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03Jun, 2009

ARTISTAS Y OFICINISTAS

Escrito por: corto-cortes el 03 Jun 2009 - URL Permanente

Hace una semana, en la plaza de toros de Las Ventas, una señora con 40 años de afición a la fiesta decía: “Los toreros ya no vienen con ilusión, parecen oficinistas de 9 a 5”.

Los toreros actuales, en su mayoría, tienen su vida, separada de los toros, y luego torean por la tarde, algunas tardes. El resultado se está viendo en las plazas.

¿Es compatible el arte con una vida normal? ¿Se puede ser artista a tiempo parcial?

Me centraré en el mundo de los libros.

Thomas Mann escribía en una carta a Hermann Hesse que su hijo Klauss, “Trabajaba muy rápido y muy fácilmente; eso explica los errores y las negligencias de sus libros”. Mann, el padre, escribió y en segundo plano vivió. Mann, el hijo, vivió y después escribió. Puede apreciarse la diferencia entre la obra literaria de uno y de otro.

Hal Foster, el dibujante del Príncipe Valiente, dedicaba 65 horas semanales a dibujar. La última página dibujada por Foster de Príncipe Valiente es la nº 2244, cuando ya ha cumplido 87 años. Habían pasado 43 años desde la primera tira. Los dibujantes de comics actuales ya no dibujan cada viñeta como si de un cuadro se tratase, como hacía Foster con el Príncipe Valiente. Los dibujantes actuales tienen familias de las que cuidar y otras cosas que hacer además de dibujar.

Gunter Grass, escritor alemán, del que Alfaguara acaba de publicar La caja de los deseos, la segunda parte de sus memorias, declaraba en una entrevista a El País:


Y yo mismo me llamo padre incapaz, deficiente. Es muy lógico que, siendo padre de ocho hijos distintos, de madres diferentes también, a pesar de todo el amor, la simpatía, de las relaciones cariñosas, esta sensación de que soy un padre incapaz o deficiente aparezca una y otra vez. En gran parte era un padre ausente. Estaba allí recluido, escribiendo.

Un escritor no escribe para vivir sino que vive para escribir. Ya lo decía Gabriel Gª Márquez en el título de la primera parte (¿y última?) de su autobiografía: Vivir para contarla. Por este motivo, Gunter Grass cuenta en su autobiografía cosas que sus hijos le han pedido que no publique. Para el premio Nobel alemán es más importante su obra que sus hijos, que su vida. ¿Es un egoísta Grass?. No, es un escritor.

Buenos escritores como Amos Oz y William Styron cuentan que después de 10 horas de trabajo diario solo tienen 2 o 3 cuartillas aptas para incluir en una novela. Si además hay que leer, y dormir y comer ¿de donde salen horas en el día para la familia? Y no solo es una cuestión de tiempo. Lo principal es poder vaciar la mente del escritor de lo que está escribiendo para preocuparse por los suspensos de su hijo o por la gripe de su hija.

Un artista, sin poder evitarlo, solo vive para su obra. Si está casado será un mal marido. Si tiene hijos será un mal padre. No puede uno dedicarse al Arte por las mañanas y luego, por la tarde, hacer la vida de una persona normal. Estamos cansados de leer en la prensa las quejas de los familiares de los grandes artistas sobre el egoísmo de estos. No es egoísmo, es incapacidad para hacer algo diferente a su obra. Véase el ejemplo de Picasso. Quien se dedica al Arte lo hace por necesidad. Un torero de verdad no puede vivir sin torear, igual que un escritor podrá vivir sin publicar, pero no si escribir. Los hijos que reclaman contra su padre artista tienen todo el derecho a hacerlo, pero les irá mejor si intentan entender la naturaleza mental del señor que les tocó como progenitor.

Alice Munro, la escritora canadiense de casi 80 años, anunció que dejaba la escritura. En una entrevista que La Vanguardia publicaba recientemente comentaba por que había vuelto a escribir:


El trabajo me estaba resultando demasiado duro y pensé que me había llegado la hora de llevar la vida de una señora normal. ¡Y lo hice! Por unos seis meses. Salí a almorzar con amigas, me dediqué a la jardinería, a la caridad. Fue horrible. Después me di cuenta de que ya no sirvo para una vida normal: he escrito tantos años que no sé hacer nada más.

Más adelante, en la entrevista, Munro comenta cuando con 20 años y bebes recién nacidos iniciaba su obra:


Los bebés finalmente dormían la siesta, quisieran o no, y entonces yo me ponía a escribir. No estaba pensando en ellos. Estaba pensando en mí. Quizá habrían sido más felices si yo les hubiese dedicado más tiempo y menos a mi literatura, no lo sé. Pero para mí no era una opción, sentía que tenía que luchar por ese espacio propio donde no era ni mujer ni madre.

José Tomás, el torero, es un artista y salvo el partidillo de fútbol-sala, que juega de vez en cuando, no piensa en otra cosa que en los toros. Aunque le pese.

Fuente: images-eu.amazon.