12Jun, 2009
LAS CONFESIONES DE NAT TURNER; William Styron.
Después de disfrutar mucho con dos libros del americano William Styron (Virginia, 1925 – Massachussets, 2006), La decisión de Shophie, y Esta visible oscuridad, he comenzado con mucha ilusión Las Confesiones de Nat Turner, editado, como los otros dos, por La otra Orilla. El libro, publicado en USA por primera vez en 1967, cuenta la historia de Nat Turner esclavo negro que lideró la única revuelta seria contra los esclavistas. En aquellos sucesos de 1831 murieron asesinadas 55 personas, entre ellos varios niños. Estoy en las primeras páginas y experimento una curiosa sensación de amor/odio hacia el libro. Me apetece y no. Se me cruzan, con más facilidad de lo habitual, otros libros, estoy deseando ponerle los cuernos. Hoy he descubierto lo que me ocurre: Me da miedo. Esa es la respuesta.
El libro va a relatar el horror de los crímenes con detalle pero eso no me da miedo. Soporto bastante bien la descripción e incluso la visión de los hechos violentos. Ese no es el problema. ¿A qué tengo miedo? Styron, por lo que he leído en los libros anteriormente citados, no se queda en el relato de los hecho sino que profundiza en el por qué, busca las raíces de las motivaciones y las encuentra. Ya lo hizo, por ejemplo, con los motivos del comandante nazi que obliga a Sophie a decidir en el suceso que da título a su más famosa novela. Ya explicó con impresionante destreza de donde salía esa maldad, esa crueldad. Pero si yo me quedara ahí, si no profundizara, no tengo por qué asustarme. Al revés, la indagación psicológica es, para mi, motivo de placer. ¿Qué me da miedo, entonces? Continúo profundizando – perdone por el peñazo, ayer tenía poco que hacer- y por fin llego al epicentro de mis miedos.
La descripción de los personajes que va a hacer Styron será tan real que con facilidad encontraré características con las que identificarme. Ya he leído las suficientes páginas como para descubrir que Nat Turner, el personaje central, es inteligente y sensible. No es una alimaña. Por todo ello lo que realmente me da miedo de esta novela es descubrir en mi los mismos resortes que, accionados por determinadas circunstancias, me pudieran llevar, a mí también, a realizar las atrocidades cometidas por Nat Turner. Uno se cree muy civilizado y pacífico pero sabe que en determinadas circunstancias es capaz de actuar violentamente, generalmente en situaciones de legítima defensa. Pero me da miedo descubrir que en otras circunstancias podría llegar a cometer aberraciones como matar un niño, o desear violar a una mujer, algo inconcebible para mí. Para el que soy hoy.
Esta es una de las cosas que me fascina de leer buenos libros: Te ayudan a conocerte, incluso aunque no te guste lo que encuentras.
Continuaré informando.

Fuente foto: www.normagrupoeditorial.es
12Abr, 2009
TONI MORRISON Una Bendición.
La escritora americana nacida en 1931 y ganadora del premio Nobel de literatura en 1993, después de cinco años vuelve a la novela. En esta, Una Bendición , que edita Lumen, cuenta la historia de Florens, una esclava, a través de lo que ella misma escribe. Florens se ha enamorado y es rechazada. Florens es esclava del amor, peor esclavitud que la que le niega la libertad. La crítica compara la novala de Morrison con Del amor y otros demonios de Gª Marquez.
Comienza así:
No temas. Mi relato no puede hacerte daño a pesar de lo que he hecho y te prometo que yaceré tranquilamente en la oscuridad, tal vez llorando o en ocasiones viendo una vez más la sangre, pero nunca volveré a estirar mis extremidades para levantarme y enseñar los dientes. Te lo explico. Si quieres, puedes considerar lo que te cuento como una confesión, pero llena de curiosidades habituales solo en los sueños y en esos momentos en los que el vapor de una tetera adopta la forma del perfil de un perro. O cuando un muñeco de farfolla sentado en un estante aparece de pronto despachurrado en un rincón de la sala y el malévolo motivo por el que está ahí resulta evidente. Cosas más extrañas suceden continuamente en todas partes. Lo sabes. Sé que lo sabes. Un interrogante: ¿quién es responsable? Otro: ¿sabes interpretar? Si una pava real se niega a empollar, me apresuro a interpretarlo y, con toda seguridad, esa noche veo a minha mãe en pie y con su hijito de la mano, mis zapatos metidos en el bolsillo del delantal. Otros signos requieren más tiempo para comprenderlos. A menudo hay demasiados signos, o un brillante augurio se nubla con demasiada rapidez. Los clasifico todos e intento recordar, pero sé que es mucho lo que pierdo, como no interpretar a la culebra que repta hasta el umbral de la puerta para morir. Deja que comience por lo que sé con seguridad. En el comienzo están los zapatos. De niña no soporto ir descalza y siempre pido por favor unos zapatos, no importa de quién sean, incluso en los días más calurosos. Mi madre, a minha mãe, frunce el ceño, le enoja lo que considera mi tendencia a emperifollarme. Solo las malas mujeres usan zapatos de tacón alto. Me dice que soy peligrosa y alocada, pero cede y permite que me calce los zapatos desechados en la casa de la senhora, puntiagudos, con un tacón roto y el otro desgastado y una hebilla en el empeine. El resultado, según Lina, es que mis pies son inútiles, siempre serán demasiado delicados para la vida y jamás tendrán las fuertes plantas, más duras que el cuero, que la vida requiere. Lina tiene razón. Florens, me dice, estamos en 1690. ¿Quién más en estos tiempos tiene las manos de esclava y los pies de dama portuguesa? Así pues, cuando parto en tu busca, ella y la señora me dan las botas del señor, apropiadas para un hombre pero no para una chica. Las rellenan con heno y cascabillo grasiento y me dicen que esconda la carta dentro de la media, aunque me pique el lacre. Sé leer, pero no leo lo que la señora escribe y lo que Lina y Dolor no pueden leer. Sin embargo, sé lo que he de decir a cualquiera que me detenga.

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