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28Jun, 2010

RASPUTIN; Caricias y cariño.

Escrito por: corto-cortes el 28 Jun 2010 - URL Permanente

La libido femenina tiene poco en común con la masculina. Las imágenes, lo visual, juegan un papel primordial en la excitación sexual de un hombre. Por regla general eso no es tan importante para las mujeres. Estas responden a otros estímulos. Ellas se excitan con mayor facilidad gracias al cariño y a la seguridad. Por eso un hombre al mismo tiempo cariñoso y poderoso puede volver loca a una chica, o la puede traer de vuelta a la cordura en caso de estar psicológicamente enferma.

Sigmund Freud demostró el poder sanador del sexo cuando este se practica de forma cariñosa, es decir, por medio del contacto físico vía besos y caricias.

Grigori Rasputin, (Rusia 1869- 1916), sin conocer los estudios de Freud, llegó a la misma conclusión por propia experiencia. Con todos sus excesos y terribles defectos, siendo uno de los misóginos más grandes de la historia, Rasputin fue, quizás debido a su disfunción eréctil, uno de los mejores amantes de los últimos siglos.

Acabo de leer Rasputin, el diario secreto de Alexandr y Daniil Kotsiubinski editado por Melusina en 2005 y traducido del ruso por Jorge Ferrer Diaz. (En Rusia se publicó en 2003). Los autores hacen en la primera parte del libro un análisis psicológico del personaje con base en los archivos rusos y ayudados de la opinión de eminentes psiquiatras. Nos cuentan cómo llegó a influir en los zares y a obtener un gran poder que le permitió quitar y poner ministros. La segunda parte es un amplio extracto de los diarios que Rasputin dictó a su secretaria.

Desmontan los autores, en la 1ª parte, la imagen de Gran Follador que teníamos de él:

Pag. 52:

El análisis detallado de los testimonios que han llegado hasta nosotros no dejan lugar a dudas: el verdadero Grigori Rasputin era un sujeto con una potencia sexual gravemente disminuida, cuyo modelo de comportamiento estaba dedicado totalmente a la máxima ocultación de esa deficiencia, que se le hacía todavía más insoportable por cuanto la suya era una personalidad histeroide, radicalmente necesitada de un amor inmediato y total por parte de todos y de todo. Además, Rasputin no se esforzaba simplemente en compensar –es decir, ocultar, velar- su carencia, sino que por el contrario, quería “sacar un clavo con otro” o, dicho según la terminología médica, “hipercompensarse”. En lugar de admitir su discapacidad sexual y, por lo tanto, administrar en la medida de lo posible sus relaciones con las mujeres, Grigori pretendía dominarlas totalmente llevando esa pretensión a dimensiones verdaderamente industriales, convirtiendo así una discapacidad psicofísica que parecía fatal en una poderosísima arma de expansión erótica.

En las primeras páginas del libro se demuestra que Rasputin padecía una enfermedad mental que pudo ser la responsable de su disfunción eréctil. No era del todo impotente, tuvo varios hijos, pero en un gran tanto por ciento de las ocasiones en que mantuvo contacto carnal con mujeres no llegó a haber penetración. Ese problema lo llevó a concentrarse en las caricias que practicaba durante horas llevando a las señoras al climax al final de lo que acababa siendo un masaje erótico en toda regla.

Una de las las admiradoras del “padre Grigori” afirmó que “Rasputin era alguien muy especial capaz de ofrecer a una mujer tales sensaciones que hacen que nuestros hombres no valgan nada.”

Pag. 57

Otra de sus amigas, Xenia, que contaba 18 años en el momento de los hechos cuanta:


Grigori me ordenó que lo desvistiera. Así lo hice. Después me ordenó desvestirme. Me quité la ropa. Se acostó en la cama ya preparada para acogerlo y me dijo: “ven y acuéstate conmigo, cariñito”. Yo … obedecí … y me acosté a su lado. …comenzó a besarme. Lo hacía de tal forma que no quedó un solo punto de mi cara que no hubieran cubierto sus labios. Me besaba, como suele decirse, chupándome, lo que me producía ahogos.

En la página 65 se incluye el testimonio de la viuda de un oficial que se unió al grupo de admiradoras de Rasputin tras la depresión en que cayó tras el suicidio de su marido. Después de trabar relación con el monje, los síntomas depresivos remitieron: “Me acariciaba y me decía que estaba libre de pecado… y poco a poco se fue generando en mi una sensación de plena salvación… de que estaba con él en el paraíso (…). Sus besos, palabras y miradas apasionadas constituían para mí una prueba de la pureza de mi amor por él.

En la página 71 el doctor Isaev dice:

“ Este planteamiento psicoterapéutico, como diríamos ahora, en ocasiones servía efectivamente al objetivo de de superar las barreras psicológicas y neuróticas que impedían a las mujeres alcanzar una descarga orgásmica”.

Muchas señoras estuvieron eternamente agradecidas a Rasputin por que había conseguido que llegasen al orgasmo y que además lo habíera hecho sin penetración, con lo que entendían que no habían sido infieles a sus maridos.

Gracias a sus caricias y masajes eróticos curó la histeria de muchas mujeres (entre ellas la propia zarina) y llegó a tener un grupo de seguidoras que lo adoraban como si fuera un ser con poderes extraordinarios. Pero no solo las curó a ellas sino que algunos hombres disfrutaron de sus técnicas amatorio/terapeúticas.

Uno de ellos fue un príncipe, Felix Yusupov, del que estaba enamorado. Según este libro Rasputin era bisexual y lo demuestra con datos bastante fiables. Felix Yusupov terminó asesinando al starets a causa del excesivo poder que adquirió y de que, decían, fue espía de los alemanes.

Los hombres tenemos por lo general en nuestro subconsciente el miedo a la impotencia. Por eso, debido a esta causa o simplemente al egoísmo, tendemos a consumar la penetración cuanto antes, no vaya a ser que aquello se afloje y quedemos mal. Normalmente quedamos fatal con la otra persona porque no conseguimos adaptarnos a los tiempos de la libido del otro sexo. El hombre eyacula y obtiene la recompensa pero ¿y ella? Una buena relación sexual no debe tener la penetración como objetivo máximo. Lo importante es el placer del otro, o de la otra. Hay un placer del que se habla poco y es el placer de dar placer. De eso saben mucho, desde hace miles de años, los asiáticos, y los occidentales deberíamos tomar nota.

Rasputin llevado por sus problemas psicológicos descubrió que acariciando obtenía más poder que imponiendo. Se encontró con que gracias a unas caricias conseguía más influencia que con una pistola. Este libro es, además de un documento histórico de primer orden, un manual sobre sexo impagable.

Rasputin y Corto Maltés.

Rasputin

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