13 Ene 2012

Electrohipersensibilidad, ¿estamos a salvo?

Escrito por: Gaizka Manero López el 13 Ene 2012 - URL Permanente

El pasado viernes 6 de enero J. Intxaurraga publicó en Deia un magnífico reportaje sobre la electrohipersensibilidad una enfermedad de nuevo cuño que se ha desarrollado en los países más tecnificados y que es el resultado de la exposición a los campos electromagnéticos. Ante mi desconocimiento sobre esta dolencia -y la gravedad de la misma- en hemos pensado en investigar un poco más sobre esta cara mala de la tecnología.

Sus síntomas más comunes -dolor de cabeza o cansancio crónico- se acentúan al encontrarse cerca de aparatos eléctricos, antenas de telefonía móvil, etc. si bien, estas afecciones disminuyen -hasta desaparecer- cuando el sujeto se aleja de estos entornos cargados electromagnéticamente.

La clave en el desarrollo de esta enfermedad reside, precisamente, en el propio desarrollo tecnológico de nuestra sociedad. Por nuestra naturaleza, todos y cada uno de nosotros somos sensibles a los campos magnéticos intrínsecos a todos y cada uno de nuestros dispositivos. La diferencia radica en que algunas personas aguantan mucho menos al contacto con los mismos.

La tolerancia a este tipo de ondas disminuye, pues, con la exposición reiterada a las mismas. Como explicaba Intxaurraga en su reportaje, Irune Ruiz -miembro de Ekeuko-Covace, la coordinadora de afectados en Euskadi- cree que el desarrollo de su enfermedad es "resultado de los 10 años que estuvo estudiando en Estados Unidos con ordenadores de rayos catódicos". En otros casos es suficiente con la exposición a antenas de televisión o telefonía demasiado cercanos o por nuestra propia predisposición genética.

¿Por qué este desarrollo? Según un estudio realizado en Suecia -único país que lo cataloga de discapacidad-, la electrohipersensibilidad es un mal acumulativo: el afectado se siente cada día más débil. Cuando se llega a un caso extremo en el desarrollo de la enfermedad -como fue el caso de Antonio Fernández, otro entrevistado y que padece la enfermedad al 60%- tienen que abandonar cualquier contacto con aparatos electrónicos. Fernández, que trabajaba en un kiosco, tuvo que abandonar su trabajo.

Aunque hasta ahora nos parezca una enfermedad desconocida -y, por ende, minoritaria- este mal afecta ya al 9% de los europeos (más de 45 millones de personas en la UE27), que lo sufren en diferentes grados. Lo peor, sin duda, es que según el Instituto Karolinska de Estocolmo, en sólo 5 años podría afectar hasta el 50% de los ciudadanos de la Unión. El resultado de este estudio nos espeta a trabajar urgentemente en radicar esta verdadera pandemia.

Sin embargo, ¿cómo podemos escapar de estos campos magnéticos cuando los gadgets y las antenas lo invaden todo? Una de las claves desmenuzadas en el texto de Deia juega con lugares donde todavía estamos a tiempo, como, por ejemplo, los colegios. Frente a la campaña de instauración de internet en las aulas, se presenta una campaña nacida en 2009 con el nombre de Escuela sin wifi y que, aunque apoya la implantación de la red como una herramienta más en las aulas, sigue las conclusiones de más de 6.000 estudios que advierten sobre la contaminación electromagnética y las recomendaciones del Parlamento Europeo y el Consejo Europeo. Ambos organismos son tajantes: piden la instalación de internet por cable y evitar los inalámbricos y móviles en los espacios de estudio de todo el continente.

Para potenciar su mensaje también argumentan que tanto la OMS como la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer catalogan estas radiofrecuencias como "posibles cancerígenos". El fin no es otro que crear "Zonas Blancas libres de contaminación por ondas electromagnéticas".

Por desgracia, parece que en Euskadi la entente que conforma el actual Gobierno Vasco parece no haberse enterado muy bien de las dolencias relacionadas con estas tecnologías y siguen en su carrera por implementar WiFi en todas las escuelas (Plan Eskola 2.0). A pesar de que el anterior ejecutivo llevó el cable hasta las puertas de las escuelas, si alguna opta por renunciar a la tecnología inalámbrica se arriesga a que le quiten parte de los recursos para ordenadores. Si no les parece posible, mi recomendación es que se pasen por Lezo. Lo mismo ocurre con la Universidad. Mientras, en Suiza o Frankfurt, llegan ayudas públicas para cablear todas las aulas.

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La Caverna Cibernética

Esta bitácora digital nace tras un viaje a Nueva York con mi esposa Arantxa en el verano de 2010. Tras visitar la capital del mundo vimos que, en muchos otros lugares, la tecnología es una parte absolutamente indispensable de la vida cotidiana.

Es por ello que, a partir de ahora, intentaremos descubrir juntos como la ciencia y sus avances nos hacen la vida más fácil.

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