18Nov, 2009
ENRIC GONZALEZ; Periodismo.
Hace unos días el periodista Enric Gonzalez anunciaba en su columna de EL PAÍS que lo mandan a Jerusalem de corresponsal. Terminaba así su artículo:
Alguna vez dije en este mismo espacio que no hay que preocuparse si desaparece del diario alguna opinión por que cada uno tiene la suya. Sigo pensándolo. Creo que hace falta más información y, dentro de mis posibilidades, en el nuevo destino intentaré conseguirla, comprenderla, escribirla y publicarla.
Estas palabras me recordaron lo que Enric Gonzalez escribió en 2006 en su libro Historias de Nueva York. En la página 130 de la edición de RBA está contando que el 10 de junio de 2001 Julio A. Parrado (que luego falleció en Irak) e Idoya Noain lo acompañan a cubrir la ejecución de Timothy Mc Veigh, un veterano de la guerra del golfo que en 1995 hizo estallar una furgoneta cargada de explosivos ante un edificio de Oklahoma y mató a 168 personas.
Escribe Enric Gonzalez:
Comprendí que viajaba con dos malditos periodistas jóvenes que iban de aquí para allá, hablando con unos y con otros, haciendo el trabajo que se supone debe hacer un reportero, mientras yo me sentía paralizado por una enfermedad que se agravaba con el tiempo: el empecinamiento (inútil) en comprender. Por qué Mc Veigh, un tipo inteligente y a su manera honesto, había declarado una guerra personal al gobierno de Estados Unidos; por qué durante meses había planeado esa matanza de inocentes sin sentir la menor duda ni el menor remordimiento; por qué tantos cientos de ciudadanos habían organizado su asistencia a la ejecución como un fin de semana familiar. (…) Al término de la jornada, después de preguntar muchas veces por qué, yo seguía sin comprender. Idoya y Julio, en cambio, se habían limitado a conversar, a meterse en las casas, a palpar el ambiente, y tenían un montón de anécdotas y de testimonios interesantes o graciosos. Ésa es una lección que se olvida con frecuencia: no intentes comprender, no deduzcas, no interpretes: eso lo puede hacer cualquiera en una oficina a mil kilómetros de distancia. Da igual que la situación te resulte ininteligible. Cuenta lo que ves, lo cercano, lo comprobable. Ya está.
Hay una contradicción aparente entre estos dos textos de la misma persona. Mi opinión es que a Gonzalez le gustaría no implicarse personalmente en las noticias pero no lo puede evitar. Le gustaría ser del tipo “ver y contar” pero no puede dejar de cuestionarse, para intentar entender, por qué ocurren las cosas. Y eso, cuando se trata por ejemplo de un atentado terrorista, es muy duro por que lo lleva a las profundidades del ser humano y allí normalmente no se está muy cómodo. Pero por eso es un gran periodista y sabe que la mejor forma de hacer su trabajo, aunque el cuerpo le pida otra cosa, es profundizar en lo que no entiende.¿Por qué a los lectores nos gustan algunos periodistas y leemos cualquier cosa que escriben? Estoy seguro que esta implicación, este querer comprender para contarlo mejor, tiene mucho que ver con nuestra predilección.
Los libros de Enric Gonzalez Historias de Londres e historias de Nueva York (RBA Editores) son la prueba de que empleó el tiempo destinado en aquellas ciudades en intentar entenderlas a través de su historia y sus habitantes.
Se habla y se escribe últimamente sobre la futura muerte de la prensa escrita en papel. Hay quien opina que los periódicos en papel quedarán como un medio de alta calidad para el análisis en profundidad de los acontecimientos realizado por reporteros de primera. Periodistas como Enric Gonzalez son los que deben hacer ese trabajo. Y por ese producto sí pagaremos algunos lo que se nos pida.
Hace unos días el escritor Javier Marías se quejaba en su artículo en El País Semanal de que cada día es más difícil entender lo que algunos corresponsales en el extranjero escriben en el periódico.
Decía:
Nunca me había sucedido lo que me sucede a menudo últimamente: leo una información intentando enterarme de lo que ocurre en un lugar determinado, o de cómo está la situación de tal conflicto, o de cuáles van a ser los problemas del libro cuando se generalicen el e-book y similares, o de qué va a pasar con la fosa de García Lorca, y no lo consigo. En el mejor de los casos, me quedo como estaba, y en el peor, han aumentado mi ignorancia y mi confusión. Como he perdido muchas cosas, pero aún no mi capacidad intelectiva (o no enteramente), sólo me queda concluir que con frecuencia no se entiende nada de lo que los nuevos redactores (cada vez hay más nombres nuevos que no se asientan, no sé si son becarios que vienen y se van) intentan explicar. A veces se tiene la impresión de que fingen explicar algo que ellos no han comprendido previamente, lo cual hace su tarea imposible, claro está. En el caso de algunos corresponsales extranjeros, uno detecta con facilidad que se han limitado a mal copiar -es decir, a traducir mal- lo que los diarios o televisiones de cada país han dicho, y nada es más incomprensible que una traducción hecha por alguien que conoce mal la lengua de origen y deficientemente la propia. El resultado habitual es que el lector con ciertos conocimientos se ve obligado a llevar a cabo sobre la marcha una “traducción” de la información, esto es, a “deducir” lo que los redactores habrán entendido o habrán querido decir en realidad.
Pues eso.

10Nov, 2009
HISTORIAS DE NUEVA YORK; Enric Gonzalez.
El 26 de agosto de 2009 el premio Nobel de literatura José Saramago (Azinhaga, Portugal, 1922) escribía en su blog sobre dos periodistas de EL PAÍS, Ramón Lobo y Enric Gonzalez:
Se llaman Ramón Lobo y Enric González. Ejercen de periodistas y lo son de hecho, de lo mejor que se puede encontrar en las páginas de un periódico, aunque yo prefiero verlos como escritores, no porque establezca una jerarquía entre las dos profesiones, sino porque en la lectura de lo que escriben percibo emociones y defino sentimientos que, al menos en principio, son más naturalmente mostrables en una obra literaria de calidad. A Ramón Lobo ya llevo algunos años leyéndolo, Enric González es un descubrimiento reciente. Como corresponsal de guerra, Ramón tiene la superior cualidad de colocar cada palabra, en su exacta medida expresiva, sin retórica ni deslizamientos sensacionalistas, al servicio de lo que ve, oye y siente. Parece obvio, pero no lo es tanto, sólo es posible hacerlo con un dominio excepcionalmente seguro del idioma que se utiliza, y él lo tiene. De Enric González no era lector. Veía sus columnas en “El País”, pero mi curiosidad no era lo bastante fuerte para hacerme integrar sus escritos en mi lectura habitual. Hasta el día en que me llegó a las manos su libro “Historias de Nueva York”. La palabra deslumbramiento no es exagerada. Libros sobre ciudades son casi tantos como las estrellas en el cielo, pero, por lo que conozco, ninguno es como éste. Creía que conocía satisfactoriamente Manhattan y sus alrededores, pero la dimensión de mi equivocación se manifestó clara en las primeras páginas del libro. Pocas lecturas me han dado tanto placer en estos últimos años. Tómese este breve texto como un homenaje y una manifestación de gratitud para con dos excepcionales periodistas que son, al mismo tiempo, dos notables escritores.
A Ramón Lobo lo disfruto a diario en su blog “En la boca del Lobo”. Sobre Enric Gonzalez había leído poco, solo algún artículo sobre periodismo. Seguí el consejo del maestro portugués y en una tarde de gripe me zampé sus Historias de Nueva York (RBA Editores, 2006).
Yo he vivido como expatriado en 4 países y disfruté con la forma en la que Gonzalez cuanta su llegada a la Gran Manzana por que me sentí identificado. En lugar de perder el tiempo con programas televisivos como “Madrileños por el mundo” y todas las imitaciones que le han salido, les recomiendo que se metan en la aventura vital y cultural de este señor.
En 143 páginas hay de todo. Encontraremos sus problemas para conseguir piso, una breve historia de la ciudad, el mejor restaurante para comer Beef Steak, la historia de los 6 ricachones que fundaron el capitalismo americano, las reglas del beisbol y los motivos por los que el autor prefiere al los Mets antes que a los Yankees, una historia de gansters.... Conoceremos a esos personajes esenciales de una gran ciudad que un turista nunca conoce y ofrecen información que de otro modo es imposible conseguir. Gonzalez nos contará anécdotas de personajes del submundo neoyorquino o del alcalde que limpió la delincuencia de la ciudad, (¡a qué precio!).
Y en esto llegó Rudolph Giuliani, el hombre que salvó Nueva York dos veces. La biografía de Giuliani, como su personalidad, contiene elementos muy desagradables o francamente ridículos. Como ocurría con Winston Churchill, en circunstancias normales constituye un peligro público. Pero también como Winston Churchill, posee una voluntad extraordinaria y da la talla en los momentos críticos.
Enric Gonzalez ha sido corresponsal de EL PAÍS en Roma, Londres y Nueva York. Actualmente tiene una columna sobre TV, y un artículo los domíngos, en ese mismo periódico. Leyendo su libro te parece que fuiste su amigo y que cayeron muchas cervezas juntos en el White Horse y el Tiger aquellos dos bares de la calle Hudson en los que has pasado una tarde de gripe mientras él te contaba sus batallitas.

08Sep, 2009
TRILOGÍA MILLENIUM; Stieg Larsson.
No he leído las tres famosísimas y leidísimas novelas del autor sueco, ya sabéis, Los hombres que no amaban a las mujeres etc…Diferentes prejuicios me han tenido apartado de estos tres libros:
1º Lo voluminoso de la trilogía, más de 2.100 páginas.
2º El éxito superventas. (Que esto me haya influido me avergüenza mucho).
3º Los han devorado personas cercanas que no cogían un libro desde hacía más de 20 años.
4º Le tengo manía (injustificada) a la novela negra y de misterio.
Durante el último año he leído diferentes opiniones a favor y en contra, algunas muy autorizadas. Dos ejemplos encontrados: El escritor Alejandro Gándara los ponía a parir en su blog El Escorpión pero al tiempo, un suplemento cultural tan reputado como Cultura/s (de
¿Qué hacer?
El domingo Mario Vargas Llosa me sacó de dudas en un artículo en EL PAÍS titulado “Lisbeth Salander debe vivir”. Si Don Mario dice que es buena, es buena. Punto.
Destaco el principio:
Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de las feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa. ¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado. Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.
Para quien quiera leer el artículo completo:

08Jul, 2009
FERNANDO SAVATER; Misterio, emoción y riesgo.
La editorial Ariel le ha publicado con mucho cariño al filósofo Fernando Savater un libro maravilloso (no hay otro adjetivo). Se titula Misterio, emoción y riesgo y su primera edición es de noviembre de 2008. En este libro se recoge lo escrito por Savater sobre las novelas y películas de aventuras, misterio y terror. Al final se incluyen dos cánones sobre las mejores películas y las mejores novelas del género. Cada capítulo se abre con una magnifica ilustración del gran dibujante Fernando Vicente y se decora con bonitas fotos de carteles cinematográficos, portadas de libros o de autores.
Escribe Savater sobre Sandokan de Emilio Salgari:
Sandokan es el aventurero químicamente puro, pese a los revestimientos vengadores, y hasta políticos, que busca para sus osadías. Su figura fue sin duda lo más logrado que los anhelos del corazón -los dioses- que dictan a los hombre las historias regalaron a Emilio Salgari, inolvidable poeta de la acción y de lo exótico. Reconozco haber disfrutado más con este escritor italiano que con Verne o Walter Scott, que le son indudablemente superiores. sin duda contribuyó a mi aprecio por su obra el especial encanto de sus defectos literarios, de los que está dichosamente plagado: su gusto por la acumulación enciclopédica de noticias sobre las peculiaridades más extravagantes de la flora, fauna y constumbres de las tierras en que transcurren sus novelas, que le hacen frecuentemente apartarse todo un capítulo del curso lógico del relato para introducir un árbol o un orangután; el ritmo un poco embarullado con que cuenta algunas aventuras, con curiosos saltos en el tiempo y el espacio que nos dan la mágica impresión de estar viviéndolas en un sueño; lo inmediatamente perceptible de sus intrigas cuya previsibilidad las hace parecer curioso fruto del destino (v. gr.: en El Rey del Mar, un capítulo se titula inexplicablemente "El hijo de Suyodhana";eso nos hace sospechar que un oficial de marina angloindio que aparece en él debe ser retoño del pavoroso jefe de los thugs, lo que mucho después se nos revela cierto al final de la novela, con todos los requisitos de un sorprendente golpe teatral); el laconismo epiléptico de sus diálogos, tan pintorescos que llegan a producir arrobos dignos del mejor Zen, etc. Salgari tuvo talento para carecer de él, lo que no es tan fácil como parece.
El día 5 de diciembre de 2008, Carlos Boyero escribía en El País:
No descubro en el vicioso vagabundeo por las librerías un libro titulado explícita y arriesgadamente Misterio, emoción y riesgo, sino en la redacción del periódico. Lleva el subtítulo Sobre libros y películas de aventuras. Y la firma de Fernando Savater. E instantáneamente sé que existen los Reyes Magos, que me traen el regalo soñado, que me lo merecía. Me regalan el libro, pero el amigo que lo hace intuye observando mi hipnotizada mirada que no dudaría en robárselo y salir corriendo, con el inaplazable deseo de los niños necesito poseerlo ya. Que ante drogas tan imperiosas no puede existir la demora en su adquisición, ni el préstamo, ni la imposición del "se mira pero no se toca".

Fuente foto y texto: Ariel.
!-->!-->!-->18Jun, 2009
MARTIN GARZO ( y Coleridge); Libros.
El día 7 de junio de 2009 el escritor Gustavo Martín Garzo publicaba un artículo titulado ¿Todo está en los libros? en EL PAÍS:
Leo con el apetito de una muchacha que piensa que va a encontrar al Príncipe Encantador en los libros", escribió Isak Dinesen. La literatura nos permite vivir con más intensidad nuestra propia vida y tener aventuras que estén a la altura de nuestros anhelos y sueños. El lenguaje poético, según la gran escritora danesa, debe responder al sentimiento del placer pero también del deber. Amar algo es apropiarse de su vitalidad, como hace el cazador con las piezas que cobra, pero también hacerse responsable de ello. Algo, en suma, muy cercano a la experiencia amorosa. "Una entrega encantada", así definió Ortega el amor. Es lo que nos pasa cuando leemos un libro que nos gusta. Accedemos gracias a él a un lugar nuevo, un lugar de hechizo que tal vez no podamos abandonar. Buscamos como los vampiros nutrirnos de una sangre que no nos pertenece para fortalecer con ella nuestra propia vida. (…) Por eso les animo a leer, porque la vida sólo merece la pena cuando está hecha de la misma materia con que se hacen los buenos libros. ¿Y qué nos dicen esos libros? Algo muy simple: que podemos traernos cosas de los sueños. Coleridge tiene un poema en que un poeta sueña con un jardín fabuloso donde todo es perfecto. Paseando por sus senderos, ve un hermoso rosal y toma distraído una de sus rosas. Pero algo pasa y se descubre, de golpe, acostado en el cuarto inmundo de una pensión. Comprende decepcionado que ese jardín sólo ha existido en su fantasía y, cuando trata de volver a dormirse, ve sobre la mesilla la rosa que acaba de cortar. Puede que el jardín fuera un sueño, pero se ha traído de él una flor. ¿Es posible esto? La literatura nos dice que sí. El poema es la prueba. Coleridge no se limita a soñar con un lugar maravilloso, sino que escribe un poema que podemos leer. Ese poema es la rosa, una rosa de palabras. Leerlo es pasear por el jardín encantado, aspirar sus aromas desconocidos, llevar en las manos la rosa soñada.
Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano...
¿entonces, qué?
Samuel Taylor Coleridge
Para leer el artículo completo de Martín Garzo:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Todo/libros/elpepiopi/20090607elpepiopi_4/Tes

S.T. Coleridge.
Fuente foto: nndb.com
02Ene, 2009
JACK LONDON; y Corto Maltés.
Leo un magnifico artículo de Enric Gonzalez en EL PAÍS titulado “El peor barco de todos los tiempos” . Se refiere al “Snark”, el barco del escritor y aventurero Jack London.
Recuerdo que la primera referencia de este escritor la obtengo en una historieta de Corto Maltés. Hugo Pratt incluyó en las aventuras del marinero a muchos personajes reales (por ejemplo Rasputín y John Reed).
En el volumen dedicado a la juventud de Corto Maltés, Pratt cuenta como Jack London, que es observador extranjero durante la guerra ruso-japonesa de 1904-1905, conoce al desertor y asesino Rasputín, se lo presenta a Corto Maltés, y este lo ayuda a salir de China. Ahí se inicia la relación amor/odio entre Rasputín y C. Maltés.
Jack London tiene una pesadilla en la que lo va a matar un ninja y aparece Corto Maltés. El mundo de los sueños fue muy importante en Pratt como buen lector de Freud.
24Oct, 2008
ELVIRA NAVARRO; "La ciudad en invierno"
Termino de leer las 106 pags. de la nueva edición en "Debolsillo" ( Oct. 2008) y tengo la sensación de estar en otra casa. Reconozco a los que me hablan pero todo lo que me dicen me parece extraño. confieso que he leido este libro "del tirón", sin levantar los ojos del papel. Elvira Navarro consigue crear su mundo y te hace facil entrar en él. Me quedo con ganas de saber más de esta auténtica "niña mala".
Cuenta cuatro historias de Clara. Comienza en su infancia y termina en su adolescencia. Si te cuentan de que van las historias pensarás, seguro, que se trata de un mal argumento de comic cutre y facilón. Aquí entra el arte de E. Navarro al hacer las peripecias de Clara totalmente reales.
EL PAIS publicó en 2007 un artículo de Vila-Matas elogiando esta primera novela de la autora. Buen padrino. En una entrevista la autora decía que estaba preparando una nueva novela. La quiero más larga, Elvira, por favor.

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