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27Nov, 2009

LA CENSURA CINEMATOGRÁFICA EN ESPAÑA; 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 27 Nov 2009 - URL Permanente

Continúo disfrutando la lectura de este maravilloso libro escrito por el periodista Alberto Gil y editado por Ediciones B.

En la página 313 cuenta como la censura se portó con la película italiana Don Camilo:


La censura no estaba por la labor de alentar convivencias pacíficas contra natura y así lo hizo ver en sus informes sobre Don Camilo, comedia dirigida a comienzos de los años cincuenta por Julien Duvivier y basada en el popularísimo personaje creado por Giovanni Guareschi.

La vida de este cura de pueblo (interpretado por Fernandel) y sus conflictos menores, aunque permanentes con el alcalde comunista Peppone (Gino Cervi), estaban tratado en tono de reconciliación entre ambos “bandos” de la Italia de la postguerra y generalmente –dada la confesión católica del novelista- solían inclinarse a favor de don Camilo.

La censura española visionó la película por primera vez en 1953 y rechazó el retrato de ambos personajes. El censor eclesiástico Juan Fernández se quejaba: “Don Camilo no aparece con la dignidad de que debe estar revestido el sacerdote, se puede decir que su figura es la de un mozo revestido de sotana, matón, sin nada de espiritualidad, que no está acostumbrado nuestro pueblo a ver. Sería perniciosa y dañina para la clase sacerdotal la exhibición de este film.”

El informe de Jose María Alonso daba a entender que Peppone salía mejor parado: “la tesis argumental puede ser peligrosa en nuestro país después de la dolorosa guerra de liberación, ya que las cosas están expuestas de manera que en el film los simpáticos y buenos son los comunistas y los malos e intransigentes son los llamados de derecha y católicos.”

(…)

Uno de los censores se desahogaba con una prosa bastante confusa: “La convivencia de comunistas con católicos y patriotas es cosa tan incomprensible para nosotros, que con los emblemas de la hoz y el martillo en banderas y colgaduras, que es lo suficiente para no considerar la película más que como una cosa que no se puede tratar más que de una broma, que en otro país podrán admitirla pero en España, nunca”

El vocal eclesiástico Manuel Villares parecía molesto con la imagen bonachona de Peppone (el alcalde comunista): “Hay un confusionismo político respecto al comunismo. En la película Peppone y sus compinches son unas buenas personas en el fondo. Eso no lo entenderá el público español que tiene del comunismo un concepto muy distinto de estos comunistas de opereta italianos”.

Y otro censor, Andrés Zabala, recuperaba el argumento de las comparaciones inoportunas: “La película tiene gracia e intención ¿buena?, ¿mala? Cada uno deducirá lo que quiera. Para mí peligrosidad seria no ofrece. Pero temo que políticamente no sea oportuna. Plantea una postura de coexistencia que no parece concorde con la posición del Régimen español frente al comunismo. Esto puede dar lugar a desorientación en grandes núcleos de espectadores que no entenderán este comunismo rosa ni comprenderán porqué los Peppones están aquí fuera de la ley”

30Oct, 2009

LA HIJA DEL CORREGIDOR; Andrea Vitali.

Escrito por: corto-cortes el 30 Oct 2009 - URL Permanente

La divertida historia que el autor italiano cuanta en esta novela (miscelanea, 2009)de fácil lectura gira en torno a unas bragas. La hija del corregidor (alcalde) de un pueblo italiano de 1931 quiere unas bragas diferentes a las que usan las mujeres decentes y se las encarga a la dueña de la mercería. Esta se lo cuenta al cura en confesión, y este se lo dice a la madre de la chica, esposa del corregidor. Don Agostino Meccia, que así se llama el alcalde tiene en su poder unas bragas de ese tipo. La única vez que fue de putas pidió a la chica que lo atendió que le diera aquella prenda. Por ello supone que esa ropa íntima solo la usan las prostitutas.

Además sucede que don Agostino quiere pasar a la historia como lo hicieron sus antepasados y se empeña en construir un aeropuerto en el pueblo. Pero todo le sale mal.

Como si no tuviera suficientes problemas resulta que su hija se ha enamorado del hijo de la mujer que hace muchos años lo dejó plantado en el altar. Pero ocurren aun más cosas. Todas juntas describen la vida de este pueblo que Vitali relata con mucho talento.

Con este libro me he reído de forma ruidosa como no me ocurría desde que leí las aventuras de Don Camilo, aquel cura italiano que se peleaba con Peppone, el alcalde comunista, en aquellas inolvidables novelas escritas por Giovanni Guareschi.

Los personajes secundarios de La hija del corregidor están muy bien resueltos:

Mirabile que se encarga de la elección de los textos y de la selección de actores para el teatro del pueblo propone a Dulú (la telefonista del locutorio del pueblo) el papel principal de la obra “La reina de los espejos”.

Mirabile y Dulú están, solos, en la casa de ella ensayalando:

Página 150.


Para aquella escena, Addolorata (Dulú) se había preparado a conciencia. Como se trataba de una escena nocturna, la reina insomne, corroída por las dudas, se había peinado como si se acabara de la cama y se había puesto un camisón.

Con la emoción del recitado, en un momento dado se le había caído un tirante y le asomó media teta.

En aquel preciso momento el maestro Mirabile entró en ebullición.

Estaban en el punto en que la reina, tras presentar el espejo al público, debía hacer lo propio con el cetro. Pero Dulú se lo había olvidado.

Se quedó inmóvil.

-Cogeré un cucharón, servirá igual- dijo.

-No te muevas. Espera –le sugirió el maestro Mirabile, con la voz entrecortada.

Estaba fuera de sí.

Se le acercó y, susurrando, le dijo:

-Coge este cetro.

Y guió la mano de la actriz.

Addolorata al principio no entendía.

Se encontró en la mano aquel artefacto turgente y húmedo y lo retuvo en la mano un instante, con lo que Mirabile se hizo ilusiones y, sin pensárselo dos veces, la aferró por las nalgas.

Fue entonces cuando Dulú reaccionó. Y con la mano, apretando fuerte, dobló el órgano hacia abajo, lo que al maestro le provocó un dolor desgarrador.