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08May, 2009

LA DECISIÓN DE SOPHIE; William Styron, Amor.

Escrito por: corto-cortes el 08 May 2009 - URL Permanente

Vuelvo a La decisión de Sophie de William Styron, (Verticales de bolsillo, 2008). No lo puedo evitar.

Al final de la novela, página 872, el narrador, Stingo, después de vivir terribles sucesos, rescata de su diario solo unas frases y las comenta:


“Algún día comprenderé Auschwitz.” Era una afirmación muy valiente pero inocentemente absurda. Nadie comprenderá nunca Auschwitz. Lo que habría podido escribir al respecto con más cuidado y exactitud hubiera sido: “Algún día escribiré sobre la vida y la muerte de Sophie, y con ello quizás ayude a demostrar que el mal absoluto no se extinguió jamás en el mundo”. Auschwitz mismo sigue siendo inexplicable. La síntesis más profunda que se ha hecho hasta ahora sobre Auschwitz no fue en absoluto una afirmación sino una respuesta.

PREGUNTA: “Dígame, en Auschwitz, ¿Dónde estaba Dios?”.

RESPUESTA: “¿Y el hombre, dónde estaba?”.

La segunda frase que he hecho resucitar del vacío, tal vez peque un poco de fácil, pero la guardé: “Dejad que vuestro amor fluya hacia todos los seres vivientes”. Estas palabras, según el ángulo desde el que se miren, pueden tener el tono de una homilía. Sin embargo, son notablemente hermosas, y al verlas ahora en la página de mi diario, una hoja de papel de color narciso seco lentamente corroída por el tiempo hasta hacerla casi transparente, mis ojos se sorprenden ante la forma en que fue subrayada la frase –con laceraciones y arañazos-, como si el sufriente Stingo en que yo viví en otro tiempo o que otrora vivió en mí, al tener noticia, directamente y por primera vez en su vida adulta, de la muerte, el dolor, el fracaso y el tremendo enigma de la existencia humana intentara excavar físicamente del papel la única verdad –quizás la única soportable- que le quedara por descubrir. “Dejad que vuestro amor fluya hacia todos los seres vivientes”.

Mi opinión es que William Styron, el autor, termina concluyendo que en el mundo todo es mentira. Todo menos el Amor. Y ese es el resquicio de esperanza que nos queda. Estoy de acuerdo.