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30
Abr
2009
El tiempo en los monos-humanos
En pésimo estado se encuentra la paciencia. Pero convendremos, que quizás lo ha estado siempre. Afiebrados en este sincopado intento, de alargar cada día, sin mas muescas en el calendario, que sucesivas van cayendo las horas.
¿Le apetece algún ejemplo?
Si uno se reúne con un vendedor, este le muestra el catalogo, y no para de repetir, ¡o compra ahora o habrá perdido el tren!. Y uno no puede mas que pensar, ¿a donde ira este sujeto con tanta prisa?... por rellenar, su agenda de oportunidades.
Pero si uno ha quedado con un amigo y pasea por la playa con tranquilidad, dejando que la conversación salte de un tema a otro. En un momento este le dice: ¡espero vivir otros 20 años!. Y uno echa cuentas, a partir de la edad de su contertulio, no deja de sentir que el horizonte bio(1): le estará esperando para maldecir el fin del amor, de la paciencia, de los proyectos.
Pero uno sigue escribiendo y ve como su lector, esta dispuesto a abandonar este extraño territorio que habla del tiempo y su utilidad.
Pero, suena el timbre y alguien viene a pedirle algo y Ud., le dice que se espere. Y luego observa a dicha persona, allí, alterada ante los minutos que corren, y mirándole. Hasta que ella, le deja un dialogo difícil: “a lo que he venido, lo necesito ahora”. Es ese momento y no otro. El siguiente minuto, es escabroso, cobarde. Dicho visitante, no puede esperar ni sentado/a porque su tiempo corre en dirección al opuesto al suyo. Y Ud., debe proveer de su necesidad.
Y es inútil convencernos.
“Los monos-humanos estamos enfermos de la gota del tiempo”.
Nuestro lado social/cultural, nos empuja más allá del declive físico. A un territorio donde nuestro mundo bio tiene fecha de caducidad, pero nuestro espacio mental y cultural es insaciable y desea aumentarlo mas allá, de la orfandad que dejaremos en nuestros amores actuales.
(1)Los biotérminos: bioética, bioenergía, bioremediación, bioprospección, biomatemáticas, bioinformática, bioingeniería, bioseguridad, hasta llegar a biodiplomacia.
01
Abr
2009
Partenogénesis humana
Un título desabrido, pero esconde una sutil unión. Hace días, en un comentario a un artículo, una lectora me pedía que escribiera algo al respecto. Debo confesar que he captado su ironía, pero me atrevo a decir que la reproducción unisexual de las hembras, no deja de ser un sentimiento latente en algunas mujeres. Tal vez no he sentido este deseo en los hombres, pero si en los homosexuales. Alguno dirá, ¡Como narices lo van sentir los machistas!. Si. Es una hipótesis, aún recuerdo que cuando tenía 8 años y gozaba de fabular experimentaciones, siempre pensé que llegaría el día, en que unirían amabas células y el cigoto seria implantado fuera de la madre y se evitaría este esfuerzo que suponen los nueve meses.
Pero, tal vez eso no era el tema, dirá al respecto Natalia López Moratalla, del Departamento de Bioquimica y Biología Molecular, de la Universidad de Navarra: “la partenogénesis es, en general, el tipo de reproducción unisexual en el que las hembras originan descendencia sin fecundación por los machos. En la mayoría de las especies, los óvulos no fecundados que envejecen in vivo o in vitro no se activan espontáneamente. Hay evidencia confirmada de que en mamíferos los óvulos partenogénicos no llegan a desarrollarse a término como un embrión, sino que la partenogénesis natural a partir de un óvulo no fecundado acaba en la producción de una estructura celular tipo embrión (embrioide), conocida como huevo huero. La activación de un óvulo se distingue de la realidad cigoto principalmente en que carece de la dotación genética con la impronta paterna”(1).
Por lo cual, hablaremos de la Unión. De ese intimo y delicado intercambio de amor entre dos (da igual el sexo) en el cual esta tan intensa y fresca la solicitud de amor e intercambio, que todos deseamos amar y ser amados.
Luego, alguno deseara la reproducción del sexo femenino en solitario, pero los seres masculinos, aún seguiremos mirando la luna e invitando a las féminas a compartirla.
Un territorio difícil en que me he metido, diré por último, que la lectora del comentario firmaba: venusiana…
(1)“De forma artificial e in vitro se ha logrado producir embriones partenontes de ratón y de primate con capacidad de diferenciar algunas de sus células hacia un tipo similar a las células troncales embrionarias derivadas de un blastocisto. Más recientemente se ha logrado el nacimiento de un ratón partenonte por manipulación de uno de los set de cromosomas
de forma que siendo de origen materno uno de los pares regule la impronta haciéndola
similar a la propia paterna”. Natalia López Moratalla Departamento Interfacultativo de Bioquímica y Biología Molecular Facultad de Medicina. Universidad de Navarra. 31080 natalialm@unav.es
11
Feb
2009
Descartes y el yo
Descartes nos habla de la separación de una sustancia con capacidad de pensar, el yo pensante, de la res extensa o naturaleza y de la res divina. Nada que objetar. Tal vez decir, que esta actividad que caracteriza a la razón, es una separación, que a los seres humanos les ha costado asimilar. Es una constante, en la cual el frio y delicado mundo de la naturaleza nos ha situado durante millones de años, en su regazo. Inclusive nuestros genes están impregnados de esta carga biológica que nos intimida, desde las hormonas hasta la dificultad de enfrentarnos al virus que nos ataca, o aquel sueño que regresa cada día y nos atormenta. Del lado de lo divino que podemos decir. El 90% de la humanidad cree en la existencia de un Dios. Antes o después está presente, como explicación paranormal de nuestros apetitos presentes o nuestros miedos futuros. Los ateos se (me) aferran(o) a una lucha imposible de vencer. Dejémosle correr a los creyentes. Es una pura imaginación o fantasía pensar que las creencias animistas desaparecerán del hombre-mono. Cuando se inicie el periodo no-humano(1), aquel futuro mezcla de soft autónomo y seres humanos en decadencia, que tanto anuncian las películas de ciencia ficción, en aquel –digo- espacio aun llamaremos a Dios o le inventaremos para resarcirnos de nuestra soledad.
Quizás, solo seamos capaces de apartarnos de este deseo íntimo de perfección –la idea innata de Descartes- al encontrar, otra civilización en un mundo alejado. En dicho momento, tal vez el pecado original que nos expulso del Paraíso –en la mitología cristiana esa culpa que nos atormenta- habrá desaparecido. ¿Por qué?. Pues por ser compañeros con otros seres en la galaxia, de una masa inestable –el Universo, que se expande sin más explicación ni permiso que aquella que se da, a ella misma.
(1) Defino a esta etapa como: La civilización no-humana, que está caracterizada por una red donde el soft es independiente de los deseos humanos. Las cosas se relacionan con las cosas a través de una malla en internet. Los robots generan sus propias respuestas. Los humanos representan una parte de la sociedad y están en decadencia –entendido aquello por la producción mental en relación al in-put producido por toda la sociedad.
Ver imagen que acompaña al artículo: http://retratodelinfierno.typepad.com/retratodelinfierno/2009/02/descartes-y-el-yo.html
juan Re-crivello
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