23 Ago 2011

Cerdos.

Escrito por: Gabriela Aragón el 23 Ago 2011 - URL Permanente

Permanezco inmóvil en medio del tabuco. El olor a vómito se pega a mi nariz, mareos en espirales quieren tumbarme. Los cerdos tienen hambre, se alimentan de mierda y repletos de su mediocre felicidad follan entre ellos por un plato de aceptación quieren rasgar la piel de mis pantorrillas y untan sus hocicos en mi piel dejando baba negra que escurre ácida por mis tobillos. Se engordan de mentiras y las venas les contraen un corazón parecido al humano. Lloran por miedo a morir sin poder caminar en dos patas y hacer más liviano su peso de cebo indigesto.

Las hembras seducen a los machos con las hileras de tetas hinchadas de dinero. Ellos maman pus fermentada sin darse cuenta de lo imbéciles son sus gestos. Las siguen con gruñidos de falsas excitaciones y terminan revueltos en lodos corruptos mientras mi sangre se filtra entre sus pezuñas que los enferma y los hace jadear.

Tengo un largo cuchillo que brilla en señal de consuelo. Busco con ansia degollar sus anchos cuellos y que su fétida sangre tiña sus pieles. Antes de enterrarles el cuchillo en la garganta los he marcado a fierro incandescente en la cara con la señal del desprecio. Unos vomitan y otros se cagan. Estoy dedicada a que el dolor sea la última percepción, y que deseen no haber nacido porque sus existencias solo dañaron la mía.

La sangre de uno de ellos brota e infecta el lugar, el cuchillo se entierra continuamente frente a los otros. Saben que llegará su turno y tiemblan sus cobardes pezuñas.

He vaciado sus tripas y hago collares que cuelgo en sus pescuezos. Se irritan y temen tanto su turno.

Seré lenta con cada uno de ellos, haré morcillas que ellos mismos tragarán. Cortaré sus cabezas y rodarán entre sus pisadas mientras los restos de cuerpos se agusanan entre ellos.

Tocaré anunciando cada día la muerte de uno de ellos con el rasgueo de las mandíbulas destrozadas que arranqué en vida al recién muerto. Sonarán sus agonías como llantos de mujeres pariendo, porque sus muertes son el alumbramiento de mi vida.

Cerdos… Tan sucios e imbéciles, con tan poca suerte los llevo a la muerte.

Aragggón

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Iconoclasta dijo

Cuando doblen las campanas por los cerdos, haremos el amor entre los gruñidos del sacrificio de los cerdos de dos patas.
Hay tantos...
Siempre es adrenalínico leerte, mi reina.
Muaaaaaaaaaaaaaa...

Gabriela Aragón dijo

Hablas de adrenalina cuando con solo una frase me colocas en situaciones extremas, excitantes... Tu sí que tienes poder.
Besos mi rey.

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La virtud esclavizada.

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Aragggón. La virtud esclavizada

Aragggón es la creación sexual de un surrealismo que se concretiza en letras. Es la búsqueda continua de un deseo llamado Iconoclasta.
Ir en contra de la permanencia de la virtud humana hace que la destruya de manera salvaje e inesperada.
Soy solo un par de gotas que tiñen el papel tratando de desgarrar con las uñas del placer la pesadilla llamada vida.

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