Hay 28 artículos con el tag noticias en el blog ¿Como hemos llegado a esto?. Otros artículos en Comunidad El Pais clasificados con noticias

18
Oct 2012

Carta a nosotros, los asesinos de Amanda Todd

Escrito por: gboneque el 18 Oct 2012 - URL Permanente

Hemos matado a Amanda.
Aunque viviera en Canadá, lejos de nosotros, en un país que no suele aparecer ni en los papeles y en el que parece que ni siquiera la secesión independentista de una parte del mismo genera tensiones sociales, la hemos matado nosotros.
Aunque un criminal cibernético se aprovechara de su candidez y de la acumulación de hormonas en su joven cuerpo para lograr una foto de sus pechos, la hemos matado nosotros.
Aunque ni siquiera sepamos quien era Amanda, aunque no podamos ubicar en el mapa su país y aunque nunca hayamos visto ni su mensaje de suicidio ni sus pechos desnudos, aunque ni siquiera conozcamos su historia, la hemos matado nosotros.
Y ese nosotros es un genérico de la Civilización Occidental atlántica, es un compendio de la sociedad ciberdesarrollada, es un eufemismo del mundo hiperconectado, es un gentilicio de todos los que pasamos horas conectados al vacío virtual. Puede que todos esos matices nos permitan salvar nuestras pírricas conciencias individuales.
Pero eso no significará que no hayamos matado a Amanda Todd.
Una niña de quince años se suicida en la Columbia Británica y Canadá se conmociona mientras el resto de la sociedad occidental atlántica menea compungida la cabeza y se lanza al consumo del video en el que la joven anuncia su suicidio y explica sus motivos.
La niña, que no debería ni estar cerca del concepto de la muerte a esa edad, se suicida porque un ciberacosador hizo de su vida un infierno, porque la chantajeaba para que se desnudara ante su cámara web, porque hizo de su vida una circunstancia imposible de vivir para una niña de su edad.
Así que parece que Amanda ha muerto por su propia mano o como mucho por la mano del ciberacosador criminal que, incapaz de relacionarse sexualmente consigo mismo, inventó ese sistema criminal de satisfacerse.
Pero eso es mentira por más que lo digan los periódicos. Es una verdad a medias por más que lo oculten los noticieros. A Amanda la hemos matado nosotros.
Porque nosotros contratamos a un asesino a sueldo para que se deshiciera de Amanda y le pagamos con nuestras visitas a la página en la que colgó las fotos de la niña y de sus pechos desnudos.
Porque puede que Amanda, en su inocencia infantil, le proporcionara con sus fotografías a su verdugo contratado el arma para asesinarla. Pero fuimos nosotros, con nuestras opiniones, nuestros comentarios sobre el tamaño de sus senos, nuestras reflexiones sesudas sobre su catadura moral o nuestras peticiones de más material, nuestras bromas subidas de tono, o nuestras ocurrencias sarcásticas, quienes facilitamos la munición a ese asesino para que pudiera seguir disparando día tras día a quemarropa sobre la vida de Amanda hasta matarla.
Si su acosador hubiera colgado las fotos y no hubiera recibido ni una visita, su capacidad de presión hubiera sido reducida a cero; si no se hubiera escrito ni un solo comentario, ni una sola opinión, ni un solo retwitt, la munición del armamento de su asesino se habría mojado en el mar de la indiferencia general.
Si Amanda hubiera recibido cientos o miles de mensajes privados de apoyo y hubiéramos denunciado masivamente ese enlace a los servidores que lo albergaban, el acosador se hubiera convertido en acosado, el perseguidor en perseguido, el cazador en cazado. Y ahora no nos sentiríamos obligados a llorar la injusta muerte de su presa para acallar nuestras consciencias sino que quizás nos mostraríamos un poco satisfechos de la muerte -por lo menos cibernética- del depredador.
Puede ser que esta vez el nosotros que engloba a la civilización occidental, a la sociedad hiperconectada, se disfrace de sus compañeros de instituto, de las navegantes virtuales canadienses o de los consumidores de porno rápido de la Columbia Británica, pero ninguno de ellos deja de ser uno nosotros y de haber hecho lo que muchos de nosotros habríamos hecho si hubiéramos conocido a Amanda.
Y, por supuesto, esa excusa no hace que Amanda deje de estar muerta.
sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com.es/2012/10/carta-nosotros-los-asesinos-de-amanda.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

09
Ene 2012

Cuando la madre de la víctima se convierte en juez y fiscal

Escrito por: gboneque el 09 Ene 2012 - URL Permanente

Los romanos, esos chicos de lustrosos penachos en los cascos y túnicas albas fulgurantes, que, entre otras muchas cosas, inventaron y nos legaron el derecho tenían una máxima legal inquebrantable. Solamente la víctima directa de un delito puede ser acusación en el proceso.
Familiares de victima y acusadado ni siquiera podían acercarse al espacio en el que se estuviera desarrollando el proceso. Incluso aquellos familiares de uno u otro que habían visto, oído u obtenido información en cargo o descargo del acusado eran oídos por los magistrados, sus servidores o incluso los pontífices cuando actuaban como jueces, en su casa o en cualquier lugar ajeno a la sala en la que se dirimía el proceso.
¿Por qué los chicos de las orgías, las legiones y el imperio hacían esto?, ¿por qué se tomaban estas molestias?
La respuesta es muy sencilla.
Para evitar exponer la rabia, el dolor, la angustia y todos los demás sentimientos que partian de los seres queridos de una y otra parte a la plebe, a aquellos que,con morbo infinito como ha ocurrido siempre en toda sociedad humana, se agolpaban en las puertas y las ventanas de las magistraturas para contemplar la gracia y la desgracia de víctimas y reos.
Y ¿para qué querían preservar a las muchedumbres de ese espectaculo de sentimientos desatados, ellos tan de pasiones y de llantos?
Pues de nuevo es muy simple. Para evitar que el pueblo, que nada sabía del proceso, de las pruebas, de los móviles y de las declaraciones, tomara partida por el dolor de unos o de otros y presionaracon sus gritos y sus verduras podridas en el rostro -otra noble tradición heredada de Roma- en el sentido que sus vísceras le marcaran.
Para eso ya tenían El Circo. La justicia para Roma -al menos cuando era repúblicana- era otra cosa.
¿A que viene toda esta diatriba sobre las formas de juzgar de los primigenios hijos del Lacio? Pues muy sencillo, me la traen a la mente dos nombres: Ruth y José y me la recuerdan los actos que estamos haciendo, que estamos repitiendo y que estamos consintiendo que se repitan sobre la desparición de los dos pequeños cordobeses.
Quizás porque hemos olvidado las raices de nuestro derecho, quizás porque pesan más nuestras herencias judeo cristianas o simplemente quizás porque es más divertido y nos permite olvidarnos de otros problemas, nosotros nos convertimos a la norma jurídica que estaba muy de moda en Galilea allá por las fechas en que el cometa atravesó sus cielos llevando a una confunsión que aún pagamos.
Nosotros colocamos al reo delante de toda la población disponible y sin darles otra cosa que sus visceralidades y sus instintos les pedimos que decidan si es culpable o inocente.
Y no solo eso, como parece que eso no es suficientemente sentimental, trágico, impactante, colocamos un estrado en mitad de la calle y hacemossubiirse a él la familia de las víctimas para que nos dirijan en nuestra decisión. No solo no la mantenemos apartada sino que la convertimos en fiscal y juez.
Eso es lo que se ha hecho este fin de semana con Ruht Ortíz, la madre de los niños desaparecidos. La hemos subido a la palestra y la hemos investido de todos los poderes del fiscal y de parte de los del juez. La hemos dado el poder de decidir quién es culpable y quién no lo es. Aunque a ella solamente le importa quién ha sido. Quién ha decidido ella que ha sido.
Hemos cambiado la justicia por el espectáculo. Hemos cambiado el tribunal por el Circo.
Yo no sé si José Bretón es culpable o inocente.
Y tampoco lo sabe la policía, la judicatura, la fiscalía. Ni, por supuesto, por más que empaticemos con su desolación, los sabe Ruth Ortíz.
Pero nosotros presionamos para que ella hable, nuestras instituciones permiten que ella hable y nuestros poderes públicos no hacen nada cuando ella habla, ante cientos, quizás miles de personas, y se arroba los derechos que en teoría solamente tiene los jueces de dictaminar quién es el culpable:
“Todo el que conozca a José Bretón sabe que él no perdió a los niños y, a los que no lo conocen, se lo digo yo. Tiene que decir la verdad. Es el responsable de la desaparición de mis hijos y tiene que hablar”. “En su familia también saben que él es el responsable, lo que pasa es que es más fácil aferrarse a que los perdió que aceptar una cruda realidad”.
¿Tiene Ruth pruebas que haya facilitado a los investigadores para decir eso? No, no las tiene. ¿Tiene el testimonio directo de alguien que viera a su ex martido hacer desaparecer a los niños?, ¿tiene incluso el suyo propio como testigo directo de los hechos? Todos sabemos que no.
Solamente tiene su odio y su desesperación. Solamente tiene la necesidad deenciontrar un culpable al que achacar su desgracia y nosostros la conminamos y la permitimos que utilice eso como único argumento para declarar culpable a José Bretón.
Y nosotros permitimos que lo haga, queremos que lo haga y nos agarramos a que lo ha hecho para tener nuestro culpable, para tener alguien a quien arrojarle la verdura podrida que hemos recopilado para pasar el día.
Porque nosotros también queremos un culpable. Tambien queremos ser arte y parte del castigo del que ha hecho desaparecer a los pequeños y, como no tenemos a nadie más a mano, seguimos a pies juntillas las ordenes de Ruth, del odio de Ruth, de la desesperación de Ruth.
Y que nadie se me altere con todo esto. Yo no estoy diciendo que José Bretón sea inocente igual que no estoy diciendo que es culpable. No le defiendo y ni siquiera ataco a Ruth por lo que ha dicho.
Lo único que digo es que un sistema legal que seprecie no debería haberle permitido que lo dijera en público, que un sistema responsable de medios de comunicación no le hubiera dado repercusión. Porque lo único que busca Ruth en su dolor es que alguien le dé un culpable y como nadie se lo da porque no hay pruebas ni aun indicios lo elige a través de su odio y su desesperación. Lo único que busca es que el culpable que ella ha elegido sea refrendado por las masas, por el pueblo.
"A los que no lo conocen, se lo digo yo". Esa es la clave del discurso de Ruth Ortíz. No todo lo demás en lo que nos fijamos. No los llanos, no el desgarro, no las gafas oscuras, no el dolor. Esa única frase es el mensaje que quiere mandar Ruth.
Mi palabra es ley. Yo lo sé y vosotros teneisque creerme porque soy la víctima doliente que sufre y estoy convencida -no segura, no probada, no más allá de toda duda razonable, sino convencida y autoconvencida- de que él es el culpable.
Ella quiere influir en la gente para que secunde su teoría, para que presione al fiscal en esa línea, para que el fiscal le acuse ante un juez y el magistrado se vea obligado a condenarle.
Y así quedarse tranquila, triste pero tranquila, sabiendo que el culpable que ella se ha convencido que lo es está en prisión. Aunque sus hijos estén siendo vendidos como esclavos sexuales en Tailandia.
Ruth quiere lo que siempre se ha considerado en todas partes como manipular un juicio. Espero y creo que es de forma inconsciente y por eso ni siquiera la critico por hacerlo.
Pero nosotros deberíamos estar por encima detodo eso. Nosotros no somos víctimas. Nosotros no hemos perdido a nuestros hijos desaparecidos en la nada. Nosotros podemos pensar. Y tenemos la obligación de hacerlo.
Y si nosotros somos incapaces de hacerlo, la justicia, el sistema legal y judicial tendría que imponerlo. Nosotros tenemosque hacer nuestro trabajo de exigir y pelear por la justicia social. El trabajo de la justicia legal y criminal esde los jueces.
Puede que hace dos mil años el pueblo acertara al librar a Barrabás. Puede que hace sólo uno meses el enjuiciamiento popular acertara al culpar a Carcaño y su cohorte. Pero no siempre vamos a tener tanta suerte.
Y el dia que fallemos tendremos que vivir con ello para siempre.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

08
Ene 2012

Cuando llega la hora de hacer nuestro trabajo

Escrito por: gboneque el 08 Ene 2012 - URL Permanente

Hoy de buena mañana he creído por un momento que se me había cambiado la lengua de Cervantes.
No sería raro, dado todo el caudal de apócopes, palabras escritas a medias, letras cambiadas y modismos que el lenguaje de polígono de extrarradio y discoteca de grandes proporciones y alcoholes y pastillas de diseño están incorporando a la forma de hablar de nuestros días.
Pero mi sorpresa radicaba en el hecho de que no me llegaban los cambios de esos foros, sino desde la prensa -esos papeles escritos que venden en los quioscos y que dicen que cuentan las noticias-.
Así que me he ido al diccionario, ese de La Real Academia que nos dice como hemos de hablar y de escribir en contra de nuestro inalienable derecho de eludir la ortografía, destrozar la gramática e ignorar las normas más básicas y antiguas de conjugar los verbos y mantener las concordancias.
Y he leído:
Negociación.
(
Del lat. negotiatĭo, -ōnis).

1.
f. Acción y efecto de negociar.
2.
f. Der. Tratos dirigidos a la conclusión de un convenio o pacto.

Entonces he pensado para mi con cierta reticencia que quizás hubiera cambiado el significado que para mí siempre había tenido la palabra convenir.

Convenir.
(
Del lat. convenīre)
6. prnl. Ajustarse, componerse, concordarse

.

Así que, aunque me parezca que nó, aunque me parezca que alguien ha cambiado los significados, no es así. Nuestro idoma, de momento sigue ahí.

Entonces he descubierto que lo que me amartillaba las sienes, lo que hacía ver doble la noticia que estaba leyendo no es que hayan cambiado los significados de las palabras. Es que nos han cambiado el significado de los conceptos.
La negociación laboral ya no es una negociación y no se busca desde luego nada por convenio.
Una negociación se basa en dar y recibir, en renunciar y forzar, en ceder y reclamar, en conceder y defender. Eso es una negociación en toda regla, con todos los significados y significantes.
Pero eso no es lo que está pasando en nuestro mercado laboral. Eso no es lo que se está cocinando en los patios traseros de nuestras empresas con la aquiescencia del Gobierno, el nuevo gobierno, que ve venir los golpes a diestro y siniestro y sólo sabe escudarse en el hoplos de la herencia para intentar capearlos.
Nuestra negociación colectiva es otra cosa.
Veamos.
Amparados en la situación horrible de la economía, en la inestabilidad de los mercados, en la galopante crisis que nos aqueja, los representantes de los empresarios se sientan en la mesa y piden, de hecho exigen, la congelación saliaral los próximos dos años.
Hasta ahí vamos bien -no se me altere la fuerza sindical-. Quiero decir que hacen una propuesta. Puede ser draconiana, puede ser injusta, puede ser excesiva. Pero es una propuesta. es la la primera parte, justificada y legítima de una negociación.
¿Y entonces qué pasa?
Nada. Los representantes de los sindicatos, aquejados repentinamente de un buenismo responsable mal entendido que les hace irresponsables, artífices del desastre, menean la cabeza con desagrado, se lo piensan y todo eso.
Pero no hacen lo que tienen que hacer. No hacen lo que desde el primer homo habilis que se inventó el trueque hasta el más desarrollado de los comerciantes por Internet, pasando por el indio chiricawa y el comerciente genovés, han hecho desde siempre cuando han recibio una primera propuesta en una negociación.
Levantar la cabeza y preguntar ¿y, tú, qué me das a cambio?
Porque los empresarios y sus representantes no nos dan nada a cambio. Nos dicen que tenemos que aceptar apretarnos el cinturon por el bien del país, porque la coyuntura -siempre me ha encantado el uso que se hace en economía de esa palabra- exige contención salarial para remontar.
Y los sindicatos pueden disfrazarse de, como dicen ahora, agentes sociales responsables, pero eso les obliga a buscar la contención en todos los sectores, en todos los niveles.
Así que si tú me pides que los trabajadores congelen sus salarios durante dos años yo, si soy sindicato y responsable, habré de pedirtre a cambio que las empresas congelen los precios y tarifas de sus bienes y servicios en el mercado nacional por idéntico periodo de tiempo. Por que así ni mis salarios contribuyen al aumento de la inflación ni tus precios contribuyen a mi pérdida de poder adquisitivo.
Todos damos algo por el bien del país.
Es un camino sencillo, jodido de transitar, pero sencillo.
Pero nadie lo recorre. No se trata de que los sindicatos se niegen a aceptar las propuestas de los empresarios, se trata de que -ya que no lo hace el gobierno- les exijan las contrapartidas que demuestren que ellos también están en el camino del ajuste, en el compromiso de apretarse el cinturón.
Y así con todo lo que ahora se propone, que no se debate, en eso que se ha llamado negociación social, que ni es negociación ni parece tener nada que ver con la sociedad.
Además, los empresarios se sientan en la mesa dicienedo que noaceptarán las cláusulas de revisión salarial porque lo dice el banco de España. Que no están dispuestos a garantizar el poder adquisitivo de los trabajadores.
Y no es que me parezca bien pero si los sindicalistas estuvieran dispuestos a asumirlo deberían pedirles, también muy en la línea del Banco de España comprometerse a que las emprersas esapañolas no radiquen sociedades accionariales fuera del país para que los beneficios de las mismas caigan en las arcas impositivas españolas y no en las pírricas luxemburguesas, monegascas o suizas.
Si yo no tengo garantizado el poder adquisitivo, si no tengo garantizados mis aumentos, convengo en ello si, y solamente si, tú tampoco tienes garantizados beneficios libres de impuestos que restan recursos al estado. No es que yo gane. es qwue ambos perdemos por igual en beneficio de todos. Para salir de la crisis.
Los señores empresarios, preocupados por la situación y engrandecidos por un gobierno que ya en la oposición les daba la razón en todo, dicen y mantienen que "como mucho aceptarían una nueva cláusula en que la referencia no fuera el IPC español como hasta ahora, sino el europeo, al que habría que descontarle la evolución de los precios de la energía y de los impuestos".
Y explican estyo porque nosotros tenemos más inflacción normalmente que Europa y eso nos resta competitividad.
"Muy bien", diría el sindicalista responsable, preocupado por sacar al país del pozo económico en el que no le han metido los trabajadores solamente, ni los gobiernos solamente, ni los empresarios solamente, sino especuladores a losque no les importan nacionalidades ni países.
Yo acepto eso de que la el IPC sea el de Europa si tú aceptas que el porcentaje de reinversión de beneficios de las empresas que los tengan en mejoras de la productividad, en I+D+I y en mejoras de las condiciones laborales se incremente de forma obligatoria hasta el porcentaje europeo, en lugar de destinarse a las carteras, convites, dividendos y, como diría el famoso Sr. Lobo de Tarantino, comeduras de miembro mutuas a lo que ahora lo destina la empresa española y que le hace mantenerse quince puntos por debajo de la media europea.
Que, no nos engañemos, eso también ayuda bastante a la competitividad.
La siguiente golpea al sindicato, al trabajador y al mercado laboral directamente en la frente.
la CEOE pone sobre la mesa un contrato indefinido que rebaja los costes de despido. Y ellos lo explican para reducir la dualidad con los temporales.
Y yo, sindicalista, te digo: de acuerdo, lo acepto. Pero, ya que no existen diferencias, tú haces que todos los contratos temporales sean fijos. A tí no te cuesta un duro y eso mejora grandemente el acceso de los trabajadores al crédito. Algo tambien necesario para salir de la crisis.
Los señores que dicen representar a los empresario -y luego explicaré porque digo que dicen representar- quieren un contrato de crisis, como le llaman ellos, que estaría vigente por dos años.
Con una indemnización por despido improcedente de 20 días por año trabajado con un tope máximo de 12 mensualidades -menos de la mitad de loque serecoge ahora en la legislación laboral- y una indemnización por despidode 12 días por año trabajado.
Y yo, responsable agente social que representa a los trabajadores, te digo. Te lo compro. Pero solamente si me incluyes en el lote que toda empresa que haya tenido beneficios en el último ejercicio no puede utilizarlo, no puede realizar un ERE, un ajuste de plantilla o tirar de despidos para aumentar los mismos. Que toda empresa que tenga beneficios no pueda despedir -salvo los procedentes- por motivos económicos o estructurales.
Yo pierdo seguidad laboral, estabilidad y compensaciones por el despido si tú pierdes manga ancha para usar el coste de la fuerza laboral como herramienta para mantener los beneficios. Al menos durante dos años.
La patronal -siempre he pensado que si no la llamaramos con un nombre tan arcaico tendría una tendencia a ser algo más moderna- también se sienta a negociar sin negociar pidiendo cambios en la negociación colectiva -¡Como si no se hubieran dado cuenta de que hace tiempo que no es una negociación, que solamente s un intento de rendición colectiva-.
Pide, bueno exige, que los empresarios dispongan de un margen mayor de horas - hasta el 15% de la jornada- para poder realizar cambios en los horarios de trabajo.
Y el negociador responsable que lo fuera por parte sindical podría asumir esta pérdida. Pero debería exigir a los empresarios que impongan la jornada laboral continuada en todas las empresas y que se comprometan a afrontar la extensión de jornada que necesiten no con incrementos hasta las tres horas del horario de comidas, sino con la incorporación de plantilla contratada en contratos parciales de media jornada.
Que eso crea empleo tanto o más que lo otro.
Y así seguimos con todo. Inundados de responsabilidad, de ganas de ayudar al país, de una arrebatada entrega a la causa de abndonar la recesión.
Yo llego a un acuerdo para controlar y castigar el absentismo si tú controlas a tus chicos empresarios para que no disparen sus gastos de representación y pasen gastos privados a cuenta de la empresa; yo te doy que se puedan negociar convenios de empresa en cualquier momento, sin tener que esperar a que acabe la vigencia del convenio sectorial, si tú me das que las empresas se comprometan a dejar de tirar de los contratos de crisis en cuanto entran en beneficios y no agoten los dos años máximos que hemos acordado, te me dices que te permita rebajar los sueldos en un periodo determinado y yo te lo doy si tú me das que eso solamente se produzca después de que hayas rebajado los dividendos de los accionistas de tu empresa en un porcentaje similar durante el mismo periodo. Y así sucesivamente.
Vamos, lo que venia siendo desde el albor de los tiempos una negociación.
Pero aquí no. Los representantes de los empresarios se sientan en sus sillas y piden, exigen, demandan y no dan nada, no ofrecen nada a cambio. Y los sindicatos parece que no tienen potestad para hacer ninguna propuesta de contrapeso, que su única función es decir sí o no a lo que proponen los empresarios.
Todos asumen o parecen asumir que a la empresa no se le puede pedir sacrificio alguno, no se le puede demandar que haga algo para abrocharse el cinturón, para contribuir a salir de la crisis.
Parece que la empresa no tiene que hacer nada, solamente recibir para que sus beneficios vuelvan a fluir sin obligación alguna de que esa nueva riqueza salga de sus bolsillos en dirección al país, al mercado y a aquellos cuyos sacrificios han contribuido a revitalizarla.
Todos nos tenemos que basar en la esperanza de que la reinviertan. Pero nadie les puede obligar a hacerlo.
Y los hay que dirán que los representantes empresariales no pueden comprometerse a todas esas cosas -de ahí lo de dicen representar de antes-. Que cada empresario puede hacer con sus beneficios y con su empresa lo que quiera.
De hecho, estoy seguro, que si se hubiera propuesto algo por el estilo los representantes de los empresarios españoles se hubieran arrojado de cabeza a esa trinchera sin pensarlo y hubieran tremolado la bandera de la libertad de empresa y de la imposibilidad de decirle a un empresario qué hacer con sus beneficios e incluso con los precios de sus productos.
Es más, en el único tenue atisbo de una medida parecida que han hecho los sindicatos -el control de precios- enseguida se han apresurado a decir que los mercados son libres y que eso no está en su mano.
Pues bien, puede que tengan razón pero entonces que no digan que representan a los empresarios porque si ellos no pueden imponerlo si pueden proponerlo a quien puede imponerlo.
Han acertado todos: El Gobierno. Ese gobierno que debería empezar a pensar en imponerles ajustes a todos no solamente a los ciudadanos y las administraciones públicas. Piensen lo que piensen los chicos de Moodys o de Standard & Poors.
Y ahora es cuando parece que si uno es sindicalista, defiende los derechos de los trabajadores, debe empezar a decir que los empresarios son la hez de la La Tierra, son unos insolidarios y unos explotadores que solamente piensan en sus beneficios.
Y lo son. Pero ese no es el problema. Ellos están haciendo su trabajo. Sí, déjenme que lo repita, están haciendo su trabajo.
El problema de que no haya negociación es que el Gobierno no está haciendo el suyo. Ni una sola medida de las que ha puesto en marcha está destinada a controlar el gasto de las empresas y empresarios, busca sacrificios en ese sector.
Se suben los impuestos a las personas pero no a las sociedades. Y da igual que esa persona gane 1.000 euros como la inmensa mayoria de los españoles o gane 500.000 euros. Son trabajadores mientras las empresas no ven que se meta más mano a sus beneficios ni a sus dividendos a través del impuesto de Sociedades. El gobierno no hace su trabajo y nosotros no hacemos el nuestro.
Se congelan los salarios públicos -y se pretende con los privados- pero no se congelan los beneficios obligando a la reinversión, a la modernización y no a gastarlos o guardarlos en cuentas cifradas en el extranjero. EL gobierno no hace su trabajo y nosotros no hacemos el nuestro.
Porque, en realidad, ese es el gran problema. Los empresarios se han sentado en la mesa de negociación y han hecho su trabajo pero nosotros no estamos haciendo el nuestro.
sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com/2012/01/cuando-toca-aprender-hacer-nuestro.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

02
Ene 2012

Y el Líder del Mundo Libre perdió la omnipotencia.

Escrito por: gboneque el 02 Ene 2012 - URL Permanente

Hay gente, hay hombres y mujeres, que parecen estar destinados a pasar a la historia. Y todos creeríamos que se pasa a la historia, que se alcanza un hueco en la inmortalidad de la memoria humana, por lo que se hace o incluso por lo que se deja de hacer -y si no que se lo pregunten a Felipe II y su Armada Invencible-.
Pero hay un camino, una vía secundaria -de servicio, si se quiere- que también da acceso a los papeles mortecinos e inmortales de la historia. Son los modos y maneras. No es aquello que se raliza sino el modo elegido para realizarlo.
Y ese es el camino hacia la posteridad que ha elegido Barack Obama, el presidente que parecía que por negro iba a ser distinto, el hombre que defraudó mutitud de esperanzas -al fin y al cabo las esperanzas nunca están de acuerdo con la realidad, sino no serían esperanzas- con lo que hizo y no hizo, con lo que está haciendo y está dejando de hacer, pero que no defrauda nunca con la forma en la que lo hace.
Instalado en ese ejercicio de encumbramiento infinito del ego que es y será hasta la caída del imperio la presidencia de los Estados Unidos, encumbrado en el trono de supuesta omnipotencia del trono del líder mundo libre, Barack Obama ha mirado de frente a su nación y al mundo y ha dicho algo que ningún presidente de los Estados Unidos de América había dicho hasta ahora -al menos a nosotros, que no somos su pueblo bienamado-.
"Hago lo que hago porque me obligan a hacerlo, no porque quiera, no porque sea necesario, sino porque me obligan a ello. No soy todopoderoso".
Y ese modo de hacer las cosas es lo que probablemente le abra el camino hacia la historia. Eso y ser el primer presidente negro de Estados Unidos, que la primatura en la estadística también ayuda.
El hombre ha firmado la ley más facista que se recuerda en Estados Unidos desde la famosa Caza de Brujas del paranoico macathismo anticomunista. Una ley que permite la detención y custodia militar de personas sospechosas de terrorismo.
Es decir que un sargento de marines puede presentarse en tu casa y llevarte a la base militar de Bahía de Guantánamo, Cuba, División de Barlovento, porque hayas dicho en pleno ataque de cabreo contra tu jefe "voy a poner una bomba y lo voy a hacer saltar todo" o en pleno ataque revolucionario de cuarto Jack Daniels "lo que le hace falta a este país es que hagan volar a ese marica de la Casa Blanca" o incluso -que será lo más común- porque reces sumnas del corán mientras caminas por un parque hacia la universidad con tu mochila a la espalda.
Y Obama ha firmado y autorizado esa ley. Esa y la que prorroga un año más el centro de detención de Guantánamo y la retención de sus prisioneros sin juicio ni condena, que también tiene su aquel la susodicha. El chico se ha lucido. Menos mal que por lo menos ha sacado a las torpas norteamericanas de Irak.
Pero Obama ha mirado a la cara a Estados Unidos y les ha dicho claramente: "Esto es lo que queréis vosotros y por eso os lo doy. A mí, me parece fatal".
Porque esa ley es una imposición del Senado. De una cámara alta que aprovechó la necesidad de sacar adelante unos presupuestos de Obama para no dejar sin paga a todos sus funcionarios y sin servicios a todos sus ciudadanos -porque en Estados Unidos habría sido así por ley- para imponerle todo aquello que no quería hacer, para forzarle a un acuerdo que no estaba ni mucho menos en sus planes de gobierno. Paraconvertir la Casa Blanca en un Tea Party.
Y ese acuerdo incluía, como siempre por mor de la seguridad nacional, está ley de lucha contra el terrorismo que es en sí misma la mayor forma de terrorismo que ha conocido Estados Unidos desde que hace diez años la furia yihadista echara abajo las Torres Gemelas parademostrarle al complaciente pueblo américano lo distinta, aterradora e inquietante que es la guerra cuando llega a casa y no se ve a través de una pantalla de plasma de 43 pulgadas.
Obama podía haber hecho esto de muchas maneras. Podía haber empezado en discrusos y arengas a demostrar un falseado endurecimiento de su actitud hasta que resultara creíble que estaba de acuerdo con esta lay y por eso la firmaba.
Podía haberse manteneido en silencio y utilizar para firmarla ese espacio multifunción del Ala Oeste de la Casa Blanca llamado Despacho Oval que lo mismo nos sirva para una invasión que para un atoramiento etílico con galletitas saladas, que igual nos vale para un espionaje ilegal de los adversarios políticos, para una guerra sin sentido o para una felación relajante.
Podía haberse centrado en el salón del trono y fingir que esa firma partía desu poder y de su convicción sin decir esta boca es mía y amparándose en la justa necesidad.
E incluso podría haberla vetado -si mis clases de política internacional y mi recuerdo de los capítulos del Ala Oeste de La Casa Blanca no están oxidados, tiene esa potestad- y hubiera originado sesenta días de desasosiegos y carreras por los pasillos del Capitolio en busca de apoyos para el desbloqueo, de llamadas intempestivas a los senadores en mitad de sus barbacoas navideñas en Texas o de sus burdeles de Nochevieja en Iowa para que corrieran a Washington a votar el desbloqueo republicano de la legislación.
¡"Si estos carcamales republicanos amigos de las armas y de la guerra quieren su ley que se la curren"! -habría sido un pensamiento muy, como dicen los yankies, presidenciable. Un recurso al pataleo digno del líder del mundo libre.
Pero Obama no ha hecho eso.
Ha esperado al último día para dejar claro que no quería hacerlo, que no quería poner su país en brazos de la paranoía antiterrorista. Se ha marchado a Hawaii, abandonando su salón oval de ltrono, para dejar claro que esta ley nada tiene que ver con el ejercicio de su poder ejecutivo ni de su fortaleza presidencial.
La ha firmado para demostrar que cumple su palabra se la de a quien se la de -salvo quizás la dad a los votantes, pero eso es algo que ningún político hace, no nos engañemos- y luego la ha arrojado a la cara de los americanos diciéndoles: "ahí la teneis. Es una basura. Es un riesgo. Es éticamente cuestionable en la mitad de sus puntos y amí me parece una mierda. Pero es la ley que me han exigido vuestros representantes".
Como un padre entrega en reyes un regalo a su hijo diciéndole: "yo creo que el ordenador sería mucho mejor regalo porque te serviría para los estudios pero aquí tienes la consola. Al fin y al cabo son reyes y tienes derecho a elegir tus regalos".
Todo ello muy diplomaticamente, claro está.
sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com/2012/01/y-el-lider-del-mundo-libre-perdio-la.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

01
Ene 2012

Rouco Varela y las lecturas clásicas

Escrito por: gboneque el 01 Ene 2012 - URL Permanente

Que el Cardenal Rouco Varela, sempiterno líder por lo que se ve de La Conferencia Episcopal Española, cambia de casulla según le da el aire es algo que la historia reciente ya nos ha demostrado con creces, que precisa de amplias multitudes para sus apologéticas es algo que la actualidad nos corrobora -no dice nada importante si no está en presencia -física o virtual- de al menos un millón de fieles -fieles de los suyos, claro, de los que le van a dar la razón-.
Pero que no es amigo de lecturas profanas es algo que solamente íntimos, que solamente atisbábamos al ver crecer constantemente la lista de lecturas no recomendadas -porque ya no puede prohibirlas, que si no...- que su club privado elabora de año en año y que ya incluyen A Harry Potter, al Señor de los Anillos y a la inefable Patrulla X -no me preguntéis por qué en ninguno de los tres casos-.
La última presencia multitudinaria del bueno de Rouco otra vez millonaria en asistencia, según él, y faraónica en sus dimensiones de altares y cruces nos ha mostrado que hay dos libros que claramente no figuran en su biblioteca arzobispal.
84-206- 5565-1 y 10-8471664569. Le pongo los ISBN al egregio purpurado para que los encuentre fácilmente. Y le coloco los que están compilados directamente de mi pírrica biblioteca para que no nos veamos abocados a correcciones en la traducción.
Pues bien se encontraba el adalid eclesial español por antonomasia en lo suyo. Es decir hablando contra el aborto. Y eso es algo que no es cuestionable. Si está en contra del aborto justo y necesario es que lo diga. Si la doctrina de la iglesia está en este periodo de la historia contra el aborto -que no lo estuvo siempre- y han decidido que su dios ahora dice eso pues está bien que se lo recuerde a aquellos que dicen seguir sus enseñanzas, que afirman querer salvarse y vivir eternamente en la siguiente vida por cumplir sus directrices en esta.
Pero entonces se le fue la mano, "se le fue la olla" -que dirían las chonis de polígono- , "se le piró mazo la pinza" -que dirían los poligoneros de afterhours etílicos- se convirtió en "un motivaó de la vida" -que diría mi hija mayor-.
De repente, por arte de inspiración del Espíritu Santo supongo -aunque toda paloma había huido del entorno horas antes ante la malgama de pies católicos que retumbaban contra el pavimento-, se acordó de que el Gobierno había cambiado, se le vino a la mente entre salmo y salmo y lectura y lectura que ahora mandaban los suyos, los que dicen creer en lo mismo que él, aquellos que le han hecho y a los que hecho el caldo gordo desde que la democracia es democracia en este país.
Así que engrandecido por tal fulgurante remordimiento el tipo se despachó con un “Es nuestra obligación exigir que se recuerde que el derecho a la vida de la persona es un derecho fundamental. Constituye la base ética primordial de todo ordenamiento jurídico que quiera considerarse justo, proporcionándole un fundamento pre político indispensable para el orden constitucional y, por ser anterior a él, ha de ser respetado, protegido y promovido por el derecho positivo en todas sus expresiones legislativas”.
Y no voy a ser yo el que le diga que no tiene razón en eso. Pero si voy a ser el que le recuerde que adquiera y lea el primero de los ISBN que le he colocado en este post.
Corresponde a un libro llamado Sobre el espíritu de las leyes, escrito por un tal Charles Louis de Secondat, miembro de los Estados Generales de Francia en virtud de su título de Señor de la Brède y universalmente conocido por su segundo y menos importante título de Barón de Montesquieu.
Ese señor se inventó de la nada -bueno de John Locke, entre otros- la separación de poderes.
Y escribió expresamente algo que paso a reproducir "son los poderes divididos y emanados de la decisión de los gobernados los que están capacitados, por la asunción de esa voluntad, para determinar los valores morales en los que se fundamentan las leyes que han de regir a los pueblos y a los que les gobiernan..."
Supongo que Rouco no ha leído eso porque, de ser así, sabría que él no tiene derecho a exigirle al gobierno español ninguna línea ética en sus acciones legales o en sus productos legislativos. Porque él será lo que el papa le ha nombrado, pero eso no le constituye como parte de uno de los poderes en los que se encuentra dividido el poder y el gobierno de la sociedad española.
Y no solo no tiene derecho formal a hacerlo por no ser parte de las instituciones que están destinadas a marcar la ética de nuestra política y nuestras leyes, sino que además no tiene derecho material a hacerlo.
No lo tiene porque ese derecho emana de una carta de Derechos Humanos que la Iglesia no aceptó en su momento y que El Vaticano, como país, es uno de los estados actuales que no ha ratificado completamente en la actualidad. Junto con Irán y China, entre otros -curiosas compañías para el rigor ético se ha buscado-.
Y tampoco dispone de la capacidad material para hacer esa afirmación -eso es kantiano, así que supongo que sí lo tendrá claro- porque sus regulaciones, en las que se basa su doctrina, en las que asienta todo el desarrollo de sus leyes no asumen ese principio de inviolabilidad de la vida humana.
Su catecismo, un libro naranja de dimensiones bíblicas -no podía ser de otro modo-, asume dos principios que dejan en suspenso ese supuesto principio ético que exige ahora al gobierno español como argumento para que haga lo que quiere, que no es otra cosa que prohíba el aborto, no que lo regule o lo controle, sino que lo prohíba.
El catecismo católico acepta el concepto de guerra y muerte justa, es decir que matar, ir contra la vida está permitido, si la causa por la que se hace es de justicia -no se especifica cual ese concepto de justicia con lo cual podría ser desde el mítico ¡Dios lo quiere! de las cruzadas a la actual legítima defensa pasando por innumerables motivos que pueden considerarse justos y se han considerado justos para hacer la guerra a lo largo de la historia-.
y para rematar la faena acepta en ocasiones la pena de muerte. Así por la tremenda.
Así que ni formalmente, porque no es un poder que tenga la capacidad concedida por el pueblo para elaborar las bases éticas de las leyes, ni materialmente porque literalmente no se cree ni él el principio que dice defender, Rouco no tiene derecho a instar al gobierno de este país a hacer nada. Por mucho que religiosamente se encuentren supuestamente en su cercanía.
Pero, claro, la primera división de poderes que no se cree Rouco Varela es la división entre Iglesia y Estado -algo que, por cierto, también figura en Sobre el espíritu de las leyes-. Y por eso creo que le hace falta ese título en su biblioteca.
Y pasado ese inicial momento en el que el desconocimiento de la obra del barón francés le induce al error, Rouco cae en otra profunda sima que de nuevo me hace mirar a su colección de lecturas y descubrir un profundo hueco en la misma.
“La vida es un bien sagrado que el ser humano recibe de Dios. (...) Ninguna instancia humana puede disponer de la vida de un ser humano inocente”.
Aquí se columpia hasta salir disparado del columpio y estrellarse de bruces contra el hueco en el que debería lucir el segundo ISBN recomendado por este humilde bloguero.
Se trata de una obra de un mediocre músico, pobre escritor y gran filósofo de origen suizo llamado Jean Jacques Rousseau que escribió algo llamado El contrato social.
Porque el ideólogo de la Revolución Francesa escribió: "es ese contrato el que permite determinar las normas éticas y de comportamiento que los que lo suscriben están dispuestos a cumplir y les serán exigidas a partir de ese momento".
Puede que la omisión de esa lectura le haya inducido al bueno de monseñor Rouco Varela a caer en el error de creer que lo que determina quién tiene y quién no tiene derecho a la vida sean los deseos de su dios -los que él dice ahora que tiene. Porque hasta, más o menos, el siglo XVIII a su dios se la traía completamente al pairo el aborto, porque el alma del niño era depositada en él en el momento del nacimiento, sino del bautismo, con lo cual lo anterior no contaba-.
Pero de nuevo el cardenal ignora o finge ignorar que su dios no ha firmado contrato social alguno con la sociedad española y por tanto no es el que tiene que dirimir ese problema ético y no se le puede utilizar como argumento para que el gobierno, por muy del PP que sea, adopte decisión alguna sobre el aborto.
Y no se me malinterprete.
Que yo crea que los argumentos son erróneos, que la iglesia no tiene derecho a intentar influir con esos argumentos en la decisión de un gobierno sobre cosa alguna, que yo esté seguro que los pilares en los que se basa nuestra sociedad hacen que ningún dios ni sus supuestos deseos deben estar presentes en las decisiones éticas que deben abordar nuestras legislaciones, no me acerca ni un ápice, ni un milímetro a la defensa del aborto en España ni en ningún otro lado del Occidente Atlántico.
Para mí, el aborto en este país es una de las formas más bellamente camufladas de irresponsabilidad que se presentan ante nuestros ojos.
sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com/2012/01/los-huecos-vacios-en-la-biblioteca-de_01.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

01
Ene 2012

El noble arte de quedarse a las duras

Escrito por: gboneque el 01 Ene 2012 - URL Permanente

No es que esperara yo que el nuevo año empezara de una manera diferente a la que acabó el ya pretérito 2011.
No están las cosas para que se nos cambien de repente, ni estamos nosotros para cambiar nada por la bravas, de un plumazo, de un golpe en la mesa o en la calle.
Pero no redunda en beneficio de mis expectativas sociales para el año que acaba de empezar descubrir que hay ciertas derivas que se nos repiten en este comienzo de año, que se nos vuelven, como sacadas de un libro de historia de esos que ya no gastamos en la primaria y apenas hojeamos en la secundaria.
Hungría se nos vuelve autoritaria, se nos torna despótica, se nos recuerda nazi.
Y, aunque podamos echarle la culpa al gobierno magiar, que ha decidido, impulsado y votado una reforma de su Constitución para dejarla sin contenido, sin fuerza y sin posibilidad de controlar a nadie; aunque podamos cargar la responsabilidad de ese giro sobre los hombros y los hombres de los partidos de ultraderecha, que tremolan sin pudor la esvástica en las plazas y los bares de los pueblos en los que gobiernan, después de haberse hecho con ellos en unas elecciones municipales que les auparon al segundo puesto en el ranking de fuerzas políticas de la nación húngara, no podemos eludir el hecho de que la culpa, como en casi todo últimamente, es toda nuestra.
Los imperios en decadencia suelen ser lo principales artífices de su propia destrucción.
Los es porque Merkel, la canciller matriarcal de impulso aparentemente infinito, a la que siguen, cual corte procelosa y devota, todos los magnates políticos del viejo continente, ha olvidado en su lista de deberes, en su colección de aprendizajes dar unas pequeñas clases de lo que sólo podía definirse como el noble arte de quedarse a las duras.
Hungría se nos va, se nos hace otra cosa, porque la hemos dejado sola. Así de sencillo, así de irresponsable. Así de habitualmente nuestro.
Alemania, y Merkel con ella, llamó a filas a Hungría, Rumanía, Bulgaria y todos los estados que regaban la Europa del este con las sangres y las aguas del extinto Pacto de Varsovia en lo militar y en lo político.
Los llamó porque los necesitaba, porque su manufacturas, sus rígidas y fiables creaciones de acero alemán, se pudrían en sus almacenes, se convertían en una carga tan pesada que no podían centrarse en la supervivencia que les exigía el reflotamiento de la antigua Alemania del Este, la asimilación de la depauperada economía que el muro de Berlín les había descubierto en su caída en tres quintas partes de Alemania.
Y los magiares y todos los demás respondieron. Respondieron como hicieron hace siglos los reinos de Bohemia, Eslavia y Hungría cuando el emperador de Alemania les convocó a la Santa Alianza; como hace un par de siglos respondieron los Reinos de Bulgaria, Rumanía, Bohemia y Hungría a otro canciller , Metternich, cuando les pidió, les exigió y les suplicó acudir en ayuda de Austria y Alemania para mantener unido el imperio; como cuando otro canciller -en Alemania los cancilleres les crecen por doquier- en este caso de hierro, Otto Von Bismark, les convocó a la guerra, a una guerra europea, a una guerra mundial, y acudieron sin pestañear, respondiendo a sus seculares alianzas a sus inquebrantables lealtades.
Como acudieron cuando la gran Alemania les pidió la anexión, les impuso las formas y los fondos de un nuevo estado que iba a ser el resultado definitivo de la superioridad teutona, allá en los años cuarenta del nazismo en Europa.
Cuando Alemania llama los reinos del este siempre tienen la tendencia a acudir.
Y esta vez se les llamó a una Unión Europea y ellos acudieron. Hicieron los deberes que se les exigieron mucho mejor que los socios fundadores. Aceptaron esfuerzos que nosotros aún estamos discutiendo, asumieron ajustes que nosotros nunca nos propusimos a nosotros mismos para forjar Europa.
Así que entraron y Alemania pudo por fin vaciar sus almacenes, llenar sus cadenas de montaje, colocar sus productos. Pudo poner en marcha un mercado que la beneficiaba, que la daba el dinero suficiente para poner en marcha la parte de su tierra que cincuenta años de comunismo desolado y desolador habían conducido a la más paupérrima de las situaciones.
Y todo funcionó y todos éramos europeos y todos éramos demócratas y todos éramos lo que suponía que era políticamente correcto ser.
Pero eso eran las vacas gordas. Eso eran las maduras.
Todos teníamos lo que queríamos. Ellos eran europeos de pleno derecho, Alemania tenía sus mercados abiertos y ansiosos de sus productos. Y nosotros teníamos hombres fuertes en las obras a la intemperie y las puertas de las discotecas y mujeres diligentes limpiando nuestras casas, cuidando nuestros hijos y llenando nuestros prostíbulos.
El epítome de una sociedad perfecta.
Pero ahora, cuando nuestros incontrolados mercados, nuestros patéticamente egoístas inversores, nos imponen una nueva dictadura, nos arrojan a nuestras necesidades; cuando Alemania ya no les puede mirar como mercados ni les puede utilizar como socios es cuando realmente demostramos lo que Hungría y los demás han sido y serán siempre para nosotros.
Es cuando nos negamos a practicar el arte, doloroso pero digno, esforzado pero necesario, de quedarnos cuanto pintan bastos, cuando llegan las duras.
Les quitamos ayudas integrales, les cerramos el grifo del dinero para las reformas estructurales, miramos a otro lado mientras la inflación generada por nuestro euro les devora las entrañas económicas, los miramos de soslayo y les ponemos trabas para moverse en nuestras depauperadas sociedades, haciendo los trabajos que hasta hace dos días ninguno de nosotros queríamos hacer.
Y Alemania hace lo mismo que ha hecho con ellos siempre.
Cuando La Santa Alianza hubo de elegir entre los protestantes y los turcos dejó a Bohemia y Hungría, que habían cumplido con creces en sangre y crueldad la exigencia de limpiar sus tierras de protestantes, calvinistas y toda suerte de herejes del cristianismo, bajo asedio del sultán otomano y se dedicó a sus luchas en Baviera y Westfalia contra los resistentes y siempre desafiantes hijos de Lutero y de Calvino.
Cuando, tras Napoleón, tras la batalla de los tres emperadores, tras el exilio en Elba y Santa Elena, los magiares y búlgaros se volvieron a Metternich para reclamar que, igual que ellos habían aportado sus caballerías y sus húsares en la guerra que amenazaba a Alemania por el oeste, ahora Alemania y Austria aportaran sus infanterías para contener a los rusos que los asediaban desde el este, el canciller prefirió dedicarse a porfiar con los ingleses y franceses y dejar la parte húngara del imperio austrohúngaro a su suerte. Algo había que sacrificar. Mejor Hungría que Alemania.
Cuando Bismark fue derrotado, Alemania no tuvo pudor alguno en sacrificarlos de nuevo, en ofrecérselos a Rusia para salvar las tierras alemanas, para minimizar sus pérdidas, no tuvo el más mínimo problema en escindirlos de su ya imposible imperio para evitar trabas, para poder lamer tranquilamente sus heridas hasta el próximo conflicto, hasta la siguiente conflagración de escala universal.
Por eso, ahora que Merkel y los suyos comienzan a hablar en bajo -y no tan bajo- de dos velocidades, de que a Europa, a la Europa que quieren y que necesitan, ya le sobran países; ahora que hablan de núcleos fuertes de supervivencia y de dejar atrás a aquellos a los que llamaron a filas cuando les interesaba, cuando parecía que todo iba a ser siempre una continua recolección de frutas jugosas y maduras que llevarnos a la boca, es lógico que Hungría se nos vuelva otra cosa. Al fin y al cabo los nazis nunca les abandonaron.
Puede que fuera simplemente porque no tuvieron tiempo, pero nunca las abandonaron. La última división del ejército nazi, formada por combatientes de las tristemente míticas SS, se rindió en Budapest, once días después de que cayera Berlín.
Pero el ramalazo autoritario y nazi fascista -hacía años que utilizaba este adjetivo- que ahora sufre Hungría y que nos despierta viejos fantasmas, la recaída en el recurso fatuo a la autarquía y la grandeza perdida que la incapacidad de Merkel para quedarse a las duras ha generado en las tierras magiares, no es algo que se le pueda achacar a ella. No es algo que se deba a la idiosincrasia alemana ni a la perversidad de pensamiento de la canciller.
Merkel no es distinta de nosotros. Es nuestro reflejo.
sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com/2012/01/hungria-exige-el-noble-arte-de-quedarse_01.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

01
Ene 2012

Rajoy acaba el año inventándose la solidaridad inversa

Escrito por: gboneque el 01 Ene 2012 - URL Permanente

Cuando las cosas se vuelven turbias, se enfangan, se confunden y se enlodan, lo mejor es siempre tirar de lo seguro, de lo que ya está dicho y escrito.
Y eso es lo que ha hecho nuestro nuevo presidente del Gobierno, el nunca suficientemente ponderado Mariano Rajoy. Si hombre, ya saben, el primer presidente del Gobierno español desde Serrano Suñer -el cuñadísimo- que se preocupa más de lo que dice Alemania que de lo que opina su propio país.
El tipo, que está dispuesto a batir todos los records, se ha lanzado a una vorágine de acumular títulos honoríficos como si se tratara de Rafa Nadal en busca del perdido número uno del mundo.
Su mentor tardó legislatura y media en que se le pillara en un renuncio de esos de "lo sabías y no dijiste nada, cacho perro". Cierto es que fue de los de órdago a la chica cuando estás a falta de doce. "pero si sabías que no había armas de destrucción masiva, pero si sabías que los aviones pasaban cargados de prisioneros ilegales por nuestro espacio aéreo y repostaban en nuestros aeródromos camino de Guantánamo, pero si sabías que se estaba negociando con ETA".
Pues nuestro ínclito Mariano ha tardado tan sólo un periodo bíblico de creación del mundo en que se le descubra que sabía algo y no lo dijo. Sabía que el déficit se iba a ir al ocho por ciento, sabía que eso significaba que no hacían falta 16.000 millones, sino 36.000 para lograr el añorado e incomprensiblemente arcano necesario para la salvación 3 por ciento de déficit, Pero se calló miserablemente.
No es tan grave quizás como lo de la guerra, pero su mérito tiene.
Y nos preguntamos por qué y la respuesta es tan sencilla como lo suele ser todo en la manipulación social -y toda campaña electoral es una tesis doctoral de manipulación social-. Porque si no ocultaba ese dato no podía mentir de una forma creíble.
¡Y ese es el segundo record que ha batido Mariano, que ya se codea con Usain Bolt y otros grandes recordmen del mundo!
Su antecesor en el cargo, al que algunos recordarán como el más funesto presidente de la democracia española -eso es porque no se acuerdan de Leopoldo Calvo Sotelo y prefieren no acordarse de José María Aznar- necesitó siete años para que se le pillara en una mentira flagrante, una de esas rupturas de promesa electoral que parecen que no pueden producirse. Prometió no desmantelar el Estado del Bienestar y propuso y aprobó la Reforma Laboral que incluía el aumento de la edad de jubilación y las condiciones más stajanovistas de contratación que se recuerdan en este país.
Si, acordaos. Esa contra la que no movimos un jodido dedo, amparados en que los sindicatos eran unos pintas y nosotros teníamos derecho a ser egoístas y mirar solamente por nuestro propio culo -como es fin de año hago uso del comodín anual del lenguaje soez-.
Pues bien a Zapatero le hicieron falta siete años pero a Mariano, que debió competir en velocidad en sus años mozos en su colegio de pago y de curas, le han bastado siete días para incumplir flagrantemente sus promesas electorales.
Y no una o dos de las pequeñas, no de esas que se hacen aunque todo el mundo sabe que no pueden llevarse a cabo, no una de esas demagógicas como la de "prometo una España más segura" o "voy a acabar con las diferencias entre clases sociales", que todo el mundo aplaude entusiasmado en el mitin y en la conexión televisiva aunque saben que se quedará en agua de borrajas. Ni siquiera una de esas que se pueden interpretar de mil formas, de manera que el digo que dije entonces se transforma, por virtud de la magia electoral, en el diego que digo ahora.
Él ha incumplido en el tiempo en el que el dios de las barbas tardó en hacer el mundo todas sus promesas y además de las gordas.
Prometió no congelar sueldos funcionariales y lo ha hecho. Prometió no paralizar las reposiciones de funcionarios públicos y lo ha hecho. Juró y perjuró que no elevaría las tasas y lo ha hecho, gritó a los cuatro vientos que no asumiría la Ley Sinde -ya saben la ministra grupi que no le habla al cine español- y la ha asumido, que no tocaría las pensiones y sube las de unos un uno por ciento y baja las de los funcionarios porque elimina las aportaciones estatales a sus fondos de pensiones.
Y, sobre todo, prometió no subir los impuestos. La primera en la frente.
Los sube porque tiene que hacerlo, porque en su visión -que desde Alemania le dicen que es la acertada y la única posible- es lo único que puede hacer. Los sube porque el déficit está en un ocho por ciento, los sube porque ya no puede permanecer, como hiciera durante cada mitin y cada comparecencia electoral, paralizado en mitad de la escalera rezando para que nadie supiera si subía o bajaba.
Lo hace porque ocultar el dato y hacer la promesa le ha servido para acceder al gobierno pero no le sirven para gobernar. Lo hace porque, como todo político, cree que tiene derecho a mentir y ocultar la verdad -que es otra forma de mentira, aunque muchos se empeñen en ponerle matices- para acceder al poder y luego encontrar una forma de justificarlo.
Y con eso bate otro récord mundial.
Zapatero tardó dos años en inventarse eso de la discriminación positiva y la violencia de género unidireccional para justificar algo que sólo podía definirse como fascismo anticonstitucional; Aznar empleó cuatro años de su tiempo en inventarse al Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco para quedar bien en el extranjero, mientras aquí ejercía de irreductible martillo de infieles independentistas.
Pero Rajoy, que parece ir a la carrera en todo después de no haberse movido de su sitio, oscuro y anodino, durante más de una década, de nuevo ha inventado un término que le justifica, que cree que le ampara, que cree que le explica. En solo 198 horas se ha inventado el término "recargo temporal de solidaridad" para intentar decorar su incumplimiento, ocultar su mentira, ignorar su promesa.
Pero aunque él cree que no. Aunque él y Montoro piensan que es solamente una frase gloriosa que decora su fraude, un concepto relativo que oculta su mentira, esta vez y sin que sirva de precedente Rajoy ha dado con su frase en el clavo.
Su "recargo temporal de solidaridad", nunca ha podido ser mas cierto. Porque si acudes al diccionario de la Real Academia de la Lengua -y esto explica un par de miles de líneas tarde el comienzo de este post- puedes leer:
Solidaridad: Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.
Y eso es lo que es esto. Eso es lo que es esta subida de impuestos. Una adhesión circunstancial -y en nuestro caso la circunstancia es que el gobierno nos obliga- a la empresa de otros -y en este caso son los grandes bancos, y las corporaciones-.
Nunca un eufemismo fue tan cierto.
Rajoy nos hace solidarios de la necesidad de que otros y las empresas de otros mantengan sus niveles de beneficio, mantengan sus ganancias que luego serán distribuidas, en forma de dividendos, entre sus accionistas, no reinvertidas. No reutilizadas en la creación de empleo, sino simplemente transferidas a cuentas en el BNP de Luxemburgo o en el Banco Internacional de Caiman Brac para uso y disfrute de los rentistas.
Por eso somos solidarios. Porque nuestros sacrificios les producen beneficios a las empresas de otros. Beneficios que nosotros no veremos ni disfrutaremos.
Y aunque algunos de los amigos de siempre vean en esta afirmación mi ramalazo anarquista de entonces, intentaré explicarme.
Puede que controlar el déficit sea la solución. Y digo puede porque Brasil será en el primer trimestre de 2012 la quinta economía del mundo y su déficit y su gasto público esta once puntos por encima del de Grecia -la peor de los nuestros-; porque China es la primera economía del mundo -aunque digan que es la segunda- y nadie sabe si controla o no su déficit; porque Estados Unidos es el mayor generador de riqueza -no de reparto de la misma- del mundo y aunque el déficit federal se coloca en un asumible cinco por ciento, su déficit estatal -es decir, el que para nosotros sería autonómico- se dispara hasta el dieciocho por ciento.
Pero hagamos caso a la matrona alemana de furia pronta y memoria histórica huidiza y pongamos que hay que controlar el déficit.
Para eso necesitamos 36.000 millones de euros. Hagamos cuentas -Yo me hice de letras creyendo que la palabra y las ideas salvarían al mundo y ahora resulta que tengo que tirar de economía. ¡No sé qué haría sin la calculadora de Windows!-.
La banca española -sólo la banca- obtuvo el pasado año, después de impuestos 11.000.000 millones de euros de beneficios, según el informe del Fondo Monetario Internacional -para los escépticos-.
El dinero destinado a fundaciones sociales -que se desgrava íntegramente y a fundaciones culturales -que se desgrava en un cincuenta por ciento- fue de 8.000 millones de euros.
Veamos.
Si se les impiden las aportaciones a esas fundaciones que no son otra cosa que formas bellamente camufladas de eludir los impuestos -podemos pasarnos un año sin que Unión Fenosa sufrague la exposición de un individuo que clava con un hierro herrumbroso un trozo de carbón sobre un cacho de césped y le llama "Madre Asturias". Y es algo literal- tenemos unos beneficios de 19.000 millones después de impuestos.
Si les subimos un diez por ciento los impuestos -¿por qué?, porque somos el gobierno y si no le gusta que el Santander cierre todas sus oficinas en España y las abra en Madagascar, por ejemplo- , tendríamos que a ellos aún les quedan 15.000 millones de beneficios para repartir entre accionistas, sufragar exposiciones y fundar hogares de acogida para inmigrantes o potenciar la integración de discapacitados. Que no seré yo quien diga que todo eso no es necesario.
Pero nosotros, la España de andar por casa, que no somos ni discapacitados, ni artistas New Age, hemos ganado para nuestras arcas la no desdeñable suma de 4.000 millones de euros.
¡Estupendo, solamente nos quedan 32.000!
Y eso contando a los bancos, que otras corporaciones como Iberdrola, Telefónica o FCC también se encuentran en la misma situación y hacen la misma operación de cambiar impuestos por cuadros caros y supuestas acciones sociales que rara vez llegan a nada.
La solidaridad ha sido siempre -diga lo que diga la RAE- el compromiso de los que mas tienen con los que menos tienen, pero en este nuevo y rajoniano -¡como me gusta inventar gentilicios!- concepto es al revés.
Tres cuartas partes del esfuerzo solidario lo hacemos las clases medias y bajas, o sea los que trabajamos por un sueldo.
¿Y el capital? el capital aporta a nuestra tirita anti déficit 1.400 millones de euros.
Pero... ¡Un momento!. La bolsa, o sea el capital español, ha crecido en 25.000 millones de euros este año. Pese a la crisis de la deuda, pese a los bandazos, pese a la siempre aparente congoja de nuestros inversores y al perpetuo acojonamiento egoísta de nuestros accionistas, los beneficios bursátiles han experimentado 25.000 millones de euros de aumento.
Apliquemos un diez por ciento más de recargo impositivo sobre esas rentas -no un 0,5 como ahora-.
¿Por qué?, porque nos hace falta, porque no tenemos mas remedio. Porque los inversores y rentistas no pueden pretender que sus rentas sean intocables mientras nuestros sueldos no lo son, que sus ganancias sean sacrosantas mientras los réditos de nuestro trabajo disminuyen por el incremento del coste de la vida y de sus impuestos.
Bien, pues si aplicamos ese porcentaje, tenemos ni más ni menos -según un estudio realizado por el instituto Americano de Inversiones, nada sospechoso por otra parte de rojo, republicano, radical, revolucionario ni ninguna otra "erre" que se nos ocurra- que 6.000 millones más de ingresos en nuestras arcas públicas, marcadas por estigma del déficit cero, aquejadas por el síndrome psicológico del techo de déficit que Alemania necesita para que le cuadren sus negocios con Europa.
32.000 - 6.000 = 26.000. Esto es fácil hasta para uno de letras puras como yo. Si queréis os lo pongo en griego Koiné.
Y luego subamos los impuestos. Pero todos. De hecho, antes de subirlos hagamos que todos paguen sus impuestos.
Y para eso solo hay que hacer una cosa. Obligar a la donación del piso como único pago de las hipotecas.
Eso y hacer que los bancos paguen el impuesto de transacciones y las plusvalías.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

28
Dic 2011

Arvi Ran y los arios y Hamas y los esclavistas

Escrito por: gboneque el 28 Dic 2011 - URL Permanente

Que el fanatismo religioso es la base de las guerras pasadas, presentes y futuras en esas tierras aquejadas de la eterna parálisis del conflicto armado que llamamos Oriente Próximo es una mentira del tamaño del Templo de Salomón.
Y la mentira es tan grande que no nos cuesta creerla, que no tenemos el más mínimo problema en aceptarla sin pestañear porque nos viene bien, porque nos elimina de la ecuación, porque nos deja al margen.
Y decir esto, después de una invasión romana que dejó el susodicho templo para el arrastre, de una revolución en Masada que vio morir a sus protagonistas a sus propias manos cantando salmos, de trece cruzadas, dos contra cruzadas, una invasión otomana, una invasión sionista y una reacción yihadista, parece que es arriesgado.
Pero es palpablemente cierto.
Después de escuchar los panegíricos de los mafiosos de Hamas sobre sus falsos paraísos, después de soportar las églogas de los ultra ortodoxos sionistas sobre la Gran Israel y la Bella Sión pareciera que la religión es el motivo. Pero no lo es.
Desde siempre ha sido la excusa. Pero nunca ha sido el motivo. Y son los propios fanáticos que dicen defender a sus retorcidos dioses los que lo demuestran.
Hay un tipo en los territorios ocupados que se ha disfrazado de mesías, que se ha colocado el Inri sobre la cabeza y pretende que los palestinos carguen sobre su piel con las espinas de la corona que él se ha ceñido en la testa.
Se llama Arvi Ran y ha sido proclamado por la ultra ortodoxia judía como El Rey de Las Colonias. Ya tenemos Mesías. La excusa hebrea recurrente para la guerra a lo largo de los siglos.
Si Ran fuera realmente un ultra ortodoxo estaría tremolando la Tora en las calles de Tel Aviv, exigiendo que las israelíes abandonasen sus ajustados e insinuantes vaqueros, que se subieran en la parte de atrás de los autobuses, que los jóvenes cachorros de Israel no se cortaran el pelo en punta y dejarán crecer sus tirabuzones, que nadie saliera a la calle a la puesta de sol, que nadie diera más de 100 pasos los sábados por la noche, que los hombres de Sión arrastraran a su casa a las viudas de sus hermanos muertos y a su lecho en el caso de que estas no tuvieran descendencia.
Eso es lo que hacen los ultra ortodoxos de verdad, los locos furiosos de la religión al pie de la letra bíblica sin posibilidad de interpretación ni actualización. Esa es la guerra que han emprendido contra su propia policía y contra su propia sociedad aquellos que aún no han comprendido que Moisés solamente quería que los miembros de sus pastores permanecieran dentro de sus calzas y que se pudiera llevar una cuenta clara de las propiedades y las herencias cuando escribió, junto con su querido Aarón, ese compendio de leyes de hace tres mil años conocido como el Levítico.
Pero Arvi Ran no está en Tel Aviv escupiendo en los turgentes escotes de las jovencitas ni abofeteando a jovencitos de pantalones cagados y flequillo de punta. Está en los territorios ocupados hablando de Sión, de Yahvé, de los textos sagrados...
Y negándolos absolutamente todos con sus actos.
Porque su dios les dijo expresamente -ya sabemos que los judíos son los únicos que hablan con su dios directamente- que no pusieran el píe en Israel hasta que él se lo dijera.
Y se lo ha dicho la Sociedad de Naciones, se lo ha dicho el mundo Occidental, se lo ha dicho Estados Unidos pero, que sepamos, el bueno de Jehovah no se ha pronunciado aún al respecto.
Porque si el ex militar herido en combate Arvi Ran fuera realmente un fanático religioso y mantuviera su guerra por el control de Cisjordania por motivos religiosos como dice hacer, lo único que su dios le permitiría realizar sería mantenerse en la frontera exterior de los territorios ocupados, rezando a Yahvé, untándose el pelo de ceniza y rasgándose sus condecoradas vestiduras, mientras suplicaba a su divinidad que adelantara el día en el que literalmente -que para ser ultra ortodoxo hay que ser literal- hiciera descender el nuevo templo desde el cielo para anticipar la llegada de El Mesías y abrir las puertas de Sión a los judíos para una nueva alianza sagrada -no sé cuántas han roto ya-.
Pero Arvi Ran y sus supuestamente ortodoxos seguidores no hacen eso.
Invaden, pueblan y defienden a tiros y ataques nocturnos sus asentamientos ilegales y sus colonias condenadas por todos los países de La Tierra.
¿Por qué? Porque su dios se la pela, se lo pasan por el arco del triunfo, les importa un carajo. Le utilizan de excusa descontextualizada, le mantienen en primera línea para que les sirva de parapeto y de escudo de otras cosas.
Porque hacen lo que se ha hecho siempre allá por las afueras de Jerusalén. Sacar a Dios a pasear para que no se escuche el ronco retumbar de otros pasos que tienen más difícil justificación.
Y ese sordo retumbar, esos pasos se resumen en una sola frase. En la idea central del ideario de este nuevo mesías autoproclamado de Las Colonias. Un pensamiento que no está en ningún texto talmúdico, un versículo que no se haya en copia alguna de La Torá.
"Cuando un árabe ve a un judío, lo único que debe hacer es inclinar la cabeza".
Y eso es lo que mueve toda su acción, toda su supuesta guerra religiosa, toda su falsa ultraortodoxia.
Eso es lo que le permite torear las exigencias de su dios e insistir en la ocupación de una tierra que no es suya simplemente porque cree o sabe que su país la necesita para evitar que dentro de cincuenta años su población sea una mezcolanza de tal proporción que sea imposible dictaminar quien es judío puro, quien forma parte del pueblo elegido de su dios, quien debe inclinar la cabeza ante quien. Quien es superior. Vamos, un país como todos.
Eso es lo que hace que pase por alto las mezquitas en sus ataques nocturnos, conformándose con unas pírricas -para él, claro está- pintadas con insultos pero incinere hasta los cimientos tiendas y negocios.
Porque el dinero que los palestinos obtienen de esa tierra debería ser para los judíos, porque ellos deberían trabajar por un mendrugo y un techo, como supuestamente hizo Israel en Egipto, para mayor gloria y riqueza de sus superiores hebreos.
Porque lo único que le importa de su dios es su creencia de que le creó superior a los demás.
Creo que he leído parecido en alguna parte pero los excesos navideños me han embotado algo la memoria y la actividad neuronal.
¿Lo he leído en La Tora?, no, creo que no. En algún texto talmúdico, me parece que tampoco. ¿Lo he visto en el Catecismo católico naranja?, ¿en El Corán?, en El Libro de Mao o en El Camino de Escrivá de Balaguer?. No, eso no me suena.
¡Mierda lo tengo en la punta de la lengua!, ¿cómo se llamaba eso?
¡Ah ya me acuerdo!. Se llamaba nacional socialismo y estaba escrito en Mien Kampf.
Así que, de repente, el bueno del Mesías de Las Colonias se ha convertido en un líder ario y sus jóvenes colonos de tirabuzoncitos curiosos en los camisas pardas.
Sorpresas te da la vida.
Pero el defensor de la raza aria judía llamado Arvi Ran y sus fascistas seguidores -escuece merecer el nombre de tus propios verdugos, ¿verdad?- no es el único que ha usado a su dios como excusa para otras cosas, para otros modos, para otras necesidades.
Los locos furiosos de Hamas también lo han hecho. También se pasan por la piedra todas las recomendaciones de su dios invisible, todas las explicaciones de su profeta, todos los mandamientos de sus divinidades y sus santos y los tremolan cuando lo que en realidad están buscando es otra cosa.
Si lo hicieran por religión no enviarían niños a la guerra y a hacerse estallar cuando su dios especifica claramente que aquel que provoca la muerte de un niño nunca entrará en el paraíso.
sigue en
http://lefthandgod.blogspot.com/2011/12/arvi-ran-hamas-los-arios-y-los.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

27
Dic 2011

El miedo a la yihad de libro

Escrito por: gboneque el 27 Dic 2011 - URL Permanente

Podría hablar de cómo la concejala de Medio Ambiente con el medio ambiente más sucio de España ha logrado una alcaldía, de cómo la concejala de empleo con menos empleo del país ha conseguido por la puerta de atrás el bastón de alcaldesa sin que un solo madrileño la vote para tal cargo. Podría hablar de como la piña del nuevo gobierno se ha ido por el sumidero desgajada en piñones en cuanto Montoro ha empezado a afilar las tijeras de los recortes presupuestarios. Podria seguir mirandonos el ombligo, cada vez más arrugado y más sucio. Pero no voy a hacerlo. Nuestro ombligo ya ha sido suficientemente abrillantado con las fiestas y los fastos de las navidades y los cambios de gobierno.
Hoy voy a tomar la imagen de una mujer embozada -no velada- y voy a hablar del mundo, del de verdad. Del que está vivo y nosotros estamos permitiendo que muera.
Hoy voy a coger un grito de otra mujer que también oculta el rostro bajo unas telas y voy a hablar del mundo, del de verdad. Del que estaba parado y ahora cambia sin que nosotros hagamos nada para facilitarlo.
Hoy voy a hablar de Homs. Hoy voy a hablar de Yihad.
Machacados hasta un punto que un occidental no solamernte no podría soportar sino que ni tan siquiera es capaz de imaginar, por la autoridad falsa y supuestamente infinita que pusimos sobre ellos para que los controlara, para que los limitara, para que los manejara, los sirios se tapan la cara y van a la guerra, a su guerra.
A la guerra que nuestra política exterior, y por nuestra entiendo de Occidente -no se me subleve ministra saliente ni ministro entrante de Asuntos Exteriores-, ha originado con su intento absurdo y baldío de mantener el mundo árabe en una situación que no era la suya, con unas fronteras que no eran las suyas y con una historia que no les pertenecía.
Hoy, mientras nosotros nos forramos aún las tripas de alcaselsser para regular nuestras excesivas cenas y prolíficas comidas, las mujeres de Bam Amro se embozan, no se velan, para ir a la guerra. Para gritar "Yihad".
Y esta es la Yihad que más temememos. Y esta es la Yihad que más odiamos. Y esta es la Yihad que nos pone los pelos de punta, nos enchufa los miedos y nos desenchufa las razones.
Porque contra esta no podemos decir nada.
Contra esta no podemos tremolar como icono a ancianos barbudos de Sharia e intransigencia, a imanes apocalípticos de cinco rezos diarios y conversiones obligatorias; contra esta no podemos escrimir bombas en iglesias nigerianas, ni cadenas de atentados en mercados y sinagogas; contra esta no podemos usar de escudo las lapidaciones públicas, las ablaciones, los ahorcamientos ni ninguna de las otras barbaries en las que hasta ahora se han empeñado los intransigentes de El Corán mal entendido y el Profeta mal interpretado para definir la yihad, su yihad.
La Yihad por la que claman las mujeres embozadas de Siria, La yihad que ya luchan los hombres embozados de Homs no es nada de todo eso. Es una Yihad de libro.
Es una guerra justa cuando no queda otra salida que la guerra. Es, palabra por palabra, sumna por sumna y acento circumflejo por acento circumflejo, lo que dijo El Profeta.
Y por eso la Liga Árabe la tiene miedo, la intenta parar. Por eso actúa por primera vez como un organismo supranacional, por eso envía pírricos observadores a mirar como muere la gente desde sus camiones marcados para evitar ser considerados blancos.
Les envían a observar como se retiran docenas de cadáveres de las calles para hacer sitio a los que han de llegar, para comprobar como las casas desaparecen de la faz de la tierra bombardeadas por aviones que nosotros pusimos en los aeródromos del padre de El Asad para mantener ese absurdo equilibrio inventado por Metternich en el que parece que, sea lógico o no, tenemos que basar toda política internacional en cualquier rincón del globo.
Por eso les ponen en primer línea para observar como los niños no tienen comida, las madres no tienen leche y los padres no tienen agua pero tanto unos como otros siguen peleando, siguen luchando, más allá de lo que cualquier occidental atlántico está siquiera capacitado para soportar contemplar en una película de acción.
Porque tienen que parar la Yihad. Incluso dándoles la razón, pero tienen que pararla.
Porque si triunfan, si la guerra justa es el camino para librarse de aquellos que no tienen derecho a ejercer el gobierno y que lo hacen de una forma tan brutal y despótica que son abandonados hasta por sus propios servicios secretos, entonces los asientos de los emires, sultanes, reyes y jeques de La Liga Árabe tienen los días contados. Alguien se dará cuenta de que ni sus pueblos ni su profeta los desean en esos asientos.
Así que la Liga Árabe acude a Siria para darle a los sirios lo que quieren antes de que puedan ganarselo. Para cambiar un rey tiránico por otro benévolo en un último intento de evitar que alguien cuestione la monarquía.
Es tan antiguo como La Santa Alianza. Es tan antiguo como la Revolución Francesa. Es tan antiguo como la Yihad.
Y por eso la yihad siria les abre las carnes a sus seculares vecinos y enemigos. Por eso Israel, que presume y promete democracia a todo el que quiera ecucharla, envía al halcón Netanyahu a decir por el mundo que Siria no necesita democracia, que Siria no está preparada para la democracia, que El Asad tendría que seguir en su sitio o, en su defecto, otro como él.
Porque si una guerra justa contra la que nada se puede objetar triunfa, a lo mejor los libaneses pasan de Hezbolla y se dedican a liberarse del control de Israel, de Siria y de Iran en el valle de La Becah, en Beirut y en Sidón; a lo mejor los palestinos pasan de Hamás y sus falsos santones y paraisos y se dedican a hacer la guerra que tienen derecho a hacer por sus tierras, sus fronteras y su futuro; a lo mejor los jordanos pasan de sus ilustrados y benévolos monarcas y comienzan a reclamar aquello que siempre fue suyo y que ahora parecen haber olvidado que les pertenece; a lo mejor los ejipcios se embozan contra su ejército y en la Plaza de Tahrir, dan la espalda a los islamistas y recuerdan a su profeta con los ojos puestos en El Sinaí, el Jordán y Tel Aviv.
Es tan antiguo como el Estado de Israel. Tan antiguo como la guerra contra los Filisteos. Tan antiguo como las murallas de Jericó.
Por eso esta yihad deja a Rusía en un fuera de juego que no recordaban desde el famoso gol de Marcelino.
Por eso se aferran con el banderín en alto a El Asad, bloqueando para Occidente toda posibilidad de reacción, toda capacidad de castigo.
Porque, si está yihad es justa -que lo es- y triunfa, a lo mejor chechenos, kazajos, azaríes, turkmenos, uzbekos y tajikos tienen algo que decir sobre la poítica internacional de La Madre Rusia en Asía Central y descubren que si la guerra es justa hasta puede ganarse.
Es tan antiguo como la Rebelión de los Boyardos. Tan Antiguo como Rasputín. Tan antiguo como la Revolución de Octubre.
Y por eso la yihad embozada -que no velada- de las sirias en Homs, la yihad combatida -que no terrorista- de los sirios en Damasco, Palmira, y Bam Amro nos deja a nostros, los adalides de la democracia y la libertad del Occidente Atlántico, sin aliento, sin recursos, sin capacidad alguna de escapar del miedo a que los últimos 500 años, en los que hemos propuesto e impuesto la organización del mundo, estén acabando.
Porque escuchamos las maldiciones de las mujeres embozadas en Siria y sabemos que tienen razón, que son justas, que nunca hubo una Yihad más Yihad que la que ellas luchan contra los cuatro jinetes del hambre, la peste, la guerra y la muerte que nuestra marioneta, El Asad, ha desencadanado en cada calle, en cada esquina, en cada casa y en cada adoquín del pavimento del Califato.
“No tenemos ni agua, ni luz, ni gasolina”. “Hay 25 cadáveres sin recoger”. “Estamos siendo bombardeados”. “No hay leche para nuestros hijos”. Y sabemos que, después de eso, cualquier maldición es comprensible, cualquier venganza está justificada. Cualquier Yihad es justa.
“Que Alá castigue a Bachar y a todos aquellos que ha hecho pisible esto; que maten a sus esposos, que mueran sus hijos de hambre para que sientan lo mismo que nosotras”.
Y eso es lo que nos aterroriza. Ya no nos encoge de miedo la falsa yihad de los fanáticos del credo islámico. Ahora nos arruga de pánico a la verdadera guerra justa de los hombres y mujeres de Homs.
Porque si su dios les hace caso va a tener que pasar los próximos quinientos años llamando a muchas puertas al oeste del meridiano de Greenwich para cumplir su promesa de venganza.
Y nadie va a poder decir que no es justa.
sigue en...
http://lefthandgod.blogspot.com/2011/12/el-miedo-la-guerra-justa-al-oeste-de.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

20
Dic 2011

El Presidente Rajoy ya imita nuestros vicios

Escrito por: gboneque el 20 Dic 2011 - URL Permanente

A Estados Unidos le crece una retirada de tropas a toda prisa y por la puerta de atrás -aunque no tanto como en Vietnam, todo sea dicho- donde hace nueve años había una hipotética y aplastante victoria. A Pionyang le crecen los tiranos y la muerte y la historia le sustituyen a un dictador cansado, anciano y sin ganas de casi nada por otro joven, pletórico y ansioso de ganarse un puesto junto a sus antecesores en la galería de la fama de la amenaza y la crispación mundial. A Europa le crece una unión fiscal en el desastre en la misma jardinera en la que debería estar creciendo otra cosa que hiciera referencia a éticas y pueblos y no a dineros y mercados. A Sudamérica la crece una unión económica que ya empieza a ser, como la nuestra, más económica que unión. Y a África no le crece nada. Nada salvo la guerra y el hambre, claro está.
Y entre tanta germinación cuasi primaveral en pleno invierno aterido y griposo a nosotros nos crece lo de siempre.
A nosotros nos crecen los enanos. ¡Uy perdón, los gobiernos!.
El otrora moderado y moderable Rajoy, que fuera delfín, que fuera ministro, que fuera líder de la oposición, ya es Presidente del Gobierno. Falta el trámite de la votación pero, a estas alturas, en España las votaciones son cada vez más un trámite prescindible, según se ve.
Y se nos torna épico y estético, se nos vuelve arrojado y valiente, se nos presenta incendiario y locuaz. Concreto no -que por muy presidente que sea no ha dejado de ser gallego-, pero todo lo demás sí.
Y en su discurso de investidura clama en el vergel de su mayoría absoluta para que todo el mundo le escuche, por aquello que hay que hacer, que no se ha hecho y que se hará. En un discurso digno del mismísimo Trillo -¡manda huevos!- nos pinta y nos dibuja el pasado, el presente y las necesidades del futuro. No el futuro en sí mismo. No la realidad de ese futuro sino lo que él querría que fuera esa futuro.
Y para lograrlo nos da tres pinceladas, tres normas fundamentales, tres primeros acercamientos al nuevo prisma por el que, al parecer, tendremos que pasar nuestra nueva realidad.
Y esas tres pasadas cromáticas de pintor de brocha gorda no nos dan solamente una imagen de lo que es Rajoy, de lo que será la política del gobierno del PP los próximos cuatro años, de lo que es la base ideológica en lo económico y ética en lo político de las huestes y los mandos de Génova, ahora en La Moncloa. Esos tres brochazos nos muestran lo que somos, lo que queremos ser y el motivo por el cual Rajoy ha sido aupado con nuestros sufragios al lugar que ocupa con toda legalidad.
Esos tres manchones nos demuestran que no queremos cambiar, que no lo hemos hecho y que hemos puesto al mando a alguien que quiere asegurarnos que no tengamos que hacerlo.
Para empezar a bombo y platillo, entre aplausos ensordecedores y constantes a los que solamente les falta la ola y el ritmo de las palmas tango, anuncia que subirá las pensiones.
Y eso parece bueno. Eso desde luego es bueno para los pensionistas. Nunca una campaña electoral para la reelección empezó tan pronto.
No voy a ser yo el que clame por una rebaja pero deja claro que hemos decidido pensar en el presente y abandonar a su suerte al futuro.
Recortamos salarios funcionariales, ajustamos plantillas, estudiamos condiciones de contratación con menos ingresos -y eso ya lo hacen los gobiernos autonómicos del PP, no es una profecía- pero subimos las pensiones. Damos en el presente intentando salvar el ahora, ignorando el futuro.
Porque con una población cada vez más vieja, con el 25 por ciento de nuestros jóvenes en pleno estado de doble Generación Nini -ni estudian ni trabajan, ni están, ni se les espera-, con nuestra lívido natalicia prácticamente al nivel del Estado Vaticano y claramente por debajo del de La Meca, cada céntimo, cada euro que salga ahora en dirección a las paupérrimas cuentas corrientes de pensionistas y jubilados es uno menos que dentro de diez o quince años tendrán para pagar a los que entonces extiendan su cartilla bancaria exigiendo lo que sus cotizaciones y su trabajo de este presente debería garantizarles en su vida por llegar.
Puede que Rajoy lo haga por electoralismo anticipado, puede que el PP crea que lo hace con convicción económica y puede que los pensionistas de hoy crean que se hace por justicia, pero en realidad Don Mariano, el señor Presidente del Gobierno, lo hace porque es como nosotros.
Porque es el espejo en el que se refleja esa sensación de que somos los últimos que vamos a habitar este planeta, de que toda la historia y todos los recursos deben destinarse a nuestro bienestar actual y presente. De que somos los únicos que tenemos derecho a la vida porque nuestros antecesores ya están muertos y nuestros vástagos aún no han nacido y nunca nacerán.
Mariano sube las pensiones actuales poniendo en riesgo las futuras por lo mismo por lo que nosotros firmamos hipotecas millonarias -en euros- apoyados en la posibilidad de una herencia futura, por lo mismo por lo que sacrificamos relaciones que exigen responsabilidad para no tener que privarnos de las copas del viernes por la noche o del polvo con fin de semana romántico en spa de cuatro estrellas de los sábados, por lo mismo que nuestro nivel de ahorro es el más bajo de Europa o que nuestro recurso a la liquidez continuada facilitada por los progenitores parece un derecho inalienable garantizado por La Constitución.
Por lo mismo que nos negamos a compartir la vida con nadie hasta que no haya un solo atisbo de riesgo de que algo salga mal, por lo mismo que hemos antepuesto unos miserables cien euros en la nómina de un mes a la estabilidad laboral de aquellos que vendrán tras nosotros, por lo mismo que hemos inmolado los derechos laborales de todos los que trabajaran o intentarán hacerlo dentro de una década para no poner en riesgo nuestro puesto de trabajo actual.
Mariano, al igual que otros hicieron antes que él, nos ha dado simplemente el reflejo de nuestro egocentrismo más absoluto, de nuestra falta de compromiso con las generaciones pasadas y futuras. De nuestro egoísmo.
Y esa es solamente la primera.
La segunda pincelada adelantada por Mariano también nos dibuja a nosotros mismos. También nos convierte en partenaires de la danza en el espejo que nuestro nuevo presidente baila con nosotros mismos.
El ínclito Rajoy ahorrará 16.000 millones de euros. Así para empezar.
Y claro, los perdedores -con muy mala baba, pensarán algunos- le preguntan que de dónde los va a sacar.
Don Mariano se resiste y permanece como buen gallego durante horas en mitad de la escalera para que no se sepa si sube o baja, se mantiene firmemente parado justo en la esquina para que nadie pueda intuir si va a seguir de frente o girar en alguna dirección.
Pero al final tiene que hacerlo. Es lo que tiene ser presidente. No puedes dejar de hablar cuando te viene bien.
Y es entonces cuando el proceloso gallego recientemente investido comienza a parecerse un poco más a lo que somos.
sigue en...
http://lefthandgod.blogspot.com/2011/12/el-presidente-rajoy-ya-es-uno-de-los.html

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live