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    <message>Octavio: en mi modesta opini&#243;n, no va desencaminado quien equipara metanoia a conocimiento [el budismo enfatiza m&#225;s la palabra conciencia]. F&#237;jate en lo que nos confiesa San Agust&#237;n: "El hombre interior ha conocido estas realidades por el ministerio del hombre exterior. Yo, el hombre interior, yo, el esp&#237;ritu, las conoc&#237; por los sentidos de mi cuerpo [homo interior cognovit haec per exterioris ministerium; ego interior cognovi haec, ego, ego animus per sensum corporis mei]" (Conf. X, 6,9).

De ah&#237; que fuera el mismo San Agust&#237;n quien expresara que "nuestro gran prop&#243;sito en esta vida es restaurar la salud del ojo del coraz&#243;n por medio del cual Dios puede ser visto". Y en el mismo sentido en el Oriente cristiano. As&#237;, San Pedro Damasceno canta: "Dios ha dado al hombre, formado a su imagen para ser rey de la Creaci&#243;n, las razones, las naturalezas, y el CONOCIMIENTO de todos los seres". Y San M&#225;ximo el Confesor proclama. "El Se&#241;or habita en el contemplativo a trav&#233;s del CONOCIMIENTO verdadero que &#233;ste tiene de los seres", pues, como en otro lugar se&#241;ala M&#225;ximo, "de la misma manera que la belleza visible atrae al ojo sensible, as&#237; tambi&#233;n el CONOCIMIENTO de lo invisible atrae hacia s&#237; al esp&#237;ritu". Y es una vez m&#225;s San Pedro Damasceno quien nos lo confirma al decir: 

"El fin de la divina Escritura es salvar el alma y revelar a algunos los misterios de la Palabra de Dios y la "raz&#243;n" de los seres, es decir, el fin de cada cosa, para que el esp&#237;ritu sea iluminado en el amor de Dios y pueda CONOCER la grandeza del Creador, su sabidur&#237;a inefable y la Providencia con que &#201;l protege a sus criaturas"

Ahora bien, como atinadamente recuerda Talasio el Africano, "el alma recibe el CONOCIMIENTO de las palabras divinas seg&#250;n el grado de la purificac&#243;n de su esp&#237;ritu", en plena coincidencia con San Agust&#237;n que canta y advierte: "Oh Dios, que nadie encuentra si no se ha purificado [Deus, quem nemo invenit nisi purgatus]" (Sol II, 1,3).

Pero quien mejor describe algunos excelsos detalles es San Pedro Damasceno en su escala:

"Este octavo grado de CONOCIMIENTO eleva hasta la contemplaci&#243;n de Dios a trav&#233;s de la oraci&#243;n pura [es decir, a trav&#233;s de la m&#225;s alta limpieza de coraz&#243;n], que es la propia del contemplativo. As&#237;, por el deseo de Dios, el esp&#237;ritu es arrebatado en este impulso de la oraci&#243;n, y ya no sabe nada de este mundo, tal como dicen Macario y Juan Damasceno. No solamente el esp&#237;ritu se olvida de todo, sino que incluso se olvida de s&#237; mismo. Evagrio dice, en efecto, que, si el esp&#237;ritu conserva la conciencia de lo que &#233;l es, significa que no est&#225; &#250;nicamente en Dios, sino que todav&#237;a est&#225; en s&#237; mismo. S&#243;lo cuando uno se ha olvidado totalmente de s&#237;, Dios se le aparece, dice San M&#225;ximo, y entonces el esp&#237;ritu se convierte en te&#243;logo, porque le es dado recibir el Esp&#237;ritu Santo".


Bueno, Octavio, agoto mi tiempo de asueto con &#233;stos mis comentarios, ahora me tengo que retirar otra vez a mis menesteres durante unos d&#237;as. Ha sido un verdadero placer estar un ratito en tu blog y compartir nuestros anhelos. 

Ah, espero y deseo que ya est&#233;s bastante recuperado de tu convalecencia. 

Salut!

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    <name>Juan</name>
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