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25May, 2009

ESA VISIBLE OSCURIDAD; Styron por Rodrigo Fresán.

Escrito por: corto-cortes el 25 May 2009 - URL Permanente

En la revista Letras Libres del mes de mayo se publica una magnífica reseña, como todas las suyas, de Rodrigo Fresán sobre Esa visible oscuridad de William Styron, publicado por La otra orilla, 2009. En este libro, en apenas 80 páginas Styron cuenta su entrada y salida de la depresión.

Escribe Fresán en el inicio de su artículo:




A mitad de camino en la breve pero profunda andadura de Esa visible oscuridad, William Styron apunta: “Un fenómeno que cierto número de personas ha señalado en la depresión profunda es la sensación de estar acompañado por un segundo yo, un observador fantasmal que, al no compartir la demencia de su doble, es capaz de contemplar con desapasionada curiosidad cómo lucha su compañero contra el desastre que se acerca, o de enfrentarse a él”.

Allí, recordando el momento en que jugaba con narrarse a sí mismo la fantasía final del propio suicidio, Styron –quien no conseguía librarse “de la impresión de hallarme en un melodrama en el cual la víctima de asesinato autoinflingido era a la vez el actor solitario y el único espectador”– propone, al mismo tiempo, la figura del lector definitivo: la de un escritor preguntándose, por una vez, qué es lo que le ha ocurrido a ese personaje súbitamente incomprensible en el que se ha convertido. Y está claro que a Styron –un escritor que a lo largo y ancho de su obra siempre se caracterizó por una comprensión extrema y absoluta de sus personajes– no le causa la menor gracia el no entenderse. Styron se siente más mal escrito que prisionero de las cadenas de un Gran Mal. De ahí la necesidad casi irresistible de tacharse o arrancarse del manuscrito de la vida.

Para leer la reseña al completo:

http://www.letraslibres.com/index.php?art=13808&rev=2

Fuente: Fantasticfiction.co.uk

23May, 2009

LEONARD COHEN; Entrevista.

Escrito por: corto-cortes el 23 May 2009 - URL Permanente

Jian Ghomeshi entrevista el 23 de abril de 2009 a Leonard Cohen, poeta y cantante, para CBC Radio Canadá.

Algunas opiniones de Cohen:

Sobre su trabajo.

Siempre tuve la idea de que tenía un pequeño jardín para cultivar. Nunca pensé que era en realidad uno de los grandes, así que mi trabajo, el trabajo que estaba frente a mí, era sólo cultivar esta pequeña esquina del campo de la cual pensaba que sabía algo, que tenía que ver con la indagación de uno. Sin autoindulgencia. Nunca sentí que la confesión pura fuera realmente interesante, pero la confesión filtrada a través de una tradición de habilidad y trabajo duro... Esa era mi pequeña esquina y comencé a escribir acerca de estas cosas que yo pensaba que conocía o que quería conocer, así es como empecé.

Sobre el amor.

Esta es la actividad más difícil con la que los seres humanos entran en contacto, el amor. Tenemos la sensación de que no podemos vivir sin amor, que la vida tiene muy poco sentido sin amor, entonces... somos invitados a este campo, que es un escenario muy peligroso, donde las posibilidades de humillación y fracaso son grandes. No hay una lección fija que podamos aprender acerca de ello, porque el corazón está todo el tiempo abriéndose y cerrándose, ablandándose y endureciéndose. Siempre estamos sintiendo alegría o tristeza, por lo que no hay ¡bingo! Vas a tener que tener coraje, porque después de cierto de tiempo, la acumulación de derrotas va a ser significativa. Así que creo que las personas que, a pesar de la derrota, a pesar de la imposibilidad de establecer un contacto razonable con el otro, esas personas que tienen la suerte de poder seguir haciéndolo, son realmente afortunadas. Hay muchas personas que están cerradas. Y hay veces en la vida cuando uno tiene que cerrar, para reagrupar.

La mayoría de los hombres tienen una mujer en su corazón y la mayoría de las mujeres tienen un hombre en su corazón, pero la mayoría de nosotros conservamos una especie de sueño sobre la entrega. Pero éstos son sueños y a veces son derrotados y, a veces, se manifiestan.

Sobre el sufrimiento

¿Cuál fue mi momento más oscuro? Bueno, no te lo diría si lo supiera. No me viene nada a la mente. No me atrevo. Incluso hablar de uno mismo en un momento como éste es una especie de lujo insalubre. Hay tanto sufrimiento en este momento. Hablar de mi momento más oscuro frente a lo que pasa en la mayoría de los lugares en el mundo ahora, es algo que me deja bastante indiferente. No creo que haya tenido un momento más oscuro en comparación con los momentos oscuros en que están tantas personas ahora mismo. Un gran número de personas está esquivando bombas, sus uñas siendo arrancadas en calabozos, padeciendo el hambre, la enfermedad... Y me refiero a un gran número de personas... creo que realmente deberíamos ser prudentes acerca de la seriedad con que tomamos nuestras propias inquietudes hoy en día.

Fuente: Radar, Página 12.

Para leer la entrevista completa en castellano:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5304-2009-05-17.html

Fuente; cinemablend.com

11Abr, 2009

ALBERTO BEVILACQUA; Traducir sentimientos. 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 11 Abr 2009 - URL Permanente

Alberto Bevilacqua (Parma, 1934) es escritor, poeta, guionista y director de cine. En sus 74 años de vida ha escrito más de 30 libros en prosa, 13 libros de poesía y dirigido ocho películas. Escribe El que te traicionaba en 2006 cuando ya es un maestro y domina el arte de narrar como pocos.

Escribe acerca de la belleza en las mujeres:


Existen dos clases de belleza femenina. La primera, vistosa, pero parecida a otras, y estática. La segunda, por el contrario, maleable y maliciosa, un juego de reflejos que estimula la imaginación.

Lisa, personaje central de la novela, le cuenta sus pensamientos de embarazada a su hijo:


Tu siempre serás parte de mí ¿no? Comenzaste a existir como una parte de mí, y yo me abrazaba el vientre y te decía “Quizás hoy, hijo mío, te estoy haciendo los ojos, y debo hacértelos bien, de un color que las mujeres admiren, y con una vista que te permita ver el mundo incluso en medio de un mar de niebla... Hoy estoy haciéndote el corazón."

Lisa, una mujer con una grandísima sensibilidad, dice a su hijo:


Recuerdas cuando nos pasábamos un caramelo de miel de tu boca a la mía y yo aprovechaba para preguntarte: “¿Hay alguna mujer con la que puedas hacer esto?”

100 páginas después el hijo confiesa que no cree en el amor y lo hace comparando el amor puro e incondicional que su madre sintió por su padre con lo que él siente cuando cree que se está enamorando:


Se comporta así por que yo me la estoy inventando. Soy yo, que a través de ella, alimento el lugar común del amor.

Me recuerda a lo que alguien que me quiere me dijo la primera vez que me vio sufrir por amor: No estas enamorado de esa chica, te has enamorado del amor.

En el libro de Bevilacqua caben muchas cosas, como en las buenas novelas. Al final de libro el narrador hace un viaje a Buenos Aires en el que tiene una relación sexual con una extremeña llamada Blanca y aprovecha para dar una clase magistral de sexualidad:


El Eros de Oriente contempla que el hombre haga el amor con una vocación religiosa, moral, más que sexual, para provocar el mayor número posible de orgasmos a su compañera, gozando con ella de un unísono psíquico, mientras la eyaculación es considerada “una pequeña muerte”. El nirvana de los hindúes la extinción de sentir amorosamente a la mujer.

Fuente: sapino.it

28Mar, 2009

WILLIAM STYRON; Sentimiento de culpa

Escrito por: corto-cortes el 28 Mar 2009 - URL Permanente


“Su muerte no pudo ser más horrible: en pleno paroxismo del dolor. Un caluroso día de julio, siete meses más tarde, dejó de existir sumida en el estupor de la morfina, después de que yo me pasara una noche entera contemplando aquel débil rescoldo en la fría y humeante habitación y pensando, horrorizado, en la posibilidad de que mi descuido de aquel día fuera la causa de una larga decadencia de la que mi madre nunca se recuperaría. Culpa. Odiosa culpa. Corrosiva como la salmuera. Como sucede con el tifus, uno puede llevar dentro de sí toda la vida la toxina de la culpa. Mientras me retorcía sobre el duro y húmedo colchón el dolor del remordimiento atravesó mi pecho como una lanza de hielo en el momento en que el recuerdo me trajo de nuevo la expresión de terror que apareció en los ojos de mi madre aquella tarde, y volví a preguntarme si el sufrimiento que le causé no aceleró de algún modo su muerte y si ella llegó a perdonarme alguna vez.”

Así describe William Styron, en la página 508 de La Decisión de Sophie (Verticales de Bolsillo, 2008), el sentimiento de culpa de Stingo ( alter-ego del escritor) que olvidó, por unas horas, a su madre, ya incapacitada por la enfermedad, en un frío sótano. La madre de Styron murió de cáncer siendo él muy joven. Igual le ocurre a la madre de Stingo en la novela.

En Esa Visible Oscuridad Styron concluye que la principal causa de la depresión que casi le lleva al suicidio fue la temprana muerte de su madre. El escritor se sorprende al releer su obra y descubrir que su subconsciente había pintado ya en sus personajes, incluso en los primeros, los traumas que, 30 años después, lo llevaron a la enfermedad mental. En el texto que inicia este “post” tenemos un ejemplo. Puede que Styron en su subconsciente se sintiese culpable de la muerte de su madre igual que le pudo ocurrir a Nicholas Hughes hijo de Sylvia Plath que se ha suicidado hace 10 días ( ver el “post” de anteayer en este “blog”).

26Mar, 2009

SUICIDIO DEL HIJO DE SYLVIA PLATH

Escrito por: corto-cortes el 26 Mar 2009 - URL Permanente

El día 16 de marzo de 2009 se quitó la vida Nicholas Hughes. Tenía 46 años. Era biólogo marino e hijo de los poetas Sylvia Plath y Ted Hughes. Era soltero y no tenía hijos.

Cuando Nicholas tenía un año su madre, Sylvia, les preparó el desayuno e él y a su hermana Frieda y metió la cabeza en el horno para suicidarse. Lo consiguió. Su padre, Ted, que entonces ya se había separado de Sylvia había dejado embarazada a Assia Wevil. Esta última se suicidó 4 años después utilizando el mismo método que Sylvia, solo que esta vez mató también a su hijo de 4 años.

Con el reciente suicido de Nicholas los periódicos británicos insisten en relatar los últimos descubrimientos de la psiquiatría que supuestamente demuestran que muchas enfermedades mentales, entre ellas la depresión y el trastorno bipolar, son genéticas. Con lo que acaba de hacer Nicholas los partidarios de las causas biológico-químicas de la enfermedad mental se apuntan un tanto. En mi modesta opinión mantengo mis dudas.

Sylvia Plath era inmadura y por lo tanto egoísta. Ted Hughes era fundamentalmente egoísta. El suicidio generalmente es un acto de egoísmo, más si se tiene descendencia. El suicida manda un mensaje claro al subconsciente de sus hijos: “Ni por vosotros vale la pena vivir”. Lo peor es que el hijo del suicida suele desarrollar un claro sentimiento de culpa. Nicholas Hughes sentía que con su nacimiento se agudizó el sufrimiento de su madre. Además sabía que su padre destruyó el último cuaderno de los diarios de Sylvia para que sus hijos no tuvieran que soportar lo escrito en el. Aunque Ted Hughes mantuvo una buena relación con su hijo hasta que murió de cáncer en 1999, es muy posible que nunca revelara lo que escribió Sylvia en ese último cuaderno. En estos caso es peor no saber. Nicholas fue víctima del egoísmo de sus padres, no de la genética.

Sylvia Plath dejó escrito que su hijo era “el niño dorado que el mundo matará y comerá”. Además pidió: “deja a este ileso”. Como si el cuidado de su hijo no fuera cosa suya.

Posdata: El día 22 de octubre de 2008, con motivo de la publicación en España de la poesía completa de Sylvia Plath publiqué un “post” en este “blog” con el titulo: SYLVIA PLATH y TED HUGHES; Poesía Suicidio y Amor. Al final del “post” escribí: “¡LOS NIÑOS!” . Era mi grito pidiendo atención para esos hijos. Inútil.

Perdón por la autocita.

Nicholas Hughes (Pic:Rex)

Nicholas Hughes hace 10 años en el funeral de su padre con su madrastra

y su hermana Frieda.

Fuente:www.Mirror.co.uk.

25Mar, 2009

WILLIAM STYRON; Depresión 3ª parte y última.

Escrito por: corto-cortes el 25 Mar 2009 - URL Permanente

El escritor William Styron al final de su libro Esa Visible Oscuridad indaga sobre el origen de su depresión. En un principio culpa a la abstinencia del alcohol, al hecho de haber cumplido 60 años o incluso a su preocupación por lo que llama “una vaga insatisfacción por el modo en que avanzaba mi obra”. Pero se termina dando cuenta que la “etiología del mal” está en otro sitio:


“Hasta el ataque de mi propio mal y su desenlace, nunca había prestado mucha atención a mi obra en términos de relación con el subconsciente, un área de investigación perteneciente a los detectives literarios. Pero cuando recobré la salud y me encontré en condiciones de reflexionar sobre el pasado a la luz de mi desgracia, empecé a ver con claridad como la depresión se había mantenido justo en los bordes exteriores de mi vida durante largos años. El suicidio ha sido un tema persistente en mis libros: tres de mis protagonistas se matan. Releyendo por primera vez en años escenas de mis novelas –pasajes en que mis heroínas recorren senderos hacia la fatalidad- me asombró percibir de que manera tan acabada había creado el paisaje de la depresión en las mentes de aquellas jóvenes, describiendo con lo que solo podía ser instinto, y tomándolo de un subconsciente ya enturbiado por alteraciones de carácter, el desequilibrio psíquico que las llevaría a la destrucción. De manera que, cuando finalmente me llegó, la depresión no era un hecho desconocido, ni siquiera un visitante absolutamente inesperado; había estado llamando a mi puerta durante décadas.”

Luego recuerda que su padre fue hospitalizado por el mismo motivo durante su adolescencia (genética). Pero a lo que más importancia da es al fallecimiento de su madre cuando él tiene 13 años. El sentimiento de pérdida y lo que llama su “duelo incompleto” se colocan, en su reflexión, como los principales causantes de su depresión.


“De modo que, si la teoría del duelo incompleto es valida, y yo creo que lo es, y si también es cierto que en lo más profundo de una conducta suicida uno continúa debatiéndose subconscientemente con una pérdida inmensa, a la vez que intenta superar todos los efectos de su devastación, el hecho de haber evitado el suicidio puede ser considerado como un tardío homenaje a mi madre. Sé que en las horas que precedieron al rescate de mí mismo, cuando escuchaba el pasaje de la Rapsodia para contralto* –que le había oído cantar a ella- , estuvo muy presente en mis pensamientos.”

Es una joya, para un amante de la literatura y la psicología, la reflexión que hace Styron sobre como la depresión (o la locura) estaban ya rondando su vida cuando escribió sus novelas. Mi opinión es que sin la escritura el escritor hubiera caído en la locura mas profunda mucho antes de los 60 años. A veces una sensibilidad tan grande trae esas consecuencias y la literatura (el arte) puede ejercer de ángel salvador.

La Decisión de Sophie se publica por primera vez en 1976, diez años antes de la depresión de Styron. En el libro sobre su experiencia psicótica cuanta como descubre, a toro pasado, como su subconsciente se manifestaba ya en sus novelas. Véase un ejemplo:

En la página 399 de La Decisión de Sophie, (Verticales de Bolsillo, 2008) Styron pone en boca de Sophie la siguiente expresión:


“¡Me ha sucedido tantas veces en mi vida, eso de despertarme con la sensación de haber perdido algo importante!”

* Ver “post” de 23 de marzo de 2009 en este mismo blog.

fuente: www.coverbrowser.com

24Mar, 2009

WILLIAM STYRON; Depresión. 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 24 Mar 2009 - URL Permanente

En su libro Esa Visible Oscuridad, 2009, La otra orilla. William Styron describe su experiencia con la depresión. Su enfermedad llegó a ser tan profunda que estuvo cerca del suicidio. En esos días Styron escribía de forma esporádica en un cuaderno sus impresiones y había relacionado mentalmente la destrucción del cuaderno con su suicidio. Una noche en la que hay invitados a cenar se levanta en silencio de la mesa y decide que ha llegado al momento en que no puede resistir mas. Decide deshacerse del cuaderno y escribir una nota de despedida, algo que no consigue hacer:


“Pero hasta unos pocas palabras llegaron a parecerme tediosas y abandoné todos mis intentos, resolviendo marcharme en silencio. Muy entrada una noche amargamente helada, cuando comprendí que no podía superar el día siguiente, me senté en el salón de casa, muy abrigado para aguantar el frío; algo había pasado con la caldera. Mi esposa se había ido a la cama y yo me había obligado a ver una película en la que una joven actriz, que había representado un papel en una obra mía, aparecía en una pequeña parte. En una parte de la película, ambientada en el Boston de finales del siglo XIX, los personajes caminaban por un corredor en un conservatorio de música, más allá de cuyas paredes, acompañada de músicos invisibles, llegaba una voz de contralto, un inesperadamente vertiginoso fragmento de la Rapsodia para contralto de Brahms.

Aquel sonido, ante el cual, como ante toda música – en realidad, como ante todo placer- yo, aletargado, no había reaccionado, durante meses, se me clavó en el corazón como una daga y, en una corriente de veloces recuerdos, pensé en todas la alegrías que la casa había conocido: los niños que habían hecho carreras en las habitaciones, las celebraciones, el amor y el trabajo, el descanso honestamente ganado, las voces y el movimiento, la perenne tribu de los perros y los gatos y los pájaros, “risas y talento y suspiros, / y trajes y rizos”. Comprendí que todo eso era más de lo que yo era capaz de abandonar, así como también que lo que me había propuesto hacer con tanta deliberación superaba lo que podía infligir a esos recuerdos y, sobre todo, tan próximos a mí, a aquellos con quienes esos recuerdos estaban vinculados. Y con la misma precisión comprendí que no podía cometer aquella profanación de mi mismo. Recurrí a un último destello de cordura para percibir las terroríficas dimensiones del abismo mortal en que me había precipitado. Desperté a mi mujer y no se tardó en hacer algunas llamadas telefónicas. Al día siguiente ingresé en el hospital”

Styron, en la descripción de su propia tentativa de suicidio, habla del poder salvador de la música. En La Decisión de Sophie, publicado 14 años antes, hay varios episodios en los que la música hace renacer al personaje central. Ver “post” de 8 de marzo de 2009 en este mismo blog.

23Mar, 2009

WILLIAM STYRON; Depresión. 1ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 23 Mar 2009 - URL Permanente

En 1985 el escritor americano William Styron cumple 60 años, deja el alcohol y cae en una profunda depresión. En el libro Esa Visible Oscuridad (escrito en 1990 y publicado con mucha elegancia en 2009 por La otra orilla) relata su experiencia con esta dura enfermedad. Es un libro optimista por que deja claro que por muy hondo que se caiga se puede salir del pozo negro.

En el epílogo (que debería ser prólogo) Horacio Vazquez-Rial, que también ha padecido la depresión, compara este libro con Memorias del Sótano de Vittorio Gassman, “otra gran obra sobre la tragedia de la depresión”. Dice Vazquez- Rial:


“Había grandes diferencias entre los dos libros: Gassman, que no era escritor, aunque si un hombre de infinita cultura y sabiduría, hacía literatura; Styron, que sí era escritor, y de los más grandes, se limitaba a hacer una especie de reportaje sobre la aflicción padecida, de una precisión quirúrgica”.

Styron denuncia en 1990 lo poco que la medicina sabe sobre la depresión . Lo triste es que 19 años después estamos prácticamente igual.

El escritor destaca la dificultad de describir el padecimiento como una de sus principales características:


“Si el dolor fuese fácilmente descriptible, la mayoría de los incontables pacientes de esta antigua enfermedad habrían sido capaces de describir confidencialmente a sus amigo y a sus seres queridos (hasta a sus médicos) alguna de las dimensiones reales de su tormento, y quizás obtener una comprensión que por lo general ha faltado; esta incomprensión no se ha debido habitualmente a un fallo en la simpatía, sino a la básica incapacidad de la gente sana para imaginar una forma de tormento tan ajena a la experiencia cotidiana. Para mí, el dolor está conectado sobre todo al ahogamiento, a la sofocación, pero aún esas imágenes son insuficientes”

Impresiona la lucidez con la que escribe Styron. La misma que lo llevo a leer todo lo publicado sobre la depresión. (lo mismo hizo cuando escribió La Decisión de Sophie, leerse todo sobre el Holocausto). Y es escalofriante leer como se dio cuenta que en el proceso de caída en la enfermedad, lo primero que perdía era esa bendita lucidez.

05Mar, 2009

WILLIAM STYRON; Escribir y beber para mantener a raya la locura.

Escrito por: corto-cortes el 05 Mar 2009 - URL Permanente

William Styron nace en el sur de los EEUU en el año 1925 y fallece a los 81 años en el norte, en Massachussets. Lo de Norte/Sur tiene importancia por que estuvo toda su vida intentando quitarse la etiqueta de escritor sureño, de heredero de Faulkner.

Styron huyó en cuanto pudo de su Virginia natal. Quería relatar la vida del sur pero desde fuera.

Como su alter-ego Stingo, personaje narrador de La Decisión de Sophie, estuvo en la II Guerra mundial y después vivió en Nueva York donde termina su primera novela Tendidos en la Oscuridad. En ella relata el suicidio de una joven sureña. (En “La decisión de Sophie” una novia adolescente de Stingo, María Hunt, se suicida tirándose por una ventana). Después de cosechar éxito y reconocimiento por esa 1ª novela marcha a vivir en París y más tarde a Roma.

En 1954 (tiene 29 años) lo entrevistan para “The París Review” ( revista que contribuyó a fundar).

A la pregunta de si le gusta escribir responde que:

“Por supuesto que no. Tengo una sensación agradable cuando estoy escribiendo bien, pero ese placer no compensa el dolor que supone arrancar todos los días. Seamos sinceros, escribir es el infierno.”

Sin embargo, dos páginas más adelante dice:


“Cuando estoy escribiendo noto que ese es el único momento en que me siento dueño de mi mismo, incluso cuando la escritura en sí no marcha como querría. Escribir es una buena terapia para quien se siente continuamente asustado por variadas amenazas sin nombre, como me ocurre a mí la mayor parte del tiempo. Además he descubierto que cuando no estoy escribiendo soy propenso a desarrollar tics nerviosos e hipocondría.”

(Stingo también es hipocondríaco como su creador).

A la pregunta de en que momento del día escribe mejor responde:

"Por la tarde. Me gusta estar despierto hasta bien entrada la noche y emborracharme. La tarde es el único momento que tengo libre y trato de aprovecharlo al máximo . Con resaca”

En 1960 escribe Las confesiones de Nat Turner , polémica novela sobre una revuelta de esclavos de 1830. Remató su carrera literaria con La Decisión de Sophie, 1980.

Aunque tuvo una infancia feliz -oscurecida solo por la muerte de su madre a los 13 años- durante su madurez necesitó del alcohol y de la escritura para quitarse de encima , aunque solo momentáneamente, sus fantasmas más negros. En su familia hay antepasados con tendencia a la depresión. Cuando en 1985, a los 60 años, debe dejar de beber se da cuenta de que la escritura no le basta para mantener a raya la enfermedad mental. Cae en la depresión profunda y necesita ser internado.

En 1990 publica Esa visible oscuridad donde relata su experiencia con la depresión.

William Styron

05Feb, 2009

ESCRITORES LOCOS; Kay R. Jamison.

Escrito por: corto-cortes el 05 Feb 2009 - URL Permanente

He leído dos libros de esta psiquiatra. (Ver post de 5 de Oct. en este blog). En el primero "Una mente inquieta" Tusquets 1996 describe su propia caída en la enfermedad maniaco- depresiva y en el segundo “Marcados por el fuego” F.C.E. 1998, estudia esta enfermedad entre los artistas. Jamison defiende que la enfermedad maniaco depresiva es hereditaria (genética) . Es muy interesante el capítulo VI de este último libro titulado “Genealogía de estas mortales desgracias”. Comienza y termina el capítulo con dos textos de Herman Melville:

“El reptil más venenoso del pantano perpetúa su especie tan inevitablemente como la más dulce ave canora del bosque; por lo tanto, al igual que todas las ocasiones felices, también los sucesos desdichados engendran otros iguales (…) Para trazar la genealogía de estas mortales desgracias (…) tenemos que rendirnos a la evidencia de que tampoco los dioses están siempre contentos. La imborrable y tremenda marca de nacimiento en la frente del hombre no es sino el sello de la desdicha puesto en los signatarios”. Herman Melville, Moby Dick.

Dice Jamison:


El argumento en que se basa este libro no es que todos los escritores y artistas sean depresivos, suicidas o maniacos, sino antes bien que una gran y desproporcionada cantidad de ellos lo son; que los temperamentos depresivos y artísticos coinciden, y que ambos están relacionados casualmente uno con el otro. La base genética de la enfermedad maniaco-depresiva no solo ofrece una parte de este argumento, sino también el núcleo constitucional de un determinado temperamento, que es el que da, en parte, las ordenes secretas que muchos obedecen:

“Como el acorazado que surca el mar, esta tierra navega por el aire. Nosotros, los mortales, vamos a bordo de una rápida fragata terrena que nunca se hunde, cuyo armador fue Dios, y ésta no es sino una de las muchas que hay en la flota de la Vía Láctea, cuyo Almirante también es Dios. El puerto del que salimos queda para siempre a popa. Y aunque seguimos navegando bajo órdenes secretas hasta muy lejos, hasta perder de vista la tierra, durante siglos y siglos, sin saber nunca ni nosotros ni los oficiales adónde nos dirigimos, el cielo al que hemos de llegar ya estaba determinado desde que salimos del astillero de la Creación.

Así navegar por órdenes secretas significa que somos los depositarios del sobre secreto, cuyo misterioso contenido anhelamos conocer. No hay ningún misterio fuera de nosotros,” Herman Melville, Chaqueta Blanca.

Hay una frase de Vicent van Gogh: “La raíz del mal está en la propia constitución, en el fatal debilitamiento de las familias, de una a otra generación (…) La raíz del mal está ciertamente allí, y no hay cura para eso” carta 521 agosto 1888 “The complete letters”.

Theo van Gogh, hermano de Vincent padeció la enfermedad mental. Su hermana Wihelmina pasó 40 años en el manicomio y Cornelius, el mayor, se suicidó.

La familia puede ser lo mejor y lo peor en la vida de una persona. A veces las dos cosas al tiempo.

Herman Melville