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17Sep, 2009

SAM SAVAGE; El lamento del perezoso.

Escrito por: corto-cortes el 17 Sep 2009 - URL Permanente

Sam Savage, por las fotos, debe tener más de 70 años. Nació en Carolina del Norte (EEUU). Hijo de un abogado y una aficionada a la poesía inició la redacción de varias novelas pero nunca las terminó. Estudió filosofía, dio clases en Harvard y terminó su tesis en París donde vivió de forma intermitente en los 60´s y 70´s. Allí conoció a su segunda mujer y tuvo problemas con el alcohol. A su vuelta a Estados Unidos se dedica a la carpintería, a arreglar bicicletas y a criar niños. En 2006 se encuentra solo en los bosques de Carolina del Sur, no habla con nadie. Un día entra en un supermercado y al intentar saludar al dependiente no le sale la voz. Por hacer algo se sienta en su mesa y empieza a escribir. Habían pasado 40 años desde la última vez que lo intentó. Le sale su éxito mundial, su primera novela, Firmin, (Seix-Barral, 2008). La escribe de golpe, sin esquema previo, “como si hubiera estado escrita dentro mío y me limitase a verterla”.

Firmin cuenta la historia de una rata que vive en una librería de Boston y aprende a leer devorando un libro. Firmin quiere ser sus héroes de libro y bailar con Ginger Rogers. En EEUU no entendieron lo que contaba Savage. “El sentido práctico y la mentalidad realista que imperan aquí provocó que la reacción natural fuera decir: Un momento, pero si las ratas no pueden hablar, ni tampoco leer” dice el autor decepcionado.

Tuvo que triunfar en Europa para que algunos compatriotas lo leyeran.

Ahora publica su segunda novela El lamento del perezoso ( Seix-Barral, 2009) que cuenta la historia de Andrew Whittaker solitario casero de un edificio en ruinas y director de una triste revista literaria sin fondos. Escribe cartas con las que va construyéndose una personalidad variable que lo distingue del hombre insignificante que es.

Dice Savage:

“ Firmin y Andrew Whittaker están muy cerca. Los dos están condenados al fracaso por que son como hipótesis científicas que pretenden resistir incólumes frente a nuevos descubrimientos que las deslegitiman”

“Cuanto más viejo, más desconcertado me siento. Es preferible la sensación de perplejidad a la de certeza, por que si estás en lo cierto es que estás equivocado. Ahora sé menos, mis creencias languidecen. Soy menos sabio, siempre que en la ignorancia no radique la auténtica sabiduría. De aquí que pueda escribir”

Fuente: Cultura/s (La Vanguardia), Seix Barral.

08Sep, 2009

TRILOGÍA MILLENIUM; Stieg Larsson.

Escrito por: corto-cortes el 08 Sep 2009 - URL Permanente

No he leído las tres famosísimas y leidísimas novelas del autor sueco, ya sabéis, Los hombres que no amaban a las mujeres etc…Diferentes prejuicios me han tenido apartado de estos tres libros:

1º Lo voluminoso de la trilogía, más de 2.100 páginas.

2º El éxito superventas. (Que esto me haya influido me avergüenza mucho).

3º Los han devorado personas cercanas que no cogían un libro desde hacía más de 20 años.

4º Le tengo manía (injustificada) a la novela negra y de misterio.

Durante el último año he leído diferentes opiniones a favor y en contra, algunas muy autorizadas. Dos ejemplos encontrados: El escritor Alejandro Gándara los ponía a parir en su blog El Escorpión pero al tiempo, un suplemento cultural tan reputado como Cultura/s (de La Vanguardia), en la pluma de Sergio Vila Sanjuan, elogiaba la trilogía y la equiparaba a novelas de primer nivel.

¿Qué hacer?

El domingo Mario Vargas Llosa me sacó de dudas en un artículo en EL PAÍS titulado “Lisbeth Salander debe vivir”. Si Don Mario dice que es buena, es buena. Punto.

Destaco el principio:


Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de las feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa.

¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.

Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.

Para quien quiera leer el artículo completo:

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Lisbeth/Salander/debe/vivir/elpepiopi/20090906elpepiopi_11/Tes