13Nov, 2009
MOTIVACIÓN PARA GANAR; Lev Tolstói.
La motivación es algo imprescindible para ganar. El mejor equipo o el mejor ejército, si no está convencido de que va a ganar lo más normal es que pierda. En el deporte está comprobado y en el fútbol, juego en que 11 pares de piernas con espíritu de lucha pueden más que la mejor estrategia, aun más. El Alcorcón, equipo de 2ªB acaba de eliminar al, en teoría, mejor Real Madrid de la historia, ganando 4-0 en el partido de ida (de esta noticia no me alegro). El ejemplo más claro de que la motivación mueve montañas es el del F.C. Cartagena, el popularmente conocido como “Efesé”. Un equipo recién ascendido, formado por jóvenes sin experiencia y veteranos a punto de jubilarse es líder de la 2ª división por encima de equipos como
Tolstói lo sabía bien. Pongo a disposición de directores de redes de ventas, comandantes de infantería y entrenadores de fútbol el siguiente fragmento de Guerra y Paz.
El conde Pierre Bezujov, que quiere incorporarse al ejército, acaba de llegar al frente donde al día siguiente se librará la batalla decisiva de Borodino. Le han enseñado todas las posiciones de las tropas y ha ido a visitar a su amigo el príncipe Andréi Bolkonski que ya no está en el Estado Mayor y ahora dirige un regimiento en primera fila..
Página 1122 de la edición del Taller de Mario Muchnik:
Nadie (dice Bolkonski) puede conocer la fuerza relativa de las tropas. Créeme –continuó,- si algo dependiera de las órdenes de los Estados Mayores, yo me habría quedado allí y daría órdenes en vez de tener el honor de servir aquí, en el regimiento, con estos señores (sus hombres). Porque creo firmemente que el día de mañana depende de nosotros, y no de ellos…El éxito en una batalla no ha dependido ni dependerá nunca de las posiciones, del armamento, del número; menos que nada, de las posiciones. -Entonces, ¿de qué? - Del sentimiento que hay en mí, en él- y señaló a Timojin- y en cualquier soldado. (…) Vence la batalla quien está firmemente decidido a ganarla. ¿Por qué perdimos la batalla de Austerlitz? Nuestras bajas eran casi iguales a las francesas; pero nos dijimos demasiado pronto que habíamos perdido la batalla y la perdimos; y nos lo dijimos por que allí ya no había motivo para luchar. Todos querían dejar lo antes posible el campo de batalla: “Hemos perdido, ¡huyamos, pues!”. Si hubiésemos aguantado hasta la noche, Dios sabe que hubiera ocurrido. Pero mañana no lo diremos. Tú hablas de nuestras posiciones, de que el flanco izquierdo es débil, de que el derecho está demasiado extendido; pero todo eso son tonterías: nada de eso tiene importancia. ¿Qué nos espera mañana? Cien millones de casualidades diversas que tendrán que resolverse en un solo instante; se decidirá si somos nosotros los que hemos de huir o ellos, quienes han de matar o morir. Todo lo demás es un juego. Los que te han acompañado en tu visita al as posiciones no solo no contribuyen a la marcha general de las cosas, sino que las obstaculizan. Lo único que los ocupa son sus pequeños intereses. (…) Te voy a decir (habla Bolkonski) lo que sucederá mañana: cien mil rusos y cien mil franceses se han juntado para combatir, y el hecho es que esos doscientos mil hombres lucharán, y el que lo haga con más furor y se reserve menos será el vencedor. Y si quieres te diré que, mañana, pase lo que pase y por mucho que embrollen las cosas los de allá arriba, ganaremos; mañana, pase lo que pase, ¡ganaremos la batalla! (…) (Continua Bolkonski) Una cosa haría si tuviera poder para ello: no haría prisioneros. ¿Para qué? Resulta demasiado caballeresco. (…) Los franceses son mis enemigos, considero que todos son delincuentes. (…) Si son enemigos, no pueden ser amigos, digan lo que digan en Tilsitt.(*)
Es impresionante la convicción de Andrei Bolkonski. Lo tiene claro. No quiere tomar prisioneros. La noche antes de la batalla no hay derechos humanos ni trato humanitario a prisioneros que valga. Así no hay quien pierda.

Quien juega al fútbol con esa actitud ganará la mayoría de los casos al equipo de futbolistas millonarios y acomodados.
(*) Tratado de Tilsitt.
Nota: Los entre paréntesis son míos.
28Oct, 2009
LA GUERRA ETERNA; Dexter Filkins.
Dexter Filkins ( 1961) ha sido corresponsal en las guerras de Afganistán e Irak para el New York Times desde 1998. Fue finalista del premio Pulitzer en 2002 y lo ganó en 2009 (junto al resto del equipo de corresponsales del periódico destinados en Pakistán y Afganistán).
Recientemente editorial CRITICA ha publicado su último libro, La guerra eterna, sobre sus últimos 9 años en Irak y Afganistan. En ese tiempo rellenó 651 cuadernos de apuntes de los que ha seleccionado lo mejor para incluirlo en el libro.
Comienza con la entrada por la noche de 6.000 marines en la ciudad de Faluya en 2004 . Filkins avanza con los soldados como uno más y ve peligrar su vida en más de una ocasión. Los americanos utilizan la canción "Hell Bells" (Campanas del Infierno) del grupo de Heavy Metal australiano AC/DC a todo volumen como un apoyo al ataque por sorpresa.
En el siguiente capítulo se retrotrae a 1998 para contar las salvajadas de los Talibanes cuando tenían el poder en Afaganistan. Algunos párrafos me dejan sin aliento y me obligan a detener la lectura, y no por una mala puntuación.
Durante las hambrunas era habitual oír hablar de gente que vendía a sus hijos para pagar comida. Estaba el chico de Sheberghan que había intentado fugarse con una chica que codiciaba un señor de la guerra; habían atado cada una de las extremidades del muchacho a un caballo y a estos se les había echado a correr en distintas direcciones. Había millones de minas terrestres como las del campo de Gulalai, un estrato tras otro de ellas, arqueologías enteras de minas; soviéticas, después de los muyahidines sobre ellas, después de los talibanes, después nuevamente de los muyahidines, muñecas explosivas, Bouncing Bettys* y minas de plástico que seguirían estallando mil años después, por que no se pudren como los cadáveres. Hubo un momento en el que cada día 25 personas pisaban minas terrestres en Kabul, y mientras tanto los señores de la guerra estaban ocupados plantando nuevos campos de ellas a toda prisa. Afganistán era como el ratón de laboratorio que pulsa el interruptor una y otra vez para electrocutarse. Quizás sólo fuera desesperación.
* Tipo de mina terrestre que al activarse sale haciendo espirales hacia el aire hasta situarse a la altura del pecho y explotar.

El periodista Dexter Filkins armado con su boligrafo.
Fuente foto: nytimes.com
28Sep, 2009
LEV TOLSTÓI; Europeos.
En Guerra y Paz de Lev Tolstói el principal estratega del ejército ruso que se enfrenta a Napoleon Bonaparte en la guerra de 1812 es el general Pfull, un alemán. El autor aprovecha el perfil que hace del alemán para, con ironía, describir a los europeos de la época. Ironía y verdad.
El príncipe Andrei, gracias a sus recuerdos de Austerlitz, tuvo bastante con esta breve entrevista para hacerse una clara idea de Pfull: era uno de esos hombres siempre seguros de si mismos, dispuestos a defender sus ideas hasta el martirio, que solo se encuentran entre los alemanes, precisamente por que basan su seguridad tan solo en la idea abstracta, en la ciencia, o sea en el saber imaginario de la verdad absoluta. El francés se muestra seguro de sí porque cree irresistible toda su persona, en cuerpo y alma, lo mismo para los hombres que para las mujeres. El inglés tiene esa seguridad porque es ciudadano del estado mejor organizado del mundo y por que, como inglés, sabe siempre lo que tiene que hacer y que todo cuanto haga como inglés estará bien hecho, sin discusión alguna. El italiano está seguro de sí mismo porque es emotivo y se olvida con frecuencia de sí y de los demás. El ruso goza de esa seguridad por que no sabe nada ni quiere saberlo, y porque no cree que se pueda llegar a saber algo por completo. El alemán es el más seguro de sí, y de la manera peor, más firme y antipática, porque imagina conocer la verdad: una ciencia que él mismo ha inventado y que constituye su verdad absoluta.

27Sep, 2009
GUERRA Y PAZ; Ciencia militar.
Cuando se entra en una guerra nunca se sabe como se termina por mucho que los estrategas y sabios militares proyecten, en sesudos estudios, los resultados. En Afganistan se montó una guerra hace 8 años en la que EEUU y sus aliados estaban convencidos de que arrasarían a los talibanes en pocos meses. A fecha de hoy la situación es peor que cuando se inició. En Irak, aunque después de derrocar a Sadam Housein se declaró la victoria de los EEUU, se ha perdido la guerra. La situación actual es que los aliados occidentales no lo quieren reconocer. George W. Bush y sus grandes estrategas militares del Pentágono debían haber leído Guerra y Paz donde Lev Tolstói hace 140 años escribió que la ciencia militar es una gran mentira:
En la página 934 de la edición del Taller de Mario Muchnik el príncipe Andrei Bolkonski está en una reunión del estado mayor del ejército ruso en la guerra de 1812 contra los franceses. Al comprobar que cada uno de los participantes dice una cosa diferente sobre cual debe ser la estrategia y después de haber pasado por la experiencia de Austerlitz, reflexiona sobre la supuesta ciencia militar:
¿Qué teoría y que ciencia puede haber en una actividad cuyas circunstancias y condiciones se desconocen y no pueden precisarse, en la que más difícil todavía resulta determinar la fuerza de los que hacen la guerra? Nadie sabe ni puede saber en que condiciones estará mañana nuestro ejército ni las tropas del enemigo, ni cual es la capacidad de resistencia de ese u otro destacamento. En ocasiones, cuando no hay un cobarde que grite “¡Estamos copados!” y eche a correr sino un hombre valeroso y jovial que grita “¡Hurra!”, un destacamento de 5.000 hombres vale por uno de 30.000, como ocurrió en Schoengraben; otras veces, 50.000 hombres huyen delante de 8.000, como en Austerlitz. ¿Qué ciencia puede haber en una acción, en la que, como ocurre ocurre en todas las acciones prácticas, nada puede determinarse y todo depende de innumerables factores que adquieren un sentido preciso en tan solo un minuto que nadie sabe cuando se producirá? Armfeld dice que nuestro ejército está dividido, y Paolucci asegura que hemos puesto a los franceses entre dos fuegos. Michaux afirma que el campamento de Drissa no sirve, porque le río pasa a sus espaldas. Pfull sostiene que precisamente en eso radica su fuerza. Toll propone un plan y Armfeld presenta otro. Todos son igualmente buenos y malos y sus ventajas se harán evidentes cuando el acontecimiento se produzca. Entonces ¿Por qué hablan todos del genio militar? ¿Acaso es un genio el hombre que sabe enviar los víveres a un destacamento en le momento oportuno o mandar a unos hacia la derecha y a otros hacia la izquierda? Napoleon Bonaparte.

16Jul, 2009
ISAK DINESEN; Cuentos de invierno.
La baronesa Karen Blixen (Dinamarca 1885-1962) se casó con su primo, se marcho a Kenia, y regentó una plantación de café. El matrimonio no funcionó y la danesa vivió una historia romántica con Denys Finch Hatton, cazador ingles afincado también en Kenia. En 1931 el cazador se estrelló con su avioneta. El fallecimiento de su amante unido a la caida del precio del café la obligó a volver a Dinamarca. Su intención era retornar a África, pero
Con diferentes seudónimos -el más frecuente fue el de Isak Dinesen- comenzó a publicar sus escritos. Siete cuentos góticos (1934) fue el libro que la dio a conocer como escritora. Otras publicaciones de
Lejos de Africa (Out of Africa) dio lugar a la película Memorias de África (Alfaguara) dirigida por Sydney Pollack e interpretada por Meryl Streep y Robert Redford.
En 1942 durante la ocupación nazi de Dinamarca escribió los relatos que se recogen en el libro Cuentos de Invierno (Alfaguara). Se trata del libro más escandinavo de la Blixen. Compuesto por narraciones líricas, intensas, agridulces y trágicas. El pez es uno de los mejores cuentos de este volumen.
Un par de párrafos de El Pez (Isak Dinesen):
Los pensamientos del rey siguieron desfilando sin encontrar solaz en ninguna parte. Recordó cómo, en los viejos tiempos, se le llenaba el corazón de placer ante la idea de la caza y el baile, los torneos, la venganza, los amigos y las mujeres. Lentamente, fue pensando en todo ello. Pero ¿en dónde iban ahora a buscar el vino que debía alegrarle? Ningún ser humano tenía poder para escanciárselo. Estaba tan solo en su reino de Dinamarca como cuando dormía y se sumergía en sus sueños. Hacía poco, había sostenido una larga y enconada lucha con sus poderosos vasallos, y había gozado pensando en la humillación infligida a todos ellos; no era el éxtasis, la miel en los labios de los tiempos pasados; pero para él había sido un juego que había merecido la pena jugar. Ahora, en el abrazo profundo, fresco, silencioso de la noche, y en presencia de aquella estrella de plata, las pruebas de fuerza con sus vasallos no eran ya sino vanidad, pasatiempo infantil. Las grandes fuerzas que había dentro de él exigían empresas más poderosas y tareas más completas. Pensó en las mujeres de su corte, con sus cuellos de cisne, que danzaban en el piso de su castillo. Le gustaba verlas bailar y oírlas cantar: en otro tiempo había encontrado placer en sus cuerpos hermosos, cuando las tenía desnudas en sus brazos; pero con ninguna de ellas habría yacido esta noche su corazón. El rey se afligió por su querida alma, a la que no podía alegrar. Este ardiente amor a su propia alma venía de su juventud; le recordaba noches primaverales de otros tiempos. Entonces no había sido sino mero anhelo de adolescente; ahora que conocía el mundo, le recorrió un profundo dolor. En la tierra, su alma no tenía amigos. Todos los demás seres humanos, sus campesinos y barones, sus soldados y sus hombres de ciencia, tenían a sus iguales en quienes confiar y con quienes alegrarse; pero ¿quién podía alegrar el alma de un rey? El rey elevó sus pensamientos al Dios de los cielos. Debía de estar tan solo como él; o más aún, puesto que era un rey más grande.
Hemingway, en una entrevista después de recibir el Nobel, dijo: “Como ganador del premio Nobel solo puedo lamentar que este reconocimiento no se haya concedido a Mark Twain ni a Henry James, hablando solo de mis compatriotas. Grandes escritores como ellos tampoco han recibido el premio. Yo hoy hubiera sido feliz –aun más feliz- si el premio se hubiera concedido a esa maravillosa escritora, Isak Dinesen” The New York Times Book Review, 7 de noviembre de 1954.
Otros escritores dijeron de ella:
«Mi historia de amor con Isak Dinesen duraría mientras yo tuviera ojos para leer» Orson Welles
«Su estilo fue único, el adecuado a una mente ingeniosa y compasiva» Lawrence Durrell
«Al leerla, conocí esa seguridad sublime que sólo un grandísimo escritor puede dar a un lector» Carson McCullers.
«Los cuentos de Isak Dinesen son vislumbres de una mente extraordinaria» Eudora Welty.
Aconsejo vistar la web www.karenblixen.com

Karen Blixen fotografiada por Peter Beard
Fuente foto:wrpfinart.
01Jul, 2009
GUERRA Y PAZ; Tolstoi. La novela.
“Cuando no entiendo algo, escribo una novela. Cuando tengo una opinión clara sobre un asunto, escribo un ensayo.”
Amos Oz
Hace unos años se habló y se escribió con insistencia sobre la muerte de la novela. Por suerte no falleció. La novela es el mejor instrumento para entender, en profundidad, una época; los hechos históricos y los hombres que los protagonizaron.
El escritor ruso Liev Tolstoi (1828-19109), quizás el mejor novelista de todos los tiempos, lo tenía claro.
La novela Guerra y paz se empezó a publicar por entregas en 1865 en la revista El mensajero ruso. Veintitrés años después, en 1888, el autor publicó una reflexión sobre la novela en la revista Antigüedades rusas. Desde entonces ese texto, que aclara en mucho la intención de la novela, se incluye como anexo en casi todas las ediciones. En la edición del Taller de Mario Muchnik (traducida directamente del ruso por Lydia Kuper) figura como anexo al final (paginas de la
Tolstoi divide su reflexión en varios puntos. El nº 5 se titula La discordancia entre mi descripción de los acontecimientos históricos y la de los historiadores:
No se trata de una discordancia casual; pero era inevitable. El historiador y el artista que describe una época histórica tienen objetivos muy diferentes. Se equivocaría el historiador que tratara de presentarnos a un personaje histórico en su totalidad, con toda la complejidad de sus relaciones en todos los aspectos de su vida. De la misma manera, erraría el artista que nos presentara a su personaje siempre en su significado histórico. (…) Para el historiador, que narra acciones dirigidas a un determinado objetivo, existe el héroe. Para el artista, que expresa las relaciones de ese mismo personaje con todos los aspectos de la vida, no pueden existir héroes sino hombres. (…) El historiador se ocupa de los resultados de un hecho; el artista, de la esencia del hecho. (…) Para un historiador, las fuentes principales son los informes de los jefes del ejército y los del general en jefe. El artista no puede sacar nada en limpio de tales fuentes porque no le dicen ni le explican nada.
Tolstoi, en un punto posterior, para el cual es importante la disquisición anterior, intenta descubrir el por qué de la guerra. Profundiza en la psicología individual y colectiva para intentar explicarse como es posible que cientos de miles de hombres maten a otros cientos de miles cuando uno a uno, en su mayoría , eran personas pacíficas.
Por lo tanto, existen dos clases de actos: Unos dependen y otros no dependen de mi voluntad. (…) cuanto más abstracta y por consiguiente menos ligada a la actividad de otros hombres es nuestra actividad, tanto más libre es; y a la inversa, cuanto más ligada está nuestra actividad a la de los demás, menos libre es. El vínculo más fuerte e indisoluble, más penoso y constante con los demás hombres es el llamado poder sobre los otros, que en su verdadero significado no es más que una mayor dependencia con respecto a los demás.
Tolstoi fue un gran pacifista. Se estrujó la sesera intentando comprender lo incomprensible: Por que el hombre es un lobo para el hombre. Su confianza en la bondad intrínseca de la raza humana lo llevó a escribir sus novelas para intentar encontrar la respuesta al por qué de la maldad y la crueldad.

04Jun, 2009
INICIAMOS NUESTRO DESCENSO; James Meek.
James Meek nació en Londres hace 47 años pero se crió en Escocia. Vivió en Rusia durante los años 90´s y luego fue corresponsal de guerra en Chechenia e Irak para el periódico británico The Guardian. Iniciamos nuestro descenso es su cuarta novela y la publica Miscelánea en 2009 en castellano. Ya está en las tiendas.
El libro de Meek cuenta como Adam Kellas, reportero de guerra, sufre lo que antes o después, acaban sufriendo todos sus colegas. En muchos libros sobre periodismo bélico, en los que se cuentan las vivencias y reflexiones de los miembros de La Tribu (nombre que recibe el grupo de reporteros que se suelen encontrar en todos los conflictos), se relata como después de ver todas las atrocidades posibles, el reportero cae en el cinismo y pierde la fe en la bondad del hombre. O mejor dicho, pierde directamente la fe en el hombre. En esos momentos, solo el amor –es mi opinión- puede curar. Algo así le pasa a nuestro héroe.
El personaje central de la novela, un alter-ego del propio Meek, (me juego el cuello), una vez que su amigo íntimo, el poeta Pat M´Gurgan, le cuenta que harto de que lo lea solo su madre y sus amigos, ha vendido su alma al mercado editorial y a cambio de un suculento cheque va a escribir una trilogía de novela fantástica para jóvenes, decide hacer algo parecido y se empeña en escribir un thriller tipo best-sellers. (Perdón por tanto anglicismo pero nos entendemos mejor, ¿verdad?).
Su amigo poeta, cuando estaban en la universidad y aun era espíritu puro, le había dicho:
Como escritor puedes aspirar a ser la mejor cosecha del año, de un año en particular, o aspirar a ser la tierra donde germinan todas las cosechas.
Estrellan 3 aviones contra las torres de Nueva York y el Pentágono de Washington y le ofrecen, en su periódico, ir a Afganistán a cubrir la guerra. Primero dice que no y luego dice que si:
Como muchos otros antes que él descubrió que no tenía valor para que lo tomaran por un cobarde y acabó por viajar al escenario del conflicto.
Meek describe a los reporteros según su nacionalidad:
Los británicos interpretaban el papel de soldado-explorador; los americanos se doblaban en misioneros y agentes de prospección. Los franceses se dedicaban a la piratería científica: ese tipo de personaje capaz de asesinar para llevar a su país el sarcófago o el bacilo antes que su rival; los alemanes asumían el papel de estudiantes en su año de prácticas en el extranjero; los japoneses el de astronautas que aterrizaban en un planeta desconocido.
Mención aparte merece un reportero español. La crítica en Babelia, El País, dice que es reconocible el reportero que describe Meek. Yo no se quien es:
Hasta que apareció un español, que ya destacaba por su gusto por el confort y por su repugnancia a salir corriendo a las ocho en punto hacia las montañas; un tipo que se pasaba toda la mañana tirado en la cama, sosteniendo una novela con una mano justo encima de su cabeza mientras reposaba la nuca en la otra. (…) Un tipo harto de todo, leído, divertido, promiscuo, ateo, dos veces casado y amante del vino, que ganaba setenta mil euros al año escribiendo para un periódico del lado rico del Mediterráneo.
Un mensaje de Astrid, la mujer que amó, otra periodista, saca a Adam Kellas de su pozo negro.
Fuente; www.rocalibros.com
20Abr, 2009
LAS HERMANAS MITFORD. 2ª parte.
Diana Mitford, la segunda de las hermanas, se casó con el heredero de la rica familia dueña de la cerveza Guiness. Luego se divorció y mantuvo una relación con Oswald Mosley líder del partido fascista inglés. Se terminó casando con él. Unity Mitford, una de las hermanas a las que más le gustaba escandalizar, se hizo amiga de Hitler. Lo persiguió por Alemania hasta que el dictador nazi la invitó a formar parte de su círculo más cercano. Jessica Mitford simpatizó con la ideología contraria, el comunismo. Admirada por la valentía de un primo lejano, Esmond Romilly (sobrino de Winston Churchill) que se había marchado a España a defender la República con las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil, se escapó de casa siendo muy joven y se marchó también a España a luchar contra el fascismo.
Durante la II Guerra mundial Esmond Romilly desaparece en el transcurso de un ataque aereo sobre Hamburgo. Al mismo tiempo han metido en la carcel, en Inglaterra, a Oswald Mosley y Diana Mitford por apoyar a Hitler. Churchill, a petición de Tom Mitford, permite que al menos estén en la misma carcel y Mosley pasa a ser el primer prisionero varón de la carcel de mujeres de Holloway. Jessica Mitford intentando saber algo del desaparecido Esmond consigue una entrevista en Washington con Churchill. Este le dice que lo que sabe es que su sobrino ha fallecido y para intentar compensar le cuenta el favor que ha hecho a su hermana Diana:
El primer ministro (Churchill) afirma que ha hecho todo lo posible para que su vida en prisión sea lo más confortable posible, y le ha concedido su mayor deseo, estar de nuevo cerca de Mosley. Además –añade- le ha puesto varias presas a su servicio, trabajando como doncellas. Jessica, que apenas ha tenido tiempo de darse cuenta de que ya no queda ninguna esperanza respecto a Esmond, da rienda suelta a su rabia: “Me parece escandaloso que esas dos personas que han traicionado a su país reciban un trato especial justo en el momento en que miles de jóvenes mueren a manos de los alemanes”. Jessica sale dando un portazo.
Nancy, tiempo después, le dijo a un periodista: “Compadezco a los hijos únicos. Es bueno tener hermanas cuando a una le toca enfrentar las más crueles circunstancias de la vida”. Cuando Jessica leyó esas declaraciones, comentó: “Yo creía que las más crueles circunstancias de la vida son las hermanas”.
Las hermanas Mitford está editado por CIRCE.

Diana y Unity Mitford con las tropas nazis de la SS en Nuremberg en sep. 1937.
Fuente: aftermathnews.files.wordpress.com
19Mar, 2009
ANN BRYAN MARIANO; Reportera en Vietnam.
El día 25 de febrero falleció, a causa de la enfermedad de Alzheimer, la reportera de guerra Ann Bryan Mariano.La periodista americana fue enviada en 1965 a Saigon (Vietnam) para iniciar la edición local del periódico dirigido a los soldados “Overseas Weekly”. El periódico se caracterizaba por sus tiras cómicas y por incluir fotos de chicas ligeras de ropa. Puro entretenimiento para la soldadesca. Ann Bryan cambió radicalmente la línea editorial. Comenzó a publicar noticias sobre abusos del ejército, militares implicados en el mercado negro y la drogadicción entre las tropas americanas. Washington prohibió la edición de este periódico en Saigon y Bryan se querelló contra el Pentágono, en la persona del Secretario de defensa Mc Namara. La periodista se llevó la edición a Hong Kong y mandaba los ejemplares a Vietnam por avión. Ann Bryan se casó con un piloto de helicópteros de la marina, Frank Mariano, y vivió brevemente en San Francisco. 2 años después volvieron a Saigón donde trabajó para una agencia de noticias. Volvió de Vietnam en 1976 y se unió al Washington Post como editora en la sección de Internacional. Se jubiló en 1996. Su primer marido murió de problemas cardiacos en 1976 y se volvió a casar con Robert McKay. Adoptó dos niñas en Vietnam y una de ellas murió en 1983 de un tumor cerebral. Le propusieron colaborar en un libro colectivo “War Torn” (una crónica de las mujeres que cubrieron la guerra de Vietnam) Random House, 2004y en ese momento se le diagnosticó la enfermedad de Alzheimer. Dijo a una compañera: “Lo que la enfermedad no puede borrar es que en Vietnam encontré a mi familia”. Ann Bryan murió sin memoria. Solo el amor por Vietnam nunca desapareció. La entiendo.
En el libro “War Torn” ( que según creo no ha sido traducido al castellano) colaboraron 9 reporteras: Tad Bartimus, Denby Fawcett, Jurate Kazickas, Edith Lederer, Ann Bryan Mariano, Anne Morrissy Merick, Laura Palmer, Kate Webb, Tracy Wood .
Una de ellas, Denby Fawcett, cuenta:
“Los editores de mi periódico en Estados Unidos pensaron que estaba bromeando cuando les pedí que me liberasen de mi trabajo en las páginas de sociedad para ir a cubrir la guerra de Vietnam. Me dijeron que de ninguna manera. Así que dimití dejando mi trabajo de 80 dólares a la semana y ya estaba lista para partir hacia Vietnam como “freelance” cuando en el último minuto el editor jefe me dio una oportunidad y me contrató como reportera. Me dijo que me debería pagar el viaje a Saigón, solo me prometió una carta de acreditación y 35 dólares por cada artículo. Llené mi maleta con trajes sin mangas recientemente acortados, según la moda de los 60´s, por la modista japonesa de mi madre, sandalias, collares de perlas, gafas de sol, y un traje de baño. No tenía ni idea de lo que hay que llevar a una guerra. Cuando llegué al aeropuerto de Saigón yo era la única mujer. Había otras mujeres pero eran empleadas vietnamitas de aduanas. Todo el mundo me miraba. Lo más difícil para una periodista era conseguir llegar a la zona de combate. A los generales no les gustaba que un periodista pudiera ser herido, pero menos si se trataba de una mujer. Una de las primeras veces que pedí permiso a un oficial para ir a primera línea me dijo que no argumentando que le recordaba a su hija. Me tuve que tragar mi frustración pensando que a un periodista hombre nunca le hubiera dicho: “me recuerdas a mi hijo”.

24Ene, 2009
MIGUEL GIL; Los Ojos de la Guerra.
La noticia saltó en las pantallas del ordenador aquel 24 de mayo de 2000: "El periodista español Miguel Gil, cámara y productor de APTV, y el estadounidense Kurt Schork, muertos en una emboscada en Sierra Leona en la encrucijada de Rogberi, a 80 kilometros de la capital Freetown"
Así empieza "Los Ojos de la Guerra" el libro que Manu Leguineche y Gervasio Sanchez, reporteros de guerra, editaron en Plaza y Janes como homenaje al gran reportero Miguel Gil. En la edición de 2001 se recopilan los escritos de 70 corresponsales en recuerdo de sus compañeros. Emociona leer lo que Julio Fuentes escribíó sobre su comampañero fallecido sabiendo hoy que perdería, él también, la vida en Afganistan poco tiempo después.
Miguel Gil se dio a conocer entre "la tribu" cuando consiguió burlar el cerco servio a Sarajevo durante la guerra de Los Balcanes atravesando las montañas con una moto.
El libro es imprescindible para el aficionado al periodismo y en concreto a la historia de los corresponsales de guerra. Incluye, además del recuerdo de los periodistas, una aproximación histórica con artículos de Robert Capa, Manu Leguineche, Vicente Romero, Diego Carcedo y Felipe Sahagun entre otros y reflexiones sobre la guerra y el periodismo del decano Ryszard Kapuscinski, Alfonso Rojo, Michael Ignatieff, Javier Reverte y más.
Se incluye un extracto de "Slightly out of focus", de Robert Capa, Modern Library 1999 titulado "Verano de 1944".
Capa cuenta el día D, el desembarco de Normandía, al final de la II guerra mundial. Su barco, el USS Chase, es un buque nodriza que transporta barcazas de asalto. Debe decidir como va a cubrir la acción. No sabe si ir con la compañía E, a los que ya conoce de Sicilia donde cubrió una de sus mejores historias de la guerra y que irán en la avanzadilla del desembarco o con la compañia B que les seguirán de cerca pero no serán los primeros en llegar a tierra (más seguro).
Escribe Capa:
"Si en este punto mi hijo me interrumpiera y preguntara ¿Cual es la diferencia entre el corresponsal de guerra y cualquier otro hombre unifirmado? diría que el corresponsal conigue más bebida, más chicas, mejor paga y mayor libertad que el soldado pero que, a esas alturas de juego, tener la libertad de elegir su lugar de destino y que se le permita ser un cobarde y no ser ejecutado por ello es su tortura. El corresponsal de guerra tiene su apuesta -su vida- en sus propias manos y puede ponerla en este caballo o en aquel o de nuevo en su bolsillo en el último minuto. Yo soy un jugador. Decidí ir con la compañía E, en la avanzadilla."

Últimos Comentarios
- ROMPER UNA CANCIÓN; Benjamín Prado y… Joaquín Sabina. 5 comentarios rosa Anónimo zar-linda Corto Cortés Smith Lando
- LA NOCHE DE LOS TIEMPOS; Muñoz Molina, 2. 3 comentarios merceditascm Corto Cortés Smith zar-linda
- LA CENSURA CINEMATOGRAFICA EN ESPAÑA; Alberto Gil. 8 comentarios Corto Cortés Smith Liber Corto Cortés Smith Lando Corto Cortés Smith
- EN GRAND CENTRAL STATION ME SENTÉ Y LLORÉ; Elizabeth Smart. 2 comentarios Corto Cortés Smith Jaime
- LA CENSURA CINEMATOGRÁFICA EN ESPAÑA; 2ª parte. 2 comentarios Corto Cortés Smith Lando
Tags
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

