03Sep, 2009
UN BUEN HOMBRE; II Guerra mundial.
A las 4,45h de la madrugada del día 1 de septiembre se cumplieron los 70 años del comienzo de la II Guerra Mundial. Todo comenzó cuando el buque de guerra alemán Schleswig-Holstein disparó contra la base militar de Westerplatte, en las afueras de la ciudad polaca de Danzig, hoy Gdansk. Con ese ataque comenzó la invasión de Polonia por los alemanes. El resultado de aquel inicio fue, años después, la muerte de más de 60 millones de personas.
Estos días se publican muchos libros sobre esta tragedia pero quiero destacar hoy la cuidada edición de un magnífico comic: Ediciones Glénat saca a la venta "Un buen hombre" dibujado y escrito por varios autores.
Basada en hechos reales y, en particular, en los sucesos que tuvieron lugar en una urbanización situada a las afueras del campo de Mauthausen, "Un buen hombre" muestra cómo se reclutaba a los oficiales de las SS entre analfabetos para poder manipularles mejor y convencerles de las conductas más aberrantes. La obra ahonda en la vida diaria de estos asesinos en sus casas, de sus relaciones familiares, de cómo unos han abrazado el nazismo por oportunismo, otros por miedo o seducidos por la idea descabellada de la raza aria.
Corre el año 1945 y la guerra mundial toca a su fin.A los pies del campo de concentración, hay una urbanización de lujo para los oficiales de las SS de seis viviendas donde algunos prisioneros del campo trabajan como esclavos en el servicio doméstico, como albañiles o realizando cualquier tarea que se precise. La urbanización se llama Ciudad Jardín.
En cada una de las seis viviendas se producirá un hecho inesperado que afectará, como en un efecto dominó, al hogar del siguiente vecino. Cada historia es autoconclusiva pero el drama de cada hogar convergerá en un final inesperado donde se revelará el horror nazi.

23Mar, 2009
WILLIAM STYRON; Depresión. 1ª parte.
En 1985 el escritor americano William Styron cumple 60 años, deja el alcohol y cae en una profunda depresión. En el libro Esa Visible Oscuridad (escrito en 1990 y publicado con mucha elegancia en 2009 por La otra orilla) relata su experiencia con esta dura enfermedad. Es un libro optimista por que deja claro que por muy hondo que se caiga se puede salir del pozo negro.
En el epílogo (que debería ser prólogo) Horacio Vazquez-Rial, que también ha padecido la depresión, compara este libro con Memorias del Sótano de Vittorio Gassman, “otra gran obra sobre la tragedia de la depresión”. Dice Vazquez- Rial:
“Había grandes diferencias entre los dos libros: Gassman, que no era escritor, aunque si un hombre de infinita cultura y sabiduría, hacía literatura; Styron, que sí era escritor, y de los más grandes, se limitaba a hacer una especie de reportaje sobre la aflicción padecida, de una precisión quirúrgica”.
Styron denuncia en 1990 lo poco que la medicina sabe sobre la depresión . Lo triste es que 19 años después estamos prácticamente igual.
El escritor destaca la dificultad de describir el padecimiento como una de sus principales características:
“Si el dolor fuese fácilmente descriptible, la mayoría de los incontables pacientes de esta antigua enfermedad habrían sido capaces de describir confidencialmente a sus amigo y a sus seres queridos (hasta a sus médicos) alguna de las dimensiones reales de su tormento, y quizás obtener una comprensión que por lo general ha faltado; esta incomprensión no se ha debido habitualmente a un fallo en la simpatía, sino a la básica incapacidad de la gente sana para imaginar una forma de tormento tan ajena a la experiencia cotidiana. Para mí, el dolor está conectado sobre todo al ahogamiento, a la sofocación, pero aún esas imágenes son insuficientes”
Impresiona la lucidez con la que escribe Styron. La misma que lo llevo a leer todo lo publicado sobre la depresión. (lo mismo hizo cuando escribió La Decisión de Sophie, leerse todo sobre el Holocausto). Y es escalofriante leer como se dio cuenta que en el proceso de caída en la enfermedad, lo primero que perdía era esa bendita lucidez.

11Mar, 2009
WILLIAM STYRON; Holocausto.
En "La decisión de Sophie" Styron incorpora un personaje real. Se trata de Rudolf Hoss, el que fuera el comandante en jefe del campo de exterminio de Auschwitz. Styron entresaca en la novela los pasajes más terribles de sus memorias, de las de Hoss.
"En una ocasión, dos pequeñuelos estaban tan entregados a su juego que se negaron a que su madre se los llevara. Incluso los judíos del Destacamento Especial se mostraron reacios a recoger a las criaturas. La implorante mirada en los ojos de aquella madre, que seguramente sabía lo que estaba sucediendo, es algo que nunca olvidaré. La gente ya estaba dentro de la cámara de gas y empezaba a alborotarse por lo que tuve que actuar. Todos me miraban. Hice una señal con la cabeza al oficial de guardia más joven, quien cogió en brazos a los niños, a pesar de su llanto y de la resistencia que ofrecían, y los llevó hasta el interior de la cámara de gas, junto a su madre, que lloraba de la manera más desesperada y conmovedora. Mi piedad era tan grande que ansiaba esfumarme de la escena: sin embargo no pude dar la menor muestra de emoción."
Styron cita a continuación a Hannah Arendt para intentar entender como los nazis conseguían digerir el horror:
"El problema estaba no tanto en el modo de dominar la propia conciencia como en la manera de vencer la piedad animal que sienten todos los hombre normales en presencia del sufrimiento físico. El truco que usaban era muy simple, y probablemente muy eficaz; consistía en volver aquellos instintos hacia sí mismos. Con lo que en vez de decir: "¡Qué cosas más horrible he hecho a la gente!", los asesinos podían decir: "¡Que cosas más horribles he tenido que contemplar mientras cumplía con mi deber! ¡Como ha pesado aquella tarea sobre ms hombros!".
06Mar, 2009
LA DECISIÓN DE SOPHIE; William Styron.
Styron se documentó a conciencia para escribir “La decisión de Sophie”. La novela trata de cómo una mujer polaca intenta rehacer su vida después de haber sido internada en un campo de concentración durante la II Guerra Mundial. Por ello leyó, entre otros libros:
“Los hornos de Hitler” donde Olga Lengyel relata el internamiento de su familia en Auschwitz.
“Eichmann en Jerusalén” de Hannah Arendt , que cubrió como periodista para New Yorker el juicio al alto mando nazi. El libro se subtituló “Un informe sobre la banalidad del mal”. Eiichmann había sido secuestrado en Argentina por el Mossad, servicio secreto israelí, en 1960 y trasladado a Jerusalem para el proceso.
Escribió Arendt:
“Fue como si en aquellos últimos minutos [Eichmann] resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes.”
“El comandante de Auschwitz habla” memorias de Rudolf Hoss que fue el comandante al cargo del campo de concentración. Este libro le impresionó tanto que incorporó a Hoss como personaje de la novela.
Se critico a Styron por tratar el tema del Holocausto con un personaje no judío. Styron respondió que el Holocausto fue un atentado contra la humanidad, contra la Vida, no solo contra los judíos.

01Mar, 2009
LA DECISION DE SOPHIE; William Styron.
En su introducción (escrita por el autor años después de publicarse el libro por primera vez) nos cuenta Styron:
"Esta obra es la consecuencia directa de un extraño y apremiante sueño que tuve cierta mañana de los últimos días del invierno de 1974.
Hacía varios años que trabajaba en una novela basada en la infantería de Marina de los Estados Unidos en la guerra de Corea. Aunque en general estaba satisfecho de la marcha del libro, me encontré de pronto en un callejón sin salida, cosa que sucede a menudo a los escritores: en medio de lo que parece ser un torrente narrativo, algo falla de modo inexplicable, desaparece la inspiración y uno se encuentra «bloqueado» ante un abismo de temible desesperación. Forcejeé, pues, en vano durante varias semanas, incapaz de seguir escribiendo una sola línea. Y fue aquel sueño lo que me salvó de aquella situación de una manera casi milagrosa.
Ya no recuerdo los detalles del sueño, salvo que lo protagonizaba una muchacha a quien traté brevemente en 1947, cuando yo, recién salido de la universidad, vivía en una casa de huéspedes intentando escribir mi primera novela. Mujer joven y hermosa, polaca y católica, mostraba todavía las huellas de su larga permanencia en un campo de concentración. Aun cuando era bastante mayor que yo y se hallaba en plenas relaciones íntimas con un hombre que vivía en la misma casa, la gran atracción que sentí hacia ella me llevó a tratarla de cerca durante algún tiempo.
(…)
Dejé a un lado mi estancada novela sobre la infantería de Marina, me senté aquella misma mañana a mi mesa de trabajo y, con indecible entusiasmo, escribí más de dos mil palabras de un primer capítulo sobre las circunstancias de mi vida que precedieron y me llevaron al encuentro con aquella muchacha polaca en Brooklyn. Por lo tanto, esta obra puede considerarse en ciertos aspectos como una novela autobiográfica."
La novela (publicada por La otra Orilla) empieza así: En aquellos tiempos era casi imposible encontrar un apartamento barato en Manhattan, por lo que tuve que trasladarme a Brooklyn. Esto sucedía en 1947, y lo más agradable para mí de aquel verano, que con tanta claridad recuerdo, fue el tiempo, suave y soleado, con fragancia de flores, como si los días se hubieran detenido en una perpetua primavera. Aquello me resultó providencial, más digno de agradecer que cualquier otra cosa, pues sentía que la marea de mi juventud se hallaba en uno de sus momentos más bajos. A mis veintidós años, luchando por convertirme en escritor, de la clase que fuera, me encontraba con que el ardor creativo que dos años antes me había casi consumido con esplendorosa e implacable llama, había ido vacilando, debilitándose poco a poco hasta quedar reducido a una tenue lucecita que apenas si brillaba en mi pecho, o en cualquier otro lugar donde hubieran residido mis más ávidas aspiraciones. No era que ya no desease escribir; ansiaba, aún apasionadamente, convertir en realidad la novela que por tanto tiempo había llevado cautiva en mi cerebro. Solo se trataba de que, una vez escritos los primeros y cuidados párrafos, no podía crear los que debían seguirles, o –para remedar la observación de Gertrude Stein sobre un escritor menor de la generación perdida- me hallaba en posesión de jarabe pero no podía escanciarlo. Por si esto fuera poco casi no me quedaba dinero y me había autoexiliado en Flatbush…, para vagar, como otros paisanos míos, como otro joven sureño solitario y sin recursos, por el Reino de los Judíos. Dedicado a todos los que en este preciso momento están en un parón creativo y por eso curiosean de blog en blog. Un abrazo.

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