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24Oct, 2009

ERNESTO SÁBATO; Hombres y Mujeres.

Escrito por: corto-cortes el 24 Oct 2009 - URL Permanente

El escritor argentino Ernesto Sábato (Buenos Aires 1911) dijo:


Siempre habrá un hombre que cuando su casa se derrumba piensa en el mundo, y una mujer que cuando el mundo se derrumba piensa en su casa.

Se trata de una generalización y por lo tanto no es verdad. Por eso, creo yo, el escritor se refiere a que al menos habrá uno y una. Pero, a mi entender, lo que describe la frase forma parte de la naturaleza del hombre y de la mujer.

Los atentados de las torres gemelas en Nueva York del 11 de septiembre de 2001 me cogieron en el hemisferio sur. Al enterarme llamé angustiado a una mujer para que pusiera la TV y lo viera. Me respondió: “Mira ahora mismo no puedo poner la TV, estoy cocinando, tengo 7 a comer y voy muy atrasada”.

En el otro lado, recuerdo cuando un amigo dejó embarazada a su novia y lo que hizo fue marcharse a vivir a otra ciudad alejada 500 kilómetros para intentar triunfar en el fútbol. Según él para que así al niño no le faltara nada.

A los hombres, por lo general, nos aburre lo doméstico. Preferimos perdernos en grandes utopías o imposibles proyectos. La mujer, también generalizando, suele tener los pies en la tierra y si no tiene resuelta su vida diaria no se le ocurre divagar en asuntos poco prácticos. Con excepción del Amor. Solo que, pensándolo mejor, el Amor es un asunto practico desde el punto de vista femenino.

Ernesto Sábato.

Fuente: Sabato90.

07Ene, 2009

AMOZ OZ; Sexo con mujeres.

Escrito por: corto-cortes el 07 Ene 2009 - URL Permanente

En las páginas 597, 598 y 599 de "Una historia de amor y y oscuridad" Siruela describe Oz como pierde la virginidad con Orna, una mujer mayor que él. Años después cree verla en una presentación y le planta un beso en los labios. Se trata de la hija de Orna. La madre está en una silla de ruedas, empujada por la hija, y ha perdido el juicio.

Después del relato de esa primera vez ( que hay que leer dentro del contexto del libro) escribe esto:

"Desde entonces me siento bien entre las mujeres. Como mi abuelo Alexander. Y aunque con el paso de los años he aprendido algo más y a veces he salido escaldado sigo creyendo - como aquella tarde en la habitación de Orna - que en las manos de las mujeres se ncuentra siempre la llave del placer. La expresión Le ha otrogado sus favores me parece justa y más acertada que otras. Los favores de las mujeres me provocan, aparte de deséo y exaltación, una ola de gratitud infantil y un deseo de postrarme ante ellas: quién soy yo para ser digno de de tales maravillas. Te daría las gracias con asombro y admiración por una sola gota de agua, y que decir tiene por un mar entero. Y siempre como un mendigo a la puerta: La mujer es siempre más grande que yo y solo está en su mano decidir si dar o no dar. Tal vez sienta cierta envidia de la sexualidad femenina que es mucho más rica, delicada y compleja, como un violín con respecto a un tambor. O quizás se trate del eco de un recuerdo primigenio de los comienzos de mi vida: Un pecho frente a un cuchillo. Nada mas venir al mundo me esperaba en la entrada una mujer a la que acababa de producir un gran dolor y ella me recompensó con un tierno amor, devolviéndome bien por mal, y me ofreció un pecho. El sexo masculino, por el contrario, me estaba acechando a la entrada con un cuchillo de circuncidar en la mano"

Amos Oz es judío.

16Nov, 2008

AMOS OZ; Las mujeres.

Escrito por: corto-cortes el 16 Nov 2008 - URL Permanente

Cuenta Amos Oz en "Una historia de amor y oscuridad" (Siruela) que su abuelo después de la muerte de su esposa, a los 77 años, tuvo muchas novias. "Mujeres bien conservadas de unos cincuenta o sesenta años: viudas con corsés apretados y medias de nailon con costura, divorciadas bien maquilladas, damas elegantes llenas de sortijas (...). Al abuelo le gustaba su compañía y ellas se derretían con sus encantos: era un conversador fascinante y divertido, un gentleman del siglo XIX."

Sigue explicando Oz "¿Cuál era el secreto del atractivo viril del abuelo? Tenía una cualidad muy rara en los hombres, posiblemente la cualidad más sexy para muchas mujeres: sabía escuchar.

No hacía que escuchaba (...) No interrumpía(...). No apremiaba. Esperaba a que terminase e incluso cuando acababa no se precipitaba, sino que le gustaba seguir esperándola: a lo mejor tenía algo más que añadir.(...) No era impaciente."

Añade Oz: "Hay un montón de hombres a los que les gusta muchisimo el sexo pero odian a las mujeres. A mi abuelo, eso creo, le gustaban ambas cosas. Y con delicadeza: sin echar cuentas, sin pedir nada a cambio. Nunca apremiaba. Le gustaba zarpar y no apresurarse a echar el ancla."

Un gran libro.