23Nov, 2009
LA NOCHE DE LOS TIEMPOS; Antonio Muñoz Molina;1.
Los muchísimos libros de historia escritos sobre
Un libro de historia no puede, o no debe, meterse en la mente para analizar los motivos que lo llevan a uno a asesinar a sangre fría a su vecino. Por ello necesitamos novelas si queremos entender a nuestros abuelos.
Los españoles de hoy somos así debido a la herencia genética y cultural de nuestros padres y abuelos. Si yo quiero llegar a conocerme bien necesito entender porque mis antepasados actuaron así. En mi mente se celebra un largo juicio en el que los españoles de hace 70 años son los imputados. Después de saber lo que la historia cuenta verifico que me faltan pruebas para dictar sentencia. Se me escapan las razones últimas de aquel odio.
La última novela de Antonio Muñoz Molina, La noche de los tiempos, Seix Barral, 2009, me ofrece pruebas, espero que sean las que necesito. He leído cinco reseñas del libro y coinciden en que el autor hace una descripción de los años anteriores a la guerra y profundos análisis psicológicos de personajes clave en aquella triste historia. Además cuenta una historia de amor que contrastará, estoy seguro, con el odio imperante y me permitirá entender con más claridad lo ocurrido.
Cuatro de las reseñas que he leído, después de ensalzar la novela como la obra cumbre del autor, critican su excesiva extensión (958 páginas). Todas las personas somos complicadas. Siempre es difícil, si no imposible, explicar de forma completa los motivos que llevan a actuar. Pero si las acciones son de tipo matar a tu hermano entonces hacen falta muchas palabras, y grandes dotes como escritor, para describir los porqués.
Llevo 200 páginas de la novela de Muñoz Molina. De momento no le sobra ni una letra. Me emociona el reto tan grande que ha asumido como suyo el autor. La tarea le puede llevar a una gran novela o a un terrible fracaso.
Los retratos psicológicos son magistrales. En la página 61 está hablando sobre Moreno Villa, pintor y poeta de
Otros más jóvenes que él se le habían acercado queriendo aprender de su experiencia y al cabo de no mucho tiempo lo habían dejado atrás sin agradecer lo que le debían: el ejemplo de su pintura y el de su conocimiento del arte moderno; el de su poesía que fue innovadora antes que la de nadie y cuya huella no reconocida estaba tan presente en los que ahora brillaban más que él. Hubiera querido que nada de eso le importara: su propio resentimiento le irritaba más que el éxito de los otros, ligeramente amargo para él incluso cuando lo consideraba merecido. Le daba tristeza no estar a la altura de lo mejor de sí mismo; no conformarse con el noble estoicismo del personaje que imaginaba, otro Moreno Villa igual de desengañado pero con el corazón mucho más sereno, poeta ya casi secreto, pintor tan ajeno a la celebridad como aquel Sánchez Cotán a quien él tanto admiraba, y que había pasado la vida culminando recónditas obrar maestras en su celda de cartujo, o como Juan Gris, persistiendo en su arte riguroso a pesar de la pobreza, a pesar del ruido del triunfo obsceno de Picasso.
Intentar entender y explicar los porqués de la guerra civil no es fácil. La tarea de Muñoz Molina tiene mucho mérito. De momento disfruto, totalmente atrapado, de la mejor novela que he leído en los últimos 10 años.
Me quedo con esa frase genial: “Le daba tristeza no estar a la altura de lo mejor de sí mismo.” ESO ES ESCRIBIR.
Seguiré informando.

31Oct, 2009
VLADIMIR NAVOKOV; Profesor.
Ediciones B está reeditando antiguos libros que merecen, por su calidad, una nueva oportunidad. Uno de ellos es Curso de literatura europea del escritor ruso/americano Vladimir Navokov (San Petersburgo 1899 – Montreux 1977).
El autor de Lolita fue profesor de literatura en una universidad americana y sus alumnos lo recuerdan con cariño y admiración.
Lo cuenta en la introducción John Updike (escritor estadounidense recientemente fallecido y eterno candidato al Nobel) cuya esposa fue alumna de Navokov.
Así opinaban sus alumnos:
Navokov fue un gran profesor, no porque enseñara la materia bien, sino por que daba ejemplo e inculcaba en sus estudiantes una actitud profunda y afectuosa hacia ella. Navokov empezaba el curso con las palabras: “los asientos están numerados. Desearía que cada uno eligiese un sitio y lo conservase siempre. Lo digo por que quiero asociar vuestras caras y vuestros nombres. ¿Estáis todos a gusto con el que habéis elegido? Bien. No habléis, no fuméis, no hagáis punto, no leáis el periódico, no durmáis y , por el amor de Dios, tomad apuntes.
La mujer de Updike recuerda:
Yo sentía que podía enseñarme a leer. Estaba convencida de que podía darme algo que me duraría toda la vida… y me lo dio.
Recuerda también el dogma central de aquellas clases de Navokov:
El estilo y la escritura son la esencia del libro; las grandes ideas son idioteces.
Decía el propio Navokov en sus clases:
Hay al menos dos clases de imaginación en el caso del lector. Veamos, pues, cual de las dos es la más idónea para leer un libro. En primer lugar está el tipo, bastante modesto por cierto, que busca apoyo en emociones sencillas y es de naturaleza meramente personal (hay diversas subespecies en este primer apartado de lectura emocional). Sentimos con gran intensidad la situación expuesta en el libro porque nos recuerda algo que nos ha sucedido a nosotros o a alguien a quien conocemos o hemos conocido. O el lector aprecia el libro sobre todo por que evoca un país, un paisaje, un modo de vivir que él recuerda con nostalgia como parte de su propio pasado. O bien, y esto es lo peor que puede hacer el lector, se identifica con uno de los personajes. No es este tipo modesto de imaginación el que yo quisiera que utilizasen los lectores. Así que ¿Cuál es el auténtico instrumento que el lector debe emplear? La imaginación impersonal y la fruición artística. Tiene que establecerse, creo, un equilibrio armonioso y artístico entre la mente de los lectores y la del autor. Debemos mantenernos un poco distantes y gozar de este distanciamiento a la vez que gozamos intensamente –apasionadamente, con lágrimas y estremecimientos- de la textura interna de una determinada obra maestra. Por supuesto es imposible ser totalmente objetivo en estas cuestiones. Todo lo que vale la pena es en cierto modo subjetivo. (…) Lo que quiero decir es que el lector debe saber cuando y donde refrenar su imaginación; lo hará tratando de dilucidar el mundo específico que el autor pone a su disposición. (…) Si el aspirante a lector carece por completo de pasión y paciencia –pasión de artista y paciencia de científico- difícilmente gozará con la gran literatura. La literatura no nació el día en que el chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando “el lobo, el lobo” con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando “el lobo, el lobo” sin que le persiguiera ningún lobo. El que le pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.

24Jul, 2009
ADOLFO BIOY CASARES; Vida y viaje.
Hace muchos años leí una frase del escritor Adolfo Bioy Casares (Buenos Aires 1914-1999) que era más o menos así. “Por la mañana escribo, a mediodía Tenis y por la tarde, mujeres”. Desde entonces me ha interesado este señor. Hoy es recordado por su literatura fantástica y en concreto por su libro de más éxito, La invención de Morel, pero a mi me gustan mucho más sus obras autobiográficas.
Adolfo Bioy era de familia rica y eso le permitió dedicarse por entero a la literatura y a la buena vida. Hablaba con fluidez inglés, francés y alemán. En 1932, en casa de Victoria Ocampo (editora de la revista literaria SUR y alma mater de la cultura argentina) conoce a Jorge Luis Borges del que se hace muy amigo y con el que escribirá a medias varios relatos de serie negra con el seudónimo Bustos Domecq. Bioy admiraba de Borges su genio literario y Borges de Bioy su elegancia de dandy británico. En 1940 se casó con Silvina Ocampo (hermana de Victoria) procedente también de una familia pudiente. El matrimonio no lo apartó de una de sus grandes aficiones: Las mujeres. El 15 de septiembre de 1982 anotaba en su diario: “Cumplo mi 68 aniversario escribiendo y acostándome con mujeres como siempre. Como hace 54 años por lo menos”. Silvina moriría en 1994.
En 1967 cansado y agobiado, con deseo de dejar Buenos Aires por una temporada, realizó en solitario un viaje por Europa. Alquiló un coche y, teniendo como base Paris y Londres, recorrió Francia, Gran Bretaña, Suiza, Alemania, Italia y Austria. Documentó sus andanzas en cartas a su mujer y a su hija Marta. Esta aventura europea está recogida en el libro En Viaje, Tusquets editores, 1997. En este libro, Bioy, todo un vividor, nos cuenta como es viajar con tiempo y con dinero. Se hospeda en los mejores hoteles para poder escribir con comodidad (estaba, entonces, redactando Diario de la guerra del cerdo), nos describe a la perfección la sensualidad y los placeres de la mesa en cada país y nos comenta películas, canciones y libros que degusta en su periplo. Hay, además, sabrosas anécdotas que Bioy relata con su acostumbrada elegancia.
Yo siempre he preferido viajar solo. Pienso que se disfruta mucho más y se percibe mejor todo lo que de nuevo hay en todo viaje. Estoy de acuerdo con Bioy Casares. Gracias maestro.
Para más datos de la vida de Bioy Casares consultar su libro Memorias 1999 Tusquets editores.

Adolfo Bioy Casares.
Fuente foto: zonamoebius.com
23Jul, 2009
TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA; Mario Vargas Llosa.
En este libro editado por Alfaguara en 2006, Vargas Llosa ( Arequipa, Peru 1936) relata los encuentros y desencuentros en diferentes ciudades ( Londres,Tokio, Paris, Madrid…) de una pareja a lo largo de más de 40 años. De paso se cuenta la vida bohemia en Paris, la de los hippies en Londres…Todos los libros de Vargas Llosa me gustan mucho pero éste es algo especial para mí. Estoy buscando en mi pasado que pudo ocurrirme y con quien para que este libro me llegue tan adentro. Buceo en mi diario a la caza de la experiencia que tanto me marcó y que hace que me identifique con lo leido en esta novela.
Comienza así:
I. Las chilenitas Aquél fue un verano fabuloso. Vino Pérez Prado con su orquesta de doce profesores a animar los bailes de Carnavales del Club Terrazas de Miraflores y del Lawn Tenis de Lima, se organizó un campeonato nacional de mambo en Ocurrieron cosas extraordinarias en aquel verano de 1950. Cojinoba Lañas le cayó por primera vez a una chica —la pelirroja Seminauel— y ésta, ante la sorpresa de todo Miraflores, le dijo que sí. Cojinoba se olvidó de su cojera y andaba desde entonces por las calles sacando pecho como un Charles Atlas. Tico Tiravante rompió con Ilse y le cayó a Laurita, Víctor Ojeda le cayó a Ilse y rompió con Inge, Juan Barreto le cayó a Inge y rompió con Ilse. Hubo tal recomposición sentimental en el barrio que andábamos aturdidos, los enamoramientos se deshacían y rehacían y al salir de las fiestas de los sábados las parejas no siempre eran las mismas que entraron. «¡Qué relajo!», se escandalizaba mi tía Alberta, con quien yo vivía desde la muerte de mis padres.

Fuente. Alfaguara.
10Jul, 2009
AMOS OZ; Versos de vida y muerte.
El escritor Amos Oz (Jerusalem, Israel, 1939) ha explicado en algunos de sus libros como escribe y como trabaja su imaginación a la hora de desarrollar una historia. En su novela Versos de vida y muerte, editado por Siruela, un escritor se mueve entre personas desconocidas a las que inventa vidas:
Por eso el autor se sentará en un pequeño café a tres o cuatro manzanas del centro social dedicado a Shunia Shore donde se celebrará la velada literaria. El espacio del café le resultará agobiante y oscuro, asfixiante, y por tanto, bastante apropiado para él en esos momentos. Se sentará ahí e intentará concentrarse en estas cuestiones (siempre llega a todas partes treinta o cuarenta minutos antes, y tiene que buscar algo que hacer hasta que llega la hora). Una camarera cansada, vestida con una minifalda y sacando pecho, intentará en vano limpiar su mesa con una bayeta: la superficie de formica continuará estando algo pegajosa incluso después de secarla. Quizá la bayeta no estuviera limpia. El autor observará entre tanto las piernas de la camarera, unas bonitas piernas macizas, aunque con los tobillos ligeramente gruesos. Luego echará un vistazo a su cara, una cara agradable, luminosa, con las cejas juntas y el pelo recogido con una goma roja. Al autor le llegará un olor a sudor y a jabón, el olor de una mujer cansada. A través de la falda se le marcan las bragas. Sus ojos quedan amarrados ahora a ese contorno insinuado: la ligera asimetría a favor del muslo izquierdo le parece fascinante. Ella advertirá su mirada palpando sus piernas, sus muslos, sus caderas, y suspirará con expresión de asco y de súplica: Basta, por favor, basta ya. (…) Mientras espera la tortilla, el autor se imagina el primer amor de esa camarera (decide que se llame Riki): cuando apenas tenía dieciséis años se enamoró del portero suplente del grupo Bnei Yehuda, Charlie, que una vez, un día de lluvia, apareció en su Lancia delante del salón de belleza donde ella trabajaba y se la llevó a pasar tres días en un hotel de Eilat (su tío era uno de los socios de ese hotel). Charlie también le regaló en Eilat un elegante vestido de fiesta, como el de una cantante griega, un vestido con lentejuelas de plata y todo, pero al cabo de dos semanas la abandonó y volvió a ese mismo hotel, en esta ocasión con la dama de honor de la reina de los mares. En cambio Riki, durante los ocho años y los cuatro hombres que pasaron por ella desde entonces, no dejó de soñar que algún día volvería: pasaba por fases en las que parecía como muy enfadado con ella, daba miedo, era peligroso, como si fuese a perder el juicio, y ella estaba aterrada, con un susto de muerte, y entonces, de repente, recuperaba la cordura, la perdonaba, se mostraba contento con ella como un niño, la abrazaba, la llamaba Gogog, la besaba en el cuello, le hacía cosquillas con su cálida respiración, en el colmo de la ternura le abría los labios con la punta de la nariz, lo que producía en su cuerpo una especie de corrientes cálidas como la miel, y de pronto la hacía volar por los aires con fuerza, la hacía volar como un cojín, hasta que ella gritaba mamá, pero siempre la cogía justo en el último momento y la abrazaba, para que no se cayese. Le gustaba hacerle cosquillas con la punta de la lengua, suave y lentamente, durante mucho tiempo, detrás de las orejas y dentro de las orejas y un poco también en la nuca, donde nacen los cabellos más finos, hasta que la miel comenzaba a removerse. Charlie jamás le levantó la mano y jamás la maltrató. Fue el primero que la enseñó a bailar agarrados y a ponerse un minúsculo bikini, y también le enseñó a tumbarse desnuda al sol, boca abajo, a cerrar los ojos, a imaginar todo tipo de azules, y fue el primero que le mostró lo que los pendientes largos con una piedra verde le hacían realmente a su cara y a su cuello. (…) Entre un hombre y una mujer la amistad es algo que no trae cuenta: si entre ellos hay una descarga eléctrica, entonces no puede haber amistad. Y si entre ellos no hay una descarga eléctrica, entonces no puede haber nada. Pero entre las mujeres, sobre todo entre dos mujeres que ya han soportado bastante sufrimiento y crueldad de los hombres, y tal vez mucho más entre dos mujeres que han sufrido por el mismo...
Amos Oz es el autor de uno de los 5 mejores libros que he leido en los últimos 10 años; Una historia de amor y oscuridad editada por Siruela. Es una novela, en gran parte autobiográfica, en la que el autor indaga en la historia de su familia y en la de su país los motivos de su madre para suicidarse.
09Jul, 2009
CEES NOOTEBOOM; Tumbas de poetas.
Cees Nooteboom, que ha viajado por todos los continentes visita en este libro publicado por Siruela a sus «muertos amados» allá donde se encuentren para entablar diálogos con ellos, para verificar sus palabras, su inmortalidad. Peregrinó a la tumba de Neruda en Chile, a las de Vallejo y Cortázar en París, a la de Antonio Machado en Collioure, a la de Stevenson en Samoa y a la de Kawabata en Japón; a las de Keats y Shelley en Roma, en el «cementerio de los extranjeros», donde también reposan el hijo de Goethe y uno de los hijos de Wilhelm von Humboldt; a las de Thomas Mann, James Joyce y Elias Canetti en Zurich; a las de Balzac, Proust y Nerval en el cementerio de Père Lachaise de París; a las de Brecht y Hegel, que están enterrados en un pequeño camposanto en Berlín. Nooteboom recoge en este libro sus reflexiones:
¿Quién yace en la tumba de un poeta? El poeta, desde luego, no, eso es bien sabido. El poeta está muerto, de lo contrario no tendría una tumba. Pero el que está muerto ya no es nadie, por lo tanto tampoco está en su tumba. Las tumbas son ambiguas. Conservan algo y, sin embargo, no conservan nada. Naturalmente, esto se puede decir de todas las tumbas, pero cuando se trata de las tumbas de los poetas con eso no está todo dicho. En su caso hay algo diferente. La mayoría de los muertos callan. Ya no dicen nada. Literalmente, ya lo han dicho todo. Pero no sucede así con los poetas. Los poetas siguen hablando. A veces se repiten. Esto ocurre cada vez que alguien lee o recita un poema por segunda o centésima vez. Pero hablan también para quienes todavía no han nacido, para unas personas que aún no han vivido cuando ellos escriben lo que escriben. ¿Por qué visitamos la tumba de alguien a quien no hemos conocido en absoluto? Porque aún nos dice algo, algo que sigue resonando en nuestros oídos, que hemos retenido e incluso no hemos olvidado, que nos sabemos de memoria y de vez en cuando repetimos, en voz baja o en voz alta. Con alguien cuyas palabras siguen estando presentes para nosotros mantenemos una relación, del tipo que sea. Por esa razón, no es imprescindible visitar su tumba. Cuando se trata de tumbas, todo es irracional. Llevamos flores a nadie, arrancamos los hierbajos para nadie y aquel por quien vamos no sabe que estamos allí. Sin embargo, lo hacemos. En algún rincón secreto de nuestro corazón albergamos la idea de que esa persona nos ve y se da cuenta de que seguimos pensando en ella. Pues eso es lo que queremos; queremos que los muertos reparen en nosotros, queremos que sepan que seguimos leyéndoles, porque ellos siguen hablándonos. Cuando nos hallamos al lado de sus tumbas, sus palabras nos envuelven. La persona ya no existe, pero las palabras y los pensamientos permanecen. Podemos al menos rememorar. Cada visita a la tumba de un poeta es una conversación en la cual la respuesta ya está ahí mucho antes que todo lo que nosotros mismos pudiéramos decir. Es una paradoja. Algo se ha dicho ya, pero sin que se haya formulado una pregunta. Hemos venido a dar nuestra aquiescencia, a estar cerca de las palabras que ya se han dicho. El que escribió esas palabras murió, pero las palabras mismas siguen viviendo. Podríamos pronunciarlas en voz alta, como si se las dijéramos a otros. Por eso vamos allí: para oír esas palabras en el silencio de la muerte y a pesar de la muerte.
Cees Nooteboom es holandes de
Nooteboom ha dicho recientemente:
Uno de los aspectos más curiosos de hacerse mayor, escribe, es que los tiempos en los que todo era enormemente importante y tenía grandes consecuencias se han quedado, por fortuna, atrás. Los amigos van muriendo y el cuerpo a veces se niega a cooperar, pero para une escritor envejecer tiene algunas ventajas, ya que casi todo evoca un recuerdo.

24May, 2009
MARIO VARGAS LLOSA; Entrevista.
Entrevistan, la semana pasada, al escritor en la revista Perú 21 con motivo de la publicación en su país de nacimiento de una recopilación de artículos titulada Sables y Utopías realizada por el escritor colombiano Carlos Granés. En la actualidad Vargas Llosa es, para mí, una de las cinco personas, en todo el mundo, que más sabe de Literatura.
P.- ¿En qué medida su evolución ideológica afectó sus novelas?
R.- No lo puedo saber. No tengo suficiente distancia. Creo que ha habido una constante en mí: cuando he querido defender determinadas ideas o valores políticos o culturales, he escrito artículos, ensayos o he dado entrevistas. Cuando he escrito cosas creativas –novela, cuento, teatro–, no diré que he prescindido de mis convicciones, pero he buscado desarrollarlas menos subordinadas a la actualidad. Creo que la literatura, el arte en general, dependiente de la actualidad es efímero y, muchas veces, fracasado. La labor creativa debe tocar experiencias más permanentes que trasciendan lo puramente político, que es lo más actual que existe y, por lo mismo, lo más efímero.
P.- Como escritor, ha 'canibalizado’ su vida. ¿Hay alguna distancia literaria?
R.- Creo que todos los novelistas usan su experiencia, su memoria, como materia prima para la imaginación. Pero también creo que la memoria solo puede ser un punto de partida porque, si uno no tiene libertad para manipular el recuerdo con entera libertad, transformándolo en algo distinto, entonces no hace literatura; hace un documento muy personal, íntimo, que puede tener interés como documento, pero que no es una obra de creación. La literatura consiste en crear un mundo independiente del creador, capaz de parecer autosuficiente, de romper completamente ese cordón umbilical con quien lo creó.
Termino con estas palabras sobre la claridad en la escritura.
Me parece que es Borges quien lo dice: cuando uno es joven, piensa que una cierta oscuridad es garantía de profundidad y de complejidad; luego, cuando vas creciendo, vas descubriendo que lo más difícil de alcanzar y el mejor logro es la claridad. Ortega y Gasset decía que la claridad era la cortesía del filósofo. Yo creo que también es la cortesía del novelista.
Fuente: Perú 21.

Fuente: otraorilla.files.wordpress.com
11May, 2009
TIERRAS DE PONIENTE; J. M. Coetzee.
Reproduzco parte de la magnífica reseña de este libro de J. M. Coetzee (publicado por Mondadori, 2009) realizada por Rafael Narbona en El Cultural de 1 de mayo de 2009:
Tierras de poniente se divide en dos relatos. El primero adopta la forma de un informe psicológico para el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. El segundo es una narración en primera persona que recrea la expedición de un antepasado de Coetzee, al que se atribuye el descubrimiento del río Orange y de la jirafa. Ambos textos combinan el falso rigor de la literatura científica y documental con la ironía y la enajenación de personajes implicados en injustificables aberraciones morales. En El proyecto Vietnam, el psicólogo que diseña estrategias para aliviar las tensiones de los militares norteamericanos en combate no es capaz de mantener su equilibrio mental. Infeliz en su vida privada, el conocimiento de las atrocidades cometidas contra el pueblo vietnamita producirá un delirio florido que le conducirá al internamiento psiquiátrico. Las fotografías no escamotean la verdad: un gigantesco marine violando a una niña, las condiciones infrahumanas de los prisioneros comunistas, cabezas decapitadas convertidas en trofeos de guerra. La memoria se transforma en el lienzo de estos horrores, no menos sobrecogedores que Los desastres de la guerra, testimonio permanente de la violencia del hombre contra el hombre. El psicólogo rescata la mitología freudiana para arrojar algo de luz sobre el instinto depredador de nuestra especie. Las terribles fotografías son pornografía y ejercen fascinación y espanto, indignación moral y una vergonzosa seducción erótica. Es imposible martirizar la carne y no sentir ternura y deseo hacia el cuerpo que se profana. La racionalidad cartesiana naufraga al buscar una explicación. La tortura es el umbral donde la razón abdica y el instinto manifiesta su poder. Estados Unidos representa al Padre de la horda primitiva. La rebelión de los vietnamitas es la conspiración de los hijos que matan al Padre para poner fin a su brutal tiranía. Coetzee añade una reflexión que encara la posibilidad de un apocalipsis nuclear. La técnica desborda nuestra capacidad de representación. Nos encontramos en la era de Atenea: el conocimiento ha sustituido al poder elemental de la fuerza desnuda. Hay un futuro donde el mundo continúa sin el hombre y ese futuro sólo se realizará con la aquiescencia del hombre, desdichado Prometeo que provocará su desgracia al no ser capaz de controlar su ambición.
A continuación el comienzo de El proyecto Vietnam uno de los dos relatos de Tierra de poniente.
Por J. M. Coetzee.
Me llamo Eugene Dawn. No puedo hacer nada al respecto. Empiezo, pues.
Coetzee me ha pedido que revise mi ensayo. Se le atraganta. Lo quiere más fácil de digerir, en caso contrario lo quiere ver eliminado. Y también me quiere quitar de en medio, me doy cuenta. Me estoy armando de valor contra ese hombre poderoso, genial y ordinario, tan completamente desprovisto de visión. Le temo y desprecio su ceguera. Me merecía algo mejor. Heme aquí sometido a un director, un tipo ante el cual mi primer instinto es arrastrarme. Siempre he obedecido a mis superiores y he estado encantado de hacerlo. No me habría embarcado en el Proyecto Vietnam de haber imaginado que acabaría entrando en conflicto con un superior. El conflicto trae infelicidad, y la infelicidad envenena la existencia. No soporto la infelicidad, lo que yo necesito es paz y amor y orden para mi trabajo. Necesito mimos. Soy un huevo que necesita estar en el más mullido de los nidos bajo la más paciente de las ponedoras antes de que se agriete mi cascarón liso y poco prometedor y emerja mi tímida vida secreta. Se me tiene que tratar con indulgencia. Rumio, soy un pensador, una persona creativa, alguien que no carece de valor para el mundo. Lo normal sería que Coetzee me entendiera mejor, pues tendría que estar acostumbrado a tratar con gente creativa. Habiendo sido él también un creador en el pasado, ahora es una persona creativa fracasada que vive de segunda mano a expensas de los verdaderos creadores. Su reputación se la ha labrado gracias al trabajo de los demás. Y aquí lo han puesto a cargo del Proyecto Vida Nueva sin que él sepa nada del Vietnam ni de la vida. Me merezco algo mejor.El enfrentamiento de mañana me produce inquietud. Los enfrentamientos se me dan mal. Mi primer impulso es rendirme, aceptar a mi antagonista y hacer todas las concesiones posibles con la esperanza de que me ame. Por suerte, desprecio mis impulsos. La vida de casado me ha enseñado que toda concesión es una equivocación. Cree en ti mismo y tu oponente te respetará. Aférrate al mástil, si es que esa es la metáfora adecuada. La gente que cree en sí misma es más merecedora de amor que la gente que duda de sí misma. La gente que duda de sí misma no tiene alma. Yo estoy haciendo lo que puedo para fabricarme un alma, aunque sea al final de la vida.
Tengo que recobrar la compostura. Creo en mi trabajo. Soy mi trabajo. Ya hace un año que el Proyecto Vietnam ha sido el centro de mi existencia. No tengo ninguna intención de dejar que me saquen de él antes de tiempo. Pienso decir la mía. Por una vez en mi vida tengo que estar preparado para plantar cara.
No tengo que infravalorar a Coetzee.
Esta mañana me ha llamado a su despacho y me ha hecho sentarme. Es un hombre campechano, de esos que comen filete todos los días. Sonriente, se ha puesto a pasear por su despacho, elaborando una apertura, mientras yo, girando a derecha e izquierda, hacía lo que podía para dirigir mi cara hacia él. He rechazado el café que me ha ofrecido, pues soy de esos que con cafeína en las venas se ponen a temblar y a establecer compromisos eufóricos.
No digas nada de lo que te puedas arrepentir más tarde.
J.M. Coetzee (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1940) es premio Nobel de literatura del año 2003. Entre sus mejores novelas están: Desgracia, Elizabeth Costello y Hombre Lento todos ellos publicados en castellano por Mondadori. Tierras de Poniente es el primer libro que escribió (en 1974). Aún no había sido traducido al castellano.
Fuente: Me gusta leer, Mondadori.
28Abr, 2009
TOBIAS WOLFF; Relatos.
La editorial Alfaguara acaba de publicar en castellano Aquí comienza nuestra historia una recopilación de los mejores relatos del escritor estadounidense Tobías Wolff(Alabama, 1945). En el principio del libro el autor hace esta reflexión sobre la conveniencia de actualizar cuentos escritos hace tiempo:
El primero de estos relatos fue escrito hace unas tres décadas; el más reciente, el año pasado. Al preparar esta selección, tuve que enfrentarme a la siguiente cuestión: ¿debería presentar mis relatos en su forma original, sean de la añada que sean? ¿O debería permitirme la libertad de revisarlos acá y allá? Se podría defender perfectamente la primera posibilidad. Se diría que ya no soy el hombre que escribió un relato publicado hace veinticinco, diez, o incluso dos años, y que debería ser un albacea respetuoso y concederle al auténtico escritor, ahora desaparecido, el honor de mantener mis manazas lejos de su obra. Pero en eso hay un problema. ¿Cuál sería la «forma original» del relato? ¿El primer borrador de lo que pueden haber sido veinte borradores más? Seguro que no; nadie querría leer eso. ¿Nos referimos al relato cuando apareció por primera vez en una publicación? ¿O como se publicó en la primera edición de la colección a la que pertenece? Téngase en cuenta que antes de que la revista lo sacara, lo había leído una correctora, lápiz en mano, y que al menos algunas de sus sugerencias sobrevivieron a nuestras negociaciones, no porque me obligaran a ello, sino porque consideré que mejoraban el relato. Luego un editor lo examinó antes de contratar la colección, y sin duda tenía algo útil que decir. Y si el relato era elegido para una antología —como muchos, si no la mayoría de los incluidos aquí, lo fueron—, yo le habría dado todavía otro repaso por mi cuenta, y lo haría otra vez antes de que esa colección de relatos se editara en bolsillo. Lo cierto es que nunca he considerado mis relatos textos sagrados. Hasta el grado en que para mí todavía están vivos, me tomo un interés constante en dar a esa vida su mejor expresión. Eso responde a cierta inquietud estética, pero también lo considero una forma de cortesía. Si yo veo un pasaje torpe o superfluo, lo mismo le pasará al lector. Entonces, ¿por qué provocar su rechazo de un relato si yo podría haberlo evitado? Donde he considerado necesario mejorar algo, he respondido a esa necesidad lo mejor que he podido, por ahora. Tobias Wolff Agosto de 2007
Breves datos biográficos del autor
Dice el escritor estadounidense que una de las claves de su oficio es "la experiencia de primera mano". En más de una ocasión se ha referido a su padre como un mentiroso compulsivo. Al separarse sus padres, su hermano mayor, el también novelista Geoffrey Wolff, se marchó con él. Ambos han escrito sobre la querencia de su progenitor a tergiversar la realidad.
Tobias peregrinó con su madre por varias ciudades de Estados Unidos. En Concrete, Washington, ella volvió a casarse. Wolff falsificó las cartas de recomendación y su historial y consiguió que le aceptasen en un prestigioso internado, el Hill School de Pensilvania. "Era la única manera en que podía entrar. Fue un acto de desesperación. Suspendí matemáticas y me expulsaron. Me lo tenía merecido", asegura. Tras la expulsión se alistó al Ejército y luchó en Vietnam antes de licenciarse en Literatura en la Universidad Oxford. En su autobiografía Vida de este chico desveló su mentira adolescente. En En el ejército del faraón hizo un memorable recuento de la incertidumbre, el terror y el absurdo de su experiencia en la guerra.
Tobías Wolff ha publicado estos libros con Alfaguara:
· Aquí empieza nuestra historia (2009)
· Vieja escuela (2005)
· Cazadores en la nieve (2005)
· La noche en cuestión (2000)
· En el ejército del faraón (1997)
· Vida de este chico (1997)
· De regreso al mundo (1992)
· Ladrón de cuarteles (1992
Fuente; Babelia (EL PAÍS) y Alfaguara.

17Abr, 2009
SUSAN SONTAG; Sobre el oficio de escribir.
Se acaban de publicar en EEUU los diarios de juventud de la escritora Susan Sontag (Nueva York 1933-2004). La edición la ha realizado su hijo, el también escritor David Rieff. A finales de 2009 Mondadori los publica en España.
Sontag sobre arte y escritura:
12/3/61 El escritor debe ser cuatro personas: 1) el loco, el obsesivo [El escritor:] 1) provee el material un gran escritor tiene todos los 4 —pero puedes aun ser un buen escritor únicamente con 1) y 2); son los más importantes. 9 Dic. 1961 Yo escribo para definirme a mí misma —un acto de autocreación— parte del proceso de desarrollo —en un diálogo conmigo misma, con escritores que admiro vivos y muertos, con los lectores ideales. Julio 27, 1964
Darme cuenta de los “lugares muertos” de los sentimientos —hablando sin sentir nada. (Esto es muy diferente de mi vieja auto-repugnancia por hablar sin saber nada.)
2) el idiota
3) el estilista
4) el crítico
2) lo deja salir
3) es gusto
4) es inteligencia
El miedo de envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo ahora la vida que uno desea. Es el equivalente de un sentido.
Arte = una manera de entrar en contacto con la locura propia.
El escritor Jorge Edwards escribe sobre estos diarios en Letras Libres:
El prólogo de Rieff (hijo de Susan Sontag) a la recopilación de anotaciones personales de su madre es fuera de serie, atrevido y conmovedor. Confiesa que decidió hacer él la edición antes de que la hiciera otro, y reconoce que hay cosas en estos diarios y libros de apuntes que son “una fuente de dolor” para él, y muchas que habría preferido no conocer y no dar a conocer a otros. Sin embargo, piensa el lector, no conocerlas habría significado no conocer de verdad, en todas sus debilidades y sus grandezas, a la autora, que llegó a ser, al final de su recorrido, uno de los grandes personajes y uno de los mitos intelectuales femeninos de la literatura del siglo XX. En otras palabras, las anotaciones de la joven Sontag no podían perderse, y en ese caso, era mejor que las diera a conocer él mismo, con fidelidad, con amor filial auténtico y con instantes inevitables de incomodidad.

Fuente: www.history.ucsb.edu/.../
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