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- globalizacion, economía: ¡estúpidos!
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- Tía Mari y la crisis
10
Nov
2009
Crisálida
El rojo furioso del verano se adivina cada noche. El ventilador marca con sus aspas el sueño nocturno. Cada giro es cruel ante el sofoco que domina a sus dueños. La madrugada les trae un soplo de leve brisa. El verano se presta al gusto carnal, del asesinato, o la perdida de la memoria. También es el renacer de los apetitos del próximo año. Nos dirigimos a una parte antigua y débil que espera nuevos contratos. De compra, de ilusiones o de deseos de una aventura antigua y extrema.
No sabemos más de aquello que nos puede contar nuestra experiencia, como por ejemplo, aquel recuerdo de una familiar, entregado al entierro disoluto de la tierra y el formol. Es mas, al descubrir una imagen de aquel o aquella, intentamos redescubrir una enseñanza, o nos detenemos en la ilusión. Tal vez, aquello nos trae un alborotador cráneo, o un su paso vacilante.
Pero también es la fecha de los pescaditos fritos –digamos en el ocio que procura el calor, de la camisa fuera de borda, que se impone al cinturón. Es tiempo de sandalias y cáscara de sonrisa. Es tiempo de cerveza, de pausa obligada. También de suegra y niños. De trifulca familiar ante deseos diferentes que deben ser consensuados.
Todos corremos detrás de la ilusión y de la búsqueda del anonimato, que rompa con la estulticia diaria. De todos, parte una frase, que damos rápida ante la pregunta temida.
“¿Te vas de vacaciones?”.
_Si.
_¿Hasta cuando?.
_Solo 15 días.
17
Sep
2009
Mother 3 el viaje interminable de las hormonas
La plaga de hormonas me batía con fuerza. Mis 17 años estaban allí secos, pegajosos, casi al final del entrepierna. No supe decirle que su nuevo marido era sentimental, pero inestable en su carácter. Estaba obsesionado por salirme del guion. Ninguna estepa estaba más transitada, que la de los encallados jóvenes argentinos del 74. Todos se movían en alguna dirección. Afeminados, o lleno de barbitúricos, o mal olientes desplegados alrededor del alcohol, o tan solo arrebatados por una ilusión estéril. Todos olían el culo de un general, que llegaba al país, enfermo de ego, con unos testículos debilitados, mucho discurso y una momia en el avión. A ello debíamos agregar su nueva esposa y un maquiavélico brujo, que manoseaba el sentimiento democrático de los dueños del poder –los sátrapas votantes denominados -del pueblo.
Le di a entender que me marchaba. A Europa. A aquel continente donde todos los del país iban y volvían mentalmente cada vez que la realidad, les devolvía la mierda, o la irresponsabilidad de sus elecciones –los gobernantes. Le dije que me iba a estudiar. No sabía que el frio invierno me atraparía y seria un hippie, perdido, amante, insulso joven camino del derrape mental.
Pero me iba a dejar correr el tiempo. ¡A gastarlo!. Detrás quedaban el sainete del General, su brujo, los generales y sus pistolas. Y una izquierda cruel, ignorante, que se mataría, sin norte ni fin para demostrar ¿Qué?.
Subí al barco. La semana anterior asistí a una misa. ¡Era por mi!. Los sacerdotes estaban en todo, rezaban y rezarían al asesinato y la muerte de los próximos desaparecidos y rezaban para los jóvenes asqueados, que se iban para no asistir al cuento que vendría.
Al viaje de no retorno se sumaría un hilo fino de cabello. Era la triste espera ante un final, un acento, un estilo de pensar que aunque las cosas salían mal, no dejábamos de ser el mejor país del mundo. ¡Y el más rico!.
Menudo azote vendría, hasta hartar una nueva generación de jóvenes. Algunos desaparecerían, otros se quitarían detrás del “no te metas”, y otros cambiaríamos de hábitos, olores y costumbres. Solo Mother seguiría presente, con sus altibajos, unida mediante el cordón umbilical.
El sueño es idiota. Breve.
La lengua escapa de una larga boca y se hastía.
Suéltate el pelo y coge el próximo disfraz.
De celos(1)
15
Sep
2009
Mother 4: el entierro de Perón
Seria hacia julio. El santón había muerto y el país desolado miraba por la tele, las grandes colas, que los deudos del General Perón montaban para su despedida. Llegue a buenos Aires por la mañana, era una mañana gris y lloviznaba intermitentemente. Me embarque en Córdoba, en un bus de los tantos de simpatizantes que iban a llorar la decrepitud de un liderazgo, que había tenido al país durante 18 años, embarazado de un sueño prolífico e infausto. Con él, todo había sido posible, desde escuelas hasta casas para la clase trabajadora. Ese sueño estaba cargado de odio. Porque toda ilusión vana, arrastra tras de sí un despertar calvo, feo, sediento de venganza.
Pues así fue, en el viaje cometería la torpeza de anudar una relación con mi compañera de asiento. No nació el amor, pero si la compañía que ayudaría a sobrellevar la emoción que nos empujaba. ¿Qué vi, al General?. Hicimos una larga cola, sentimos que la historia estaba debajo de nuestras botas. E inclusive hubo tiempo para visitar algún familiar de mi compañera de estribo. Pero al llegar frente a su ataúd, no pude percibir más que un sentimiento de final de un tiempo. ¿Cuál?. Me había estrellado ante el luto. Muerto el padre, ahora nos tocaba a los hijos descarriar por las calles hasta dar un sentido a la vida y a la sociedad.
Al regresar , ofuscado por perder al progenitor, sudado, cansado y con mi nuevo amor a punto de acabar, nada supuso mas tortura que los vendedores de las calles, ponían sin cesar la última frase clarividente del General, en la cual parecía despedirse: “llevo en mis ojos…”. ¡No soportaba aquello!. Era una letanía de país abandonado a su suerte. ¿O no?. A los apetitos de su viuda y el brujo. Pero puestos a asesinar, los demás, afilaban con fuerza su maldad: el clero, los militares y la guerrilla.
Que el general se había ido, no teníamos duda. Con él se llevo 18 años de discursos maniqueos, oscuros intereses y borrosos horizontes. La República se había liberado. El festín de muerte y odio estaba preparado.
22
Ago
2009
Se marcha el verano
Mustio. El calor se agazapa detrás de una playa, o una piscina, o un ventilador oxidado y lejano. Hasta los escritores estamos famélicos de este bochorno. Pero los lagartos convidados de ese extraña catarata de luz hablan entre sí. ¿De Que?
De los 400 Euros que no me has dado, del Máster que pagarías y ahora es con limites. De los impuestos que subirás, al regreso de vacaciones.
Porque todos volveremos a nuestra actividad productiva. Y ese será el momento. De comer pan, sudar mentiras y poner el despertador para cumplir un sueño atrevido. Detrás quedara el pinchito y la insolencia de ZP.
Si recuerda la pesada siesta. ¡Ya estaremos en otra lucha!.
¿La de la gripe?
Asi será. O tal vez.
09
Mar
2009
Las etruscas...o el miedo masculino
Cada año por compromiso familiar asisto a una reunión. Entre los invitados siempre saludo a siete mujeres y un hombre. Son las etruscas. Ud. se preguntara porque este sobrenombre, pero debo confesar que no es posible desvelar su origen. Pero con el acompañante -el séptimo masculino, la liturgia es un saludo al comienzo y la despedida al final. En un lustro, no he logrado intercambiar con él otra palabra que las citadas. Ayer una noticia me sorprendió, me avisaron que había fallecido. Este artículo hubiera terminado aquí, sino fuera porque quedan las siete mujeres.
Y de eso se trata. De hablar, de la solitaria pastilla de níquel y cadmio, que algunos hombres mantenemos en la relación con las féminas. En este caso, las etruscas, se presentan cada año, como agradables y solventes féminas, que son capaces de influir y comunicar. El lobo solitario les acompaña y mantiene su abstinencia durante las tres horas de la fanfarria. Luego, el cadalso y la neurona hacen su fiesta.
¿Pero que intento decir?.
Tal vez, que no solo era un hombre quien observaba, sino dos. Este autor, con el cabello estirado y mustio, no lograba entender aquella solicitud de féminas tan limpias, agradables y simpáticas, en contraposición al silencio generado en el séptimo.
Pero este segundo que observaba, era a la vez participe de la mudanza del vértice masculino de la fiesta, a la temible -para nosotros- agenda que imponen ellas. A saber: ropa, afectos, pasado reciente, niños y un desarrollo, de innumerables subtemas.
Que este compañero visual se haya marchado y las etruscas vengan el próximo año solas a la fiesta, no dice más que lo sabido. La esfera femenina cruza el Ebro y luego se apropia hasta de la sal. Y nos es tan solo un desencanto machista. La igualdad no pasa de ser un equilibrio entre los apetitos, las insinuaciones o medias verdades que circulan entre el mundo femenino y masculino.
¿Qué nos ocurre cuando ellas son mayoría?. Es: agua, bisutería de mercado de pueblo, ajo, y un comezón e inseguridad ante dicho mundo, que visto con los ojos de un ser masculino, los hombres… van plegando con el paso de los años.
Deberíamos superar el bochorno, de participar del ascenso de su interacción social, pero también de la desigualdad a que están sometidas, porque la cabeza masculina aun no se percata de la riqueza de intercambiar algo más que amores y sexo. Y ellas, hacen como si ese mundo de pantalón y barba, aun se resista a matricularse en su orbita.
Pero es que, mientras mas pincho el hueso, mas aparece mi incomodidad ante las abejas reinas. ¿Se esta acabando un mundo de certezas masculinas?. Si. Lo siento amigos, en algunos entornos cerrados vamos desapareciendo, y ellas asumen dicha perdida -en su discurso, como un paso en la liberación. Aquel que crea que ambos mundos se integran, vive en la ilusión. Los valores masculinos se hunden y los femeninos se reafirman. ¡Zas!.
¿Me he quitado esa incomodidad que soportaba desde hace un lustro?.
Para mi amigo de acera: Q.E.P.D.
(1) La familia y el rol de la mujer
La mujer etrusca, al contrario de la griega o de la romana, no era marginada de la vida social, sino que participaba activamente tomando parte en los banquetes, en los juegos gimnásticos y en los bailes, y sobre todo ayudaban en las labores de la vía pública.
La mujer además tenía una posición relevante entre los aristócratas etruscos, puesto que estos últimos eran pocos y a menudo estaban involucrados en la guerra: por esto, los hombres escaseaban. Se esperaba que la mujer, en caso de muerte del marido, asumiría la tarea de asegurar la conservación de las riquezas y la continuidad de la familia. También a través de ella se transmitía la herencia
http://es.wikipedia.org/wiki/Civilizaci%C3%B3n_etrusca
24
Feb
2009
Ha muerto la inocencia de la década del 50
Escribo alrededor de lo insensato, y caigo en la presunción de pensar que la pasión transformada en letras se mantendrá inalterada. La mugre histórica se alarga y canibaliza por sí misma.
¿Lectores?. Pueden ser actuales o aparecer dentro de años. La globalización y lo virtual, crean islas complejas que se estancan esperando esa visita furtiva y sedienta de lectura. Se ha roto el espejismo del escritor que publica y reproduce su metáfora con ascua cada dos años. La isla de marfil ya no asegura más esquemas. La memoria, cruel territorio donde estamos apalancados nutre cada paso.
Una imagen da miles de lecciones.
Como los nazis pulcros y atónitos que buscan sus raíces arias. Multitud de asesinatos sirvieron a su imperio, muchas gargantas pasaron hambre ante su insolencia. Y de repente un día, la noche se marcho. Y el corazón lastimado y febril de media Europa comenzó su reconstrucción en democracia.
Es este material de barbaridad hueca, construida por el apetito vivido, lo que nos alimenta. Ahora los monstruos tecnológicos se auto reproducen.
Es Jagger y sus acólitos. O el hippie de una última publicidad, que se desliza a medianoche hasta la nevera para comer a escondidas de su fe y su esposa, un trozo de carne altivo frente a su dieta. Entre ambas adiciones esta la decadencia consumista, del espíritu libertino de los 60. Y, también, la droga sedienta de su dependencia. Productos culturales cínicos, armados de eno y zarzaparrilla. La decadencia artística se posee a sí misma. Y las masas de seguidores anhelan tocarles, o vislumbrar un segundo de su pesada gloria. Pero ni con un estornudo fino, hay sitio para tantos. La elite se desespera de aquellos que desean igualarle.
La Hilton visita Rusia. Y en su lista de demagogia para actuar incluye Ketchup y caramelos para chupar de sabores variados. La meritocracia rusa le alaba el peinado, la corte y su mal encarado estilo, de no incluir un vibrador para la siesta.
Atravesamos tiempos extraños e intuidos. Perfiles polvorientos de la aldea global.
Ya no queda ni una macula de carne de cerdo para montar la fiesta del fin de semana. Es que se ha podrido hasta la sana inocencia de los 50. La de las películas donde se anhelaba el sexo, pero la rosada cresta nos impedía mostrarlo de una manera evidente. Es un siglo encaramado y vil, que trae también sus fantasmas. Solo nos queda adivinarlos.
juan Re-crivello
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