María(relato)
La espesura de la arboleda impedía que los rayos solares penetraran al mediodía en el bosquecillo. Un bosquecillo que se encontraba a las afuera de la ciudad. Un pequeño pulmón ante tanta polución. La calma y la tranquilidad eran llamas que lo albergaban. Allí acudía a menudo María. María una mujer de mirada gastada y tez blanca. Ahí desconectaba con la ciudad y el ritmo frenético que en ella se lleva. Sus pasos por ese bosque eran lentos y serenos. Ella era serena. Allí por unos instantes po...
María(relato)
La espesura de la arboleda impedía que los rayos solares penetraran al mediodía en el bosquecillo. Un bosquecillo que se encontraba a las afuera de la ciudad. Un pequeño pulmón ante tanta polución. La calma y la tranquilidad eran llamas que lo albergaban. Allí acudía a menudo María. María una mujer de mirada gastada y tez blanca. Ahí desconectaba con la ciudad y el ritmo frenético que en ella se lleva. Sus pasos por ese bosque eran lentos y serenos. Ella era serena. Allí por unos instantes po...
las arboledas...(relato)
El sol serpentea por las aceras de la ciudad en cada calle donde los árboles con su tono dorado mecen el fresco a los que pasan baja su sombra. Ella, con los hombros caídos, con sus ojos firmes en el suelo anda como agazapada en un pensamiento, en una reflexión que años y años ha estado pisándole los talones. Cruza la calle, enfrente se encuentra un añejo parque de árboles viejos. Se sienta en uno de los bancos. En uno de esos de madera donde la gente no suele pasar. De pronto, sin ella esper...
El vaivén de las olas...
Las nubes muerden su vientre que a la deriva la mira y la mira en el engendrar de una noche que en su extensión la sacude con el amor. Su cuerpo desnudo como camino de la perfección ante la observación nítida de ella. El sudor del verano las llama con la alegría y la calma que aporta una sobre otra, otra sobre una en el surcar de sus sueños. No desean despertarse de esa maravilla que sus caricias transcurren de manera sutil en un círculo de intimidad. La paz es velada por el beso, el beso e...
Montedeu y el violinista
El violinista no dejaba de tocar, ahí, en el casco antiguo de la ciudad. El bochorno apresaba a la ciudad con su peculiar panza de burro. Por allí, mientras tanto, pasaba Montedeu con sus piernas artificiales, con su timidez de costumbre. El había llegado en una patera hacia meses de donde por lo trágico del viaje le amputaron las dos piernas. Mi querido Montedeu ya puedes caminar y pronto conseguirás tus propósitos. El violinista sigue ensimismado en su violín y Montedeu se pa...
Sus ojos buscaban...(relato)
Sus ojos buscaban el amanecer, el se tendría que marchar a trabajar y ella sola, en casa, invitaría a su mejor amiga para pasar la mañana con una dulce charla donde las penas se ahogan y un café que despierta sus corazones. Sus ojos buscan su espalda, esperando algún movimiento que le diera la señal de que ya se iba a la ducha y ella sola, en su cama, amparar el sueño de su amiga, ese sueño que llena todo el vacío que ella poseía. Sus ojos buscan como se va, como su despedida es una pradera d...
El paso de las horas...(relato)
Pasan las horas, los días, las noches y en el corear de los pájaros que en la madrugada tienden sus alas a una luz cuya fuente de la que emana el sabor de la alegría. El sudor corretea por su espalda haciendo sus pasos más y más pesados. El sudor corretea por sus muslos como si fuera la amante de sus sueños tan escurridiza, tan lejana. Pero aún así se siente feliz. Se incorpora de su posición meditativa y avanza hacia el balcón de su casa no sin antes con una taza de café en su mano. Mira el ...
La nada
Bajo la sombra de cipreses las palabras vuelan en sentido de la brisa y la luna que con su alto potencial hipnotizante desarrolla el auge de unos labios que quieren despertar del olvido. Dos seres, dos cuerpos, cuatro ojos, cuatro manos, cuatro piernas y de fondo un piano que no deja de quejarse en el espacio de la noche. Una noche cálida, llena de luciérnagas y grillos que zarandean al son de una melodía. No hay nada más, solo cipreses, solo el aire entre ellos dos. Xx: Las trompetas ...
El beso
Adiós, así se despide de la borrasca que la incrusta en sensaciones amargas. Su romance con nubarrones se había acabado. No sabe como, un día donde esa carpa celeste del firmamento la llama dejo de seguir derramando lágrimas. La llama con el irradiar de toda su fuerza alojada en el sol y así continúo su andar por una vereda donde la sombra de los añejos árboles hacía aquel lugar intacto en los años, en los siglos. La humedad que allí se preserva la imanta para lamer la calidez de la soledad...
El y ella
1. En la ventana Buceando en los recuerdos, esos recuerdos que nos da sombra cuando el alba disfraza la luna de sol. La andadura vestida de nostalgia nos embarca en el llanto, en la llamada de esas estaciones idas cuando un círculo de hielo nos rodea. Xx: ¿Qué haces? Yy: Aquí, sentada en esta ventana mirando el mar. Mirando los recuerdos del ayer. Ven, ven siéntate conmigo. ...
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