22 Ene 2013
Los sobres de Rajoy
Gran reacción la de Rajoy frente a la crisis de los sobresueldos populares. Ya saben ustedes que en la tradición británica, cuando un primer ministro quería tapar un asunto siempre tiraba de la misma solución: montar una comisión. Esa comisión redactaría un informe tanto tiempo después del escándalo que para entonces ya habría escampado, y nadie prestaría atención al resultado del mismo. Estilo Rajoy cien por ciento. Si el mudo de Santiago se ha caracterizado siempre por dejar que las cosas se pudran solas, no será ahora cuando se destape como el Ben Johnson de los políticos, valga la comparación.
Más interesante es averiguar el origen de la filtración. Parece claro que Pedro J está muy cabreado con Rajoy y su entorno, pues estos prefieren alimentar a la derecha clásica (léase Razón y ABC) en vez de darle todas las exclusivas (y digo todas, porque aquella de los informes policiales anónimos que acusaban a Mas de tener cuentas en Suiza salió directamente de Interior). Ahora bien, ¿quién le pasó la información?
Se barruntan dos hipótesis. La primera, quizás la más arriesgada, es que es cosa de Esperanza Aguirre, para debilitar a un Rajoy repentinamente fortalecido por la caída de la prima de riesgo, y también para desviar la atención del foco mediático puesto sobre su delfín González, el del ático en Estepona y las bolsas de basura en Medellín. Filtrando una información que a ella no le compromete (porque no ha tenido tareas de dirección en la ejecutiva nacional del PP) consigue volver a arrinconar a un Rajoy incapaz de tomar decisiones sobre un asunto tan polémico, y encima se posiciona ella misma como posible sucesora. Sus numerosas apariciones en medios de comunicación exigiendo depuraciones y comisiones internas de investigación apuntan en esa línea. Por otro lado, por muy lista que sea la expresidenta, la jugada es demasiado arriesgada, pues es difícil saber quién está enmierdado en este escándalo.
La segunda hipótesis es que la información procede del propio Bárcenas, quien a pesar de anda como Pedro por su casa en la sede del PP, se considera traicionado por la actual dirección, ya que el gobierno no está haciendo nada para que se alivie la presión judicial sobre su caso. A punto de encender el ventilador, Bárcenas podría haber probado hasta dónde el PP rajoyta está dispuesto a aguantar sin echarle una mano amiga. Pero Bárcenas no parece de esos que están dispuestos a hundirse con toda la tripulación. Si acaso, de los que se ponen a buen recaudo antes de que el barco explote.
En ambas hipótesis, Pedro J. gana: gana si la información viene de Aguirre, porque así sigue en su campaña de acoso a Rajoy, y a la vez le hace el juego a la candidata alternativa; y gana también si la información viene de Bárcenas, pues se hartará a vender periódicos, como ya ocurrió cuando otra palo caído, Mario Conde, le pasó información privilegiada sobre los escándalos del socialismo felipista.
18 Ene 2013
No le digan a mi madre que soy político....
Ya saben aquel dicho aplicado a las más vergonzantes profesiones: "No le diga a mi madre que soy político; ella piensa que toco el piano en un prostíbulo". Pues así se deben sentir los miles de cargos políticos de este país, cuando se levantan cada mañana con la noticia de un nuevo escándalo provocado por las cada vez más comunes ovejas negras que pastan en su seno. Ya ni siquiera pensarán en la dimensión moral de sus acciones: el peso del latrocinio partidista seguro que a más de uno le está empujando por dentro a la renuncia a las actividades públicas. Si no fuera por la crisis, yo creo que veríamos dimisiones en cadena. No me creo que haya tanto sinvergüenza en este país.
Hubo un tiempo en el que los políticos tenían que dar algo de ejemplo, por lo que no se atrevían a llevárselo crudo. Surgió así la figura del "conseguidor", de aquellos empresarios que, al calor del poder político, crecieron y se multiplicaron. Los políticos mantenían su dimensión de servidores públicos, sin mancharse las manos, pero a la vez alimentaban a empresarios afines que devolvían el favor con vacaciones en el Caribe y cenas en los mejores bistrós europeos. Aquel conchabeo fue descubierto, pero no dañó mucho a los partidos. Recuerden que la mayor parte de la corrupción que afectó a los partidos hasta finales de los noventa se refería a procedimientos ilegales de financiación, cosas y cifras veredes.
Pero en los noventa a alguien se le ocurrió que mejor quitarse de enmedio al conseguidor: ¿por qué jugarse el tipo por empresarios que al final sólo miran la pasta si el político podía ayudar a otras empresas a cambio de que esas empresas después contratasen al político? El gobernante de turno se aprovechaba de su posición pública para darle contratos a la empresa elegida, y después esta empresa contrataba al político, que abandonaba la política por la puerta grande, sacando además pecho por ser capaz de "ganarse la vida fuera del pesebre". Ahí tenemos a todo un Güemes, que utilizó sus contactos políticos como trampolín hacia la empresa privada. O Rato, o Zaplana. O al actual presidente madrileño, quien de buena se libró cuando Rajoy no permitió que se alzase con la dirección de la Bankia privatizada. También hay ejemplos en otros partidos, por supuesto, basta con recordar a Aído. Pero el mensaje es claro: para muchos, la política se ha convertido en su principal instrumento para hacer dinero en la empresa privada, cuando tradicionalmente la política atraía a aquellos con una posición establecida, principalmente funcionarios, que buscaban compensar con poder los no necesariamente altos sueldos que cobraban en la función pública.
Y así llegamos al escándalo Bárcenas y los ya famosos sobresueldos. No me extrañaría nada que los líderes del PP, desde Fraga hasta Rajoy, hubieran permitido que sus principales dirigentes se llevasen un sobresueldo, con la intención de evitar que metiesen la mano en la caja. Y sólo cuando estalló la Gürtel, y se comprobó que los sobresueldos no estaban funcionando, pues algunos de sus dirigentes mostraban un apetito voraz por el dinero y el lujo, fue cuando Rajoy mandó parar estas prácticas. El PP está trincado, y de esta no se escapa. Puede encender el ventilador, para que se enmierde todo el sistema político con acusaciones de "y tú más", pero está muy claro que necesitamos una regeneración profunda de las estructuras partidistas en este país. Las actuales dirigencias del PP y el PSOE nos han fallado, han utilizado el poder para forrarse, y ahora mismo no saben cómo reaccionar no sólo frente a la crisis económica sino, lo que es peor, frente a su desnudez inmoral. El mudo Rajoy tiene la palabra.
11 Ene 2013
Las tranquilas conciencias de los políticos
Así se manifestó el cesado concejal popular del ayuntamiento de Madrid, Miguel Angel Villanueva: "me voy con la conciencia tranquila" dijo, y se quedó tan pancho. Tenemos políticos que dimiten sin que aparentemente ellos mismos sepan el motivo, y otros que no dimiten a pesar de haber dado su palabra de que lo harían si se demostrara su implicación en asuntos turbios bien demostrados.
Necesitamos un poco de moralidad en la política, políticos que sirvan de ejemplo ciudadano en estos tiempos de zozobra. Pero allá donde miremos sólo vemos una niebla que lo confunde todo. Si este político recibe un trato de favor penitenciario, rápido se nos recordará que aquel otro del partido contrario también se benefició. Si se nos dice que este político falta a su palabra dada hace diez años, cuando esa palabra valía algo, enseguida otros dirán que las palabras hueras son rasgo característico de la especie política y, en consecuencia, lejos de ser censurable es rasgo destacable. Si un político es imputado, los efectos de la imputación pronto serán amortiguados por el surgimiento de otras corrupciones en la acera de enfrente partidista.
Tenemos que atraer hacia la función pública a personas que tengan la "conciencia tranquila" cuando el resto de los ciudadanos también la tienen, no gentes encanallecidas por la mordida, la prebenda y la sumisión jerárquica. Quizás, al final, las listas abiertas no sean tan mala idea como pensaba, para asegurarnos al menos de que los representantes públicos aprenden que sus puestos dependen más de los que cada cuatro años les sacamos en rogatoria electoral que de los políticos y empresarios rentistas con los que convivirán el resto del tiempo.
08 Ene 2013
El Rey pasmado
Escuché con tristeza la patética entrevista-reportaje que la Casa Real obligó al Rey a realizar con el ínclito Hermida. No es sólo que aquellas preguntas habrían quedado mejor en boca de Igartiburu; es que el Rey parecía completamente ido, noqueado, como si no entendiese los consejos de su corte de estrategas que le recomiendan promocionarse cuando para él, sus logros hablan por sí solos.
Que la salud del Rey no es buena es obvio y públicamente notorio. Que la situación de la Corona tampoco pasa por su mejor momento, con los escándalos de los osos Urdangarines, no lo es menos. Pero el Rey, en vez de dejar el lugar a la siguiente generación, se ofrece a participar en espectáculos tan tristes como el del publi-reportaje del pasado sábado, en los que nada es lo que parece. Al Rey se le quiso por llamar al pan pan y al vino vino, y no por cursilerías baratas acerca de su padre, o eufemismos atroces aplicados a la dictadura de la que venimos.
El Rey no entiende, no se explica que la gente de repente le pida cuentas, cuando fue él, y su "generación" la que trajo la paz y la concordia democráticas a este país en el que, como dijo el poeta, la historia siempre acababa mal. El Rey no comprende que para otras generaciones, las actuales, su generación también provocó esta crisis horrenda, la del caos autonómico y la codicia partitocrática. No comprende que para muchos, las conquistas pasadas no justifican la pasividad actual, no se da cuenta (o a lo peor sí, pero no le dejan decirlo) de que la democracia española necesita un lavado de cara institucional que contribuya a poner los moldes para las próximas cuatro décadas.
El Rey no entiende que ya no es la persona indicada para semejante desafío, porque sus prácticas pertenecen al antiguo régimen de hacer las cosas en este país: el silencio y la complicidad, el apretón de manos y la corruptela. Necesitamos a un príncipe acorde con los nuevos tiempos. Deje sitio, Majestad, y tenga seguro que nunca le pediremos los recibos de su brillante gestión.
03 Ene 2013
Cospedal y Carromero, o la paja en el ojo ajeno
Llegados a estas alturas de las crisis que vivimos, yo creo que si algo repugna a la ciudadanía, más que la alta capacidad de autoprotección de la casta política, es su indigencia moral, esa actitud tan bastarda de exigir en público lo que en privado no sólo no respetan sino que parece que desprecian.
Hay ejemplos a cientos, pero déjenme presentarles a dos: Cospedal y Carromero. La primera pregona austeridad a la vez que cobra tres sueldos, y paga menos impuestos que el Emperador Gao Ping; el segundo se va a Cuba a dar lecciones de estado de derecho cuando vive de la sopa boba y no es capaz ni de pagar las multas que le ponen por conducir alegremente sin ningún respeto a las leyes de circulación. Cospedal y Carromero, ¿no deberían ustedes ser menos hipócritas? ¿Acaso no deberían ser más conscientes de que viven del presupuesto público, lo que les obliga a respetar las leyes y asumir una cierta ejemplaridad en sus comportamientos?
Seguro que ambos tenían nobles motivos. Carromero debe haberse creído que sin su concurso la dictadura cubana no caería. Y Cospedal debe pensar que sin quitarle el sueldo a los diputados manchegos y hacer todo tipo de recortes en educación no reencontraremos la senda del crecimiento y bienestar económicos. Pero hay que ser muy jeta para engañar y beneficiarse de ese presupuesto público sin necesidad de rectificación. Cuando Carromero salga de la cárcel por el método de urgencia, que dé las gracias públicamente a los ciudadanos españoles, pague sus multas y entregue su carné de conducir enseguida. Y cuando Cospedal baje el sueldo a los diputados y siga con sus recortes, que diga públicamente que se equivocó al cobrar tres sueldos en la situación actual, que renuncia a esos trienios que nadie sabe muy bien por qué cobran los abogados del estado si no ejercen como tales, y que nos explique de dónde salió esa donación por la que le ha tocado un cortijo manchego.
Que lo hagan, que lo expliquen, y que cunda el ejemplo.
20 Dic 2012
Babel, un exitoso fracaso
Azuzado por las buenas críticas, acudí ayer a ver Babel, una obra de teatro en el Marquina. Lo mejor que puedo decir es que se estaba mejor dentro del teatro, que en la calle pasando frío. Hasta el título parece mal escogido, porque la torre de Babel, como es sabido, acabó destruida por la incapacidad de sus constructores para entenderse unos a otros. Por el contrario, en la obra todo parece arreglarse, y las parejas rotas por la incomunicación deciden reunirse, a falta de algo mejor, ese parece ser el mensaje.
Babel tiene un arranque prometedor, los límites entre las certidumbres de la vida convencional y las pulsiones del placer. Pero enseguida empieza a desbarrar, con el recurso sistemático a lo que podríamos llamar el costumbrismo televisivo: el olor a perfume que delata al adúltero, el policía por gracioso impertinente, la psicoanalista que necesita ser psicoanalizada, los amantes que se encuentran azarosamente con los respectivos amantes de sus parejas, la mujer que devora hombres para satisfacer su ego.
A pesar de las notables interpretaciones de los actores, la obra no brilla, porque no desarrolla la verdadera causa de las traiciones: la finitud de la vida y nuestra incapacidad material para experimentar sistemáticamente los diversos caminos que el amor y el placer nos ofrecen.
19 Dic 2012
Patria oppressa
En el novísimo Macbeth que Tcherniakov ha representado en el Real es el pueblo el que engallarda al valeroso soldado para que termine uno a uno con sus enemigos, hasta calzarse la corona de Escocia. Y es el mismo pueblo el que después, cansado ya de tanta sangre, exige la liberación de la patria oprimida y se encomienda a nuevos caudillos cuyo apetito de poder les hará caer en la misma trampa del populacho: estos pueblos nuestros son ingobernables.
Todos somos tiranos, nos dice Tcherniakov a través de Verdi y Currentzis. En las casas más célebres de la burguesía se tejen conjuras avaladas por un pueblo sediento de cambio que se embriaga cuando ve la bandera en alto y escucha las trompetas que llaman al suicidio patriótico. Macbeth muere con el acero por el que mató, no sin antes haber dudado.
Mortier ha acertado esta vez, es justo así reconocérselo. Óperas como Macbeth, bien conocidas por el gran público, permiten lecturas arriesgadas, pues su mensaje es universal. Sin ir más lejos, ahí tenemos a Mas, que se creyó las baladronadas de los que festivamente se manifestaban el 11 de setembre, y se echó al monte para ser después apuñalado, electoralmente, claro, por los que le empujaron hasta allá arriba. Mas también escuchó a las ninfas, que le llamaban a ser rey de Cataluña. Quizás no cayó en la cuenta de que la profecía anunciaba que los hijos de su rival, Junqueras, algún día gobernarán en el principado. Veamos en qué acaba este abrazo del oso. Por si acaso, creo que Rajoy ya pidió algún que otro consejo de caza al rey.
14 Dic 2012
El juramento, según Aznar
Pinamonti sigue con su primera temporada en la Zarzuela, y quizás apremiado por las reformas aplicadas al mundo cultural, ha decidido reponer una producción de principios de la década pasada, con una muy elaborada escena de Emilio Sagi y unos bellísimos trajes diseñados por el fallecido Jesús del Pozo. La obra, aunque sabiamente dirigida por el maestro Gómez Martínez, desgraciadamente no da para mucho. Todo el primer acto aburre, y sólo con el descubrimiento del juramento, y el aria en solitario de don Carlos toma un poco de vuelo la pieza. El tercer acto es sin duda lo mejor, con el triunfo del amor, y también, por qué no decirlo, el tan hispánico donde dije digo decid Diego, pues el marqués se retracta de su juramento y encima se lleva a la dama más bella de la obra.
Pues algo así nos quiere vender ahora el expresidente Aznar, en gira promocional de sus múltiples hazañas tanto bélicas como incruentas. Jura y perjura nuestro gran Aznar que él ya dejó el estado de las autonomías cerrado, y la economía tan encarrilada que sólo el más tonto habría sido capaz de despeñarla. Ni siquiera el error de haber nombrado a un segundón para sucederle es error suyo: más bien, demérito de Rato, a quien el presidente insistió varias veces para que aceptase la designación digital. Gran mérito aznariano es haber acabado con el terrorismo de ETA, batalla ganada al estilo del Cid, ocho años después de haber dejado el poder.
Para reivindicarse, Aznar ha roto su juramento de silencio, ese que todo presidente ha de mantener para no poner en ridículo a sus predecesores, como está ocurriendo con el pobre Rajoy, acomplejado segundo plato, típico político que siempre necesita que otros le digan lo que ha de hacer en cada momento. Mientras al marqués le mueve el amor, a Aznar le ha podido la soberbia. En vez de reconocer que los exitosos proyectos de su primera legislatura fueron fruto de su concordia con los partidos nacionalistas, y con el hambre de reforma del pueblo español tras más de seis años de parálisis socialista, se ha arrogado el monopolio de la púrpura y, al estilo de Stalin, ha borrado de la foto a todos aquellos que contribuyeron a impulsar el país a finales de los 90. Por olvidarse, incluso se ha olvidado de que acercó presos, habló con emisarios de ETA, y de alguna manera legitimó a ese mundo con aquello del MLNV. Aznar ha roto su voto de silencio, pero no para contentar a su mancillada dama, sino para alimentar su glotona soberbia. Mucho me temo que este juramento roto no contó con la anuencia del rey.
11 Dic 2012
La apropiación de lo público
Se discute mucho estos días sobre la privatización de lo público, sobre cómo el PP está intentando que la gestión de la sanidad sea transferida a empresas privadas o cómo algunas televisiones públicas serán regaladas a empresarios afines a cambio de que se comprometan a mantener los mismos niveles de manipulación y propaganda.
Se encoge lo público y no me extraña, porque lo cierto es que no lo hemos cuidado, hemos permitido que en algunas áreas muy relevantes del estado de bienestar, lo público fuera apropiado por los trabajadores, quienes empezaron defendiendo la universalidad de los servicios para acabar tapando la particularidad de sus privilegios.
Para mí, hay tres casos de libro: la apropiación de miles de puestos de trabajo públicos ficticios por los partidos políticos; la apropiación de la enseñanza pública por la Iglesia católica y sus colegios concertados; y finalmente, la apropiación de la universidad por sus profesores. Sobre lo primero, no hace falta escribir mucho más. Los partidos, sus representantes, consideraron que podrían llegar a vivir bien sin rendir cuentas a nadie, y decidieron para ello crear innumerables sinecuras y canonjías que les permitiesen colocar tanto a los amigos políticos como a los amiguitos del alma. Asesorías, consejos de administración, empresas públicas y demás artefactos han sido mecanismos eficientes de transferencia de rentas entre los bolsillos de los contribuyentes y las anchas mangas de los políticos.
Pero no es menos escandaloso, a mi modo de ver, la transferencia de rentas entre el presupuesto y las arcas de la iglesia. Se nos dice que los padres tienen derecho a elegir. También se nos dice que los padres no pueden pagar dos veces por el mismo servicio, así que el estado está obligado a sufragar la educación católica. Pero en el fondo, lo que se busca es segregar, que los curas escojan a los estudiantes de las clases más pudientes para engancharles en sus redes clientelares, y dejar así a los estudiantes sin recursos abandonados en la escuela pública. Se apropian de los recursos públicos para atrociar el objetivo buscado: que las personas tengan igualdad de oportunidades en sus vidas, que no estén condenadas por su posición de origen. Se sufraga lo privado con dinero público, y así se refuerza la desigualdad que se pretendía combatir. Curioso este sistema de bienestar nuestro.
Dejo para el final el caso quizás más escandaloso: la apropiación de los departamentos universitarios por los profesores funcionarios. Algunos se han tomado tan a pecho la absurda autonomía universitaria, que reivindican el derecho a la vagancia y a la indigencia intelectual como banderas de actuación. Y las leyes universitarias son tan perniciosas que favorecen que cualquier coalición de profesores mediocres en connivencia con los estudiantes más políticamente movilizados y los sindicatos puedan destruir cualquier intento por abrir la universidad a la competencia y el ideal de excelencia. La universidad española no sólo es el mayor ejemplo de un sistema de bienestar que beneficia a los que más tienen (apenas hay estudiantes de familias con pocos recursos), sino que encima sufraga a una clase de mediocres que ven sus puestos de trabajo como un derecho divino del que no se les puede apear de ninguna manera.
Urge una reforma cuanto antes. Si queremos que algunos servicios públicos se salven de la quema, empecemos por reapropiarnos de ellos, poniendo coto a los abusos que hasta ahora hemos permitido. ¿Será Rajoy, quien de momento acaba de regalar a sus colegas registradores el Registro Civil, la persona adecuada para ello?
07 Dic 2012
Cambiar la Constitución, ¿para qué?
El presidente Rajoy vino a decir ayer, día festivo, que habría que saber para qué queremos cambiar la Constitución, si parece que está funcionando perfectamente. Pues nada, el hombre al que le obligan a cambiarlo todo, la ley laboral, el estado del bienestar, las pensiones o la administración, no ve que la Constitución tenga culpa alguna en el actual marasmo en el que vivimos. Animado por Bruselas, Rajoy ha culpado a nuestro mercado laboral, al parasitario estado omnímodo, a los funcionarios y a los sindicatos, pero la Constitución parece que no, que no tiene culpa alguna en las desgracias hispanas. Quizás esté de acuerdo con Aznar, ese gran estadista que tanto le elogia, cuando escribe en sus memorias que él se encargó de cerrar el estado de las autonomías durante su primera legislatura, al garantizar las "últimas" transferencias a las comunidades. Ahí es nada, Josemari.
Ya sabemos que el fuerte de Rajoy no es la clarividencia, ni la capacidad de liderazgo, como el mismo Aznar mantiene. También sabemos que Rajoy está deseando que acaben estos "líos" que afectan a España -la crisis, la desafección nacionalista- para dedicarse a las grandes cumbres europeas, y después al retiro perfecto en la Xunta gallega, a la manera de Don Manuel. Pero no pensaba yo que fuera tan cretino como para no reconocer abiertamente que la Constitución española, que tanto bien hizo al país durante las pasadas dos décadas, está agarrotada por las perversas dinámicas que los partidos han creado.
Las regiones necesitan ser responsables fiscalmente, y para ello hay que darles competencias impositivas de valor, y consagrarlo en la carta magna. Hay que cerrar de verdad el proceso autonómico, con un sistema redistributivo justo que garantice unos mínimos pero facilite margen para aquellos que quieran atraer inversión y desarrollo puedan hacerlo (por ejemplo, dinamizando el sistema universitario para atraer a mejores estudiantes y docentes). Además, el Senado tiene que ser cámara de poder autonómico y que funcione como institución contramayoritaria frente a las demandas del Congreso. El refuerzo del Senado incrementará el número de actores relevantes para aprobar la legislación, lo que inevitablemente tenderá a acercar las preferencias de socialistas y populares, y rebajará las exigencias de los nacionalistas, ya no tan imprescindibles.
En fin, que sólo veo una razón para que Rajoy ni se plantee el cambio constitucional: que sea consciente de la mediocridad de los actuales líderes políticos, y prefiera no imaginarse el daño que haría al país una reforma pilotada por los bomberos pirómanos que nos gobiernan. Sabia decisión de Aznar al elegirle.
Sobre este blog
Las Dos Españas
zaburdonEn este blog, querido lector, tendrán cabida las dos Españas: la roja y la azul, la católica y la laica, la del campo y la urbana, la de los immigrantes y la de los emigrados, la España nacional y la España estatal, tradiciones, y también modas. Todas ellas manifestaciones de una misma forma de estar en el mundo, pues, como escribió Walter Starkie hace ya unos cuantos años, "cada español es un rebelde lleno de satánica soberbia".
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