapa de ordenadores: Windows controla más del 85% del mercado y llegó a tener casi el 95%. Para empeorar la situación, John Sculley, el exCEO de Pepsi que fue recomendado y fichado por Jobs provocó su marcha de su propia empresa.

La buena cantidad de millones que Jobs tenía en el bolsillo le hizo apostar por la creación de la empresa NeXT Computer -aprendió que la importancia está en el programa no en el aparato, IBM también lo hizo... abandonando la construcción de PCs y HP va por el mismo camino- y por adquirir la división gráfica de Lucasfilm y dejarla en manos de un querubín John Lasseter. Había nacido Pixar -y con ella Jobs llegaría a convertirse en el principal accionista privado de Disney cuando ambas fabricas de sueños se fusionaron-.

Curiosamente, cuando Apple estaba a punto de desaparecer -estuvo casi en quiebra técnica durante 1996- la empresa de la manzana hizo un último esfuerzo y adquirió por 400 millones de dólares NeXT. Ahora Jobs volvía para reinventar una decrépita Apple que no era ni la sombra de la que el y Wozniak habían levantado de la nada.

Jobs el visionario


Su vuelta 12 años después vino acompañada de muchas ideas. Sobre todo de una: los usuarios cada vez iban a requerir más dispositivos... y cada uno era de una madre. Internet estaba en manos de Yahoo!, Altavista y compañía. Los teléfonos móviles tenían sistemas operativos lentos, feos e incompatibles entre ellos. La era digital se acercaba y Microsoft sólo contaba con dos productos de éxito: Windows 95 y Office. Además, estaba tan centrada en demostrar que su monopolio de facto era legal que se encerró en su torre de cristal justo cuando más necesitaban del genio de Bill Gates. Era la época en la que los WalkMan dejaron paso a los DiscMan. En la que sonaban palabras como Napster y Googol seguía siendo un uno seguido de 100 ceros.

Entonces Jobs pensó que si ellos creaban antes que los demás un ecosistema de aparatos y alguno de ellos tenía éxito crearían fieles, no clientes. Y ante un mercado ultrapolarizado en Sony -que pensaba que nunca cedería en este sector y menos teniendo una potente discográfica- lanzaron al mercado el iPod. Su éxito fue tremendo. ¿La clave? En esta época Apple era David y Sony, Microsoft y compañía seguían siendo Goliat. Además, los fieles de Apple -aunque son "pocos" valoran mucho la compañía y comprarían cualquier cosa que Jobs les mandara- esperaban como agua de mayo esa chispa mágica que sacara del letargo a la manzana. Esa chispa fue iTunes. Música en internet. Rápida. Con buena calidad de sonido para ser una compresión digital y, encima, bastante asequible (más o menos un dólar por canción). Además, su diseño ligero, pequeño, monolítico con una ruleta casi táctil le otorgaba un diseño mucho más apetecible que esos pendrive con pantalla en los que la calidad de sonido era, cuando menos, discutible.

Del mismo modo que hizo años antes con su Macintosh, en el que todo era icónico, reconocible, visible, de diseño y más o menos sencillo -acostumbrarse a dar el salto de PC a Mac o de Mac a PC es tan sencillo o complicado como conducir con el volante a la izquierda o a la derecha, fundamentalmente es lo mismo, pero las sutiles diferencias lo hacen una tarea poco intuitiva y un reto-. En el nuevo iPod -sobre todo el revolucionario Touch- todo estaba donde se suponía, todo era colorista, rápido y, en general fiable. Ahora, ya no sólo tenía de su parte a los profesionales de lo gráfico, sino también a los amantes de la música.

Jobs el tirano


Su carrera era fulgurante, tanto como la recuperación de Apple. Su valor en Bolsa crecía sin parar. Sus novedades eran acontecimientos. Y todo se concentraba en él. Nunca una empresa había dependido tanto de una persona desde Ford Motor Company y Henry Ford. Y esto era un arma de doble filo. En 2009 recibió multitud de premios. El Macintosh era aplaudido como el ordenador que hizo personal las computadoras -permítanme discrepar, un PC es mucho más barato gracias a la competencia y la mayoría nos hemos criado en Windows-; el iPod hizo que pudiéramos llevar música en todas partes -algo que ya inventó mucho antes Sony con su Walkman-; el iPhone hacía de todo -como una BlackBerry, aunque mucho más caro; y el iPad estaba a punto de revolucionar el mundo de los ordenadores -aunque sigue dependiendo de ellos, algo que un netbook no hace-.

En ese momento surgieron varias biografías y reportajes en el que se analizaba la figura de Jobs y, aunque ahora parezca impensable, no todas eran favorables. En alguna se le tildaba de excéntrico, solitario y obsesivo. En otras algunos trabajadores le catalogaban casi de tirano y le acusaban de adjudicarse inventos de otros. David se había convertido en Goliat... y hasta Bill Gates nos caía bien y nos parecía ese geek con gafas de montura metálica -mucho menos cool que las de pasta negra-, con su camisa de cuadros que seguía siendo un "pobre" programador.

Casi parecía que Apple iba a poner en peligro el mundo PC -son más del 90% de los ordenadores en el mundo-. Además, las continuas pugnas legales que tenía Apple con todos sus rivales -algo mucho más exagerado que Microsoft en los '90- nos hacía ver a los de Cupertino como un gigante insaciable. ¿Era entonces tan malo y ahora tan bueno?

Jobs el hombre


La respuesta es no. Era humano. Se equivocó muchas veces -hizo un primer intento de tableta que se quedó en un caro e inútil engendro que, aunque se adelantaba a su época no tenía ningún uso- y su grandeza residió en su capacidad de volver a levantarse. Del mismo modo que muchos otros empresarios que han levantado sus firmas una y otra vez. Se adelantó a su tiempo. Sí, pero no como un creador de conceptos sino como el mejor mercader tecnológico que ha conocido el siglo XX.

Aprendió a crear necesidades en los clientes. En dotar de belleza a sus productos. En inyectarles personalidad y, sobre todo, en hacer que cada usuario se sintiera "único". Algo curioso cuando se han vendido, por ejemplo, más de 20 millones de tabletas iPad. Consiguió que Google fuera la mala. La imitadora... cuando es gratis. Consiguió que Windows fuera el imitador, cuando era el estándar. Consiguió que Samsung, Sony y LG fueran los que respondían... cuando fueron los que hablaron primero.

Jobs nos ha enseñado dos cosas a todo el mundo: "las cosas se venden, no se ofrecen" y "si te caes 100 veces, hay que levantarse 101". Lo más curioso es que ya lo sabíamos. Descanse en paz.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Carlos M dijo

Por fin leo algo imparcial, sensato y sin el enamoramiento tonto de los maqueros.
Gracias .

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La Caverna Cibernética

Esta bitácora digital nace tras un viaje a Nueva York con mi esposa Arantxa en el verano de 2010. Tras visitar la capital del mundo vimos que, en muchos otros lugares, la tecnología es una parte absolutamente indispensable de la vida cotidiana.

Es por ello que, a partir de ahora, intentaremos descubrir juntos como la ciencia y sus avances nos hacen la vida más fácil.

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