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15
Nov
2008
La neurosis del leviatán moderno
El avance del psicoanálisis ha permitido considerar un elemento, la angustia del individuo. Podríamos decir que su personalidad -la del psicópata- transfiere hacia otros el castigo.
La neurosis del Leviatán moderno tiene, uno de sus orígenes, en la cambiante y obsesiva atmosfera repetitiva del mono -que late en nuestro interior- pero estalla al definirse como humano.
Podríamos decir también, que las reglas sociales deprimen a determinados individuos que han sido educados en la discriminación familiar. El 0.5% de los menores catalanes están tutelados por la Generalitat. Una cifra bastante alta que nos muestra la aspereza y soledad de nuestra sociedad.
Un autor conocido como James Joyce nos dirá en Ulises:
“El ataúd se zambulló perdiéndose de vista, dejado resbalar por los hombres, con las piernas abiertas en las tablas de alrededor de la tumba. Se incorporaron con fatiga y se retiraron y todos se descubrieron. […] Pausa.
Si de repente todos fuéramos alguien diferente. Muy lejos rebuznó un burro. Lluvia. No hay tal burro. Nunca se ve uno muerto, dicen”.
Este segundo elemento que nos aporta el texto, nos acerca un poco mas a la identidad violenta. Casi podríamos establecer una relación entre la falta de expectativas y el límite vital que se antoja cercano y sin brillo de los actores del mal –los reclusos o los enfermos psíquicos. La mayoría de estos personajes cargan consigo la desilusión por vivir. Observamos como su brevedad vital, forma parte de su personal historia tanto familiar como sentimental.
Queda algo más por decir… Con fabula o no, el espíritu del mal es una imagen católica antigua que pervive en nosotros. La voluptuosidad, el deseo, el pecado, la violación de una regla conviven de tal manera que cualquier infortunio nos sitúa en una posición de inferioridad. Constituye una pesada tarea, liberarse de esta conciencia del mal sin que ello nos arrastre a habitar la casa de los espíritus sin ley.
Tanto el deseo del mal como la sencilla y austera conciencia del final físico son un balance difícil de acompañar, sin considerar además que el animal, late por debajo de las capas de cultura y socialización.
¿Pero es posible vivir sin el mal?
Ardua tarea, quizás una ilusión perdida de los pacifistas que ignoran las fuerzas temibles que bullen en nuestro interior.
Dedico este artículo a Enrique VIII
juan Re-crivello
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