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01Sep, 2009

GUERRA Y PAZ; Pensar la vida.

Escrito por: corto-cortes el 01 Sep 2009 - URL Permanente

Hace unos años, siendo adolescente y sintiendome muy angustiado, encontré consuelo en los Evangelios. Abría el libro sagrado al azar y siempre tenía la sensación de que lo leido estaba escrito para mi. Lo mismo me ocurre con las grandes novelas.

En la página 713 de la edición del Taller de Mario Muchnik de GUERRA Y PAZ escribe Tolstói:


La ociosidad, según la tradición bíblica, la falta de todo trabajo, era la condición que aseguraba la felicidad, el bienestar del primer ser humano antes de su caida. El gusto por la ociosidad no ha cambiado en el hombre después de su caida, pero la maldición sigue pesando sobre él, y no solo porque debamos ganar el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque nuestra naturaleza moral nos prohibe estar ociosos y tranquilos al mismo tiempo. Una voz secreta nos dice que por estar ociosos somos culpables. Si el hombre pudiese hallar un estado en el que, sin dejar de ser ocioso, supiese que es útil y que cumple con su deber, habría recuperado una parte de la felicidad primitiva.

Todos los veranos me hago el propósito de permanecer al menos 2 semanas totalmente ocioso, haciendo solo lo que me apetezca. Nunca lo consigo. Solo cuando fui niño disfruté de esa ausencia de esfuerzo sin sentirme culpable y ansioso. No sé si se trata de una maldición bíblica o de la educación recibida, pero no puedo refocilarme en la molicie del ocio, como decía aquel falangista.

El parrafo anterior de Guerra y Paz sirve de introducción a una reflexión muy acertada sobre la vida militar.

Continúa escribiendo Tolstói:


Hay todo un estamento, el militar que goza de semejante estado de ociosidad obligatoria e irreprochable y en ello reside y residirá el principal atractivo del servicio de la armas.

Nikolái Rostov, uno de los personajes centrales de la novela de Tolstói, es oficial del Ejército donde se siente muy feliz. Su madre le manda cartas pidiendole ayuda en la gestión de los problemas económicos de la familia. Al leer esas cartas Nikolái teme que quieran sacarlo de un ambiente (el militar) donde, libre de todas las complicaciones de la vida, se halla tranquilo y feliz.


Conozco con profundidad la vida militar. En el Ejército, o en la Armada, todo esta reglamentado, no tienes que preocuparte por nada. Obedecer las normas es lo más facil. Lo complicado son las cuestiones domésticas, las de la vida civil. Resolver los problemas de la vida familiar, que nunca tienen una única solución, es mucho peor que obedecer una orden de un superior. En la milicia los compañeros solo tienen una cara, la amable. Si eres una persona normal, lo comun es llevarse bien con todo el batallón. Es más facil convivir con 40 tios dentro de un submarino que con una cuñada en un mes de agosto.


Guerra y paz demuestra que su autor fue una de esa escasas personas que pensó con profundidad su vida y la de los demás. Aunque escrita a mediados del siglo XIX plantea los problemas que todo hombre (o mujer) vivirá a lo largo de su existencia ocurra esta en el siglo que ocurra.

Fuente foto: bookcoverarchive.com

29Jul, 2009

GUERRA Y PAZ; Amor y violencia.

Escrito por: corto-cortes el 29 Jul 2009 - URL Permanente

El periodista Ramón Lobo contaba recientemente en su blog La Boca del Lobo que un día preguntó a José Saramago (Premio Nobel de Literatura) si creía que Periodismo y Literatura eran orillas de un mismo río. Saramago respondió: “Eso es lo que os gustaría a los periodistas. (…) Cuando terminas de leer una obra maestra, como Guerra y Paz de Tolstoi, eres mejor persona. No sucede cuando lees un buen reportaje, con un buen reportaje sólo estás mejor informado”.

En Guerra y Paz de Liev Tolstoi se alternan escenas de guerra con escenas de la vida privada de las familias de los mismos personajes que paginas atrás estaban enfangados en la peor de las batallas. El contraste entre unas escenas y otras las hace aun más bellas. Los militares rusos capaces de matar, luego viven amores apasionados. Me quedo con las historias privadas, sobre todo las de amor, aunque soy consciente de que sin las escenas bélicas, las de amor no serían tan emocionantes.

Al principio de la 1ª parte del libro 2º (Pág. 438 de la edición de Taller de Mario Muchnik), el joven duque Nikolai Rostov, destinado en el batallón de Húsares, vuelve de permiso a la casa familiar en Moscú. El ejército ruso acaba de perder la batalla de Austerlitz. Su hermana Natasha, de 15 años, le cuenta que Sonia (prometida de Nikolai) y ella son tan amigas que se ha hecho una marca en el brazo con una regla metálica al rojo vivo como prueba imborrable de amistad. Natasha además le informa que no tiene que respetar la promesa que hizo a Sonia, que lo han hablado y que entienden que debe sentirse libre y no casarse obligado.


Natasha volvió a ponerse sobre las puntas de los pies y salió de la estancia como hacen las bailarinas, pero con esa sonrisa que solo tienen las jovencitas de quince años cuando son felices. Al encontrarse con Sonia en la sala, Rostov se ruborizó. No sabía como tratarla. La víspera, en el primer instante, se habían besado, con el júbilo de volverse a ver, pero ahora se daban cuenta de que no debían haberlo hecho. Él sentía que su madre, sus hermanas, todos, lo miraban con curiosidad y se preguntaban como iba a portarse con ella. Le besó la mano y la trató de usted, pero sus ojos, al encontrarse, se tutearon y se besaron con ternura. La mirada de Sonia pedía perdón por haberse atrevido a recordarle su promesa, mediante la embajada de Natasha, y le agradecía su cariño. Nikolái, también con la mirada, le agradecía su ofrecimiento de libertad y aseguraba que, de una manera u otra, nunca dejaría de amarla, porque eso era imposible.

Esto ocurre en la página 439 y uno se cree que el amor entre Nikolái y Sonia va a continuar creciendo a cada página. Pues al volver la hoja el lector se lleva la sorpresa de que Rostov se deja encandilar por la vida relajada y las juergas del Moscú que acoge al héroe de guerra y se olvida de Sonia al extremo de que se echa una amiguita con piso que visita por las noches. El joven duque Rostov y Sonia son muy jóvenes y a esas edades, en el siglo XIX como en el XXI, los amores son así.

Tolstoi describe con precisión y sensibilidad a sus personajes. Los hace reales y permite que un lector de 2009 se reconozca en ellos aunque deambulen por la Europa de 1806.

La novela te hace mejor persona, entre otras cosas, por que permite al lector conocerse comprendiendo a sus congéneres.

El escritor Ignacio del Valle (Oviedo, 1972) responde en una entrevista:


1-¿Qué representa para Ignacio del Valle el conflicto bélico?

Un momento en el que caen todas las máscaras y cada uno se conoce a sí mismo.

2-¿Cuándo nació tu pasión por el tema de la guerra y sus aledaños?

En realidad mi pasión es por la condición humana, por sus deseos, frustraciones, odios y amores, ambiciones, sueños… en el corazón humano es donde se dirime todo, el bien y el mal, la verdad y la mentira, con toda la dimensión trágica y la vez cómica que puede alcanzar. Y ese conflicto existe tanto en medio de una guerra como en medio de un desayuno de pareja entre croasán y croasán.

Ignacio del Valle ha publicado en Alfaguara Los demonios de Berlín. 2009.

Las buenas novelas te ayudan a entenderte como persona, te permiten, por ejemplo, descubrirte como alguien capaz de lo mejor y de lo peor al mismo tiempo, de amar y de matar. Así somos. Y mucho más, por suerte o por desgracia.

Liev Tolstoi

Fuente foto: artsz.org