25Nov, 2009
LA CENSURA CINEMATOGRAFICA EN ESPAÑA; Alberto Gil.
Alberto Gil, periodista especializado en cine, viajes y medio ambiente, ha pasado 2 años investigando en el Archivo General de la administración y en los fondos de la Filmoteca Nacional para conocer en profundidad qué fue la censura en el cine desde 1939 hasta 1978. Los resultados de su estudio los publica en un entretenido e interesante libro Ediciones B con el titulo La censura cinematográfica en España. El libro cuenta historias a veces divertidas y la mayoría de las veces absurdas y tristes. Pag 54 Los censores cuidaban mucho los modelos masculinos en la pantalla y, con gran sagacidad, captaron los riesgos que encerraba un personaje como Tarzán , que ya había inspirado varias películas. Una de ellas fue La gran aventura de Tarzán protagonizada por Gordon Scott que llegó a España en 1960 con vocación de “película familiar”. La censura no admitió que fuera para todos los públicos con argumentos de distintos tipos. A alguno de estos ilustres censores le traicionaba claramente el subconsciente. La obsesión con la homosexualidad se cebó, cómo no, en la maravillosa película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco. Página 63: Los censores tuvieron varios encontronazos con Billy Wilder. El humor irreverente y a la vez festivo del director no hacía juego con la censura que se tomaba en serio incluso a sí misma. Pero entre todas la películas del inteligente realizador, la que tuvo un recibimiento más airado fue Con faldas y a lo loco. La provocativa sensualidad de Marilyn Monroe y el hecho de que los protagonistas masculinos, Jack Lemmon y Tony Curtis, vistan de mujer en la mayor parte de la película eran dos razones de peso para impedir su proyección. El primer visionado del film, traducido originalmente como Una Eva y dos Adanes, fue en 1960 y desencadenó respuestas fulminantes de los censores. Los comentarios eran del estilo: “Prohibida aunque solo sea por subsistir la veda de maricones”, “de las que no tienen cura”, “crudísimas escenas de erotismo y pornografía”, etcétera. Uno de los informes ofrecía las claves de la inquina provocada por la comedia de Wilder: “El equívoco sexual, socialmente considerado, fomenta la corrupción. La frontera natural de los sexos debe observarse públicamente dejando al misterio de la intimidad esta lacra. Tal es la única objeción que puede hacerse a esta divertidísima película pero objeción demasiado fuerte porque los dos protagonistas masculinos se sostienen vestidos de mujer y “encajados” en lo femenino durante diez rollos (de los 13 del montaje), con tal perfección que superan las pruebas de fuego, cuales baños de mar en traje de baño con otras muchachas (sin que estas adviertan el cambiazo) y cuantas se derivan de la convivencia en hoteles, trenes e incluso lecho” Y concluía: “Todo ello implica una fuerte invitación a la valentía o descaro social de los homosexuales. ¡¡Hasta un noviazgo!! Pero hay algo más grave aún: en tanto la proyección queda desplegada a toda vela para los maricas, aparece cortada, cortadísima, en cuantas secuencias se dedican a la sexualidad del hombre normal. Secuencias pornográficas protagonizadas por Marilyn. La mente censora imagina que hubo escenas “pornográficas” protagonizadas por Marilyn y se suprimieron por ser un film a favor de la causa homosexual. ¡Qué cosas! Al menos reconoce el censor que se trata de una película “divertidísima”. En eso estamos de acuerdo.
El peor fue:
“la admiración física hacia el arquetipo masculino, puede dañar psíquicamente a los adolescentes poco diferenciados, acentuando su complejo de timidez o de angustia sexual, desviando peligrosamente su atención de la sexualidad femenina.”

17Jul, 2009
FANNY HILL; John Cleland.
Esta novela erótica se publicó por primera vez en Londres, en 1749. Fue la primera novela prohibida por la censura de los EEUU en 1819. Su autor, John Cleland (Surrey, 1709-1789) fue diplomático británico (destinado en Bombay, India, donde pasó 12 años), soldado, escritor y periodista. Las deudas le hicieron pasar una temporada en la cárcel. Para Fanny Hill se inspiró en la vida real de una prostituta amiga suya llamada Fanny Murray. Eliminó de la historia lo más desagradable.
La obra cuenta la iniciación en la prostitución de una joven inglesa. De los burdeles pasó a ser amante de varios hombres y conoció el amor romántico de la mano del joven y rico Charles. La sociedad de la época se escandalizó mucho por el hecho de que Fanny termine siendo una burguesa felizmente casada. Todos esos que se escandalizaron, pienso, tuvieron que leer toda la novela para llegar al final y conocer el destino de la protagonista: “¡Qué escándalo!”
Me gusta el calor, detesto el frío. Para mi son pocos los 40º C de los que disfrutamos. Para subir la temperatura aquí os dejo un trocito de esta estimulante novela que Tusquets editó dentro de su educativa colección
Extracto de la 2ª carta. [Fanny y el señor Barville] Poco tuvo que hacer entonces, como no fuera soltar los lazos de mis enaguas y levantarlas, junto con mi camisa, hasta el ombligo, donde las sujetó suavemente para poder levantarlas aún más a su gusto. Luego, mirándome con lo que parecía un gran deleite, me tendió de cara al banco; yo esperaba, no sin miedo y temblor, que me amarrara, como había hecho yo con él, y me sujetara las manos, pero me dijo que de ninguna manera deseaba asustarme innecesariamente con esa restricción: aunque pretendía poner a prueba mi constancia, el demostrarlo lo dejaba a mi voluntad, y por lo tanto yo tendría plena libertad para levantarme en cuanto sintiera que el dolor era demasiado intenso. No podéis imaginar cuán amarrada me sentí al permitírseme permanecer suelta, y cuánto ánimo me infundió esa confianza que él ponía en mí. Tanto es así que, en lo más profundo de mi corazón, ya no me importó cuánto podría sufrir mi carne para estar a la altura de esa confianza. Todas mis partes traseras, medio desnudas, estaban ahora completamente a su merced. Empezó por mantenerse a cierta distancia, deleitándose con la visión de la postura en que me coloqué y de todos los secretos que le mostraba así, totalmente expuesta. Entonces se lanzó ansioso hacia mí para cubrirme todas esas partes de besos antes de aferrarse a la vara y dar con ella golpecitos suaves a las masas de carne que tengo detrás, que no me lastimaban lo más mínimo, hasta que poquito a poco empezó a darle azotes más fuertes para hacerles subir el color. Por el calor que sentía allí comprendí, antes de que él me lo dijera, que estaban emulando el color rosado natural de mis otras mejillas. Cuando se hubo divertido admirándolas y jugueteando de ese modo con ellas, empezó a darme azotes cada vez más enérgicos, de tal forma que tuve que apelar a todo mi aguante para no gritar o por lo menos quejarme. Finalmente, me pegó con tal furia que me sangré tras más de un latigazo, y al verla tiró la vara, corrió hacia mí, besó las gotas que brotaban y chupó las heridas para aliviar un poco mi dolor. Pero levantándome ahora sobre las rodillas y manteniéndomelas apartadas, aquella parte de mí que no ha sido hecha para el dolor, sino para el placer, obtuvo su parte de sufrimientos, porque apuntando hábilmente dirigió la férula de tal modo que las puntas agudas de la vara cayeron allá, de un modo tan doloroso que no pude por menos que estremecerme y retorcerme de dolor, con lo que mis contorsiones por fuerza mostraron mi cuerpo en una variedad de posturas y de ángulos muy apropiados para deleitar su mirada; pero seguí aguantándolo todo sin gritar. Entonces me dejó descansar, y se precipitó sobre ese parte cuyos labios y alrededores acababan de sentir su crueldad y, a modo de desagravio, les aplicó su propia boca; entonces empezó a abrirlos y cerrarlos, a estrujarlos, a revolver el vello que los cubría, y todo ello dando muestras de un arrobamiento apasionado, de un entusiasmo que delataban un gran placer, hasta que volviendo a tomar la férula, alentado por mi pasividad, y enfurecido por esa extraña afición al goce, hizo que mi pobre posterior pagara lo indómito de su caso; porque ahora no le dio cuartel, pues el traidor me flageló de tal modo que estaba a punto de desfallecer cuando se interrumpió. Y seguí sin soltar una sola queja ni expresar la menor protesta; pero dentro de mí misma tomé la decisión más seria de mi vida: que jamás volvería a exponerme a semejantes padecimientos.
PD: Inolvidables son las páginas en las que su amiga Phoebe inicia a Fanny en el amor lésbico. .

11Abr, 2009
ALBERTO BEVILACQUA; Traducir sentimientos. 2ª parte.
Alberto Bevilacqua (Parma, 1934) es escritor, poeta, guionista y director de cine. En sus 74 años de vida ha escrito más de 30 libros en prosa, 13 libros de poesía y dirigido ocho películas. Escribe El que te traicionaba en 2006 cuando ya es un maestro y domina el arte de narrar como pocos.
Escribe acerca de la belleza en las mujeres:
Existen dos clases de belleza femenina. La primera, vistosa, pero parecida a otras, y estática. La segunda, por el contrario, maleable y maliciosa, un juego de reflejos que estimula la imaginación.
Lisa, personaje central de la novela, le cuenta sus pensamientos de embarazada a su hijo:
Tu siempre serás parte de mí ¿no? Comenzaste a existir como una parte de mí, y yo me abrazaba el vientre y te decía “Quizás hoy, hijo mío, te estoy haciendo los ojos, y debo hacértelos bien, de un color que las mujeres admiren, y con una vista que te permita ver el mundo incluso en medio de un mar de niebla... Hoy estoy haciéndote el corazón."
Lisa, una mujer con una grandísima sensibilidad, dice a su hijo:
Recuerdas cuando nos pasábamos un caramelo de miel de tu boca a la mía y yo aprovechaba para preguntarte: “¿Hay alguna mujer con la que puedas hacer esto?”
100 páginas después el hijo confiesa que no cree en el amor y lo hace comparando el amor puro e incondicional que su madre sintió por su padre con lo que él siente cuando cree que se está enamorando:
Se comporta así por que yo me la estoy inventando. Soy yo, que a través de ella, alimento el lugar común del amor.
Me recuerda a lo que alguien que me quiere me dijo la primera vez que me vio sufrir por amor: No estas enamorado de esa chica, te has enamorado del amor.
En el libro de Bevilacqua caben muchas cosas, como en las buenas novelas. Al final de libro el narrador hace un viaje a Buenos Aires en el que tiene una relación sexual con una extremeña llamada Blanca y aprovecha para dar una clase magistral de sexualidad:
El Eros de Oriente contempla que el hombre haga el amor con una vocación religiosa, moral, más que sexual, para provocar el mayor número posible de orgasmos a su compañera, gozando con ella de un unísono psíquico, mientras la eyaculación es considerada “una pequeña muerte”. El nirvana de los hindúes la extinción de sentir amorosamente a la mujer.

Fuente: sapino.it
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