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14Feb, 2011

MARK TWAIN; Autobiografía

Escrito por: corto-cortes el 14 Feb 2011 - URL Permanente

Mark Twain (1835-1910), (realmente se llamaba Samuel Langhorne Clemens), pidió que sus memorias no se publicasen hasta 100 años después de su muerte. Sus herederos no le hicieron caso y publicaron (en 1924, 1940 y 1959) versiones censuradas o mutiladas de sus escritos. Ahora se publican en su integridad. El primer volumen está cosechando gran éxito en los EEUU. Es este extracto que publica La nación se puede leer el relato de un divertido incidente matrimonial:

Viernes 9 de febrero de 1906

El comentario de Susy sobre mi lenguaje subido de tono me perturba [...]. Durante los primeros diez años de mi vida de casado, mantuve un discreto y constante control de mi lengua mientas estaba en la casa, y salía y recorría cierta distancia cuando las circunstancias me excedían y me obligaban a buscar alivio. Atesoraba el respeto y la aprobación de mi esposa muy por encima del respeto y la aprobación del resto de la raza humana. Temía el día en que ella descubriera que yo no era más que un sepulcro blanqueado, cargado de lenguaje reprimido. Durante diez años fui tan cuidadoso que no dudaba de que mi represión era exitosa. Por lo tanto era casi tan feliz con mi culpa como si hubiera sido inocente.

Pero finalmente un accidente me dejó al desnudo. Una mañana fui al baño a arreglarme, y por descuido dejé la puerta entornada unos centímetros. Era la primera vez que no tomaba la precaución de cerrarla correctamente. Conocía perfectamente la necesidad de hacerlo sin falta, porque afeitarme siempre era para mí un verdadero suplicio que me ponía a prueba, y rara vez podía superarlo sin recurrir a alguna manifestación verbal. Esta vez me encontraba desprotegido, sin siquiera sospecharlo. No tuve problemas extraordinarios con mi navaja en esa ocasión, y pude arreglármelas tan sólo con refunfuños y gruñidos indecorosos, pero que no eran ruidosos ni enfáticos... nada de exclamaciones ni aullidos. Después me puse una camisa. Mis camisas son un invento mío. Están abiertas atrás, y allí se abotonan... cuando tienen botones. Esta vez el botón faltaba. Mi temperamento ascendió varios grados en un segundo, y mis comentarios subieron de tono de manera acorde, tanto en volumen como en vigor de expresión. Pero no me preocupé, porque la puerta del baño era sólida y supuse que estaba bien cerrada. Abrí la ventana de un tirón y arrojé la camisa afuera. Cayó sobre los arbustos, donde la gente en camino hacia la iglesia podría admirarla si lo deseaba: había tan sólo unos quince metros de hierba entre la camisa y los transeúntes. Todavía gruñendo como un trueno distante, me puse otra camisa. También le faltaba el botón. Subí los decibeles de mi lenguaje para enfrentar la emergencia, y arrojé la nueva camisa por la ventana. Estaba demasiado furioso -demasiado enloquecido- para examinar la tercera, así que directamente me la puse con gran irritación. Una vez más le faltaba el botón, y la camisa salió por la ventana detrás de sus camaradas. Luego me incorporé, reuní todas mis reservas, y solté la lengua como en una carga de caballería. En medio de mi gran ataque, advertí la puerta entreabierta y quedé paralizado.

Me llevó un buen rato terminar mi arreglo personal. Alargué ese tiempo innecesariamente tratando de decidir qué era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias. Traté de concebir la esperanza de que la señora Clemens estuviera dormida, pero sabía que no era así. No podía huir por la ventana. Era angosta y sólo adecuada para que salieran las camisas. Finalmente, tomé la decisión de entrar despreocupada y descaradamente al dormitorio con el aire de una persona que no ha hecho absolutamente nada. Recorrí con éxito la mitad del trayecto. No dirigí la mirada hacia ella, porque eso no me daba seguridad. Es muy difícil dar la apariencia de que uno no ha hecho nada cuando los hechos son exactamente opuestos, y a medida que avanzaba sentía que mi confianza se evaporaba. Apunté hacia la puerta de la izquierda porque era la que estaba más lejos de mi esposa. Nadie la había abierto desde el día que se construyó la casa, pero ahora me parecía un refugio providencial. La cama era esta misma en la que ahora estoy acostado, y dictando estas historias cada mañana con total serenidad. Era este mismo armazón veneciano elaboradamente tallado -el más cómodo que existió nunca, con espacio suficiente para toda una familia, y cantidad de ángeles tallados en sus columnas espiraladas y su cabezal y su listón a los pies para dar tranquilidad y sueños placenteros a los durmientes-. Tuve que detenerme en la mitad de la habitación. No tenía la fuerza necesaria para seguir adelante. Creía estar atravesado por una mirada acusadora... y que incluso los ángeles tallados me traspasaban con ojos poco amigables. Todos conocen la sensación que se tiene cuando uno está convencido de que, a sus espaldas, alguien lo mira con fijeza. Hay que volver el rostro... nadie puede evitarlo. Yo me volví. La cama estaba colocada tal como está ahora, con los pies donde debería estar la cabecera. Si hubiera estado colocada como debería, la altura del cabezal me hubiera protegido. Pero el listón de los pies no era suficiente protección, porque me dejaba al descubierto. Estaba expuesto. Completamente desprotegido. Me volví porque no pude evitarlo... y mi recuerdo de lo que vi aún es vívido después de todos los años transcurridos.

Sobre las almohadas vi la cabeza negra... vi esa cara joven y bella, y vi en esos hermosos ojos algo que nunca antes había visto. Centelleaban y relampagueaban con indignación. Sentí que me desmoronaba. Sentí que me reducía a la nada bajo esa mirada acusadora. Permanecí en silencio ante ese fuego desolador durante casi un minuto, diría... Pareció un tiempo muy, muy largo. Después los labios de mi esposa se separaron, y de ellos brotó... el último comentario que yo había hecho en el baño. El lenguaje era perfecto, pero la expresión era aterciopelada, poco práctica, como de aprendiz, ignorante, inexperta, cómicamente inadecuada, absurdamente débil y totalmente incompatible con ese gran lenguaje. Nunca en mi vida había escuchado algo tan desafinado, tan poco armonioso, tan incongruente, tan inapropiado como esas poderosas palabras cantadas al son de una música tan débil. Traté de no reírme, porque era una persona culpable que necesitaba con urgencia piedad y clemencia. Traté de no soltar la carcajada, y lo logré... hasta que ella dijo, con la mayor gravedad: "Ahí tienes, ahora sabes cómo suena".

Entonces estallé; el aire se llenó de mis fragmentos, y se los oía pasar zumbando. Dije: "¡Oh, Livy, si suena así jamás volveré a hacerlo!"

Y entonces ella también rompió a reír. Ambos nos convulsionamos de risa y seguimos riéndonos hasta que estuvimos físicamente exhaustos y espiritualmente reconciliados.

Traducción: Mirta Rosenberg

Más información en ADN Cultura

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27Ene, 2011

GEORGE SAND & FLAUBERT; Vida vs. Obra.

Escrito por: corto-cortes el 27 Ene 2011 - URL Permanente

Otro de los asuntos en los que no están de acuerdo George Sand y Gustave Flaubert es en qué debe ser más importante para el escritor su vida o su obra. George Sand da prioridad a la vida, sus experiencias da fe de ello. Gustave Flaubert, que se sabe un gran artista, entiende que su obra es merecedora de todos los sacrificios.

Extracto lo referente a este tema de la correspondencia que estos dos escritores mantuvieron entre 1866 y 1876 recogidas en la magnífica edición de Marbot ediciones

18/09/1868 Sand escribe a Flaubert.


He retomado una novela sobre el teatro de la que había dejado una primera parte en mi despacho, y me baño todos los días en un pequeño torrente helado que me vapulea y me hace dormir como un bebe. ¡Qué bien se está aquí con estas dos niñitas (sus nietas) que ríen y charlan de la mañana a la noche como pájaros, y qué estupidez ponerse a componer y tramar ficciones, cuando la realidad es tan cómoda y agradable! (…) No hay nada más interesante en mi vida que los otros.

21/12/1868 Sand a Flaubert.


A ti te exceptúo de todo esto (está criticando a los escritores franceses), tú que haces una vida de excepción, y yo me exceptúo a causa de un fondo de bohemia despreocupada que he conservado. Pero yo no sé insistir y pulir, y amo demasiado la vida, me distraigo demasiado en los aliños, en todo lo que no es el plato principal, para ser verdaderamente una literata. Tengo mis ataques, pero no me duran. ¡La existencia en que uno no sabe nada de su yo es tan buena, y la vida en que uno no interpreta ningún papel, un espectáculo tan hermoso de ver y escuchar! Cuando tengo que entregarme a fondo, saco fuerzas del coraje y la resolución, pero ya no me divierto. De ti, trovador apasionado, sospecho que te divierte tu oficio más que nada en el mundo. A pesar de lo que dices, bien podría ser que el arte fuese tu única pasión, y que tu enclaustramiento, que me enternece, tonta de mí, fuese tu jardín de las delicias. Ojalá fuese así, pero reconócelo, para tranquilizarme.

El 1/01/1869. Noche de fin de año a la 1. (Ya es significativo que esa madrugada se ponga a escribir) Flaubert responde a Sand.

En cuanto a mi pasión por el trabajo, yo la compararía con un prurito. Me rasco gritando. Es al a vez un placer y un suplicio. ¡Y no hago nada de lo que no quiero! Porque uno no escoge sus temas. Ellos se imponen. ¿Encontraré alguna vez el mío? ¿Me caerá del cielo una idea que encaje completamente con mi temperamento? ¿Podré hacer un libro donde me dé todo entero?

(…) ¿Qué “el enclaustramiento al que me condeno es mi jardín de las delicias”? ¡No! Pero ¿Qué le voy a hacer? Embriagarse con tinta es mejor que embriagarse con aguardiente. ¡La musa, por muy esquiva que sea, da menos dolores de cabeza que La Mujer! No puedo compartir la una con la otra. Hay que escoger. ¡Mi elección está hecha desde hace mucho! Queda el tema de los sentidos. Siempre han sido mis servidores. Incluso en la época de mi más tierna juventud, he hecho con ellos absolutamente lo que he querido. Estoy cerca de los 50 ¡y ya no es precisamente su fogosidad lo que me estorba!

Este régimen no es tan terrible; lo admito, hay momentos de vacío y de terrible aburrimiento. Pero se van volviendo más y más raros a medida que uno envejece. En fin, ¡vivir me parece un oficio para el cual no estoy hecho! ¡Y sin embargo!

El 17/01/1869 Sand a Flaubert.


(…) No hay ser más sereno y más feliz en su interior que este viejo trovador (habla de ella misma) retirado de los asuntos del mundo, que canta de tanto en tanto su pequeño romance a la luna, sin preocuparse de cantar bien o mal, porque canta lo que le pasa por la cabeza, y que, el resto del tiempo, pasea deliciosamente. No ha estado tan bien como ahora (sigue hablando de ella). Cometió la estupidez de ser joven, pero no hizo daño, ni conoció las bajas pasiones, ni vivió para la vanidad, goza de la felicidad de ser apacible y divertirse con todo.

El 26/02/1872 Flaubert a Sand.


He seguido sus consejos: me he distraído. Pero eso me divierte mediocremente. Decididamente no me interesa otra cosa que la sacrosanta literatura.

El 28/02/1872 Sand a Flaubert.


Nosotros 5 (ella, su hijo Maurice, su nuera y sus 2 nietas) nos amamos apasionadamente, y la sacrosanta literatura, como tú la llamas, es secundaria para mí en la vida. Siempre he amado a alguien más que a ella, y a mi familia más que a nadie.

El 3/03/1872 Flaubert responde a Sand. Aquí parece que Gustave F. se asusta de sí mismo.

¡No! La literatura no es lo que amo más en el mundo. Me expliqué mal (en mi última carta). Le hablaba a usted de distracciones, y de nada más. No soy tan repelente como para preferir las frases a los Seres. Con la edad mi sensibilidad se exaspera. Pero la materia es sólida y la máquina sigue funcionando. Por otra parte, después de la guerra de Prusia, no puede haber peor embrutecimiento.

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09Dic, 2010

TENNESEE WILLIAMS; Diarios y locura.

Escrito por: corto-cortes el 09 Dic 2010 - URL Permanente

Hace unos años leí las memorias (editadas por Bruguera) del dramaturgo Tennesse Williams. Me pareció un libro divertido y muy interesante. Williams relataba fríamente y con poco detalle el alcoholismo de su padre, la locura de su hermana Rose y sus problemas con las drogas y la depresión. Se detenía, sin embargo, al contarnos sus viajes, sus relaciones con los artistas de Hollywood, su trabajo de escritor y sus amores. Sobre la enfermedad mental de su hermana llega a bromear:

Pág. 70

A mi regreso a casa, Rose sufrió su primera crisis mental de carácter manifiesto…

La recuerdo entrando en mi pequeño dormitorio y diciendo: “Muramos todos juntos.”

La proposición no me seducía en lo más mínimo.

Pág. 376

Williams comenta a su hermana, ya una mujer madura, un posible viaje a Inglaterra y bromea diciéndole que puede presentarle a la reina.

Rose contestó: “ La reina de Inglaterra soy yo.”

Imagino que cuando se vive en un mundo de ensueño resulta agradable ser su reina.

Rose adopta a menudo un aire majestuoso que parece completamente natural. Cuando entra en un restaurante saluda con la mano o cumplimenta con un breve cabeceo a desconocidos.

Esta noche reclamaban especialmente su atención los niños con que nos cruzábamos en nuestro corto paseo por el parque. Los saludaba gozosa con la mano, y ellos le correspondían.

- ¿Quién era ese chiquillo Rose?

- Mi hijo –me respondió.

(¿El heredero de la corona de Inglaterra?)

(…)

Y ¿he mencionado su actual convencimiento de que mamá (¿la reina madre?) se encuentra entre los pacientes de Stoney Lodge (sanatorio mental de Rose)? Tatiana dice que al encontrarse con esa madre inventada le da una palmadita en la espalda y saluda: “Hola mamá.” Y sin recibir respuesta ni esperarla, continúa su camino.

Williams no estaba frivolizando, solo, siendo educado. La educación es hacer la vida fácil a los demás. T. W. tuvo una vida muy dura y por educación y elegancia intentaba que el lector de sus memorias no reviviera los desagradables momentos que sembraron su vida. Utilizo “sembraron” con toda la intención porque esos traumas lo llevaron, o mejor lo obligaron, a escribir sus maravillosas obras de teatro: “Un tranvía llamado deseo”, “La gata sobre el tejado de zinc caliente” y “El zoo de cristal” son algunos ejemplos.

Como hace 2 días dijo Mario Vargas Llosa en Estocolmo, se escribe para poner un orden en el caos que es la vida. T. W. es uno de los mejores ejemplos. Margaret, la gata, de su obra de teatro“La gata sobre el tejado…” lo dice muy claramente en el primer acto:


Cuando algo se te graba en la memoria o en la imaginación, la ley del silencio no sirve, es como cerrar con lave la puerta de una casa en llamas. Para olvidar que está ardiendo. El fuego no se apaga si no nos enfrentamos a él. Silenciar una cosa solo la magnífica. Crece y se enquista con el silencio se vuelve maligna…

En mi querida librería Robinson Crusoe 389 (C/ Istiklal, Istanbul) encontré hace dos semanas una joya. Se trata de la edición de los diarios de Tennesse Williams. Con el título de Notebooks la editorial Yale University Press publicó (en Ingles) el trabajo de Margaret Bradham Thorton.. En más de 800 páginas Margaret transcribe los diarios y en sus 1090 notas nos ayuda a entender todas y cada una de las entradas situándolas histórica y biográficamente. La Sra. Thorton rescata abundantes fotos y cartas que amplían información sobre lo que, de puño y letra, escribió T.W. en sus cuadernos. La primorosa edición además nos regala, en muchas páginas, las frases originales que el dramaturgo garabateo con esa letra tan personal.

En unas memorias se pueden suavizar ciertas cosas, en un diario se escribe a bocajarro, en caliente. T.W. pone blanco sobre negro sus sentimientos y traumas según le salen de su subconsciente. El dramaturgo no se preocupaba de si aquello lo iba a leer alguien. Sus cuadernos eran una forma de desahogo como lo eran sus obras teatrales, la pintura, el sexo y la natación, todo lo cual practicaba por necesidad: Había que sacar fuera toda aquella ansiedad.

La enfermedad mental de Rose, su hermana es, en mi opinión, lo que más marcó psicológicamente a T. W.:

En la nota 65 pág.40:

Rose Isabel Williams (1909-96) la hermana de T. W. era mayor que él solo 16 meses. De niños estuvieron muy unidos. Desde su adolescencia mostró signos de depresión profunda y conducta errática. Aunque empezó a ver a psiquiatra en 1930 su conducta no mejoró. Con la enfermedad su relación con T.W. se deterioró. Como T.W. también tenía una relación difícil con su padre. Diagnosticada en 1937 con Demencia precoz (termino con que se empezó a llamar lo que ahora conocemos como Esquizofrenia) Rose fue sometida a tratamiento de Shock con Insulina y a lobotomía prefrontal en 1943. Rose estuvo internada toda su vida. T.W. intento, en las temporadas de mejoría, llevarla a vivir con él.

T. W. basó muchos de sus personajes en su hermana: La Blanch de “Un tranvía llamado deseo” y Hannah de “La noche de la Iguana” son los ejemplos más conocidos.

En la nota 294 de la pág. 176 se transcribe un informe médico sobre Rose de agosto de 1939:


No trabaja. Manifiesta manía persecutoria. Sonríe cuando cuenta los complots que organizan contra ella para matarla. Hable de forma libre y con un discurso irrelevante. Tiene alucinaciones auditivas. Se masturba con frecuencia y presenta delirios somáticos, los cuales tienen una explicación sexual. Su memoria ara recuerdos remotos es nula. Buen apetito. Bien alimentada.

El lunes 25 de enero de 1937 pág. 73 (T.W. tiene 25 años) escribe:

Tragedia. Escribo esta palabra conociendo todo el significado que tiene. No tenemos muertes en nuestra familia pero poco a poco esta ocurriendo algo mucho más feo y terrible que la muerte. Ahora ya no tenemos más remedio que verlo, que reconocerlo. Solo pensarlo me produce un dolor sordo. ¡Un horror!

Tengo exámenes finales pero no puedo estudiar. Su (se refiere a su hermana) presencia en casa es un …Ahora debo dejar de escribir y empezar a estudiar Griego. Oh, por supuesto, el Griego es tan importante justo ahora.

En la nota 115, que se refiere a la entrada de ese día, la editora nos cuenta que T.W. escribe bajo el efecto de los problemas que su hermana está ocasionando por su estado mental. Sus padres, intentando que mejore, la han mandado a casa de la tía Ella a pasar las navidades. A la vuelta debieron pasar toda la noche en la estación debido a las inundaciones y eso ha alterado mucho a Rose.

El mismo día 25 de enero de 1937 Edwina (la madre de T.W.) le cuenta a sus padres la situación en una carta:

…La última vez que la llevé al Dr. Alexander le dijo que lo que necesitaba era casarse. Ha estado desvariando con el asunto del “sexo” desde entonces. Anoche pasé mucha vergüenza cuando Tom (T.W) y Dakin (hermano pequeño) tuvieron que escuchar todo aquello que Rose dijo. Se pusieron tan nerviosos que no sé cómo van a afrontar los exámenes finales que tienen esta semana.

(…)

Vivir en la misma casa con Cornelius (padre de T. W.) ya es bastante duro. Vivir con los dos (Cornelius y Rose) bajo el mismo techo es terrible y podría terminar ocurriendo algo irremediable.

En otra carta fechada el 11 de mayo de 1937, Edwina (nota 162 pág. 90) cuenta a sus padres una de las visitas que hizo con T.W. al sanatorio a ver a Rose. Edwina cuenta que la impresión que aquello causó en Tom fue tan dura que teme que pueda acabar como Rose y manifiesta que no podría soportar tener a dos de sus hijos allí dentro.

T. W., a su vez, temía terminar como su hermana.

El día 13 de junio de 1937 escribe:


Hoy quería haber ido a nadar pero mi madre me recordó que tengo la nariz magullada. Cabreado y aburrido. Me pregunto si terminaré como Rose. Dios lo prohíba. Mi obra va mal. ¿Es que nunca conseguiré escribirla? Debo dar un largo paseo esta tarde e intentar recobrar mi aplomo espiritual. Al menos hoy no hay “blue devils” (se puede referir a la tristeza).

El día 24 de junio de 1937 se confirma el diagnostico de Rose como enferma mental.

Escribe ese día T.W.:

Si yo fuera capaz de mantener mi equilibrio mental me podría considerar un hombre afortunado.

Me pregunto cómo conseguiré sobrevivir este verano. ¿Con el mismo viejo método de compromiso y evasión?

El miércoles 17 de noviembre de 1938 escribe:

Visité el sanatorio y vi a Rose. Ella esta como medio dormida. Estaba tranquila y se sentó con nostros en una habitación soleada llena de flores. Contestaba “si” a todo lo que le preguntábamos, parecía confundida. Algunas veces sus ojos se llenaban de lágrimas, igual que los míos. Solo aquel perrito la mantenía pendiente. De golpe dıjo: “! No me puedo creer que esté vivo! Se refería al perrito. Supongo que aquella expresión se debe a que ella sempre ha estado preocupada por su merte. Extraño, triste.

No he visto a nadie últimamente –una vida un tanto sonámbula- ¡Quizás tengo algo de la enfermedad de mi hermana?!

El miércoles 20 de diciembre de 1939, pág. 177, escribe:


He visitado a Rose en el sanatorio –¡horrible, horrible! Habla de forma tan obscena – se rie y dice obscenidades continuamente. Mi madre insistió en que entrase, aunque estaba asustado y quería quedarme fuera. El doctor nos dijo que no había esperanza que lo único que podía ocurrir era que empeorase. Fue una prueba terrible, sobre todo desde que temo ese mismo fin para mi mismo. Vida. Vida, cuan incomprensible y brutal puedes llegar a ser. ¿Por qué? Esta pregunta es demasiado vieja. No se deben repetir estas viejas preguntas excepto en el arte donde podemos darles, posiblemente, una forma de expresión poética. Pero ahora todo parece feo e inútil. Despues de todo su (el de Rose) subconsciente desnudo no parece más feo que los pensamientos ocultos de otros. Y, ¿el sexo es malo? No esencialmente. Pero cuando el sexo está separado de la razón parece algo viscoso y mugriento. Debe ser terrible no ser capaz de razonarlo. Pobre criatura loca. Ojalá esto no te aterrorizara tanto y no te hiciera parecer tan asustado.

T. W. comienza a tener pesadillas con su hermana y las transcribe en sus diarios.

El día 6 de diciembre de 1948 escribe:

Entonces me volví a dormir y soñé con ella otra vez. En un determinado momento yo estaba tumbado en su cama, una cama color marfil: pero no fue un sueño incestuoso, aunque me siento perdido cuando intento explicarlo. Yo estaba de pie, desnudo. Oí pasos y salte dentro de la cama, me di cuenta de que era la cama de mi hermana. Ella entró en a habitación, me habló enfadada y tiró de la cubierta. Yo luchaba para no dejar al descubierto mi desnudez. Ella se apartó enfadada mientras yo aproveché para ponerme rápidamente de pie. Entonces me desperté.

Leyendo las entradas en sus diarios comprendes de dónde vienen los temas de la obra de T.W. Algunos críticos acusaron a Tennesee Williams de melodramático. La lectura de este libro deja bien claro la profundidad y verdad su arte. Como él escribió: “hay algunas preguntas que no se deben repetir excepto en el arte donde podemos darles una expresión poética”. Tennesee Williams se mantuvo cuerdo hasta el final gracias a su escritura. a su arte.

Liz Taylor & Paul Newman en "Una gata sobre el tejado de zinc..."

Vivien Leigh & Marlon Brando en "Un tranvía llamado deseo".

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05Nov, 2010

ROBERTO BOLAÑO; Su vida.

Escrito por: corto-cortes el 05 Nov 2010 - URL Permanente

Encuentro estas palabras de Roberto Bolaño en un documental sobre su vida que TVE ha emitido recientemente:


Escribir, por otra parte, no es lo más importante. Lo más importante es leer. Yo no podría pasar un año sin leer nada. Uno empieza comprando libros, o robándolos, y termina leyéndolos pero en mi caso ya es una obsesión. Compro libros y a veces ni siquiera los leo, solo los acaricio. Tengo muchos libros y algunos no los he leído y sé que no los voy a leer jamás, pero de cuando en cuando los ojeo pues me gusta tenerlos cerca.

Roberto Bolaño (Santiago de Chile 1953 – Barcelona 2003)

Roberto Bolaño en turco.

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31Oct, 2010

DUHAMEL; Consejo a un joven escritor.

Escrito por: corto-cortes el 31 Oct 2010 - URL Permanente

En un artículo de Kenzaburo Oe, escritor japonés premio Nobel de 1994, que hoy publica EL PAÍS encuentro este consejo que Georges Duhamel da a un joven aspirante a escritor en su libro La misión de la literatura:


"Entonces, joven, vive la vida ante todo. Bebe abundante leche de la ubre de la vida para nutrir tus futuras creaciones. ¿Dices que quieres escribir buenas novelas? Hazme caso entonces y embárcate en algún puerto. Recorre el mundo ganándote el sustento con modestas ocupaciones, y soporta la pobreza. No te apresures a tomar la pluma. Sométete al dolor y al sufrimiento. Aprende con las miles de personas que encuentres a tu paso. Y cuando te doy estos consejos, quiero decir que jamás trates de esquivar la angustia que te ocasionen los demás o las adversidades que tengas que experimentar para hacerlos felices. (...) ¿Quieres escribir buenas novelas? ¡Óyeme bien, entonces! Antes que nada, trata de olvidar ese deseo. Emprende un viaje sin pensar en un rumbo fijo. Agudiza la vista, el oído, el olfato y el apetito. Espera con el corazón abierto. Tal como hizo Cervantes".

George Duhamel.

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18Oct, 2010

TENGO UNA VISTA PARECIDA A LA DE PAMUK

Escrito por: corto-cortes el 18 Oct 2010 - URL Permanente

Juro que cuando ayer escribí el post anterior no sabía que la revista ADN Cultura había publicado el día anterior este texto y dibujo que copio a continuación. Me hace muy feliz pensar que el gran escritor turco y yo vemos lo mismo, con diferentes perspectivas, desde nuestras ventanas:




Pamuk, frente al Bósforo.

El autor de Me llamo Rojo explica qué se siente al escribir una novela histórica mirando el escenario de los hechos

"Paso casi todo el tiempo que dedico a escribir dando forma mentalmente a la oración siguiente. Cuando mi mente está ocupada con las palabras, mis ojos, por sí mismos, se desvían de la página y de la punta de la lapicera.

Éste es el paisaje que he contemplado por mi ventana de Estambul durante los últimos quince años. A la izquierda está Asia y en el medio está el Bósforo y su apertura hacia el mar de Mármara, así como las islas a las que he ido cada verano durante 58 años. A la derecha está la entrada al Cuerno de Oro y la parte de la ciudad que los residentes de Estambul llaman la Ciudad Vieja, sede de la dinastía otomana durante cuatro siglos, incluyendo el Palacio Topkapi, Santa Sofía y la Mezquita Azul.

A veces declaro con orgullo que soy un escritor que escribió una novela histórica, Me llamo Rojo , que transcurre en una locación que está constantemente ante mis ojos. A la popular pregunta que formulan los invitados curiosos y los periodistas visitantes ("¿Esta vista maravillosa no lo distrae?"), mi respuesta es no. Pero sé que alguna parte de mí está siempre ocupada con alguna parte del paisaje, siguiendo los movimientos de las gaviotas, los árboles y las sombras, avistando barcos y asegurándose de que el mundo está siempre allí, siempre interesante, siempre un desafío si se quiere escribir sobre él: una garantía que un escritor necesita para seguir escribiendo y que el lector necesita para seguir leyendo. "

Traducción: Mirta Rosenberg
Imagen ©2010, Matteo Pericoli
Texto ©2010, Orham Pamuk

Pamuk, frente al Bósforo

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21Sep, 2010

ANTONIO MUÑOZ MOLINA; Escribir novelas.

Escrito por: corto-cortes el 21 Sep 2010 - URL Permanente

En Babelia, Antonio Muñoz Molina, sobre el oficio de escribir y sobre Vargas Llosa.

Sobre lo que es una novela:

..ese desafío supremo del arte de contar que consiste en resumir el mundo o una parte significativa de él en las páginas de una historia: dar forma al mundo, encerrarlo, y al mismo tiempo expresar su vitalidad y su desorden; contar las cosas como son y a la vez erigir un modelo autosuficiente, un mapa o una maqueta a escala que ofrezca la forma inteligible de una fábula y sugiera las zonas de incertidumbre y de oscuridad de la experiencia verdadera, que son las de los límites del conocimiento.

Sobre el oficio de escribir y sobre Vargas Llosa:


En Vargas Llosa lo que uno descubría era el tesón diario del trabajo de novelista. Una novela no procedía de una iluminación arrebatada, sino que era el resultado de una construcción cuidadosa y metódica, en la que el escritor actuaba al mismo tiempo como arquitecto y como albañil y cantero, con una perseverancia que tenía algo de dedicación artesanal y de arduo ejercicio de ascetismo. Por la misma época en la que yo leía y releía La casa verde y Conversación en La Catedral examinándolas por dentro para saber cómo estaban hechas -por algún motivo, uno no se hacía esas preguntas con Cien años de soledad- cayó en mis manos un ejemplar de Cuadernos para el Diálogo en el que venía un largo ensayo de Vargas Llosa dedicado a Flaubert y al proceso de escritura de Madame Bovary. Su efecto fue tan poderoso como el de los cuentos de Borges o los de Onetti, o como el de la primera lectura de Absalom, Absalom o Santuario. Recorté aquellas páginas de la revista y las leí no sé cuántas veces, subrayando casi cada frase con aprobación fervorosa. Lo que hacía Vargas Llosa en aquel ensayo que luego se convirtió en uno de sus mejores libros, La orgía perpetua, era estudiar Madame Bovary desde el interior de la conciencia del novelista que la iba escribiendo, sobre todo a través de las cartas de Flaubert a Louise Colet, y trenzar el relato y el análisis con una confesión personal: la del joven escritor, él mismo, que alimenta su vocación de novelista leyendo una novela suprema e identificándose con el tormento, la exasperación, la contumacia solitaria de su héroe.

Había que saber a lo que uno se arriesgaba si elegía ese oficio: el precio de lograr una novela podía ser la propia vida. Flaubert había dedicado cinco años de la suya a Madame Bovary, y más tiempo todavía a La educación sentimental. Escribir sería encerrarse en el cuarto de trabajo como en una celda y no tener nunca asegurado no ya el resultado final, ni siquiera la próxima página, la próxima frase arrancada al vacío del papel con un esfuerzo agotador. Joven y desconocido, extranjero, Vargas Llosa había leído Madame Bovary en un cuarto de hotel barato de París en los años cincuenta. Yo leía su ensayo en una habitación de estudiante en Granada veinte años después. No tenía ninguna perspectiva razonable de convertirme en novelista, pero tampoco él las había tenido a esa misma edad.

Uno escribe los libros y no puede saber el lugar que a veces llegan a ocupar en las vidas de otras personas. Las influencias van modelando el estilo, pero también afectan a veces el curso de la vida.

Muñoz Molina presentó hace unos días, junto a Vargas Llosa, el libro de Gª de la Concha: Cinco novelas en clave simbólica que se publica en breve por Alfaguara: Las cinco novelas son:

“La casa verde", de Vargas Llosa; "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez; "Madera de boj", de Camilo José Cela; "Volverás a Región", de Juan Benet, y "Sefarad", de Muñoz Molina.

Portada de Cinco novelas en clave simbólica

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30Jun, 2010

KLAUS MANN y Stefan Zweig; El condenado a vivir.

Escrito por: corto-cortes el 30 Jun 2010 - URL Permanente

El escritor Klaus Mann ( Munich, Alemania 1906- 1949) es el primogénito de los seis hijos que Thomas Mann (premio Nobel de literatura de 1929) tuvo con su esposa Katia. Klaus escribió poesía, novelas y numerosos ensayos, artículos y cartas. Vivió abrumado por el peso literario de su famoso y premiado padre y terminó suicidándose. Thomas Mann respondiendo a la carta de pésame de Herman Hesse criticó duramente a su hijo diciendo que:

"Mis relaciones con Klaus eran difíciles y de ninguna manera exentas de un sentimiento de culpabilidad, ya que mi existencia siempre arrojó de antemano una sombra sobre la suya... Klaus trabajaba demasiado rápido y con demasiada facilidad; eso explica algunos de los defectos y negligencias de sus libros".

El Nadir ediciones publicó en 2006 una recopilación de pequeños ensayos y artículos de Klaus Mann titulado, con toda intención, El condenado a vivir porque el suicidio rondó su vida de forma insistente.

En la introducción que escribe el editor en castellano siguiendo la de la edición francesa se dice:


Klaus Mann oscila constantemente entre dos polos que son el deseo de vivir y la tentación de morir, la esperanza y la desesperación. Son suyas las líneas que reproducimos, escritas con motivo del suicidio de su amigo de infancia Ricki Hallgarten en 1932 que pueden aplicarse a él: “ Todo iba bien. La vida le ofrecía muchas posibilidades. Pero él pensaba que la vida era en si misma una maldición insoportable. Al mismo tiempo él la deseaba todavía. Probaba con todas sus fuerzas que fuera este amor el que triunfase y no las tinieblas. Su voluntad esta del lado de la vida. No podríamos decir que él “quería” morir; quería vivir, con toda seguridad. Pero la enfermedad de la muerte le perseguía como un asesino a la victima. Acabó por no poder resistir… Fue un largo combate. Con espantosa insistencia, las tendencias oscuras, acabaron por aniquilarle, anegarle”.

Klaus admiraba a Stefan Zweig como literato y como persona. Le maravillaba el entusiasmo con que el austriaco afrontaba la vida y su profesión. Lo tenía como un ejemplo de ganas de vivir. Por eso el suicidio de Zweig en Petrópolis (Brasil) en 1942 lo impresionó mucho. En El condenado a vivir se incluye un artículo en el que Mann intenta explicarse el suicidio de Zweig:

Pág. 99

Con la muerte de Stefan Zweig no sólo desaparece una de las figuras más representativas de la literatura moderna, sino también un hombre eminente y muy bien informado, un mecenas, y un auténtico enamorado de las letras.

“Enamorado” parece la palabra más adecuada para describir la actitud de Zweig hacia la vida y hacia la literatura. Tenía una curiosidad inmensa, siempre andaba ávido de nuevas aventuras intelectuales y estaba listo para vivirlas. Con fervor y celo, no dejó de explorar ni de elogiar los aspectos continuadamente nuevos del universo literario.

(…)

Zweig, [dice K.Mann] no espera ni pretende cambiar el mundo escribiendo; su única ambición es atenuar la violencia del sufrimiento humano haciéndonos más conscientes de sus raíces y sus causas.

Sobre el suicidio de Zweig escribe:

Los que no se van quedan abrumados y desorientados por completo. Algunos critican en secreto al maestro por su falta de valor. Otros, al contrario, piensan que su acto es heroico y sienten admiración.

¡Qué simples y arrogantes son nuestros juicios frente al aplastante realidad de la muerte, al drama inefable del suicidio! ¿Tuvo “razón” al desprenderse de su propia vida? ¿Era un derrotista? ¿Su suicidio afecta la validez de su obra? Y si la respuesta es sí, ¿en qué medida? Ésta es la única pregunta que tiene sentido. Nuestros criterios ya no son aplicables a Stefan Zweig como persona, pues forzosamente nuestros conceptos morales provienen de la idea de que la vida en sí es preciosa y vale la pena vivirla. Quien por el contrario, renuncia a la vida triunfa de un modo automático con una moral que pierde su pertinencia en el vacío de la eternidad.

Erica Mann, su querida hermana, grabó en su tumba las palabras del evangelio: “Aquel que busca salvar su vida la perderá, pero quien pierde su vida la encontrará”.

La familia Mann.

Stefan Zweig

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15Mar, 2010

DAVID GROSSMAN; Escritor.

Escrito por: corto-cortes el 15 Mar 2010 - URL Permanente

En los próximos días Lumen publica La vida entera la última novela del escrito israelita. Grossman (Jerusalén, 1954) conforma, junto con Amos Oz y A. B. Yehoshúa, la santísima trinidad de las letras israelíes de los últimos 20 años.

En la segunda guerra del Líbano, Grossman perdió a su hijo Uri, de 20 años. Uri era sargento destinado en una unidad de tanques del ejército judío.

En la edición de Babelia de 6 de marzo de 2010 le hacen una larga entrevista. Entresaco algunas frases:


Escribir es la única manera que tengo de entender mi vida. Sé que si no escribo sobre algo no lo comprenderé. Así de simple. Ni mi vida matrimonial, ni la paternidad, ni ser hijo, lo que significan ciertos deseos y urgencias, lo que significa ser un israelí tras la Shoá, hablar en hebreo...

(…)

En mi literatura quiero documentar con la máxima resolución posible la vida en Israel. Porque es única. Quiero describir los matices de nuestros sentimientos, ansiedades, trampas interiores y cómo la historia a veces nos asfixia.

(…)

Siempre he estado muy interesado en los dramas familiares. Los mayores dramas de la historia de la humanidad no ocurrieron en campos de batalla, en palacios o parlamentos. Sucedieron en cocinas, en dormitorios o en cuartos de niños.

(…)

Los políticos suelen ser gente asustada. Los líderes no suelen ser valientes. Para ser elegido en Israel has de ser un guerrero, porque Israel está siempre en guerra. Pero al confiar en guerreros casi nos condenamos a continuas guerras. El guerrero piensa en subyugar al otro antes de hablar con él. Pero es justo al revés. Si humillas a alguien nunca tendrás un vecino justo.

(…)

Para leer la entrevista pinchar aquí GROSSMAN

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14Mar, 2010

NOVELAS; con Nocilla.

Escrito por: corto-cortes el 14 Mar 2010 - URL Permanente

Leo un absurdo debate sobre la NOCILLA en el suplemento EL CULTURAL del viernes 12 de marzo de 2010, me descubro acariciando el lomo de mi edición encuadernada en piel de Anna Karerina de Lev Tolstoi y echo de menos aquellos autores de los siglos XVIII y XIX que solo deseaban escribir, y a ello dedicaban la mayor parte de su tiempo, sin pensar demasiado en su imagen y en la promoción de sus obras. Por ello me parecería la noticia más bonita el que fuera verdad la leyenda que dice que Salinger (autor de El guardián entre el centeno) siguió escribiendo, sin publicar, durante 40.

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