30Jul, 2009
JOSÉ MORELLA; Asuntos propios.
Dice José Morella (Ibiza, 1972) en una entrevista:
Yo creo que la magia de lo literario está más en la lectura que en la escritura. El escritor es un enlace, o un intercesor, como lo llamaría Cortázar. Leyendo he tenido experiencias más reveladoras y profundas que escribiendo. Es el lector el que posa sobre un texto su experiencia de vida y, de ese modo, arma un sentido. El sentido nunca acaba de cerrarse, es como un bicho que no sabe estarse quieto. En realidad, lo que uno hace cuando lee es retocarse a sí mismo.
José Morella traductor y escritor acaba de publicar en Anagrama la novela Asuntos Propios en la que relata el enfrentamiento entre un padre y una hija. El padre quiere vivir en paz, disfrutar de las cosas simples y del amor con la que era su asistenta y la hija les hace la vida imposible. El autor escribe: “nuestro árbol genealógico está cargado de frutos extraños”. La hija es uno de esos “frutos extraños”. Familia, peleas generacionales, emigración y más.
Entrevista con Morella en:
http://latormentasomosnosotros.blogspot.com/

03Jun, 2009
ARTISTAS Y OFICINISTAS
Hace una semana, en la plaza de toros de Las Ventas, una señora con 40 años de afición a la fiesta decía: “Los toreros ya no vienen con ilusión, parecen oficinistas de 9 a 5”.
Los toreros actuales, en su mayoría, tienen su vida, separada de los toros, y luego torean por la tarde, algunas tardes. El resultado se está viendo en las plazas.
¿Es compatible el arte con una vida normal? ¿Se puede ser artista a tiempo parcial?
Me centraré en el mundo de los libros.
Thomas Mann escribía en una carta a Hermann Hesse que su hijo Klauss, “Trabajaba muy rápido y muy fácilmente; eso explica los errores y las negligencias de sus libros”. Mann, el padre, escribió y en segundo plano vivió. Mann, el hijo, vivió y después escribió. Puede apreciarse la diferencia entre la obra literaria de uno y de otro.
Hal Foster, el dibujante del Príncipe Valiente, dedicaba 65 horas semanales a dibujar. La última página dibujada por Foster de Príncipe Valiente es la nº 2244, cuando ya ha cumplido 87 años. Habían pasado 43 años desde la primera tira. Los dibujantes de comics actuales ya no dibujan cada viñeta como si de un cuadro se tratase, como hacía Foster con el Príncipe Valiente. Los dibujantes actuales tienen familias de las que cuidar y otras cosas que hacer además de dibujar.
Gunter Grass, escritor alemán, del que Alfaguara acaba de publicar La caja de los deseos, la segunda parte de sus memorias, declaraba en una entrevista a El País:
Y yo mismo me llamo padre incapaz, deficiente. Es muy lógico que, siendo padre de ocho hijos distintos, de madres diferentes también, a pesar de todo el amor, la simpatía, de las relaciones cariñosas, esta sensación de que soy un padre incapaz o deficiente aparezca una y otra vez. En gran parte era un padre ausente. Estaba allí recluido, escribiendo.
Un escritor no escribe para vivir sino que vive para escribir. Ya lo decía Gabriel Gª Márquez en el título de la primera parte (¿y última?) de su autobiografía: Vivir para contarla. Por este motivo, Gunter Grass cuenta en su autobiografía cosas que sus hijos le han pedido que no publique. Para el premio Nobel alemán es más importante su obra que sus hijos, que su vida. ¿Es un egoísta Grass?. No, es un escritor.
Buenos escritores como Amos Oz y William Styron cuentan que después de 10 horas de trabajo diario solo tienen 2 o 3 cuartillas aptas para incluir en una novela. Si además hay que leer, y dormir y comer ¿de donde salen horas en el día para la familia? Y no solo es una cuestión de tiempo. Lo principal es poder vaciar la mente del escritor de lo que está escribiendo para preocuparse por los suspensos de su hijo o por la gripe de su hija.
Un artista, sin poder evitarlo, solo vive para su obra. Si está casado será un mal marido. Si tiene hijos será un mal padre. No puede uno dedicarse al Arte por las mañanas y luego, por la tarde, hacer la vida de una persona normal. Estamos cansados de leer en la prensa las quejas de los familiares de los grandes artistas sobre el egoísmo de estos. No es egoísmo, es incapacidad para hacer algo diferente a su obra. Véase el ejemplo de Picasso. Quien se dedica al Arte lo hace por necesidad. Un torero de verdad no puede vivir sin torear, igual que un escritor podrá vivir sin publicar, pero no si escribir. Los hijos que reclaman contra su padre artista tienen todo el derecho a hacerlo, pero les irá mejor si intentan entender la naturaleza mental del señor que les tocó como progenitor.
Alice Munro, la escritora canadiense de casi 80 años, anunció que dejaba la escritura. En una entrevista que La Vanguardia publicaba recientemente comentaba por que había vuelto a escribir:
El trabajo me estaba resultando demasiado duro y pensé que me había llegado la hora de llevar la vida de una señora normal. ¡Y lo hice! Por unos seis meses. Salí a almorzar con amigas, me dediqué a la jardinería, a la caridad. Fue horrible. Después me di cuenta de que ya no sirvo para una vida normal: he escrito tantos años que no sé hacer nada más.
Más adelante, en la entrevista, Munro comenta cuando con 20 años y bebes recién nacidos iniciaba su obra:
Los bebés finalmente dormían la siesta, quisieran o no, y entonces yo me ponía a escribir. No estaba pensando en ellos. Estaba pensando en mí. Quizá habrían sido más felices si yo les hubiese dedicado más tiempo y menos a mi literatura, no lo sé. Pero para mí no era una opción, sentía que tenía que luchar por ese espacio propio donde no era ni mujer ni madre.
José Tomás, el torero, es un artista y salvo el partidillo de fútbol-sala, que juega de vez en cuando, no piensa en otra cosa que en los toros. Aunque le pese.

Fuente: images-eu.amazon.
27May, 2009
NACHA POP; Magia y precisión. Para Antonio Vega (1957- 2009)
Editorial Milenio publicó en 2002 el libro Nacha Pop. Magia y Precisión escrito por Alex Fernández de Castro. En la pagina 70:
A propósito de Antonio, Nacho afirma que nunca fueron más primos que colegas: “Con Antonio al igual que con mis hermanos mayores, apenas me vi en el colegio, y sin embargo, cuando salíamos de clase, éramos inseparables. Y no por que fuéramos primos, era un honor pertenecer a la misma familia, pero si no hubiera sido mi primo también habríamos acabado encontrándonos. En su momento –prosigue Nacho- nunca me paré a analizar que era lo que nos unía, no fue un proceso mental, profundo, detenido, lo que hizo que todo se desencadenara, sino un sentimiento espontáneo, visceral, artístico, de edad. Y de reírnos mucho.” Cuando se le pide a Nacho que destaque una cosa que le atrae de Antonio, insiste en lo mucho que se reian. (...) “Para mi, el sentido de humor de las personas es como el amor, una de las partes básicas de la vida, algo tan importante...Con Antonio siempre nos hemos reído muchísimo, y aun ahora, si nos viéramos, todo empezaría con algo que nos hiciera gracia, sin duda, a no ser que tuviéramos algo mucho peor de lo que hablar, pero es un poco el envoltorio de nuestra relación, algo que nos ha dado mucha alegría.”
He vuelto a hojear este libro tras la muerte de Antonio Vega, y lo que más me ha emocionado es recordar que Antonio no fue siempre “Ese chico triste y solitario”. Hubo una época de risas, muchas risas. Esa época, la inicial, fue la que propició las canciones que a mi y a mis amigos nos traían ganas de salir, ligar, saltar, bailar ...VIVIR.
Me enamoré de la chica de ayer cuando tenía quince años. La he buscado y, hasta la fecha, no la encontré. Hoy, muerto Antonio Vega, sé que nunca la encontraré.

Fuente foto: EL PAÍS.
22May, 2009
LOS BALDRICH; Use Lahoz 2ª parte.
Alfaguara publica en 2009 Los Baldrich, la segunda novela de Use Lahoz (Barcelona,1976). El autor nos cuenta una saga familiar desde 1920 hasta la actualidad. Continúo con algunos extractos de la novela:
El Madrid de los 80:
Y aquel Madrid era como una performance llena de luces y colores que se extendía sin horarios y paréntesis de la noche al día y viceversa, y se esforzaba en afinar estribillos y compases, de manera irreflexiva y urgente, como si la noche fuera el quirófano donde se opera de urgencias, y que se gritaba a sí misma: ”Y es que no puedo soportar estar así todos los días”.Todo era rápido. La misma prisa con la que se conseguían las dexis (*) en Tribunal estaba en las canciones, en las conductas.
Nati explicándole a su hermano la separación de su pareja maltratadora:
A veces la gente hace cosas que no piensa y que no quiere…No hay que pensar en ello. Luego todo el mundo se arrepiente…, sólo que entonces la otra gente ya no puede perdonar más….- Nati Baldrich apagó el cigarro y arrugó la colilla en el cenicero. Luego colocó sus manos encima de las de Jaime-…, porque si perdonas y perdonas y perdonas ya no eres tú, y entonces tú ya no tienes ningún sentido. Son cosas que pasan, el amor es algo complicado, y a veces tan cruel que es mejor no saberlo. También se rompe y envejece y se vuelve feo como las personas. Algún día lo verás…
De la carta de Ignacio Párbole a su sobrino Jaime desde Argentina, explicándole la relación con su madre:
Otra vez será. Pero nada es nunca como esperamos. Ni la vida ni la muerte. La vida se mueve sola, y a menudo, eso que uno aguarda con entusiasmo le recibe a uno con indiferencia, sucede con algunas ciudades, con algunos cuerpos, con algunos corazones. Y “otra vez será” es todo lo que me quedó, y lo que me quedaría.
Uge de despedida:
Han sido unos años maravillosos. Nos pillamos los dedos por ser impacientes, pero también el placer nos mordió los labios. Ahora que la edad ha calmado ciertos hábitos sé que el tiempo es un gran juez que hasta mitiga los fracasos. No se cumplieron ni una décima parte de los sueños que tuvimos pero he terminado este libro, y a Nati y a mí nos quedan unas cuantas cartas por abrir. Gracias a ella, a su hijo y a Roger he podido escribir esta historia y sé lo que es llegar lejos en la vida porque sé lo que es una familia y quiénes son mis amigos. No olvido que el oro es tenerlos.
Me quedo con dos frases:
“No se cumplieron ni una décima parte de los sueños que tuvimos”.
“El oro es tenerlos” (referido a los amigos).
(*) Dexedrina, medicamento que, mezclado con alcohol, genera euforia. Durante la época de La Movida se consumió con bastante frecuencia.
Use Lahoz
Fuente: Revista de Letras y Alfaguara.
21May, 2009
LOS BALDRICH; Use Lahoz 1ª parte
Quien haya leído algo en este blog sabrá que me muero por una buena saga familiar. Los Baldrich de Use Lahoz, Alfaguara 2009, es de las mejores que he leído en los últimos años. ¿Que me ha gustado?: La historia, el cómo está contada, la definición de los personajes y lo bien que está engranada, la historia familiar, en el contexto histórico y social.
Cuenta, como dice bien el título, la historia de los Baldrich, desde 1920 en que nace Jenaro Baldrich hasta nuestros días.
Aprovechando las vidas de los Baldrich se tratan muchos y variados temas: el amor, la ambición, la soledad, la traición, el odio, las relaciones de pareja, las relaciones padres-hijos y hermanos, la incomprensión, la generosidad, la ternura…Es decir: La familia.
Relata, en paralelo y de fondo, la historia de España y un poquito también la de Argentina. Lahoz detalla cómo van evolucionando Barcelona y Madrid durante el siglo XX, haciendo referencia a los cambios sociales, políticos y económicos; y todo ello acompañado de la moda, la música y el fútbol de ese momento.
En la descripción de situaciones y personajes hay poesía, pero solo la justa. De ese modo el texto sigue siendo accesible a todo tipo de lector.
Los personajes principales son: Jenaro, casado con Sagrario; tienen 3 hijos: Jaime, Rodrigo y Nati, Charo, que es la asistenta de la casa de toda la vida, Ignacio Párbole que es primo de Jenaro y su amor platónico es Sagrario (se fue a Argentina), Nati, pareja de Roger (amigo de Jaime) y Uge que, amigo de Nati y Roger, es quien escribe la historia.
Al principio del libro, presentando a Jenaro Baldrich:
Jenaro Baldrich se asomó a la vida en 1920, en Tarragona, en la casa que luego vendería para comprar la de Valdorreix, por no seguir habitando el lugar dónde murió su padre, don Eustaqui Baldrich, y donde enfermó su madre, Cinta Campá. Cursó en los Maristas los estudios primarios, mostrándose listo con los curas, trivial en los deberes y en las fotografías, aguerrido y complaciente, ya ancho de hombros y de cabeza. Pasó por la infancia copiando lo mínimo de su hermano mayor, Gonzalo Baldrich, mucho más aplicado que él en los estudios. Jenaro aprendió en seguida a tirar piedras contra el muro de las lamentaciones de los gandules, jugando a policías y ladrones, escapando al río a pescar barbos, y faltando en más de una ocasión a la escuela, sin que ello implicara recibir castigo alguno.
Describiendo la adolescencia de los dos hermanos:
Los dos hermanos Baldrich ya tenían 16 y 15 años en 1966. Los granos que poblaban su rostro otorgaban un viso grotesco a su edad del pavo, y los primeros pelos en el bigote intimidaban al espejo. La curiosidad de la Charo empezó a descubrir en las sábanas de los chicos manchas adolescentes, sólidas, que arrugaban la tela y que llevaban el nombre de Guendalina.

Fuente: Alfaguara.
20May, 2009
JOHN CHEEVER; Diarios, 2.
Vuelvo a abrir al azar los diarios de John Cheever (1912-1982) en la edición en castellano de EMECÉ.
Pág. 437. Finales de la década de los setenta.
La franqueza absoluta no es una de mis características, pero trataré de tenerla para describir la siguiente sucesión de acontecimientos. Solitario, con la soledad agravada por los viajes, los cuartos de hotel, la mala comida, las presentaciones de libros y la superficialidad de los besamanos, me enamoré de M. (*) en un cuarto de hotel de sordidez inusual. Su aire de seriedad y responsabilidad, las gafas de miope y su apostura serena despertaron en mí un amor profundo, y a la noche siguiente lo llamé desde California para expresarle mis sentimientos. Nos escribimos cartas de amor durante tres meses, y cuando volvimos a vernos, nos quitamos la ropa y nos comimos mutuamente la lengua. Nos encontramos dos veces más, una para pasar unas horas en un motel, la otra para pasar veinte minutos desnudos antes de una comida para directivos a la que yo estaba invitado. Durante un año seguí pensando en él, sumido en el mayor desconcierto. Creía que se me había revelado la homosexualidad y que iba a tener que pasar el resto de mi vida en triste convivencia con un hombre. Mi vida apareció retratada ante mí como una impostura sexual. Hace poco, cuando volvimos a encontrarnos, (…) creo que descubrí con verdadero placer que ninguno de los dos estábamos premeditados a agotar los papeles que representábamos. Recuerdo la aguda falta de interés con que contemplé su desnudez por la mañana. (…) Ronqué y me tiré pedos con tranquilidad y buen humor, lo mismo que él. Me encantaba sentirme libre de la censura y la responsabilidad que había sentido con algunas mujeres. (…). Estaba resuelto a no permitir que una sociedad procreadora destruyera este amor. Al comer con unos amigos que hablaban de su tediosa carrera libertina, pensaba: soy gay, soy gay, por fin me he liberado. Duró poco tiempo. Interrogarse constantemente sobre los impulsos sexuales propios me parece autodestructivo. Uno puede sentirse excitado al ver una hoja de acabo, un manzano, un cardenal macho en una mañana de primavera, entre otras cosas. Debemos pensar que nuestros genitales, aunque profundamente arraigados en nuestra vida erótica y sentimental, suelen ser bastante irresponsables. Su discreción, higiene y gratificación depende de nosotros. Si no fuera por nuestra sensatez, su vida sería más breve que la de una mariposa.
(*) M. es Max Zimmer, un joven profesor a quien Cheever conoció durante una visita a la Utah University en 1977, poco después del final de su intermitente relación con la actriz Hope Lange. Cheever y Zimmer fueron amantes hasta la muerte del primero. Zimmer ofició como secretario, cocinero chofer y, por supuesto, amante y fue admitido en sus funerales por Mary Cheever y sus hijos como parte de la familia. Cheever lo consideró el hombre de su vida.
Esta nota aclaratoria, como el resto de notas del libro, está redactada por Rodrigo Fresán.
John Cheever se especializó en el relato, que publicó, en su mayoría, en la revista New Yorker.
Los libros de Cheever me producen tristeza pero no puedo dejar de leerlos.

Fuente: amsaw.org
19May, 2009
JOHN CHEEVER; Diarios. 1.
Abro al azar los diarios del escritor John Cheever (Massachusets 1912- New York 1982)
Pág. 81. Estamos a finales de los años cuarenta del siglo XX.
Sentado en las piedras frente a casa, mientras bebo whisky escocés y leo a Esquilo, pienso en nuestras aptitudes. Cómo recompensamos nuestros apetitos, conservamos la piel limpia y tibia y satisfacemos anhelos y lujurias. No aspiro a nada mejor que estos árboles oscuros y esta luz dorada. Leo griego y pienso que el publicista que vive enfrente tal vez haga lo mismo; que cuando la guerra nos da un respiro, hasta la mente del agente publicitario se inclina por las cosas buenas. Mary está arriba y dentro de poco iré a imponer mi voluntad. Ésa es la punzante emoción de nuestra mortalidad, el vínculo entre las piedras mojadas por la lluvia y el vello que crece en nuestros cuerpos. Pero mientras nos besamos y susurramos, el niño se sube a un taburete y engulle no sé que arseniato sódico azucarado para matar hormigas. No hay una verdadera conexión entre el amor y el veneno, pero parecen puntos en el mismo mapa. El niño vomita. A la ciudad el domingo por la noche en busca de un antídoto. Para el drugstore de la esquina, la noche del domingo es la hora más gloriosa. Los competidores más prósperos están cerrados. Es la única tienda iluminada en toda la calle. El revoltijo del escaparate, un retrato de Pitágoras, Venus con corsé, irrigadores y perfumes, se prolonga al interior del local. Es como una tienda de antigüedades farmacéuticas, un depósito de mujeres de cartón que se embadurnan de bronceador, bosques de cartón que anuncian jabón con aroma de pino, anaqueles y cestos llenos de manteles de plástico y pistolas de juguete, y también una especie de hogar, porque la esposa del farmacéutico atiende un mostrador de bebidas; es una mujer limpia, de expresión temerosa, y en el estante que tiene detrás ha colocado fotografías de sus tres hijos, todos con uniforme. Cuando salimos del drugstore cae la noche estival y la calle está casi desierta. En ese momento aparecen los gamberros de dos en dos, impregnados de olor a marihuana y aullando como lobosa la luna nueva. Nos parecen extraños, ¿Cómo incluirlos en el cuadro? Grecia, un niño envenenado, susurros en la cama. Realmente son extraños, depredadores, ciertamente peligrosos, ladrones de coches y rateros; ponen en peligro nuestras ideas más arraigadas, incluso nuestra autoestima, nuestros derechos de propiedad, nuestro poder de amar, nuestras leyes y placeres. Diría que nuestra única relación con ellos es el desdén o el desconcierto, pero deberían estar en los prados oscuros de un país sumido en los dolores del autodescibrimiento. Volvemos de noche y por primera vez percibimos el aroma de la madreselva. El niño se siente mal, pero reanudamos nuestros susurros; apaga la luz. Entonces soñé que seducía a L.E., y créeme que fue difícil; y no comprendo la caprichosa lascivia de la mente adormilada.
Cuando John Cheever murió, dejó tras de sí veintinueve cuadernos de notas que empezó a escribir en los años cuarenta, y continuó durante más de tres decenios.
Tal como se revela en este libro, la esencia de Cheever fue, en realidad, un muestrario de ambigüedades. Quería a su familia, pero se sentía extremadamente solo; se odiaba por su afición a la bebida, pero durante gran parte de su vida dependió de ella; amaba a las mujeres, pero también a los hombres. La incongruencia entre sus impulsos significaba, por un lado, una desviación que él consideraba parte de la riqueza de la vida y, por otro, una contradicción que amenazaba con destruirlo.
Los diarios de John Cheever estan editados por EMECÉ , 2004, con notas de Rodrigo Fresán.

Fuente: EMECÉ.
20Abr, 2009
LAS HERMANAS MITFORD. 2ª parte.
Diana Mitford, la segunda de las hermanas, se casó con el heredero de la rica familia dueña de la cerveza Guiness. Luego se divorció y mantuvo una relación con Oswald Mosley líder del partido fascista inglés. Se terminó casando con él. Unity Mitford, una de las hermanas a las que más le gustaba escandalizar, se hizo amiga de Hitler. Lo persiguió por Alemania hasta que el dictador nazi la invitó a formar parte de su círculo más cercano. Jessica Mitford simpatizó con la ideología contraria, el comunismo. Admirada por la valentía de un primo lejano, Esmond Romilly (sobrino de Winston Churchill) que se había marchado a España a defender la República con las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil, se escapó de casa siendo muy joven y se marchó también a España a luchar contra el fascismo.
Durante la II Guerra mundial Esmond Romilly desaparece en el transcurso de un ataque aereo sobre Hamburgo. Al mismo tiempo han metido en la carcel, en Inglaterra, a Oswald Mosley y Diana Mitford por apoyar a Hitler. Churchill, a petición de Tom Mitford, permite que al menos estén en la misma carcel y Mosley pasa a ser el primer prisionero varón de la carcel de mujeres de Holloway. Jessica Mitford intentando saber algo del desaparecido Esmond consigue una entrevista en Washington con Churchill. Este le dice que lo que sabe es que su sobrino ha fallecido y para intentar compensar le cuenta el favor que ha hecho a su hermana Diana:
El primer ministro (Churchill) afirma que ha hecho todo lo posible para que su vida en prisión sea lo más confortable posible, y le ha concedido su mayor deseo, estar de nuevo cerca de Mosley. Además –añade- le ha puesto varias presas a su servicio, trabajando como doncellas. Jessica, que apenas ha tenido tiempo de darse cuenta de que ya no queda ninguna esperanza respecto a Esmond, da rienda suelta a su rabia: “Me parece escandaloso que esas dos personas que han traicionado a su país reciban un trato especial justo en el momento en que miles de jóvenes mueren a manos de los alemanes”. Jessica sale dando un portazo.
Nancy, tiempo después, le dijo a un periodista: “Compadezco a los hijos únicos. Es bueno tener hermanas cuando a una le toca enfrentar las más crueles circunstancias de la vida”. Cuando Jessica leyó esas declaraciones, comentó: “Yo creía que las más crueles circunstancias de la vida son las hermanas”.
Las hermanas Mitford está editado por CIRCE.

Diana y Unity Mitford con las tropas nazis de la SS en Nuremberg en sep. 1937.
Fuente: aftermathnews.files.wordpress.com
15Abr, 2009
SIEMPRE ALICE; La enfermedad de Alzheimer, 3ª parte.
Lisa Genova, doctora en neurología por la Universidad de Harvard, en su novela Siempre Alice, Ediciones B, 2009, da respuesta a la siguiente pregunta:
¿Pierde su dignidad una persona por el hecho de padecer una enfermedad mental?
En este libro, su protagonista Alice Howland es diagnosticada de Alzheimer prematuro a los 50 años. Alice está en el mejor momento de su vida personal y profesional. Sabe lo que se le viene encima y piensa en el suicidio. Muchos capítulos de la novela terminan con el mismo mensaje que Alice ha grabado en su Blackberry:
Alice, responde a las siguientes preguntas: 1.- ¿Qué mes es? 2.- ¿Dónde vives? 3.- ¿Dónde se encuentra tu despacho? 4.- ¿Cuándo nació Anna? 5.- ¿Cuántos hijos tienes? Si tienes problemas para recordar cualquiera de las respuestas, ve al archivo de tu ordenador llamado “Mariposa” y sigue sus instrucciones de inmediato.
Al final de la novela Alice abre el archivo llamado “Mariposa” y este dice:
Querida Alice: Tú te escribiste esta carta a ti misma cuando todavía estabas en tu sano juicio Si estás leyendo esto, y no eres capaz de responder a una de las cinco preguntas, es que ya no lo estás. Tienes la enfermedad de Alzheimer. Has perdido gran parte de ti misma. (...) Has vivido una vida extraordinaria y provechosa. Tu esposo y tú habéis tenido tres hijos saludables y maravillosos, a los que habéis amado y criado lo mejor que habéis sabido, y has tenido una notable carrera en Harvard, llena de retos, creatividad, pasión y logros. (....) Te quiero y estoy orgullosa de ti, de cómo has vivido y de todo lo que has hecho mientras has podido hacerlo. Ahora ve al dormitorio y..... (...) Por favor confía en mi. Con amor ALICE HOWLAND
He suprimido deliberadamente las partes más importantes de la carta que Alice se dirige a sí misma para no desvelar en final de la novela.
Espero que lo disfrutéis como yo.

14Abr, 2009
SIEMPRE ALICE; La enfermedad de Alzheimer. 2ª parte.
Lisa Genova relata en su novela Siempre Alice (Ediciones B, 2009) como Alice Howland vive la enfermedad de Alzheimer y como afecta a su familia.
Con la enfermedad ya bastante avanzada piden a Alice que pronuncie el discurso inaugural de la Conferencia Anual de Asistencia Medica contra la Demencia. Para Alice es todo un reto. Ella siempre ha sido una buena oradora pero ahora está enferma y es consciente de que puede olvidar todo en cualquier momento. En primera fila están su marido, sus hijos, y los miembros del grupo de apoyo que ella mismo creó. Alice tiene todo su discurso escrito y lo lee sin apartar la vista del papel.
Transcribo aquí los mejores trozos del discurso:
Buenos días. Soy la doctora Alce Howland. No obstante, mi título no tiene nada que ver con la neurología, ni siquiera con la medicina general. Mi doctorado es el Psicología y Lenguaje. He sido profesora de la Universidad de Harvard durante veinticinco años. Di cursos de Psicología Cognitiva, realicé investigaciones en el campo de la lingüística y pronuncié conferencias por todo el mundo. Pero no he venido hoy aquí para hablaros como experta en psicología o lenguaje. Estoy aquí para hablaros como experta en la enfermedad de Alzheimer. No trato a pacientes, no realizo análisis clínicos, no estudio mutaciones del ADN, ni aconsejo a pacientes y sus familias. Soy una experta en el tema porque, hace ahora un año me diagnosticaron un Alzheimer prematuro. Me siento honrada por tener la oportunidad de hablaros hoy aquí para, espero, aportar un poco de comprensión sobre lo que significa vivir con cierto grado de demencia. Aunque todavía soy consciente de lo que esto significa, pronto seré incapaz de expresarlo. Y poco después, ni siquiera seré consciente de que padezco demencia. Así que lo que tengo que decir hoy es oportuno. (...) Los senderos neuronales que utilizo para pensar e intentar comprender lo que me dicen y lo que sucede a mí alrededor están contaminados de amiloides. Tengo que luchar conmigo misma para encontrar las palabras que deseo pronunciar, y a menudo me oigo decir las equivocadas. Mi memoria a corto término cuelga de un par de hilos deshilachados. (...) A menudo tengo miedo al mañana ¿Y si me despierto y no reconozco a mi esposo? ¿Y si no sé dónde me encentro o ni siquiera me reconozco en el espejo? ¿Cuándo dejaré de ser yo? ¿Es vulnerable a la enfermedad la parte de mi cerebro responsable de mi “yo” personal y único? ¿Son mi espíritu y mi alma inmunes a los estragos del Alzheimer? Yo creo que si. Soy una esposa, una madre, una amiga, y pronto seré una abuela. Todavía siento, todavía comprendo y creo ser digna del amor y la alegría que conllevan estas relaciones. Sigo siendo una participante activa de esta sociedad. Mi cerebro no funciona correctamente, pero utilizo mis oídos para escuchar incondicionalmente, ofrezco mis hombros para que puedan llorar en ellos y extiendo mis brazos para abrazar a otras personas afectadas y cuyo estado es peor que el mío. (...) Por favor no miréis nuestra letra escarlata y nos rechacéis. Miradnos a los ojos, habladnos directamente. No tengáis pánico ni toméis como una afrenta personal que cometamos errores. Os animo a que nos deis fuerza, a que no nos limitéis. Os animo a que trabajéis con nosotros. Mis ayeres están desapareciendo y mis mañanas son inciertos, así que ¿para qué seguir viviendo? Podríamos preguntarnos. Yo vivo al día. En algún mañana me olvidaré de que hoy he estado aquí, ante vosotros, y que he dado este discurso. Pero, solo por que en algún mañana me olvide, no significa que no haya vivido cada segundo de este día. Olvidaré este hoy, pero eso no significa que este hoy no importe. Ya no me piden que dé clases sobre el leguaje en las universidades o conferencias sobre psicología en todo el mundo. Pero hoy estoy aquí, ante vosotros, dando el que espero sea el discurso más influyente de mi vida. Y tengo la enfermedad de Alzheimer. Muchas gracias.
Debo confesar que en este momento de la lectura sentí caer dos lagrimones por mis mejillas y que no era la primera vez que se humedecían mis ojos con este maravilloso libro.

cerebro con la enfermedad de Alzheimer.
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