04 Jul 2009

Nacientes de esperanzas...(poesía)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 04 Jul 2009 - URL Permanente

Un agujero donde todas las emociones emanan

A la luz de un sendero de palmeras

Donde la erupción de una alfombra de recuerdos

Nos lleva por un paisaje bello y encantador.

De la mano arribamos por orillas

Nacientes de un océano donde los cuerpos

Se mecen al vaivén de calderones,

Nacientes de cuevas donde una hoguera

Atempera los sueños que edificamos

Con la dulzura de una brisa que nos recoge

Y nos lleva bajo la luz de la esperanza.

Un agujero que comprende todos nuestros secretos

Como velero en busca de una isla azul

Donde la libertad sea esa fortuna que conquistar

Con la palabra honesta y bondadosa de la caricia

Deseada por el brío del amor.

Nacientes de náufragos que saludan a la vida

Con la música de las estrellas,

Con el llameante astro rey marcando sus caminos

Para erguirse en donde las siemprevivas crecen,

Nacientes de una esclavitud que se extingue, que se extingue

Entre jazmines inmaculados

Que harán de tapiz en una tierra

Donde la hermosura y la inocencia

Brote otra vez como recurso de las llamas

De la alegría, alegría.

24 Jun 2009

El y ella

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 24 Jun 2009 - URL Permanente

1. En la ventana

Buceando en los recuerdos, esos recuerdos que nos da sombra cuando el alba disfraza la luna de sol. La andadura vestida de nostalgia nos embarca en el llanto, en la llamada de esas estaciones idas cuando un círculo de hielo nos rodea.

Xx:

¿Qué haces?

Yy:

Aquí, sentada en esta ventana mirando el mar. Mirando los recuerdos del ayer. Ven, ven siéntate conmigo.

Xx:

No. No tengo ganas. Me acabo de levantar y…

Yy:

Y ya lo se te vas a dar una ducha para salir a tu paseo diario. ¡Ay los años¡ No podrías cambiar un día.

Xx:

Son muchas estaciones ya con esa costumbre y si no lo hago es como si me faltara algo. Me voy a duchar.

Yy:

No, no te duches. Por qué no te despierta con el ronroneo de las olas, con ese sol que con su frescura está naciendo.

Xx:

¿Qué te pasa hoy mujer? ¿Por qué me hablas de ese modo?

Yy:

No se por qué amado mío. Hoy me encuentro melancólica. La nostalgia me arrastra por arenas movedizas y necesito de ti. Estamos tan distanciados últimamente. No te das cuenta. Pasan los años ¡Los años¡ y siempre hacemos los mismos. Tu te levantas te duchas y te vas a caminar hasta la hora del almuerzo y yo…Yo, aquí, entre estas cuatros paredes leyendo o haciendo otra actividad.

Xx:

Bueno, ya empezamos. Somos viejos y cincuenta años de matrimonio. Hay creo que la suficiente confianza para hacer lo que queramos.

Yy:

No, no es eso. Estás tan equivocado…Vete a ducharte anda.

El se va a duchar y ella se contemplando una de las maravillas de la naturaleza. Ese océano dorado cuando se infiltran los primeros rayos solares. Está en calma y de él se desprende una sabiduría de millones de años

2. Ella sola

Yy:

Que hermoso eres con la plenitud de tus olillas, con esas rocas que bañas. Yo aquí sola como siempre. Sentada, esperando el último minuto mientras tú vagarás eternamente frente a esta ventana. Sabes, me daría un baño en tus aguas pero es que estoy tan vieja.

Mar:

¡Vieja¡ Que dices mujer. Aquí te espero. Mis aguas están en calma para tu cuerpo se sumerja en mí.

Ella se levanta, coge su bastón y va a la habitación. Se pone torpemente el bañador y baja.

3. El solo

Xx:

Que día más esplendoroso hace hoy. Es tan temprano que todavía no discurre nadie por estas aceras. ¡Ay mi mujer¡ La amo. Tanto es mi amor que las palabras se quedan desnudas, solitarias. No se como decírselo, el silencio me ata y no encuentro la frase adecuada que a ella la reanime. Será este cansancio. El mar esta deseoso. Nunca lo había visto así. Me entran ganas de darme un baño. Si, un baño.

Mar:

Aquí te espero. Ven, ven conmigo.

4. El y ella

El y ella bajan a la arena. No se ven. Se aproximan a la orilla y se quitan las ropas. Lentamente la sed de por ese océano se va apagando, ambos, se introducen en el agua. No hay nadie solo ellos dos. Se ven. Se aproximan. Se besan.

12 Jun 2009

El faro...(relato)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 12 Jun 2009 - URL Permanente

Se encendía el faro y se apagaba. La mar estaba rugosa como las sábanas cuando uno se acaba de levantar. En la barca iban dos personas. Ella de pelo castaño y ojos similares a la bóveda celeste en un día de verano; el, de pelo azabache y ojos grises cuando la tormenta cae. Iban en busca del ánimo de la vida para que su relación no se estropease más y más. Por ello ese día decidieron navegar juntos movidos por los dioses del océano. Ambos depositaban en sus almas el cansancio, el agotamiento que viene en una unión de tantos años. Aunque la temeridad de lanzarse al mar sin saber sus destinos era fuerte, con sus cuerpos semidesnudos se alzaron con los remos por ese líquido del color del metal y con los gritos de las olas. Naufragaron, el océano los traicionaba con su opulencia, con su tiranía. Pero pudieron nadar como podían hasta ese lugar donde un faro se encendía y se apagaba. Hastiados, cansados llegaron. Sus piernas temblaban al ser otra vez tierra firme. Tierra de la nada. Porque no había nada. Miraron el faro y había desaparecido. Se había extinguido como la pasión de sus corazones. Anduvieron entonces un rato. Y nada. Aquella era una isla desierta. Solo habitada por una gaviota. Se aproximaron a ella y sorprendentemente ella les habló.
“Que os pasa amantes que buscáis la verdad de vuestro amor. Ya se que vuestra atracción se ha desmigajado. Por nimiedades diría yo. Aquí estáis ahora. En esta isla donde los corazones desterrados renacen de sus cenizas. Vosotros mismos seréis jueces de vuestros defectos. Aceptaos tal como sois. La vida de cada uno hay que respetarla y en la relación en pareja debe existir la libertad, la libertad de ser silencio ante otro sin que ello, si existe confianza, os lleve por las tinieblas que rompe todo lo que habéis creado. “
Los amantes se miran perplejos. Una gaviota aconsejándolos. Una gaviota que encuentra el reducto de lo que les ocurre. Es como si sus almas se hubieran separados de sus cuerpos y se hubiera unificado en ella. La comprendieron. El faro de nuevo se encendía y se apagaba lo que indicaba que era hora de volver a su tierra. Solo tenían un tropiezo, no tenían barca.
“ Es verdad amantes no tenéis barca. Pero que más da. Nadar y nadar que los cachalotes os ayudarán a regresar de donde habéis venido.”

El faro...(relato)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 12 Jun 2009 - URL Permanente

Se encendía el faro y se apagaba. La mar estaba rugosa como las sábanas cuando uno se acaba de levantar. En la barca iban dos personas. Ella de pelo castaño y ojos similares a la bóveda celeste en un día de verano; el, de pelo azabache y ojos grises cuando la tormenta cae. Iban en busca del ánimo de la vida para que su relación no se estropease más y más. Por ello ese día decidieron navegar juntos movidos por los dioses del océano. Ambos depositaban en sus almas el cansancio, el agotamiento que viene en una unión de tantos años. Aunque la temeridad de lanzarse al mar sin saber sus destinos era fuerte, con sus cuerpos semidesnudos se alzaron con los remos por ese líquido del color del metal y con los gritos de las olas. Naufragaron, el océano los traicionaba con su opulencia, con su tiranía. Pero pudieron nadar como podían hasta ese lugar donde un faro se encendía y se apagaba. Hastiados, cansados llegaron. Sus piernas temblaban al ser otra vez tierra firme. Tierra de la nada. Porque no había nada. Miraron el faro y había desaparecido. Se había extinguido como la pasión de sus corazones. Anduvieron entonces un rato. Y nada. Aquella era una isla desierta. Solo habitada por una gaviota. Se aproximaron a ella y sorprendentemente ella les habló.
“Que os pasa amantes que buscáis la verdad de vuestro amor. Ya se que vuestra atracción se ha desmigajado. Por nimiedades diría yo. Aquí estáis ahora. En esta isla donde los corazones desterrados renacen de sus cenizas. Vosotros mismos seréis jueces de vuestros defectos. Aceptaos tal como sois. La vida de cada uno hay que respetarla y en la relación en pareja debe existir la libertad, la libertad de ser silencio ante otro sin que ello, si existe confianza, os lleve por las tinieblas que rompe todo lo que habéis creado. “
Los amantes se miran perplejos. Una gaviota aconsejándolos. Una gaviota que encuentra el reducto de lo que les ocurre. Es como si sus almas se hubieran separados de sus cuerpos y se hubiera unificado en ella. La comprendieron. El faro de nuevo se encendía y se apagaba lo que indicaba que era hora de volver a su tierra. Solo tenían un tropiezo, no tenían barca.
“ Es verdad amantes no tenéis barca. Pero que más da. Nadar y nadar que los cachalotes os ayudarán a regresar de donde habéis venido.”

07 Jun 2009

LA PROMESA...(RELATO)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 07 Jun 2009 - URL Permanente

Erraba a propósito de cumplir una promesa. No se vencía, la muerte de su amor había llegado temprano. Con el nacimiento del invierno feroz, cuando las aves migratorias van a otras tierras por su calidez. ¡Si¡ como ave se había ido pero no a otras tierras de las cuales pudiera volver. Estaba allí mismo, en un nicho donde le habían dado sepultura. Su promesa era llevarle flores todas las semanas. ¡Que cansado¡ decía ella. Ese cementerio que ahora en primavera era encuentro de almas solitarias, de almas solidarias para los muertos allí presente. Donde el silencio corretea con el eco de las pisadas de todos los que allí se mueven. Ella entonces decidió colocarle un pequeño arbusto. Como su tumba estaba pegada al suelo no sería inconveniente ponerlo en lugar de flores ese pequeño arbusto, ella ya lo iría a regar y cuidar de vez todas las semanas. Pasaron las semanas, pasaban los meses y ella no iba. Se había olvidado de ese arbusto, más bien cansado, no le gustaba nada los cementerios pero aún así un día pasó por allí. Quería acariciar esa lápida.

El verano ya empezaba asomarse. Un cielo límpido y un sol de ese que dicen que rajan las piedras. Al llegar a al nicho de su amante el arbusto no estaba posado en el suelo. Pero sin embargo noto que la lápida estaba agrietada y de ella salía el arbusto. Una corriente de pánico pacífico recorrió su cuerpo. ¿Qué había pasado? En esos momentos no había nadie por allí, ni el sepulturero. ¿Qué hacer? De pronto escuchó una pequeña voz, una voz que provenía del nicho. Asombrada y con temor no se movió. Su rostro señalaba palidez y al mismo tiempo un sudor frío la embarcaba por los campos de la extrañeza.

- ¿ La promesa Anne?

- La promesa. Perdóname amor mío. Pero aunque yo no halla venido sigo amándote.

- Si, querida Anne. Yo también sigo amándote. Ya ves este amor. Es tanto que el arbusto que me dejaste es ahora parte de mí, parte de ti. Riégalo y mímalo por favor.

Anne no sabía que hacer, se había quedado un poco paralizada pero manejada por esas palabras obedeció. Fue a coger un poco de agua y regresó.

- ¿Cómo regarlo si está dentro de la tumba?

- Anne, solo tienes que echarle un poco de agua en sus hojas como si de mi se tratase.

Anne comprendió. Remojo su mano en el agua y fue acariciando hoja por hoja como si fueran las manos, los labios de él.

- Gracias por tus besos y acaricias Anne. Ahora vive. Ya ves que yo estoy bien. Se libre. Busca otro amor que a mí con solo una leve caricia a mis hojas cuando tengan sed me basta. Adiós amor mío.

Anne se fue, se fue con el alma tranquila.

2009dunia

29 May 2009

El lago...(relato)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 29 May 2009 - URL Permanente

Las aguas están mansas. Las respiración se emana de la tierra nos dice de los bosques sobrevivientes a la tala masiva. Bosques donde un poblado ancestral es danza con la luna, es brebaje de suculentas raíces hasta que el sol rompe la madrugada. Tambores se escuchan como hermana sonido de la naturaleza. Se hallan en el regazo de un lago. De repente de sus aguas erupciona una especie de mujer con un velo blanco. La danza se detiene, los tambores se apagan y el sol calla admirando la belleza que se esconde tras ese velo. Pronuncia algunas palabras, ellos escuchan. “ Oh amigos de la tierra, aquí estoy como parte del latir de vuestros corazones. No puedo decir la lástima que hay en mí por la extinción de vuestro pueblo. Aquí he venido. He venido para prevenirlos de esa maza y hacha que exprime a los que danzan con la luna y aniquila a los que cantan a las estrellas”. Todos la miran, aislados como viven no pueden creer que el maleficio de las máquinas lleguen a ellos. Sus cantos se entornan entonces en un llanto y la mujer del velo se transforma en árbol, un árbol que embriagado de esperanza quiere dar sombra a este pueblo para que sigua cantando, para que siga danzando.

13 May 2009

Nubes que nacen...(poesía)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 13 May 2009 - URL Permanente

Nubes que nacen del océano

En la búsqueda de bosques

Cuyas ventanas se abren a la vida

Cuando un caballo que se agita en su sueño

Apaciblemente abre la página de un libro

En el que desiertos le hacen espirar e inspirar

Sobre una luna que arranca

La serenidad de sus arenas, de sus piedras.

Trota de nuevo al encuentro

De las Pléyades para que le digan de su deseo,

Un deseo de caracolas que relinchan

Al son de una balada a la esperanza

07 May 2009

Atrapada...(poesía)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 07 May 2009 - URL Permanente

Atrapada en el abrazo que gira y gira

En el recuerdo de tus labios

Cuando la madrugada es vena

Por la que circulan el tintineo de los herrerillos.

Así, con el absorbente magma

Que engulle los sueños en mi despertar

Prometiendo levantar corazones al sol

Cuando las horas pasen y la luna

Se entregue a la reconditez de su letargo

Buscando, buscando ese templo natural

Que serpentee por tu cuerpo.

¡Tu cuerpo¡

Palidez que se embarca

Por las placenteras fragancias de las estrellas,

Donde el vestigio en mis manos

Tragan esperanzas

De un azul ebrio que silencia mis palabras,

Mis palabras…

Atrapada...(poesía)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 07 May 2009 - URL Permanente

Atrapada en el abrazo que gira y gira

En el recuerdo de tus labios

Cuando la madrugada es vena

Por la que circulan el tintineo de los herrerillos.

Así, con el absorbente magma

Que engulle los sueños en mi despertar

Prometiendo levantar corazones al sol

Cuando las horas pasen y la luna

Se entregue a la reconditez de su letargo

Buscando, buscando ese templo natural

Que serpentee por tu cuerpo.

¡Tu cuerpo¡

Palidez que se embarca

Por las placenteras fragancias de las estrellas,

Donde el vestigio en mis manos

Tragan esperanzas

De un azul ebrio que silencia mis palabras,

Mis palabras…

25 Abr 2009

Donde el sol nace (relato)

Escrito por: Dunia Sánchez Padrón el 25 Abr 2009 - URL Permanente

Cuerpos que ambulan en la madrugada cuando los pájaros son color de su canto. Ella despierta lentamente, forma un poema en la mano que enrollado tirará después dentro de una botella al mar. Ese mar misterioso, que se clava con su belleza en su mirada con la sed del amor. Pausadamente su llanto se eleva bajo su techo, maravillada de una música que la hace meditar. Se sienta en el sillón del salón y desde ahí vaga y vaga por el mundo del recuerdo. Las lágrimas rozan sus labios y un vacío se va edificando a medida que las primeras luces de la mañana van a su encuentro, al encuentro de otros que como ella erupcionan cargados del reencuentro del ayer. Ya es hora de tirar esa botella al mar en el que el mensaje escrito está rebosado de ternura y soledad. Su cuerpo desnudo se viste con ropa sencilla. Quiere sentir todo el frescor de la brisa marina. Sale de su casa, baja las escaleras con la pesadez del pasado a cuesta. Y, ahí, frente a ella, ese universo que conforma las mareas y las olas. Se descalza, quiere sentir la humedad penetrante de la arena. Lanza la botella con una leve danza que la devuelve a la vida. Lanza la botella con un suspiro que sonríe a su corazón, a su corazón…Cuerpos que emergen del océano cuando ya el crepúsculo es entrada. Y emergen a medida que la botella se aleja y se aleja. Cuerpos que con sus algas y caracolas se dirigen a ella y la llevan, la llevan donde el sol nace.

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