Que extraño le parece la vuelta a casa después de caminar por una ciudad que en agosto está aletargada, se le asemeja a un desierto. Sus piernas avanzan al ritmo de las aves que buscan donde guarecerse ante la lluvia. El bochorno desencadena las llamaradas de los amores perdidos en las nieblas del desencanto. Amores que se vuelcan en la penumbra de su ser. Ahora camina y camina por la orbe solitaria con el pensamiento atravesado por espumas de paz. El sosiego, la calma se va introduciendo en...
Labio a labio
Revoloteas en la incertidumbre de hogueras que se marchitan con el vals del desencantamiento. Vas detrás del aire como si fueran bosques ancianos que desprenden la savia del amor. Te retuerces por los sibilinos laberintos de las aves del paraíso en busca de aquello que está ante tus ojos. ¡Tu mirada¡ Aterciopelada sombra donde el resonar de las olas te llevan , te arrastran hacía grietas donde un mágico reflujo de nostalgia te invita a ser manantial que emana sobre otro cuerpo sudoroso, frío....
La tonada del olvido
El surcar de las mareas revienta la jornada en una noche de luna llena. Ahí, los amantes en pleno apogeo de sus lazos de amor. Ahí, el ronroneo de las olas en sus bodas con las caracolas que como almas flotantes dan la tonada del olvido. Despacio, caminan por la arena, el frescor del océano les transmite un perfume a algas y sal. Sus manos enlazadas, sus cinturas balanceadas al compás de las olas. Su andar se hace eterno. Pasión que se desata en el océano con sus labios adosados, con sus cue...
Luna
Luna que engendras azucenas En el despertar de las olas Me preguntas por mi sueño. Revoloteas como pinzones Por el embellecido encuentro De su beso y mi beso En las lejanas corrientes De nuestro árbol del amor Y yo te contesto De ese desierto que me transforma, Que la transforma En inanimadas alas para el amor. Caminar por aceras estériles Donde mi silueta es reflejo marmóreo De un aliento gélido. Como tu mirada, C...
Agujeros negros son el precipitar de estrellas Que se remojan en acantilados de sal Donde un corazón de hielo Se aferra una soledad perpetua Como prisionera de una ilusión desvanecida, Arrancada con su travesía de silencio Del influjo de los vientos del sol.
El beso
Se levanto de su sillón como mecedora del tiempo. Se acerco a su vieja estantería que tenía tantos años como ella y, de ahí, cogió un álbum de fotos. Fotos de tiempos pasados, de un ayer que se mezclaba con el hoy. Sus manos le temblaban, su pelo cano era hermana gemela de la plateada. ¡La plateada ¡ Esa noche enigmática en cada uno de sus cráteres, cada uno de ellos tenía algo que contar de sus vivencias pasadas . ...
Ella cayó entre sus manos Cuando la plateada paseaba por allí Donde sus besos eran destellos de sus luceros Que las consumía como amantes de un anochecer En la alianza a este mundo con sus aisladas pasiones Por Ríos de libertad: Hegemonía de las gaviotas ancladas En el mar olivino Y las fascinantes Pléyares sondear de sus labios En el emocionante compromiso de acantilados Donde el salpicar de sus pasiones Son agua azul de sus almas.
Los amantes
No se lo que acaece en el misterio de la noche Cuando los cuerpos se rozan por la espiral de las espinas Bajo cráteres remojados de blancor. Cuando sólo derrumban su sentido En hogueras de sábanas Que caen por un precipicio Donde el beso desvaído de sus manos Es discordante con el fluir de la mar. ¡Mar del oscurecer precoz¡ Bajo el lecho de la melancolía Los amantes Hallan una libertad cautiva en astillas, Hallan un abrazo desplomado en la nad...
Cuerpo que se expande y contrae
Cuerpo que se expande y contrae En la ribera de sus manos En las raíces que emana de un espejo azul Donde se refleja un fuego circular A cada paso que da. Cuerpo que emerge como centinela De los agujeros negros que ondean Este globo de agua y sal Donde lentamente Con el sabor marchito de las flores de mayo Asciende por una cumbre de paz. Cuerpo que en la alborada del anhelo Se desplaza con viento norte Por pasadizos donde erupcion...
Gaviota de fuego (Microrelato)
Baja por la montaña donde el sonido mágico de las flautas la imantan hasta el océano. Bosques de oscura tonada son sombra que ha de pisar, son sombra que la socorren de un sol hostigador. A su paso la soledad es hojarasca que cruje en el gemido de su pecho. El río que a lo largo la acompaña ha dejado de cantar, es piedra y tierra donde no más que crecen recuerdos amargos. Llega al mar. Una gaviota de fuego viene a por ella. Le cuenta de ese otra isla donde el amor como volcán erupciona y barr...
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