27
Dic
2011
El miedo a la yihad de libro
Podría hablar de cómo la concejala de Medio Ambiente con el medio ambiente más sucio de España ha logrado una alcaldía, de cómo la concejala de empleo con menos empleo del país ha conseguido por la puerta de atrás el bastón de alcaldesa sin que un solo madrileño la vote para tal cargo. Podría hablar de como la piña del nuevo gobierno se ha ido por el sumidero desgajada en piñones en cuanto Montoro ha empezado a afilar las tijeras de los recortes presupuestarios. Podria seguir mirandonos el ombligo, cada vez más arrugado y más sucio. Pero no voy a hacerlo. Nuestro ombligo ya ha sido suficientemente abrillantado con las fiestas y los fastos de las navidades y los cambios de gobierno.Es tan antiguo como La Santa Alianza. Es tan antiguo como la Revolución Francesa. Es tan antiguo como la Yihad.
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http://lefthandgod.blogspot.com/2011/12/el-miedo-la-guerra-justa-al-oeste-de.html
27
Nov
2011
Cuando un velo nos transforma en El Padrino
Mientras el mundo se deshace o, para ser más exactos, permitimos que el mundo se deshaga para evitar el esfuerzo y el dolor que nos ocasionaría rehacerlo, nosotros seguimos a lo nuestro. sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com/2011/11/un-trozo-de-tela-transforma-melilla-en.html
11
Sep
2011
Once de septiembre: cuando se hace un pequeño paréntesis en la paranoia
Ya es Once de Septiembre. Me niego a apocoparlo. sigue en...
http://lefthandgod.blogspot.com/2011/09/un-parentesis-en-el-once-de-septiembre.html
19
Jun
2011
La oposición que le quitamos a Damasco
Hay ocasiones en las que hablar de lo conocido, de lo que se sabe, de lo que se siente, de aquello a lo que se está llamado a volver porque nunca se debió abandonar, es lo que más se demora, es lo que se evita con una reiteración obsesiva. Quizás porque hay guerras que sientes tuyas. Quizás porque duelen como todo, pero curan como nada.
Pero un demonio que clama por la responsabilidad, que aboga por la realidad, no puede ampararse en su dolor ni en sus recuerdos. Sólo una ciudad y una mujer han conseguido eso en este demonio escribiente. Nunca hablaré aquí de la mujer, aunque algunas defiendan que en estas líneas hablo para ella.
Así que, por eliminación y por definición, hoy toca, por fin y aunque escueza, hablar de Damasco, hablar de Siria.
Entre tanta guerra, entre tanta revolución y tanta represión, nosotros, los occidentales atlánticos que creemos estar a salvo de todo, hasta de nosotros mismos, pasamos algo por alto, ignoramos la esencia y la presencia de lo que está ocurriendo y de lo que aún está por ocurrir en las tierras del califato.
E gobierno de Siria, el centro de la actividad árabe, se desmorona -o se recompone, según se mire-, pero todo parece estar desajustado, ocurriendo a unos ritmos impropios de la situación. Pareciera que, incluso en esto, los sirios, los seculares defensores de ese califato eterno e histórico, están haciendo las cosas de otra manera. Más dolorosa, pero de otra manera.
Y es que, aunque la ferocidad de Bachad El Assad en aferrarse al poder hace que se parezca a Libia, Siria no es Libia; aunque la absoluta inoperancia de la diplomacia internacional y la pasividad del Occidente Atlántico hace que se asemeje a Yemen, Siria no es Yemen; aunque la furia de las gentes y su impulso resistente contra tanques y disparos hace que las imágenes de Jisr al-Shughur o cualquier otra malhadada localidad damacena se nos antojen como las de Túnez, Marrakech o El Cairo, Siria y lo que pasa en ella no es, ni será nunca como la antigua Cartago, las arenas de los dioses bereberes o la tierra de los viejos faraones.
Un solo detalle la hace diferente, un detalle que, entre tanta muerte, tanta sangre y tanto cambio a los que nos estamos acostumbrados, hemos pasado por encima. Un pequeño detalle que o no captamos o nos empeñamos en ocultar.
En Siría hay manifestaciones pero no hay portavoces, hay cambio pero no hay interlocutores, hay revueltas pero no hay organizadores. En Siria hay gobierno, un mal gobierno, pero no hay oposición. Ni siquiera una mala.
Y eso es lo que hace el fuego en el califato mucho más ardiente. Eso es lo que hace que las llamas que inundan el cielo de Damasco amenacen con quemarnos los bigotes a los que ahora parece que estamos a salvo aquí, en el mismo origen de ese y todos los conflictos.
Conocemos los rostros de las mujeres y hombres que han capitalizado la imagen de la revolución musulmana en la faz de Arabia y del Magreb. Conocemos a los jeques que se oponen al dictador yemení, a los intelectuales que plantaron cara al nepótico Mubarak y a los estudiantes que desafiaron al cleptócrata Ben Alí. Puede que todos nos parezcan iguales, puede que no entendamos lo que dicen y se nos antojen una pandilla de yihadistas -que todo el que grita, se queja o protesta en el mundo musulmán tiene que ser yihadista, por supuesto-. Pero existen, están ahí.
Les vemos con sus gafas occidentales y sus sonrisas o sus gestos adustos en los telediarios, en los periódicos. Si quisiéramos, podríamos identificarles. Pero en Siria no. En Siria nadie capitaliza los réditos de esa marea de riesgo y de agonía que ha puesto en marcha el pueblo del califato para librarse de lo que no quiere.
El Asad dice y repite que son yihadistas, pero no vemos mulahs, ayatolás ni nada por el estilo dirigiendo mensajes de ira, venganza y furia divina a las multitudes. Podemos imaginar que son demócratas, pero no vemos ningún sesuso hombre medio calvo o ninguna mujer con hijab hablando del futuro, la libertad y la paz.
No los vemos porque no los hay. Porque nosotros los hemos matado. Así de sencillo.
El régimen de El Asad era necesario para que los presidentes estadounidenses pudieran seguir recibiendo el dinero del lobby judío que precisaban para sus campañas. Era un régimen laico y moderno. Así que nosotros permitimos que depurara la oposición. La oposición yihadista cayó, la oposición nacionalista cayó y eso era bueno. Eso tranquilizaba a Occidente. E eso dejaba pasar el aire que Israel precisaba para respirar.
Pero en ese camino también cayeron los demócratas, también cayeron los opositores que criticaban al presidente por su naturaleza despótica, no por su renuncia a la guerra de dios, cayeron los que alzaban su voz contra los El Asad por su incapacidad para anteponer el gobierno al poder, no por las ansias de recuperar la gloria perdida ni Los Altos del Golán.
Esos también murieron, esos también.
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http://lefthandgod.blogspot.com/2011/06/siria-llora-la-oposicion-que-le-matamos.html
05
May
2011
Los SEALS acaban con nosotros

08
Abr
2011
Si la piedra angular árabe se mueve en otra dirección -¡Dios nos salve del movimiento damasceno!-

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07
Abr
2011
Sarkozy crea la nueva religión francesa
Que los políticos, por muy elevados que se hallen en la cadena alimenticia del poder, son incapaces de anteponer los intereses generales a los suyos propios es algo sabido, probado y contrastado. Sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com/2011/04/sarkozy-abraza-en-publico-una-nueva.htmlGerardo Boneque Molina
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