13Jun, 2009
EL JUEGO FAVORITO; Leonard Cohen.
El cantante y poeta Leonard Cohen (Montreal, 1934) ha escrito varios libros, en su mayoría de poemas, pero también tiene narrativa . En 1963, con 29 años publicó El juego favorito, una novela. Cuenta la vida del joven Lawrence Breavman. Hay quien se ha tomado la molestia de comparar la vida del personaje y la del autor y al parecer coinciden bastante. Las diferentes mujeres que se cruzan en el camino del protagonista tienen un peso especial en la novela. Este libro lo publicó en 1985 la editorial Fundamentos luego en 1998 Ediciones B y lo acaba de publicar en Sudamérica Edhasa. En España no consigo encontrarlo, está agotado. Si alguien sabe como conseguirlo le agradeceré que me lo cuente.
He encontrado algunos trozos:
Nunca había visto una mujer tan desnuda. Recorrió su cuerpo con la mano. Estaba atónito, feliz, y temblaba ante todas las autoridades espirituales del universo. No podía arrancarse la idea de que estaba celebrando una misa negra. Sus pechos eran extraordinariamente planos porque estaba boca arriba. El montículo del pubis fue una sorpresa y lo tocó admirado. Recorrió aquel cuerpo con manos temblorosas, como detectores de minas. Bajo mis manos tus pequeños pechos son los vientres, vueltos hacia arriba de golondrinas caídas que respiran. Para los niños, las cicatrices son medallas. Los amantes las utilizan como secretos que revelar. Una cicatriz es lo que ocurre cuando la palabra se hace carne.

Fuete foto: Edhasa.
20May, 2009
JOHN CHEEVER; Diarios, 2.
Vuelvo a abrir al azar los diarios de John Cheever (1912-1982) en la edición en castellano de EMECÉ.
Pág. 437. Finales de la década de los setenta.
La franqueza absoluta no es una de mis características, pero trataré de tenerla para describir la siguiente sucesión de acontecimientos. Solitario, con la soledad agravada por los viajes, los cuartos de hotel, la mala comida, las presentaciones de libros y la superficialidad de los besamanos, me enamoré de M. (*) en un cuarto de hotel de sordidez inusual. Su aire de seriedad y responsabilidad, las gafas de miope y su apostura serena despertaron en mí un amor profundo, y a la noche siguiente lo llamé desde California para expresarle mis sentimientos. Nos escribimos cartas de amor durante tres meses, y cuando volvimos a vernos, nos quitamos la ropa y nos comimos mutuamente la lengua. Nos encontramos dos veces más, una para pasar unas horas en un motel, la otra para pasar veinte minutos desnudos antes de una comida para directivos a la que yo estaba invitado. Durante un año seguí pensando en él, sumido en el mayor desconcierto. Creía que se me había revelado la homosexualidad y que iba a tener que pasar el resto de mi vida en triste convivencia con un hombre. Mi vida apareció retratada ante mí como una impostura sexual. Hace poco, cuando volvimos a encontrarnos, (…) creo que descubrí con verdadero placer que ninguno de los dos estábamos premeditados a agotar los papeles que representábamos. Recuerdo la aguda falta de interés con que contemplé su desnudez por la mañana. (…) Ronqué y me tiré pedos con tranquilidad y buen humor, lo mismo que él. Me encantaba sentirme libre de la censura y la responsabilidad que había sentido con algunas mujeres. (…). Estaba resuelto a no permitir que una sociedad procreadora destruyera este amor. Al comer con unos amigos que hablaban de su tediosa carrera libertina, pensaba: soy gay, soy gay, por fin me he liberado. Duró poco tiempo. Interrogarse constantemente sobre los impulsos sexuales propios me parece autodestructivo. Uno puede sentirse excitado al ver una hoja de acabo, un manzano, un cardenal macho en una mañana de primavera, entre otras cosas. Debemos pensar que nuestros genitales, aunque profundamente arraigados en nuestra vida erótica y sentimental, suelen ser bastante irresponsables. Su discreción, higiene y gratificación depende de nosotros. Si no fuera por nuestra sensatez, su vida sería más breve que la de una mariposa.
(*) M. es Max Zimmer, un joven profesor a quien Cheever conoció durante una visita a la Utah University en 1977, poco después del final de su intermitente relación con la actriz Hope Lange. Cheever y Zimmer fueron amantes hasta la muerte del primero. Zimmer ofició como secretario, cocinero chofer y, por supuesto, amante y fue admitido en sus funerales por Mary Cheever y sus hijos como parte de la familia. Cheever lo consideró el hombre de su vida.
Esta nota aclaratoria, como el resto de notas del libro, está redactada por Rodrigo Fresán.
John Cheever se especializó en el relato, que publicó, en su mayoría, en la revista New Yorker.
Los libros de Cheever me producen tristeza pero no puedo dejar de leerlos.

Fuente: amsaw.org
19May, 2009
JOHN CHEEVER; Diarios. 1.
Abro al azar los diarios del escritor John Cheever (Massachusets 1912- New York 1982)
Pág. 81. Estamos a finales de los años cuarenta del siglo XX.
Sentado en las piedras frente a casa, mientras bebo whisky escocés y leo a Esquilo, pienso en nuestras aptitudes. Cómo recompensamos nuestros apetitos, conservamos la piel limpia y tibia y satisfacemos anhelos y lujurias. No aspiro a nada mejor que estos árboles oscuros y esta luz dorada. Leo griego y pienso que el publicista que vive enfrente tal vez haga lo mismo; que cuando la guerra nos da un respiro, hasta la mente del agente publicitario se inclina por las cosas buenas. Mary está arriba y dentro de poco iré a imponer mi voluntad. Ésa es la punzante emoción de nuestra mortalidad, el vínculo entre las piedras mojadas por la lluvia y el vello que crece en nuestros cuerpos. Pero mientras nos besamos y susurramos, el niño se sube a un taburete y engulle no sé que arseniato sódico azucarado para matar hormigas. No hay una verdadera conexión entre el amor y el veneno, pero parecen puntos en el mismo mapa. El niño vomita. A la ciudad el domingo por la noche en busca de un antídoto. Para el drugstore de la esquina, la noche del domingo es la hora más gloriosa. Los competidores más prósperos están cerrados. Es la única tienda iluminada en toda la calle. El revoltijo del escaparate, un retrato de Pitágoras, Venus con corsé, irrigadores y perfumes, se prolonga al interior del local. Es como una tienda de antigüedades farmacéuticas, un depósito de mujeres de cartón que se embadurnan de bronceador, bosques de cartón que anuncian jabón con aroma de pino, anaqueles y cestos llenos de manteles de plástico y pistolas de juguete, y también una especie de hogar, porque la esposa del farmacéutico atiende un mostrador de bebidas; es una mujer limpia, de expresión temerosa, y en el estante que tiene detrás ha colocado fotografías de sus tres hijos, todos con uniforme. Cuando salimos del drugstore cae la noche estival y la calle está casi desierta. En ese momento aparecen los gamberros de dos en dos, impregnados de olor a marihuana y aullando como lobosa la luna nueva. Nos parecen extraños, ¿Cómo incluirlos en el cuadro? Grecia, un niño envenenado, susurros en la cama. Realmente son extraños, depredadores, ciertamente peligrosos, ladrones de coches y rateros; ponen en peligro nuestras ideas más arraigadas, incluso nuestra autoestima, nuestros derechos de propiedad, nuestro poder de amar, nuestras leyes y placeres. Diría que nuestra única relación con ellos es el desdén o el desconcierto, pero deberían estar en los prados oscuros de un país sumido en los dolores del autodescibrimiento. Volvemos de noche y por primera vez percibimos el aroma de la madreselva. El niño se siente mal, pero reanudamos nuestros susurros; apaga la luz. Entonces soñé que seducía a L.E., y créeme que fue difícil; y no comprendo la caprichosa lascivia de la mente adormilada.
Cuando John Cheever murió, dejó tras de sí veintinueve cuadernos de notas que empezó a escribir en los años cuarenta, y continuó durante más de tres decenios.
Tal como se revela en este libro, la esencia de Cheever fue, en realidad, un muestrario de ambigüedades. Quería a su familia, pero se sentía extremadamente solo; se odiaba por su afición a la bebida, pero durante gran parte de su vida dependió de ella; amaba a las mujeres, pero también a los hombres. La incongruencia entre sus impulsos significaba, por un lado, una desviación que él consideraba parte de la riqueza de la vida y, por otro, una contradicción que amenazaba con destruirlo.
Los diarios de John Cheever estan editados por EMECÉ , 2004, con notas de Rodrigo Fresán.

Fuente: EMECÉ.
16May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 2ª parte.
Encuentro en el infinito, novela de Klaus Mann que publicó en 2007 la editorial El Nadir, relata la vida de un grupo de personas en Berlín y Paris en los años 30´s. El protagonista, Sebastián a sus veinticinco años vive intensamente: viajes, drogas, París, Niza, Fez….
En la página 65 se describe el ambiente de uno de los cabarets de Berlín:
En El Dominó Rojo reinaba una intensa actividad. En la parte delantera del establecimiento, la sala de fiestas propiamente dicha, no quedaba ni una mesa libre y tuvieron que sortear las parejas de bailarines para llegar a uno de los palcos laterales. Un hombrecito calvo les recibió con múltiples reverencias y tan pronto como se hubieron sentado, les trajo corriendo la carta de espumosos. Como no se decidieron enseguida, se retiró levemente ofendido para mezclarse con los bailarines, dando saltitos y gritos de júbilo, tirando serpentinas y tocando animoso su trompetilla de papel de colores infantiles. La sala lucía una tenue luz roja y una gran cantidad de fruslerías, abanicos y farolillos chinos en la pared –“exactamente como los catetos se imaginan un cabaret”, afirmó Darmstädter-. Era del tipo mixto. Había parejas de muchachos bailando y el que pegaba chillidos tras la barra llevaba el pelo teñido de alheña, pero las putas con sus clientes eran mayoría. En los palcos se sentaban abogados y fabricantes de medias ilustrados que habían propuesto enseñar a sus esposas los desenfrenos de Berlín. (…) La americana borracha cabalgaba sobre la baranda del palco agitando con entusuiasmo su copa de espumoso. Parecía un dibujo carnavalesco de 1910. - ¡Venid! ¡Venid! –gritaba al azar hacia el gentío de los bailarines. Estaba convencida de que era así como había que comportarse en la vieja y pecaminosa Europa. (…) A su lado se tambaleaba, riéndose desaforadamente, una muchacha bellísima con el pelo teñodo de rojo carmesí y una boca tan indecentemente grande, blanda y lujuriosa que Richard Darmstädter sugirió la conveniencia de que la cubrieran con un pequeño delantal. La joven se llamaba Olly y era muy conocida en el ambiente de los bajos fondos que se codeaban con los círculos intelectuales.
Hay diversas teorías sobre el motivo del suicidio de Klaus Mann. La mía, modesta, pero la mía, es que no pudo soportar que su padre, Thomas Mann, premio Nobel de Literatura y gran pope de las letras germánicas del siglo XX, no reconociera en su hijo a su digno heredero literario.
Cuando Klaus murió, Thomas Mann le escribió a Hermann Hesse: "Mis relaciones con él fueron difíciles y no exentas de un sentimiento de culpabilidad dado que mi existencia desplegaba una sombra sobre la suya. Él trabajaba muy rápido y muy fácilmente; eso explica los errores y las negligencias de sus libros".
Encuentro en el Infinito está publicada por El Nadir en 2007.

Fuente: El Nadir y Letras Libres.
15May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 1ª parte.
Extraños tiempos estos en que los periódicos regalan películas. Gracias a este amor desinteresado por los lectores he vuelto a ver Cabaret, dirigida por el gran Bob Fosse (impagable es su autobiografía cinematográfica All that Jazz) e interpretada por Liza Minelli y Michael York, ambos en lo mejor de su carrera. Me quedo con ganas de más. No encuentro la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood en que está basada la película, pero me dice un amigo alemán que el escritor Klaus Mann, hijo del premio Nobel de literatura Thomas Mann, vivió a fondo (quizás demasiado a fondo) aquellos ambientes del Berlín de los años 30´s. y lo cuenta en sus libros.
Klaus Mann tiene libros publicados recientemente, en español, en 7 editoriales. Uno de los mejores es Encuentro en el infinito que la editorial valenciana El Nadir publicó en 2007. Mann escribe este libro cuando tiene 26 años y su personaje central, Sebastián, es claramente su álter ego:
Pág. 46
Sebastián era libre. Era el único gran lujo que se permitía, y era el más grande que uno podía concederse en estos tiempos. Conocía los aprietos económicos, pero nunca eran tan graves, nunca tan desastrosos como para poner en serio peligro su libertad. No tenía pretensiones y era astuto; pese a toda su desidia y mansedumbre era muy flexible. Los demás se complacían en ayudarle y él se complacía en dejarse ayudar. No tenía padres, ambos habían muerto cuando aún era un niño. Se había criado con una vieja pariente en una pequeña ciudad del sur de Alemania; con dieciséis años había llegado a Berlín. Con dieciséis años escribía ya para un periódico matutino críticas de películas, así como pequeños reportajes sobre conferencias, fiestas públicas y accidentes callejeros. Escribir le resultaba fácil; tan fácil que nunca había tomado esa actividad completamente en serio. Más en serio se tomaba la lectura, que le resultaba más difícil. Había destruido varios comienzos de novela. “Soy demasiado joven –decía-. Primero tengo que reunir el material”. Había vivido en diversos ambientes, aunque sobre todo en un excéntrico ambiente intelectual. Le habían regalado muchas experiencias, ya que entablaba fácil amistad tanto con mujeres como con hombres jóvenes; sin embargo, había sido demasiado cauteloso para aprovechar por completo este caudal de vivencias. Esperaba experiencias aún más grandes. Entretanto iba viviendo, con curiosidad y paciencia. Tenía veinticinco años.
Klaus Mann nace en 1906 y se suicida el 21 de mayo de 1949. Escribió nueve novelas y dos versiones de su autobiografía, además de poesía, ensayo y numerosos artículos periodísticos. En 1925, con diecinueve años, publicó sus primeros trabajos literarios, entre ellos La danza piadosa, primera novela en lengua alemana de claro contenido homosexual. En su juventud destacó por su vida frívola, estaba dispuesto a apuntarse a cualquier experimento, todo lo nuevo lo excitaba. Sin embargo, al final de sus días, fue uno de los más valerosos, entre los intelectuales que se enfrentaron al nazismo.
¿Han visto una portada más bonita?

Fuente: El Nadir.
28Abr, 2009
TOBIAS WOLFF; Relatos.
La editorial Alfaguara acaba de publicar en castellano Aquí comienza nuestra historia una recopilación de los mejores relatos del escritor estadounidense Tobías Wolff(Alabama, 1945). En el principio del libro el autor hace esta reflexión sobre la conveniencia de actualizar cuentos escritos hace tiempo:
El primero de estos relatos fue escrito hace unas tres décadas; el más reciente, el año pasado. Al preparar esta selección, tuve que enfrentarme a la siguiente cuestión: ¿debería presentar mis relatos en su forma original, sean de la añada que sean? ¿O debería permitirme la libertad de revisarlos acá y allá? Se podría defender perfectamente la primera posibilidad. Se diría que ya no soy el hombre que escribió un relato publicado hace veinticinco, diez, o incluso dos años, y que debería ser un albacea respetuoso y concederle al auténtico escritor, ahora desaparecido, el honor de mantener mis manazas lejos de su obra. Pero en eso hay un problema. ¿Cuál sería la «forma original» del relato? ¿El primer borrador de lo que pueden haber sido veinte borradores más? Seguro que no; nadie querría leer eso. ¿Nos referimos al relato cuando apareció por primera vez en una publicación? ¿O como se publicó en la primera edición de la colección a la que pertenece? Téngase en cuenta que antes de que la revista lo sacara, lo había leído una correctora, lápiz en mano, y que al menos algunas de sus sugerencias sobrevivieron a nuestras negociaciones, no porque me obligaran a ello, sino porque consideré que mejoraban el relato. Luego un editor lo examinó antes de contratar la colección, y sin duda tenía algo útil que decir. Y si el relato era elegido para una antología —como muchos, si no la mayoría de los incluidos aquí, lo fueron—, yo le habría dado todavía otro repaso por mi cuenta, y lo haría otra vez antes de que esa colección de relatos se editara en bolsillo. Lo cierto es que nunca he considerado mis relatos textos sagrados. Hasta el grado en que para mí todavía están vivos, me tomo un interés constante en dar a esa vida su mejor expresión. Eso responde a cierta inquietud estética, pero también lo considero una forma de cortesía. Si yo veo un pasaje torpe o superfluo, lo mismo le pasará al lector. Entonces, ¿por qué provocar su rechazo de un relato si yo podría haberlo evitado? Donde he considerado necesario mejorar algo, he respondido a esa necesidad lo mejor que he podido, por ahora. Tobias Wolff Agosto de 2007
Breves datos biográficos del autor
Dice el escritor estadounidense que una de las claves de su oficio es "la experiencia de primera mano". En más de una ocasión se ha referido a su padre como un mentiroso compulsivo. Al separarse sus padres, su hermano mayor, el también novelista Geoffrey Wolff, se marchó con él. Ambos han escrito sobre la querencia de su progenitor a tergiversar la realidad.
Tobias peregrinó con su madre por varias ciudades de Estados Unidos. En Concrete, Washington, ella volvió a casarse. Wolff falsificó las cartas de recomendación y su historial y consiguió que le aceptasen en un prestigioso internado, el Hill School de Pensilvania. "Era la única manera en que podía entrar. Fue un acto de desesperación. Suspendí matemáticas y me expulsaron. Me lo tenía merecido", asegura. Tras la expulsión se alistó al Ejército y luchó en Vietnam antes de licenciarse en Literatura en la Universidad Oxford. En su autobiografía Vida de este chico desveló su mentira adolescente. En En el ejército del faraón hizo un memorable recuento de la incertidumbre, el terror y el absurdo de su experiencia en la guerra.
Tobías Wolff ha publicado estos libros con Alfaguara:
· Aquí empieza nuestra historia (2009)
· Vieja escuela (2005)
· Cazadores en la nieve (2005)
· La noche en cuestión (2000)
· En el ejército del faraón (1997)
· Vida de este chico (1997)
· De regreso al mundo (1992)
· Ladrón de cuarteles (1992
Fuente; Babelia (EL PAÍS) y Alfaguara.

12Feb, 2009
J.D. SALINGER; El guardián entre el centeno.
Capítulo 1.
Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es donde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, que hacían mis padres antes de tenerme a mi, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero por que es una lata, y , segundo por que a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Solo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durantes las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan debil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco.
Así comienza "El guardián entre el centeno" de J.D. Salinger. Se publicó en 1951 con gran éxito. Después el autor publicó 3 libros más, el último en 1963. El 1 de enero pasado cumplió 90 años. Hace 46 años que no publica nada y lleva una vida retirada. Poco se sabe de él. Dicen que no ha parado de escribir en todo este tiempo. Me parece precioso: escribir por escribir, sin necesidad de publicar. Daría mi mano por leer todo lo que no ha publicado, pero respeto su decisión de no sacarlo a la luz.

20Ene, 2009
HENNING MANKELL; “Estoy resfriada”
Leo en ABC una entrevista con el autor sueco de novela negra Henning Mankell. En la entradilla se cuenta que su madre lo abandonó cuando aún no había “echado los dientes” y volvió 15 años después. En su primer encuentro, después de los años de ausencia, lo primero que su madre dijo fue “Estoy resfriada”. No he leído a Markell por que la novela negra no está entre mis géneros favoritos. Ahora, una vez que sé que además de ese abandono materno se ha casado cuatro veces, la última con la hija de Ingmar Bergman, me apetece leer todo lo escrito por este señor. ¿Por qué? ¿Una vida desgraciada y unos posibles traumas infantiles hacen más atractivo a un escritor? Para mi si. Lo confieso. Y no debería ser así. Lo sé.
¿Por qué la mayoría de los escritores buenos no son creyentes, no tienen fe religiosa? Una explicación es que un buen escritor se interroga sobre cuestiones a las que la religión da respuesta. Si un escritor tiene una fe completa y sin dudas, lo que se llama la “fe del carbonero”, no necesita escribir sobre asuntos como la muerte o como las relaciones familiares y sentimentales. (Fuentes de los mejores libros):Encuentra en su fe el consuelo necesario.
Quién no tiene fe religiosa, y carece de los cimientos de una infancia feliz, con unos padres que lo querían y a su vez se querían entre sí, tiene madera de buen escritor. Al menos para mí. Eso es lo que hay en mi cabeza y eso es lo que me conmueve y me mueve a comprar ciertos libros de determinados autores. Soy consciente de que puedo estar lleno de prejuicios absurdos, Pero eso es lo que hay… En mí.
Sabiendo esto de mí. ¿Me recomienda alguien el mejor libro de Mankell? A ser posible que contenga un tanto por ciento alto de autobiografía. Gracias.

07Ene, 2009
AMOZ OZ; Sexo con mujeres.
En las páginas 597, 598 y 599 de "Una historia de amor y y oscuridad" Siruela describe Oz como pierde la virginidad con Orna, una mujer mayor que él. Años después cree verla en una presentación y le planta un beso en los labios. Se trata de la hija de Orna. La madre está en una silla de ruedas, empujada por la hija, y ha perdido el juicio.
Después del relato de esa primera vez ( que hay que leer dentro del contexto del libro) escribe esto:
"Desde entonces me siento bien entre las mujeres. Como mi abuelo Alexander. Y aunque con el paso de los años he aprendido algo más y a veces he salido escaldado sigo creyendo - como aquella tarde en la habitación de Orna - que en las manos de las mujeres se ncuentra siempre la llave del placer. La expresión Le ha otrogado sus favores me parece justa y más acertada que otras. Los favores de las mujeres me provocan, aparte de deséo y exaltación, una ola de gratitud infantil y un deseo de postrarme ante ellas: quién soy yo para ser digno de de tales maravillas. Te daría las gracias con asombro y admiración por una sola gota de agua, y que decir tiene por un mar entero. Y siempre como un mendigo a la puerta: La mujer es siempre más grande que yo y solo está en su mano decidir si dar o no dar. Tal vez sienta cierta envidia de la sexualidad femenina que es mucho más rica, delicada y compleja, como un violín con respecto a un tambor. O quizás se trate del eco de un recuerdo primigenio de los comienzos de mi vida: Un pecho frente a un cuchillo. Nada mas venir al mundo me esperaba en la entrada una mujer a la que acababa de producir un gran dolor y ella me recompensó con un tierno amor, devolviéndome bien por mal, y me ofreció un pecho. El sexo masculino, por el contrario, me estaba acechando a la entrada con un cuchillo de circuncidar en la mano"
Amos Oz es judío.
06Ene, 2009
SIRI HUSTVEDT; Autobiografía.
Siri Hustvedt es la esposa de Paul Auster. Además, y más importante, es una gran escritora. De origen noruego, su obra tiene una clara deriva autobiográfica. Hasta cuando escribe ensayo, como en “Una súplica para Eros” CIRCE , saca material de su propia vida y de su familia. Dice leer mucho sobre psicoanálisis por que: “estoy interesada en por qué la gente es cómo es”.
En 2002 la entrevistan cuando visita la feria del libro de Buenos Aires:
- En sus libros y los de su marido aparece Iris, un personaje cuyo nombre es el anagrama de Siri y que suele ser bastante parecida a usted ¿Cómo surgió ese anagrama?
- Creo que tenía catorce años cuando vi escrito mi nombre y me di cuanta de que pronunciándolo al revés decía Iris, y cuando escribí “La venda” sentía que de alguna manera estaba escribiendo sobre algo muy profundo mío, por eso di la vuelta al nombre. Pero también es el iris de los ojos y la letra “I” es con la que dices “yo” en inglés. Es un juego también. Y cuando publiqué “La venda”, Paul ( Auster, su marido) estaba escribiendo “Leviatán” y me preguntó si le molestaba que usara el nombre Iris y yo estuve de acuerdo por que era un personaje muy lindo, feliz. Su marido Peter la amaba mucho, y eso me hacía sentir bien.”
En los próximos días llega a las librerías españolas “Elegía para un americano” Anagrama su última novela: Ha fallecido Lars Davidsen y sus dos hijos pasan varios días expurgando sus archivos y diarios. Encuentran una carta en el fondo de una caja (el padre quería que la vieran) en la que dice “Querido Lars: Sé que nunca vas a contar lo que sucedió. Lo juramos sobre la Biblia. Ya no importa, ni a ella que está en el cielo, ni tampoco a los que están en la tierra. Confío en tu promesa. Lisa”. La carta está fechada en 1937, Lars tenía 14 años. Lisa no es uno de los tres amores anteriores al matrimonio de Lars (Margaret, June y Lenore).
Para mí la carta misteriosa no es más que una buena excusa para contar, con maestría, una saga familiar. VIDA. FAMILIA. PASADO. Se percibe claramente que Siri Hustvedt siente mucha curiosidad, quiere saber quién es Siri Hustvedt. Y después de varios libros investigándose ha descubierto que no se puede conocer a fondo a una persona sin conocer a su familia.

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